Disclaimer: No me pertenece nada que reconozcas. Todo le pertenece a J.K Rowling.
NdT: Disculpen la demora, jamás me había demorado una semana en actualizar. He estado ajetreada con muchas cosas, pero ya arreglé mis tiempos. Muchísimas gracias gracias, Kristy por el infaltable INFALTABLE (notese el énfasis jaja) beteo.
Capítulo 10: Pequeña cosa loca llamada amor
Hogwarts, tercer año…
Quien haya dicho que Sirius Black y James Potter eran los más carismáticos y atractivos de todo tercer año en Hogwarts, estaba insanamente ciego o aún no había conocido a Remus Lupin. Al menos según la opinión de Sirius.
Todo comenzó el día en el que se pusieron los posters del baile de Halloween en el tablero de anuncios. Todos ellos habían estado cenando, rellenando sus caras con lasaña y pollo, y por vez primera, no muy interesados en causar estragos. Todo el Gran Salón estaba lleno del ruido de charlas, donde las chicas estaban inquietas sobre que disfraces llevarían y quienes serían sus potenciales parejas para el baile. Los chicos, por otro lado, James, Peter, Sirius y Remus incluido, tenían cosas mejores por las cuales estar emocionados.
—¡Escuché que los de séptimo año van a echarle licor al ponche! —exclamó Peter, bañando a James y Sirius en pedazos de pollo.
Sirius se limpió la cara con una servilleta, disgustado.
—Apenas puedes mantener tu comida en la boca, Pettigrew. Dudo que puedas con el alcohol.
Peter resopló indignado y Remus le dio una palmada de simpatía en la espalda.
—¿Te las arreglaste para conseguir una cita, Peter? ¿O estás planeando ir solo? —preguntó James al lado de Sirius, sus ojos desviándose un poco a la derecha justo donde Evans estaba sentada.
—Nah. Conseguí que Fiona Edgecomb vaya conmigo —contestó orgullosamente Peter.
Sirius ahogó una risita.
—Es del tamaño perfecto para ti. ¿Has visto su... ¡AUCH! —gritó cuando Remus lo pateó en las espinillas—. ¿Por qué hiciste eso?
Remus ignoró a Sirius y se volvió hacia Peter.
—Bien por ti, Peter. Estoy seguro de que es muy bonita.
James rodó sus ojos.
—Bueno, yo llevaré a Harriet Noon, la nueva buscadora de Ravenclaw.
Sirius le sonrió de lado a su mejor amigo. Sabía exactamente porque James la llevaría. Los labios de Harriet eran una leyenda en los dormitorios de los chicos de todo tercer año. Pero nuevamente, ¿quién era él para juzgarle? Solía hacer ese tipo de cosas siempre. Sirius decidió llevar a Tyra Stevens al baile. Le pareció lógico, ya que toda la escuela pensaba que era su novia. Sirius no la veía de esa forma, pero no se quejaba. Le permitía besuquearla cuando tenía ganas, no le pedía que pasara mucho tiempo con ella y mantenía alejadas al resto de chicas molestosas que iban detrás suyo. En otras palabras, ella era conveniente.
—¿Qué hay de ti, Rem? —dijo James, guiñándole un ojo—. ¿Encontraste a alguien con quién ir?
Remus se encogió de hombros, tragó un último bocado de su comida y bajó su tenedor.
—En realidad, yo...
Fue entonces cuando Remus fue interrumpido por una chica muy bonita tocándole el hombro. Sirius la recordaba, no por su nombre, pero sí por su cara. Recordaba que le gustaban sus largos rizos de color marrón y haberle comentado con coquetería sobre sus brillantes ojos azules. También recordaba que ella había sido especialmente molesta. A lo largo de su corta relación, al parecer, no podía hacer otra cosa que no fuera hablar de lo dulce, amable y maravilloso que era Remus. Sirius no necesitaba que una tonta Hufflepuff le dijera lo maravilloso que era Remus. Ya lo sabía. ¡Prácticamente vivía con él!
