Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de nccm, yo solo la comparto con todas ustedes.
Nunca Te Amaré
Capitulo 10. Alice y Jasper
La historia de Edward no era para nada lo que me imaginaba, cuando me explicó como la tipa esa había jugado él y la forma cruel en que lo utilizó me sentí culpable por haberle tratado así. No justificaba de ninguna manera su comportamiento de macho en celo pero por lo menos entendía sus razones.
Había sido despreciable la forma en que se comportó hoy, como jugaba con sus sentimientos, lo retaba sabiendo que le dolía, esa niña era demoniaca, un ser sin escrúpulos ni moral. Cuando me confesó todo lo que la amó mi pecho ardía de envidia porque a pesar que no se lo había merecido ella consiguió lo que ahora yo deseaba. Tenía que saber que pasaba en su corazón ahora, comprobar que seguía prendido de ella para alejarme de todo lo que sentía por él, para entender que yo no era jugadora en este equipo que solo estaba en banca por situaciones del destino. Una fuerza inesperada venció mí orgullo y lo hice pregunté que sentía ahora por ella. Aproveché una brecha en sus palabras para colarme.
— No es para ti porque aún la amas ¿verdad? — Su mente viajó a otro lugar su mirada se fijó en un punto lejano y los segundos en que su boca se mantenía cerrada me tragaba una oscuridad desconocida, una desesperación me arropaba, ¿Por qué me sentía así? Su silencio dolía y esperaba su respuesta ansiosa, una esperanza colgaba de esa respuesta. Isabella, no seas tonta es obvio que si no dice nada es porque esta perdido por ella, recuerda su rostro en el carro, su dolor en el sueño, su aptitud hacia las mujeres. Claro que la recordaba y la tenía en su mente, no te hagas ilusiones, ni castillos de papel tu no eres nada en su vida. Aléjate de esto, no seas masoquista, huye del dolor que aún estas a tiempo. Un movimiento en sus labios me dio un alerta fije toda mi atención en él.
— Eso no es importante, ya no quiero seguir hablando del asunto — ¡No!, ¿Por qué me haces esto?, no me dejes así. ¿Qué le digo? Que me muero por saberlo y que mi corazón bajó sus latidos esperando saberlo. Ser inteligente, no aquí eso no vale. Ser sincera, ni muerta. Ser curiosa, mejor descúbrete. Ser estúpida, sí, eso era lo que era.
— Está bien, te entiendo — Si claro, estoy totalmente entendiendo solo que mi cabeza esta hecha un caos y tengo mil preguntas que no me atrevo a decir.
— Gracias — De nada siempre es un placer quedarte con la duda.
— No importa, como tu dices eso no es relevante — Es de vida o muerte pero prefiero esquivarlo que preguntarlo de nuevo — ¿A dormir entonces? — Bueno tu porque yo pasaré la noche descifrándote.
— Tengo una idea mejor — Mi mente perversa voló y mordí mi labio esperando su respuesta — No era eso lo que pensaba pero me apunto — Que tanto deseo pude expresar en mi mirada, iba a quejarme pero sus besos ya atacaban mi boca.
Complementé sus labios y busqué su lengua para saborearla, no me cansaba de sentirlo tocarme, esto se estaba convirtiendo en un capricho, uno que me costaría muy caro cuando se acabara pero que importaba si ahora era feliz. Mis manos rodearon su cara, quería cuidarlo y quererlo, estaba vagabundeando entre el deseo y el cariño.
Hasta que punto me permitiría llegar, que limites me podría para no salir herida, algún mecanismo de autodefensa debía existir ante todo esto. Cuando mi camiseta de mi pijama dejó de cubrir mi piel su boca rozaba mis pechos ansiosos de la humedad de su boca para calmar el fuego que los consumía. Mis manos seguían reconociendo cada músculo de su pecho y sus abdominales, era demasiada tentación para no tocarlos, eran demasiado perfectos como él. Al estar sentada sobre él fui sintiendo como creció su miembro hasta apretarse entre los dos, quería tocarlo, sentí una demente necesidad de hacerlo y me bajé hasta sentarme en el piso frente a él. Fui bajando mono de dormir y debajo no había más nada que su piel, hermosamente bronceada. Giré mis ojos par verlo, lo deseaba sus ojos lo delataban y yo me dispuse a complacerlo, esta noche era de él, ahora era yo quien lo haría olvidar.
No tenía ni idea de que hacer en estos casos pero me deje llevar supuse que el deseo se encararía de guiarme y no me equivoqué.
Lo acaricié con mis manos tanteando la zona y su respuesta inmediata fue un gemido, me veía con lujuria provocándome. Inicié mis movimientos sobré él siguiendo el ritmo lento de una primera penetración, suponía que funcionaba algo parecido, fui incrementando un poco la presión y la velocidad de mi acto haciendo gemir mas seguido dejándose llevar.
Era excitante tocarlo, ya comprendía aquella vez que se fue solo con darme placer. Mi boca empezó a hacerse agua, ni yo misma me creía que iba hacerlo hasta que empecé a lamerlo haciéndole estremecer y sintiéndome complacida por eso. Mi cuerpo me pedía a gritos malcriarlo, fui introduciendo su miembro en mi boca y moviéndome para él, mis manos acariciaban sus testículos su mano fue guiando el ritmo, lo sentía levantar las caderas para profundizar lo que sentía. Mi intimidad estaba tan mojada como si estuviese siendo acariciada por él y necesitaba que la envistieran. Me paré retirando la ropa que cubría por debajo de mis caderas y volví a sentarme a ahorcajadas sobre él. Cuando lo sentí totalmente dentro suspiré, mis caricias lo habían puesto más duro y erguido que nunca, comencé a subir y bajar deseosa, sus manos en mis caderas llevaban finalmente el control, nuestras respiraciones entrecortadas escondían los jadeos entre los besos. Incrementó la velocidad aferrándose a mis caderas y quemándome con su presión.
Ahora él me acompañaba con movimientos de cadera, sentía como se tensaba debajo de mí provocando que los temblores se iniciaran por mi cuerpo, sentí unas fuertes entradas y su cuerpo derramarse dentro del mío me hizo estremecer. Caí sobre su pecho agotada y él me abrazaba tiernamente, acariciando mi cabello y besando mi cabeza.
Algo tenía ente encuentro distinto a los otros, quizás sus confesiones nos había dejado abiertos a la sensibilidad para tener un encuentro algo más emotivo. Escuchaba su corazón desbocado dentro de su pecho, cuanto deseaba que latiera así solo al pensar en mí o al verme, como estaba ocurriendo con el mío. Me quedé quieta oyéndolo, no quería moverme, se escuchaba tan claro como si llevase conectado un monitor. Fui sintiendo como se aminoraba su marcha hasta quedar latiendo suavemente, era como una canción de cuna, era tranquilizante adicionado a sus caricias me relajaba tanto como una pastilla para dormir.
Mi cuerpo estaba sobre la cama y cubierto con una manta cuando desperté, la mano de Edward me rodeaba y mi cabeza descansaba aún sobre su pecho, los latidos de su corazón seguían cantando para mí. Pose mi mano sobre su estomago, se escuchaban los truenos de sus retorcijones, estaba hambriento pero aún profundamente dormido. Me paré sigilosamente y me coloqué su camisa que estaba en la poltrona de la habitación, su olor la impregnaba, era tan varonil. Aspiré su olor y me sonreí al notar que se mezclaba con mi perfume, era agradable el resultado, no éramos tan mala combinación.
Quería sorprenderlo y me deje de tonterías para ponerme trabajar. Puse a colar el café, preparé unas tortillas de huevo, vegetales y jamón. No quedaba pan para acompañarlas y busqué en los gabinetes y encontré un paquete de tostadas eso servía. Arreglé la mesa, puse algo de queso, mantequilla y mermelada. Ya estaba todo listo, fui por las tortillas para servirlas que seguían a fuego bajo para mantenerlas calientes y las coloqué en un plato.
Sentí unos brazos rodearme por la espalda y un beso en mi cuello me despertaron las crueles mariposas de mi panza. Las manos me empezaron a temblar era inminente la caída del plato que sostenían pero otra mano fuerte la tomó y la colocó a un lado de la cocina, sus manos me voltearon para enfrentarme al despeinado más lindo que había visto en la vida. No sabía que decirle, solo lo miraba directo a la cara, sentía que de mi boca salía la baba por lo que tuve que cerciorarme pasando mi lengua por mis labios, estaban secos, menos mal. Una sonrisa se dibujó en su rostro y se fue acercando para darme un suave beso en mis labios.
— Buenos días — Buenos no excelentes diría yo.
— Buenos días Edward, ¿Dormiste bien? — Porque yo sí, bastante mejor que con los somníferos.
— Bastante bien y ¿tú?
— Bien también y ¿tú? – Isabella eres tonta ya le habías preguntado, estabas respondiendo. Otra sonrisa se dibujó en su rostro mostrándome sus perfectos dientes ¿Ahora todo en él es perfecto o que?
— Mejor lo paramos allí, ambos dormidos bien.
— Sí — Aquello apenas se me escuchó — Vamos a comer. — Me puse de puntillas y rocé sus labios antes de liberarme de su mirada, me estaba derritiendo.
Serví las tortillas en los platos y dejé el plato en el fregadero mientras regresaba por el café y la leche. Me senté frente a él y le serví un poco de café en las tazas mientras él mordía una tostada y me veía cada movimiento que hacía, cierta picardía se asomaba en su mirada, alguna que nunca había notado.
— Tengo que confesarte algo — Me dijo cuando puse la jarra en la mesa, y captó completamente mi atención — No vas a volver a escucharlo, así que presta atención. — Era tonto o que no se daba cuenta que parecía una nerd en clase de física.
— Te vas a dejar de rodeos y hablar o quieres matarme de curiosidad — Que ya tengo bastante con la respuesta fallida de ayer, eso es suficiente para comerme los sesos.
— Ayer la pasé bien contigo — Eso era todo, tú la pásate bien y yo espectacular veo cierta diferencia de opiniones entre los dos.
— Ah ok, me alegro.
— Será que me dejas terminar algo sin hablar, eso no era lo que te iba a confesar. — ¿Qué era entonces?, ya era suficiente el misterio o quería hacerme explotar el cerebro. Hice un gesto infantil y cerré mi boca como un cierre, pero en vez de botar la llave la guarde en mi bolsillo, aquello lo había aprendido de Alice. Sonrío y siguió hablando — Bueno, debes sentirte orgullosa de ser la primera — ¿La primera qué?, habla de una vez, hice un gesto con la mano para que siguiera — No me vas a creer, lo sospecho pero te lo voy a decir igual. Nunca nadie me lo había — Se puso nervioso — Tu sabes, lo de ayer — Se rascó la cabeza y yo me quede boca abierta intentaba decirme que nadie le había chupado aquello y yo vine de "porno star" a lucirme, sentía la cara ponerse como semáforo en señal de pare.
— Tienes razón, no te creo. — Dije sin verlo a la cara. Claro que no, si él vivía de cama en cama, no creo que ninguna se atreviera.
— Te explicó para que me entiendas. Mis primeras veces fueron con niñas y obvio solo quería entrar, luego vino quien ya sabes y nunca lo hizo creo que le daba algo de asco, después de eso solo me acostaba con chicas que acababa de conocer por lo cual tenía que usar preservativos y ni en juego las dejaba a pesar que muchas se ofrecieron, así que la traviesa de mi esposa me quitó la virginidad oral — Aquello era agradable, que hubiese sido yo la primera en algo para él me hacia sentir especial, por lo menos por eso me recordaría. Aún no podía verlo tenía pena
— Es bueno saberlo — dije sin mirarlo aún.
— Me vas a mirar algún día o ahora serás una avestruz — subí mi cara que brillaba como la nariz de Rodolfo en reno y lo miré a los ojos — Fue estupendo, puedes repetirlo cuando quieras — Dijo se manera seductora. Me iba a hacer volar debajo de la mesa y empezar desde cero.
- Es en lo único que pensamos verdad – Le pregunté inocente.
— Por mi parte últimamente estoy pensando en otras cosas — Me picó el ojo y empezó a picar la tortilla, antes de metérsela a la boca se detuvo y la extendió hacia mí — Pruébala primero no voy a volver a caer en tu juego — Me reí al recordar los huevos picantes, nadie pensaría que esa historia era de hace una semana.
— No seas tonto — Me paré y me lo comí haciendo un gesto que decía delicioso y emitiendo sonidos.
Comimos riendo de la experiencia de los huevos picantes, me dijo que había sido una buena jugada pero que ya no la usara más le había hecho mucho daño, que me pensara otras venganzas. Reía y hablaba con él pero en mi cabeza seguía escuchando sus palabras — Por mi parte últimamente estoy pensando en otras cosas — ¿A qué se refería?, podían ser muchas cosas pero lo que yo deseaba era que pensara en verme a mí de otra forma, que me quisiera aunque sea un poco como yo lo estaba sintiendo con él. No podía escapar las cartas se había jugado y ahora solo faltaba que la suerte nos acompañara.
.
.
.
.
.
.
Me desperté cuando deje de sentir la presión en mi pecho, busqué con mi mano alrededor de la cama y no encontré a Isabella. Me quedé unos minutos recordando el encuentro que habíamos tenido la noche anterior, como era posible que ella me hiciera sentir tanto, no solo era sexo era algo más, cada día me estaba entregando a ella dejándole apoderarse poco a poco de algo más que mi cuerpo. Ayer me había hecho algo tan inesperado, algo que tenía mucho tiempo deseando pero que por los pocos escrúpulos que me quedaban no me dejaba hacer, siempre era una chica diferente que no sabía nada de ella y pues al tomarlas usaba preservativos pero que gracia tenía que me hicieran eso todo forrado.
Me paré cuando escuché los ruidos en la cocina estaba metida allí y me provocaba verla, realmente te estas volviendo muy débil ante ella y cuando se vaya te vas a volver a jode la vida, debía buscar la forma de controlarme antes de arrepentirme. La encontré de espalda en la cocina con una de mis camisas, bendita visión era preciosa. Me acerqué con cuidado de no advertirle mi presencia y la rodeé por detrás con mis brazos acercándola a mi cuerpo y besándola por el cuello y tembló bajo mis caricias, el plato que tenía entre sus manos no parecía tener buen destino y lo tomé antes que se saliera de sus manos, lo coloqué en sitio seguro y la volteé para verle los ojos, me encantaba la sensualidad que mostraban cuando me veían. Se quedó con la vista fija sobre mi rostro y de repente pasó su lengua por sus labios, es que pretendía matarme o que, desde cuando ella se había convertido en una mujer tan atractiva para mí, tan irresistible, es que ni siquiera era mi tipo pero me encendía de solo verla. Sonreí ante mi nuevo descubrimiento, creo mis gustos estaban cambiando y me apresuré a darle un beso, la mía picaba por hacerlo.
— Buenos días — eran tan buenos que no me disputaría que todas los días comenzaran igual, claro tampoco sería tan malo que terminaran como el de ayer.
— Buenos días Edward, ¿Dormiste bien? — Se podría decir que dormí mucho mejor que antes, algo liberado.
— Bastante bien y ¿tú?
— Bien también y ¿tú? — Estaba tan nerviosa que me hizo reír al repetirme la pregunta
— Mejor lo paramos allí, ambos dormidos bien — Aunque yo mejor porque me hiciste volar ayer.
— Sí, vamos a comer. — Se apoyo en mi cuerpo y se alzó hasta alcanzar mi boca con la suya, desde cuando era tan espontánea o será que lo tenía planeado desde antes, me iba a volver realmente loco con este chica, la Isabella desinhibida podía hacer conmigo lo que quisiera.
Nos sentamos a comer y le confesé que ella había inaugurado mi miembro en el placer del sexo oral, al principio fue como siempre insegura con respecto a mis palabras y no me creyó pero después que le expliqué me entendió pero no era capaz de verme a la cara, cuando la convencí que lo hiciera estaba roja de la vergüenza. Isabella realmente era extraña, ayer era una chica fiera pero igual se sonrojaba por su aptitud. Era tan tierna que hasta me preguntó que si ahora solo pensábamos en el sexo, pero yo estaba pensando en otra cosa y así se lo dije pero no le conté en que pensaba eso me lo guardaba porque no estaba preparado para abrir mis sentimientos o lo que fuese que ella estaba despertando en mí.
La ayude a recoger las cosas del desayuno y mientras ella lavaba yo secaba. Sí, Edward Cullen, estaba ayudando a limpiar una cocina y con una sonrisa, algo para fotografía. Si mi madre me viera lloraría de alegría, tantos años intentándolo y ahora su sueño se cumplió estaba haciendo algo de las tareas del hogar con mis manos. Isabella, isabella que estas haciendo conmigo, me repetía en mi cabeza.
Cuando terminamos la tomé de la mano y la arrastré a la cama conmigo, no quería hacer nada más que tumbarnos allí y empezar a conocer algo más de ella. Me senté y la coloqué dentro de mis piernas y recostada a mi pecho, no quería que me viera a la cara mientras le preguntaba todo lo que quería saber de ella. Mis manos se fueron a sus piernas desnudas, no era nada provocativo más bien unas suaves caricias y ella hizo lo mismo con mis antebrazos.
— Isabella, ¿puedo preguntarte algunas cosas?
— Depende, si son tus tonterías no lo hagas.
— Tranquila, fierecilla solo quiero saber de ti, total conozco mucho de cuerpo pero muy poco de lo que hay por dentro. — Cuando dije eso me sorprendí, de verdad yo podía ser tan cursi.
— Bueno si tanto te interesa, tengo un estomago algo enfermo por el trabajo, unos pulmones sanos porque no fumo, mis riñones supongo que están bien — No aguantó y se empezó a reír contagiándome.
— No eres tonta sabes a lo que me refiero pero sino quieres hablar te entiendo — Puse una voz adolorida para hacerla sentir culpable.
— Que sensible te pones a veces pero seamos justos entonces, una pregunta cada uno yo también quiero saber mas de ti — Cuando me dijo eso sentí una alegría extraña y unas putas mariposas revoloteando en mi abdomen.
— Trato hecho, pero como yo tuve la idea yo empiezo.
— Vale pero empieza con algo fácil.
— Algo fácil, déjame pensar — Le hice ver como pensaba pero ya lo tenía todo en mi cabeza — ¿Qué estudiaste y por qué?
— Era fácil no para dummies — Me respondió riendo — Pues estudié lo más predecible por el periódico, Comunicación Social y luego hice una especialización en Gerencia Económica, sabía que algún día la responsabilidad negocio familiar caería sobre mí con o sin mi consentimiento, no tengo escapatoria.
— Claro que la tenías, yo la tuve. Mi padre siempre quiso imponerme eso pero me revelé por lo que yo quería, no tuvo opción y finalmente aceptó, aunque al final terminé trabajando para él.
— Tu carácter es distinto al mío, ojala tuviese un poco de tu irreverencia pero siempre fui sumisa ante mis padres, pero bueno me toca preguntar y te copió tu pregunta ¿Qué estudiaste y por qué?
— No eres nada original sabes pero te respondo — Esta conversación se estaba volviendo la más sincera que había tenido en mucho tiempo — Siempre sentí inclinación por la Historia y la evolución de la sociedades pero lo que me postulé a esa materia y cuando me aceptaron no me lo pensé dos veces y entré. En paralelo me dediqué a aprender varios idiomas lo que perfeccioné cuando estuve un tiempo en Europa.
— Claro con tantas profesoras a tiempo completo — Me respondió irónica y con algo de reproche en su voz.
— Bueno esa fue una ventaja pero no era la pregunta si quieres saber sobre eso espera tu próximo turno — Le dije eso para picarla y para saber que pensaba ella de todo eso.
— Esta bien, lo pensaré no sé si desperdiciar una pregunta en tu harén de mujeres.
— No te hagas la evasiva que ahora me toca otra pregunta, ¿Por qué seguías siendo virgen? Digo cuando nos casamos .— Me dio algo de pena preguntarle eso pero tenía que hacerlo si luego quería saber porque se entregó a mi si aún sin quererme, suponía que por ello se mantenía pura.
— No eran las preguntas fáciles primero — Me dijo y se quedo en silencio unos segundos — En realidad no lo sé, siempre estuve dedicada a otras cosas, nadie me cree cuando les digo que ese punto no era relevante para mí hasta hace poco nadie había despertado en mí ese deseo.
— Vaga respuesta pero la acepto — Mantenía mis caricias sobre sus piernas y ella sobres mi piel.
— Me toca, déjame pensar bien — Esperé ansioso lo que iba a decirme sabía que ahora las pondría difíciles — ¿Por qué me odias tanto? — difícil era poco, yo la odiaba con todas mis fuerzas pero ahora ni yo mismo recuerdo porque, todo aquello había desaparecido.
— Yo no te odio, bueno ahora no lo admito así como también que nunca me caíste bien, siempre te he visto tan fría y prepotente, tan no hago nada fuera del plan — antes la veía así ahora muchas cosas habían cambiado.
— Sin conocerme pensabas eso de mí pero ¿ahora que piensas? — dijo en un hilo de voz esperaba mi respuesta y no sabía que decirle sin ponerme en evidencia.
— Son dos preguntas seguidas si respondo tendré que hacer dos seguidas, ¿Qué dices?
— Respóndeme y has tres seguidas pero respóndeme — En su voz se escuchaba claramente la ansiedad, la pregunta podría ser interpretada como un que sientes por mí, respiré profundo para contestarle y justo en cuando dije mi primera palabra sonó el timbre del departamento, salvado por la campana suspiré.
Me paré de la cama de un salto dispuesto a escapar de la respuesta que ni yo mismo podía responderme y mayor fue mi alegría cuando vi que eran Jasper y Alice, ellos hablaban hasta por los codos y seguro se instalarían a saber todo. Eran mis amigos y los quería pero de chismosos se llevaban el premio. Abrí la puerta sin darme cuanta que seguía solo en pantalón de pijamas y sin avisarle a Isabella del ataque que sufriríamos, justo me acordé que ella solo llevaba una de mis camisas y creo que sin ropa interior, me iba matar por esa.
— Se puede saber porque ninguno de los dos contesta el teléfono si hace tres días que llegaron — Fue el ameno saludo de mi inflada amiga.
— Hola Alice, tanto tiempo sin vernos, gracias yo estoy bien y tu — Le dije quejándome de la educación de su saludo — Hola viejo — Le dije a mi amigo Jasper con un abrazo.
— Hola Edward Swan — Me dijo en tonó de burla por el apellido de Isabella — ¿Qué tal el viaje? — Me preguntó entrando cuando les dejé el espacio.
— Amor, ya sabremos todo pero primero quiero saber donde esta mi amiga — Le señale el cuarto y pasó después de darme un besito — Sabes que te quiero igual solo que primero quiero verla a ella — Cuando entró al cuarto se escuchó un grito por parte de las dos, supuse que Alice se asombraría al verla así e Isabella se asustaría porque la encontraron en esas fachas.
Invité a Jasper a sentar y fui por una cervezas a la cocina, el me siguió y se sentó en las sillas de la cocina viéndome de manera extraña. Algo me decía que el ya me había descubierto, siendo mi mejor amigo me conocía demasiado para verme en la cara que algo pasaba, casi podía decir que conocía mis sentimientos. Le ofrecí la cerveza y me senté frente a él dándole un trago a la mía.
— Bien, empiezas de una o te lo hago decir — me dijo en una amenaza.
— Ni de broma, mejor me confieso a que me sometas a tus torturas para hablar — le dije riendo.
— Te acostaste con ella y no intentes negarlo — me dijo señalándome — solo quiero saber ¿por qué? Te conozco y la conozco así que eso no fue algo tan casual como acostumbras.
— Mierda Jasper, que coño comes para adivinar todo — le dije en reclamo — Desde que amaneció después de la boda parecemos animales en celo, ya de verdad que me equivoqué con ella — Entre mi amigo y yo no hacía falta muchas palabras, el sabía que lo más que repetía con una mujer era tres veces y con mucho tiempo de distancia entra cada encuentro, eso era más que ponerme en evidencia — Isabella es muy distinta a todas y muy distinta a lo que pensaba.
— Sabía que te ibas a dar cuenta por eso ni te lo advertí, ella es especial, la quiero como una hermana, como te quiero a ti — Entendía la indirecta muy claramente — Te lo voy a preguntar de una sola vez y necesito que me digas la verdad sabes que quedará entre nosotros viejo pero ¿Qué sientes por ella? — Acaso todo el mundo pensaba preguntar lo mismo o era un juego del destino para acorralarme, si con Isabella me había salvado de esta no me libraba nadie.
— Como explicarte viejo, ella es distinta ya te lo dije, me hace sentir distinto y hasta creo que confió en ella, eso es más de lo que nadie podría lograr conmigo y tu lo sabes — Él siguió esperando algo más y seguí soltando la lengua, solo con él podía ser sincero pro ahora — Me gusta sabes, cuando se ríe, cuando me toca, cuando lo hacemos creo que — Respiré profundo y me costaba lo que venia pero lo tenía atragantado hace unas horas — Creo que la quiero — Jasper abrió los ojos y se rió estrepitosamente.
— ¡Lo sabía!, sabía que ustedes dos serían la bomba, eran tan diferentes pero tan parecidos — Me puso la lata de su cerveza en señal de brindis y yo le seguí el juego — Edward, empieza a vivir hermano, sal de ese abismo que te consume, no seas tonto para dejarla ir ella es realmente especial — Si que lo era en una semana había logrado curar un poco la herida que aquella perra había hecho en mí y mi vida no era tan oscura, solo debía estar seguro que podía confiar en ella total y ciegamente para poder decirle lo que sentía.
— Voy a intentarlo Jasper, te juro que voy a hacerlo pero sabes que no es tan fácil para mí, por lo pronto ya ella conoce mi historia por completo — Cuando dije eso mi amigo si se impacto de verdad.
— Amigo no hace falta que me digas más, si le contaste eso es porque de verdad sientes algo por ella más fuerte de lo que tu mismo piensas o alguna vez has sentido — Sabía por que y por quien lo decía — Es el momento de avanzar, a veces las cosas suceden por algo, no estuve de acuerdo en como los obligaron pero algo me decía que se necesitaban el uno al otro aún sin conocerse y odiándose como creían que lo hacían. — Sabía que el me decía toda la verdad pero ahora me tocaba procesarla, ya me había aclarado yo ahora tenía que asegurarme que tan fuerte era lo que sentía por mi esposa. Decidí optar por la cortesía y pregunté por el embarazo de Alice para cambiar un poco la atención sobre mí.
— Gracias por tus palabras viejo pero ahora cuéntame de mi sobrino — Así lo consideraba pues Jasper era como mi hermano al igual que Alice, revoltosa como ella sola pero podría alegrarte con su sonrisa.
— Hermano, ni te imaginas lo que siento cuando lo siento patear dentro de Alice, eso si que es felicidad, no veo el momento que lo pueda tener en mis brazos, menos mal solo quedan siete semanas.
— Brindemos por él — Ahora era yo quien le ofrecía la lata para brindar — Por mi sobrino — él brindó conmigo y nos reímos, yo lo hacía por vernos así toda la vida conociéndonos y quien diría que estaríamos ahora en estas.
Alice entró a la cocina con una sonrisa que ocupaba todo su rostro, si seguía así se le iban a cuartear los labios de tanta presión, me vio con una sonrisa picara pero no dijo nada acerca del tema, se sentó entre su esposo y yo — Edward, ve a bañarte y vestirte que salimos a comer en cita de parejas — No quise ni preguntar a que se refería con todo eso porque sabía que no tenía escapatoria pero me había gustado que nos llamaran pareja a Isabella y a mi. Me pare besando su frente y me fui al cuarto a cambiarme, cuando entré cerré la puerta con seguro y escuché la ducha prendida, me quité la ropa y caminé hacia ella preguntándole a mi esposa
— ¿Hay cupo para mí en esta ducha?
.
.
.
.
.
.
Tenía que ser un castigo superior el que impedía que Edward me respondiera lo que sentía por mí en estos momentos, lo tenía allí tan vulnerable pero no el timbre tenía que sonar y joderme la vida. Es que es impresionante como la leyes físicas se interponían entre lo que deseaba saber, entre mis preguntas y sus respuestas. Me quede con la frustración apoderándose de mi cuerpo, necesitaba oír de sus labios que por lo menos ya no me odiaba tanto, bueno esperaba que fuese así. Me levante al baño con la esperanza que al salir ya Edward hubiese regresado y pudiera contestar mi pregunta pero mayor fue mi sorpresa cuando al salir me encontré a Alice parada de brazos cruzados sobre su panza examinando el cuarto. Ambas chillamos al vernos. Ahora literalmente podía salvarme del ataque de una bomba nuclear pero no del interrogatorio y las burlas de mi amiga. Traté de desviar la situación hacia el único tema que la hacia volver loca y olvidarse de todo, me fui hasta su lado y le acaricie la panza hablándole a mi sobrino, no lo era de sangre pero si de corazón.
— Alice, ¿Cómo esta el rey de la casa? — Estaba inclinada en su panza dándole besitos y tocándosela.
— Isabella Marie Cullen Swan — No había caído en mi trampa, esto superaba su lado maternal — Tu sobrino esta excelente y luego podremos hablar de él todo lo que quieras pero ahora solo deseo saber dos o tres cositas — volvió a mirar el desastre del cuarto y luego hizo un escaneo de mi cuerpo, mierda estaba con su camisa, maldito pedazo de tela que me acaba de delatar — ¿Por qué este desastre siendo tu la personificación humana de Robotina? ¿Por qué tienes puesta una camisa del hombre que más odias en tu vida y nunca me tocara un dedo de mi cuerpo puro y casto por lo que no necesito ir al ginecólogo a que me receten pastillas? y ¿Por qué tienes esa cara de culpable que no se borra por mas que intentes disimularla? — Alice era reencarnación de Sherlock Holmes, era capaz de descubrir cualquier cosa y sus ojos podían hacerte hablar aunque no quisieras.
— Alice no me veas así y no te pongas pesada o no te respondo nada — Le dije en amenaza y ella conocía mi terquedad, si era posible aplicaría la antes infalible ley del hielo con ella.
— Bella, es que esto es totalmente — Hizo una pausa buscando las palabras — Extraño, diferente, inesperado, trastocado y estoy anonadada. Respóndeme por favor que significa todo esto. — Sus infalibles pucheros no, es un arma letal. Respiré para agarrar fuerzas y hable.
— El desastre pues es muy sencillo, cuando solo tienes tiempo para tener sexo y comer el orden queda en segundo plano — Abrió la boca sin emitir sonido y la tapo son su mano — Con respecto a la camiseta pues si es de Edward pero ya no es el hombre que más odio en la vida por el contrario se acerca a ser el único hombre por el que de verdad he sentido algo en la vida — Alice jadeó de la impresión y me señalo con el dedo, algo así como acusándote y yo le asentí — Bueno para la cara de culpable pues ya tienes la respuesta es la mezcla de las dos anteriores — Me callé y senté en la cama esperando su respuesta, ella camino y se sentó aún impresionada.
— No lo puedo creer, de verdad necesito tiempo para analizar toda la información.
— No espero ni un minuto cuando empezó a hablar — Bella te has enamorado de Edward Cullen — Lo dijo emocionada y alzó un poco la voz por lo que salte hacia ella tapándole la boca.
— Baja la voz que si te oye en lo que tengas a mi sobrino te mato, ¿Vas a bajar la voz? — Asintió aún con mi mano en su boca — Primero no tengo ni idea lo que siento, estoy confundida y segundo no pienso dejar que el se entere de nada, no va a jugar conmigo como lo hace con las demás — Alice seguía en estado de shock — A todas estas no entiendo tu sorpresa, tu no me arrastraste para que me protegiera y toda la cosa — Ahora hablábamos en susurros.
— Sí porque pensé que quizás algún día podía pasar, que querías que hiciera he escuchado los comentarios acerca de él y su particular — Hizo una pausa — bueno tu sabes.
— Si, sé. — Dije riendo.
— Entonces es cierto. — Volteó con la curiosidad en su mirada.
— Supongo que sí.
— ¿Cómo que supones?
— No tengo como compararlo.
— ¡Agrh!, ¿Por qué tenías que casarte virgen? — Golpeo con fuerza el colchón y solté una risa nerviosa — Bueno, tengo que saber si todo es cierto, no voy a quedar con esta duda.
— Alice nos seas chismosa, me niego a cooperar en semejante morbosidad.
— O hablas o te aseguro que Edward se enterará de lo que sientes — Hizo una pausa — No, pensándolo bien eso es hacerte un favor, creo que le diré a tus padres lo felizmente casada que estas.
— Ni se te ocurra decirles algo así o le digo a Jasper que estas averiguando las virtudes de Edward.
— ¡No!, sabes que me mataría. Deja de hacerte la tonta y muéstrame más o menos el tamaño — Sabía que era caso perdido y con mis dos dedos índices separados le indiqué más o menos el tamaño, mi amiga abrió los ojos y soltó un chillido — En serio, puff con razón estas con esa cara.
— ¿Es grande? — Yo seguía con mis dedos puesto y ella los acercó un poco — Así es Jasper.
— Tan chiquito. — Le respondí sorprendida y riéndome.
— No — Dijo enojada — Jasper es normal lo que pasa es que Edward es anormal.
— Menos mal — Respondí de golpe sin pensarlo.
— Bella mi pequeña niña inocente, bueno ex-inocente, estas que botas la baba por él ¿verdad? — solo pude asentir.
— Alice es impresionante lo que siento cuando me toca, me calienta hasta la saliva y sin pesar cuando me lo hace, siento que me elevo.
— ¿Pero que sientes aquí? — Me señalo el centro del pecho.
— Pues — Pensé un poco antes de contestar — Creo que lo quiero.
— Esto si que no me lo esperaba — Me abrazó y me beso las dos mejillas mientras una tonta sonrisa aparecía de nuevo en mi cara — Jasper siempre tuvo razón.
— ¿Cómo es eso?
— Es que el me dijo que Edward no era un desgraciado como nosotras pensábamos, es decir, yo admito que lo quiero como amigo pero he oído tanto de él y sus aventuras. Jasper cuando se enteró de todo estaba tan sorprendido y en desacuerdo a que los obligaran pero cuando llegamos a casa me dijo que en el fondo creía que ustedes serían buena pareja y que cuando se conocieran cambiarían su opinión el uno del otro.
— ¿Jasper dijo eso?
— Sí y ahora el va escoger el nombre de nuestro hijo, yo confiaba en ti y aposté contra el que estaba loco, que cuando volvieras lo ibas a odiar más.
— Lo siento Alice pero es que no era lo que esperaba — volvió a abrazarme y me susurró al oído.
— No me importa mientras seas feliz, Te quiero — Se separó un poco de mi y siguió hablando — Entonces no hay más nada que hacer aquí vamos a salir los cuatro a comer, así que anda metiéndote al baño que voy por tu adonis — Alice salió de la habitación con una sonrisa en su rostro.
Cuando salió del cuarto lo miré por completo y de verdad estaba hecho un desastre total, había hasta ropa interior tirada. Iba a empezar a recogerla pero Alice estaba esperando afuera y con la barriga su hambre era voraz. Me quite la camisa de mi esposo, cuanto me gustaba ahora llamarlo así y me metí a la ducha pensando en mi nuevo nombre Isabella Marie Cullen Swan, se escuchaba bien, muy bien diría yo. Su voz me sacó de mis insolaciones y un calor recorrió mi cuerpo al descifrar su mensaje
— ¿Hay cupo para mí en esta ducha? — Me volteé para encontrarlo totalmente desnudo y con una hermosa sonrisa en su hermoso rostro iluminada por sus hermosos ojos. Cuantas cosas hermosas tenía, recordé mi conversación con Alice y mi mirada bajo hasta su entrepierna, si que era grande viéndolo de modo objetivo — Veo que estas pensando nuevamente en una de tus ideas y como puedes notar estoy de acuerdo — Su miembro estaba preparado para cualquier ataque y yo lo suficientemente lista para recibirlo.
— Es tu casa creo siempre tendrás tu cupo en tu ducha — Volvió a tomarme dejando mi voluntad resumida a un cero, cuando el me tocaba ahora todo dejaba de importar, me subió hasta su cintura y me envistió como nunca, sentía algo diferente en su contacto era algo más pasional de lo normal o quizás era que mi entrega era total.
Salimos de lo que se puede llamar una ducha regeneradora y nos vestimos apurados para no hacer volar la imaginación de nuestras visitas sabíamos que eran suficientemente astutos para saber lo que estábamos haciendo y lo utilizarían como tema de conversación el resto de la tarde. Salí primero a acompañarlos mientras Edward se terminaba de afeitarse y para disimular un poco. Cuando salió de la habitación nuestras miradas eran de tanta complicidad que sentía como corrían entre nosotros cada encuentro que habíamos vivido me tomó de la mano en el ascensor y me guió hasta su coche.
Llegamos a un restaurante de carnes por escogencia de la embarazada más antojosa de la historia, nos sentamos cada pareja de un lado. Comimos hasta reventarnos y hablamos de todo lo que se nos pasaba por la mente. En algunos momentos Edward tomaba mi mano por debajo de la mesa apretándola un poco y yo acariciaba su pierna con la mía. Era la primera vez en mi vida que salía en pareja y la estaba pasando de maravilla, quizás existiese una pequeña posibilidad que entre Edward y yo existiese algo más que sexo, que de verdad el pudiese sentir algo por mí, ahora si odiaba a Alice por interrumpir esta tarde mi pregunta. Un rincón de mi cabeza se dedicaba a analizar la factibilidad que mi matrimonio pudiese ser tan normal como cualquier otro, pero como saberlo si solo hemos convivido en el mundo de fantasía que nos ofreció la tregua de la luna de miel, mañana teníamos que enfrentarnos a la realidad, volver al trabajo y vivir un día normal ¿Qué significaría esa cambio en nuestra relación? ¿Pero cuál relación? Esa respuesta era la yo necesitaba saber y tendría que buscar las maneras de averiguarlo.
¡Buenas! Las cosas parecen ir de la manera correcta ¿No lo creen? Esperemos que sigan para mejor. Edward se salvó por la campana... Veremos si Bella vuelve a sacar el tema y se quita la duda.
¡Alice es terrible! Pero apuesto que todas tenemos amigas "curiosas" como ella.
Con respecto a las actualizaciones como verán, las hago los días lunes.
Como siempre les agradezco sus reviews y los respondo a todos(Si no lo sabian, pueden fijarse xD)
Así que si les gustó el capi, pueden trasmitirlo libremente. Si no les gustó, también.
¡Nos leemos la semana que viene!
¡Saludos!
Iris.
