Capítulo 10: Audición
Yoongi estaba en mitad de una de sus «clases» con Jungkook y Namjoon cuando el teléfono comenzó a sonar estridente con una llamada de Jimin.
Para dar un poco de contexto, el trío estaba en el parque más cercano a la universidad. Los dos mayores tenían que hacer tiempo antes de entrar a clases, por lo que el menor había aprovechado e ido a practicar un rato con ellos. Tanto Yoongi como Namjoon habían tomado asiento en una banca, mientras que Jungkook se mantenía de pie delante de ellos, caminando de un lado a otro, tratando de soltar rimas con palabras que ambos mayores le iban tirando al azar.
El problema no era que no rimara, sino que las frases eran un tanto vacías.
—Mira Jungkook, no es que lo que dices pareciera dicho por alguien del prescolar, pero…
—Aún va al prescolar —agregó Namjoon en broma.
El menor pronto infló las mejillas inconscientemente. No toleraba tan sencillamente las bromas ácidas de los chicos.
—Al menos yo no estoy en edad para retirarme —soltó tras varias bromas que había tenido que soportar a lo largo de aquella hora.
Y aunque parecía verdaderamente enojado con ellos, tanto Namjoon como Yoongi lo miraron con asombro. El mayor soltó un «Wooooh» a la vez que Namjoon le aplaudía y fingía hacerle reverencias.
El chico se avergonzó sin comprender qué demonios estaba pasando.
—¿Lo ves? —dijo Suga finalmente—, así es como deberías rapear —le alentó—. Saca todo lo que llevas guardado dentro, no pienses en frases que queden bonito o todos los versos trillados. Saca lo peor de ti. Que el mundo lo vea y se lo tenga que tragar.
Jungkook parecía algo abrumado por toda esa ideología nueva que se estaba metiendo en su cabeza.
—Pero no hay nada malo en mí —dijo burlonamente, con una sonrisa pícara a la que Yoongi se había terminado de acostumbrar.
Ambos rodaron sus ojos en respuesta. El muy engreído, siempre soltando ese tipo de comentarios.
—Suga se refiere a que expreses lo más sincero de ti —retomó Namjoon entonces, mirando seriamente al muchacho—. Eso es lo que logrará que te diferencies del resto de la gente.
Jungkook asintió, tomando en serio lo que le decía. A veces podía parecer que solo payaseaban, pero en realidad el muchacho era bueno escuchando y absorbiendo cada detalle de su aprendizaje. Yoongi se dio cuenta de que no sería tan fastidioso como creía, y pronto comenzó a alegrarse de haber dicho que sí, en cierta manera. Después de todo, le agradaba encontrar excusas para pasar su tiempo con Namjoon, y discutir sobre rap y hip hop entre los tres lo ayudaba a reconsiderar varias cuestiones que él había ignorado con anterioridad.
Siempre es bueno intercambiar ideas con los demás, después de todo.
—Comencemos de vuelta —dijo Yoongi, y Jungkook se frenó delante suyo, mostrándole que estaba listo para empezar a improvisar una vez más—. ¡Marea!
Jungkook abrió los ojos inmensamente, y Yoongi pudo detectar que detestaba que se lo pusiera un tanto difícil siempre que lo tomaba desprovisto.
Namjoon añadió sonido de beatbox para motivarlo, mientras que Jungkook soltaba varios «yeah» y «aja» para hacer tiempo mientras pensaba.
Para qué mentir, a Yoongi también le divertía torturar un poco a ese niño.
—Ah, ¿qué rima con marea? —dijo riéndose de sí mismo.
Namjoon se cubrió el rostro al segundo, para ocultar la tonta sonrisa que se estaba formando en su boca. Yoongi gritó al aire con frustración, pero Jungkook solo se reía con timidez. Sabía que no estaban molestos con él en realidad, pero eso no quitaba que fuera o no una situación frustrante.
