Buenas. Aquí Emerlé.
Bueno, sé que llego extremadamente tarde, pero la selectividad y el verano (salidas, vacaciones) han impedido que actualice antes. Lo siento mucho de todas formas.
¡La trastienda acabó, pero todavía queda esto! Estas son las escenas eliminadas. Cada una de ellas lleva dónde se iban a incluir originalmente. Y como especial, el final alternativo. Espero que disfrutéis este especial.
PD: Una de estas escenas contiene referencias a la historia The Rainbow Factory. All praise the job of Aurora Dawn!
Capítulo 4: El final eliminado de la reunión de los capos de Rarity.
—Poh fin…—no pudo evitar comentar Lizardfund, mientras se levantaba répidamente en dirección a la salida—; yega a tradá un poquito mah y me pierdo el partío der Trottingham Foreht…
—Ohh, ¿Crees de verdad que será capaz de superar al Atlético Lunar? Yo creo que va a perder, por lo menos por tres a uno…—aseguró Suitbelt, provocando el enfado de su interlocutor.
—No sé qué le veis al húfbol los caballos…—murmuró Rarity, disgustada—es un deporte brutal y poco elegante, con trajes poco trabajados además, en el que veintidós idiotas se pelean por un pedazo de cuero sucio para meterlo entre cuatro palos.
—Tres—corrigió Lucky Chip—. Pero nos gusta porque es emocionante, y hasta patriótico con tu ciudad. Pero seguimos, que me he perdido. ¿Hacemos una porra? O mejor, ¿apostamos? –preguntó el capo, por deformación profesional.
La modista miró durante unos segundos al capo, mientras procesaba lo que había dicho.
—Un momento, un momento… ¿Quieres decir que el húfbol admite apuestas?—inquirió la mafiosa para asegurarse bien.
—Pues claro, jefa, todo admite apuestas —indicó el unicornio—. Venga, vamos a hacer esa porra…
Rarity reflexionó un instante, y después exhibió una gran sonrisa. Aquello podía ser, efectivamente, de lo más interesante.
—Tienes razón, querido. Es de lo más interesante. Siento no haberlo comprendido antes. Informadme… —dijo, sentándose de nuevo—. ¿Cómo va la liga?
—¿Qué'tah tramando uhté, jefa?—preguntó Lizardfund, ansioso. ¡El partido empezaría rápido y no iba a llegar! Estúpido alargamiento imprevisto—: No noh engaña…
—Nada, nada… ¿Cómo va?—dijo ella, ignorando a su subordinado.
—Primero va el Húfbol Club Manehattan—afirmó Music Place, orgulloso.
—Seguido muy de cerca por el Atlético Lunar y el Royal Canterlot—contraatacó Shotgun Hunter.
—¡Venga ya! ¡Todos sabemos de las ayudas que recibe el Royal Canterlot!—gritó Beautifulsea, indignado ante aquel atropello—. ¡Además, esos tres equipos reciben ayudas econónmicas! ¡Está claro que el Baltimare Húfbol Club va orgullosamente cuarto!
—¡Es un equipo de millonarios! —protestó Suitbelt—. ¡El Fillydelfia Club de Húfbol le gana cuando quiere!
—¡Nozotroh leh ganamoh, que'táih arruinaoh!—aseguró orgulloso Lizardfund, para después matizar—: O leh ganaríamoh, zi no tuviéramoh a Trottera de prezi… —se lamentó.
—¡Excusas de perdedores! —gritó Helping Minion, que de joven había militado en los ultras del Ponyville y a pesar de que ahora militaba en segunda seguía la liga todas las semanas sin falta—. ¡Trottera no puede explicar la vergonzosa actuación del Trottingham Forest la semana pasada!
— ¡A callá, que tu equipo ehtá en zegunda!—chilló Lizardfund, y antes de que el pony pudiera replicar se encaró con Luchy Chip y le lanzó—: ¿Y lah ayúah arbitraleh en el partido contra er Lah Pegazuh? ¡Leh pagahteih con fulanah!
