Disclaimer: Nada de lo siguiente me pertenece, aunque ojalá.

DIEZ

—Justo a tiempo, por lo que veo. — La profesora McGonagall ni siquiera nos dedicó una mirada, estaba demasiado ocupada organizando algunos pergaminos en su escritorio. —Buenas tardes, señorita Weasley, señor Mafoy. Por favor, tomad asiento.

Mantuve los ojos en nuestra tan respetada y estricta directora, y lo que pude apreciar por mi buen sentido del oído es que Malfoy había imitado mis movimientos y ahora lo tenía sentado a mi lado. Reprimí las ganas de mirarlo por el rabillo del ojo; no me era necesario fijarse en él para saber que su postura era altivamente ostentosa.

—Buenas tardes, profesora. — Saludé.

Malfoy repitió mis palabras, pero al contrario de mi tono humilde y cortés, él las pronunció como si hablara con un amigo de toda la vida. Y eso me enfurece como no os podéis imaginar, porque ésta valerosa y heroica mujer ha pasado por más de lo que el hurón oxigenado podría imaginar jamás.

Pero supongo que en su mundo la considera su igual.

—Probablemente se pregunten por qué los he llamado. — La profesora hablaba con un tono alegre. — Bueno, tanto yo como el resto de los profesores de la escuela hemos decidido hacer algo inédito y original este año. Como saben, la guerra terminó hace poco más de tres décadas. Eso es mucho tiempo, aunque estoy segura de que son conscientes.

Se detuvo un segundo, probablemente recordando que nosotros –sobre todos los demás- somos los más conscientes de los hechos. Soy el fruto de Hermione Granger y Ron Weasley, participantes y héroes de guerra. Malfoy es el heredero de uno de los linajes de sangre pura más importantes, cuya familia también participó en la guerra… desde una perspectiva más oscura.

Así que sí. Creo que somos conscientes.

—Muchas personas todavía apoyan que Voldemort luchara para que la sangre pura gobernara el Mundo Mágico. Sois dos de mis más brillantes estudiantes, y estáis, sin duda, muy familiarizados con los hechos, tal vez un poco despistados… — ¿Su mirada se acababa de posar en Malfoy? — Supongo que sois conscientes de que Voldemort era simplemente un hombre egoísta, obsesionado con el poder. Un mestizo que ansiaba el control sobre todos.

—Estoy al tanto. — Declaré, asintiendo con la cabeza.

Malfoy se aclaró la garganta. —Yo también.

—Bien, contaba con ello. — La directora entrelazó sus manos sobre el escritorio. —De todos modos, hemos decidido celebrar algo en honor a la teoría del estatus de sangre. Todavía existe gente ahí fuera que consideran inferiores a los hijos de muggles, el porcentaje es bajo, pero aún así, para enfatizar que ya no vivimos atrapados en una sociedad donde se tolera ese tipo de pensamientos, hemos decidido organizar una velada basada en un tema muggle.

—¿Y ahí es donde entramos nosotros, supongo? — Preguntó Malfoy.

—Por supuesto, el tema a elegir os corresponde.

Incliné la cabeza ligeramente. —¿Y la organización…?

—También. — Continuó explicando. —Es una gran oportunidad para demostrar vuestra creatividad y habilidades. Los demás prefectos también ayudarán, por supuesto.

Espléndido.

¿Escuchas eso? ¿Lo ves? ¿Sientes lo que se avecina?

Porque yo lo veo. Y de hecho lo estoy viendo; nubes negras sobre nuestras cabezas esperando el momento idílico para lanzar una enorme tormenta sobre nosotros. ¿Scorpius Malfoy y Rose Weasley organizando un evento juntos? Claro ¡Alerta roja!

—Lo haremos lo mejor que podamos, profesora. — Sentenció Malfoy, cortés.

Me tragué el amargo sabor que se me había formado en la boca. —Estoy deseando empezar, profesora.

—Bueno. — McGonagall nos sonrió cálidamente. —Os espero en éste despacho dentro de un mes, ya os avisaré.