—Oh, esperen —dijo entonces, poniendo un rostro serio inmediatamente, y ambos lo miraron muy atentamente, mientras el muchacho extendía su palma en dirección a ellos, pidiéndoles silencio a pesar de que ninguno había dicho nada más desde entonces—. Marea —repitió, agarrando el ritmo—. Si me encuentro en la marea, ¿cómo esperas que lo vea? Y no quiero darte pena, pero es que aunque no lo creas, me dicen ciego, pero yo niego que lo sea, yeah.
»Sin vergüenza, de la realeza, sin conciencia ni cabeza, un bebé sin experiencia, lo negaré todo y así no lo veas —y tras un momento de duda, añadió—: yeah.
Namjoon estalló en risas ante el agregado final, y aunque Yoongi tenía una infinidad de correcciones para hacer, se puso de pie y aplaudió al muchacho. Al fin y al cabo, recién estaba aprendiendo a improvisar.
Jungkook fingió una reverencia sonriendo un tanto abochornado.
Namjoon comenzó a decirle que otras rimas más acorde podría haber usado, y mientras Jungkook iba asintiendo con seriedad y los ojos fijos en él, el sonido del teléfono de Yoongi interrumpió el momento y los desconcentró a ambos de lo que estaban hablando. Suga se disculpó y estuvo a punto de cancelar la llamada, hasta que reparó en el nombre de Jimin y su imagen de perfil anunciándolo ante él.
Yoongi se quedó por un momento sin saber qué hacer. Así que, tras pedir disculpas, se apartó unos metros de los muchachos y atendió el llamado donde estaba seguro que no molestaría ni tampoco le oirían.
—¿Jimin? —preguntó, a pesar de que sabía que solo podía tratarse de él.
Por un breve instante no hubo más que silencio del otro lado. Yoongi creyó que quizás se había equivocado de número, hasta que entonces oyó la voz del rubio. Dulce, como una seda.
—Yoongi, ¿me escuchas? —el chico había alzado un poco la voz. Quizás no tenía buena cobertura.
—Sí —respondió—, ¿todo bien?
Otra pausa. Definitivamente había algún tipo de problema con la línea.
—Yoongi, tenía que decírtelo —soltó de pronto el muchacho, tomando al otro desprevenido y totalmente perdido—, tienes que saberlo…
—Jimin, no me asustes —se apresuró el mayor, sintiendo sus latidos golpeando en el pecho—, ¿qué ocurre?
—Acaban de llamarme —dice, con la voz de quien está perdido—, por una obra en la que había audicionado hace medio año —explicó—. Me dijeron que tuvieron que posponerla, que por eso no me habían llamado antes. Quieren que vaya a una segunda audición.
Yoongi no comprendió qué estaba ocurriendo en un primer momento. Había escuchado con total claridad las palabras de Jimin, pero estaba en mitad de un bloqueo. Las ideas no terminaban de unirse al razonamiento de su mente.
Jimin iba a ir a una segunda audición. Le estaba llamando para contarle algo importante.
—¿Cuándo? —fue todo lo que pudo decir.
—Mañana en la tarde.
El día siguiente sería martes. Yoongi tendría que asistir a clases. Sin embargo, no podía hacerse la idea de mantenerse sentado en un sitio soporífero donde lo atacarían constantemente las dudas y preguntas respecto a su amigo.
—¿Dónde estás? —fue lo siguiente que pudo decir, tras haberse tomado el tiempo para pensar.
—Estoy en la academia. Acaban de llamarme hace nada —contó, y Yoongi percibió un tono extraño en su voz—. Hyung, estoy muy nervioso. ¿Qué pasa si me va mal? ¿Y si no vuelvo a tener una oportunidad como esta? ¿O si acaso va gente mucho más talentosa que yo?
A Yoongi le hubiera gustado tener al muchacho delante suyo para aclararle un poco las ideas sacudiéndolo, quizás. Tuvo que suprimir un gruñido para evitar que Jimin se burlara de él, pero lo cierto es que no podía tolerar aquella actitud viniendo de alguien como el rubio. Sentía que sus dudas eran infundadas, y que realmente no tenía motivos para ser tan desconfiado. Pero al mismo tiempo, comprendía por qué carecía de toda aquella confianza. Que sus dudas no habían aparecido de un día para el otro porque sí. El historial de Jimin le aclaraba lo suficiente el panorama.
