¡Buenas! Primero de todo recordar que los personajes no son míos, todos son obra de la reina JK! Lo único que sale de esta loca cabeza es la trama. Como siempre pido perdón si se me cuela algún error de ortografía.
Agradecer a todos aquellos que me dejáis un mensaje, ¡de verdad me animan muchísimo! Espero que este nuevo capítulo os guste también y me lo hagáis saber con un review, ya sabéis que se aceptan todos; buenos y malos, toda crítica es buena si ayuda a mejorar. Agradecer también a los que lo mandáis a fav o le dais follow.
Se que muchos pedían el momento Hermione/Scorpius/Rose pero he decidido poner primero a mi amado Blaise, en parte porque lo tenía un poco olvidado y en parte para mantener un poco la expectación (lo se, soy un poco malvada) pero prometo actualizar rápido y prometo que Scorpius se lo pasará mas que bien con las Weasley-Granger.
Sin mas a leer.
Los Zabini.
Blaise se consideraba a sí mismo un hombre exitoso. Porque lo era. Era la envidia de muchos, alto, guapo, rico… tenia lo que todos deseaban. A excepción de la mujer de su vida. Todos sabían que estaba casado con una de las bellezas del mundo mágico, pero pocos sabían que esa belleza solo era por fuera. Por dentro su mujer era fea, al menos para él.
En el colegio Pansy fue una de sus mejores amigas, de las mejores de verdad. Él sabía que era caprichosa y bastante perversa, pero le caía bien. Tuvo algún que otro desliz con ella desde cuarto curso ¿pero qué chico de Slytherin no tuvo un encuentro con ella? ¡Si hasta sus dos mejores amigos habían dormido alguna vez con la morena! Era una gran amiga, pero nada más. El no deseaba casarse con ella.
Por esa época él se dejaba llevar por la corriente y se preocupaba del "qué dirán". Su familia siempre fue muy conservadora, pura hasta decir basta y esa pureza era lo único que le importaba a la señora Zabini. Blaise siempre tuvo sus momentos de rebeldía donde juraba que cualquier día se fugaba con una impura solo para molestar a su madre pues ella le sacaba de sus casillas con sus constantes casamientos (en su quinto curso ya llevaba siete maridos enterrados) pero al final, por mucho que le molestara, era su madre. La única mujer que según él le amaría incondicionalmente siempre, y por eso aunque había momentos que quería mandarlo todo a la mierda, al final agachaba la cabeza y cumplía lo que la sociedad y su madre esperaba de él.
Y por eso perdió todo lo que quería.
Aun hoy, camino a su enorme y lúgubre mansión, Blaise recordaba la primera vez que la vio, a Ginny Weasley, la que él estaba seguro era la mujer de su vida. Fue en una tarde de mayo, casi al anochecer. Blaise estaba en cuarto curso y ella en tercero. Tras una discusión con un idiota de unos cursos mayor de su casa necesitaba descargar furia, ¿y qué mejor forma que volar un rato?
Para él no había mejor ruta de escape que un buen viaje en su maravillosa escoba. Solo estar suspendido en el aire a varios metros del suelo le daba paz. Se sentía libre. Recordó como tomó su escoba y salió hacia el campo de quidditch que sabía que estaría vacío. Se acercó con la mandíbula tensa y deseando volver para darle su merecido a ese idiota, mas no lo hizo y hoy en día, Blaise, agradece a su conciencia el que le obligara a seguir caminando hacia el campo.
Recuerda como pasó entre las gradas y caminó hacia el centro del campo sin mirar a nada. Solo centrando sus ojos en el suelo. Recuerda subirse a su escoba y dar una patada en el suelo, recuerda elevarse un par de metros y comenzar a dar vueltas rapidísimas alrededor del campo, una, dos… como un tornado. No quería pensar, solo quería volar, volar lo más rápido que pudiera y olvidarse de todo.
Fue entonces cuando una pelota le pasó rozando la cabeza y frenó en seco. Con una sonrisa en su cara recordó una voz, firme pero dulce que le llamaba con un claro tono de enfado…
- ¡Eh tú! ¿No ves que estoy yo aquí? ¿Quieres que te dé en la cabeza con la quaffle porque eres masoquista o simplemente eres idiota?