Escuché la silla de Malfoy chirriar estrepitosamente contra el suelo mientras se separaba de la mesa. Hice lo mismo, mientras sonreía a la directora. Le deseamos una buena tarde y salimos de la habitación.

Andar detrás de Malfoy hacía que me sintiera más pequeña tras esa sombra que dejaba su espalda. Ahora me doy cuenta de que no lo he mirado ni una sola vez en toda la reunión.

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Sábado.

Se está bien fuera en una típica tarde de otoño con temperatura media, tenue y anaranjada luz solar y algunas que otras hojas desparramadas por el suelo: rojas, marrones, verdes, amarillas. Y en medio de este paisaje cautivador se realza la imagen de un atractivo y encantador Stephano Zabini. Esperándome, con las manos en los bolsillos de sus pantalones negros, vestido, en vez de con el uniforme de Hogwarts, con un desarreglado suéter gris de cachemir y su bufanda verde de Slytherin.

—Stephano. — Le sonreí mientras me acercaba, vocalizando lo más espontáneamente que pude su nombre de pila.

—Rose. — La manera en que pronunció mi nombre se me antojó casi erótica. Se inclinó para depositar un pequeño beso en la comisura de mi boca. —Estás muy guapa.

—Gracias. — Le contesté con modestia. —Tú también.

Quizás en otro momento le habría respondido que no tenía por qué mentir, pero, sinceramente, hoy me sentía guapa. Una falda azul que acababa justo por encima de mis rodillas, con unos botines marrones –algo desgastados-, un jersey femenino pero aún así bastante ancho y, por supuesto, mi bufanda azul de Ravenclaw. Para variar, me recogí el pelo en un desordenado moño, dejando pequeños mechones sueltos.

—¿Qué te gustaría hacer? — Preguntó, mientras comenzábamos a caminar.

Me encogí de hombros. —Me da igual ¿Qué te parece dar una vuelta por Hogsmeade?

—Muy bien. — dijo. — Además, tengo que comprar la Nimbus 2025 en Dervish y Banges.

Dejadme decir que Stephano Zabini era la perfección personificada. Lo digo de verdad. Cada minuto es más guapo, tiene un cerebro superdotado, es asquerosamente rico, no duda en defenderme delante de su mejor amigo y es el capitán y buscador del equipo de Slytherin.

Completamente insuperable.

—¿Esa no la tenías en el último partido?

El Slytherin negó con la cabeza. —¿De verdad crees que Gryffindor nos hubiera machacado si la tuviera?

—¡Oh, por fin! — Le golpeé el brazo juguetonamente. —Comenzaba a preocuparme la ausencia de esa arrogancia característica tuya.

—¡Rose! — Se llevó una mano al corazón. —Me has herido… profundamente. Ahora me siento un fracasado.

—Un exagerado, quieres decir. — Le corregí, sonriendo.

Me devolvió el golpe juguetón. — Eso también. Eh, por cierto, le he escuchado a Scorpius que hay que organizar una fiesta Muggle.

Mi buen humor se evaporó en una fracción de segundo. — De temática Muggle, sí, ¿podías no recordármelo?

—¿Por qué no? — Se detuvo, realmente sorprendido. —Pensé que te gustaban esos retos.

—Lo que demuestra lo bien que me conoces. — Murmuré con saña, y me arrepentí al momento siguiente.

—Rose. — Su tono fue tan maduro que me entraron ganas de arrastrarme hasta debajo de la roca de la vergüenza.

—Lo siento. — Le respondí débilmente. —Es que me molesta el hecho de pasar tiempo con Malfoy. Va a arruinarlo todo por el simple placer de molestarme.

—No es verdad. Eres creativa e inteligente, seguro que todo sale bien. — Dijo, tratando de…

… ¿camelarme?

—Soy creativa e inteligente. — Le contesté. —y Malfoy es, simplemente, una mezcla entre repugnante, cruel, miserable y patético.

—Vamos, que tiene algo bueno también. — Continuó Stephano, con expresión divertida.

—Te acabo de decir lo bueno.