—Iré a buscarte —dijo Yoongi, con una determinación que nunca había tenido.
Y si bien estaba decidido, algo se encogió dentro suyo. Sintió que estaba dando un paso algo osado, a pesar de que fuera una acción insignificante. Pero si deseaba estar allí para él, a su lado, y quería demostrárselo, ¿por qué no?
Estaba a punto de preguntarle por la dirección, hasta que el rubio carraspeó al otro lado del teléfono celular, frenando a Yoongi de seguir hablando.
—Te lo agradezco mucho Yoongi —dijo el chico—, pero Jian dijo que vendría por mí hoy.
Nada. Eso fue lo que quedó de la ligera emoción que se había estado formando en Yoongi. Y a su vez se culpó a sí mismo, porque estaba actuando de manera infantil, tonta e impulsiva. Además, ¿qué era eso de andar desilusionándose al respecto? Por supuesto que Jian estaría allí para irle a buscar antes que él. Era obvio que llevaran una rutina como aquella. Después de todo, eran pareja, y debía ser común y aceptado de esa forma.
Excepto que Yoongi no pensara que Jian lo mereciera.
«No es asunto tuyo», se dijo a sí mismo. Porque debía recordarse que no era alguien importante en la vida de Jimin. Solo era un amigo. Más cercano a un conocido que otra cosa. Alguien con quien pasar el tiempo y charlar de vez en cuando. Alguien en quien podía confiar, sí, pero nada más allá de la amistad.
«¿Hasta dónde pretendes llegar?»
Yoongi se sintió arrastrado por aquella gama de pensamientos, llevándolo a un sitio indeseado. Quiso tener un interruptor de apagado a mano, como cuando la luz de una habitación te ciega los ojos y lo único que debes hacer es apagarla por un rato. Así se sentía cada vez que su cabeza trabajaba de forma innecesaria. Necesitaba una pausa. Un momento de oscuridad silenciosa y apaciguadora.
—Aún no sé si decirle —dijo entonces Jimin, retomando la conversación de forma inesperada.
Yoongi no comprendía a qué se refería.
—¿Te refieres a Jian? —inquirió el chico de cabello celeste.
—Ajá —se oyó del otro lado—. Es que a veces se pone un tanto pesimista.
Yoongi apretó el puño libre con fuerza. Se alegró de que Jimin no le estuviera viendo en aquel momento. Ni de tener a su pareja cerca suyo. De tal forma, no le habría importado si actuaba bajo la obra de un impulso o no.
—¿Se molestaría si luego se enterara? —preguntó Yoongi tras haberse asegurado de mantener la calma.
Jimin soltó un ligero «Oh» al teléfono. Yoongi supo que había dicho lo más adecuado. Después de todo, no podía ponerse a conspirar en contra de la persona a la cual Jimin había elegido (por una razón desconocida).
—Gracias Yoongi —dijo la voz suave del rubio.
Yoongi no pudo evitar sonreír al oírle. Qué importaba, si de todas formas no le veía. Y lo hacía malditamente feliz escuchar que el chico estuviera agradecido con él. Más aún, el reciente descubrimiento interno de que Jimin había elegido confiar en él por encima de su pareja.
Sintió que los latidos de su corazón daban brinquitos, y esa sensación embriagadora volvía a abatirlo y levantarle los ánimos al mismo tiempo. Era tan extraño, pero al mismo tiempo no se atrevía a ahondar en el asunto. Se sentía al borde de un mar de aguas negras. No podía ver nada desde arriba. Si se zambullía, quizás acabara aún más perdido que antes.
—Nos vemos —dijo antes de colgar.
Cuando volteó para dirigirse nuevamente a donde estaban sus amigos, se encontró con que ambos lo observaban fijamente desde el banco, escrutándolo con la mirada. Yoongi se dio un pequeño susto, y se obligó a mantener la calma, porque comenzaba a imaginarse lo que pronto se avecinaría en cuanto se acercara a ellos.
—¿De qué me perdí? —dijo como si nada, tratando de obviar la llamada reciente.
