Capítulo 10
-Espera.- Dijo ella. Su voz apenas había sido un susurro, pero Miles la había escuchado perfectamente. Franziska se dio la vuelta, de modo que Miles la pudiera ver de frente.- Entra. Por favor.
Miles, sorprendido, obedeció. Entró de nuevo, observando a Franziska cuidadosamente. Su postura la hacía parecer indefensa, su cabeza estaba gacha, sus ojos parecían tristes. Miles no dejaba de maldecirse por haberla besado. Le había hecho daño. Él más que nadie sabía que Franziska no era tan fuerte como siempre solía parecer. Y aún a pesar de saberlo le había hecho daño.
Franziska, con un ligerísimo sonrosamiento en su cara, tomó la palabra.
-No... no me ha molestado tanto, no debes preocuparte más por eso.-Miles no salía de su asombro, pero decidió no interrumpirla.- Es solo que no lo entiendo, no soy capaz de entenderlo... –Franziska calló durante unos segundos que se alargaron mucho.- Has dicho que me quieres.- En ese momento ella levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Miles.- ¿Cómo eres capaz?
Miles no entendía que era lo que decía Franziska, pero no se atrevía a preguntar. La mente de Franziska siempre se había movido a otro nivel. Su duda flotaba por el ambiente, y sabía que ella iba a explicarse.
-Soy Franziska Von Karma. Mi padre, Manfred Von Karma, asesinó al tuyo, Gregory Edgeworth, a sangre fría. Dime, ¿Cómo? ¿Cómo eres capaz de decir que amas a la hija del hombre que rompió tu familia y cambió tu vida por completo?
-¡...! – De todas las explicaciones posibles, aquella sin duda era de las más rebuscadas que se le habrían podido ocurrir a Miles.- Franziska... Tú no eres tu padre, y no tienes culpa de lo que él hiciera.
-Sabía que dirías eso...- Susurró ella, mirando hacia el suelo. Rápidamente levantó la vista, para clavarla directamente a los ojos de Miles.- ¡Mírame bien, Miles Edgeworth!- Continuó ella, prácticamente gritando. Sus ojos no dejaban de mirar a Miles, con una expresión en su rostro que Miles jamás había visto. Era una expresión que mezclaba ira y tristeza- ¡Soy la viva imagen de mi padre! ¡Siendo una Von Karma, siempre perfecta! ¡Nunca mostrando debilidad! – Ella hizo una breve pausa para calmarse un poco.- No puedes decir que no soy como mi padre, porque él me ha hecho lo que soy... ¡Y me odio por ello!
Ambos estuvieron en silencio durante unos segundos. Miles se dió cuenta de que Franziska parecía a punto de romper a llorar, y su cuerpo, como si de un acto reflejo se tratara, se acercó con paso lento hacia ella, con el irrefrenable impulso de tenerla entre sus brazos. Miles pasó sus brazos por la espalda de Franziska, que en un torpe y desesperado movimiento intentó despegarse de él. Pero más bien peleaba contra sí misma: A pesar de sentir que no merecía que Miles la amara, que debería odiarla... No era capaz de rechazarlo. Miles notó como Franziska comenzó a llorar solo por las cálidas gotas que humedecían su camisa; sabía que ella no haría nada que la hiciera parecer más vulnerable, a pesar de que por una vez en su vida se había sincerado, seguiría manteniendo su orgullo.
Miles acercó sus labios al oído de Franziska.
-Tú no tienes nada que ver con lo que hiciera tu padre. Tú eres Franziska, y eres perfecta como tal y como eres.
-¡Perfecta dices!-Respondió Franziska en un susurro.- Comienzo a odiar esa palabra...
-Para mi eres perfecta. Manfred Von Karma me ha dado más de lo que me ha quitado, Franziska.
-¡...!- Franziska no dijo nada. Miles pudo notar como Franziska comenzaba a llorar de nuevo.- ¿Sabes...? Eres la única persona que me ha visto llorar en toda mi vida
-¿De verdad?
-Si... esta es la segunda vez que me ves así, ¿Recuerdas?
-Sí que lo recuerdo.- Respondió él. Ambos comenzaron a recordar.
Fue la noche anterior a que Miles abandonara la mansión de los Von Karma para irse a América. Por aquel entonces Miles tenía 20 años; Franziska solo 13. Ambos lo recordaban con claridad: Miles entró en la habitación de Franziska para despedirse de ella, y se la encontró en una esquina de su cama, llorando en silencio. Ella se percató de que Miles la observaba, pero apenas le dedicó una mirada de reojo, sin parar de llorar. Miles se acercó a ella en aquel momento y le abrazó, al mismo tiempo que le prometía en un susurro que volverían a verse.
-En aquel momento no me creíste, ¿Verdad?- Continuó Miles.- Cuándo te dije que volveríamos a vernos.
-Claro que no. Estaba enfada, consideraba el que te fueras como una traición; dejándome allí sola...
Hubo silencio durante unos segundos, tras lo cual Miles tomó la palabra.
-Franziska, no quiero separarme de ti de nuevo.-Dijo al mismo tiempo que le pasaba una mano por el cabello a Franziska.- ¿Te quedarás conmigo?
La aludida separó su rostro del pecho de Miles por primera vez desde que se encontraba entre sus brazos, para mirarle a los ojos.
-Si...
Y ese fue el último cruce de palabras aquella noche.