Esta vez se rió a carcajadas, colocando un brazo alrededor de mis hombros atrevidamente. No pude evitar reírme con él, aunque lo que dije no había sido para nada una broma. Y entre risas llegamos a Dervish y Banges. Stephano sujetó la puerta para que entrara, lo que hizo que mi cabeza divagara, apuesto a que Malfoy nunca le ha abierto la puerta a una chica.

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Tres horas y cinco tiendas más tarde, Stephano y yo entramos en Las Tres Escobas. Stephano escogió de inmediato una mesa en la parte de atrás, me guió hasta ella aún con el brazo sobre mis hombros y separó la silla para que me sentara. Al chico no le faltan modales.

—Stephano. — Susurré, moviendo la cabeza hacia la camarera. —Esa chica te ha comido con la mirada en cuanto hemos entrado.

El slytherin tomó asiento y me sonrió. —Que halagador.

Como era de esperar, la camarera abandonó su puesto tras el mostrador y se abrió paso hacia nuestra mesa. Su larga melena oscura cayendo en cascada sobre su espalda, moviendo el culo a cada paso que daba. Me hacía sentir vergüenza ajena, francamente, y estoy segura de que se reflejaba en mi rostro.

Con un sentimiento de repulsión en mis entrañas; una simple causa de aversión a este tipo de problemas sociales: camareras de poca monta tirándole los tejos a estudiantes en su cita con otra chica. Es grosero y descortés ¿cierto?

—¿Les tomo el pedido? — La voz de la camarera de poca monta sonó recia; un indudable acento escocés tintado de coqueteo, seducción e insinuación. Mi infalible órgano olfativo pudo percibir un fuerte olor a perfume. ¿Conocéis ese tipo de perfúmenes que captas cinco minutos antes de toparte con la persona que lo porta? Pues ese. Después de examinarla más de cerca, mis ojos detectaron una cara medio bonita bañada en maquillaje. Me parece que hice una descripción bastante precisa.

—Dos cervezas de mantequilla, por favor.— Espeté fríamente, antes de que Stephano pudiera abrir la boca.

La camarera de poca monta me miró como si hasta ahora no hubiera notado que estaba allí. De mala gana, garabateó el pedido y volvió a ignorar mi presencia. Se giró hacia Stephano.

—Si necesitas cualquier cosa, — Giño, giño, sonrisa, sonrisa. —Llámame.

—Lo haremos.— Contestó Stephano, encantador, enfatizando mi existencia.

La chica sonrió persistentemente a Stephano mientras recorría el camino de vuelta a donde pertenece. Detrás de la barra. Para mi mal humor, me fijé en la infinidad de ojos que habían seguido su trasero con la mirada. Para mi gran alegría, sin embargo, los ojos de Stephano estaban fijos en mí.

—Es más el tipo de Scorpius. — Explicó Stephano. —Hablando de Scorpius…

—¿Hablando de Scorpius? — Repetí, alarmada.

Staphano ya no tenía la mirada fija en mí, sino en algo detrás de mí. Su semblante se iluminó mientras esbozaba una ladeada sonrisa. —Buenas, Scorpius.

Horrorizada, giré la cabeza bruscamente y me estremecí al ver a Scorpius Malfoy. Me estremecí porque reconocí su sofisticada, varonil y probablemente cara colonia. Me estremecí porque lo primero que vi fue una camiseta negra grabada con una marca sumamente cara en el pecho. Me estremecí de la manera en que solo lo hago con Scorpius Malfoy.

—¿Qué hay, Stephano? — Muy Malfoy. —Eh… eh… Weasley.

Pronunció mi nombre con claro desprecio.

Lo que provocó que le gruñera en respuesta.

—¿Qué hay? ¿Qué haces por aquí? — Preguntó Stephano, mientras Malfoy continuaba detrás de mi silla.

No necesité darme la vuelta esta vez para saber que estaba sonriendo. —¿Ves esa chica de ahí? — Stephano giró la cabeza hacia la izquierda. —Sí, la rubia. Me está molestando bastante. Nunca he conocido alguien tan impertinente. Excepto, bueno, quizás…

— Ja, ja. — Levanté el rostro para encararlo. —Muy gracioso, Malfoy.