—¿Perdona? ¡Nosotros somos los mejores, pero no lo demostramos!—aseguró el dueño de los casinos.
Rarity contemplaba molesta aquela absurda discusión que se había montado en unos instantes. ¿Cómo podían pelear por un deporte? Harta de la situación, la unicornio dio un golpe en la mesa para llamar la atención de los presentes, y todos se volvieron sorprendidos.
—Vale, ya me ha quedado claro que sois todos unos forofos—se quejó Rarity, dejando vagar su mirada sobre los caballos allí reunidos—. Y ahora, informadme. ¿No había una cosa que era el descenso? ¿Cómo va eso?
—Los dos peores clasificados de la liga bajan a segunda división. Sólo el Manehattan, el Royal Canterlot y el Atlético de Cloudsdale no han bajado nunca… Todos sabemos por qué—respondió Lucky Chip, el experto en estadísticas.
—Eso da igual. ¿Quiénes están en descenso?
—El Appleloosa, que no ha ganado ni un partido, y el Real Club Deportivo Equestriano, que pelea con el Trottingham por el descenso.
—Trottera… —murmuró Lizardfund, con un casco contraído en un gesto de rabia.
—¿Entonces, el Appleloosa no ha ganado aún ningún partido?
—No, ni nadie comprende cómo subieron. Qué banda…—murmuró Helping Minion.
Así que había equipos que todo el mundo esperaba que perdieran… Interesante. La unicornio sonrió, satisfecha. Ya sabía cómo aprovecharse de la situación.
—¿Contra quién juega la semana que viene? —quiso saber Rarity, pestañeando con fingida inocencia.
—Contra el Vanhoofer—informó Mailmoney.
—Pues entonces, casualmente ganará, y nosotros, casualmente, habremos apostado todos a su favor. Todos conformes. ¿No, Mailmoney?
—¡No, ni de c….! Está bien—cedió, ante el temor de perder el favor de Rarity.
—Pues entonces perfecto. Tendré que ponerme al corriente. Y ahora idos: no olvidéis lo de Cloudsdale, que a fin de cuentas es lo primordial.
Tras un rato largo de despedidas y apuestas, los capos abandonaron la sala para coger el tren hacia sus respectivas ciudades, dejando sola a Rarity y a Helping Minion. Una vez a solas, la unicornio suspiró y comentó a su ayudante:
—Me ponen enferma cuando se ponen a hablar de húfbol. Sois todos iguales con ese estúpido deporte. Menos mal que ahora puedo tornarlo a mi favor. ¡Oh, mira qué hora es! ¡Venga, ve a los barrios bajos, que yo tengo que prepararle la cena a Sweetie Belle! ¡Venga, venga, mañana me informas sobre la Liga!—apremió, y una vez a solas, pensó en voz alta—: ¿Qué le verán al húfbol? Da igual, dentro de poco tendré un capo mafioso en Cloudsdale. Ya queda mucho menos para mi coronación absoluta…
Capítulo 2, tras la ejecución de Moledigger.
—Moledigger ya está lista—indicó Rarity despectivamente, mientras se alejaba del río. Para cambiar de tema, preguntó—. Snipershot, tengo curiosidad. ¿Qué piensan tus padres y tu novia del hecho de que seas sicario?
—¿Eh?—preguntó Snipershot descolocado—. ¿Qué qué pensaron mis padres de eso? Pues la verdad… —el brillante pony bajó la cabeza, azorado, y después contestó—: es que no lo saben.
Rarity soltó una risita. ¿Cómo era posible que un pony tan familiar pudiera desempeñar un empleo como el de sicario? Intrigada, preguntó:
—¿Y qué piensan tus padres que haces? ¿Y de dónde sale tu marca?
