Siendo ya plena tarde, Tobi había decidido aparecer ante Konan a fin de poder recuperar aquello que le pertenecía. Zetsu apenas le había avisado la ubicación de la kunoichi en fuga, además de contarle del recinto en que se encontraba y del hecho de que aparentemente se había establecido en aquel lugar, sola.
En un principio, al enmascarado le sorprendió el lugar donde ella se encontraba: en vez de escoger como su escondite la misma aldea de Amegakure, en donde seguramente contaría con el apoyo de los muchos ninjas de la propia aldea escondida en caso de querer oponerse a sus designios, había ido a ocultarse en un lago deshabitado, lejos de cualquier rastro de civilización, ubicado en una región fronteriza del País de la Lluvia con el País del Fuego. Su ubicación le permitía contar con un clima mucho más calmado que en el interior del país, donde la lluvia era un elemento permanente del paisaje; aquí, en cambio, brillaba el sol por todo lo alto. Luego, al ver el paraje y la pequeña isla en medio del lago, así como la estructura levantada, lo comprendió: la desertora no había querido que los cuerpos de sus compañeros descansaran en un lugar tan deprimente como la aldea de Amegakure.
Aquel soleado lugar no era más que un mausoleo.
"Perfecto", pensó el enmascarado, "así no tendré que buscar un lugar para dejar su cadáver cuando termine con ella".
Al momento, y sin necesidad de hacerse notar, pudo ver a la kunoichi salir del recinto fúnebre, aún con su tenida de Akatsuki sobre ella, mientras lo miraba a la distancia y desplegaba sus alas. Tobi calculó la distancia que los separaba, casi trescientos metros, pensando si convenía aproximarse con un kamui y acabarla de un sólo golpe o si darle la oportunidad de recapacitar sobre su traición y unirse nuevamente a sus filas. Tal vez podría convencerla de volver al redil, como lo hizo con Nagato hace ya bastante tiempo. Pero no contaba con que sería la misma Konan la que daría el primer paso, elevándose al cielo para, una vez allí, disgregar su cuerpo en multitud de hojas de papel para volver a fusionarse, casi al instante, a sólo diez metros de donde él estaba, flotando sobre el agua, mientras él aún permanecía de pie parado sobre la misma con ayuda de su chakra.
Con mirada fría y voz cortante, la peliazul se dirigió al intruso:
- Vete, Madara, no tienes nada que hacer aquí.
- Siento lo ocurrido, pero nada justifica tu pequeño escape.
- Yo también lo siento, pero no tuve forma de hacerte llegar mi renuncia al grupo, maldito usurpador.
- ¿Usurpador? Un palabra algo fuerte para alguien tan insignificante.
- Te llamo por lo que eres, y no entiendo que pretendes viniendo a buscar a alguien que dices ser tan insignificante. Seguro tienes alguna guerra que provocar, personas que engañar o vidas que destruir.
- Tantos años apoyándote en Pain te dió una falsa sensación de fuerza, niñita, pero la verdad es que no eres nada sin él; ¿porqué tendría yo que interesarme en tí por otro motivo que no fuese para matarte? Pero soy generoso, y en recuerdo del aprecio que tenía por Nagato estoy más que dispuesto en aceptarte de regreso en el grupo.
- Si a eso viniste pierdes tu tiempo, Madara. Si no fuese porque servías a los propósitos de Pain nunca habría aceptado ayudarte en nada.
- Creo que estás algo confundida sobre quien mandaba a quien…
- No me creas ignorante, maldito. Nagato siempre fue consciente de que pretendías tan sólo utilizarnos a todos nosotros. Siento si nuestra actitud te hizo pensar algo diferente, pero no fuimos y no soy sirviente tuya. Ahora dime a qué has venido.
- Tu amigo muerto tiene algo que me pertenece y lo quiero de vuelta.
- No tenemos nada tuyo; al contrario, el único ladrón aquí has sido siempre tú: primero con nuestros sueños, y luego con el grupo que nosotros formamos.
- Lo siento, Konan, pero no pretendo extenderme en un conversación inútil sobre de quién es el mérito de todo lo logrado. Tan sólo quiero esos ojos prestados de vuelta…
- ¿Prestados? Insolente, tan sólo quieres apropiarte de la fuerza de Nagato.
- Una fuerza que nunca fue realmente de él, aunque reconozco que blandió esa espada que le facilité de una manera magistral durante todos estos años. Perdona mi insistencia, pero me urge tener esos ojos de vuelta, los necesito para completar mi plan. Es una verdadera lástima que mi necesidad no se extienda hacia tus habilidades… o tu vida…
Sin esperar más, Tobi hace aparecer su sharingan y se desvanece en un rápido kamui, para reaparecer a medio metro de Konan, en el aire, llevando en su mano derecho una estaca larga de metal, la que clava directamente en el pecho de la kunoichi, quien sin siquiera alcanzar a defenderse se desploma en caída libre, hasta que estando a centímetros de la superficie del lago de disgrega en una mar de papeles, que se esfuman en el aire. Lejos, en la orilla de la isla en el centro del lago, reaparece re-ensamblándose la peliazul. No se ve herida alguna en su pecho: lo ha engañado con uno de sus clones de papel. Mientras el enmascarado cae del aire a la superficie del agua, la kunoichi forma unos sellos, a la vez que sus alas se disuelven para servir de material a sus creaciones de papel: "jutsu de origami: copias de origami".
Mientras la estaca se hunde en el lago, Tobi, ya de pie sobre las aguas, observa el resultado de la técnica de la kunoichi: cuatro copias perfectas, pero con la mirada vacía, aparecen frente a ella; Kisame, con su espada Samehada desenvainada; Kakuzu, con su tenida sin mangas y sus extremidades semi-desprendidas; Hidan, portando su enorme guardaña doble con cadena; Sasori, con la figura de su marioneta Hiruko. Todos, salvo Kakuzu, vistiendo sus túnicas de Akatsuki. Tres se lanzan a la carrera sobre la superficie del lago, al ataque del enmascarado, mientras la copia de Sasori permanece frente a su invocadora, haciendo guardia; Konan tan solo se sienta, detrás del marionetista, mientras concentra su chakra.
Mientras lucha por esquivar los ataques de los Akatsuki copiados Tobi puede sentir el aumento del chakra de la kunoichi, mientras observa como de sus ya regeneradas alas blancas, extendidas, surgen innumerables hojas de papel que se desprenden de ellas cual si fueran plumas, para ser inmediatamente absorbidas por el cuerpo de Konan, fusionándose con ella: resulta evidente que se está fortaleciendo a ella misma y que esas figuras de origami no son más que distracciones para concederle tiempo.
Las copias son muy fuertes, y su composición tan resistente e invulnerable como el cuerpo de la propia Konan. El enmascarado primero trata de superarlos con su taijutsu, pero la habilidad de las copias neutraliza todas sus posibilidades, y los incontables golpes que recibe de los tres lo hacen retroceder cada vez más. Molesto, hace aparecer con su kamui un par de espadas anchas, con la esperanza que sus hojas, reforzadas con su propio chakra, puedan dañar a los atacantes de papel.
