Capítulo 10
A la mañana siguiente, White y sus pokémon se despertaron y prepararon desde muy temprano para estar listos para el viaje y la batalla de Striaton City. Mientras White se acomodaba su gorra en su cuarto, su mamá tocó a la puerta.
-Pasa. –dijo White. La mamá de la joven se asomó por la puerta.
-Solo quería decirte que tu bicicleta ya está lista. -al ver la cara de asombro de su hija, la mujer sonrió-. No pregunte cómo lo hice. Ah, y el desayuno está listo.
-¡Gracias mamá, bajamos enseguida! –y dicho y hecho, pues momentos después White y sus pokémon bajaron a desayunar, rebosantes de energía.
Cuando terminaron, White se colocó el Xtransceiver en la muñeca, guardó su nueva Pokédex dentro de su bolsa color rosa y salió de su hogar. Afuera, amarrada al buzón, le esperaba su bicicleta color rosa, brillante y como nueva.
-¡Increíble! De nuevo, ¡muchas gracias mamá! –exclamó White, montándose sobre su bici.
-No tienes nada que agradecer. Ve con cuidado. Cualquier cosa que necesites aquí estaré. ¿Llegarás esta noche?
-Si se hace muy tarde preferiría quedarme a pasar la noche en Striaton City o Accumula Town.
La mamá sonrió.
-Vale, pero me llamas para confirmar. ¿Llevas dinero, Xtransceiver y tus cosas esenciales?
-Todo listo.
-Eso es. Suerte hija, ¡y diviértete mucho!
White asintió, sonriente, y metió a sus pokémon a sus respectivas pokéballs para después guardarlas en su bolsa y comenzar a pedalear.
-¡Adiós mamá! –exclamaba la joven mientras se alejaba y su mamá la despedía agitando su mano y sonriendo.
En el camino hacia Accumula Town White se encontró con muchos pokémon salvajes, pero logró evitar la mayoría. Eran Pidoves y Lillipups, típicos de la ruta. Una vez que llegó a Accumula Town, la joven, cansada por el constante pedaleo, entró al inconfundible Centro pokémon del pueblo para descansar un rato. Ya dentro, compró una botella de agua y se sentó en uno de los cómodos sillones para después sacar a sus pokémon.
-Estamos ya en Accumula Town. Falta poco para llegar a nuestro destino, amigos. –le dijo la chica a sus monstruos de bolsillo. White miró a su alrededor; el lugar estaba repleto de jóvenes entrenadores que descansaban en compañía de sus pokémon, todos afuera de sus pokéballs. Muy cerca de ella estaban sentados unos chicos platicando.
-Pusieron unas banderas muy extrañas sobre el escenario de Accumula y hay un montón de personas afuera con atuendos muy raros. –dijo uno.
-Sí, los vi. Parece que habrá un discurso o algo así. Me pregunto de qué será. –mencionó el segundo. White terminó su agua, regresó a sus pokémon a las cápsulas y salió del edificio dispuesta a continuar su viaje. Una vez afuera, cuando iba a montarse en su bici, escuchó lo que parecía el comienzo del discurso del que hablaban los chicos del Centro PKMN. Llevada por una repentina curiosidad, White se dirigió al escenario de Accumula gracias a la multitud que iba hacia allá, y vio que efectivamente estaba adornado con banderas. La joven observó a toda la gente que escuchaba atenta a un hombre de larga cabellera verde, vestido con una túnica y un parche rojo en el ojo derecho. Las personas que estaban detrás de ese hombre parecían sus soldados y portaban las mismas ropas: trajes largos de un azul plateado, capucha y un símbolo al centro que se asemejaba a una "P". White miró las banderas; todas llevaban el mismo símbolo. ¿Quiénes eran esas personas? White dejó de hacerse preguntas y se dedicó a prestar atención a lo que el señor peliverde anunciaba:
-…Y seguro nunca nos hemos puesto a pensar si estamos realmente haciendo lo correcto, lo que es mejor para los pokémon. Todos nosotros podemos decir fielmente que sí, que hacemos todo por ellos, pero, ¿lo mismo piensan los pokémon?
Se levantaron murmullos entre la multitud. El hombre continuó su discurso, y la gente calló para seguir al tanto, cautivados.
-Habitantes de Accumula town, hemos venido a hacerles una invitación. Les invitamos a que reflexionen el daño que le hacen a sus pokémon cuando pelean. La presión que les hacen sentir. ¿Es eso lo que ellos quieren? ¿Se lo han preguntado a sus pokémon? Nosotros, el equipo Plasma, consideramos que lo más sano y adecuado para un pokémon es que regrese a su hábitat natural, sin la presión que los humanos ejercemos en ellos. Allí ellos pueden ser totalmente libres, sin estrés, sin heridas. Les invitamos a unirse al movimiento del equipo Plasma, donde buscamos el bienestar y la felicidad para los pokémon, lejos del maltrato humano. Únanse, y nuestro rey les traerá paz y felicidad a ustedes también, porque estarán haciendo lo correcto. Con esto damos por terminado el discurso del equipo Plasma. Yo, Ghetsis, les agradece, gente de Accumula town, la atención y comprensión que nos han brindado. Gracias y que tengan un excelente día.
