NARRADOR: LIA
-¿Han matado a otro alumno?-pregunté en un susurro. George soltó la capa del chico de primero, tan estupefacto como yo.
-Si. La han encontrado ahorcada en un árbol a las afueras del castillo.-nos explicaba el joven alumno.-Era una chica de Hufflepuff.
-¿Entonces se suicidó?-preguntó George
-No. Por lo que hemos podido escuchar, la asesinaron...Le sacaron los ojos y la degollaron.-susurró el chico. Casi no lo escuchamos por culpa de todo el jaleo, pero cuando el chico desvió la mirada llena de lagrimas y se marchó corriendo, nos convencimos de que habíamos escuchado bien. Habían vuelto a matar de esa horrible manera.
George y yo nos dirigimos directamente a nuestra sala común en silencio. De vez en cuando escuchábamos conversaciones de los chicos de primero, apostando por quien sería el siguiente en morir. Otros sin embargo se dedicaban a llorar desconsolados, rogando por que los llevaran a su casa.
Cuando llegamos, vimos a todos los Gryffindor levantados. Parecía que nadie estaba en sus cuartos, y tratamos de perdernos en la gente. Pero una chica de primer año, con lagrimas en el rostro, me interceptó a medio camino.
-¡Tu eres la dueña de la cama en la que mataron a esa chica!-me gritó, sollozando.-¿Qué te han dicho los profesores? ¿Quién es el asesino?
-Eh...Yo...No se nada... Lo siento...-susurré. Notaba como me subía el calor a las mejillas, presa de la vergüenza. Todos nos miraban en silencio, expectantes. Ávidos de información.
-¡Mentirosa!-chilló. Cada vez se ponía más nerviosa, no paraba de moverse.-¡Tu debes saber algo!¡Cualquiera podría ser el siguiente!
-¡Déjala en paz!-dijo George, interponiéndose entre la chica histérica y yo.-Ya te ha dicho que no sabemos nada.
-Está bien, ya basta.-dijo la severa voz de la profesora McGonagall a nuestras espaldas. Todos nos dimos la vuelta. Parecía nerviosa.-La señorita Black no sabe nada.
-¿Ha venido usted a decirnos algo?-preguntó la voz de un alumno que no supe hubicar.
-Solo he venido a advertir que no debéis salir del castillo a partir de horas determinadas, ni salir de las clases sin el consentimiento de un profesor.-nos explicó ella. Después de unos segundos de quejas por parte de varios alumnos, añadió mirándonos a George y a mi.-Señor Weasley, señorita Black. Seguidme.
George y yo nos miramos, y seguimos a la profesora McGonagall hasta su despacho. Allí nos ofreció una silla, después de sentarse ella. Entre cruzó los dedos y nos miró, suspirando.
-He escuchado por ahí que han vuelto a jugar a los detectives.-nos explicó.
-Profesora, han vuelto a asesinar a un alumno.-exclamó George, perdiendo los nervios.
-Y estamos en la búsqueda del asesino.-le contestó la profesora, sin darle tiempo a que pudiera decir nada más. Seguía mirándonos con aquella mirada severa que no dejaba entrever nada más.
-¿Eso quiere decir que ya saben quién es el asesino?-preguntó George con ironía.
-Eso quiere decir que si vuelven a inmiscuirse, me temo que serán amonestados gravemente.-nos contestó severamente. Con un golpe de varita hizo abrir la puerta, y con una mirada nos invitó a marcharnos.
Nunca había visto a George tan enfadado. No dijo una palabra durante la cena, ni si quiera se paró en la sala común a hablar conmigo, como solíamos hacer todas las noches.
Así que después de leer un poco, me fui yo también a mi cuarto.
Subí las escaleras en silencio y me metí en la cama.
Tuve pesadillas sobre rostros sin ojos y bocas sin lengua.
Al día siguiente no había el normal bullicio de todas las mañanas. Los alumnos caminaban en silencio por los pasillos, normalmente acompañados por un profesor los de menor año.
George caminaba a mi lado, tenso a más no poder. Así que no me atreví a hablarle hasta que no encontré el hueco perfecto en una de las clases de pociones con el profesor Snape. Ambos preparábamos una poción bastante sencilla, aun que George no hacía más que equivocarse en las medidas. Y yo tenía que estar cuidando de que la clase no estallara por los aires de un momento a otro.
-¡George! -susurré, harta de que por quinta vez se equivocara de medida.-¿En que mundo está alojada tu cabecita en estos momentos?
-Lo siento, Lia. No dejo de darle vueltas a lo de anoche.-susurró abatido.-Nos están ocultando cosas. Y cosas muy gordas, creo.
-Yo opino lo mismo. Pero nadie parece querer ayudarnos...
-Estaba pensando en volver a hablar con Myrtle.-me dijo George, embelesado con los grumos de la poción.-Quizá si la decimos que ha vuelto a morir un alumno...
Después de clase de pociones, teníamos un par de horas libres. Los profesores estaban desvordados con tantas muertes. Así que decidimos volver a probar suerte con Myrtle.
Entramos despacio al baño, haciendo el menor ruido.
Y allí estaban, aquellos molestos sollozos. Carraspeé para que se diera cuenta de nuestra presencia, y por lo visto funcionó.
-¡Vosotros aquí otra vez!-chilló.-¡Os dije que no volvierais por aquí!
-Myrtle, necesitamos tu ayuda, por favor.-intentó explicar George.-Otro alumno ha muerto...
-¿Otro alumno?-preguntó extrañada.
-Tu la conociste,¿verdad? Sabías quien era Lisbeth.-pregunté aferrándome al brazo de George. Este me acarició la mano, para tranquilizare.
-Si.-contestó Myrtle, con expresión seria. Ambos nos quedamos extrañados por lo rápido que accedió a contarnos algo.-Ella y yo eramos muy amigas. Incluso casi morimos a la vez.-sonrió.- Aun que ella fue la primera. Me quedé muy sola cuando murió, aun que de vez en cuando venía a verme. Pero me asustaba, ¿sabéis? Es muy raro hablar con alguien que no tiene ojos. Su padre hizo algo horrible con ella, era muy buena chica. Algo triste, pero muy buena. Cambió mucho cuando vino al otro lado...
-¿Cambió mucho? ¿Qué quieres decir?-pregunté. Ella iba a seguir contándonos, pero se paró en seco. El ambiente se había vuelto más pesado, el aire más frio.
-Justo como cuando ella aparece...-susurró George, respondiendo a mis pensamientos.
Lo que pasó a continuación fue algo que jamás olvidaré.
Nunca la vi aparecer, al menos no me di cuenta de ello. Myrtle empezó a sollozar muy fuerte contra una pared. Yo estaba asustada, mirando hacia todos lados, buscando la fuente del frio.
Lo que jamás imaginé era que la fuente del frío venía justo de mi izquierda. Justo del brazo al que estaba aferrada.
Vi a George riéndose. Una risa áspera y ronca, una risa muy distinta a la suya. Sus ojos se oscurecieron hasta tal punto que pensé que se los habían arrancado, pero no. Solo se habían vuelto negros. Me solté de el rápidamente, retrocediendo hasta darme contra uno de los grifos.
Estaba totalmente aterrada, mi cuerpo temblaba y mis piernas parecían no querer responder. Cerré los ojos y tragué saliva, intentando sacar todo el valor que me era posible.
-¿Lisbeth?-pregunté, con voz temblorosa.
Espero que les haya gustado este nuevo capitulo, espero sus reviews con cualquier cosa sobre la historia.
Un beso enorme a todos, y espero leeros pronto!