Ninguno apartó los ojos de él.
—¿Quién era? —consultó Namjoon, cuyos ojos eran más serios, inquisitivos.
—¿Era Jimin? —preguntó Jungkook sin rodeos, quien a diferencia del otro, parecía tener una curiosidad más inocente.
Yoongi deseó haber encontrado una manera más sencilla de evitarse toda aquella charla, o efectiva, al menos.
Después de todo, ¿no le había llamado Jimin para confiarle algo a él?
Solo a él.
Siquiera al inepto de Jian.
Ah, nuevamente estaba en las nubes.
Sin embargo, la situación del momento requería que pusiera los pies sobre tierra firme. Y que analizara minuciosamente. Después de todo, ¿qué podía decirle a ellos realmente? Claro que Jungkook era el mejor amigo de Jimin, no tardaría mucho en enterarse de la noticia. Pero quizás no estaría bien que se enterase por él. Y en cuanto a Namjoon, bueno, no es que le afectara realmente de alguna manera. O eso creía. Al fin y al cabo, ellos apenas se conocían.
Aún así, no podía fingir no haber hablado con él. Seguramente le habían escuchado decir su nombre en algún momento, o el de su pareja, que ya era una pista enorme.
—Era Jimin —afirmó al fin, tomando asiento entre ambos jóvenes, siendo aquel el único espacio disponible en el banco de madera.
—¿Ocurrió algo? —continuó Namjoon, tratando de descifrar la expresión de su amigo.
Yoongi negó. Luego asintió. Y entonces volvió a negar, sintiéndose en medio de una mierda muy complicada. Su cabeza era un desastre.
—¿Pero entonces por qué te…? —las palabras de Jungkook se apagaron en cuanto sonó el tono de mensaje en su celular. Cuando este lo sacó de su bolsillo, leyó con suma atención y estuvo a punto de dar un sobresalto al final—. ¡Jimin tiene una audición! —gritó, sin apartar los ojos de la pantalla, releyendo nuevamente para asegurarse de que no había malentendido ninguna palabra de aquel texto. Entonces sus ojos voltearon hacia Yoongi, quien tenía las mejillas ligeramente sonrosadas—. Jimin tiene una audición —repitió—, ¿y te llamó a ti primero para contártelo?
Dicho con aquellas palabras, parecía algo brusco. Pero viendo su rostro, Yoongi adivinó que Jungkook en realidad no estaba molesto. Más bien, parecía asombrado. Sus orbes lo observaban bien amplios, como tratando de descubrir al ser que tenía a su lado. El de cabello azul no lo culpaba. Después de todo, nadie tenía una idea muy clara respecto a la relación que ambos habían desarrollado aquel último tiempo.
(Siquiera ellos mismos).
Al ver que Yoongi no tenía palabras para responder adecuadamente, Namjoon salió en su rescate:
—Vaya, eso es genial —Su asombro era genuino—. ¿Audición para qué?
Jungkook salió de su trance, y se volvió hacia los mayores para explicarles con detalle:
—Jimin tuvo una audición para un musical hace ya medio año. Necesitaban bailarines, por lo que no tendría un papel protagónico, pero era el tipo de trabajo al que aspiraba. No lo volvieron a llamar, y como era de esperarse, lo dejó devastado. Ese tiempo había estado en una muy mala racha, además. Esa obra era su última esperanza —dijo bajando la voz, como si de pronto se hubiera arrepentido de decir aquello. Sin embargo, miró a Yoongi, quien reflejaba en sus ojos la enorme curiosidad que lo agobiaba respecto al asunto. Finalmente, decidió decir—: Desde entonces Jimin no volvió a hacer audiciones. Siempre se ha excusado con el trabajo y las clases de danza, pero la verdad es que creo que había perdido la fe en sí mismo.
—Entonces esta segunda audición es realmente importante —dijo Yoongi, más para si mismo que a los demás.
