Hola chicuelas! Siii ya se que me tardé en publicar este capítulo. Pero no desesperen, el próximo está programado para publicarse en dos días, para ponernos al corriente y como recompensa a su espera. El final se aproxima! Sin más preambulos, comencemos la lectura. Más dudas se van a resolver y otros suspiros por desatar. Gracias a todas por sus comentarios y tiempo! sobre todo tiempo para leer y escribir algo, significa muchisimo para mí y para esta historia. Un abrazo enorme
Hasta el próximo miércoles!
El Ángel Rebelde
By Alexa Bauder
Cap X
Podía ver su limpio y perfecto perfil gozar del resplandor del amanecer. Tres miraba por la ventana abierta mientras el viento matutino soplaba meciendo las cortinas blancas transparentes que a veces envolvían su cuerpo. Me acerqué queriendo hablarle, el giró para verme, pero fue en ese momento que todo oscureció y sus facciones desaparecieron de su rostro, mostrando solo un cuerpo con la cara borrada, acercándose a mí con las manos pétreas queriendo alcanzarme. Retrocedí asustada hasta que se desmoronó como estatua reduciéndose a ruinas. Mi corazón latía estrepitosamente hasta que una caída me hizo despertarme.
Candy, despierta. Estás soñando
-Tr.. ¡Tres! –agitada me encontré de nuevo en mi habitación oscura, deseaba verlo, que estuviera conmigo.
¿Quien?
La silueta de Tres apareció sentada junto a mí, no veía su rostro, pero sabía que era el. Podía escuchar su sonrisa en su voz. Quedamos callados hasta que sentí su mano en mi frente y me tranquilizaba.
-No me importa si ya no vuelvo a verte, mientras sepa que estás conmigo
Yo no podría irme, no es mi intención. No te abandonaré nunca.
Con esto, y las lágrimas queriendo salir, volví a acostarme para conciliar el sueño, cuando el teléfono sonó. Melindroso salió debajo de la cama y se atrevió a subir a mi cama, con la cola hacia arriba, dando vueltas para acurrucarse e mis pies y volver a dormir.
-Bueno? – mi voz era alarmada, podría ser del Hospital, pero estaba equivocada
-Buenas noches, Candy.
-¿Usted? –miré el reloj, era de madrugada.- ¿Ha pasado algo? ¿Albert esta bien?
-Sí, esta bien. Todo esta bien Candy. Usted, está bien?
-Sí –mentí esta vez.
-Está segura?
-Por qué lo pregunta? –el dudó por un momento
-Podría dejar de hablarle de "usted" por esta vez?
-Está bien, podré llamarlo igualmente? –acomodé la manta mejor en mis pies, Tres caminaba por ahí.
-Si, por supuesto
-Dígame… Dime Terrence qué tienes, te noto muy ansioso.
-No me creerás. Dime que estoy loco, te estoy dando más armas contra mí –sonrió un poco- pero tuve un… algo que se siente, como un sobresalto. Dormía bien cuando desperté súbitamente y me viniste a la mente. Estoy loco, ¿verdad? Pero solo quería saber que estuvieras bien. –me quedé sin habla un rato, lo tranquilicé
-Estoy bien. Pero si en algo te tranquiliza te puedo decir que hace momento tuve una pesadilla.
-Vaya. Te escucho.
-No recuerdo exactamente qué era, pero desperté como tu. Ya pasó, me siento más tranquila.
-Solo fue un sueño, Candy.
-Sí, solo eso. Aunque estoy preocupada
-¿Por qué? Puedes contármelo.
-Una de nuestras pacientes, tenemos que operarla. Ella no está muy bien. Tenemos los mejores doctores, pero queremos consultar un especialista en estos casos. La operación es muy costosa y yo no se como estén los fondos del hospital. No quiero comentarlo con la familia Andrew para no parecer inoportuna.