Aunque las hojas de sus metálicas armas le dan algo de espacio, la propia espada de Kisame y la guardaña de Hidan, manejadas con maestría por sus usuarios, como si fuesen los verdaderos, detienen sin problema sus golpes. Incluso, cuando logra hacerles algún rasguño a las copias, el papel que las forma se regenera casi instantáneamente. Kakuzu observa el duelo de armas a la distancia hasta que, en el momento en que Tobi retrocede para esquivar un ataque doble que parecían querer partir en dos al líder de Akatsuki, lanzado simultáneamente por Kisame y Hidan, aprovecha de sujetar al enmascarado extendiendo sus brazos con los inumerables hilos que forman su cuerpo para luego, sujeto de él, acercarlo raudamente hacia donde los portadores armados lo esperan para rematarlo desde direcciones opuestas. En el último momento, Tobi desvanece su cuerpo, a fin de que los dos Akatsuki de papel se ataquen con sus armas, atravesándose el uno al otro. Pero la victoria del enmascarado no es tal, ya que las copias se regeneran de los graves daños que se han infligido entre ellas, y la pelea continúa.
Tobi ha podido percatarse que las copias en papel no son controladas por Konan, quien se encuentra concentrada en su jutsu de creación de papel, así como tampoco están coordinadas entre ellas. También se da cuenta de el porqué Konan los ha elegidos a ellos para crearlos: sus copias no pueden replicar los ataques de chakra o nijutsus de los originales, sólo atacar como si fuesen muñecos, con nada más que ataques físicos (a excepción de los que el propio papel pueda recrear, como las armas o los hilos corporales). Por último, resulta claro que, a pesar de su evidente invulnerabilidad, el chakra con que han sido formados se agota, y que más pronto de lo que pensaba las figuras de papel terminarán desmoronándose.
Luego de casi cinco minutos de pelea incesante, las copias dan señales de estar cerca del límite de su resistencia. Aprovechándose de ello, Tobi logra esquivar las armas de Hidan y Kakuzu y, mientras esquiva los hilos corporales de la copia del inmortal de Takigakure que se despliegan como una nube alrededor del mismo, usa sus espadas para cortar las extremidades y la cabeza de la copia, la que estando en el límite de agotamiento de su chakra simplemente se hunde en el agua, despedazada. Mientras eso acontece, el enmascarado se gira hacia las dos copias restantes y, mientras esquiva sendos ataques de las mismas, les sujeta los brazos atacantes a cada uno con una mano, inmovilizando sus armas, para luego rociarlos con fuego que expulsa desde su boca a corta distancia; luego de unos segundos en que las copias luchan por soltarse del agarre del portador del sharingan terminan sucumbiendo a las llamas, consumiéndose ambas totalmente.
Observa nuevamente a Konan: las copias lo han alejado aún más de ella; está ahora a casi ochocientos metros, una distancia en que no puede distinguirla bien con sus ojos. Descarta aproximarse a ella con un kamui (ya ha usado muchas veces esa técnica con unas simples copias y debe ser precavido con lo que puede estar preparando la kunoichi), así que extrae un kunai de sus ropas y decide hacer su aproximación a pie, corriendo a alta velocidad sobre la superficie del lago para atacarla. Cuando se encuentra ya a menos de doscientos metros, puede ver que Konan sigue en la misma posición, haciendo lo que sea que está haciendo, y que la copia de Sasori sigue inmóvil frente a ella, haciéndole guardia. Con su vista concentrada en su blanco y su sharingan funcionando a plena capacidad, acorta los últimos metros de su frenética carrera, listo para esquivar a Hiruko y dar el golpe fatal a la peliazul. En los últimos diez metros antes de alcanzar su blanco llega a la posición de Sasori, quien simplemente se queda inmóvil, dejándolo pasar sin siquiera hacer el intento de detenerlo. Confiado en que la copia carece de órdenes o chakra para oponérsele, se lanza los últimos dos metros, buscando degollar a la kunoichi, quien aún permanece con sus ojos cerrados, sin reaccionar al inminente ataque. Tobi se ve ya victorioso.
Pero de la nada, en una explosión de humo aparece Sasori en su marioneta, interponiendo el grueso escudo de la misma como una barrera que detiene el ataque del enmascarado, mientras el kunai que pretendía utilizar contra la peliazul se rompe al chocar contra la dura coraza. Hiruko comienza su ataque, y allí comprende Tobi, finalmente, porqué aquél había sido el escogido por la invocadora como su última defensa. A diferencia de las otras copias, enfrentarse a este Sasori es casi como enfrentar al verdadero, salvo por la ausencia del veneno con que el original impregnaba sus ataques, pero el resto es idéntico: su impenetrable coraza; su poderosa y afilada cola; las cuchillas en sus manos y pies; las agujas senbon que salen disparadas de su boca y otros escondrijos; una verdadera máquina de matar, toda hecha tan sólo de papel y chakra. Y sólo empeora cuando, en medio de la pelea, surge desde el interior de la marioneta una copia del verdadero Sasori, armado con sus cuchillas corporales y sin el punto débil que era su núcleo de chakra, coordinándose a la perfección con Hiruko: la marioneta con sus ataques a distancia, el de la Arena Roja peleando casi cuerpo a cuerpo.
A pesar de todo, Tobi sabe que las resistentes copias no son invencibles, pero el tiempo que están ganando para su invocadora le preocupa. Con dificultad logra esquivar los ataques coordinados, debiendo incluso recurrir al kamui cuando, por sorpresa, Sasori logra golpearlo y empujarlo dentro de Hiruko, a fin de acabarlo con las cuchillas-trampa de la tenebrosa marioneta. Pero a pesar de todas las dificultades que enfrenta en su pelea ante las dos copias el enmascarado logra, en todo momento, mantenerse a no más de doscientos metros de la artista del papel, acortando la distancia cada vez que el par de atacantes lo tratan de alejar, mientras espera la oportunidad para su ataque contra ella. Pero tal oportunidad simplemente no se quiere presentar.
Por primera vez, desde que la conoció, Tobi reconoce para si la terrible habilidad y superiores recursos de la tenaz kunoichi, la última superviviente de los fundadores de Akatsuki.
Después de otros largos y extenuantes minutos de esquivar y pegar, Tobi logra finalmente destrozar la copia de Sasori, quien estalla en una lluvia de papel luego de un potente golpe de puño del enmascarado, habiendo ya agotado el chakra que le daba forma. Hiruko, luego de la pérdida de su marionetista, retrocede a la posición que tenía al iniciar la pelea. El enmascarado cree que la marioneta está ahora inmovilizada ya que ha perdido a su controlador, pero en realidad es Konan quien la ha hecho retroceder: ya ha terminado de reunir su chakra y prepara su ataque definitivo, que encabezará personalmente.
Tobi ve como la peliazul a abierto sus ojos y se pone de pie, extendiendo sus alas. Él está cansado por la reciente pelea, así que se permite unos momentos para recuperar el aliento, mientras hace aparecer un par de kamas, unidas a una larga cadena, las que toma, una por mano y con la cadena cayendo entre ambas, casi tocando la superficie del agua, mientras se apresta a dar muerte a su enemiga.
En ese mismo momento, Konan hace su movimiento: sus alas, así como el cuerpo inmóvil de Hiruko se desintegran en una nube de pequeñas hojas de papel blanco, que la rodean, girando como un tornado varios metros alrededor de ella; luego, el tornado se desintegra, formándose tres montículos de papel flotante, los que se cohesionan a los lados y a espaldas de la kunoichi, para adoptar forma humana: primero la silueta, luego las facciones, luego el color. Tobi es sorprendido con las nuevas copias creadas, y no puede evitar sonreír ante la idea de poder pelear contra ellos (aún cuando no son más que burdas imitaciones, piensa).