Jungkook afirmó en un gesto. Los tres se sumieron en un silencio un tanto incómodo. Pero lo cierto es que ninguno sabía bien qué decir a continuación. No porque no tuvieran una opinión al respecto, sino porque no querían hablar aún más sobre la situación de Jimin. Namjoon apenas le conocía, y hubiera estado un tanto fuera de lugar. Jungkook lo conocía más que nadie. Y Suga… ¿Era su confidente, cierto?
—No sabía que Jimin y tú fueran amigos —dijo Namjoon de la nada, como un comentario al azar.
El color en las mejillas de Yoongi se acrecentó. Por alguna razón, no quería tocar ese tema. En lo absoluto. Sin embargo, sus amigos parecían demasiado interesados el respecto, porque Jungkook se unió al interrogatorio.
—Yo tampoco —confesó—, ¿desde cuándo se llevan tan bien?
Yoongi no tenía idea. Su mente se había puesto en blanco. Tan solo pensaba en las sonrisas que el rubio le había dedicado aquel último tiempo. Las carcajadas que soltaba con las payasadas de Yoongi, atípicas, pero que divertían de la forma más honesta al muchacho.
¿En qué momento había comenzado a confiar Jimin en él? Aquello no era algo que pudiera responder nadie más que el chico. ¿Por qué? Lo mismo. ¿Y cómo era el caso de Yoongi? Bueno, él…
—Debe ser porque soy un tipo muy social —dijo Yoongi en respuesta. Observó a ambos con una media sonrisa, achicando los ojos por la luz del sol que justo caía sobre sus ojos.
Ambos otros suspiraron ruidosamente.
—Si Jimin confía en ti, Suga, entonces no debes ser tan duro como nos quieres hacer creer —comentó Jungkook, mirándolo burlonamente.
Yoongi estuvo a punto de replicar, pero Namjoon le ganó de antemano.
—De hecho es bastante blandito —dijo apoyando al más joven en su comentario.
Yoongi se puso de pie, ofendido, y comenzó a farfullar mientras comenzaba a caminar lejos de ellos, diciéndose a sí mismo que estaba demasiado grande como para soportar aquellas idioteces.
—¡Suga! —le llamó Namjoon, a la vez que ambos lo alcanzaban—, lo siento hermano.
Yoongi se detuvo en su lugar. Rara vez Namjoon lo llamaba de esa forma. Usualmente lo hacía cuando notaba que el chico de cabello color celeste estaba preocupado o decaído por algo. ¿Acaso notaba que todo aquello lo afectaba irremediablemente?
Quizás lo estaba subestimando.
—Ya es hora de ir a clase —dijo sencillamente.
Era el día de la audición. Yoongi le había preguntado la noche anterior a Jimin a qué hora debía estar en el teatro, y le había dicho que antes de las seis de la tarde. Yoongi agradeció que no fuera durante su horario de trabajo, porque entonces no habría podido proceder con su plan.
Tras la jornada laboral, el muchacho fue a hacer tiempo en un restaurante que le quedaba cerca. Pidió algo pequeño para comer, y dijo que no quería bebida. Cuando ya le quedaba poco tiempo para irse, le envió un mensaje a Jimin. Quería saber si ya estaba viajando hacia el sitio acordado con los de la producción.
Su plan era encontrárselo antes de que llegara. Podía ir en autobús y alcanzarlo previo a las seis. Y se aseguraría de que no pasara por aquello solo. Estaba seguro de que necesitaba que alguien le diera los ánimos de los quizás estuviera careciendo por culpa de los nervios y el temor a ser rechazado. Yoongi tampoco podía mentir: sentía que todo el cuerpo le temblaba a causa de la ansiedad.
Era incapaz de ocultarlo: Estaba depositando demasiadas expectativas en aquella audición. Deseaba que le dieran la oportunidad a Jimin más de lo que deseaba su propia felicidad. Porque había visto lo que el muchachito se había estado esforzando todo aquel tiempo. Lo veía en sus espectáculos del subterráneo. Porque Jungkook había dicho que Jimin había bajado los brazos. ¿Pero cómo era posible que alguien que se hubiera rendido bailara con esas ganas, ese desenfreno? Allí había más que motivación. Había vida, y ganas. Jimin brillaba por encima de sus miedos, quemándolos, arrasando con ellos a cada paso, vuelta, salto. Y sus deseos de ser descubierto, que alguien que fuera capaz de apreciarlo le dijera de una maldita vez «Hey, yo puedo hacer que vivas de esto», y sacarlo de su pésima racha.