-Sí, entiendo. Te tengo buenas noticias. Pude localizar al Dr. Wallace, aún no se ha retirado por completo, pero no es posible que venga tan pronto. Se encuentra en la India , le costó trabajo entrar ahí por asuntos de su pasaporte, por lo que ahora salir será lo más difícil; está en su última semana de servicio. –Exhalé fuertemente, esto se complicaba.
-Estamos con las manos atadas entonces?
-Tiene que haber una solución y daremos con ella.
-Cómo está Albert?
-El está bien, lo inexplicable es que no reacciona. Ha decidido darse un año sabático y no despierta. Tuvo operación en la costilla, un brazo roto y un gran golpe en la pierna.
-Pobre… Y bueno, ¿él es casado, tiene prometida?
-Por qué, te interesa? –su tono endureció un poco.
-No, solo quería saber. Siendo joven y apuesto pensé eso.
-Acaso te gustarán rubios – le sentí burlarse un poco, sentí mi rostro cálido y empecé a tartamudear. Melindroso se había despertado y jugaba con una pelusa invisible. – No, no te gustan rubios, lo sé.
-Cómo sabes?
-Hubieras aceptado ir con el a comer, aquella ocasión que fuiste a su despacho.
-Tú.. cómo sabes?
-Por que yo le pedí que te invitara.
-Por qué?
-Quería conocerte, ¿tiene algo de malo eso?
-Tu vanidad no te deja ver más allá de tus narices, lo sabías? –el rió más ampliamente
-Tu modestia te ha tenido ciega también de cosas importantes.
-¿Qué cosas?
-Nada, nada … - Miau, escuché a Melindroso, ahora me miraba y acercaba, quería treparse sobre mí – Estás con alguien? –dijo esta vez totalmente serio.
-No, es mi gato. Quiere poner su garra en mi cara.
-Es por que no lo dejas dormir.
-¿Yo? Fuiste tu quien marcaste.
-Querrá hablar conmigo para decirme que cuelgue?
-No!
-No? No quieres que cuelgue o tu gato no habla?
-Ninguna de las dos, es que este gato! – ahora estaba muy decidido de subir a mi estómago cuando caí en la cuenta en lo que había dicho. Acaso acepté que no quería que colgara Terrence Grandchester. El muy ladino si lo había entendido, seguramente! Tomé a Melindroso para ponerlo en mi regazo y aplacarlo, empecé a acariciarle la cabeza y así empezó a ronronear.
-Se ha tranquilizado? –sonrió – Qué le has hecho, inyectarle algo seguramente.
-No soy la enfermera del mal! Solo consiguió lo que quería. Le estoy acariciando.
-Buena táctica la de ese gato. Está empezando a amanecer.
-Cierto… -El cuarto poco a poco tenía más luz, las cortinas estaban corridas. Me pregunté por un momento dónde estaría el. Qué tipo de casa habitaría y si estaría solo, como yo; así que me atreví. –Podrías hacer algo por mí, Terry?
-Lo que fuera.
-Podrías mirar por una ventana y decir lo que estás viendo?
-Espera un momento…- Escuché unos cuántos ruidos, un vibrar que supuse eran sus pasos, me sorprendí imaginándolo cómo sería, todo el. Escuché en el fondo iniciar una canción, algo totalmente dramático, se escuchó quedo, pero tenía fuerza y luego, la orquesta. –Aquí estoy.
-Qué se escucha?
-Ah… Eso. Tengo programada la música para que me despierte. Es aleatoria, lo que hoy ha salido es Nocturne, de Chopin. Quieres que lo cambie?
-No, suena bien, es hermoso. Y qué ves?
-Veo… Unas colinas. Estoy en lo alto de la ciudad y te puedo decir que se ve gran parte verde a lo lejos. Distingo la ciudad, pero el sol está luciéndose esta vez.
-Qué más ves?
