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Título original: The More Things Change, Part IX
Autor : Rod M. - rpm©thekeep. org
Traducción : Miguel García - garcia.m©gmx. net

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PARTE IX

Ni té, ni misericordia
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Las casas de té tienen por lo general un efecto relajante. Son un
refugio del fragor cotidiano de la sociedad, un amparo lejos del trajín
de la vida, un lugar para la distensión.

Las casas de té de Nerima eran muy valoradas, porque dichos lugares
son de los pocos donde lisa y llanamente pelear no se hace. Es una
regla tácita que todo el mundo obedece. Después de todo, ¿dónde más
negociar tratados con enemigos que de otro modo asesinarían ipso facto
a sus adversarios?

En realidad, hay una excepción a esa regla. El dojo de Ceremonia del
Té Marcial es a su vez una casa de té. En aquel lugar, las trifulcas se
arman como mínimo una vez al día. Debido a eso, dicho salón de té en
particular es sumamente impopular entre los lugareños de Nerima, pero
le va muy bien con los turistas.

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Cada cual había seguido su rumbo luego de que consiguieron salvar a
Mousse de Shampoo. Acostumbrado a salir andando por su cuenta, Ryoga
hizo eso mismo. Antes de que los demás se dieran cuenta, ya se les había
perdido de vista.

Estaba perdido. Nada nuevo.

Tenía menos de 24 horas para encontrar cómo volver al Ucchan's o,
al menos, a la Secundaria Furinkan. Las restricciones horarias y las
destrezas navegacionales de los Hibiki eran inmiscibles.

Ryoga suspiró de frustración mientras las sombras de la tarde
empezaban a caer. No quería pensar en cuánto tiempo iba a pasarse
extraviado esta vez. Ese momento, se vio fuera de algo que al parecer
era una casa de té, de aspecto más bien genérico. No tenía nada mejor
que hacer, y esperaba consultar direcciones a seguir, de modo que
entró.

Una vez dentro, descubrió lo que parecía ser un salón de té callado
y tranquilo, lleno de gente. Para su sorpresa, una mesera vino
inmediatamente hasta él.

—El señor de esa mesa lo está esperando —le dijo esta, señalando una
mesa en el rincón, con su único ocupante oculto por el diario que estaba
leyendo. Ryoga la siguió a la mesa y tomó asiento.

—¿Me... estaba esperando? —preguntó Ryoga, curioso.

—Estabas parado como idiota en el frontis del local, y supuse que era
cuestión de tiempo para que entraras. Siéntate, hablemos.

El diario bajó. Ryo le dio a Ryoga un breve vistazo, luego siguió su
lectura.

—¡¿Tú?! —Ryoga miró alarmado al clon de Gosunkugi—. ¿Qué cosa
quieres ?

—Ah. A su tiempo.

—¿Cómo, a su tiempo?

—Silencio, Hibiki. Ahora no es momento para conflictos estridentes. De
todos modos, lo más probable es que te lo diga en un momento más.

—¿Entonces para qué estamos aquí?

—No me vengas con triquiñuelas, idiota. Sé que me estabas siguiendo.

—¡Yo no te he seguido!

—¿No? ¿Y qué haces aquí entonces?

—¡Me perdí!

—Qué coincidencia que nos encontráramos aquí, entonces —dijo Ryo,
sarcástico. Al pasar una mesera por su lado, le pidió algo—. La
especialidad de la casa para mi acompañante.

—¿Qué, me estás invitando un tecito? —consultó Ryoga, receloso—.
Mira qué generoso.

—Por favor, ¿cómo se te ocurre que voy a empezar algo en una casa
de té?

Era más bien... moderna, para una casa de té, pero cumplía con todos
los requisitos mínimos, y, en virtud de aquello, era un zona de no
violencia.

Ryoga se encogió de hombros:

—Oye, ¿por qué andas detrás mío, a todo esto?

Ryo bajó los párpados a la mitad. No le placía sacar a la luz bochornos
pasados.

—Ofendiste a algunos de nuestros sensei.

Y era cierto... En parte, al menos. Le habría agradado asesinar a Ryoga
incluso sin que los sensei lo mandaran.

—¡¿Pero qué cosa hice?! —preguntó Ryoga.

Ryo se estremeció. —No me concierne.

—A mí sí —dijo Ryoga—. Hay que parar todo esto.

—Ja.

Permanecieron sentados en silencio, un omento breve. Ryo tomando
sorbitos de su té y leyendo el diario, Ryoga preguntándose para qué
se quedaba allí. Ryo suspiró. La presencia de Ryoga se estaba volviendo
importuna, sobre todo porque Hibiki no atinaba más que a estarse
sentado sin hacer nada.