En formación aparecen, de derecha a izquierda, Yahiko, Konan y Nagato, los tres con su uniforme de Akatsuki, tal y como los conoció cuando eran jóvenes y estaban los tres vivos. Atrás de ellos, con su traje de combate verde y chaleco táctico, luciendo su gran melena blanca, se encuentra Jiraiya de los Sannin, tal y como se veía en la época de la Segunda Gran Guerra Ninja, cuando fue el maestro del trío de huérfanos del País de la Lluvia. Tobi no puede evitar acercarse lo suficiente para que la kunoichi lo escuche, mientras se burla ella:
- Si realmente piensas que con esas malas copias te irá mejor que con las anteriores, sería mejor que simplemente te rindieras y me dejaras darte una muerte rápida e indolora.
- Sólo un pretencioso engreído como tú podría pensar que estas copias serían iguales a las otras, Madara…
Mientras le habla al enmascarado, la peliazul se abre su capa adornada de nubes, dejando el frente de su cuerpo al descubierto. Allí, a la vista de Tobi, concentra su chakra en su mano izquierda, la que posa a unos centímetros de su pecho derecho; la parte de la camiseta azul oscura que usa debajo de su capa y que cubre su seno se desprende, como si fuese una hoja de papel, colgando hacia abajo. Luego, a plena vista de su seno descubierto, el chakra que tiene en su mano hace brillar una especie de tatuaje, invisible hasta ese entonces: un sello especial ininteligible, escrito en su piel, encerrado en un cuadrado de tinta roja del tamaño de su palma. Una vez que se oscurece el sello, brotan de su espalda tres hojas de papel en blanco, un poco más grandes que el sello de su pecho, los que se posicionan frente a cada una de las copias creadas, flotando a unos centímetros de sus rostros, mientras el sello en el pecho de la peliazul desaparece y la hoja que formaba parte de su camiseta vuelve a su posición original. Realiza nuevos sellos y conjura su técnica: "jutsu de origami: resurrección de origami". Los papeles frente a las copias brillan, reaccionando al chakra de Konan, mostrando escritos en ellos, en tinta roja, los nombres en kanji de cada uno de los copiados.
Tobi, preocupado, enfoca su sharingan sobre las hojas que han reaccionado a la técnica, pero ya es demasiado tarde: se percata que las hojas selladas están impregnadas a tope con el chakra original de los copiados (chakra que era antes imperceptible, oculto por el sello que había aplicado sobre ellas la misma Konan), el que, al fusionarse la hoja sellada con las copias de su mismo nombre, deposita ese chakra en ellas, las que apenas ocurre aquello adoptan en sus rostros una mirada verdadera, como los originales cuando vivían, a diferencia de las miradas vacías que tenían hace unos instantes. Konan exclama:
- ¡Madara, ahora te enfrentarás al equipo Jiraiya de Amegakure! ¡Los discípulos más fuertes del legendario Sannin de Konoha serán los que te venzan!
- Mujer tonta, hace ya años que enfrenté al discípulo más fuerte de Jiraiya y terminó muerto, tú y esas ridículas copias no son nada para mi.
El equipo Jiraiya se pone en formación de ataque, con Yahiko al frente, Konan en medio y Nagato en la retaguardia, mientras el sannin avanza raudo sobre el enmascarado en un vano intento de golpearlo; el golpe pasa sin tocarlo. Rápidamente, Tobi se dirige a toda carrera contra Konan, esquivando primeramente a Yahiko, a quien derriba usando la cadena de sus armas; luego, embiste contra la peliazul, pero en el último momento ve a Nagato atravesarse. Con sorpresa, ve como los ojos de la copia de Nagato cambian, adoptando la forma del dojutsu legendario, para luego ser rechazado con la técnica del pelirrojo: "shinra tensei". Tobi sale disparado, lanzado por el poderoso jutsu.
Aun sin reponerse de la impresión, ve a Konan flotando con sus alas sobre él, mientras le dice:
- Los sellos con sus nombres que viste tenían una impresión del chakra y el espíritu de cada uno de ellos. Jiraiya-sensei me enseñó fuinjutsu para poder desarrollar mis jutsus de papel, y fui capaz de crear mi propia técnica para alimentar mis creaciones de papel con la fuerza de sus originales. Sensei se mostró orgulloso cuando se lo enseñé, poco antes de que nos dejara, y me dejó probar la técnica con él. Los otros dos los conseguí mucho tiempo después, y contienen energía suficiente para permitir actuar a mis copias igual que a sus fuentes, incluso con su chakra y sus técnicas.
- Muchacha atrevida…
- Debo agradecerte, Madara: mi idea original siempre fue preparar un trampa lo suficientemente grande como para poder derrotar a tu mejor técnica, incluso si eso significaba tener que sacrificar mi vida, pero tu temprana visita me ha obligado a tener que recurrir a esto, algo que nunca podría haber logrado sin todo el chakra que estuve reuniendo para preparar tu aún incompleto recibimiento.
Molesto, Tobi se incorpora, pero es derribado de inmediato por una patada de Yahiko. Konan crea una espada con su jutsu de papel para el pelinaranjo, mientras ella ataca con shuriken de papel y Jiraiya se sirve de su cabello, que con ayuda de su chakra se transforma en afiladas y resistentes agujas, las que llueven sobre el enmascarado. Tobi es golpeado incesantemente de todas direcciones, y sólo su resistente cuerpo le evita morir lacerado; trata de concentrar sus ataques en la molesta kunoichi, pero en cada pequeña oportunidad que logra acercarse, un siempre atento Nagato lo aleja con su técnica o, peor aún, lo atrae hacia él para tratar de rematarlo con un kunai, también producto del arte de la peliazul. Irritado, logra tomar distancia y concentra su chakra elemental para lanzar su gran bola de fuego, con la esperanza de deshacerse de al menos uno de sus atacantes, pero el jutsu es absorbido por Nagato, que lo recibe de frente. Cansado por el esfuerzo, no puede evitar la palma de viento del maestro peliblanco, que lo arroja lejos, separándolo de sus kama con cadena.
Tobi se levanta rápido, sintiendo por primera vez, en mucho tiempo, que su chakra comienza a menguar. Sin tiempo para hacer otra cosa, es acorralado por Konan y Yahiko, quienes a punta de taijutsu y sirviéndose de sus armas comienzan a hacerle ceder; el enmascarado desactiva su sharingan, ante lo cual ambos atacantes toman distancia. Jiraiya aparece entre sus discípulos, golpeando por sorpresa al enmascarado con un poderoso rasengan; entonces, con el enemigo derribado y apenas sosteniéndose sobre las aguas, el sannin crea tres clones de si mismo, para luego posicionarse cada uno en los cuatro puntos cardinales alrededor de Tobi, usando su chakra para ejecutar un jutsu destinado a sellar su alma. El enmascarado permanece inmóvil, sosteniéndose apenas; el jutsu de sellado entonces da comienzo.