Incluso ahora, Sirius podía sentir su ceño fruncirse. No le gustaba la forma en la que miraba a Remus. Ni un poquito. Pretendía que no le importaba, mientras la observaba a través de sus ojos entrecerrados; los cuales estaban fijados en como Remus volvía su cabeza muy despacio, sacando un mechón de cabello de sus ojos con elegancia. Con tanta elegancia que cualquiera lo hubiera confundido con el toque de una brisa. Y entonces, sonrió. Sirius amaba la sonrisa de Remus. Estaba apenas allí, pero siempre conseguía alcanzar sus ojos, denotando calidez, amistad y compasión. Hasta el día de hoy, esa sonrisa nunca fallaba en calmar a Sirius. Y a juzgar por la forma en la que los hombros de la chica se relajaron, Sirius pudo asumir que no era el único que pensaba así.
—Hola, Clarissa —dijo Remus, alzando la mirada.
Clarissa sonrió.
—Hola, Remus. Escucha, me estaba preguntando… —se llevó su cabello detrás de una oreja—. Quiero decir, ya sabes, ¿te gustaría ir al baile conmigo?
Que descarada, rabió Sirius. Como si fuera a aceptar.
La sonrisa de Remus nunca vaciló cuando tomó sus manos en las suyas y se inclinó para darle un casto beso en la mejilla. Clarissa de sonrojó en un rojo violento, sus ojos azules brillando instantáneamente.
—Que coqueto —murmuró James, expresando los pensamientos de Sirius.
—Lo siento, Clarissa. Desearía que me lo hubieras preguntado antes, pero ya le pedí a Lily que vaya conmigo —dijo Remus, mirando hacia Lily y sonriendo.
Los tenedores de Sirius y James cayeron de sus manos sonoramente a los platos. Se miraron el uno al otro con incredulidad. De ninguna jodida manera.
El rostro de Clarissa se ensombreció.
—Oh —dijo, decepcionada—. Está bien, te veré allí entonces —lanzó una mirada desagradable hacia donde Lily Evans estaba sentada y se dirigió a la mesa de Hufflepuff.
Peter silbó.
—Así que irás con Evans, ¿eh? —dijo, dándole un empujón juguetón en las costillas a Remus.
James y Sirius cerraron sus bocas abiertas, pero James fue el primero en hablar.
—¿Te gusta? —preguntó de inmediato.
Remus sirvió una gran cucharada de pudin en su plato.
—No, en el sentido romántico, no —vio como Sirius y James soltaban un suspiro de alivio y sonrió cuando ambos recogieron sus tenedores nuevamente para continuar comiendo. Era realmente graciosa la manera en la que estaban tan involuntariamente sincronizados, como si fueran siameses—. Es una buena amiga, y pensé que sería mejor llevar a alguien con quien me sintiera cómodo hablando en vez de ir con una completa extraña que sólo se ve bonita por fuera.
Sirius y James asintieron, aunque con mucha resistencia. A Sirius, por su parte, no le gustaba hacia donde estaba dirigiéndose la conversación.
—Bueno, bien por ti, compañero —dijo Peter, revolviendo el cabello de Remus.
Ninguno de ellos notó a sus dos mejores amigos lanzar dos miradas distintas hacia Lily Evans a través de la mesa.
XxxxX
Era la noche antes del baile y la Sala Común estaba prácticamente desierta, mayormente porque las personas como Frank Longbottom, estaban ocupadas preparando sus trajes para el baile o tratando de tener una buena noche de sueño como el Monsieur Peter Pettigrew. Sin embargo, otros como James Potter y Sirius Black tomaron ese tiempo libre como oportunidad para observar la parte posterior de la cabeza de su mejor amigo.
Dicho mejor amigo, por otro lado, era completamente ajeno a las miradas asesinas que estaba recibiendo desde el sofá de la Sala Común, y estaba ocupado discutiendo las características definitorias de los hinkypunks con cierta pelirroja.
—Míralos —murmuró Sirius, gruñendo cuando Evans rió fuertemente ante algo que dijo Remus y descansó su mano sobre la de él—. Uno llega a pensar que están pegados el uno al otro.