Blaise alzó sus ojos en dirección a la voz y la vio. Una diosa en la tierra, una veela particularmente diferente al resto. Veela o Banshee, no estaba claro, pero lo que estaba seguro era de que su corazón frenó a la vez que se quedó sin aliento.
Frente a él, subida en una escoba bastante vieja de las que ofrece la escuela, una muchacha pelirroja le miraba de muy malas formas. Tras de ella el sol estaba por ocultarse lanzando líneas luminosas de un color naranja y amarillo. Estas luces resaltaban aún más la roja melena de ella que debido al viento ondeaba y de la cual salían pequeños destellos anaranjados. Su cara aunque tuviera un claro gesto de enfado le pareció surrealista. Esas pecas le daban un toque salvaje y campechano, pero no le robaban ni un ápice de hermosura, es más Blaise juró que podría pasarse la vida contando sus pecas y jamás se cansaría.
Luego buscó sus ojos, marrones, pero no un marrón típico ni aburrido, era un marrón especial, como el chocolate con leche y un chorro de miel, tal y como a él le gustaba. Era cierto que en Slytherin las mujeres tenían los ojos más hermosos del colegio, era la casa con más chicas con ojos color azul y verde, sus amigas Pansy, Daphne y la pequeña Astoria habían sido votadas como las chicas con mejores ojos de la escuela (y habían votado chicos de otras casas, incluso de Gryffindor) ¡Incluso la fea de Millicent estaba entre los primeros puestos por sus enormes ojos color azul cielo! Pero para él, esos ojos marrones eran los más bonitos que había visto en la vida. A diferencia de los de las chicas de su casa que eran fríos los de esa chica eran grandes y expresivo y con un brillo de picardía y fuerza que los hacían preciosos a sus ojos…
Su nariz pequeña pero recta y unos labios finos terminaban el rostro de la pelirroja que le había robado el aliento a uno de los chicos más deseados de la casa de las serpientes.
- ¿Qué te pasa? ¿Tengo una babosa de fuego en la cara o qué?
- Fuego… - dijo Blaise en un susurro viendo las ondas que hacía el pelo de la chica con el aire. Realmente su pelo parecía fuego.
La chica le miró con curiosidad y luego suspiro – Genial, me he topado con el tonto del colegio.
Blaise en ese momento reaccionó y meneando la cabeza dijo - ¡Eh, que yo no soy tonto! ¡Desagradable!
La chica puso una perversa sonrisa en su cara – Hasta que reaccionas, pensé que eras un tarado – Blaise frunció el ceño y el soltó una cantarina risa – Veo bien el hecho de que vueles, pero por si no te has fijado yo estaba aquí antes.
- El campo es grande, cabemos los dos – respondió Blaise juguetón. No sabía quién era esa chica y se molestó un poco el haber parecido un idiota frente a ella por un momento, pero en cuanto reaccionó supo que debía conocerla y quien sabe, quizás algo más.
- Ni en sueños – dijo la chica – Estaba yo antes, lárgate.
- ¿Pero qué te molesto? – preguntó curioso y la chica hizo un mohín sonrojándose, cosa que le pareció adorable – Si tienes miedo de que espíe tu entrenamiento de quidditch tranquila, prometo no contarle nada a nadie y así tu capitán…
- No estoy en el equipo – bufó molesta.
Blaise parpadeo perplejo al ver como el rostro de la jovencita pasó de enfadada a cabreadísima en una milésima de segundo – ¿Entonces que más te da que esté aquí? – Preguntó con burla – ¿tan mal vuelas?
Blaise no quería que la chica se enfadara, normalmente así coqueteaba el, era una forma peculiar pero le valía siempre. Su coqueteo era efectivo a un 100%, pero claro no contó entonces con quien era esa chica.
La pelirroja bufó y le lanzó un bate que llevaba colgado de su escoba por una cuerda, por lo visto también iba a practicar los golpes a algunas bludger pero la llegada de Blaise frustró dicho entrenamiento. El moreno esquivó el golpe por los pelos y entonces llegó a la conclusión de que esa chica no se le podía escapar. Le gustaba en demasía – ¡Púdrete imbécil! – y bajó escopeteada hacia el suelo siendo seguida por Blaise.