Pero Tobi reacciona de inmediato y escapa sumergiéndose en las aguas, para emerger inmediatamente tras el Jiraiya verdadero, al que atraviesa con sus kamas, que sujeta firmemente en sus manos: las que le han quitado sólo eran una ilusión. El jutsu de sellado, realizado inútilmente, agota el chakra de la copia del sannin, por lo que luego de recibir el ataque de las filosas armas se desmorona, mientras sus clones de sombra sólo desaparecen. Luego Tobi provoca una explosión en medio del agua, que lo oculta momentáneamente de la vista de Konan y las copias restantes, para después salir rápidamente atravesando la pared de agua levantada y correr en dirección de Yahiko. Aún avanza con su sharingan desactivado. El primer líder de Akatsuki trata de confundir a su atacante con un gran número de bunshin, a fin de poder evitarle identificar al real, pero Tobi esquiva las ilusiones y se encamina directamente al verdadero, con quien sostiene una corta pero intensa lucha. Mientras, un clon del enmascarado surge de las aguas para distraer a los otros dos del equipo, quienes con tal estorbo en medio no pueden ayudar al pelinaranjo.
Sin poder hacer nada para evitarlo, Tobi contrarresta con facilidad el taijutsu y la espada de Yahiko, quien finalmente termina agotando su energía sin lograr golpear ni una sola vez al enmascarado. Al notarlo, el clon de Tobi deja su pelea con Konan y Nagato y se dirige veloz a apoyar la embestida final sobre la ya agotada copia. Sin embargo, a sabiendas que su energía está virtualmente agotada, la copia de Yahiko decide dar el todo por el todo y enfoca sus esfuerzos en su rival, ignorando al clon que se acerca rápidamente; dando muestra de su habilidad, realiza con sólo tres sellos el suiton:suiryudan no jutsu, y un enorme dragón de agua se levanta para devorar en sus fauces al enmascarado pero, justo antes de culminar el ataque, Tobi se desvanece en el aire, como si fuese una mera ilusión; el dragón de agua golpea con furia nada más que el aire, para luego desaparecer. El segundo Tobi, que todos pensaban erróneamente que era un clon, golpea por la espalda al pelinaranjo con sus kama, que lo parten a la mitad, derribándolo para nunca volver a levantarse. Mientras el enmascarado gira su cabeza hacia los dos que aún permanecen en el campo de batalla, Konan nota que su único ojo que se asoma por su máscara, que daba la impresión de ser normal, en realidad muestra el sharingan activado: aparentemente Madara nunca ha perdido su dojutsu, sino que sólo lo cubría con una ilusión, para que los atacantes se confiasen y bajaran su guardia.
Al ver la situación y el estado anímico de Konan, la copia de Nagato le hace señas para que descanse, mientras él enfrenta a Tobi. La peliazul acepta resignada: es virtualmente imposible que Nagato, con sus reservas de chakra, logre derrotar al enmascarado, pero le dará un tiempo necesario para planear su próximo ataque.
Nagato se aproxima a Madara, y crea cinco clones de sombras de si mismo, cada uno de ellos con el rinnegan en sus ojos. Luego, invoca un ave gigantesca, similar a una garza, y sube en ella a Konan, para mantenerla alejada del lugar de la pelea, a la espera.
Los clones de Nagato se lanzan contra el enmascarado, dando muestra de una altísima coordinación en sus ataques, mientras el original reúne su chakra para lanzar un ataque final. Utilizando la visión que le proporciona su dojutsu compartido para asegurarse que su blanco es el verdadero, sin ilusiones o copias en los alrededores, hace que sus clones sujeten al enmascarado, inmovilizándolo tan sólo unos instantes. Tobi lucha por zafarse del agarre de los clones, y cuando ya ha destruído a tres de los cinco, los dos restantes conjuran el bansho ten'in sobre la copia de Nagato, el que ha hecho aparecer una barra metálica negra en cada mano, emergiendo desde sus palmas: receptores de chakra. Con la velocidad que le da la técnica de atracción, Nagato impacta al enmascarado, enterrándole las barras en los brazos al momento de chocar ambos.
Mientras Tobi trata de liberarse de las estacas para eliminar a Nagato, él simplemente concentra su chakra, desvaneciendo a los clones e invocando el chibaku tensei, teniendo como centro del jutsu su propio cuerpo. Enormes masas de agua del lago se levantan y arremolinan alrededor de ambos combatientes, hasta el momento en que la atracción gravitacional de la terrible técnica alcanza su punto máximo, colapsando las aguas sobre ambos y aplastándolos en una esfera perfecta de agua de casi doscientos metros de diámetro a altísima presión, que flota apenas sobre la superficie del lago.
Unos momentos después, el ave invocada desaparece; Konan despliega sus alas para mantenerse sobre el lago, mientras ve a la distancia a la esfera de agua comprimida ceder por su propio peso, ante la total ausencia del chakra de su creador; se acerca a revisar el lugar, en el que sólo flotan hojas de papel ya vacías de cualquier rastro de energía. Al principio no se ve nada, pero en un par de segundos reaparece Tobi, retornando de la dimensión del kamui, quien trae aún enterrados en sus brazos los receptores de chakra, así como la mitad de ambos brazos del ya desaparecido Nagato, desgarrados. Al volver al lago, la materia que forma los restos de la copia del guerrero caído se desprenden del cuerpo del enmascarado en finas hojas de papel descolorido, mientras la sangre mana de las heridas ahora abiertas. Tobi forma fuego en sus manos y cauteriza sus heridas directamente, sin emitir ruidos de dolor alguno por dicha operación.
El enmascarado ve a la kunoichi flotando sobre el lago, a unos cien metros ya de distancia. Aburrido de la batalla, que ya se ha alargado demasiado, camina con lentitud hacia ella, con la mirada hacia el frente y su sharingan siempre activo. Nota sus brazos algo tiesos, producto de las heridas infligidas por el clon de Nagato, pero confía en que la peliazul ya no cuenta con recursos para oponerse:
- ¡Acaba de una vez con todo esto, Konan! No hay forma en que puedas derrotarme…
- Lo dice quien se encuentra más lastimado de los dos, aún no has logrado hacerme daño.
- Es verdad, pero mientras que tú tendrías que destrozarme pedazo por pedazo para siquiera pretender tener alguna chance de ganar, a mi me vasta herirte una sola vez para terminar con todo esto.
- Gracias por el dato, aunque ya lo sospechaba, Madara…
Konan, manteniendo su distancia, comienza a crear frenéticamente con incontables hojas de papel que se van desprendiendo de su cuerpo armas arrojadizas de diferente tipo: lanzas, kunai, shuriken y demás, las que lanza en número y velocidad abrumadoras contra el enmascarado. Algunas de ellas vuelan rectas en dirección a donde se encuentra Tobi, y al ser esquivadas impactan sobre el agua, deshaciéndose; otras son guiadas por el chakra de la kunoichi y persiguen durante largo rato a su presa, quien se ve obligado a usar su fuego a su máxima potencia para desembarazarse de dichas molestias. Finalmente, habiendo esquivado todo, logra atacar con un nuevo kunai que saca de entre sus ropas a la peliazul, la que interrumpe el ataque con un arma similar que forma rápidamente en su mano derecha. Konan se desprende de sus alas de papel, las que se desarman en muchísimas hojas que permanecen a flote en el aire, mientras su creadora se traba en un duelo a corta distancia con Tobi.