James frunció el ceño al ver la misma escena.
—Totalmente cómodos y estudiando —dijo con disgusto—. Todas las horas de todos los días.
Sirius cruzó los brazos sobre su pecho y resopló.
—Es como si yo ya no existiera —recogió bruscamente la manga de su suéter—. Ya ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez que pasó tiempo con nosotros.
Ahora, cualquiera que conociera a James y Sirius lo suficientemente bien, podría haber detectado con facilidad la exageración en sus palabras. Por un lado, Remus acababa de ayudarles con sus deberes hacia apenas cuatro horas y luego había participado en una pequeña amigable pelea en la cama de James; sólo deteniéndose cuando Peter decidió que estaba cansado y que necesitaba dormir. También, (como diría Remus Lupin), realmente no pasaba tanto tiempo con Lily Evans. Solamente la ayudaba ocasionalmente con los trabajos de la escuela cuando se lo pedía. Y bueno, ahora lo pedía más a menudo que antes, pero no era realmente tanto como para molestarse por ello.
—¿Eh? —saltó James de repente, como si se diera cuenta de quien estaban hablando—. ¡Oh! Ehm… sí —dijo alborotando su cabello—. Sí, quiero decir, se supone que somos sus mejores y más cercanos amigos, no esa chica Evans.
—Por supuesto —estuvo de acuerdo Sirius. Volvió su mirada hacia Remus y sus ojos se abrieron cómicamente cuando Evans movió su silla más cerca y se inclinó sobre el castaño. Fue entonces cuando algo en Sirius finalmente explotó—. Listo. Suficiente —se puso de pie, agarrando a James de la muñeca—. Vamos a recuperar a Remus.
Remus, el pobre ingenuo muchacho, estaba tan profundamente inmerso en el tema de los hinkypunks que ignoró por completo los evidentes avances de Lily Evans. De hecho, fue sólo cuando sintió dos brazos envolverse debajo de los suyos y sobre sus hombros cuando volvió al mundo real. Lentamente levantó la mirada, encontrando allí la figura inminente de sus dos mejores amigos a cada lado de él.
—Ehm… ¿chicos? —preguntó vacilante.
—Buenas noches, Remus. ¿Cómo te encuentras en este maravilloso día? —dijo Sirius agradablemente, su acento sonando incluso más elegante de lo habitual, mirando fijamente a Lily de reojo.
James, por el contrario, sonrió a la pelirroja y pasó su mano desocupada por su negra cabellera.
—Lo siento, Evans. Asuntos urgentes, como verás. Y tiempos desesperados requieren medidas desesperadas.
Sirius frunció el ceño.
—Así que, si nos disculpas, nos llevaremos a Remus.
Diciendo eso, los dos izaron a Remus fuera de la silla por los brazos y salieron por el agujero del retrato, dejando a Lily Evans parpadeando en su asiento, confundida. Finalmente, resopló y se levantó para recoger sus libros. Honestamente, esos chicos no tenían tacto ni modales, no como Remus…
XxxxX
—¡Nos vemos en el baile, chicos! —gritó Remus, lanzando su primera copia de Marvin el Muggle Demente sobre la cama y recogía un pequeño ramo de flores en el camino. Llegaba un poco más que tarde, ya que se había quedado entretenido con el comic, y James y Sirius habían "olvidado" recordarle la hora.
Corrió escaleras abajo y casi habría chocado con Lily Evans si no se hubiera detenido a tiempo.
—Hola —jadeó, tratando de recuperar el aliento—. ¿Has esperado mucho?
Lily frunció el ceño y cruzó sus brazos.
—La verdad es que sí.
Remus sonrió y le tendió el ramo de flores con gracia.
—Lo siento. Mi madre dice que las flores siempre hacen feliz a una chica. Oh, y te ves realmente linda.
Lily rodó sus ojos, pero no pudo detener la sonrisa que empezó a aparecer en su rostro.
—Está bien —dijo exasperada, aceptando las flores y por dentro maravillándose de lo hermosas que eran. Ladeó la cabeza mientras observaba el traje de Remus—. Y bueno, ¿qué se supone que eres?
