Mil perdones por el retraso de este capítulo, pero unos problemas tecnicos en la laptop de mi novia son los responsables, ya que ella era la que se dedicaba a subir los capítulos, mientras no se solucionen lo haré yo, pero solo podre los fines de semana, espero seais paciente y no abandonéis la historia. Gracias a todas por comentar.
CAPÍTULO 10
MISIÓN AGAPORNI DÍA 7 PARTE 2
El ruido lo había provocado el colchón de la habitación de Emma que bajaban entre David y Henry. El niño no tenía la fuerza suficiente, decidieron que el colchón podía bajar solo, por lo que lo habían empujado, haciendo que rebotara por las escaleras. Las mujeres lo vieron tirado en medio de la sala, y levantaron sus ojos para ver a los dos "trabajadores" que reían a carcajadas.
David miró a las mujeres y no le pasó desapercibida la linda sonrisa que ambas tenían, y el hecho de que sus manos estaban unidas, bajando las escaleras se acercó a ambas.
–Hay que ponerlo al sol para que se seque –explicó el hombre, tomando el colchón para arrastrarlo al patio trasero.
Ambas mujeres se miraron sonriendo y soltando sus manos se acercaron para ayudar. Henry bajó las escaleras corriendo uniéndose a los demás, entre todos sacaron el colchón fuera con facilidad.
David se sacudió la ropa acercándose al perchero para coger su chaqueta.
–Hay que dejar que las láminas de madera del suelo se sequen también –dijo dirigiéndose a la puerta –mañana estará lista la habitación –anunció despidiéndose.
Regina mandó a Henry al baño, y ambas entraron en la cocina para preparar la cena.
La morena lavaba unos vegetales en el fregadero cuando Emma se acercó para coger los platos. Regina cerró los ojos recordando la primera vez que Emma hizo eso, pero a diferencia de aquella vez, la rubia cogía los platos con una mano, mientras la otra se posaba en el estómago de la morena acariciándolo, y sus labios se posaron en el cuello de Regina dejando un tierno beso.
La morena permaneció en silencio sonriendo con dulzura, unos minutos después Emma se encontraba inclinada en la nevera sacando el zumo, cuando la morena se acercó a ella e inclinando el cuerpo sobre el de la rubia le mordió con suavidad la oreja. Emma giró la cabeza para mirarla y sin dejar de sonreír sus labios se acercaron dándose un tierno beso.
–Me muero de hambre –interrumpió Henry al que ninguna de las dos había escuchado llegar, ambas se incorporaron con rapidez mirando al niño, que ignorante de lo que ocurría comenzó a contar a sus madres el trabajo que había realizado con David.
La cena transcurrió entre bromas y risas, ambas mujeres aprovechaban cualquier excusa para tocarse, apartar con cariño el pelo de la cara de una, rozar sus manos al pasarse un trozo de pan o abrazarse con cariño para quitarse la una a otra del fregadero, pugnando por lavar los platos. Henry no percibió todos estos detalles, pero si fue consciente de la sonrisa que iluminó el rostro de sus madres durante toda la cena, y feliz aceptó sin protestar cuando lo mandaron a la cama, pensando que su misión Agaporni era todo un éxito.
***o***
Emma estaba en la cama, había subido a ducharse mientras Regina apagaba y cerraba todo, ahora la morena estaba en la ducha y la rubia la esperaba poniéndose más nerviosa con cada minuto que pasaba.
Regina ya estaba duchada, se había puesto uno de esos camisones de seda que se amoldaba a su cuerpo con cada movimiento, ya estaba lista, pero nerviosa se retrasaba en salir del baño.
Por fin la puerta del baño se abrió, y los ojos de Emma se iluminaron al contemplar cómo el cuerpo de la morena se distinguía al acariciarlo aquel precioso camisón con cada paso que daba.
Regina levantó la sábana acomodándose junto a Emma, sin apagar la luz se volvió hacia está percibiendo que la mujer estaba tan nerviosa como ella.
