N/A: Muchas gracias por las reseñas. Me disculpo por la demora en la actualización de este fic. Ya lo tengo escrito casi en su totalidad así que las actualizaciones serán mucho más frecuentes. Gracias por leer :o)

Por cierto, los Transformers no me pertenecen; eso es un placer reservado a Hasbro, Takara y otros. Únicamente soy dueña de esta historia y de Cranker.


Capítulo 10

Skywarp recorrió por enésima vez la pequeña distancia entre el generador de energía y la puerta.

-¿Cuánto tiempo más piensas hacer eso? Estás empezando a dejar marcas en el suelo,- dijo Motormaster.

Skywarp se detuvo, más por una urgente necesidad de recuperar la calma que por las palabras del Stunticon. Se recargó en la pared y apretó los puños con impotencia. Pensar con claridad era la prioridad, y el desorden que era su mente en ese momento era definitivamente la peor de las opciones.

Motormaster observaba al Seeker con una sonrisa maligna en el rostro. La angustia ajena le proporcionaba una agradable sensación de diversión malsana.

-Y entonces, qué piensas hacer para ayudar a tu querido amigo, Skywarp?- continuó el líder Stunticon sin ocultar el sarcasmo en su voz.

-¡Estoy tratando de pensar, Motormaster!- respondió Skywarp con desprecio.

Una risita al fondo de la habitación agudizó la mueca en el rostro del jet negro. Drag Strip, que observaba la escena con no menos diversión que su comandante, se levantó del generador de energía en el que estaba sentado y se acercó a los dos Decepticons.

-¿Y qué hay que pensar? No es nuestro problema, Moto. Sólo tenemos dos ciclos de descanso y no pienso pasarlos viendo a este Seeker lloriquear por su amado Thundercraphead.

Skywarp miró con furia asesina a Drag Strip. Bajo otras circunstancias, le hubiera incrustado su puño al Stunticon justo en medio del visor, pero había otras prioridades.

-¿No deberías estar vigilando a ese viejo, Drag Strip?- preguntó el jet negro, sin molestarse en ocultar su fastidio.

El Stunticon miró de reojo hacia una puerta cerrada al fondo de la habitación. -¿Y a dónde va a ir? El cuarto de almacenamiento de la taberna está cerrado y además esa chatarra apenas puede caminar.

Skywarp ignoró a Drag Strip y se cruzó de brazos. Por primera vez en mucho tiempo sintió la amenaza latente de la desesperación.

-No respondiste a mi pregunta. Qué vas a hacer? Cuándo piensas informar a Megatron?- La sonrisa de Motormaster se ampliaba por momentos.

Skywarp no respondió. Informar a Megatron no estaba definitivamente entre sus planes. A pesar de que Thundercracker era un miembro fundamental de la élite aérea Decepticon, Megatron no arriesgaría un conflicto de mayores proporciones al intentar salvar a un solo soldado en territorio enemigo. Había maquinaciones en los altos mandos que Skywarp no comprendía y de las que prefería mantenerse alejado.

Su primera inclinación había sido Starscream. Pero Skywarp sabía perfectamente que su Comandante Aéreo no movería un dedo ni por él ni por Thundercracker.

Las alternativas se reducían drásticamente y sólo dejaban lugar a una solución.

-Tendremos que rescatarlo nosotros,- dijo finalmente con voz grave y seria.

-¿Nosotros?- preguntó irónicamente Drag Strip. -Me perdí de algo, acaso? Quién murió y te nombró líder, bufón?

El Stunticon miró a su comandante en busca de apoyo pero Motormaster permaneció cruzado de brazos y sonriendo maliciosamente.

-Thundercracker se metió en esto solo y no nos concierne. Por lo que a mí respecta, que se joda!- continuó el Tyrell amarillo.

Skywarp avanzó amenazadoramente hacia Drag Strip. -Qué no les concierne, dices? Acaso no eres un Decepticon, maldito idiota?