E inmediatamente, el llamado "Equipo Plasma" comenzó a recoger sus banderas y promociones para después alejarse del lugar. White miró a su alrededor: Muchas personas se iban indiferentes, pero otras se quedaban, sacaban sus pokéballs y liberaban a los pokémon.
-Perdón Leavanny, nunca fui lo bastante comprensivo para saber lo que querías. Anda, eres libre, ahora sí podrás hacer lo que quieras. –decía un entrenador mientras se alejaba, dejando ahí a su pokémon en completa confusión.
"Fui muy egoísta contigo", "Gracias por todo, amigo" y "Perdona mi ignorancia" eran frases que White escuchaba provenientes de los entrenadores que decidían liberar a sus pokémon en ese preciso instante. La joven no daba crédito a lo que veía y oía. ¿Sólo porque habían escuchado un discurso tomarían una decisión tan seria como ésa?
-¡No liberen a los pokémon! ¡Reflexionen antes lo que realmente desean hacer! –exclamó White, pero sus palabras quedaron en el aire, en aquel lugar ahora solitario. Un volante de propaganda llegó a los pies de la chica. Ella lo tomó y lo observó:
"Equipo Plasma, ¡Por la liberación de los pokémon!" decía la hoja debajo de una imagen del símbolo del equipo. ¿Quién es el equipo Plasma? ¿Realmente su filosofía era lo mejor? La joven sacudió la cabeza y no pudo evitar pensar en su amigo N.
A mediodía, después del discurso del equipo Plasma, White retomó su camino hacia Striaton City. Mientras pedaleaba, pensativa, a través de las rutas cobijadas por los árboles, reflexionó acerca de las palabras de ese tal Ghetsis. Al poco tiempo llegó a Striaton City.
-¡Woah! –exclamó la chica mientras se detenía y se bajaba de su bici, para después alzar la vista y ver los particulares edificios de la ciudad. No se parecía en nada a los dos pueblos que conocía, Nuvema y Accumula, pues ésta era una ciudad, un lugar mucho más desarrollado y tecnológico. En eso, un pokémon apareció frente a White, flotando vagamente. La joven lo reconoció por una tarjeta que su amiga Bianca le había mostrado hace tiempo. Era un Munna. Y mientras White pensaba en esto, el pokémon se estrelló con ella en un abrir y cerrar de ojos. La chica tomó entre sus brazos al pokémon rosado y floreado y lo miró.
-Hola, pequeñín, ¿estás perdido? –le preguntó la joven. En ese instante, un Musharna apareció también flotando y se acercó a White. El pokémon comenzó a expandir un extraño humo rosado de su cuerpo, y de repente la chica comenzó a sentirse terriblemente somnolienta y cansada.
-¿Pero… qué…? –pudo murmurar White antes de soltar al Munna y caer dormida en el suelo de Striaton city.
White abrió los ojos y se encontró en un lugar completamente blanco. Miró a su alrededor.
-¿Dónde estoy? –preguntó la joven. Miró sus pies; parecía que estaba flotando. Su pregunta hizo eco en ese extraño lugar. Al instante, la figura de Black apareció frente a ella.
-¡Black! –exclamó White, entre feliz y confundida.
-Hola, White. –sonrió Black y se acercó más a ella-. Te he extrañado mucho. Me has hecho mucha falta.
White se ruborizó.
-Black, yo… -comenzó ella, pero él le puso un dedo en los labios con suavidad, callándola.
-Shh, no digas nada. Sé lo que sientes. –dijo él, y White abrió los ojos como platos.
-¿Qué…? –murmuró ella.
-No te preocupes. Yo siento lo mismo. –aclaró el chico, y acto seguido comenzó a acercarse a White con la intención de besarla, pero antes de que sus labios pudieran unirse, la figura de Black se transformó en la de N.
-Yo siento lo mismo. –mencionó ahora N, alejándose un poco de la chica.
-¿N? Pero hace un momento… -comenzó White. Estaba realmente confundida.
-Yo siento lo mismo, White. –repitió el joven.
-¿Huh?
-Estás totalmente enamorada de mí, como yo de ti.
White ahogó un grito. Eso no era cierto. Ella no lo quería de esa manera, ni a él ni a Black. O al menos eso creía.
-No tienes por qué avergonzarte. –dijo Black, que volvió a aparecer ahora a un lado de ella, siempre sonriente-. Amar a alguien no tiene que ser sinónimo de vergüenza.
Ella se quedó ahí, perpleja, confundida, nerviosa. N, sujetando suavemente su barbilla, y Black, con la mano derecha de la chica muy cerca de sus labios. ¿Qué significaba todo aquello?
Entonces, White alzó la mirada y se encontró con los labios de N acercándose a los de ella, pero nuevamente, antes de que pudiera rozarlos, el peliverde despareció.