—Ten —dijo Ryo, extendiendo una especie de folleto.

—¿Hm? —inquirió Ryoga.

—El menú. Míralo.

—¿Qué? ¿Para qué? —preguntó Ryoga, airado.

—Estamos —dijo Ryo— en un establecimiento respetable. No es deseable
para uno estar sentado ante una persona que mira las paredes como si
fuera idiota. Lee el menú, ¿quieres? Se ve mucho mejor que la cara de
ignorancia que tienes.

—Cállate —murmuró Ryoga, ya mirando el menú.

—Oye —dijo después.

—¿Hm?

—¿Dónde aprendiste la técnica del punto de ruptura? —consultó.

Había visto a Ryo usar esa técnica antes, y la única otra persona que
él supiera practicaba esa técnica era Cologne. Qué implicaba eso, no
sabía.

—Te estaba cazando a ti —dijo el otro muchacho—, y andaba por China,
cuando...

««««»»»»

—¿...y ahora dónde diablos estoy? —masculló Ryo, en su travesía por
las vastas y frondosas soledades de China.

Sabía que esa área estaba en la lista de lugares a visitar por Ryoga,
aunque decantar la lista a unas pocas ciudades hubiera sido agradable.
Hasta el momento, había viajado a unas cuantas aldeítas, y había
pasado por un sitio interesante y bastante escénico con muchas pozas
y varas de bambú, pero seguía sin alcanzar a su enemigo.

—Debería haberme tomado otro año libre —dijo entre dientes, a tajos
por entre las matas.
¨

De pronto, un estampido atronador resonó por el bosque. Ryo se
agazapó hasta el suelo, atento a algún ataque. Cuando no pasó nada,
avanzó despacio hacia la fuente del sonido. Más explosiones remecieron
la tierra, y cuando se asomó por debajo del follaje vio por qué.
¨

Suspendidas con cuerdas desde varios árboles se veía a diversas
jóvenes. Todas tenían una mano amarrada a la espalda. Él observó,
en silencio, percibiendo que algo increíble estaba por ocurrir.

Unos árboles más allá, unas rocas colgadas de sogas se les venían
encima. Impávidas, las muchachas miraron de lleno las rocas, echando
un brazo atrás y aprontándose para golpear.

{¿Qué hacen...?}, se preguntó Ryo.

De pronto, varias de las rocas se despedazaron y estallaron hechas
esquirlas y polvo. Varias otras rocas simplemente golpearon a las
jóvenes, enviándolas volando hacia atrás con mucho dolor. Ryo no
las tomó en cuenta, más fascinado por el talento que acababan de
exhibir. {¿Podré aprender esa técnica?}, se preguntó, ponderando al
mismo tiempo el potencial de semejante ataque. La detonación parecía
violentísima, y enviaba fragmentos dentados volando por doquier.

{Tan potente como una granada de fragmentación. Y... ¡Y el daño que
podría hacerle a un cuerpo humano! Esto lo tengo que aprender.}
¨

Y así, en los días siguientes, observó, escuchó y analizó. Cuando los
campos de entrenamiento quedaban desocupados, se trepaba e
intentaba entrenarse, colgado de las sogas mientras le daba impulso
a la roca lo más atrás posible. Cuando no dejaban ninguna roca
colgando, practicaba con las que quedaban en el suelo del bosque.
Esa era, en verdad, la forma que él prefería, pero caía en la cuenta
de que algún mérito debía haber en cómo entrenaban la técnica las
amazonas, de modo que siguió practicando cuanto pudo el método de
la roca propulsada contra él. Los días se volvieron semanas y las
semanas, unos meses...

««««»»»»

—... Y así, al final, después de..., veamos..., muchos moretones,
muchos e incontables moretones, entendí el truco. Es una técnica
notablemente adaptable, déjame decirte. Una vez que se aprende, no
hay prisión que sea impedimento y ningún hombre se atreve con uno a
menos que tengan puesta una armadura... O que tengan una resistencia
increíble.
¨

La mesera llegó con los brebajes, contenidos en tazones negros.
Ryoga no tomó en cuenta la infusión, encontrándose enfrascado en la
selección del menú.
¨

—Así que no se te entrenó debidamente para usar el bakusai-ten-ketsu.

—No... Admito que las esquirlas que salen volando son un fastidio, pero
tras un tiempo de práctica dejó de ser enojoso.

Ryoga ponderaba qué significaba aquello. Ryo también tenía una
resistencia amplificada, puesto que los fragmentos explosivos ya no le
hacían nada, PERO por cierto que su entrenamiento no había sido tan
riguroso. Ryoga seguía teniendo una resistencia superior, pero Ryo
debía de tener una resistencia al menos tan dura como la de Ranma.