Remus frotó la parte posterior de su cuello, avergonzado.
—No estoy muy seguro. Disfrazarme parecía... complicado, así que se me ocurrió ir como "Remus fuera de la escuela". Además, mi madre siempre dice que mi cabello es demasiado largo para cualquier chico de mi edad, así que esperaba verme como un matón o algo por el estilo.
Lily rió, mientras sus ojos recorrían el delgado cuerpo de Remus. Estaba llevando un par de jeans, una camiseta blanca y una chaqueta de color negro para terminar. Era cierto; probablemente se puso lo primero que llegó a sus manos, pero aun así... se veía absolutamente adorable, al menos según la opinión Lily.
—Así que, mi querida señorita Evans, ¿nos vamos? Tengo la impresión de que estamos tarde —dijo Remus, ofreciéndole su brazo.
Lily salió de sus pensamientos, se sonrojó y tomó el brazo ofrecido.
El baile había ido muy bien, según Remus. Llevar a Lily había sido una sabia decisión. Era inteligente, una ávida conversadora, y detestaba bailar tanto como él, lo cual le dio la oportunidad de concentrarse en la excelente comida sin parecer descortés. Sin embargo, evitó el ponche. No era buena idea emborracharse cuando se tenían tantos secretos por esconder.
De hecho, toda la noche había ido espléndidamente hasta el final del baile, cuando junto con Lily caminó de regreso hacia la Sala Común. Remus la acompañó a las escaleras que llevaban a las habitaciones de las chicas, y ambos se detuvieron para decirse buenas noches antes de ir a la cama.
—Gracias por una noche maravillosa —dijo Lily, metiendo un mechón de cabello detrás de su oreja.
Remus sonrió.
—Un placer. No sé qué hubiera hecho sin ti —dijo sinceramente—. Probablemente hubiera estado bailando toda la noche con canciones que ni me gustan junto a una chica risueña o algo así.
Lily sonrió tímidamente, jugueteando con su vestido.
—Sí, supongo.
Remus ignoró su extraño comportamiento.
—Bueno, entonces, buenas noches —dijo, inclinándose para darle un beso casto en la mejilla.
Sin embargo, justo cuando se acercó lo suficiente. Lily movió súbitamente su cabeza, de tal forma que sus labios chocaron con los suyos en un beso breve. Remus inmediatamente saltó hacia atrás, sus ojos abiertos en shock. ¿Qué demonios? Lily, por el contrario, lo miraba con un destello de esperanza en su rostro.
Remus tocó sus labios con los dedos.
—Lily...
Lily se acercó para sostenerle la mano.
—Me gustas, Remus... muchísimo.
Remus retiró su mano como si se la hubiera quemado. No se suponía que esto sucediera. Se suponía que ellos eran buenos amigos y eso es todo. ¿Por qué tenía que volver las cosas tan complicadas?
—Siento que te sientas así, Lily. A mí también me gustas, de veras que sí, pero sólo como amiga.
Lo miró con determinación en sus ojos.
—Entonces, ¿por qué me lo pediste? ¿Por qué me pediste ir al baile contigo?
Remus desvió la mirada, encogiéndose de hombros.
—T-tú eras la amiga más cercana que era una chica. Pensé que sólo...
—¿Qué pensaste, Remus? —arremetió antes de que pudiera terminar su oración, perdiendo su autocontrol.
Los ojos de Remus se abrieron e inconscientemente dio un paso hacia atrás.
—No lo sé...
Lily desvió la mirada, tratando y fallando en ocultar sus lágrimas.
—¡Maldición, Remus! ¡No puedes ser tan maravilloso conmigo y luego simplemente decirme que sólo soy una amiga!
Remus pasó una mano temblorosa por su cabello.
—Lo siento. N-no se suponía que esto significara algo —dijo desesperadamente, esperando que ella comprendiera.