–Regina yo... –comenzó a decir con nerviosismo Emma, cuando Regina le puso con cariño un dedo en los labios.
–Shh, tranquila –sonrió, comprendiendo que una de las dos debía hacerse cargo de la situación, para pasar aquel momento de nervios que las hacía sentirse incómodas –No tenemos que hacer nada que no queramos –añadió inclinándose sobre la rubia –Solo quiero seguir saboreando tus labios –agregó sonriente, al ver como Emma elevaba sus brazos pasándolos por su cuello atrayéndola.
–Yo también –susurró, antes de que sus labios volvieran a unirse.
Ambas mujeres se movían con lentitud, disfrutando de cada una de las sensaciones que la unión de sus labios les provocaba.
Emma con sus manos en el cuello de la morena comenzó a mover sus dedos introduciéndolos en el moreno pelo. Regina atrapando el labio inferior de la rubia lo acariciaba con los suyos, mientras posaba una de sus manos en el estómago de Emma y subía la otra para acariciarle la cara.
Igual que pasara unas horas antes en el despacho los labios de ambas mujeres fueron perdiendo la timidez, y más confiados se comenzaron a mover con más rapidez, las lenguas disfrutaban de aquellos lugares en los que los labios no llegaban.
La pasión comenzó a abrirse paso, y Emma cuyas manos se encontraban en la cabeza de la morena la atrajo con más fuerza, mientras sus labios se apoderaban de la lengua de Regina, la morena no se dejó amilanar y movió su mano metiéndola bajo la blusa de la rubia acariciando su estómago.
Emma aflojó la presión en la cabeza de Regina, bajando una de sus manos por la espalda de la mujer hasta el final del camisón, apoyándola con suavidad en el muslo de la morena. Una sonrisa se formó en los labios de Regina recordando otra ocasión en la que Emma había tocado su muslo, aquella sonrisa debió traer el mismo recuerdo a la rubia, porque separando sus labios un momento de los de la morena la miró con una sonrisa divertida.
–No está fría ¿No?. –
La morena negó con la cabeza sonriendo para volver a apoderarse de los labios de la rubia, mientras su mano se movía por el estómago y cintura de Emma, dejando un rastro de fuego por cada zona que tocaba.
Emma abandonó los labios de Regina para pasarlos por la cara de está, bajando hasta su cuello, donde comenzó a dejar pequeños besos dirigiéndose a la oreja de la mujer, que mordió con dulzura provocando que los labios de Regina soltaran un pequeño gemido. La morena movió su cuerpo dejando caer su peso sobre el costado de Emma para darle más libertad a sus manos, con lentitud se fueron moviendo por el abdomen de la rubia subiendo hasta los senos de la mujer. Emma separó un segundo su cabeza del cuello de Regina, para soltar un leve gemido al sentir aquellas manos acariciando sus pechos. La morena aprovechó el momento para apoderarse del cuello de la rubia que sin piedad fue besando y mordiendo con suavidad, haciendo que la respiración de la rubia se acelerara por segundos.
Aquellos labios en su cuello y aquellas manos en sus senos estaban volviendo loca a Emma, que no podía controlar su respiración, ni los gemidos que con más rapidez iban saliendo de sus labios. Subiendo la mano por debajo del camisón de Regina la puso en la espalda de la morena acercándola más a ella, al mismo tiempo que intensificaba la presión en la cabeza de Regina con su otra mano.
Regina era consciente de las reacciones que sus labios y manos provocaban en Emma, haciendo que se sintiera poderosa, más poderosa de lo que se había sentido jamás. Ansiosa por seguir descubriendo aquel nuevo mundo de sensaciones, la morena bajó su cabeza dejando un rastro de besos por el cuello de Emma bajando hasta el comienzo de su pecho. La blusa del pijama de Emma era de botones, y con facilidad pero lentamente la morena utilizó su mano libre para ir desabrochándolos, una vez terminada la tarea lo apartó con delicadeza dejando el pecho de la rubia descubierto. Regina levantó un momento la cabeza para contemplar el espectáculo e inconscientemente se pasó la lengua por los labios. Emma que la observaba no pudo evitar soltar una risita nerviosa, haciendo que Regina levantara la cabeza para mirarla.