—No hay necesidad de ser sarcástica estúpidamente, Weasley, no era ninguna broma.

—¿Podéis dejar de discutir? — Stephano frunció el ceño. —¿A qué has venido, Stephano?

—Te lo iba a decir ahora mismo.

—Dos cervezas de mantequilla. — Interrumpió la, ya mencionada anteriormente, recia voz de la camarera de poca monta.

Giré la cabeza para encararla. Estaba mirando a Malfoy, después a Stephano y luego otra vez a Malfoy con ese brillo hambriento en sus oscuros ojos. Stephano tomó los dos vasos con una sonrisa, pero Malfoy se quedó parado mirándola sonriente como un lelo.

—Buenas noches. — Dijo Malfoy dulcemente, lo que me irritó bastante.

—Oh, hola. — Contestó la chica casi desmayada. —¿Qué tal?

Clavé la mirada en el suelo comenzando a sentirme incómoda. Stephano se dio cuenta y se llevó una mano a la boca para evitar soltar una carcajada.

—Muy bien, y sobretodo ahora. — Malfoy me había dado la espalda completamente para seguir hablando con la camarera de poca monta a una distancia que yo catalogaría como demasiado corta.

Esto es más que irritante. Esto está infinitamente más allá que lo irritante. Está excediendo lo irritante de tener un mosquito volándote en la oreja mientras intentas estudiar para tus TIMOS. ¿Es que no puede irse a practicar sus técnicas de seducción a otro lugar? ¿Tanto cuesta? Merlín, ya sabemos que puedes conquistar a casi todas las chicas que te propongas en cuestión de segundos, Malfoy, ¿nos puedes dejar solos ya?

—Entonces igual que yo. — Dijo la chica, batiendo las pestañas de tal forma que casi las escucho.

—Lo siento, perdonad. — Me entrometí, en un tono que dejaba más que claro que no lo sentía para nada. —¿Podríais continuar la conversación en otra parte? Stephano y yo estábamos teniendo una maravillosa y privada conversación, así que…

La camarera de poca monta me lanzó una mirada helada mientras que Malfoy se mofaba. —La verdad es que estoy muy bien aquí.

—Scorpius. — Dijo Stephano, utilizando el mismo tono que un profesor hacia su alumno. —Nos vemos luego.

La camarera de poca monta giró sobre sus tacones con un bufido. Se me escapó un suspiro de alivio cuando ya no tuve que verle más la cara. No puedo soportar tanto maquillaje ni acento escocés en tan breve periodo de tiempo.

—No, espera, he venido aquí por algo, te iba a preguntar si querías venir al Club Encantado de esta noche. Necesito esquivar a mi pareja como sea…

¿He mencionado ya lo canalla que es con las chicas?

—Bueno, iría si viniera Rose conmigo. — Dijo Stephano.

—¡No, no! — Mascullé de inmediato. —¡Puedes ir solo si queires!

Los dos chicos me miraron sorprendidos. —¿Por qué no querrías ir al Club Encantado?

Porque estoy absolutamente segura de que me emborracharé como nunca y haré cosas estúpidas. Porque todas las chicas caerán a tus pies y tú estarás encantado de restregarte con todas ellas, y eso me irritará y ya no podré concentrarme en nada más en toda la maldita noche. Porque sé que ninguna chica es rival para mí cuando se trata de Stephano pero eso no me satisface porque Malfoy acabará consiguiéndolas a todas.

Pero no puedo decirlo en alto, por supuesto.

—No me apetece. — Contesté débilmente.

—Venga, Rose. — Dijo Stephano. —Scorpius no va a poner ninguna pega.

—No es que me importe su opinión. — Murmuré inaudiblemente.

—No lo des por sentado. — Murmuró Malfoy casi inaudiblemente.

Stephano lo miró serio. —Scorpius no va a poner ninguna pega. — Repitió más decidido y sin mirarme.

—Está bien. — Dije, indignada. —Iré, aunque solo sea para molestarlo.

—Me siento honrado. — Malfoy hizo una mueca. Después se despidió de Stephano con un tipo de saludo de manos como los chicos duros hacen y me ignoró igual que la camarera de poca monta.