-Las nubes se aglomeran alrededor de sol y las ilumina, se estan tiñendo de naranjas y ocres; cada vez más luminoso. Arriba aún hay algo de azul opaco y hacia el otro lado aún más. Vaya… -me gustó escuchar su voz sorprendida- Es como si tuviera la noche y el día ahora mismo en mi ventanal.
-Qué hermoso ha de ser eso. –suspiré.
-Qué ves tu? –Me moví y Melindroso bajó para seguirme. Tomé el teléfono que en mi habitación no era inalámbrico para que alcanzara hasta ir allá, recorrer la cortina y abrir la ventana para recargarme en ella.
-Ya que estoy aquí… Veo casas. Estoy en el centro y solo veo eso. Abajo veo mi patio, tengo que sacar la basura, por cierto. Adelante la pared de la casa contigua, veo la calle y un poco de la copa del arbol. En el asfalto se reflejan sus hojas con el nuevo sol. El cielo es azul opaco aún, pero se que detrás de esa hilera de casas está el, porque alcanza a iluminar las tejas. Se que está ahí y para mí es suficiente.
-Hermosa tu vista.
-No más que la tuya, no mientas.
- Si estuviera viendo lo mismo que tu en este preciso momento, mi vista seria mucho mejor que esta que tengo ahora, más que ninguna otra.
-Terry, eres un soñador.
-Algo hay de eso, me declaro culpable, pero no le digas a nadie.
-Prometido.
-¿Quieres que desayunemos? Si ya despertamos juntos, al menos concédeme el desayuno
-Me gustaría, pero tengo que ir al Hospital a discutir el tema de Melina, nuestra pequeña paciente la cual te mencioné. Si fueras mi vecino, te invitaría aquí.
-Para que pagues tu deuda, buscaré una casa en tu zona. –ambos reímos y nos despedimos. Luego de eso, pasé todo el camino pensando en él y lo feliz que me hacía sentir cuando trataba de imaginarlo. Parecía una loca a la que le gustaba un conocido por teléfono, pero no importaba. Sabía cuál era nuestro lugar, frenaba mi corazón pero aún así con eso era suficiente para mí.
-Esto nos pone en una situación difícil, Candy. Mi plática con el Dr. Wallace fue rápida, no puede salir de donde está, el Sr. Grandchester me facilitó el poder comunicarme con el. Me puso al tanto de su retiro y quién le sustituirá. –alzó una ceja sonriéndome- También me dijo que los balances generales del Hospital están muy bien, ha dado órdenes a Fianzas para que proceda en gastos; pero sabes, si la operación de Melina se lleva a cabo quedaremos en estado de austeridad.
-Quiere decir, alcanza, pero nos recorta.
-Así es. Por mí podemos iniciar y programar desde ahora. Sobre todo ahora que hablé con sus padres, están de acuerdo en todo.
-Su padre, podrá estar presente? –El Dr. Johnson sonrió asintiendo.
-El ama a su hija, y hará todo lo posible por ponerle en prioridad ése día y parte de su recuperación. Ella lo necesita.
-Me alegro mucho, esa es una buena noticia.
-El Dr. Wallace da el visto bueno, podemos hacer la operación e incluso traer al especialista.
-¿Conoce alguno?
-Sí, el Sr. Grandchester también me envió hoy en la mañana un listado de médicos con los cuales tiene contacto, hice algunas llamadas e increíblemente el más cercano ya estaba enterado, se ha ofrecido a venir por su cuenta. Ese Grandchester resultó ser un ángel.
-¿Perdón? –sonreí abiertamente, negando con la cabeza.
-¿No le parece?
-Es chistoso que lo diga, nada más.
-Ve y descansa Candy, la próxima semana regresas a trabajar, mientras no tengas la dirección, te seguiremos necesitando donde estabas.
-Lo sé, no pierdo de vista eso.