Pidió la cuenta. Cuando estaba esperando a que le trajeran el vuelto, recibió el mensaje de Jimin.
«Jm: Lo siento hyung, pero no iré a la audición (16:44 PM)»
Yoongi se quedó estático. Sintió que un escalofrío le recorría toda la espina dorsal. También estuvo a punto de devolver su pequeño almuerzo. Todo en un segundo.
La camarera se acercó a dejarle el cambio correspondiente, con una sonrisa que pretendía ser simpática con la intención de recibir una propina acorde.
Yoongi estaba ocupado llamando a Jimin al teléfono. Al tercer intento, y tras seguir sin éxito, tomó su vuelto de un manotazo, salió a toda prisa del restaurante, dejando tanto a los comensales como a los meseros atónitos, y casi se detuvo en mitad de la calle para frenar a un taxi. Yoongi le indicó al conductor la dirección a la que se encaminaban, y mientras el hombre manejaba, él seguía llamando al rubio por el celular, esperanzado porque le respondiera al menos una sola de sus llamadas.
Le mandó varios mensajes al mismo tiempo. El último fue bastante conciso:
«Yoongi: Estoy fuera de tu casa. Sal (17:18 PM)»
En realidad, no tenía idea de cuál de todos aquellos edificios sería el sitio donde Jimin vivía. Pero reconocía la calle por la vez que lo había acompañado, afortunadamente. Algunos tenían más de diez pisos, otros apenas unas tres plantas. Yoongi se preguntaba cómo carajos convencería a Jimin de bajar hasta donde él se encontraba.
Fue caminando edificio por edificio. Algunos tenían los apellidos de los dueños junto a cada timbre, pero ninguno tenía el nombre de «Park Jimin», o siquiera de alguien llamado «Jian». Estaba revisando el quinto lugar, cuando notó un sonido de llaves viniendo del edificio anterior por el cual no había encontrado pista alguna. Volvió sobre sus pasos, y antes de hacer siquiera dos metros se encontró de frente con el muchacho rubio delante suyo.
Ambos saltaron hacia atrás, ampliando la distancia de golpe.
—Lo siento —dijeron a la vez, con cierta torpeza.
Yoongi quiso disimular su alivio. Tenía miedo de que el muchacho no apareciera, que no le importase que el mayor le estuviera buscando. También le resultaba ciertamente incómoda aquella situación, más aún al ver la expresión de su amigo.
Jimin parecía bastante nervioso. Observaba al muchacho como si fuera una especie de componente gaseoso. Quería acercarse a él, pero tenía miedo de hacer algún movimiento en falso y ofender al mayor. Sabía que Yoongi podía ser volátil en ocasiones, y ya comenzaba a entender qué tipo de cosas lo hacían estallar.
—Vine en taxi —fue lo primero que al mayor se le ocurrió decir.
Jimin intensificó su cara de espanto.
—¿Cuánto te cobró? Te lo devolveré —dijo, comenzando a revisar sus bolsillos.
Pero el otro le detuvo con un gesto, y Jimin alzó el rostro para enfrentarse a sus ojos.
Parecía que ambos estuvieran tirando de la soga. Yoongi sabía de antemano que no iba a rendirse tan fácil. Pero él no había planeado ir hasta allí por nada, a la vez.
—Jimin, debes ir. Aún estás a tiempo.
El aludido lo miró con una pena enorme en sus ojos. De no ser porque estaba tratando de mantener la compostura, se habría echado a llorar inmediatamente.
—Yoongi, por favor —dijo el muchacho entonces, llevándose las manos a la boca.
Yoongi sabía que se lo estaba poniendo difícil. Pero no podía desistir. No cuando veía que Jimin se estaba cruzando de brazos, que dejaba de dar batalla por su sueño. No iba a dejar que alguien que tenía todas las chances de triunfar, y que se merecía todas las oportunidades, fuera a dejarlo por algo no más grato.