Afortunadamente para la peliazul, las heridas que presenta en el cuerpo (principalmente las hechas en sus brazos por Nagato) han bajado la velocidad de su agresor, por lo que el duelo de taijutsu entre ambos de ve bastante equiparado, incluso con ligera ventaja para la kunoichi. Tobi se lleva algunos nuevos cortes en el cuerpo, pero cada ataque que lanza la ninja sobre su rostro es repelido por aquella máscara que le cubre, contra la cual los kunai de papel invocados simplemente se rompen al impactar. Decidida a limitar aún más el movimiento de su agresor, Konan hace que las hojas que formaban sus alas los envuelvan a ambos en un especie de domo, en el que las paredes del mismo son las referidas hojas, que se mueven alrededor de ellos en círculos, a altísima velocidad, dejando unos pocos metros para que ambos contrincantes se muevan sin chocar con las mismas. Tobi llega en un momento dado a tratar de afirmarse contra dicha pared móvil, pero se percata, con los primeros impactos, que las hojas del muro de papel se encuentran muy duras y afiladas y pulverizarán a cualquiera que trate de traspasarlas.
El kamui ya no es opción, ya que su chakra está en mínimos y probablemente uno o dos más de esos y tendrá que huir de la batalla, derrotado, lo que no puede permitirse a menos que pretenda renunciar definitivamente a los ojos que ha venido a recuperar. Pero si logra acercarse lo suficiente a la kunoichi podrá recurrir al genjutsu del sharingan y anularla definitivamente, por lo que se concentra en ese único propósito.
Mientras se sostiene contra la nueva y feroz envestida de su agresor, Konan comienza a hacer volar infinidad de hojas que se encontraban en la superficie de la isla sepultura, mimetizadas perfectamente con ella: son las que formaban parte de su trampa explosiva, la que no pudo completar y de las que ya ha decidido de qué forma se servirá de ellas para derrotar al invasor. Son sellos explosivos, incontables, que estuvo formando durante cada instante de las últimas cuarenta y ocho horas. Calcula que le podrían dar uno o dos minutos de explosiones continuas: insuficiente, según sus propias observaciones, para derrotar la técnica espacio-temporal de Madara, pero más de las que necesita para vencerlo en su ataque final. El enmascarado no parece darse cuenta de las hojas en movimiento a la distancia, concentrado como está en alcanzarla, así que la kunoichi cierra poco a poco el círculo de su barrera de papel mientras mimetiza los sellos explosivos creados en el cielo y el agua que los rodea, haciéndolos invisibles. Cuando el proceso es completado, la peliazul se escurre por entre las paredes de su domo de papel, sin recibir daño alguno, mientras el mismo se cierra alrededor de Madara, en un vano intento por aprisionarlo, ya que aquél se libera de la trampa casi al instante.
Tobi ve a su presa, que ha vuelto a formar sus alas y vuela rápidamente de regreso a la isla. Ella huye, lo que significa que se encuentra en el límite de su resistencia. Animado por la expectativa de terminar con la agotadora lucha, se anima a perseguirla, enfocando su mirada en su blanco, ignorando los alrededores. Pero al dar sus primeros pasos comienza a desatarse el infierno.
Como en un gigantesco campo minado, lugar que pisa y espacio que atraviesa es presa de las llamas, producidas por incontables sellos explosivos que se hacen visibles al momento en que pasa cerca de ellos, desgarrando sus ropas, dañando su piel y nublando su vista. Si bien su velocidad y su sharingan le ayudan a evitar lo principal de las sucesivas explosiones, se encuentra sin lugar para protegerse, ya que las explosiones vienen incluso de lo profundo del lago y del cielo sobre su cabeza. Finalmente, luego de treinta y cinco segundos de esquivar estallidos, es acorralado por la trampa; innumerables sellos se agolpan como un mar sobre él, listos para estallar. Mientras ve la pared de sellos abalanzarse sobre sí observa, a la distancia, a Konan, que se encuentra parada a orillas de la isla en el centro del lago, mientras guía con sus manos los papeles sellados que se cierran alrededor de él.
La explosión de todos ellos, al unísono, crea una bola de fuego infernal que se eleva casi dos kilómetros al cielo y provoca un agujero en las aguas del lago que llega al fondo del mismo, a ciento cincuenta metros de profundidad, formando un cráter de al menos treinta metros extras. La onda de choque resuena y se expande sonora un par de cientos de kilómetros a la redonda, mientras se crea una ola de casi veinte metros de alto que cubre la pequeña isla en el centro del lago, la que obliga a la peliazul a proteger el sepulcro de sus amigos con un escudo de papel, lo que la deja agotada.
Furiosa y cansada, luego de que ha pasado el estruendo de la explosión, Konan observa como el enmascarado permanece de pie sobre las aguas que ya han vuelto a su posición original. Ha usado su técnica para volverse intangible al momento de la explosión, por lo que la misma ha sido en vano. Aunque agotada, la kunoichi se eleva y, con la ayuda de sus alas, vuela veloz al lugar en que se encuentra Madara, dispuesta a rematarlo, de ser necesario, con sus propias manos, en las que lleva una lanza conjurada de papel.
Los primeros ataques de la peliazul son inútiles, ya que sólo atraviesan el incorpóreo cuerpo de su enemigo. Luego, cuando se cumplen cinco minutos desde la explosión, Tobi se solidifica y contesta los ataques de la cansada kunoichi; sin que ella lo note, saca una larga cadena con bolas de entre su vestimenta, la que usa para atar el brazo izquierdo de la escurridiza oponente. Mientras sujeta la cadena con su mano derecha, de la izquierda hace brotar una protuberancia sólida, de color blanco, como si fuese una estaca rústica. Sirviéndose de tan rudimentaria herramienta, Tobi desarma a la kunoichi, y, acercándose a ella, le clava la estaca en el costado izquierdo, a la altura del ombligo; fluye la sangre de Konan, y por lo que siente gracias a su estaca, sabe que es la verdadera y no un clon.
Tobi sonríe tras su mascara.
El enmascarado trata de obligar a la peliazul a mirarlo a su ojo, pero ella se resiste, mientras trata de zafarse. Molesto, Tobi sujeta fuertemente el brazo izquierdo de la kunoichi, mientras con su puño derecho da un fuerte golpe en el antebrazo del mismo, rompiéndolo. Abrumada por el dolor, Konan no logra sostenerse en el aire y desciende a la superficie del lago, aun sujeta por la cadena de Tobi. El enmascarado entonces suelta el brazo roto y, con la mano que le sujetaba, toma el rostro de la peliazul, a fin de que gire su mirada hacia él, lo que logra. Pero sus ojos permanecen aún cerrados, mientras aprieta sus dientes tratando de contener el dolor.
Tobi tiene la opción de simplemente matarla, pero quiere hacerla sufrir por todo lo que le ha provocado la última hora, así que sujeta con su mano derecha nuevamente la estaca enterrada en la mujer, moviéndola dentro del cuerpo de su víctima a fin de provocarle un mayor dolor a su presa y lograr así que abra sus ojos. La kunoichi se resiste, mientras sus alas, ya inútiles, se transforman en un par de puños gigantes que golpean insistentemente el rostro del atacante, trizando su ya maltratada máscara. Finalmente, haciendo un último esfuerzo, la peliazul transforma su mano derecha en un filo cortante y lo entierra en el hombro izquierdo del enmascarado, quien toma el golpe sin emitir gemido alguno, como si no lo sintiera, para luego extender sus alas y elevarse con esfuerzo diez metros sobre la superficie de las aguas, llevándose con ella al enmascarado. Allí, el dolor finalmente la doblega, y aún sujeta por la poderosa mano sobre su cara, abre sus parpados.
"Finalmente", piensa Tobi, teniendo lista la pesadilla con la que atormentará a la atrevida kunoichi.
Pero donde debiesen estar los ojos de la peliazul sólo hay una superficie lisa, en blanco. Konan emite una carcajada, mientras le responde con frases entrecortadas, conteniendo como puede sus gemidos de dolor:
- Lo lamento, Madara, pero decidí… que mis ojos eran demasiado bellos… para permitirte verlos… No te has ganado ese privilegio…
- ¿Que truco es éste? ¡Estoy seguro que este es tu cuerpo real, lo sé!
- Es… verdad, y duele como… no tienes… idea, pero mi jutsu de papel, de la… misma manera que me permite trasportar todo mi cuerpo como si fuesen hojas, me… permite también separar partes específicas de mi cuerpo… cuando así lo requiera… Aunque normalmente no… recurro… a ello… ya que las partes separadas quedan muy vulnerables, y… si alguien las dañara no podría… volver a reponerlas… Pero ahora estamos solos, ¿cierto… ? Y sé que éste es tu cuerpo real, de la misma… manera que tú lo sabes… respecto del mío…
- Entonces tan sólo tengo que matart…
Tobi no alcanza a terminar su frase: una muy pequeña y afilada aguja senbon, hecha de papel, le atraviesa su único ojo visible, reventándolo. El dolor y la sorpresa le hacen soltar la estaca con que torturaba a la kunoichi. Ésta, al ver que su propio dolor se apacigua levemente, hace aparecer de todos los alrededores una gran cantidad de sellos explosivos, antes camuflados. Asustado, el enmascarado le cuestiona a su enemiga: "¿así que este era tu plan, verdad?". Konan le responde: "no, sólo es algo que tuve que improvisar". Los papeles sellados se agrupan en todos los alrededores, formando estacas de unos tres metros de largo, unas cuantas decenas de ellas, que rodean a la pareja que flota en el aire. Tobi reacciona: "¿acaso pretendes atravesarme con esas cosas y hacerme estallar? ¿es que no te importa morir conmigo?"; Konan le observa: "veo que tienes otro ojo dentro de esa máscara, ya que puedes ver todo lo que estoy haciendo, pero de seguro no tiene la habilidad del que has perdido, ya que si así fuera ya te habrías escapado, ¿verdad?; pero no te preocupes, el único que morirá aquí serás tú". Tobi mira a sus alrededores, incapaz de soltarse del agarre de la kunoichi: las lanzas explosivas están en todos lados, no hay ruta de escape; a sus espaldas, puede observar, flotando a un par de metros atrás de su cabeza, los ojos de Konan, cuyos bordes se difuminan en sueltas hojas de papel, que se mueven con el suave viento presente. Finalmente Konan hace que sus ojos regresen a su rostro, mirando a su enemigo con furia.
En un último intento desesperado, Tobi trata de quitarse la máscara, pero cuando está a punto de conseguirlo las lanzas de papel atacan, todas al mismo tiempo, atravesando a ambos contendientes y provocando que la sangre del enmascarado salte a raudales en todas direcciones. Tobi, debilitado por el ataque, sólo puede ver que, si bien ha sido atravesada de la misma manera que él, el cuerpo de la peliazul no presenta los daños que el suyo, como si las muchas lanzas hubiesen pasado sin tocar carne ni huesos a través de ella. Al notar su mirada cansada, oculta detrás de su dañada máscara, Konan le dice: "este papel es mi propia esencia, mi chakra, mi carne y sangre lo han formado; es absurdo que pensaras que mis armas podrían dañarme de alguna manera… Adiós. Madara"
Como último movimiento, Konan disuelve su cuerpo en muchas hojas de papel, las que se mueven en el aire hasta llegar a la isla en medio del lago, donde su cuerpo es re-ensamblado. Allí, con un gesto de su mano, hace estallar las lanzas explosivas, las que en una hecatombe de fuego y aire caliente destruyen el cuerpo de Madara, despedazándolo por completo. El chakra del enemigo finalmente desaparece.
Konan, cansada, da la vuelta y se dirige hacia donde se encuentran los cuerpos de sus amigos, a cuyo lado espera poder reponerse de sus graves heridas.
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"…Izanagi… "
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Tan sólo escucha esa extraña palabra como un murmullo lejano, pero el chakra que emerge a sus espaldas la asusta, obligándola a darse la vuelta rápidamente. Allí, junto a ella, aparece Tobi, con su ojo sharingan intacto, sin rastro alguno de daño por la explosión que supuestamente ha debido acabar con él. Sin perder tiempo, el enmascarado entierra un kunai en el pecho de la kunoichi, de donde sale un líquido rojo acuoso, el que escurre por la hoja del arma:
- Nunca tuviste oportunidad de vencerme, mujer, aunque reconozco tu habilidad. Eres el primer enemigo que me lleva a usar todos mis recursos, incluso mi carta de triunfo. Realmente eres la mejor discípula de Jiraiya de los sannin, diste mucho más pelea que Yondaime Hokage.
- (con sus labios manchados de rojo, la kunoichi pregunta) ¿acaso… el kamui no era… tu… técnica más poderosa… ?
- Por consideración a la pelea que me has brindado responderé a tus dudas: si, el kamui es mi mejor jutsu en combate, pero además cuento con (se saca la máscara mientras le contesta) ésto (señala su ojo izquierdo, en el que se ven las señales de un sharingan que desaparece, volviendo el ojo de un color blanco lechoso, con un aspecto muerto), o al menos contaba con ello; pero no te preocupes, muchacha, que tengo muchos para reponer el que he tenido que sacrificar por tu culpa, aunque creo que con lo que guardas en esa pequeña cámara no necesitaré reponerlo con algo tan burdo.
- ¿Pero… cómo… ?
- Los Uchiha que dominamos los secretos del sharingan siempre hemos tenido la posibilidad de, sacrificando uno de nuestros ojos, cambiar el destino que podemos enfrentar, incluso si se trata de nuestra propia muerte. La técnica, aunque útil, por sus alcances (que vuelven al usuario de la técnica invencible y podrían, por lo mismo, incitarnos a robar ojos de otros miembros del clan para poder perpetuar su uso) se volvió un jutsu prohibido. La técnica se llama Izanagi y tú, muchacha, has tenido la mala fortuna de encontrarte con ella.
- (una voz le habla, oculta fuera de su vista) Gracias por la información, Madara, le será muy útil a quien deba vencerte.
Confundido, Tobi siente el líquido rojo en su mano que sujeta el kunai enterrado en la kunoichi. Se palpa demasiado diluído para ser sangre. Lleva el líquido a su nariz, para olerla: es tinta roja; nuevamente ha sido engañado. Mira los labios de su víctima, quien murmura "clon de papel, terminar", desmoronándose ante sus ojos.
Konan, la verdadera, camuflada y oculta de su vista gracias a su jutsu, se tele-transporta, escapando de él.
Molesto consigo mismo por su descuido, camina con pasos acelerados al interior del mausoleo, a fin de reclamar su premio por la victoria alcanzada. Al llegar junto al cadáver de Nagato, le quita una máscara funeraria blanca, en que se encuentra pintado el rostro del difunto, con el signo del rinnegan en él; ansioso, levanta el objeto a fin de cerciorarse de que su objetivo está allí esperándolo.