Caminé por el pasillo de oficinas, ahí, en la mía encontré a Annie sentada esperándome, vestía muy sencilla en una cola alta en su cabellera, nos saludamos con un abrazo.
-Sabía que te vería salir de la oficina de tu jefe. Flammy me hizo pasar aquí.
-Esta bien, ¿qué te trae por aquí?
-Voy al Hospital a ver a Archie, ¿quieres acompañarme?
-Sí, claro. ¿Cómo está Archie?
-Muy optimista, aunque impaciente. Tuvimos una plática muy extensa, nos dijimos y perdonamos todo.
Salimos en su coche, antes pasamos a comprar algunos desayunos para el y Stear.
-Dice que la cafetería no tiene hot cakes, y sabes, a el le gustan mucho. –veía a una nueva Annie la cual había pasado desapercibida por mí. Ella siempre había sido noble, pero a la vez, muy despistada y cualquiera que le conociera daría la impresión de una niña mimada. Afortunadamente ella había sido adoptada por una familia de clase media y nunca le faltó nada, sobre todo cariño. Había trabajado mucho por ser lo que ahora era, y se daba los lujos que antes no podía. Ahora, enamorada como estaba, se preocupaba por alguien más que no fuera por mí o sus padres. Era cuidadosa en los detalles para Archie y de pasada para su próximo cuñado, todo esto había sucedido mientras yo me ocupaba de todo, menos de lo mío. – Qué crees que le guste a Stear?
-Ni idea, Annie. Podremos comprar cup cakes y té.
-Supongo que sí, a Archie le gusta el te, tienen raíces escocesas, sabías?
-Entonces usará un tartán en la ceremonia. –Annie se quedó sorprendida y giró a verme.
-Oh… cielos… Archie con falda.
-No es una falda Annie, es un kilt.
-Lo que sea, pero…
-No te gusta la idea?
-Me encanta! Se vería guapísimo con su traje! Ah, mi vida! -empecé a reir alegremente por su sorpresiva reacción
-Te entusiasma más de lo que creía.
-No habíamos hablado de eso, será que el ya lo daba por sentado, o cree que yo querré que use un tradicional inglés. Hablando de romances, de qué tanto platicas con Granchusco? -me guiñó por el supuesto apodo.
-De todo un poco.
-¿Y? -quería seguramente saber más, eso si podía recordar, sus gestos como cuando éramos adolescentes. Solo me limité a sonreir y bajar la mirada, me había descubierto,
-Esta madrugada hablamos, fue algo muy raro. Le platiqué de Melina, nos quedamos al amanecer. Y hoy, ha resulto la mitad de mis preocupaciones. Estuvo encontacto con el Hospital y consiguió al doctor especialista, encontró también al Dr. Wallace. Lo sabes, no? creo que el sujeto con el cual hablo por teléfono y discuto, me empieza a agradar.
-Candy, a ti no te agrada, te gusta. Apuesto que ansías conocerlo, pero por qué no lo haces ya? -recordé a Tres y su negativa, ni yo sabía cuando podría ocurrir eso.
-Creo que no es momento.
-Te gusta Terrence. -afirmó.
-No se si pueda permitirme eso, es un desconocido a fin de cuentas. -subimos al auto, antes de arrancar Annie me miró seriamente.
-Puede que tengas razón. Pero puede que no. Sólo hay una forma de saberlo y sabes cuál es.
Pronto llegamos al hospital, efectivamente ahí estaban los hermanos y Archie al ver a mi amiga, su rostro se iluminó, la abrazó y besó brevemente en los labios, Stear no quitaba la vista de las bolsas de comida.
-Vayamos al comedor, seguramente no han desayunado, verdad? –sugirió Annie.
-Decidido Archie, usarás Kilt en nuestra boda!
-Pero, Annie...
-Nada, nada, debes cumplir con tus tradiciones
-Yo pensé que iba a incomodarte
-En absoluto, tu te pones ese kilt y yo mi vestido. Será como tenga que ser y como se ha venido haciendo en tu familia.
