LA LUNA EN EL ORÁCULO

10. En donde Sirius y Remus consiguen aclarar algunas ideas

El pequeño cuerpo desnudo, marcado por miles de heridas auto inflingidas, está tirado sobre el agrietado y sucio suelo de madera. Aún jadea y su rostro está bañado de lágrimas, producto del dolor y la impotencia. Tiene frío, tanto que tirita, pero no es capaz de moverse cuando le duele hasta respirar.

Alguien se acerca haciendo retumbar y crujir el suelo bajo sus pisadas. Murmura unas palabras y siente como se eleva sin que nadie lo toque. Al momento, ese alguien lo abraza como si fuera un niño pequeño que hubiera que llevar a la cama. Sabe quién es aunque no lo vea. Aunque no recordara la noche anterior lo sabría.

Es llevado con cuidado al cuarto abandonado. Oye la voz de Sirius, más rota que nunca, murmurar "lavanda"; luego, el chirrido que provoca el enorme armario al apartarse para descubrir la entrada a una habitación. Está decorada como las de la Torre de Gryffindor, incluida la cama con dosel sobre la que le deja sentado. Todo rojo, dorado y madera. Un gran brasero encantado mantiene la habitación caldeada. El orden y la limpieza del cuarto contrastan de tal manera con el resto de la casa que pareciera que la puerta fuera un portal hacia otro lugar.

No es capaz mantener los ojos abiertos, solo quiere dormir, pero le hace beber las dos pociones (no las ve, pero una es azul, la otra roja, siempre las mismas, luna tras luna). No hay nada que cure sus heridas, pero le aplica un ungüento para que no se infecten. Por fin le deja meterse entre las mantas y le arropa antes de tumbarse a su lado y abrazarle con cuidado, para no rozar ninguna herida.

A pesar del intenso dolor que siente, la idea de que aquello es simplemente perfecto se cuela en su cerebro instantes antes de quedarse profundamente dormido.

—Moony, venga, despierta. —Le zarandea suavemente—. Vamos, ya han pasado diez horas, tienes que tomarte las pociones.

No quiere despertar, pero Sirius se empeña en ello e insiste una y otra vez.

—No…

Se da la vuelta y se tapa la cabeza con la almohada, pero Sirius lo incorpora por la fuerza y lo sienta en la cama. Abre los ojos, no mucho. Lo ve todo borroso por el sueño. Más pociones, más ungüento, ¿cuándo más dormir?

—Ya sabes que soy gilipollas.

La voz de Sirius se le llega como un café bien cargado, disipando el sueño. Así es como él se disculpa.

—A veces te superas.

Lo dice con cierto tono de indiferencia. Así es como le dice que le ha perdonado. Sirius le sonríe agradecido mientras tapa la última herida.

—Listo, ahora sí que te puedes volver a dormir.

Remus no está seguro de si se lo dice porque ha terminado o porque lo ha perdonado, como humano, como Remus. No está seguro de qué ha pasado mientras su conciencia era absorbida por el lobo, pero el hecho de que Sirius esté allí, hablando como si nada parece una buena señal, y él no quiere seguir enfadado. Lo observa mientras recoge y guarda las cosas que ha usado para las curas.

—Quédate conmigo.

Su voz, normalmente dulce, ha tomado un tono exigente, como si fuera una retribución que el animago debiera pagarle por haberle perdonado después de todo lo que ha pasado.

—Si eso es lo único que quiero —le responde cansadamente y se sienta a su lado en la cama—, pero al parecer tú prefieres estar con Fannon.

—Estos días han sido complicados —se excusa tratando de no echarle en cara su comportamiento como él acaba de hacer.

No quiere discutir. Quiere volver a la cama, que le vuelva a abrazar y olvidarse de todo, pero es el momento de solucionar el caos en el que han vivido estos últimos días.

—Entiendo que vayas detrás de Stidolph, pero no que me trates mal. No entiendo porqué eso tiene que cambiarlo todo.

La mezcla del valor Gryffindor con la apatía provocada por el cansancio son la causa de lo que ha dicho.

—Yo no voy detrás de Stidolph.

Le mira como si estuviera loco. Le parece un insulto, una desfachatez.

—El único que oculta algo a los Merodeadores eres tú. —Se detiene un momento para añadir algo con aire solemne—. Sabemos que eres gay y que…—No es capaz de continuar.

Se lo está echando en cara. Nota cómo el corazón se le para un doloroso momento para luego bombear sangre ardiendo como lava. El momento que tanto había temido ha llegado y le parece bien que todo acabe de una vez. Lo conoce, está dolido porque se lo ha ocultado, pero sobretodo por lo que le ha ocultado. Que empiece la ronda de preguntas sobre si le mira en la ducha o se hace pajas pensando en James, le da igual.

—¿Y qué, eh? —le responde desafiándolo a continuar con aquello tan aparentemente terrible que se oculta detrás de ese "y…".

—Que estás con Fannon.