—Y ahora dime, — Stephano apoyó los codos en la mesa y se inclinó sobre ella una vez que Malfoy se había sentado con su nueva chica. —¿Por qué lo odias tanto?

—¿A parte de el hecho de que es gilipollas?

Stephano negó la con la ceba. —Tu tampoco te has portado bien con él, que yo recuerde. Solo quiero saber si ha pasado algo para que os llevéis así.

Oh, sí, Stephano. Definitivamente algo ha pasado.

Su estúpida y encantadora cara es lo que ha pasado.

—Sí, ha pasado algo. — Le dije, honestamente. —Cuando lo conocí por primera vez me dijo algunas cosas que me hicieron odiarlo al instante.

—Cuéntame. — Dijo Stephano, sinceramente interesado.

—A ver, — Tome una bocanada de aire. —Yo estaba en el Expreso de Hogwarts en nuestro primer año. Mi padre me acababa de obligar a que superara a Malfoy en todo lo que hiciera, como un viejo rencor hacia Draco Malfoy, como ya sabes…

Mi mente volvió hacia ese momento. Estaba emocionada, con once años, esperando impaciente a llegar a Hogwarts por primera vez. Las primeras personas que vi en el andén fueron los Malfoy, aunque ni siquiera sabía quiénes o qué eran. El hombre era alto –fuerte, blanco, brillante, fueron las palabras que vinieron a mi cabeza- y la mujer era muy hermosa, una de las hermanas Greengrass según me enteré más tarde. No me había fijado en Scorpius hasta que mi padre me lo señaló y me dijo eso. Recuerdo cómo lo miré, esas angelicales facciones transformadas en una mueca, aparentemente contándole algo a su madre.

—Estaba buscando un vagón libre, — Continué explicándole a Stephano. —Cuando escuché mi nombre y me giré para ver quién estaba hablando de mí, porque no reconocía esa altanera voz. Era Malfoy, y estaba hablando contigo.

Stephano asintió.

—Y evidentemente comencé a interesarme más en vuestra conversación. Quizás recuerdes lo que te dijo, o quizás no, pero yo sí que lo recuerdo. Se me quedó grabado en el cerebro.

—No lo recuerdo. — Admitió Stephano en un murmullo.

—Te lo citaré literalmente: ¿Has visto a esa pelirroja? ¿La chica Weasley? ¿Alguna vez te habías encontrado con alguien tan gracioso? Y cuando le contestaste que no me habías visto siguió explicándote: su pelo… su pelo era como fuego y tenía la piel llena de unas pecas feísimas, oh, y llevaba puesto ya el uniforme del colegio, ¡menuda idiota!

Fue uno de los peores momentos de mi vida. Imagina que estás en mi lugar, llena de alegría por llegar a Hogwarts pero al mismo tiempo atestada de inseguridades.

Dolía, claro que dolía escuchar eso.

—Luego me cansé de escuchar mis propias imperfecciones y fui a sentarme a cualquier vagón.

Stephano miró hacia arriba. —Sí, me acuerdo. Lo llamaste de todas las formas posibles y él ni siquiera se inmutó ¿verdad?

—Sí. — Suspiré. —Parecía tan tranquilo… me miraba como si estuviera loca, y lo sigue haciendo, como si fuera inferior a él.

—Lo siento. — Dijo Stephano. —Lo sé, pero no eres ninguna loca. En cualquier caso estás por encima de él.

—Gracias. — Sonreí apacible.

Definitivamente perfecto.


Vaya -.- mucho tiempo sin actualizar, lo siento muchísimo, pero he estado tan sumamente ocupada que ni siquiera tenía fuerzas de ponerme a escribir. Espero poder mantener un ritmo como el del principio ahora que he sacado un poco de tiempo. ¡Gracias por los mensajes, sois muy geniales! :3 3 Estos... ¿meses? he tenido la cabeza en otra parte, universidad y esas cosas, aunque me va bien :D

Bueno, el Club Encantado me lo acabo de inventar, ya os explicaré jajaja

¿Review por los celos de Rose?