- ¡espera! ¡Oye! – Pero nada, la chica le ignoraba completamente caminando por el campo para salir de allí – No quería enfadarte, era una broma.
- ¡Cómete una mierda de trol y déjame en paz! – gritó furiosa la chica aumentando más las ganas de Blaise de conocerla.
- ¡Dime al menos tu nombre!
La chica se dio la vuelta y clavó sus furiosos ojos marrones en el haciéndole temblar de arriba abajo – ¿Para qué quieres saberlo? – Blaise se encogió de hombros, haciéndola bufar de nuevo – Ginny, Ginny Weasley. Aunque tu mejor llamame Ginevra, Ginny solo me llaman mis amigos y tu JAMÁS serás uno de ellos.
Fue entonces cuando el corazón de Blaise se paró una segunda vez pero esta vez de angustia. Era una Weasley ¿Cómo no se dio cuenta? Ese pelo rojo fuego, esas pecas y esa picardía que solo vio en los Gemelos Weasley… ¡estaba cantado que era una de ellos!
El Blaise del presente recordó como su yo de 14 años se quedó parado mirándola marchar lamentándose su suerte. Los Weasley eran famosos entre los sangre limpia por ser unos traidores a la sangre amigos de muggles… Recordó como dio un golpe en el suelo con el talón del zapato frustrado. Esa chica era preciosa, un misterio, pero era intocable, prohibida. Jamás tendría nada con una sangre sucia o traidora a la sangre, su madre se moriría del disgusto. Por eso se dedicó a ignorarla el resto de los cursos escolares, ignorando su presencia quizás se olvidaría de ella y lo que despertó en el ¿no?
A punto de entrar en la chimenea para volver a su hogar el Blaise del presente lanzó una sonrisa triste al aire, recordando lo gilipollas que puedes ser cuando eres un adolescente miedica. Él había dejado escapar a la chica perfecta para el solo por aparentar. Que idiota.
Recordó como falló estrepitosamente en su plan de olvidar a Ginny, recordó como estuvo con cuanta chica pudo para borrar de su cabeza sus enormes ojos marrones, su precioso pelo anaranjado… recordó como sufrió con cada novio que se echaba la pecosa y como disimulaba su dolor con burlas y desprecios… si solo hoy tuviera la oportunidad de dar marcha atrás en el tiempo… pelearía por ella, pelearía por esa mujercita rebelde de la que se enamoró por primera vista.
Recordó también el miedo que sintió por ella en momentos de la guerra, cuando por ejemplo Snape ocupó el puesto de director y ella y el idiota de Longbotton junto con Lovegood habían entrado a robar la espada de Gryffindor al despacho del director. Nadie lo sabía, ni siquiera Draco, pero esa noche él se encerró en el baño de prefectos a llorar como un niño, temiendo las represalias que podría haber. Había visto a niños de primero ser usados como conejillos de indias para los Carrow sin motivo alguno ¿Qué harían con Ginny si en ese momento si tenían un motivo?
Otro momento que le duele recordar fue cuando se anunció la boda de su pelirroja con el tarugo de Potter. Él nunca había tenido nada en contra del chico que sobrevivió, no le caía bien simplemente porque iba de defensor de las causas perdidas, pero nada más. Pero cuando el mundo mágico se enteró de que Harry Potter se casaría con Ginny Weasley, el sintió ganas de matar al "Elegido".
Por eso el decidió aceptar el trato que había hecho su madre y se casó con Pansy. Por aquel entonces las familias de sangre pura que quedaban en la sociedad limpias de cargos estaban uniéndose en matrimonios concertados. Draco ya había caído, Goyle también, quedaba él ya que el capullo de Nott no tenía nadie por quien responder ¿y qué hizo? Se rindió antes de pelear y aceptó el trato.