—Al menos dime por qué —insistió, acercándose aún más a él.
Jimin dio un paso hacia atrás, manteniendo la distancia. Yoongi fingió no haberlo notado. Pero lo cierto es que le había causado un dolor enorme. Más cuando el rubio no era precisamente el tipo de persona que conociera sobre la existencia del espacio personal. O eso le había demostrado.
—No es un papel muy importante —dijo al fin, con voz queda. Estaba evitando mirarle. Por el contrario, no dejaba de echar miradas hacia atrás, como si en cualquier momento fuera a aparecer alguien a sus espaldas—. Tengo que enfocarme en mis prácticas, y en mi trabajo.
—¿En tu trabajo? —repitió Yoongi, alterado—. Jimin, eres cajero. Sin menospreciar tu labor, pero eso está muy lejos de lo que has pensado para ti. ¿Quieres ser un bailarín reconocido? Entonces ve a la audición y date una chance. Aunque fueras solo parte del decorado, la gente podrá verte, y tendrás más experiencia para la próxima oportunidad. Te tendrán un poco más en cuenta —agregó por último, tratando de hacerle ver por qué era necesario que fuera—. ¿Que no es importante? Jimin, ¿y si es la oportunidad de tu vida? ¿Solo la dejarás pasar?
Jimin iba a responder, pero descubrió que no tenía nada en concreto con qué argumentar.
En su lugar, una voz a sus espaldas tomó la palabra.
—¿Ser un bailarín de reparto va a mandarlo al estrellato?
Un muchacho más alto que los dos, de ojos pequeños, nariz diminuta y rostro angular, se encontraba apoyado a la pared de ladrillo del edificio. Estaba de brazos cruzados, observándolos fríamente. No parecía molesto, sin embargo, era evidente que el novio de Jimin tampoco le estaba dirigiendo una mirada agradable a ninguno de los dos.
—Tal vez sí —dijo Yoongi entonces, ignorando a Jimin y caminando hasta él para enfrentarlo—. ¿Por qué no debería intentarlo?
El joven alto bufó. Se estaba riendo de él delante de su cara, con completo descaro.
¿Cómo un ángel podía estar tan perdido por un ser tan nefasto como aquel?
—Esto es algo que ambos ya hemos hablado —aclaró Jian, quien miraba sus uñas con una total falta de interés por el tema—. ¿A qué has venido siquiera?
Yoongi sintió que algo dentro suyo bullía. Quizás eran las ganas de callar a aquel completo idiota de una vez por todas.
—Vengo a acompañar a mi amigo a su audición.
Jian se le quedó mirando. Todo su desinterés se esfumó por completo. Observó a Yoongi con asco, como si fuera una mosca revoloteando cerca suyo. A él no le importaba, de hecho. Ni se habría tomado la molestia de hablar con él si no fuera porque estaba evitando que Jimin fuera de una vez a su audición.
Pero debía apurarse. Si seguían discutiendo al respecto, se les haría tarde para estar ahí.
—Jimin —le llamó su pareja, sin moverse de su sitio—, vayamos adentro.
El joven vaciló. Miró primero a su novio, quien se había descruzado de brazos pero mantenía su expresión intacta. Y luego a Yoongi. Con las manos formando puños, y las venas marcando el dorso de las mismas, su cuello, la furia resplandeciendo en sus ojos. Parecía una guerra entre hielo y fuego.
Jimin avanzó hacia ambos. Yoongi se percató recién cuando sintió que alguien tironeaba de su manga, y lo alejaba a paso decidido fuera del alcance de Jian.
Cuando notó lo que estaba ocurriendo, el rubio se detuvo a unos metros de su pareja. Volteó y tan solo dijo:
—Nos vemos más tarde.
Y nuevamente siguió su camino, arrastrando a Yoongi consigo. Pronto Jimin apuró el paso, y caminaron hasta la estación de metro sin decir nada, ni mirarse el uno al otro. Yoongi no había podido hablar. Después de todo, se había percatado del llanto silencioso del rubio, que tanto luchaba por ocultar.