—Cuando yo era pequeño, tenía muy buena puntería. Teníamos un juego de dardos y yo siempre ganaba—recordó el pony—. Mis padres querían que me metiera a hacer tiro con arco, ero a mí me fascinaban más las cerbatanas. Se llevaron un buen chasco cuando mi marca resulté ser un dardo y no una flecha —afirmó—. Simplemente les cuento que me presento a concursos de tiro con dardo. Anda que cuando descubran la verdad…
—Bueno, espero que no lo descubran nunca. Por tu bien y el mío. Y el de la salud mental de tus padres, claro—La unicornio rió, y añadió—: Y otra cosa… ¿Sabes que no está bien mentirle a tu novia, verdad?
Profundamente avergonzado, el sicario rehuyó la mirada de su jefa mientras la risa de Rarity inundaba la orilla del río.
Capítulo 6, tras la reunión de la policía.
—Ha llegado el fin de todo, Support y Rusty Spear—declaró Restraining Chain con solemnidad, mientras los agentes de Rusty y Support charlaban alegremente, conscientes de la dura misión que les aguardaba por la noche—. Recordad, la información que se os ha dado es altamente confidencial. No debe salir de estas salas bajo ningún concepto.
—¿He oído un secreto? ¡¿Qué es, qué es, qué es?!—chilló a pleno pulmón una voz intrigada, antes de responderse a sí misma—: Ah, ya sé: ¡es una fiesta sorpresa! —exclamó, mientras serpentinas llenaban la estancia.
Con la mandíbula desencajada y el labio inferior temblando de puro terror por si le habían oído, Restraining Chain se dio la vuelta. No, no podía ser.
No era un mafioso que pudiera desbaratar su plan, no era un agente doble que traicionara a su cuerpo. No era un sicario que pudiera dar cuenta de él para descabezar a la policía secreta antes del ataque final. Era mucho peor que todas las anteriores. Por fin le habían encontrado, a pesar de todos sus esfuerzos por disimular y no hacerse de notar. Allí, delante de él, estaba Pinkie Pie.
La pony rosa le miró durante unos segundos. ¡Sabía que le había visto en alguna parte, pero no recordaba quién era! Finalmente, sus pupilas se dilataron y pegó un enorme salto al tiempo que gritaba alborazada. Restrainig Chain palideció. Oh, no. Le había reconoido.
—¡Tu eres aquel policía de la comisaría al que tenía que dar una fiesta!—chilló Pinkie a todo volumen, y abrazó al jefe de la secreta inesperadamente—. ¿Cómo es que no me avisaste?
—Esto… —masculló Restraining chain blanco como la cera, mientras trataba de buscar excusas. Si le invitaban a una fiesta estaba todo perdido.
—Se te olvidó con todo el lío de los interrogatorios y de Charming Dawn y de muchas otras cosas, ¿verdad?—inquirió la pony.
Restraining Chain suspiró. Por lo menos Pinkie le había salvado la excusa.
—Seguro que estás muy estresado. ¿Por qué no vienes a la fiesta que voy a dar esta noche? Es para celebrar que por fin las fuerzas de seguridad van a resolver el caso de las desapariciones. ¡Habrá globos, una tarta y una gran fiesta! Incluso te dejaré hacer cupcakes, que no dejo a todo el mundo —dijo en tono confidencial—. ¿Tengo todos los ingredientes?—se preguntó, para después darse un golpe con el casco en la cabeza y afirmar—: ¡Qué tonta, si ya los tengo todos!
El policía exhaló con fuerza. ¿Cómo podía ser aquella pony tan estúpidamente inorportuna?
—Pinkie… Esta noche tengo un operativo muy importante. Si todo sale bien y no me pasa nada, estaré demasiado cansado como para poder animarme en tu fiesta, y ¿a que tú no quieres desmerecer todo el esfuerzo que has hecho? —explicó, y mientras lo hacía se sorprendía cada vez más. ¿Cómo podía estar siendo tan amable si lo que quería era darle cuatro gritos y largarla de su vida para siempre?
Por otra parte, Pinkie parecía bastante decepcionada, y al policía le pareció incluso que se echaría a llorar. Sin embargo, pareció acabar comprendiendo la situación, y después de agitar la cabeza, dijo triste:
—Comprendo, pero tienes que venir a mi fiesta en cuanto termine el operativo. —Levantó la mirada y suplicó—: ¿Me lo prometes?