-La verdad es que Archie huía a ponerse eso -me susurró Stear- Ahora Annie tendrá un punto más con papá.
-Tienes razón Annie, lo importante es la familia.
-Así es, siempre tengo razón, y también te amo.
-Yo también Annie, te amo bastante. -Stear rodó los ojos llevándose el último bocado de cup cake a la boca, uno grande.
-Ah, Stear, qué tu no tienes novia? -el negó- Es lo que te hace falta.
-No, no, gracias -casi se atraganta- ir por ahí reportándose a cada momento -entono una voz más aguda- "por qué no me llamaste? siempre me llamas a las tres de la tarde, por qué no me llevaste?, por qué no me preguntanste? dónde estás? porque no pasas tu tiempo libre conmigo?" No, ya tengo suficiente de eso, es aburrido.
-El aburrido eres tu, Stear! -contestó Annie-
-Todas son iguales -Archie aclaró la garganta con la afirmación de su hermano
-No creo que te convenga decir eso delante de las señoritas
-Tu y yo hemos salido alguna vez, Stear?
-Estás invitandome a salir, Candy? -parte de su codo se recargó en mi respaldo
-Solo contéstame.
-Eh.. no. tu y yo no hemos salido antes.
-Entonces te callas con tu todas somos iguales! Y si dices eso, es porque has salido con la misma. Diferente nombre pero la misma. -Archie empezó a reir.
-Te han descubierto! Sigue peleándose con la misma chica hace un año
-Tu cállate, Archibaldo -todos reíamos, Stear no se había enojado realmente, porque aguantaba una sonrisa entre sus labios. - Por qué no hablamos de algo más interesante que mi vida personal? Veamos. Candy, su rumorea que harás una operación, la primera.
-Eh? ah! no, no. Yo no soy la doctora de Melina. Estoy coordinandolo, pero no seré yo. Necesitamos fondos para salir airosos de los gastos ahora que... -no quise seguir, pero Archiei siguió
-Que el tío abuelo no despierta. Lo sabemos. -se pusieron pensativos un rato, mirándose ahora entre ellos.
-Pero hay buenas noticias! -insistio Stear- Ya tienen los suficientes fondos para realizarla, sin ningun problema.
-Cómo es eso?
-Apenas te vas enterar. Grandchester nos informó de la situación y todos hemos aportado para que esto se resuelva. Los tíos, nosotros y hasta él mismo. -Annie y yo nos miramos una vez más, ella tan sonriente y yo estupefacta.
-Cuándo ha sido eso?!
-Esta mañana. -puntualizó Archie. Nos llamó tan temprano que nos dimos un buen susto, organizó todo y tatá; la operación se llevará a cabo sin tocar el gasto del Hospital. -Annie estaba tan gustosa que empezó a abrazar a Archie y a besarle la mejilla.
-No puede ser... Oiste eso?, el lo hizo -apenas imperceptible dije mientras los demás celebraban.
Si, es un buen hombre.
Dónde te has metido?! Mi ángel rió y no pude enfadarme con el
Si, sé que no puedes.
Mira que estuve apunto de hacerlo.
Disfruta de todo esto, Candy
-Tendré que darle las gracias a su familia.
-Están en la sala de espera, es su hora de visita, pero no hace falta. -aunque eso dijo Stear, me levanté de la silla y fui hacia allá, pero antes de llegar, pasé a escondidas al cuarto de Albert. Tenía vigilancia, pero pude decir quién era y pude estar un rato con el. En el cuarto solo, los sonidos de los aparatos era lo único que se escuchaba. Albert yacía ahí, tan apacible y dormido. Su ritmo cardíaco era normal, todo estaba en regla. Solo que simplemente no quería volver. Suspiré acercándome, era tan joven. Ví su mano por un lado de su cuerpo y me atreví a tocarla.
