¡nuevo capítulo! Les pido perdón por haberme tardado TANTO. Estuve con varios estudios de salud y el viernes pasado fue mi cumple. ¡Ahora sí, aquí está el nuevo episodio!

Os quiero

Disfruten.

Gracias por los comentarios, díganme qué les ha parecido este también, ¿Si? Lo mejor para vosotres.


Disclaimer: NADA me pertenece salvo Ella. Todo lo demás, a sus respectivos dueños.


GAMES

Ella Cavendish entró en la habitación, levantando una ceja, mientras la profesora se acercó suavemente hacia la joven. Observó que una de las manos de la mujer le quitó algún tipo de salida fehaciente. Acercó su nariz aguileña a la chica, mientras seguía investigando minuciosamente.

-Vaya que eres buena aparentando ser una niña inocentona.

-¿Qué….? ¿Qué pasa?

Ella tembló de miedo.

-¿Qué has hecho para que Sucy Manbavaran te proteja de esa manera? ¿Con qué mentiras le has venido?

-No sé de qué hablas…

-¿No?

-Soy la prima, por favor. ¿Por qué me trata de esa forma? –Se encogió, un poco asustada por la cercanía de los rostros.

-No te cansas de engañar a las personas que más te quieren ¿Verdad? Tus jueguitos mentales sucios con los que te la has pasado de maravillas, se terminaron. ¡Te conozco! ¿Acaso no recuerdas cómo me traicionaste y a otras compañeras que habíamos peleado tan duro para que te libraran de esa esclavitud dura que te habían impuesto? –Un dedo fino y largo acarició la barbilla de Ella, quien se apretó más contra la pared.

-No sé… De qué está hablando.

-¡Deja de jugar!

-¿A qué te refieres?

-¡Ella Cavendish! ¡Fui tu compañera! ¡Yo fui parte del jurado defensor cuando te llevaron a juicio, antes de que te encerraran en ese espejo!

Una estrambótica y frívola sonrisa se hizo paso en los labios de la joven Cavendish. Alzó las cejas, frenando el acto de estar asustada y de ser inocente, en el segundo. Finnelan apretó los dientes, totalmente dispuesta a atacar si la joven se defendía con magia negra a la que era entusiasta adepta cuando estaba viva.

-Oh… ¿Así que tú has sido una de esas alumnas ejemplares que me condenó a esa estúpida prisión?


Sucy observó la ventana enorme del gran tren que estaba a punto de arrancar. Encontró con la mirada a Ella, quien traía unos bolsos enormes con ella. Sonreía radiantemente y trataba de cambiar el semblante en el rostro de su compañera. Para no arruinar el momento, Sucy siguió el estado de ánimo.

Aún le dolía tanto lo que Akko había dicho de ella.

No podía perdonárselo, había un límite para todo.

Sabía muy bien que faltó a su palabra de no abandonarla sin dar explicaciones, pero en este momento estaba tan enojada y tenía tantas cosas para hacer, que no había más tiempo que perder. Así que, reunió sus escasas pertenencias mientras la chica se hallaba en el comedor seguramente llorando toda la situación a su gran amiguita Diana. Nadie sabía que se había marchado y que si fuera por ella, no volvería jamás a Luna Nova.

Inglaterra le sabía a algo que tuvo y que perdió.

Inglaterra era sinónimo del mayor desengaño de su vida.

Y Sucy tenía fobia al fracaso.

Una vez que llegaron a la primera ciudad, Ella salió corriendo del tren. Casi había olvidado todo, de no ser porque Sucy estuviera ahí. Se volvió sobre sus pasos y tomó las pertenencias, gritando y festejando, hasta había logrado que su compañera sonriera aunque fuera un poco.

En algún momento se encontró frente a la imponente Torre Eiffel, conociendo el museo de Louvre y luego, respirando el puro aire de la campiña francesa. Terminaron alojándose en algún hotel alejado de la inmensa y populosa ciudad. Habían llegado apenas amanecía, los rayos del sol despuntaban. El canto de los pájaros, el verdor dorado de los alrededores llegaron a revitalizarla del todo. La chica encajaba tan bien con ese aire mundano europeo. Hasta se había comprado un sombrero francés y un vestido escocés que le quedaba bonito, de color rojo. Sus zapatos fueron reemplazados por unos preciosos mocasines charolados.

Sucy también sufrió un par de transformaciones en su aspecto. Ella, usando toda la fortuna que había heredado, decidió regalarle un bonito conjunto de color azul. Le daba un poco de pena llevarlo, la falda era corta, pero según la rubia, le lucía espléndidamente las piernas. Así que poco a poco, fue tomando confianza. Hasta osó usar un escote pronunciado, resaltando sus atributos femeninos. Sonrió cuando Ella le daba un dulce beso en los labios, apretujándola contra su pecho con adoración.