Pero no hay nada, sólo un par de cuencas vacías. Konan ha ganado la partida.
Furioso, recurre a su ya algo repuesto chakra para generar una furiosas llamas que lo rodean como una barrera ígnea, la que con ira extiende hasta los confines de esa pequeña isla, entregando todo, estructura, papel y cuerpos, a las llamas, y reduciendo todo a cenizas.
Junto a una garza de papel, abandonada en la rama de un árbol, en un bosque que se encuentra a unos kilómetros de distancia de la aldea escondida entre las hojas, aparece Konan gracias a su técnica de tele-transporte. Cansada, recoge esa pequeña figura de papel, una creación suya, dejada como ancla para poder tener una vía de escape en caso de necesitarlo. Se sienta a los pies de ese árbol a fin de revisar sus heridas.
Afortunadamente fue lo suficientemente cuidadosa, luego de que creyó haber vencido definitivamente a Madara, para mantenerse oculta, camuflada con la superficie del lago y dejando como señuelo al clon que creo para que detonase su ataque final, por si acaso el mismo fallaba (como acabó finalmente ocurriendo).
Asegura la herida en su costado con papel impregnado de su chakra, parando el sangrado. De la misma manera, afirma su brazo roto con varias capas de papel formando una cubierta rígida, cual yeso que lo inmoviliza. A continuación, se arranca las piezas metálicas incrustadas en su cuerpo, hechas de un material similar a los receptores de chakra de Nagato: no sabe si Madara, ahora que tiene el cuerpo de su amigo caído, podría descubrir gracias a él la manera de rastrearla por medio de esos aditamentos. Al menos lo que más temía Pain que cayera en manos del enmascarado, sus valiosos ojos portadores del rinnegan, no existen, quedando ahora y para siempre fuera del alcance de su enemigo.
Una vez tratadas sus heridas, crea un par de perros de origami, a fin de que consigan comida para ella. También da forma a muchísimas mariposas de papel, a las que les señala un objetivo: deben encontrar a Naruto, el junchuriki del nueve colas. Si tiene suerte, podrá encontrarse con él antes que Madara, y seguramente la información sobre sus técnicas y capacidades le dará una ventaja necesaria para que logre vencerlo, como pensaba Nagato del rubio.
Habiéndose ido las mariposas en todas direcciones, en busca de su objetivo, la peliazul crea una garza de papel de tamaño suficiente para montar en ella, a fin de buscar alguna cueva o cabaña abandonada donde poder guarecerse durante esa noche, mientras espera novedades de sus creaciones.
Naruto se encontraba en un evidente estado de excitación, alterado por lo que había leído en la carta de su sensei. Si lo que allí decía era correcto, tenía la oportunidad perfecta para encontrarse, antes de ocho días, con su compañero perdido. Pero de nada le sirve dicha información mientras todavía se encuentre atrapado allí, en una espera que no sabe cuando concluirá. Confundido, incluso comienza a preparar sus cosas para poder marcharse sin mayor pérdida de tiempo, ya que considera que necesita los días que le queda hasta la reunión de los kages para poder encontrar a su amigo.
Fukasaku-gama le pide la carta al alterado jounin, leyendo su contenido. Al percatarse de lo que significa todo lo señalado allí para el joven, le pide que recapacite y no deje que un actuar impulsivo arruine sus esfuerzos de los últimos días: aún queda bastante tiempo, puede darse el lujo de perder tres o cuatro días más, fortalecerse mientras el Gran Sapo Sabio finalmente despierta.
Resignado, Naruto le concede la razón al anciano sapo, y mientras se disculpa por su conducta reciente, se acuesta a dormir, esperando que el descanso le tranquilice y, tal vez pronto, pueda Gamamaru-sama despertar finalmente.
Pero la espera fue aún más corta de que creía posible, ya que pudo escuchar a medianoche como un mensajero sapo, llamando a la puerta de los ancianos, era atendido por el abuelo sapo, a quién le comunicaba la noticia que ojiji-sama había recién despertado.
El propósito de Fukasaku, al oír al mensajero, siempre fue el ocultar la novedad hasta la mañana siguiente, dejando al rubio reponerse tranquilamente del duro entrenamiento de ese día, pero apenas despidió al mensajero se encontró con su estudiante, ya vestido, insistiéndole en que lo llevase a la morada de Gamamaru, tal y como le había prometido. Viendo que no lograría persuadir al joven de esperar hasta la mañana siguiente, se resignó a la idea y le dijo que esperase unos momentos, mientras le avisaba a su esposa que ambos saldrían y a donde irían.
El camino fue rápido, con un Naruto presionando constantemente a un cada vez más molesto anciano sapo para que apresurase el paso y llegasen lo antes posible para su ansiada cita con el venerable gran sapo.
Pero la diligencia no fue todo lo productiva que hubiesen podido esperar, ya que se encontraron con que el Gran Sapo Sabio se encontraba durmiendo, roncando ruidosamente. Molesto, el rubio preguntó a uno de los guardias sapos del lugar, un pequeño que le llega apenas a la cintura: "¿es que acaso no se suponía que ya había despertado de ese supuesto sueño profético"; el interrogado le responde: "así es, señor"; Naruto replica: "y entonces, ¿que se supone que es eso?" (dice mientras apunta con el dedo al dormido sapo gigante, sentado en su trono y provisto de un vistoso gorro de dormir y cuyo pecho sube y baja al ritmo de sus estridentes ronquidos); el guardián responde: "es Ojiji-sama durmiendo". Naruto, cada vez más hastiado de las simples respuestas del sapo, lo toma de las axilas, levantándolo y acercando el rostro del sapo al suyo, le exige: "explícate, claramente". El sapo, asustado por la actitud del rubio, le responde, ligeramente nervioso: "Gamamaru-sama ya ha despertado de su sueño profético, pero por la hora que es se ha puesto a dormir, y sería irrespetuoso despertarlo"; el rubio replica: "¿y como saben que no ha vuelto a entrar en otro sueño profético, eh?"; el guardian responde: "es fácil, señor: ahora está roncando, lo que tan sólo hace cuando duerme". Dándose por satisfecho con esa respuesta, baja al atribulado sapo y se dirige a Fukasaku-ojii, quien mira toda la escena curioso:
- ¿Terminaste con ese pobre guardián, Naruto?
- Si, ojii-san.
- Supongo que ahora volveremos a mi hogar para pasar la noche.
- Me niego, voy a quedarme aquí, esperando.
- Pero, Naruto…
- Lo siento, abuelo, pero no estaré tranquilo a menos que pueda asegurarme de hablar lo antes posible con él, y la única manera que tengo para ello es esperar aquí. Por favor, avísele a Shima-obaachan que me quedaré aquí, al menos por esta noche.
- Bien, pero trata de no molestar a los que cuidan de ojiji-sama. Y por favor, no intentes despertarlo y déjalo dormir tranquilo.
Ambos se despiden, y el anciano ve como el rubio se acomoda al pié de la escalinata que se encuentra en la base del trono del gran sapo, decidido a dormir allí mismo. Los sapos que montan guardia miran molestos al anciano sapo, como culpándolo por el inapropiado comportamiento del rubio, pero Fukasaku solo les suplica que tengan algo de paciencia con ese convidado de piedra, mientras pide que le traigan siquiera una manta para que el joven pueda cobijarse con ella. Resignados, los sapos acceden al pedido del anciano y consiguen una manta y una almohada para el inesperado huésped.