-Oh, Albert... Tu amigo se ha convertido en alguien en mi vida, y tu no estás aquí para ponerlo en su lugar. Es cierto que te pidió nos presentaras? Mira, yo pensando mal de ti.
Una sombra se movió detrás de una de las cortinas que rodeaban su cama, me asusté pensando que sería un guardaespaldas, pero nadie dijo nada. Me retiré de ahí pensando que vería a alguien, pero solo le vi salir rápidamente de la gran habitación. Algo me movió a seguir para asegurarme de quién hubiese sido, pero solo lograba a ver sus últimos pasos y notar que huía. Subimos las escaleras, ahora no pude ver su rostro, pero sí lo delgado que era y su cabello largo. Recordé claramente a mi visitante misterioso y no había duda, era el. O ella. Aceleré mi paso, quería seguirlo y sacarle la verdad, ¡atraparlo de ser necesario!
Seguimos subiendo por las escaleras hasta llegar al techo del hospital, cerca del helipuerto. Ahí echó a correr hasta la orilla del precipio donde desde ahí se lanzó sin dudarlo. Grité horrorizada, luego corrí hasta allá deteniéndome a medio camino, dudando para seguir, pero si había pasado una tragedia tenía que serciorarme. Mal fue mi plan, cuando estuve convencida de que aquello no era de esta Tierra y se abalanzó sobre mí arrastrándome después de donde se había lanzado, muy cerca de mí, sintiendo su aliento frío sobre mi cara y tomándome del cuello y tratándome de empujar, sin decir nada, sin los motivos, solamente su rostro descompuesto y enfurecido sobre mí, dentro de un pánico absoluto por no poder siquiera emitir un solo ruido, solo luchar débilmente, sabiendo que sería mi final.
-¡Suéltala! -Una voz me sacó de mi oscuridad, pudiendo repentinamente respirar y recibiendo el aire frío que casi seca mi garganta, empezando a toser. No quise moverme tanto, sabía que estaba al borde, permanecí unos segundos que parecieron tan largos como para observar como Tres tomaba a eso con sus manos, por el cuello del traje y empezaba a golpearlo furiosamente. Unos policías llegaron a separarlos y uno más me levantó para ayudarme a caminar a la entrada nuevamente. Aún confusa pude saber que podrían ver a Tres, y en el problema que iba a meterse.
-Está bien, señorita?
-Sí, eso creo.
Apenas llegando al piso de Albert, tanto Anni como los hermanos Cornwell iban camino a buscarme, al ver mi estado me llevaron a revisión. El policía sabiendo que estaba en buenas manos se marchó con Archie de vuelta al lugar.
-Albert, él está bien? Iban a atacarlo.
-Sí, si, el esta bien, absolutamente bien, Candy. El ha despertado. -dijo Annie alegre, aunque preocupada, parecia que estuviera yo tan mal por la forma en que me veía.
-De verdad? Ohh... -exhalé relajada esperando a una enfermera.
-Tranquilízate Candy, todos están bien. -En ese momento, llegó quien me atendería y Archie.
-Todo esta bajo control, se llevaron al tipo para interrogarlo. Terry está bien, no es necesario que el declare nada.
-Qué? Terry? Cómo que Terry?! Dónde está, le hicieron algo? -sentí ahí mismo que la presión me subía.
-Candy, tu lo viste, estaba ahí arriba, él te salvó de que te mataran. Era Terry.- Dijo Archie convencido.- Está en la habitación de al lado, lo están revisando también.
-No, no puede ser! - Stear se acercó en mi confusión, tomó mi cara para reaccionara en mi negación.
-Candy,no se que viste en ese que quiso lastimar al Tío Abuelo, pero el otro, quien te lo sacó de encima, era Terry, y está al otro lado atendido por sus heridas.
Terry Grandchester me había salvado la vida...
Continuará...
OMG! D:
