Capítulo X: Reflexiones tras las rejas

Ginny había pasado toda la noche sollozando en silencio para no despertar a Hermione, pensando en la escena que vislumbró ayer. Era una escena inconcebible, pues tenía la firme y ciega creencia que entre dos mujeres (y, por extensión, entre dos hombres también) no podía haber romance, no podía haber amor, tal como dos imanes de cargas iguales no podían unirse. No sólo estaban violando las reglas del ser humano, sino que las de la naturaleza también. No obstante, aquello no le impidió ponerse furiosa cuando vio a Hermione y Miranda haciendo cosas propias de un hombre y una mujer. Ginny estaba, hasta ayer, completamente convencida de que se sentía atraída por los hombres, pero su mundo se puso patas arriba, y todo por un simple beso. Le costaba entender por qué estaba tan celosa (y al menos aceptaba que lo estaba) si a ella no le gustaban las mujeres. La única respuesta lógica para el dilema era también la más difícil de aceptar. Nunca era fácil asumir algo que para el resto del mundo estaba prohibido, moral y legalmente.

Para cuando se levantó, Ginny supo que Hermione no estaba en la celda. Debió haber bajado a desayunar junto a las otras reclusas. La pelirroja salió también de su opresora celda, pero no alcanzó a poner un pie en la planta baja cuando cuatro mujeres con una complexión similar a la de un gorila la atraparon, la golpearon y se la llevaron a la rastra hacia un oscuro rincón de la prisión. Pero Ginny ya llevaba un mes y medio con la misma cantinela, y era tan grave lo que significaba ver a su mejor amiga en la prisión besándose con otra chica que no le importó demasiado que esos engendros hicieran lo que quisiesen con ella.

El horario de desayuno ya había pasado cuando ellas soltaron a Ginny, abandonándola en el lugar donde fue capturada. Así la halló Hermione, quien al momento de ver a la pelirroja, cambió su rostro de apacibilidad por uno de preocupación. Ginny supuso que no debía de ofrecer un buen aspecto pero, por alguna razón, no quería que la castaña se acercara ni la consolara. Era más, no tenía deseos ni de verla, no porque estuviera enojada con ella, sino porque creía que si la seguía mirando, Hermione podría darse cuenta de lo que en realidad sentía por ella, y eso no podía permitirlo. Lo último que deseaba era hablar de sus sentimientos, porque eso implicar aceptar algo que no quería… ¿o sí quería?

¿Y si se atrevía a experimentar, aunque fuera por una sola vez, lo que se sentía amar a otra mujer?

Se le revolvió el estómago al sólo pensamiento. No podía llegar y decirle a la primera chica que se le cruzara en su camino si deseaba realizar un pequeño experimento con ella. La chica en cuestión podría sentirse incómoda, o molesta y, lo más probable es que no quisiera saber más de Ginny sin siquiera poder explicar la naturaleza del experimento…

Ginny sintió una calidez inexplicable en su piel, hasta que se dio cuenta que Hermione la estaba abrazando firmemente, acariciándole el cabello. La pelirroja no tuvo tiempo para sentirse incómoda. Aquel repentino abrazo la había tomado completamente por sorpresa, aunque si se hacía justicia a sí misma, ella estaba pensando en otras cosas como para prestar atención a alguien con la intención de darle una muestra concreta de cariño. Ginny sintió ganas de llorar nuevamente, tratar de comunicarle lo mucho que significaba para ella… lo mucho que la quería.

Hermione y Ginny se separaron lentamente, tomándose de las manos. La pelirroja se atrevió a sonreír, aunque sólo a medias, pero las sorpresas todavía no acababan. La castaña sacó un paquete arrugado del bolsillo de su uniforme carcelario y se lo tendió a Ginny, quien lo tomó, quitó el envoltorio, sólo para abrazar a Hermione una vez más. Ella no había hecho otra cosa que llevarle el desayuno. Esta vez, lágrimas traicionaron a Ginny, quien se sintió motivada a abrazar a la castaña por tercera vez en cinco minutos. Y pensar que hace una hora atrás la pelirroja estaba triste y resentida por haber visto a la castaña rozando labios con otra mujer.

-Gracias –fue todo lo que pudo decir. Tenía la garganta muy estrecha a causa de haber estado tanto tiempo llorando. Cualquier otra palabra era muy grande como para decirla.

-Vamos a la celda –le dijo Hermione dulcemente, rodeando el hombro de la pelirroja con su brazo izquierdo y subiendo las escaleras hasta donde ambas compartían techo-. Allá podrás comer tu desayuno.

Ginny la miró. La sonrisa de la castaña era hermosa. Por una fracción de segundo, la pelirroja quiso acariciar esos labios… con los suyos. Pero la sensación desapareció tan rápido que creyó que jamás reparó en aquello. Sin embargo, Hermione la miró con una cara extraña, como si hubiera captado un leve detalle acerca de su amiga, pero no hizo ningún comentario. La castaña esbozó una misteriosa sonrisa.

Otra hora más transcurrió, y Ginny parecía haber olvidado lo ocurrido ayer. Comía su emparedado alegremente mientras que Hermione explicaba algo acerca del beso que le dio a Miranda, porque creía que la pelirroja debía entender lo que significaba.

-Me estaba despidiendo de ella –decía Hermione, ante la cara incrédula de Ginny-. ¿No te contó ella? En dos días más se va de Nueva Nurmengard. Le otorgaron libertad por buena conducta. Por eso me viste tan efusiva con Miranda ayer. No niego que la voy a extrañar. La admiraba por su temple y fuerza de voluntad. Y daba unos besos increíbles.

Ginny sintió su estómago revolverse nuevamente ante las declaraciones de su amiga, pero trató de disimularlo lo mejor que pudo.

-Ginny, quiero saber algo –dijo Hermione, esta vez dirigiéndole una mirada aguda a la pelirroja-. ¿Por qué te pasaste la lengua por tus labios cuando me miraste mientras subíamos las escaleras?

La pelirroja se puso colorada, a tal punto que su cara se confundía ligeramente con su cabello. No recordaba haberse pasado la lengua por sus labios en ningún momento pero, el hecho que se lo dijera Hermione, de alguna forma, lo hacía ser verdad. Ginny no podía decir nada ante la franqueza con la cual se había expresado su mejor amiga; se limitó a llevarse las manos a la cara avergonzada, para ver si podía ocultar su rubor y sus emociones. Pero Hermione no lucía ni remotamente enfadada por eso. Al contrario, su sonrisa se hizo más pronunciada que antes.

-Sabes –comenzó a decir la castaña-, ayer creí que estabas llorando por todo lo malo que te ha pasado hasta ahora aquí en prisión. Pero ahora sé la verdad, sé lo que pasa por tu cabeza, sé las preguntas que, desesperadamente, te estás haciendo-. Hermione hizo una pausa para acercarse a Ginny y sentarse a su lado. La pelirroja bajó las manos y la miró-. Vamos Ginny. No es tan malo lo que estás sintiendo. A mí también me costó aceptarlo, tardé en entender que, a veces, mi cuerpo me pide cosas que mi mente no desea. Pero aquí estoy, besándome con chicas, saliendo con chicas… claro que con buenas chicas, no con las bestias del Ala Norte.

-No está bien Hermione –dijo Ginny con un hilo de voz-. No está bien sentirse atraída por otra mujer. Sencillamente no es lo correcto.

Hermione le tomó brevemente las piernas a la pelirroja, quien se sobresaltó.

-Pudiste haber evitado que me acercara y te tocara las piernas, pero no me lo impediste –dijo Hermione, sonriendo y tomando otra vez las piernas de Ginny, quien esta vez no hizo nada-. Una parte de ti quiso que yo te tocara y sintieras estremecerte. ¿Dónde se fue tu concepción de lo correcto e incorrecto? Parece que se te olvidó, ¿verdad?

La pelirroja volvió a mirar a Hermione, incredulidad manifestándose de forma obvia en su cara. La castaña sonrió más ampliamente.

-¿Ves? Lo importante no es lo que es correcto para tu mente. Lo que realmente vale es lo que es correcto para tu corazón. Ahora Ginny, busca en tu corazón. ¿Qué es lo que quiere? ¿Cuál es su deseo más profundo y desesperado? ¿En qué medida lo desea? –Hermione, una vez más, rodeó con su brazo izquierdo los hombros de Ginny. Ambas miradas se encontraron y se dieron cuenta de lo cerca que estaban sus rostros. Inmediatamente, el corazón de la pelirroja latió con más fuerza. ¿Eran nervios? No, no eran nervios. No sentía su estómago contraerse, un signo inequívoco de nervios-. Piénsalo. Tienes todo el tiempo del mundo para abstraerte y decidir qué es lo mejor para tu corazón.

Y Hermione se trepó a la litera de arriba y se dedicó a leer un libro, dejando a Ginny con una nube de pensamientos y posibilidades, tan amedrentadoras como emocionantes.