La respuesta vino de la fría voz de Motormaster. –Somos Stunticons.

Skywarp encaró al gran robot gris. -Y qué los Stunticons no son Decepticons? Dónde está su sentido de la lealtad?

La sonrisa maliciosa de Motormaster se torció más aún y se convirtió en una mueca de desprecio. -Obedecemos a Megatron porque es nuestro creador. Ustedes, Seekers, no son más que accesorios voladores.

Los ópticos de Skywarp se entrecerraron con furia asesina. Era cierto que los Stunticons y los Seekers se despreciaban mutuamente. No era nada personal, en realidad; los integrantes de la élite aérea nunca habían sido apreciados por el resto de los Decepticons. Siempre el mejor grupo estaría sujeto a la envidia común, Skywarp siempre había estado convencido de eso.

En lo personal, sentía un profundo desprecio por los Stunticons, más que por cualquier otro subgrupo Decepticon, empezando porque no los consideraba verdaderos Decepticons. Estaban demasiado ligados a la Tierra. Habían sido creados a partir de máquinas creadas por los humanos y habían adoptado costumbres y maneras de hablar de los nativos terrestres. Por otro lado, no eran más que recién creados. Sus jóvenes vidas no excedían los dos años terrestres, aunque su brutalidad apuntaba a una falsa apariencia de madurez que, a los ojos de Skywarp, sólo era un defecto más.

Sin embargo, la juventud de los Stunticons también dejaba puertas abiertas y ventajas por aprovechar.

-Los accesorios son útiles, Motormaster. ¿Qué se puede decir de ustedes, que lo único que han hecho es ser la causa de dolorosas derrotas por su incapacidad de funcionar como un grupo organizado?

La pequeña artimaña había surtido efecto. La sonrisa de Motormaster se borró de inmediato y su rostro se tornó tan amenazador como sus puños levantados.

-¡Vas a cerrar ese agujero que tienes por boca, Skywarp!

Esta vez fue el Seeker negro quien sonrió con algo más que desprecio. –No hay nada más doloroso que la verdad. cierto, Moto?- se burló Skywarp. Llamar al líder Stunticon con el sobrenombre que únicamente utilizaban sus subordinados había sido una elección acertada; el brillo de rabia en sus ópticos así lo demostró.

Saboreando anticipadamente una victoria, Skywarp continuó. –Baja esos puños, Moto. ¡Eres demasiado lento para mí!

El Seeker acompañó sus palabras con acciones. Un resplandor de luz púrpura recibió al gran puño de Motormaster, que se estrelló con fuerza contra la pared.

Millones de años de perfeccionar su habilidad de teletransportación le habían dado una precisión milimétrica a Skywarp. Reapareció justo atrás de Drag Strip y de un violento empujón lo hizo chocar contra Motormaster.

-Ustedes no son más que un mal chiste, Motormaster! Por qué no continuamos esto cuando formen a Menasor y así equilibramos un poco las cosas?

Motormaster arrojó a un lado a Drag Strip y arremetió de nuevo contra Skywarp.

-¡Deja de escapar como un cobarde y pelea, Seeker!- bramó.

La respuesta de Skywarp se manifestó nuevamente en un espacio vacío. Drag Strip apenas vio el destello púrpura reaparecer frente a él. Su atención fue absorbida por el puño que se estrelló dolorosamente contra su rostro, lanzándolo al suelo.

Motormaster aprovechó el ataque de Skywarp para embestirlo. Esta vez, el jet negro no evadió el ataque.

Hubiera sido muy fácil para cualquiera de los tres utilizar sus armas y resolver la disputa por medio de rayos láser, pero el pensamiento ni siquiera fue considerado. Había un código de honor entre Decepticons que prohibía el uso de armas en peleas internas, el cual había probado ser bastante útil debido a que ese tipo de riñas sucedían con bastante frecuencia.

Motormaster sujetó a Skywarp por los hombros y prácticamente lo incrustó dentro de la pared. El Seeker no dio señal de sentir el dolor y contraatacó agregando su puño a los componentes faciales del líder Stunticon.