Remus, estupefacto, tanto que ni puede pensar, ve cómo Sirius se levanta dispuesto a marcharse.

—Éste no es el momento de tener otra pelea, estás convaleciente y no quiero volver a decir algo de lo que me arrepienta.

Demasiado cansado, demasiado harto, demasiado… necesitado de él lo detiene en la puerta agarrándole con fuerza el brazo.

—Tú estás tonto. ¡Es que no entiendes nada! A Fannon le gusta Stidolph.

Una mueca de dolor aparece en el rostro del animago en vez de la sorpresa o la incredulidad, nunca la vergüenza, que esperaba Remus.

—¿Estás herido? —Le mira a los ojos preocupado. Sirius desvía la mirada.

—Me lancé unos episkey..

Bufa y tira de él hacia la cama. Le obliga a sentarse.

—Eso corta las hemorragias, pero necesitas curarte bien para que no te queden cicatrices y quitarte los moratones.

Se lo explica con el tono de una madre harta de repetirle una y otra vez lo mismo a su hijo. Se agacha y abre la puerta de la mesita de noche para coger un ungüento que guarda allí para las heridas. Lo deja encima del mueble y se vuelve hacia el animago, que está mirando hacia otro lado. Le quita el jersey por la cabeza sin darle opción a quejarse. Sirius se aparta el flequillo de los ojos, pero deja su cabello revuelto, demasiado ocupado en no mirar a su compañero.

Las marcas van desapareciendo una a una bajo los suaves dedos. Están rodeados de un silencio incómodo.

—¿No vas a decir nada?

—¿Sobre qué?

Remus se muerde los labios nervioso.

—Bueno, ya sabes… ¿Me odias o…sientes asco?

Lo pregunta con suavidad mientras termina con el último moretón, el del hombro. Está aterrado, pero con la misma resignación con la que espera la salida de la luna llena, cuando la única esperanza es que no duela más que otras veces.

Sirius le mira a los ojos, al fin, con algo que no puede descifrar en la mirada. Si la situación fuera otra, vería claramente el miedo y la indecisión impregnando el gris plata. Le ve abrir la boca para decir algo, pero se lo calla y vuelve a desviar la mirada, esta vez al pecho de Remus. Y es en ese momento en que el castaño se da cuenta de que sigue desnudo. Se avergüenza de haber estado hablando de tales temas en esas condiciones, es completamente inapropiado. Durante unos segundos piensa que debería ir al armario a por algo de ropa, pero una mano delineando una vieja cicatriz que atraviesa su torso hace que se le olvide pensar. Sólo puede sentir la lenta caricia y mirar a su amigo concentrado en ello. La mano se detiene al final de la marca, cerca de su cadera, y, tras unos largos segundos, vuelve a encontrarse con los ojos grises que le dicen todo sin palabras.

—Pero, pero tú…

"Eres hetero, un mujeriego, mi amigo, ¡eres Sirius Black!" todo eso y más pasa caóticamente por su mente a gran velocidad. Por fortuna no hace falta que trate de decirlo, por que el moreno ha leído su desconcierto y se encoge de hombros en muda respuesta. Él sabe que significa "así son las cosas, curioso ¿no?".

Pasa su mano con emoción por el revuelto pelo negro. El lobo sigue a flor de piel, es el peor o el mejor momento para cambiarlo todo. En cualquier otro momento no lo haría, pero Sirius le sigue mirando y sus labios esbozan una sonrisa que parece una promesa, y Remus está cansado de esperar. Cansado de ver a Sirius con todas esas chicas desde los rincones, cansado de no hacer nada, de ser siempre un espectador pasivo. Pero eso se va a acabar. El que no arriesga no gana y de todas formas ya no tiene nada que perder.

Se sienta en sus piernas para devorarle la boca con un beso salvaje y posesivo que acaba aplastando sobre el colchón al animago. Es lo mejor que ha hecho nunca, está convencido de ello. Sirius parece opinar lo mismo, porque en cuanto terminan el beso, le obliga a girarse, le agarra por debajo de las rodillas y lo tumba del todo en la cama con él encima. Todo va muy deprisa, pero Remus no tiene tiempo de sentir miedo o vergüenza. Tal vez sea el lobo, o tal vez sea el chico asustado y enamorado que lleva dentro. Da igual. El caso es que Sirius está con él y no parece tan preocupado por el rumbo que está tomando todo. Ve su sonrisa triunfante y llena de promesas antes de que lleguen más besos hambrientos a su boca, la cara, el cuello, las cicatrices…Y empiezan los jadeos y algún gruñido cuando hay dentelladas. Parece una pelea, obligándose constantemente a cambiar de posición, tratando de dominarse el uno al otro.

Remus está ansioso, en su subconsciente está el miedo a que Sirius se arrepienta y no quiere desperdiciar una oportunidad que puede ser única; pero sobretodo, está tremendamente feliz. Le desabrocha los pantalones en una de las ocasiones en las que él está encima y se los baja junto con la ropa interior hasta que chocan con las botas aún puestas. Maldice y le quita todo protestando. Los nervios y las prisas le hacen algo más torpe de lo habitual. Black se ríe de una manera perruna, pero el licántropo decide matar su risa lamiéndole en la entrepierna. Y funciona. No más risas, sólo jadeos y "sí, así, Dios…" Al menos hasta que la puerta se abre.