Su único gesto fue soltarse del agarre del muchacho, para que en vez de sostenerle la manga de la camisa, se sujetara de su mano.
—Nos conviene ir en auto —dijo el mayor antes de que Jimin se metiera a la estación—, o llegaremos tarde.
Jimin asintió, aún incapaz de hablar. Se subieron al primer carro que les paró, y mientras ambos iban en los asientos traseros, Yoongi reparó por primera vez en la ropa de Jimin. Estaba demasiado casual, con una camiseta gris y unas calzas negras.
—Mejor usa mi camisa —sugirió, mientras se desvestía ignorando si al conductor le importaba o no.
Jimin no se opuso. Pero parecía carecer de voluntad en aquel momento, a pesar de haber tomado una decisión tan importante por su propia cuenta. Yoongi observó el torso desnudo del chico mientras se colocaba la camisa prestada, y no le sorprendió ver los músculos del muchacho. Su piel tenía un bronceado ligero. Pero en ese instante lucía como alguien derrotado, escaso de fuerzas.
Yoongi se puso la camiseta de Jimin, y notó la tibiez de la misma. También tenía el aroma del muchacho, algo de lo que no se había percatado hasta entonces. Por alguna extra razón, se sentía demasiado consciente del roce de la tela sobre su propio pecho y el estómago.
Ojala hubiera sido más precavido, pensó.
El taxi los dejó delante de una librería. Ambos pensaron que quizás se habían equivocado al darle la dirección, pero el hombre les señaló al primer piso, donde había un cartel enorme con las funciones próximas y el nombre del lugar.
No era el sitio donde Jimin había tenido la primer entrevista, pero quizás tenía que ver con el motivo por el cual habían tenido que posponer la obra. Antes de meterse a la librería, Yoongi detuvo en seco a Jimin. Lo tomó por los hombros, y lo obligó a fijarse en él.
—Jimin, no me lo tomes a mal, pero no puedes entrar con esa cara —señaló, tratando de poner el tono de voz más suave posible.
El chico asintió, y se palmeó las mejillas para recuperar algo de color en el rostro. Yoongi le ayudó a acomodarse el cuello de la camisa, y le dijo que se dejara los botones de las mangas sueltos.
Jimin inspiró hondo, centrándose. Le preguntó a Yoongi si acaso le esperaría, y el chico estuvo a punto de echarse a reír frente a un pregunta tan inocente.
—Estaré aquí —le prometió, con una sonrisa en el rostro.
Jimin se mordisqueó el labio, nervioso. Miró hacia las escaleras del interior de la librería que lo dirigían al teatro del primer piso. No había gente subiendo, lo cual le aliviaba y a su vez le preocupaba.
Volviéndose hacia el mayor, dejó su mano caer sobre su hombro, y le dio un apretón cariñoso que hizo estremecer a Yoongi.
—Gracias por tomarte tantas molestias por mí —dijo el rubio, mucho más calmado que antes.
Yoongi quería decirle todo en aquel momento. Lo que Jimin se había vuelto para él. Cuánto valoraba su amistad y su presencia en su vida. Y cuánto creía en él, en su talento.
Confiaba en que ya lo entendiera.
—Quiero asegurarme de que aunque sea uno de los dos tuvo éxito en la vida —bromeó tontamente.
Jimin le dedicó una pequeña sonrisa. Antes de apartarse, acercó su rostro al de Yoongi, y dejó un beso en la mejilla del muchacho.
—Gracias —reiteró, mirándolo fijamente.
Entonces se alejó hacia las escaleras, y antes de que Yoongi le perdiera de vista, extendió el brazo y alzó el pulgar hacia él. El chico de cabello celeste duplicó el gesto en respuesta, aunque le fue imposible sonreír.
Jimin no lo notó, pero había dejado a Yoongi en estado de trance. Estuvo así todo el rato que duró la audición. Sentado en la vereda del teatro, mirando los autos pasar al igual que los peatones.
Tan solo esperaba que a Jimin le estuviera yendo mejor que a él en aquel momento.