Skywarp se sabía en desventaja. Era de menor tamaño y fuerza física que su rival, así que de nuevo dependía de la agudeza de sus palabras.

-¡Tu desesperación sólo demuestra tu miedo, Motormaster!- dijo Skywarp, haciendo un gran esfuerzo por no gritar de dolor cuando fue azotado contra la pared una segunda vez, sus alas recibiendo la mayor parte del castigo.

-Miedo? De qué demonios estás hablando, imbécil?- rugió el aludido.

-¡Que eres un cobarde, Moto, a eso me refiero! Nunca me creí esa máscara de brutalidad que tan orgullosamente llevas. Le tienes más miedo al fracaso que a los Autobots. ¡Atrévete a negarlo, bestia inservible! Sabes perfectamente que ni tú ni tu equipo de chatarras terrestres son capaces de llevar a cabo este rescate.

Motormaster levantó a Skywarp por el cuello y lo arrojó violentamente hacia el generador de energía que estaba al fondo de la habitación. El Seeker evitó el contacto y aterrizó ágilmente sobre sus dos piernas.

-¡Los Stunticons no conocemos el miedo!- rugió el gran robot gris.

-¡Pruébalo!- desafió Skywarp.

Drag Strip, que había presenciado la pelea desde el suelo, se levantó abruptamente y se arrojó contra Skywarp. Sin embargo, un brusco ademán de su líder lo detuvo en seco.

De súbito, la furia había desaparecido de la fisonomía de Motormaster, dejando en su lugar una fría y amenazadora mirada.

-En verdad que hablas demasiado, Seeker,- dijo, su odio asumiendo una tranquilidad que era aún más estremecedora que cualquier arranque de rabia.

-Sólo digo la verdad,- respondió Skywarp. Su voz había perdido todo rastro irónico.

Motormaster se cruzó de brazos y permaneció pensativo por unos momentos. Una vez más, una riña entre Decepticons había terminado tan abruptamente como había empezado y, justo como tantas otras que la habían precedido, no había habido ganadores ni perdedores. Muchas veces, soltar un poco los puños entre compañeros era la mejor manera de lidiar con los horrores de una guerra ininterrumpida.

-Te ayudaremos,- anunció finalmente Motormaster.

Skywarp reprimió la sonrisa de satisfacción mientras Drag Strip miraba a su líder con ofendida incredulidad.

-¡¿Qué?! Estás loco, Moto?

-Mi decisión está tomada. Manda un mensaje codificado y haz venir a Breakdown, Dead End y Wildrider. No deben estar lejos de aquí.

Drag Strip refunfuñó algo ininteligible pero se apresuró a cumplir la orden.

Skywarp hizo lo posible por ignorar el quemante dolor en las alas que el ataque del líder Stunticon le había causado y se acercó a él. La tensión violenta entre ambos Decepticons había desaparecido.

-Supongo que los agradecimientos están de más,- dijo el Seeker.

-Supones bien.

Skywarp dio media vuelta y se dirigió a la puerta cerrada al fondo de la habitación.

-Sin embargo…

La voz de Motormaster lo hizo detenerse. Miró sobre su hombro y vio que la expresión de maligna diversión había regresado al rostro del Stunticon.

-¿No creerás que haremos esto por compañerismo, verdad Skywarp? O, como tú dirías, por lealtad…

Skywarp entrecerró sus ópticos. Ninguna victoria podía ser absoluta.

-¿Qué es lo que quieres, Motormaster?

El Stunticon avanzó hasta Skywarp ampliando su sonrisa y lo abrazó amistosamente por un hombro.

-Espero que no hayas pensado, ni por un momento, que pondré a mis Stunticons en riesgo por nada,- continuó retóricamente Motormaster.

Maldito traidor. Skywarp tuvo que hacer un esfuerzo para no sacudirse de encima ese hipócrita brazo y reiniciar las hostilidades.