—Claro—afirmó el policía, compasivo—. Te lo prometo.
Aparentemente más animada, Pinkie Pie se dedicó a dar saltitos hacia su casa, mientras Restraining Chain suspiraba aliviado. Con suerte, estaría en Canterlot para entonces.
—Bueno—prosiguió el policía, como si nada hubiera pasado—. Continuemos con los planes para esta noche. Cuando finalmente…
—¡Ya tengo la lista de los invitados hecha! —chilló Pinkie Pie a pleno pulmón, mientras daba alegres botes frente al asombrado policía, que había perdido todo el color de la piel, y añadió con secretismo—: Te voy a contar todos los planes que he hecho. Voy a durar horas, así que presta atención…
Un grito desesperado que pedía auxilio resonó en todo el pueblo, espantando a los pájaros que se preparaban para dormir y lanzándolos hacia el cielo rojizo del ocaso.
Capítulo 5, durante los interrogatorios. Helping Minion descubre un secretillo de Support.
Restraining Chain se volvió hacia Support y soltó un bufido de frustración. Por muy bocazas que fuera Helping Minion, no era nada fácil sacarle nada en claro.
—Y bueno—inquirió el policía en un momento de desesperación—: ¿vas a decirme al fin quién es tu jefa?
—¡JA!—replicó Helping Minion—: ¡No pienso traicionar a mi organización para satisfacer a un madero y a la puta a la que se beneficia por las noches!
—¡No soy una puta!—saltó la pegaso, deseosa de defender su honor—. ¡Lo que nosotros hacemos por la noche es para liberar tensiones y de mutuo consentimiento!
Helping Minion miró a Support, y después a Restraining Chain, divertido. La pegaso y el poni intercambiaron una mirada incómoda, mientras la risa del prisionero inundaba el aire.
Día 4. La reunión original de los capos.
—Bueno, puedo ver que nuestros negocios van viento en popa—afirmó Rarity pausadamente, y luego aclaró—: Pero no os he llamado sólo para saber el estado de vuestros asuntos. Os he convocado aquí por otra causa —aclaró ella, avanzando pausadamente hacia la ventana, y abriéndola de repente. El frío viento invernal entró repentinamente en la sala, causando que todos tiritaran por un instante. Rarity sonrió y preguntó—: ¿Qué veis en el cielo?
—Paharillo—comentó Lizardfund, confundido por la pregunta—. ¿Qué zi no?
—No, idiota —murmuró Rarity, molesta—. Otra oportunidad. ¿Qué veis?
—Nubes —afirmó Beautifulsea, tan extrañado como Lizardfund.
—Exacto, nubes —repitió ella sonriente.
Todos los capos se miraron extrañados, sin comprender en absoluto las intenciones de su jefa. Lizardfund trataba de comprender, Lucky Chip se limitaba a mirar de reojo, y Helping Minion miraba estúpidamente a las nubes. Ninguno hablaba, intentando desentrañar aquel misterio. ¿En qué reunión seria miraba la gente las nubes?
—¿Y qué tienen de especial? —cuestionó al fin Music Palace—. Son sólo nubes, ¿o nos quiere poner a ver formas en las nubes?
—No exactamente. Mirad allí, a lo lejos—ordenó la mafiosa, moviendo un casco hacia el cielo con aire misterioso—. En esta sala están Baltimare, Las Pegasus, Canterlot, Ponyville, Trottingham, Baltimare, Fillydelphia y Manehattan. No están aquí todas las ciudades. Falta una. Falta Cloudsdale.
Todos los jefes mafiosos retrocedieron, espantados. Ninguno de ellos había pensado en aquella posibilidad. Ninguno de ellos creía que pudiera haber alguien tan loco como para ascender a la cerrada sociedad de Cloudsdale, e intentar vivir para contarlo. Incluso Lucky Chip y Helping Minion retrocedieron, intimidados.