Caminar por las tardes entre los árboles de copa alta, mientras observaban el atardecer, parecía que todo lo que habían vivido en Luna Nova tan sólo fuera un feo pasado.

-¿Cómo te sientes? –Preguntó la joven inglesa, con curiosidad.

-Pues estoy en la capital del romance. ¿Cómo crees que me siento? –Sucy sonrió escuetamente.

Ella se ruborizó levemente, mirando para otro costado.

-Bueno... Es un bonito atardecer ¿Verdad?

-Lo es.

Quedaron observando la puesta de sol largamente, luego de la deliciosa merienda con Croissants. Visitaron algunos lugares culinarios de renombre, como Auberge Pyrénées Cevénnes para comer una de los guisos más deliciosos del mundo. No pudieron evitar pasar por la Fromagerie, Sucy se enamoró de unos cuantos quesos ahí. Pero principalmente, caminaron por el Marché des Enfants Rouges, mercado más antiguo de París, donde compraron varias de las provisiones, antes de ir a la campiña francesa. Ella la arrastró hasta el negocio Du Pain et Des Idées, para que probara los Croissants más deliciosos que Sucy tuvo el lujo de probar. La aprovisionó de ropas nuevas y de gusto no sólo exquisito sino preciso. La verdad es que Sucy no podía estar más agradecida con la persona que tenía a su lado. La señorita Cavendish era tan feliz que por un momento habían olvidado que este sería el último viaje que haría. Pero ¿Para qué pensar en cosas tristes si se puede ser feliz con el presente?

Si bien, cada noche era una nueva tensión sexual entre ambas, siguieron fortaleciendo la relación sin consumar nada. Los besos por momentos se volvían más candentes y eróticos y otros, apenas si pasaban por algo lujurioso. Compartían una hermosa cama matrimonial, sencilla y que daba a uno de los ventanales más grandes del hotel. Los viñedos eran lo que apenas veían cuando salían a tomar el desayuno en el balcón, con el acompañamiento adorable del cantar de los pájaros.

Sin embargo, tuvieron que decirle adiós a París, Ella entre lágrimas, para dirigirse directamente hasta Italia en barco.

Sucy quedó completamente impresionada por el vasto paisaje que le mostraba el puerto de Génova. No sólo por la ciudad que se había conglomerado ahí, sino por las enormes montañas que decoraban el paisaje. El aire limpio y casi libre de contaminación, hizo que olvidara por primera vez, que estaba ahí también para recoger los hongos más exóticos de la región. El tren las llevó en un suspiro hasta La Toscana, donde pasaron un agradable momento en ese campo verde y lleno de vida. Podría decirse que no había diferencia entre la campiña francesa y la italiana, de no ser por las construcciones, las casas y la belleza inigualable de una y la otra. El encanto hacía que la memoria de la cámara digital no diera a basto para las fotos. Recorrer el poblado con total libertad, de la mano de Ella hacía que fuera una experiencia única. En especial cuando se cruzaba con algo oriental que la llevaba a los viejos recuerdos amargos que había presenciado en Luna Nova.

Sin embargo, una vez que llegaron a Italia del Sur, tomando un delicioso ristretto, se dio cuenta lo fantástica que era esa tierra. Todas las mañanas que se quedaron ahí, despertaban para dar un paseo y caminar unos cuantos kilómetros, mientras disfrutaban de ese bellísimo sol y del paisaje. Luego, salían directo al pueblo para desayunar algún café y mezzaluna o algún panecillo dulce. Poco a poco, la herida en el pecho de Sucy iba cerrándose, hasta quedar en la absoluta nada. Había una fiesta en el pueblo donde Sucy por primera vez en la vida terminó siendo arrastrada a la ronda de personas, bailando alegremente. El rostro de "Lo siento" totalmente mal fingido de Ella, mientras la grababa entre risas; había sido sinónimo de traición. Jamás lo admitiría en voz alta, pero lo había pasado realmente maravilloso en ese momento. En especial cuando un italiano alto y muy educado, había intentado ligársela.

Pero todo tiene un fin

Y el viaje de Ella también.

Con los bolsos atiborrados de recuerdos, música, regalos y ropa, además de comida que habían podido ordenarla por medio de mensajería mágica, llegaron a los campos amplios de Luna Nova. Obviamente, la profesora Finnelan las esperaba de brazos cruzados.

-¿Decidieron ser alumnas responsables y volver?

Por primera vez en mucho tiempo, Manbavaran había observado un gesto algo extraño en las delicadas facciones de Ella.

Uno lleno de irritación.

-¿Has averiguado lo que dijiste que harías?

-Pasen.

Cuando pasaron por los pasillos del instituto, un par de alumnas se habían volteado. Obviamente, nadie reconocía a Sucy. No es que tuviera un look demasiado cambiado, de hecho, parecía el mismo aire taciturno. Pero sonreía. Realmente tenía una mueca de felicidad plasmada en su rostro.