–Eres preciosa –susurró, volviendo a buscar los labios de la rubia con los suyos.
Emma saboreó con hambre aquellos labios mientras sus manos, más atrevidas, bajaban para subir el camisón, y así poder acariciar su espalda con ambas manos.
Regina incómoda con el camisón a esa altura separó un momento sus labios, e incorporando su torso lo saco por la cabeza para volver a inclinarse sobre la rubia, dejando que su pecho desnudo se apoyara en el de Emma, que no pudo evitar que todo su cuerpo se estremeciera de deseo al sentir aquel cuerpo acariciando el suyo.
Durante un rato ambas mujeres se dedicaron a besarse, mientras sus cuerpos se acariciaban con cada movimiento que ambas realizaban. Pasado un tiempo Regina volvió a tomar el control de la situación, sentía que el cuerpo de Emma estaba preparado para continuar, al igual que el suyo. No tenía la seguridad de que la mente de la rubia estuviera preparada para asimilar todo aquello tan rápido, pero si tenía algo claro, muy claro pensó, bajando sus labios por el cuello de la rubia hasta su pecho. Un rato antes, cuando sus ojos se fijaron en los pechos de la rubia, la mente de la morena le había anticipado el gran placer que le ocasionaría saborearlos, y Regina no estaba dispuesta a dejar pasar la noche sin disfrutar de aquel placer, por lo que sin demorarlo más posó sus labios en aquellos senos que se estremecieron bajo sus besos, mientras los labios de Emma sonreían sin poder reprimir los gemidos que aquellos besos provocaban.
Regina acometió su tarea a conciencia, sus labios no dejaron ni un solo milímetro de aquellos pechos sin saborear, los besaba y lamía incansable disfrutando tanto de las sensaciones que le provocaba, como de los estremecimientos y gemidos que Emma soltaba. Observaba maravillada como su aliento endurecían aquellos pezones, pero seguía rodeándolos sin tocarlos, prolongando todo lo posible aquel deseado momento hasta que no pudo resistirse más. Acercó sus labios a uno de ellos, tomándolo en su boca, rodeándolo con su lengua, para disfrutarlos con toda la lentitud de la que fue capaz. Emma al sentir aquellos labios soltó un gemido mucho más audible, mientras su cuerpo se arqueaba contra aquella cabeza en la que tenía las manos apoyadas, y con fuerza enterró sus dedos en el pelo de la morena para evitar que se alejara.
Regina disfrutó un largo rato de aquel placer, cambiaba su cabeza de uno a otro pecho mientras sus manos se adueñaban del que quedaba libre o recorrían con lentitud el cuerpo de la rubia. Emma acariciaba la cabeza de la morena y sus hombros, mordiéndose los labios para no gritar de placer, no pudiendo soportar más aquella tortura tiró de la cabeza de Regina obligándola a subir hasta su rostro, donde la rubia se apoderó de sus labios besándola con pasión, la misma pasión que Regina puso en su respuesta.
Poco a poco la pasión fue dejando paso a la ternura, y ambas mujeres disfrutaron de ella dejando que sus cuerpos se recuperaran del fuego que unos minutos antes lo habían dominado. Regina separó un momento sus labios de la rubia y apartando con cuidado el pelo de la cara de Emma la miró con intensidad a los ojos.
–¿Estás bien? –preguntó preocupada, acariciando con dulzura aquella preciosa cara.
–Mejor que nunca –susurró, escondiendo su rostro sonrojado en el cuello de la morena.
Regina sonrió con ternura abrazando con fuerza el cuerpo de Emma entre sus brazos, observando por la ventana como la claridad de un nuevo día llegaba a Storybrooke.