Para el casarse con Pansy fue un suplicio. En un principio pensó que quizás funcionaría, era su amiga, la conocía bien y en su pasado habían tenido un contacto más serio de lo que la amistad específica, pero siempre por pura diversión o porque Blaise no tenía a nadie mejor con quien pasar el rato. Ilusamente pensó que quizás no sería tan malo… pero una vez más se equivocó.
Pansy era una egoísta manipuladora. Era caprichosa, solo sabía pedir, pedir y pedir. Blaise sabía que en el fondo no era mala, pero le estaba amargando la vida. Apenas hablaban y cuando lo hacían era para discutir. Según el contrato matrimonial, Pansy debería ser quien alumbrara el heredero o heredera Zabini. Y lo hizo, vaya que si lo hizo.
Una cosa buena en su matrimonio fue su pequeña, su Amy. Quizás fueron sus ojos marrones enormes que lo miraban curiosos desde una pequeña cuna, quizás su pelo negro o quizás su tostada piel… nadie lo sabe, pero su niña le cautivó el corazón solo con verla. Le enamoró a primera vista tal y como había hecho otra mujer anteriormente, pero su pequeña le enamoró de una manera diferente. Por esta no se rendiría jamás. Mataría antes que alejarse de su princesa.
Si algo no podía echarle en cara a Pansy era su indiferencia para con la niña. Desde que se consensuó el pacto del heredero, la morena había dejado claro que ella solo lo tendría pero que luego lo criarían el o los elfos. A su mujer nunca le gustaron los niños y dejó bien claro que para ella Amy era una meta, una cosa que debía concebir porque un contrato así lo estipulaba. Por eso no se sorprendió cuando se desinteresó por completo de la pequeña. Al menos, en ese sentido Blaise ya sabía cómo se darían las cosas.
Aun así, aun sabiéndolo, el moreno no entendía como una mujer que lleva nueve meses dentro de si a alguien puede ser tan frio con él. Es su hija y ni la mira, es más, Blaise estaba seguro de que si le dieran a elegir entre una capa de marca o su hija Pansy elegiría la capa. Con la llegada de Amy la tensión del matrimonio creció.
Dormían en habitaciones separadas, hacían vida separados, el con su trabajo y su niña y ella con sus compras y Flint. Otro punto más de su desastroso matrimonio. Pansy se había enamorado de Marcus Flint, o eso decía ella. Blaise estaba seguro de que para su esposa, Marcus era una forma de escapar de su vida, una distracción y la entendía. Él también tuvo sus deslices, no eran un matrimonio real, solo tenían un acuerdo.
Blaise recordó también como le contó a Draco y a Theo la situación con la que vivía. Un día que llegó tarde de trabajar se encontró a Lopin, la elfina domestica cuidando desesperada a Amy. Estaba enferma y Pansy no había movido un dedo por ella aun sabiendo que la elfina no podría con todo ella sola. Recordó como agarró a la niña y la llevó a San Mungo desesperado. Horas después con Amy mejor llegó a casa y montó la tercera guerra mágica y entonces harto de todo dejó a Amy con su madre y quedó con sus mejores amigos. Ese día no podía más, el estrés le estaba matando, y además ese día saltó la noticia de que Ginevra Potter iba a tener su tercer hijo ¿Qué más podía salir mal en su día?
Esa noche quedó con sus amigos y les contó todo, sus problemas, su amor frustrado, su dolor… lo dejó salir todo ayudado por una buena cantidad de Whiskey de fuego esperando que sus amigos no le juzgaran mucho por haberse enamorado de una traidora a la sangre y ser un marido calzonazos que cuida el mismo de su hija y a quien su mujer vacila cada día. Pero para sorpresa de el ocurrió todo lo contrario. Nott le dijo que no pasaba nada, que enamorarse era libre y que él le creía pues conocía lo arpía que podía llegar a ser Pansy. Draco para sorpresa de todos, dejó salir también todos los secretos que guardaba y fue entonces cuando su amistad se reforzó. Ya no eran solo simples amigos. Ahora eran hermanos.