No quiere volverse a mirar. Se queda quieto, como un animal asustado por unos faros en medio de la carretera. Ve los ojos abiertos como platos de Sirius, que está lívido, y oye a James muy alterado chillar más que decir "Joder, joder, perdón" y luego "No, no, Peter. Nos vamos, nos vamos" y un fuerte portazo seguido del ruido del armario al correrse para dejar a salvo el escondite.

Están un momento sin moverse ni hablar, tratando de asimilar lo que ha pasado, no tanto que los hayan pillado, sino lo que estaban haciendo cuando los han descubierto. Ahora que se han parado un momento los pensamientos empiezan a colarse en su mente y no es fácil lidiar con todos ellos tal como están, desnudos y excitados. Pero entonces Sirius, de improviso, estalla en carcajadas.

—Bueno, así ya no tenemos que decírselo—comenta el animago entre risas.

No hace falta ser un genio para saber que trata de alejar la tensión. Remus lo agradece con una sonrisa tímida. Sirius se coloca algo más hacia atrás para quedar apoyado en el cabecero de la cama. ¿Qué se puede decir en un momento así?

—Vas a seguir con lo que estabas haciendo, ¿verdad?

Capta cierto tono de preocupación, como temiendo que no fuera a continuar, y alza descaradamente sus caderas para llamarle la atención. El joven licántropo nota como le arden las mejillas, pero asiente y se acerca. Entonces las miradas vuelven a encontrarse y ahí está todo: la complicidad, la amistad, la confianza, el amor. Aquello que están haciendo no es más que otra pieza más de su relación. Sirius le acaricia el rostro sin apartar la mirada.

Remus vuelve a su quehacer con algo de indecisión al principio. Poco a poco el ambiente se vuelve a caldear, sobretodo gracias a la cantidad de obscenidades que salen de la boca de Sirius. Le ha oído decir semejantes barbaridades en el Cuarto Común entre risas y exclamaciones falsamente escandalizadas cuando relataba, con todo lujo de detalles, alguna de sus aventuras. Pero no es lo mismo que oírlo con la voz alterada por el placer, mientras lo tiene metido en su boca, y él es el causante de ello. Además, hay algo terriblemente pornográfico en la manera en la que lo está mirando.

Es demasiado joven e inexperimentado para aguantarlo así que, con disimulo, se lleva una mano a su miembro y comienza a tocarse sin dejar de atenderlo. No es tan fácil como creía y no puede hacerlo lo suficientemente bien para aliviarse sin perder el ritmo de lo otro. No recuerda haberse sentido arder tanto en su vida. Las obscenidades aumentan, ahora más incoherentes. El moreno ya no lo mira. Sus manos agarran las mantas y su cuerpo se mueve ligeramente ondulante. Dice algo y no lo entiende hasta que la humedad llega a su boca en varias oleadas y Sirius se deja de mover. Tiene los ojos algo entornados y una sonrisa satisfecha. Más guapo que nunca. Obscenamente perfecto.

Le da una vergüenza enorme masturbarse delante de él, se siente incapaz. Su compañero le mira y le sonríe. Se incorpora, le agarra del brazo y tira de él, quedando los dos tumbados de lado.

—No me he olvidado de ti, Moony.

Le besa despacio, sin preocuparle lo que ha hecho antes con su boca. Nota la mano en su miembro, masturbándolo con firmeza y lentitud. Se deja hacer ofreciendo su cuello con deleite a la lengua que lo recorre. Gime en su oído, mete los dedos de una mano en el pelo negro, los de la otra los clava en la espalda.

—Por favor, más rápido -suplica con dificultad, como si estuviera a punto de llorar.

—Shhhh, tranquilo, déjame a mí.

Pero no le deja, no puede, Empieza a embestir contra la mano, muerde el hombro, se olvida de todo hasta que se descarga. Se queda aferrado, más que abrazado. Sirius le acaricia el pelo, la espalda y le dice tonterías al oído sobre que no tiene aguante, que pensaba haberle devuelto apropiadamente el favor, que ha sido un impaciente. Le habla bromeando, como si acabaran de hacer una trastada que podía haber sido mil veces mejor que ninguna otra y, a la vez, que lo ha sido. Se deja limpiar, se deja meter entre las mantas, se deja besar como un niño pequeño…se dejaría hacer todo por él, se dejaría la vida por él, viviría en un mundo donde sólo hubiera luna llena por él.

Continuará...


N/A: Y... llegó el esperado momento. Sirius y Remus juntos al fin. Queremos aprovechar para agradecer los reviews a todos los que os atrevéis a comentar este fic. ¡Gracias! Ya sólo falta un capítulo, os esperamos la semana que viene.