Abruptamente, Lily lo sostuvo de los hombros y lo besó con fuerza en la boca, deslizando una mano a su cuello para evitar que se apartara. Remus se tensó y sólo se quedó de pie allí mientras que ella lo besaba, inmóvil e insensible. Su mente estaba histérica y su cuerpo le gritaba que se moviera, pero no podría hacer eso sin lastimarla.
Cuando Lily finalmente se apartó, sus ojos estaban rojos y brillantes por las lágrimas.
—Significó algo para mí —susurró, bajando la mirada—. Significó algo para mí —repitió más fuerte esta vez, apretando su agarre en el cuello de Remus cuando sintió que estaba tratando de alejarse. Volvió la mirada hacia los consternados ojos color ámbar, su tristeza ahora sustituida por una creciente ira—. Eres horrible, Remus Lupin. ¿Sabías eso? —le susurró con saña, moviendo su rostro peligrosamente cerca al de él—. Eres tan egoísta que nunca te tomas la molestia de ver más allá de ti, o considerar siquiera los sentimientos de otras personas. No te preocupas por nadie ni nada a tu alrededor. Solamente estás tú y esos amigos que tienes.
La expresión de Remus cambio a una completamente ilegible.
—Lily, basta —dijo, tratando de soltarse de su agarre de la manera más gentil que podía.
Lily se rió amargamente, lo soltó y subió las escaleras.
—Sigue corriendo alrededor de Black y Potter, divirtiéndote a costa de otros. Puedo apostar que esto fue solamente otra de sus enfermizas bromas, ¿no es así? Veamos quien puede pisotear primero el corazón de Lily Evans o conseguir su primer beso. Bueno, supongo que ganaste —lo miró con tanto odio y desprecio que Remus se estremeció por dentro—Te odio, Remus Lupin. Te odio tanto —le susurró antes de desaparecer al doblar las escaleras.
Remus se quedó mirando las escaleras por un momento, no del todo en estado de shock, pero aún incrédulo de como una noche perfecta pudo haber tocado fondo de esa forma. Finalmente suspiró, pasó una cansada mano por su rostro, y caminó hacia el sofá que estaba al costado de la chimenea de la Sala Común. En vez de sentarse en el sofá, se dejó caer al suelo, permitiendo que su cabeza descansara en el suave mueble de color rojo. Aún podía escuchar las palabras rencorosas de Lily en su cabeza, y aunque sabía que habían sido dichas en un arrebato de ira, aún dolían.
Suspiró nuevamente, cerrando sus ojos y permitiendo que la calidez del fuego lo calmara.
—¿Sueles observar destruirse la inexistente vida amorosa de tus mejores amigos en la Sala Común, Sirius? ¿O es esto solamente una nueva fase tuya?
Hubo un fuerte sonido de alguien tropezando debajo de las escaleras, y Sirius apareció frente a él unos momentos más tarde, luchando contra el sonrojo que lentamente aparecía en su rostro.
—¿Cómo sabías que estaba allí? —preguntó, alisando su cabello con las manos.
Remus alzó su cabeza, permitiendo que Sirius se sentara en el sofá detrás de él.
—Te sentí.
Sirius acomodó sus pies detrás de Remus mientras se sentaba.
—Siempre dices lo mismo —dijo, frunciendo el ceño—. ¿Es el lobo?
Remus rió.
—No, es el chico.
Sirius se mordió el labio mientras miraba dentro de los ojos de Remus. No había sido su intención escuchar a escondidas la conversación de Evans y su amigo. Había estado regresando justo del baile cuando los dos entraron, y por alguna u otra razón, terminó escondiéndose debajo de la escalera. Con gusto habría golpeado el rostro de Lily de haberlo podido hacer, pero pensó que a Remus no le gustaría que su mejor amigo lo estuviera espiando, incluso si fue de casualidad.
Sirius sabía que a pesar de lo que aparentaba, su amigo había sido herido por las palabras de Evans, y se debatió por decir algo incluso mínimamente tranquilizador. Esta cosa llamada consuelo no era exactamente su fuerte. Era usualmente James o Remus quienes cuidaban de todos con palabras de aliento y palmadas en la espalda. Pero entonces, Sirius se dio cuenta cuando bajó la mirada de que no necesitaba hacer nada, porque Remus estaba ya bastante cómodo apoyando la cabeza en su pierna derecha. Sirius miró como los ojos color ámbar se cerraban ante la inconsciente caricia de su mano por los cabellos miel marrón.