Mientras una vez más, Finnelan se había marchado con Ella, Sucy sintió que su mundo se detuvo al escuchar la suave vocecita de Lotte.

-¿Sucy?

Con miedo, realmente reuniendo la mayor de las fuerzas, se volteó, antes de hacerle frente.

TODAS se hallaban ahí.

Lotte, Amanda, Jasminka, Constanze, Barbara, Hannah, Diana…

Y Akko.

Ignoró por completo a la japonesa cuando fue a saludarlas, a pesar de notar que las lágrimas se agolpaban en su rostro. Sin embargo, cuando Kagari estaba a punto de acercarse, dio la espalda y fue directo hasta la habitación donde de ahora en más compartiría con dos alumnas que vendrían el año entrante. Pidió expresamente no volver a ser involucrada con Atsuko Kagari en ningún sentido de la palabra y Ella tenía la suficiente influencia para lograrlo.

-¡Espérame! -Sucy caminó más rápido. -¡Maldición, Sucy, déjame hablarte! -Apretó los dientes, intentando ignorarla lo más posible. Toda esa herida que había logrado cerrar mientras viajaba y conocía el mundo junto a Ella, se había esfumado. Una vez más, debía enfrentar las consecuencias que ella había propiciado. Algo golpeó duramente su cabeza y se sorprendió al encontrarse con una Akko convertida en ratón.

-¿Qué demonios…?

-¡ESCÚCHAME!

-Lo siento. No.

-Por favor… -Akko comenzó a hipar, completamente llena de lágrimas. –Por favor, déjame decirte lo que deseo.

-No es no.

Akko se transformó rápidamente en humana, asustándola mientras tomaba su mano y la retenía contra una pared. Acercó peligrosamente el rostro, jamás en toda su estadía con Ella, había tenido el corazón latiendo así.

-¡Te amo!

Sucy estuvo a punto de reír por la ironía de la situación. Ahora era Akko la que rogaba ser escuchada, luego de que le dijera las peores palabras. Habían dolido terriblemente. Entendía su punto, de verdad lo hacía. Fueron las primeras cosas en las que pensó, luego de enterarse del engaño. Obviamente que había sentido culpa y terror porque se enterara. También comprendió la desesperación de Ella Cavendish. Pero Akko… Akko siempre actuaba de manera tan impulsiva y egoísta.

Estaba cansada

Harta.

Podrida de tener que aguantar sus caprichos.

-¿Estás enamorada de un monstruo? –Se cruzó de brazos. -Felicitaciones, has alcanzado un nuevo estatus en tu idiotez.

-Lo sé. Sé que estuvo mal, que fui una estúpida. Que sólo pensé en mí. Que nunca consideré tu perspectiva…. Diana…

-¿Diana?

-Diana me hizo entrar en razón, mientras tú estabas revolcándote con tu noviecita. Ella me ha abierto los ojos. –Akko pasó saliva con dureza, haciéndose casi daño.

Sucy puso los ojos en blanco, logrando irritar un poco a la japonesa.

-¿Congratulaciones?

-¡Estoy siendo seria!

-Y yo también lo soy. Apártate de mí. Sólo traes problemas y dolores de cabeza.

Sucy se retiró bruscamente de la chica y decidió caminar a paso ligero, ignorando todo sentimiento que se gestara en su corazón. Las lágrimas, nuevamente no pidieron permiso y cayeron por sus mejillas. Estaba a punto de sollozar, ya era demasiada decepción tener que soportar todo este teatro lastimoso que montaba la idiota que osaba llamarse su amiga.

ELLA TE ESTÁ ENGAÑANDO!

Esto era el colmo.

Realmente… ¿Quién mierda se creía para decir algo tan cruel de…?

Sin pensarlo, se dio la vuelta para enfrentarla. El semblante perplejo de Akko al verla llorar, la llenó de una vergüenza terrible. Intentó ocultarse, mientras limpiaba todo rastro, pero la japonesa tomó su rostro cariñosamente, acariciando sus mejillas. Sucy contempló que esos ojos no mentían. Que estaba siendo completamente honesta.

-¿Qué te pasa…?

-Tienes que escucharme muy bien. Ella no es quien dice ser. Bueno, sí, pero…

-Explícate mejor ¿Quieres?

Ella no recuerda su pasado porque ha sido anulado! –Akko estaba perdiendo la paciencia y tenía pánico de que esa Cavendish la escuchara por culpa del eco en el pasillo.

-Ajá, eso lo sé ¿Qué tiene que ver…?

Akko pegó sus labios al oído de Sucy, logrando que la joven bruja se ruborizara. Sin embargo, no habría ningún tipo de preparación mental para afrontar el baldazo de agua fría que vendría a continuación:

-Hay una razón por la que le borraron los recuerdos.

-¿Cuál?

-La condenaron por asesinato premeditado.

FIN DEL DÉCIMO CAPÍTULO