Era de noche. Ningún ruido se podía escuchar en el Ala Sur de la prisión. Era el Ala Norte la más ruidosa a esas horas, porque los gritos de las reclusas eran como cánticos de ogros, y más si alguna estaba en el Agujero del Demonio. Pero en el Ala Sur, el silencio era apacible y pocas mujeres roncaban. Pero en una de las celdas, una mujer no podía dormir porque eran muchos los pensamientos que rondaban por su cabeza, pensamientos gatillados por las palabras de su compañera de celda, en la litera de arriba. Ginny, aunque hubiera querido desterrar de su mente aquellas cavilaciones, no podía, porque había una parte de ella que deseaba hacer caso a las palabras de Hermione. "Debes decidir lo que es correcto para tu corazón", había dicho la castaña pero, ¿qué era lo correcto para su corazón? ¿Cómo podía averiguarlo? La pelirroja no podía hallar ninguna respuesta a aquellas insidiosas interrogantes, aunque en un momento creyó que no sería tan difícil. Por supuesto, podía ignorar todo el maldito asunto, creer que era como las demás mujeres y ponerle fin a esa enrevesada historia.

El caso era que no podía.

Las palabras de Hermione parecieron estimular un punto sensible dentro de Ginny, como si hubiera una criatura largamente adormecida que necesitara sólo de las palabras justas y adecuadas para despertar y atormentar la mente ya mermada de la pelirroja. Si deseaba responder a lo que la estaba molestando, tenía que precisar exactamente lo que sentía por Hermione. ¿Era sólo amistad? ¿Había atracción? El corazón de Ginny dio un salto cuando pensó en lo último. ¿Por qué reaccionaba de formas tan raras cuando su propia mente sugería la posibilidad que hubiera algo más entre Hermione y ella? ¿Y amor? No, eso definitivamente no existía entre ellas, aunque sintió un ligero cosquilleo en su entrepierna al sólo pensamiento.

Luego se preguntó por qué era tan imposible un amor entre dos mujeres. ¿Sería por su estereotipo inamovible acerca de la homosexualidad? Pero aquella respuesta no explicaba las sensaciones extrañas (pero agradables) que sentía Ginny cada vez que barajaba la posibilidad que existiera algo más que amistad entre Hermione y ella. ¿Sería porque resultaba ser algo extraño y desconocido para ella? Tampoco era una respuesta satisfactoria, puesto que en la prisión era imposible no enterarse del lesbianismo de una forma u otra. ¿Sería porque ella no se sentía capaz de amar a otra mujer? Ginny saltó. Aquella parecía ser la respuesta correcta. Se dio cuenta que, secretamente, envidiaba a las mujeres que podían amar a otras chicas pues, pese a lo que dijeran los medios de comunicación y sus dichosas estadísticas, más y más gente estaba comenzando a aceptar las relaciones entre personas del mismo sexo, sobre todo, las que involucraban a dos mujeres. Decían que era una vista hermosa ver a dos chicas besarse en medio de una calle o una plaza, tal como lo sería ver dos cisnes entrelazando sus cuellos. Ginny, en el fondo, deseaba sentir los labios de otra mujer en los suyos, pero no disponía del arte necesario para conquistar a otra chica y por eso decía estar en contra de la homosexualidad, para no evidenciar su falta de habilidad social para enamorar a una mujer. Y llegó a convencerse tan férreamente de eso que se lo terminó creyendo.

Nunca pensó que Hermione podría ayudarla a darse cuenta de todo eso.

Ahora que sabía que no amaba a una mujer por no poseer lo que se requería para conquistar a una, el siguiente paso que debía dar era obvio: superar aquella barrera que no le permitía aceptar que podía sentirse atraída por otra mujer. Y para hacerlo, necesitaba ayuda, ayuda incondicional e incesante para lograr quebrar sus reticencias a amar a otra chica, aunque fuera sólo por experimentar. Si lo lograba, si conseguía capturar el corazón de una mujer, no sólo derrumbaría la pared que ella misma había erigido contra la homosexualidad, sino que le daría una libertad única para hacer experimentos que jamás se le hubieran ocurrido en situaciones normales, haciendo de su vida una experiencia más emocionante.

Pero dos cosas tenía inamovibles en su mente: la persona con la que quería todo, y la persona que la iba a ayudar a conseguir lo que su corazón tanto deseaba.

Nota del Autor: ¡Se cumplió mi sueño! Hace una semana atrás, mientras paseaba frente a un local nocturno, conocí a una chica que resultó ser lesbiana. Resultó ser una mujer adorable y simpática, que le gustaba conversar y que, más encima, me mostro una foto de su pareja, una chica preciosa también. Me cayó súper bien y me confirmó lo que ya intuía: las mujeres lesbianas no son tan diferentes de cualquier mujer. Lo único distinto es que se sienten atraídas por otras mujeres, eso es todo, y creo que discriminarlas simplemente por eso, cuando pueden ser excelentes personas, amigables y simpáticas, es una estupidez de lo más ruin que existe.

Espero que esto abra los ojos de aquellos que todavía creen que soy homofóbico.

Un saludo.

Gilrasir.