—Esa técnica —dijo Ryo, mirando pensativamente su taza—, es
espléndida para las escapadas... Pero por alguna razón no funcionó
cuando la intenté para matar a Happosai.

—Así que es verdad. Te agarraste con Happosai.

Ryo asintió:

—Duro el desgraciadito. —Suspiró, en un modo que sugería que
estaba aburrido con la vida y que se iba a entretener en una forma
que infortunaría a Otra Gente—. En fin, ahí estaba él, aturdido a mis
pies, y decidí que quería desparramarle los sesos por el pavimento.
—Bebió un sorbo de su taza, luego continuó—. Y entonces, grité
"¡BAKUSAITENKETSU!", puncé al enano en la cabeza, y no pasó nada.

—El bakusai-ten-ketsu no funciona en seres vivos. Solo funciona en
rocas.

—¿No me digas? —Ryo frunció el ceño y bebió otro sorbo—. Qué...
decepcionante.

Siguieron sentados, Ryo muy relajado y Ryoga con cierto aspecto de
tensión, aunque igual tratando de ponerse a tono con el entorno. Ryo
sintió que quizá Ryoga tenía razón acerca de terminar pronto las cosas.
Después de todo, Ryoga era el último nombre en su lista de objetivos.
¿Y después de Ryoga? Otras vacaciones, tal vez.

—¿Entonces optas por un desafío oficial? Hmm..

Ryo terminó su brebaje, lo azotó dramáticamente contra la mesa, luego
señaló dramáticamente a Ryoga.

—Te desafío oficialmente para el último día del mes, en la tarde, a las
siete, en el puente donde peleamos por primera vez. ¿Te parece?

—Bien. —Luego Ryoga pareció pensativo por un momento (algo un tanto
inédito para cualquiera que lo conociera desde hacía tiempo), luego
volvió la atención a Ryo con un dedo apuntado dramáticamente—. Pero
ningún secuestro más, ¿te queda claro?

—¿Perdón?

—Me vas a dejar en paz a mí y a mis amigos.

Ryo frunció el ceño:

—Bah, eres un retrógrado. No tienes sentido de la aventura.

Pasó a la portada del diario y notó un extraño titular. [CERDO
DESENFRENADO ATACA OTRA VEZ]. Ryo tardó un momento, luego dijo:

—Trato hecho.

No le molestaba aceptar el ofrecimiento. Después de todo, encontrar
modos de vulnerar las reglas era una cosa muy amena también.

Ryoga alzó su respectivo tazón y bebió. Con cierta prisa por dejar la
presencia de Ryo, apuró el contenido de un sorbo. Luego tosió un poco.

Ryo se tomó un momento para sonreír zorrunamente:

—¿Agradable el brebaje?

Ryoga tosió repetidas veces, con gesto agrio.

—¿Qué cosa era? —dijo.

—La especialidad de la casa. No te vayas conduciendo. Ja ne, perdido.

—¿O sea que... tenía alcohol?

—No deberías beber tan rápido. Ahora enfila a tu casa, no tenemos más
que discutir.

Ryoga, percatándose de que nada más iba a lograr sentado allí, se fue
en silencio y salió a las calles, donde caía el rápido anochecer. Pugnó
contra el zumbido in crescendo que sentía en la cabeza, pero temía que,
al final, perdería el enfoque. Eso era lo último que necesitaba... Ryo
pagaría por esto.

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[Poquito después]

Ryo hojeaba su información un tanto desactualizada acerca de la
gente del área. Pasó las páginas hasta encontrar a una en particular.
¨

[Tatewaki Kuno. Dieciocho años. Notable destreza con armamento de
tipo espada. Obsesionado con Akane Tendo y la anónima Chica de la
Trenza. Ego de proporciones. Idiota.]
¨

-Hm...
¨

UNOS MINUTOS DESPUÉS...
¨

*DING*DONG*

Sasuke abrió la puerta de la hacienda Kuno, para revelar a una persona
vestida de traje, corbata, y premunida de paraguas. {Maldito vendedor},
pensó el ninja.

—¡No compramos! —dijo Sasuke, y pegó un portazo.

—¡ABRA LA PUERTA!

—¡Sasuke! ¡Quién osa causar semejante barullo a tan altas horas!
—Kuno había despertado, y se encontraba muy irritado.

—¡TRAIGO NOTICIAS DE SU BIENAMADA DIOSA DE LA TRENZA!

—Sasuke, abre la puerta.

La puerta se abrió y Ryo entró raudo y a grandes trancos, solo para
toparse con un bokken apuntado al cuello.

—¿Gosunkugi? ¡¿Por que profanas la casa Kuno a horas tan impías?!
—dijo Kuno.