Era extraño, pensó Sirius. Hace apenas un año que había despreciado y desdeñado cualquier tipo de contacto físico. Sin embargo, era difícil de evitar algo como eso cuando vivías con Peter, James y Remus... especialmente Remus, quien parecía anhelar afecto antes y después de las lunas llenas. Tal vez por la educación que recibió; tal vez porque aquellos gestos lo hacían sentir humano. Cual fuera la razón, a Sirius le gustaba pensar que Remus lo buscaba más a él que a James o Peter.
—¿Por qué has regresado tan temprano? —preguntó Remus, abrazándose a la rodilla de Sirius.
—Me cansé. Peter y James regresaron más temprano y se desmayaron antes de llegar a la cama. Les advertí lo del ponche —dijo Sirius en un tono condescendiente.
Remus soltó una risita.
—Y déjame adivinar, a diferencia de nuestros dos amiguitos borrachines, el gran Sirius Black es firme como un poste.
Sirius rodó sus ojos, aunque Remus no pudo verlo.
—Obviamente. Me han servido alcohol desde los siete años. Unas cuantas gotas en el ponche difícilmente conseguirían embriagarme.
—Uhm… —Remus trazó el contorno de una estrella en la túnica púrpura de Sirius, la cual estaba justo por encima de su rodilla—. Sirius, ¿quién se supone que eres?
Sirius bufó.
—Merlín.
Remus frunció el ceño.
—Pensé que Merlín tenía una larga barba blanca y el cabello similar. Ya sabes… al estilo Dumbledore.
Sirius enredó un mechón de cabello castaño entre sus dedos.
—Sí, pero la barba me hacía parecer viejo. Asumí que Merlín debió de ser joven en algún momento de su vida, así que, ¿por qué no honrar esa edad?
Remus rió.
—Estás demente, lo sabes, ¿verdad?
—Me gusta pensar que soy único.
—Sí, si único fuera la única palabra para completamente fuera de sus cabales.
Sirius fingió un bufido.
—Bueno, ahora simplemente estás siendo hiriente, Remus Lupin.
Remus cerró sus ojos nuevamente, presionando más su mejilla en el muslo de Sirius.
—Bueno, soy así de horrible, ¿no?
Se suponía que saldría como un comentario ligero, pero no se necesitaba ser un genio para ver que Remus creía cada palabra. Esa perra, pensó Sirius, antes de coger a Remus de la barbilla con rudeza para encararlo.
—Oye, tú no eres nada de eso, ¿me entiendes? —acarició la mejilla de su amigo cariñosamente con el pulgar—. Eres inteligente, amable, ingenioso y eres mi mejor amigo. Esa estúpida no tiene idea de qué es lo que decía. No puedes evitar ser tan irresistible para las damas.
Remus rió y se acurrucó más en la túnica de Sirius.
—Siempre sabes que decir, Sirius.
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Sirius suspiró y descansó su cabeza contra la ventana del tren. Esta navidad había sido particularmente desagradable. Las peleas con su madre parecían haber incrementado de intensidad con cada año que pasaba. Ya no sabía porque se tomaba la molestia de regresar a casa. Bueno, en todo caso, era bueno regresar a la escuela. Por mucho que odiara admitirlo extrañaba terriblemente a sus amigos. Había poco entretenimiento en Grimmauld place y Regulus era incluso, a su edad, un bastardo más arrogante que Sirius. Por lo menos, Sirius había sido un bastardo arrogante inteligente, pero Regulus… Regulus parecía haber heredado gran parte de las neuronas de Narcissa.
De repente, sintió un susurro en su oído.
—Sirius…
Sirius se estremeció involuntariamente y abrió sus ojos. Miró hacia Peter, quien estaba ocupado desenvolviendo una rana de chocolate.
