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¿Y qué creen? El relato prometido no quiere progresar, y eso que sólo le falta el desenlace. A veces así pasa, aunque tengas todo estructurado en la mente, las palabras no se ordenan al ritmo de tus ideas. Durante esos estancamientos es mejor continuar con otras cosas. Ya no les prometeré nada entonces, sino que iré aportando lo que tenga a la mano para no defraudarlos… Eso sí, siempre con un máximo esfuerzo por tenerlos contentos y tampoco desanimarme yo :D
El capítulo 34 de DBS me llegó, en serio que sí… La escena de Goku con Milk me significó más que dos minutos de fanservice. Por eso he aquí lo que mis sentimientos formularon.
¡Je l'apprécie!
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Tormento
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"Este amoroso tormento,
que en mi pecho se ve,
sé que lo siento, y no sé
la causa porque lo siento"
-Sor Juana Inés dela Cruz-
El combate descargaba emociones abrasivas en cada grito de vitoreo y entre las palmas chocantes de los aplausos. Goku dominaba, eso sin dudarlo, pero la batalla también saciaba el gusto de los que alentaban a Frost.
Milk también se había compadecido de la benevolencia de Frost, ¿Para qué negarlo? Un pacifista que luchaba por los infantes de su planeta enternecía hasta al colérico Bills. Sin embargo, ciertamente Milk no podía esconder su orgullosa sonrisa cuando cada perfecto golpe de su esposo atacaba al filántropo.
Imperaba la tensión compasiva cuando los admirables ataques de Goku debilitaban cada vez más a Frost, pero Milk solía exhalar suspiros embelesados. Era tan fuerte, tan ágil, tan poderoso y era el mejor… ¡Era su Goku!
El combate fermentó violento y ella comenzó a formar parte de las piadosas porras de aliento hacia el derrotado Frost. Se lo veía sin aliento, sin fuerzas y sin oportunidad alguna de contraatacar a Goku. Ya no había nada por hacer contra el titán de las artes marciales, pero incluso cuando éste insistía en que Frost se rindiera, el frío ser no desistía.
Unas palabras débiles parecieron intercambiarse en la arena y luego un patético puñetazo de Frost golpeó con mesura la palma de Goku. Desde el palco tapizado de césped se vislumbró el tambaleo del patriarca Son, continuado de una última patada que Frost ejecutó para hacer a Goku derrumbarse fuera de la pista.
—Mi Goku… —apenas masculló Milk.
La multitud enmudeció con abrupto general. La imagen inerte de Goku dilataba las pupilas y creaba nudos ciegos en las gargantas. Al transcurso de un eterno minuto se comenzaron a susurrar especulaciones de lo ocurrido, las gritadas quejas del Dios Bills no se hicieron esperar y el réferi sentenció la vitoria de Frost; pero en los oídos de Milk sólo retumbaban los latinos de su asustado corazón.
El inhabitado planeta continuaba su lenta rotación, el público no cesaba su escándalo y el corazón de Milk insistía en palpitar con perturbación, pero Goku no se movía.
—Go… ¡Goku! —bramó Milk, levantándose con violenta velocidad.
—¡Mamá! —gritó Goten.
Pero sus oídos se sellaban con histérico terror. Un perfecto salto marcial la hizo descender hasta la arena, en donde ella corrió con el pánico de ganarle al tiempo, al destino y a la mismísima muerte oscura.
No pudo correr en socorro de su esposo cuando le partieron el alma con la noticia de su primera muerte, a manos de su despiadado hermano Raditz; así tampoco logró correr cuando el insecto de Cell obligó a su Goku a sacrificarse, arrebatándoselo durante siete penosos años.
Milk no pudo correr, no pudo ganarle a la muerte, no logró gritarle a su esposo en ruego de resistir por el aliento de vida. Milk había llorado culpable, decepcionada de no despedirle el último beso antes de perderlo en aquellas funestas ocasiones. No vio sus ojos perder brillo, no sintió la extinción de su aliento, no sopesó de frente el arrebato del fallecimiento.
La culpa, la depresión y el luto carcomían su serenidad a menudo, pensando en lo que ella habría aportado a los últimos instantes de su esposo, aunque el sosiego de recuperarlo brindaba olvido al pesar. No obstante, en aquellos macabros instantes, con su Goku inconsciente y sin respuesta activa desde ya unos minutos, Milk dispuso no privarse una vez más de combatir el destino cruel y ajustar cuentas contra la más desdichada de las desgracias.
—¡Goku, despierta! —gritó una vez más, con intención de ahuyentar a la muerte y saltando hasta su figura estática—. ¡Goku! ¡Goku!
Los ojos de Goku se habían abierto con el retumbar de aquel chillar. Su esposa lo miró incorporarse dificultosamente, sin confiar del todo en que sus ojos lo proyectaran vivo.
—¿Eh?… ¿Qué…? —articuló el saiyajin, con confusión y una desconocida molestia muscular. El rostro de su esposa estaba turbadísimo y él se veía fuera de la pista—. ¿Qué pasa? Parece que he perdido el combate —no pudo evitar reír.
—¡Oh, Goku! —Milk lo atrapó del cuello en un repentino abrazo—. ¡Goku, creí que habías muerto!
Sus sollozos fueron incontrolables. Goku no se concientizó a los sentimientos de su mujer y le extrañó que se mostrara tan amorosamente desinhibida ante el ojo público, cuando ella reservaba esa efusividad a la intimidad.
—Milk, todos nos están viendo…
Pero la timidez de Goku significó nada para los sentimientos de Milk. Si de ella hubiese dependido, hasta a los mismísimos Dioses Destructores mandaría al diablo para descargar en besos y abrazos su alivio, aun ignorando su propio sonrojo. Pero la figura de Frost apareció frente a ellos y un sexto sentido de alerta hizo que Milk le gruñera con rencor.
—¿Está bien, Señor? —preguntó con una sonrisa preocupada, que Milk juró falsa.
—¡Vaya, eres fuerte! —le sonrió Goku, turbando a Milk de sorpresa—. Ni siquiera vi lo que hiciste.
—Yo tampoco entiendo lo que hice. Estaba desesperado al fin y al cabo… Pero algo sí tengo en claro: Usted ha logrado incrementar mis poderes —Frost se veía muy amable y Goku se enternecía por un adversario tan educado, pero la mujer no cesaba su mirada cazadora—. No fue una pelea fácil y por eso mismo le agradezco el honor de combatir contra usted.
—¡Vaya, qué bochornoso! —rio Goku, aceptando su mano pacífica para incorporarse. Frost alzó el brazo de Goku solicitando al público una felicitación.
La multitud aplaudió y festejó el asombroso encuentro e incluso la sonrisa de Goku se unió al palmoteo. Y entre ese ánimo, Milk desentonaba con una mirada de consternación. ¿Acaso nadie sospechaba sus preocupaciones? No confiaba en esa lagartija, veía una mueca falsa en lo que todos consideraban sonrisas amables.
Al volver Frost a la pista, éste la miró y le sonrió, pero Milk apartó los ojos con resentimiento.
—No me agrada ese sujeto —le susurró a Goku.
—Tranquilízate. Supongo que no siempre podré ganar —le sonrió Goku.
—No, Goku… En verdad tengo un mal presentimiento.
—Creí que te estabas divirtiendo —Goku soltó una mueca de decepción—. Hace mucho que no veías un torneo.
—Es que… —Milk fijó la vista en Frost, que recibía el elogio victorioso en la pista—. Ya no quiero que pelees.
—¿Qué? No, Milk, no te pongas así ahora —suplicó Goku, temeroso de que comenzara una de sus frenéticas escenas, en las que casi siempre él terminaba suplicando que le dejara de pellizcar las orejas—. Ven aquí —y antes de poder advertirlo, Goku había tomado a Milk entre sus brazos para llevarla de vuelta al palco.
—Tengo miedo —susurró Milk.
—¿Dudas de mi poder? —preguntó Goku en el lento vuelo.
—Temo que lo que dijiste: que no siempre puedas ganar…
—Entonces no confías en mí —dijo Goku con decepción berrinchuda.
—No confío en ellos —Milk se volteó para mostrarle infantilmente la lengua a Frost, pero por supuesto él no lo advirtió—. No quiero perderte otra vez, Goku —y entonces depositó un pequeño beso cosquilludo en el cuello de su esposo, mismo que nadie más notó.
—Confía en mí —murmuró sin más, depositándola suavemente el césped al llegar—. Ahora que ha pasado mi turno, estén atentos y sigan disfrutando de los combates, a ver qué más sucede —dijo a todos, pero mirando solamente a Milk para sosegarla.
Inmediatamente Goku regresó al palco de guerreros del Dios Bills, y no hizo falta escuchar para adivinar los regaños que éste le dio al llegar.
—¿Papá está bien, mami? —preguntó Goten.
—Sí, mi amor. No pasó de un susto —respondió mirando desde lejos cómo Goku se libraba de la ira del Dios—. Debemos confiar en él ¿De acuerdo?
—¡Sí! —respondió el pequeño, sonriente como de costumbre.
No pasó de un susto, el peor de los sustos. El corazón de Milk no abandonaba el mal presentimiento, pero la sonrisa de Goku era su bálsamo. Si nuevamente presentía el peligro de perderlo, correría, gritaría, lucharía. No existía ni pizca de disponer una vez más su destino familiar a la muerte, no más. Ella daría el salto más alto, la carrera más veloz y los gritos más feroces. Ella daría todo de sí, porque no quería volver a perder lo que ya le habían arrebatado a su corazón y que cuidaba con atesoro. Aunque confiara en Goku, no bajaría la guardia; no disminuiría el furor de su amor siempre alerta.
—Tú puedes, Goku —se leyó en sus labios, mirando a Goku entre la distancia de los palcos. Él la miró, no haciendo más que sonreír ampliamente.
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Fin.
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¡Muchísimas gracias por leer!
Aprovecho para pedirles disculpas por mi ausencia de un mes. No sólo el estancamiento creativo me atrapó, sino que la vida real conspiró también xD Estaré más presente en estas semanas ;D
Gracias a todos por sus ánimos, por su cariño invaluable y sus comentarios llenos de magia. No podría adorarlos más :'D Especiales agradecimientos a Sophy Brief, cuyos reviews nunca se hacen esperar ¡Besos, lindura! E igual a todos los que dedican un tiempo para comentar y enviar mensajito privado (éstos siempre los respondo).
¡Bendiciones y mucho cariño!
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PD1: ¿Sintieron lo mismo que yo con ese capítulo?
PD2: Sus reviews son el queso de mis enfrijoladas.
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