MISIÓN AGAPORNI DÍA 8 PARTE 1
Regina no se había dormido, se limitó a contemplar el dulce sueño de Emma que descansaba sin separarse de su cuerpo.
La mente de la morena no descansaba, buscaba la solución a sus problemas sin hallarla. Regina suspiró apretando el cuerpo de Emma entre sus brazos con cuidado para no despertarla.
Al ver la hora se desprendió con lentitud de los brazos de la rubia, y dejó un dulce beso en sus labios arropándola.
Había escuchado el agua del baño de Henry y David no tardaría mucho en llegar, bajando a la cocina preparó el desayuno, atenta al sonido del coche de David, para abrirle la puerta evitando que hiciera sonar el timbre.
Cuando Emma despertó lo primero de lo que fue consciente era de que se encontraba sola en la cama, sonrió pensando que la morena siempre se levantaba antes que ella. Mientras, lo ocurrido la noche anterior llenaba de imágenes su cabeza, por un lado había deseado que Regina no parara ya que sentía su cuerpo arder ante cada una de las caricias de la morena, pero por otro lado Emma se sentía agradecida de lo considerada que había sido Regina, al darle tiempo para ir asimilando aquella extraña y maravillosa situación. Con un suspiro y una gran sonrisa se levantó, dirigiéndose al baño del que salió al rato, ya arreglada, para ir hacia su antigua habitación de la que llegaba ruido de martillazos.
–Buenos días –saludó con una gran sonrisa a David que se encontraba colocando la madera del suelo.
–Buenos días dormilona –saludó el hombre feliz al verla con aquella gran sonrisa –Regina ha ido a llevar a Henry al colegio, me ha dicho que si no tienes prisas la esperes, que no tardará mucho –añadió, incorporándose para acercarse a la rubia.
–¿Quieres un café? –ofreció la mujer caminando hacia las escaleras, el hombre la siguió al momento aceptando.
Emma preparaba el café escuchando al hombre distraída, su mente no podía dejar de pensar en la morena, haciendo que el hombre tuviera que repetir varias veces la pregunta que le estaba haciendo.
–Perdona, estaba pensando en otra cosa –dijo la rubia prestándole atención.
–Te decía que Mary Margaret me ha contado tu plan –Emma guardó silencio dejándolo continuar –No me parece bien irme del pueblo en estos momentos –continuó, haciendo que Emma lo mirara alarmada –Pero entiendo tus razones. Por lo que puedes contar con nosotros –aceptó David, sonriendo al observar la reacción de su hija.
***o***
Regina había llevado a Henry al colegio, sabía que encontraría a Mary Margaret en la entrada, y aprovechó cuando el niño entró para pedirle a la mujer que tomara un café con ella. Mary Margaret la miró extrañada pero sin tardanza aceptó la invitación.
Ambas estaban sentadas en la cafetería con una humeante taza delante, el silencio se prolongaba y Mary Margaret decidió facilitarle las cosas a aquella extraña mujer, a la que de niña había querido con todo su corazón, y que el destino ponía ahora ante ella como la persona a la que su hija amaba.
–Regina –dijo la mujer, haciendo que la morena dejara sus reflexiones para mirarla. –Seguir viviendo en el pasado no nos conducirá a ningún lado –comenzó diciendo –Intentar disculpar nuestras acciones o perdonar nuestros errores nos tomaría toda la vida. Sé que de forma indirecta fui la responsable de que perdieras el amor de tu vida –siguió tomando valor al ver que la morena no la interrumpía –Pero hoy el destino te lo compensa entregándote el amor de mi única hija –añadió, segura de los sentimientos de ambas mujeres, lo que hizo levantar la cabeza sorprendida a Regina para mirarla con más atención. –Soy su madre y aunque no la he tenido junto a mi durante todos estos años, la conozco lo suficiente para entender lo que mi hija siente, al ver el brillo que ilumina sus ojos cuando te mira –aclaró la mujer con una sonrisa –También soy una mujer enamorada, por lo que no es difícil descifrar lo que tú sientes cuando la miras a ella –Regina no contradijo a la mujer.