—¿Dijiste algo, Peter?
Peter alzó la mirada, confundido.
—No, ¿por qué?
Sirius negó con la cabeza.
—Nada. Sólo me pareció haber escuchado algo —había casi cerrado sus ojos nuevamente, cuando lo volvió a escuchar.
—Sirius…
Miró hacia su alrededor, confundido. Rápidamente escaneó el compartimiento en busca de algo sospechoso. Y de repente, algo tiró de su pierna.
—¡Peter, varita afuera, ahora! —dijo Sirius, sacando la suya desde el interior de su túnica. Apuntó hacia el aire, sintiéndose tonto, pero el corazón latiéndole a un ritmo alocado—. ¡Muéstrate!
Hubo silencio por un momento, y los ojos de Sirius se movieron hacia adelante y atrás, ignorando los lloriqueos de Peter. Entonces, el aire en frente de él irrumpió en risas y hubo un ligero reflejo antes de que la figura de James Potter surgiera de la nada, sosteniendo una capa de plata en sus brazos.
Sirius se relajó en su asiento.
—James…
James aún reía, inclinando y agarrándose el estómago.
—Deberían haber visto sus caras. Peter parecía que estaba a punto de orinarse.
Sirius puso su varita nuevamente en su bolsillo.
—No me sorprendería si lo hiciera —se quedó mirando con asombro el material plateado en las manos de James—. Una capa de invisibilidad. Esas cosas son imposibles de conseguir.
James se dejó caer al costado de Peter, sonriendo.
—Lo sé —dijo con aire de suficiencia—. Estaba limpiando el ático esta Navidad como castigo y encontré esta pequeña belleza. Es la capa vieja de papá. Creo que se ha olvidado de ella, así que… ehm… la tomé prestada. Eso sí, que nunca se entere… —cuidadosamente dobló la capa y la puso en el asiento de al lado—. ¿Remus aún no ha llegado?
Sirius negó con la cabeza.
—Anoche fue luna llena. Creo que llegará un poco tarde.
James asintió y se deslizó de su asiento, poniéndose de rodillas en el piso.
—Bien. Encontré otra cosa en el ático que necesito mostrarte —rápidamente se quitó la mochila y rebuscó en su interior hasta que encontró lo que buscaba. Era un libro exageradamente grande con restos de polvo todavía presentes en los bordes. Las páginas se habían vuelto de un color enfermizamente amarillo y daba la impresión de que un buen soplo podría convertirlo en polvo.
—¿Qué es esto? ¿La historia de la familia Potter? —preguntó Sirius, mirando el libro con disgusto mientras se acercaba con Peter al suelo, donde James.
—Es un libro sobre Transformaciones… de Animagos, para ser exacto —contestó James, ignorando el comentario sarcástico de Sirius.
Sirius pasó un dedo por el dorso del libro.
—Espero que sea más detallado que los que están en la biblioteca.
James volvió a colocar el libro dentro de su mochila.
—Lo es… es el que usó mi padre para pasar el examen —miró dentro de los ojos grises de su amigo con duda—. Pero Sirius, aun no entiendo porqué no podemos decírselo a Remus. Quiero decir, es una gran idea, y Remus es realmente listo. Podría incluso ayudarnos con el hechizo.
Sirius frunció el ceño cuando Peter asintió con la cabeza al lado de James.
—¿Crees que Remus permitiría este tipo de comportamiento ilegal… incluso si fuera por su propio bien? Además, no estamos seguros siquiera de que nuestra teoría sea correcta —negó con la cabeza y se puso de pie para sentarse nuevamente en su asiento—. No, es mejor si hacemos esto por nuestra cuenta.
—Pero, ¿qué haremos si algo sale mal? —preguntó Peter sumisamente.
Sirius se encogió de hombros y miró por la ventana.
—Vamos a tomar las cosas como vengan. Ahora, cállate. Remus está aquí.
James sonrió y se puso de pie. Rápidamente agarró su capa de invisibilidad del asiento y se la puso encima antes de susurrar traviesamente:
—Síganme el juego, ¿sí?