-¿Qué es lo que quieres?- repitió con sequedad.

Motormaster se rió abiertamente. –Me alegra que lo preguntes. Como habrás notado, mis muchachos se aburren fácilmente y es fácil que pierdan el control.

¿Acaso alguna vez lo han tenido? Dime algo que no sepa, pedazo de chatarra terrestre. -¿Y qué quieres, que les cuente historias antes de que entren en modo de recarga?

Esta vez la risa de Motormaster fue una sonora carcajada. –No estaría mal, pero tenía otra cosa en mente…

El Stunticon se inclinó hacia los audios de Skywarp y dijo algo en voz baja. El Seeker se apartó violentamente de Motormaster.

-¡¿Saco de boxeo?!- repitió asombrado.

-¿Hay alguna parte de la frase que no entendiste?- preguntó Motormaster.

Saco de boxeo. Un término eminentemente terrestre. Skywarp no tenía los conocimientos sobre cultura humana que poseían los Stunticons, que de alguna enfermiza manera consideraban al planeta Tierra su lugar de origen, pero sabía lo que era un saco de boxeo. Algunas veces había captado frecuencias de telecomunicación terrestres en las que había descubierto ese deporte de contacto humano. Le había divertido al principio pero después su puerilidad lo había aburrido. No podía compararse con las brutales y emocionantes peleas de gladiadores del antiguo Cybertron.

-Pero…- comenzó a decir inseguro.

-Todo lo que tienes que hacer es quedarte quieto mientras nosotros te golpeamos, no hay ninguna ciencia en eso,- lo interrumpió Motormaster.

-Si tienen tantas ganas de golpear algo¿por qué no practican sus pequeños juegos violentos con los Combaticons? O, mejor aún, por qué no secuestran a algún Autobot y lo destrozan miembro por miembro?

Motormaster bufó con desprecio. –Los Combaticons tienen bastantes problemas para controlar sus deseos de utilizar sus armas y los Autobots siempre andan en grupos. Además, nada como la satisfacción de golpear a un Seeker presumido y hablador como tú.

Si había una cosa que Skywarp podía agradecer a Motormaster era su sinceridad. El líder Stunticon nunca disfrazaba su manera de pensar y era dolorosamente directo.

-¿Cómo sé que ser su saco de boxeo no me va a causar la desactivación permanente?- preguntó Skywarp apretando los puños.

-Es un riesgo que tendrás que correr.

El Seeker se cruzó de brazos y empezó a tamborilear su antebrazo con los dedos. -¿Y cuánto tiempo duraría nuestro... arreglo?

Los ópticos de Motormaster se entrecerraron con malicia. –Eso depende de ti. ¿Cuánto vale la vida de tu amigo?

Skywarp no pudo reprimir la mueca de amargura. Eso había sido un golpe bajo, aún para un Stunticon. Definitivamente Motormaster era más inteligente de lo que aparentaba.

-Es un trato,- cedió el Seeker, imprimiendo a su rostro una mirada de desafío. Si se iba a convertir en saco de boxeo de los Stunticons, al menos no les daría ningún otro tipo de satisfacción.

Drag Strip, que había terminado de mandar el mensaje codificado a sus compañeros, presenció la conversación con creciente interés. Su sonrisa había ido creciendo también, mostrando ahora una abierta expresión de deleite.

-Y cuándo empezamos, Moto? Puedo empezar a partirle la cara? Todavía me debe una!

Skywarp levantó su brazo y apuntó a Drag Strip con uno de sus rifles. –Primero lo primero, Stunticon. Podrás golpearme todo lo que quieras cuando Thundercracker esté a salvo.

Drag Strip hizo una mueca de fastidio.

-Y ahora interroguemos a ese vagabundo. Hay mucho que tiene que aclarar,- continuó el Seeker mientras reanudaba su camino hacia la puerta cerrada.

Motormaster y Drag Strip lo siguieron.


Continuará.