Fue a partir de ahí, cuando Draco y Theo se convirtieron en su apoyo. El rubio un poco más pues tenía una situación parecida a la suya, un matrimonio sin amor, una mujer tóxica, un hijo que criar y un amor no correspondido con alguien que le era prohibido. Desde ese día, Draco le apoyaba a el cuándo veían a los Potter felices por el Ministerio o cuando tenía problemas en casa, y él le sostenía cuando Astoria le sacaba de quicio o Granger alababa a su marido e hija en los pasillos del Ministerio.
Hasta que llegó el día de hoy, Blaise había vivido un infierno. Un matrimonio concertado que era una tortura le recordaba lo tonto que había sido en su juventud por dejarse llevar por las apariencias y no pelear por el corazón de su pelirroja. Pelirroja que hasta hace un par de horas le era prohibida.
El moreno tomó aire despacio, esta era su oportunidad, Ginevra, su preciosa y terca Ginevra era libre como un pajarito. Bueno, casi libre. Y él no pensaba desaprovechar la oportunidad. Esa mañana le había caído como del cielo y él pensaba luchar por lo que hace años dejó escapar. Ya no había miedo, ya no había prejuicios, solo el, su corazón y su Ginevra.
- Ais mi pelirroja, mi fierecilla pelirroja – murmuró entrando en la chimenea poniendo una pícara sonrisa. A pesar de saber que el solo era una marioneta en los planes de venganza de su diosa pelirroja, estaba entusiasmado. Él era Blaise Sexy Zabini, nadie se le escapaba y menos cuando era la mujer de sus sueños – Ten cuidado mi pecosa, que la libertad te durará poco – dijo antes de tomar polvos flú.
Iba a conquistar a su Ginevra, la iba a conquistar como ella le había conquistado en cuarto curso y jamás la dejaría marchar. Iba a ser un camino duro y largo, pues su Ginevra era bastante guerrera y sabía que le daría trabajo, pero esa mujer sería suya, sería su mujer. Estaba decidido desde que tenía catorce años – Gracias por la oportunidad Potter, cerdo majadero – Gritó "A la Mansión Zabini" y desapareció envuelto en llamas verdes.
Al llegar a su enorme mansión, lo primero que hizo fue tirar su chaqueta y su maletín de cuero negro en una silla enorme que se había colocado allí precisamente con ese fin. Los elfos recogerían más tarde las pertenencias de su amo y las llevarían a su despacho. Salió en dirección al cuarto de su pequeña. Subió las escaleras y enfocó la enorme puerta de madera con una corona rosa pegada en ella y el nombre de su hija justo debajo. Sonrió y abrió la puerta.
- Papi ¡llegaste! – la pequeña niña de largo pelo negro le saludo contenta desde el suelo. Blaise la miraba con una ternura rara en él. Su Amy era su vida, su tostada piel y su melena negra, sus enormes ojos marrones de los que se enamoró cuando la vio por primera vez… su pequeña era un regalo del cielo.
Se acercó a ella tomándola en brazos – Hola mi amor, ¿Qué tal el día? – preguntó mientras la besaba en la frente.
-Bien, he jugado todo el día – Blaise sonrió, a sus cuatro años, Amy era una niña bastante despierta y muy espabilada – Lopin y yo hemos jugado a cazar hadas.
- ¡vaya! – dijo fingiendo asombro Blaise – ¿eso significa que no me has echado de menos?
El tono triste de su padre hizo reír a la pequeña niña que le abrazo con sus cortos brazos por el cuello – Claro que si papi, siempre que te vas te echo de menos – y clavó sus enormes ojos en el – Me gusta más jugar contigo que con Lopin.
Blaise sonrió y le dio un beso en la mejilla morena – A mi también me gusta jugar contigo princesa.
La pequeña se revolvió en sus brazos para que la bajara y volvió a sentarse en el suelo, donde un corrillo de muñecas rodeaba un juego de té de plástico blanco y rosa – Estoy jugando al te papi, Loli es mi invitada porque es su cumpleaños – explicó mientras agarraba a Loli, su muñeca de porcelana. Blaise miro con gracia a la muñeca favorita de su hija, era una pequeña muñeca de porcelana pelirroja, con grandes bucles de color naranja, un rostro blanco y pecoso y unos ojos enormes marrones con grandes pestañas. Blaise recordó como su hija se enamoró de la muñeca una tarde en el callejón Diagón y aunque costara 150 galeones, no se pudo negar por dos motivos:
El primero, no podía negarle nada a su pequeña, y menos cuando le miraba con esa carita de súplica.
El segundo, que la dichosa muñeca le recordaba demasiado a Ginny, quizás un poco más femenina que su pecosa, pues no se imaginaba a su Ginevra con semejante vestido pomposo lleno de volantes pero el parecido era enorme.
Por eso acabó comprando la muñeca que se había convertido en la favorita de Amy.
La pequeña meneó el juguete frente a los ojos de su padre y dijo – ¿juegas conmigo?
Blaise negó. Por mucho que quisiera jugar y pasar tiempo con su hija, esa tarde tenía algo que hacer, algo más importante. Estaba seguro que a esas alturas del día, Pansy ya tendría en su poder la carta de Theo y por muy mal que fueran las cosas entre ellos, la madre de su hija merecía una explicación – Tengo que hablar con Pansy princesa, pero en cuanto termine vendré a jugar contigo.
La niña puso un gesto de indignación, pues no le gustaba que su papi prefiera la compañía de Pansy que la suya, pero si su papá decía que luego jugaría con ella, no le quedó otra más que asentir y volver a lo suyo. Blaise sonrió de nuevo ¿Cuántas veces su pequeña le hacía sonreír? Le dio un beso en la coronilla y salió del cuarto de su hija en busca de su esposa.
Con un poco de suerte, Pansy no montaría un drama.
Caminó por el pasillo rumbo a la habitación de su mujer, picó y la voz de la morena le indicó que pasara. Al abrirla la vio mirando el armario, con una mano bajo el mentón, despreocupada, como si hace unas horas no hubiera recibido una carta de divorcio.
- ¿Que se te ofrece querido? – pregunto sin apartar la vista de su armario.
- Tenemos que hablar.
Pansy clavó sus verdes ojos en él y puso una ladeada sonrisa que Blaise deseó borrarle de la cara, caminó elegantemente haciendo sonar sus tacones por el suelo y agarró algo de su tocador - ¿Te refieres a esto? – preguntó mostrándole la carta.
Blaise asintió – Estoy harto de esta situación.
- Ya somos dos – contestó tranquila Pansy.
- He decidido terminar con esta idiotez, no somos un matrimonio, tú no quieres esto, yo no quiero esto y sobretodo no pienso dejar que Amy viva sin una madre.
- Enternecedor – murmuró Pansy sentándose en el borde la cama – No me hagas idiota Blaise, porque no lo soy y te conozco bien.
- No sé a qué te refieres – Pansy volvió a poner esa sonrisa que le sacaba de quicio.
- Sé que lo haces porque la comadreja pobretona se va a divorciar de Potter – al ver que Blaise iba a hablar levantó una mano haciéndole callar – todo el mundo lo sabe ya, se ha filtrado en "El Profeta"
- No es lo que crees – dijo Blaise temeroso. Sabía lo caprichosa que era Pansy, sabía que aprovecharía la menos oportunidad de chantajearle y nunca permitiría que usara a su pecosa para hacerle daño a el – eso no tiene nada que ver.
Pansy soltó una risa estridente – Por favor querido – escupió con burla la última palabra – que nos conocemos, se perfectamente que babeas por ella, y no me molesta.
- ¿Qué quieres Pansy?
La morena le miró y suspiró – Blaise, estoy tan harta como tú de todo. No te quiero, al menos como un marido como sé que tú tampoco me amas a mí. Además sabes bien que la niña es una carga innecesaria en mi vida.
Blaise se tensó – No entiendo como aun llevándola dentro de ti nueve meses…
- ¡Oh por favor! – se quejó Pansy poniendo los ojos en blanco – lo avisé desde el principio, tú lo sabías, tu madre también… deje claro que sería una especie de incubadora muggle, yo la llevaría dentro porque era mi deber pero luego no quería saber nada – Blaise apretó los puños – No me puedes echar en cara nada porque yo no engañe a nadie – no soy Astoria – murmuró por lo bajo aunque Blaise la escuchó perfectamente.