—¿A…a Cloudsdale? —inquirió Lizardfund incrédulo, con la voz entrecortada—. Jefa, con toh lo rehpeto uhté ehtá mar der tarro…
—No, en absoluto. Mi cabeza funciona perfectamente, gracias por preocuparte—aseguró la mafiosa con ironía.
—Pero nadie nunca ha coseguido nada por allí, ni siquiera Roam Knight… ¿Quiere superarle?
—Por supuesto. ¿Crees acaso que él desearía que nos mantuviéramos lejos de un mercado tan interesante, o que querría que desangráramos a nuestros ponis para hacernos con él?—preguntó Rarity agresivamente, para después asegurar en tono grandioso—: Esté donde esté, el viejo me mirará, y pensará que le he superado, y se regocijará. En el fondo—afirmó Rarity con una sonrisa—, nunca le superaré a él, ni siquiera así.
—Lo…lo que usted diga…—balbució Suitbelt, aún en shock, pero intentando parecer sereno para no perder el favor de su jefa—. De todas maneras, no creo que lo logremos… ¿Sabe qué fue de los últimos que intentaron instaurar una mafia en Cloudsdale?
Tras la pregunta, en la sala se instalo un incómodo silencio durante algunos breves instantes. Por incómodo que fuera reconocerlo, Suitbelt se había limitado a expresar el sentimiento general. La jefa de la mafia se limitó a intentar tranquilizar a sus jefes regionales y afirmó con indiferencia:
—Claro que sí. ¿Qué te hace pensar que no? Pobre Moonchaser… Mandó a sus mejores efectivos para nada. Aún no he visto un arco iris más bonito—comentó la unicornio con sorna, para después decir—: Pero yo no pienso hacer eso.
Los capos quedaron de nuevo en silencio durante algunos segundos, intercambiándose miradas interrogantes, algunas dubitativas y otras interesadas. Bien era cierto que Rarity, siendo una completa desconocida años atrás, había llegado a liderar la mafia, pero ¿sería capaz de superar las barreras que imponían el aislamiento de Cloudsdale?
—¿Cuál es el plan de acción?—preguntó Mailmoney con cierto escepticismo.
—Verás, como todos sabéis, en Cloudsdale hay que aprobar un examen de vuelo —explicó Rarity, pasando por alto el tono de su subordinado—. Aquellos que aprueban son miembros de pleno derecho de la sociedad cloudsdaliana. Los que no…—Dejó entrever Rarity con una sonrisilla, mientras pasaba su casco por su cuello. Los jefes asintieron levente, mientras la unicornio continuaba relatando—: Pero seríais muy ingenuos si pensarais que aquellos pegasos que no pueden volar se resignan a su destino. Hay grupos en Cloudsdale que se dedican a distribuir sustancias que aumentan la capacidad de vuelo, anabolizantes, proteínas…
—¿Y por qué fracasó Moonchaser?—inquirió Helping Minion con semblante serio.
—Moonchaser no colaboró con las organizaciones autónomas, sino que intentó eliminarlas directamente. Como es totalmente lógico, los pegasos que componían aquellas organizaciones no aceptaron que unos extranjeros controlaran su mercado, y se desató una guerra de bandas. Esta guerra acabó por dejar al descubierto ambas organizaciones, así como aquellos que se habían aprovechado de sus servicios. ¿Sabéis que el mismísimo teniente de gobernador de Cloudsdale fue ejecutado?—Ante la expresión de temor de sus capos, Rarity proseguió—: Para que veáis que allí no se andan con chiquitas.
—Una explicación muy detallada, jefa—dijo Lucky Chip, para después agregar—: Pero aún no nos ha explicado su plan.
—Ah, sí, me he dejado llevar. Lo siento—se disculpó la unicornio, azorada—. Nuestro plan es bien sencillo. Unificar a los grupos supervivientes que han quedado enfrentados tras la caída de Moonchaser, y usarlos como carne de cañón. Obtendremos una parte de los beneficios de las ventas de anabolizantes, y eso no hará más que abrir el mercado de Cloudsdale. Cuando os queráis dar cuenta —afirmó Rarity con aire de superioridad—, habrá en esta sala un capo más.
— Al que podremos ver desde la ventana—apostilló Suitbelt con ironía, y Lizardfund soltó una risilla.
—No te creas, va a ser más fácil de lo que pensáis—rebatió Rarity, molesta por el comentario de su subordinado—. Pero no venderemos droga aún: algún pony de subidón podría despertar sospechas. Por supuesto, todo se llevará a cabo con el mayor secretismo posible. Mailmoney, ¿crees que podrías adaptar tu sistema de contabilidad B para que nadie sospeche nada?
—Sin duda—afirmó el capo con seguridad—. Aunque la policía de Vanhoofer no sea tan implecable como la de Cloudsdale, el sistema funcionará perfectamente.
—Entonces no pasa nada. Tu incapacidad para eliminar a la policía nos va a venir hasta bien.
—No es incapacidad, es que en Vanhoofer son muy rectos—se defendió Mailmoney.
-Hasta los puritanos más idiotas tienen una semillita de mal que, si se riega adecuadamente, crece mucho y muy bien. —El pony hizo el amago de responder, pero su jefa le interrumpió—: Corta el rollo. ¿Qué os parece mi plan?
—Perfecto—aduló Helping Minion—. Va a ser usted recordada como la mejor de las jefas de la mafia.
—Pero ¿seguro que no va a pasar nada si intentamos controlar a las bandas?—inquirió Lucky Chip, mucho más escéptico con el plan de su jefa—. Su plan tiene otros dos fallos más: ¿De verdad cree usted que van a dejar entrar a pegasos provenientes del exterior así como así, sin hacerles ningún control? Y más importante aún. ¿Tenemos efectivos que nos puedan informar de la situación actual de la ciudad?
Los ojos de Rarity se clavaron en los del jugador, y después en los de Helping Minion. A su vez, el unicornio dirigió una mirada asesina a su rival y cuando los ojos de su jefa se clavaron en él, la expresión de odio se trocó en otra de sumisión.
—¿Ves, Helping Minion? Algunos se ganan mi favor diciendo cosas útiles—aseveró Rarity. El unicornio suspiró aliviado porque la bronca no hubiera ido a más, y después se dirigió al otro unicornio –. Por otra parte, Lucky Chip, te equivocas y aciertas. Por suerte, Rainbow Dash se ha ido a las nubes, y puedo sonsacarle cierta cantidad de información. Lo de los efectivos nacidos en Cloudsdale sí va a ser peor…Puta Charming Dawn… Para una vez que iba a resultar útil…
—Yo tengo a mi tercera Seagull, que es de allí—afirmó Mailmoney.
—Y yo tengo a Cloudtaylor, que también es de allí—informó Suitbelt.
—Una de mis proveedores es hijo de un examinador —comentó Music Place.
—Mi pareja está relacionada con uno de los nuevos jefes, y puede colaborar en nuestra causa —observó Shotgun Hunter
—Y yo no tengo a nadie, pero yo zoy un pajarraco —bromeó Lizardfund—. Iguá cuela.
—¡Ja, ja, ja!—rió Rarity—bromas aparte, creo que con vuestros efectivos me basto y me sobro. Gracias a todos, sois los capos que me merezco, aunque la lieis—murmuró, mirando alternativamente a Helping Minion y Lucky Chip—. Si no tenéis nada más que decir, podemos dar por finalizada nuestra reunión ordinaria. Id con cuidado.
A pesar de la despedida de su jefa, los capos , Rarity incluida, estuvieron un buen tiempo discutiendo el plan de Clouddale, poniéndose al día, o simplemente contándose anécdotas o hablando de los últimos resultados de húfbol que acabaron por extinguirse y, finalmente, todos partieron hacia sus hogares.
Y por último, el final alternativo: Sweetie Belle la chivata.
La puerta de la trastienda emitió su habitual chirrido cuando Rarity la abrió con su particular llave. La unicornio tardó algunos segundos en cerrar la puerta, sumida como estaba en su felicidad. Todo había salido genial en la entrevista con Celestia. Aquella misma noche acabarían deteniendo a Restraining Chain. Y más importante aún: había podido comprobar que era incluso más poderosa que Celestia.
Moonchaser, Restraining chain, la misma Celestia… Todos desaparecidos bajo su poderoso casco. Todo aquel que se había opuesto a ella había terminado por desvanecerse. La unicornio se sentía totalmente extasiada. ¿Había alguien capaz de pararle los pies en toda Equestria? La unicornio se tomó su tiempo antes de abrir la puerta de su despacho para preparar la llegada de Restraining Chain. No. Definitivamente no había nadie capaz de pararle los cascos.
—¡Hermanita!—chilló Sweetie Belle, antes de abalanzarse sobre su hermana para abrazarla. Cuando al fin se separaron, afirmó—: ¡Tengo que decirte una cosa!
—Ahora no —se quejó la unicornio, molesta, tan concentrada en su misión que no se había dado ni cuenta de la presencia de su hermana—. Tengo cosas que hacer.
—Pero, hermanita, que es importante…—se quejó la potranca con voz triste.
—¡Sweetie Belle, vete ya a tu cuarto!—gritó la unicornio, enervada.
Sweetie Belle retrocedió unos pasos, con los ojos llenos de lágrimas. Rarity, al ver la escena, se enterneció y abrazó a su hermana, que pese a la resistencia inicial acabó devolviéndole el gesto. Cuando se separaron unos segundos después, la unicornio quiso saber:
—¿Y bien? ¿Qué es lo que querías decirme?
—Verás—Sweetie Belle puso su mejor cara de orgullo, y comenzó su relato—: Verás, ayer descubrí este sitio mientras jugaba al escondite con Apple Bloom, y aunque al principio me asusté mucho, acabé explorando este sitio con ella, y viendo todas esas cosas tan difíciles que has hecho, y tus amigos, ¡y me han encantado! —La unicornio, cada vez más pálida, contuvo las ganas que tenía de vomitar—: ¡Así que se la he contado a todos los periódicos para que todos sepan lo magnífica que eres!
Como posesa, Rarity se lanzó sobre los periódicos que sus ayudantes le dejaban sobre la mesa y los ojeó con los ojos desencajados de desesperación. ¡Escándalo en Ponyville! ¡Elemento de la armonía, presunta criminal!, rezaban los titulares. Tras gritar que aquello era sin duda lo peor que le podía pasar, la unicornio se echó al suelo, sollozante.
Cuando oyó el chirrido de la puerta, Rarity se volvió lentamente. La policía secreta, liderada por Restraining Chain, acababa de entrar.
—¡Sweetie Belleeeeeee!—chilló la unicornio, haciendo que toda la estancia retumbara.
Mil gracias a aquellos que se han dignado a esperar este medio año de Trastienda. Ha sido posible gracias a vosotros. Estoy trabajando en una secuela y una precuela, pero no subiré los primeros capítulos hasta que ya lleve unos cuantos escritos. Pero antes, tengo otro trabajo pendiente: una historia de Pinkamena, que pienso subir antes de que termine la semana.
Publicidad descarada de Jothabe: La historia de Equestria está llena de grandes acontecimientos. La caída de Discord, la tiranía del Rey Sombra, la rebelión de Nightmare Moon, la liberación de Tirek... De todas ha salido bien parada. Pero, ¿qué ocurriría si alguien quisiera alterar el curso de los acontecimientos? ¿Qué ocurriría si alguien quisiera cambiar lo que sucedió en el pasado para sus propios fines? Gracias a Starswirl y los hechizos temporales que descubrió, nada sería tan sencillo.
Por fortuna, existe una defensa contra estos ponis que pretenden aprovecharse de su magia para cambiar el pasado en su propio beneficio. son los vigilantes de la historia de Equestria. Valientes ponis cuya misión es impedir que la historia cambie, manteniendo lo que ha sucedido.
Esta semana, descubrid la historia de estos valientes vigilantes del pasado.