Ryo arrugó la cara una vez más, al oírse etiquetado como "Gosunkugi".
Eso lo descolocó. Esperaba ser un perfecto desconocido para Kuno.
De tal modo, el plan funcionaría mejor. Pero esto del "Gosunkugi"...

—Ehh... ¡Amo Kuno! —dijo Ryo, hincando la rodilla. No le gustaba
postrarse ante nadie, pero de acuerdo al expediente, Gosunkugi era
insignificante, de modo que arrodillarse sería típico de él—. ¡Tengo
noticias que informar! ¡El rufián Hibiki se ha llevado a la chica de la
trenza!

—¡QUÉ! ¡ESE SACRÍLEGO! —Kuno estaba a punto de salir corriendo,
luego se detuvo en un inusitado momento de reflexión. Miró a Ryo con
gesto de desconfianza—. Pero ¿por qué te concierne a ti, hechicero?

Ryo tiró una conjetura al vuelo. Esperó atinarle.

—Eeh... ¿Acaso no te he ayudado con anterioridad? —dijo, esperanzado.

—Hm... Así es, en efecto —dijo Kuno.

—Y sabiendo que eres un guerrero de tanto poder, busqué tu socorro
en esta materia. ¿Acaso no eres el gran Tatewaki Kuno?

—¡A no dudarlo!

—¡Todavía puedes alcanzar a Hibiki! Anda cerca del Salón de Té Nuevo
Hamma.

—¡PUES MUY BIEN! ¡HE DE PARTIR!

Kuno salió a toda carrera hacia la noche.

{Qué crédulo}. Ryo sonrió. Sí, se enfrentaría a Hibiki a fin de mes, y,
sí, había prometido no tomar más rehenes y suspender las emboscadas
a Ryoga, pero no había dicho nada acerca de otra gente emboscándolo.
¨

En ese preciso momento, se oyó una risa siniestra. No era suya. Esta
no encajaba con su visión del orden natural de las cosas.
¨

—Oh-jojojojojo. ¿A quién tenemos aquí? ¿Que no eres Gosunkugi?

Ryo dio media vuelta. Quedó boquiabierto. El camisón no dejaba mucho
a la imaginación, pero por cierto que ayudó a Ryo a imaginar algunas
actividades recreativas muy interesantes. Una alarmante cantidad de
lujuria le aceleró los pistones de la mente. Se encontró también casi
paralizado. ¿Era miedo?, se preguntó. ¿Deseo? ¿O era el curioso olor
que emanaba de esas rosas?

««««»»»»

Ryoga descubrió algo asombroso acerca de su persona. Ebrio, su
sentido de la orientación se aclaraba drásticamente. Había dos razones
para no haberlo notado antes, y por las que jamás lo recordaría.
Durante su estado de depresión etílica en esos días luego de que
Akane y Ranma se habían hecho pareja oficial, no había intentado
llegar a ninguna parte en especial, salvo lejos de la residencia Tendo.
La probable razón de que no recordara ésta información, potencialmente
vital, es que estar borracho tiende a freír unas cuantas neuronas, sobre
todo aquellas que contienen información interesante.

Esta noche, iba rumbo al Ucchan's. Ryoga iba de lado a lado por las
calles, sintiéndose muy complacido consigo mismo. Oye, el mundo era
un lugar fabuloso, ¿cierto? ¡Qué manera de sentirse fantástico! Para
gran sorpresa suya, no sintió nada cuando Kuno apareció y lo tundió
múltiples veces con su palo. Kuno hasta rompió el bokken a garrotazos
en la cabeza de Ryoga pero, aun así, cero dolor. Ryoga soltó un gruñido,
incrustó a Kuno en una muralla con un moquete y siguió camino.

Bamboleante, traspuso la puerta del Ucchan´s y anunció su presencia.

—¡Lleeeguééééé!

Los pocos clientes del local dieron un vistazo al beodo en cuestión. Ukyo
estaba completamente abochornada. Agarró prestamente de una mano
a Ryoga y se lo llevó a rastras al desván.

—¡Carajo, Ryoga, otra vez estuviste bebiendo!

La muchacha dio una mirada a los muchos cortes y moretones exhibidos
por el joven.

—¡Mennntiraa! ¡Un tra*hip*guito y na' más!

—Agggh. Mira, quédate acá hasta que se te pase, ¿sí? Tengo que
atender el restaurante.

—¡Yaaaa! —dijo Ryoga, sonriendo como tarado.

Cayó sentado al suelo y ahí quedó, sintiéndose bastante happy-happy
con el mundo en general. Había vuelto al Ucchan's, ¿por qué no iba a
estar feliz?

~ o ~

-fin parte 9-