- ¿Qué quieres Pansy? – preguntó harto
- Mi libertad – dijo serena mirándo a su aun marido a los ojos que la observaban incrédulo – No me mires así, ¿Qué pensabas que te pediría dinero? ¿Qué te chantajearía con la niña? Por favor está claro que te pediré una compensación pero no soy tan mala como para quitarte a Amy – se encogió de hombros – total, tampoco me interesa quedármela.
- Habla de una vez y no metas a Amy en esto.
Pansy volvió a poner una maligna sonrisa en su cara – Bien, es simple lo que quiero. Quiero ser libre, y tú también. Perfecto, lo seremos. Ahora, quiero que me pagues no se… ¿25.000 galeones? – Blaise abrió los ojos sorprendido – Y mira si soy buena que solo quiero eso y del tirón. Págame eso y no te pediré más, nada, la niña será tuya y yo me alejaré de vosotros. Solo págame 25.000 galeones para poder irme lejos con Marcus y nuestro divorcio será un camino de rosas.
Blaise parpadeaba perplejo, no se lo creía, algo más escondía Pansy, no podía ser tan sencillo – No soy idiota Pansy ¿Qué ocultas? ¿Qué más quieres? No puede ser tan fácil.
Pansy rodó los ojos – Mira, no sé qué te piensas que soy pero es la verdad. No quiero nada de ti más que esos galeones que te pido. No quiero más.
- No lo entiendo, pensé que…
Pero la morena le cortó de nuevo – se lo que pensabas, pero no. No quiero nada más, tengo una buena fortuna de mis padres, más lo que tú me des, más lo de Marcus… - hizo un gesto de pensar algo muy a fondo – créeme que no necesito mucho más para vivir cómodamente el resto de mi vida.
- Entonces… ¿solo quieres eso? ¿25.000 galeones?
- 25.000 galeones y desaparezco. Haremos este proceso lo más pacífico posible.
Blaise se lo pensó, 25.000 galeones era mucho, muchísimo, más incluso de lo que Draco estaba dispuesto a darle a Astoria, pero, por otra parte, ¿Qué eran 25.000 galeones para él? Nada, una minucia… esos 25.000 galeones le devolverían su libertad y serían el pasaporte a una nueva vida, esperemos, que con su pelirroja…
- Quiero mi libertad Blaise, ya hemos aguantado bastante – la voz de Pansy lo sacó de su ensoñación. Su esposa le miraba seria, más que nunca la vio en su vida – Mira, sé que soy muy caprichosa, lo sé, pero ni todo el oro del mundo compensará los años que he perdido a tu lado – dio un suspiro y continuo – Blaise, te aprecio pero como amigo, y lo sabes, este matrimonio fue una locura, algo a lo que nos debimos negar los dos, pero nos pareció cómodo pues yo solo pensaba en que me harías vivir bien y tu pensabas en que la mujer que amas ya estaba con otro y entonces de perdidos, al rio.
Blaise escuchaba atento a Pansy, nunca pensó verla así, más madura, más mujer… la pequeña niña caprichosa y asustadiza que una vez conoció en Hogwarts y que se había convertido a la fuerza en su mujer, había madurado y él no se había dado cuenta. Se sentó junto a su esposa y siguió escuchando atento su pequeño discurso – Éramos amigos Blaise, pero este matrimonio destrozó esa hermosa amistad… lo destrozó todo, nuestras ilusiones, nuestras metas, nuestra felicidad… No somos felices Blaise y yo quiero serlo… - Blaise vio caer una lagrima por la pálida mejilla de Pansy y la retiró con la mano – quiero volver a ser yo Blaise, quiero ser feliz de nuevo y que tú lo seas… quiero estar con Marcus como sé que tú quieres estar con la pelirroja… porque quiero que volvamos a ser amigos Blaise, quiero recuperar mi libertad… elegir yo mi destino y futuro, no que otros lo elijan por mí.
Pansy se echó a llorar, pues eran demasiados años aguantando sus sentimientos, haciéndose la fuerte y fingiendo que era feliz con la vida cómoda que Blaise le ofrecía, pero no era cierto. Ella era una mujer, con sueños y metas, ella quería amar de verdad y ser amada de vuelta… quería una vida real, no una mentira.