–Lo que nos gustaría a David y a mí, sería que Emma y Henry salieran de este pueblo para ponerse a salvo –Mary Margaret suspiró llegando a este punto –Pero mi hija ha heredado de nosotros la lealtad hacia la persona amada, y del mismo modo que solo la muerte podrá separarnos a David y a mí, no habrá nada ni nadie que convenza a mi hija para separarse de ti. –
Regina miró alarmada a la mujer al escucharla, no había pronunciado palabra porque no sabía cómo pedirle a Mary Margaret lo que quería, pero las palabras que la mujer acababa de pronunciar le hicieron entender que Emma había logrado convencerla para quedarse. El pánico hizo que Regina olvidara todo su pasado con aquella mujer, y alargando la mano tomó la de una sorprendida Mary Margaret.
–No, no –negaba la morena apretando aquella mano con fuerza –Tienes que ayudarme a convencerla –decía, mientras Mary Margaret veía por primera vez en su vida, como aquellos ojos le suplicaban llenos de pánico.
–Regina –dijo Mary Margaret con suavidad olvidando también el pasado, viendo solo a aquella enamorada mujer que tenía ante sus ojos –Te haré la misma pregunta que Emma me hizo a mí para convencerme de que no cambiaría de decisión –añadió con dulzura –Si la situación fuera al revés, si fueras tú la que tuviera que elegir, irse con Henry o quedarse junto a Emma para luchar. ¿Qué elegirías? –preguntó sin apartar los ojos de la morena, que suspiró al escuchar la pregunta.
–Moriremos ambas –aceptó la morena abatida.
–Eso piensa Emma, por eso quiere que seamos David y yo los que nos vayamos con Henry –admitió la mujer con tranquilidad ,haciendo que la morena volviera a levantar la mirada mirándola extrañada.
–¿No te importa? ¿No te importa que tu hija muera junto a mí? –preguntó alucinada por la actitud de aquella mujer.
–Claro que me importa –aceptó la mujer con una sonrisa –Pero sé que eso no ocurrirá –al ver la mirada interrogante de la morena la mujer continuó –El poder de Emma es increíble y solo hemos visto la punta del iceberg –aseguró la mujer.
–Pero Emma no sabe controlarlo –avisó Regina, repasando mentalmente cada una de las veces en las que había visto a Emma usar su magia.
–Así es –confirmó Mary Margaret –Y por eso David y yo hemos aceptado llevarnos a Henry de vacaciones. Mientras tú dejas de luchar contra lo imposible y te centras en lo importante –decía la mujer cuando Regina la interrumpió con la esperanza reflejada en su mirada.
–Hacer que Emma controle su magia.–comprendió de golpe.
–Exacto –dijo Mary Margaret, alargando una mano hacia la morena en cuya palma reposaban dos lindas alianzas.
–Son los objetos que debes hechizar para David y para mí –anunció segura de que Regina aceptaría.
La morena los cogió mirando con atención a aquella mujer, comprendiendo porque nunca en el pasado la había podido vencer. La fe de Mary Margaret en un final feliz era tan sólida que solo la muerte podría arrebatársela.
–El domingo será un buen día para salir de viaje –anunció levantándose Pasad a media mañana por mi casa para recoger los anillos y a Henry –dijo dirigiéndose a la salida.
–Regina –habló la mujer deteniéndola antes de salir –Creo que a todos nos gustaría una comida de despedida con tu rica lasaña –dijo sonriente al ver como las cejas de la morena se arqueaban de asombro.
–No tientes tu suerte –avisó saliendo, pero sin poder evitar una sonrisa en su rostro, recordando que la rubia también había heredado de su madre aquél raro sentido del humor.