Blaise la abrazó, sin saber cómo hace unas horas detestaba a Pansy y ahora sentía lastima por ella, la abrazaba y notaba ese sentimiento de amistad volver a nacerle en el pecho… Su vida era una locura…
- Lo siento Blaise – dijo desde su pecho – siento lo mal que he tratado a Amy, pero yo no quería, yo… no puedo… y lo intenté, juro que lo intenté.
- Tranquila, nadie te puede obligar a amar a alguien.
Pansy asintió – pero es mi hija… y aun así yo no… su sola presencia me recuerda a que me arruinaron la vida… - y soltó otro llanto estridente.
Blaise sintió lastima por su mujer, él vivía compadeciéndose de su infierno de vida, sin pensar que quizás Pansy estaba pasando por lo mismo, se sintió mal hombre, mal amigo… por eso la dejó llorar en su hombro hasta que ella quisiera, por eso la dejó soltar todo lo que había guardado estos años…
Cuando su llanto cesó ella se separó y se limpió con el dorso de la mano las lágrimas – Creerás que soy una llorona…
- Créeme, necesitaba verte llorar. Para llegar a la conclusión de que eres humana – Pansy puso una sonrisa débil – de verdad, llegue a pensar que no tenías corazón.
- Pues lo tengo…
- Lo sé – contestó Blaise calmado – solo que no me acordaba.
Pansy suspiró y puso una sonrisa mientras le miraba – 25.000 galeones Blaise, solo eso para volver a ser libres y poder ser felices con quien queramos… tú con tu pelirroja y yo con Marcus…
Blaise le picó la mejilla como hacía en Hogwarts cuando solo eran dos amigos traviesos que se dedicaban a fastidiar al resto y sonrió – trato, tendrás tus 25.000 galeones – Pansy sonrió mirando al suelo – se acabó este infierno Pansy, volveremos a ser felices.
- Y libres – susurró la morena.
- Y libres – repitió Blaise, tras un momento en silencio el moreno se levantó – Bueno, hablaré con Theo de este acuerdo al que hemos llegado y lo haremos todo pacíficamente – su mujer asintió – Bien, pues nos vemos luego Pansy – y poniendo una sonrisa burlona como cuando eran críos dijo – saluda a Flint de mi parte y dile que use protección.
Pansy sonrió con malicia – créeme de eso me encargo yo, no quiero otro niño no deseado en mi vida.
Aunque a Blaise no le gustaba como se refería su mujer al hablar de su hija, lo dejó pasar, pus estaba demasiado entusiasmado con lo vivido anteriormente. Cuando iba a abrir la puerta de la habitación la voz de Pansy le detuvo – Sé que Draco también se va a divorciar – Blaise se giró y miró sorprendido a su aun mujer – Dile que tenga cuidado, Astoria no pondrá las cosas fáciles.
- ¿Por qué me cuentas esto? – preguntó un poco sorprendido.
- Porque Draco es mi amigo también y sé que tampoco es feliz – sonrió – espero que Granger no le dé una patada en su pomposo culo.
Blaise soltó una carcajada – Yo también Pans, yo también – y salió por la puerta en dirección a la habitación de su princesa.
No podía creer lo bien que habían salido las cosas. Sabía que Pansy no pondría problemas, pero jamás pensó que fuera todo tan fácil. Era cierto que 25.000 galeones hacían a su bolsillo temblar, pero en su adolescencia se había comprado chaquetas más caras. Con una sonrisa llegó a la puerta de su hija y entró, viéndola tener una amena charla con su muñeca.
Blaise sonrió al verla. Ojala el resto del proceso fuera tan sencillo, ojala su diosa pelirroja no le pusiera el camino difícil y ojala se dejara cazar. Porque ahora que todo estaba hablado y arreglado con Pansy, su objetivo era Ginevra Weasley. Y que Merlín la ayudara, por muy testaruda que fuera, esta vez Blaise Zabini iba a luchar. Sí, Blaise lo tenía decidido, esta vez Ginevra Weasley no se escaparía de sus garras.