El retorno de Tobi a su guarida se produjo momentos después de haber calcinado el abandonado sepulcro de los primeros Akatsuki. Rabioso, medita en sus opciones ahora que ha perdido nuevamente a Konan: es muy probable que guarde los ojos con el rinnegan con ella, o tal vez los haya ocultado en algún lugar secreto, por lo que no tiene ya la opción de matarla, al menos no antes de que pueda interrogarla.
Pero es consciente de la alternativa, y tal vez los ansiados ojos no estén ocultos, sino que posiblemente hayan sido destruidos. Al principio había descartado esa idea, pensando que con lo mucho que quería la peliazul a su compañero y amigo no se habría atrevido a destruir una parte de él (y estaba seguro que ella no sabía el verdadero origen de esos ojos, lo dicho por ella misma durante su pelea le confirmaba aquello). No, no se habría atrevido a dañar aquello que caracterizaba a Pain, aquello que era su misma esencia… a menos que… el mismo Nagato se lo hubiese pedido…
Pero eso no era posible, el pelirrojo no habría podido prever su propósito para con él, y Tobi nunca le había revelado que en realidad lo necesita para revivir, en algún momento del futuro, a la mente maestra detrás de todo su plan. Pero tal vez, sólo tal vez habría intuido la necesidad que el mismo tenía del poder de aquellos ojos, y se habría propuesto fastidiar sus propósitos sin estar totalmente seguro de cuales eran esos; ¿a tanto habría podido llegar su desconfianza?
Mientras camina, sólo con sus pensamientos, siente que el ya muerto ojo Uchiha que tiene en el lado izquierdo de su cara comienza a degradar el tejido de su reconstruido cuerpo, proporcionado por su maestro con la ayuda de Zetsu, por lo que, sacándose la máscara, retira el guante que cubre su ennegrecida mano derecha y, sin la menor duda, se entierra los dedos en su rostro, alrededor del sacrificado globo ocular, para luego cerrarlos alrededor del mismo y, sujetando el desechado ojo, arrancarlo de un sólo tirón, para luego arrojarlo lejos, al suelo.
Cansado y con la herida en su rostro aún abierta, se sienta a esperar el retorno de Zetsu.
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El hombre planta aparece una hora después, mirando confundido (con la mitad de su cuerpo enterrado bajo el suelo de la habitación) el rostro demacrado -más que de costumbre- de su líder. Mientras le informa que aún no hay noticias del paradero del Hachibi y que Sasuke se dirige, como se le ordenó, con su grupo en dirección al País del Hierro, el pelinegro le interrumpe informándole brevemente del resultado de su encuentro con la desertora, mientras le comparte sus dudas respecto de la posible pérdida definitiva del rinnegan:
- Debo asumir la posibilidad de que el rinnegan que implantamos en Nagato ya no exista, Zetsu.
- Eso parece, Obito…
- No comprendo porqué tu maestro tuvo que ordenarnos que le diésemos sus ojos a ese mocoso, cuando podría simplemente haberlos entregado a mí.
- Sabes perfectamente que la ejecución de la técnica necesaria para devolver una vida, así como reconstruir un cuerpo, exige demasiada energía por parte del invocador del jutsu; en sus orígenes, tan sólo Rikudo Sennin podía hacerla sin preocuparse por que la misma lo matara.
- Pero es que Nagato…
- Nagato (le interrumpe el hombre planta) pertenecía al clan Uzumaki, cuya longevidad y fuerza de vida es legendaria; era la carta más segura para poder realizar el jutsu necesario sin morirse antes de completar el proceso.
- Entonces debimos simplemente hacer que reviviese a tu maestro hace ya tiempo, no nos veríamos en esta situación.
- Eran necesarias dos cosas antes de que lo reviviésemos, esas fueron sus instrucciones: primero, las nueve bestias con cola deberían haber sido reunidas y capturadas dentro del Gedo Mazo, y para poder hacerlo Nagato debía permanecer a salvo, ya que su conexión con la estatua demoníaca era necesaria para la recolección de los mismos. Lo segundo era que el muchacho madurara el poder de aquellos ojos para poder completar el jutsu necesario sin problemas. Si nunca le enseñamos que podía revivir a una persona muerta en cualquier época y circunstancia fue justamente para que no se viese tentado a traer a la vida a su compañero muerto y terminara desechando la que se suponía terminaría siendo su única oportunidad para hacerlo.
Ambos permanecen en silencio unos momentos, hasta que Obito le habla nuevamente a Zetsu:
- Hay que continuar como podamos; ¿puedes sincronizarme a mí con el Gedo Mazo?
- Sería muy difícil sin el rinnegan.
- Pero no imposible, ¿verdad? Sé que debes tener un plan de respaldo, tu maestro no habría confiado todo su juego a una sola carta.
- En realidad existen dos alternativas, pero la más segura es, en este momento, imposible.
- Dímelas, Zetsu.
- Bien, una era servirnos del cuerpo de Hashirama que tenemos fusionado en el árbol, creando nuestros soldados, para integrar a tí su chakra y, de esa manera, desarrollar tu propio rinnegan, de la misma manera que lo hizo mi maestro, pero eso es imposible mientras sólo poseas uno de tus ojos originales, y no hay otro par de ojos con un Mangekyo Sharingan totalmente desarrollado, salvo…
- Los que le di al mocoso Uchiha, el hermano de Itachi.
- Así es, Obito.
- Puedo intentar recuperarlos.
- Pero en tu condición actual es virtualmente imposible que lo derrotes. A menos que cuentes con mi apoyo o el de Kisame.
- O simplemente puedo esperar a que se enfrente a algún enemigo poderoso que lo debilite lo suficiente; con el rumbo que van tomando las cosas ese enemigo podría ser el Raikage, Danzo o incluso el jinchuriki del Kyubi. Hay que mantenerlo vigilado para actuar apenas se presente la oportunidad; conseguir esos ojos tiene ahora mayor importancia que la captura del nueve colas.
- Informaré a Sasuke para que no…
- No, lo mantendremos en secreto. Con lo desconfiado que es ese muchacho podría pensar incluso que deseo esos ojos de vuelta y no quiero darle oportunidad de apartarlos de mi. No puedo repetir mis errores con él.
- Esta bien, Obito. La otra alternativa es compartir contigo la esencia de mi parte negra, aquella que contiene la voluntad de Uchiha Madara, a fin de que con su dominio del elemento madera puedas acoplarte al Gedo Mazo sin problemas. Además, dicha transferencia aumentaría tu propia fuerza y te daría acceso a los jutsus del mokuton.
- Facilitándome las cosas cuando inevitablemente me reencuentre con los jinchuriki restantes. Bien, hazlo.
- También hay que curarte y reemplazar el ojo que perdiste con alguno de los que tenemos almacenados.
- Pero eso lo haremos después, hay algo que quiero hacer apenas se complete mi sincronización con la estatua demoníaca.
Dando a entender que comprende las instrucciones de su lider, Zetsu termina de emerger del piso y sale completamente, permaneciendo de pie, un par de metros frente a Obito. Mientras la parte blanca cierra su ojo, la negra permanece con el suyo abierto, mientras le dice con voz tétrica: "esto te va a doler, y mucho, así que es mejor que aguantes". Luego, el pelinegro ve como una sombra se escurre hacia el suelo y repta, sin concierto aparente, mientras se extiende desde el pie negro de Zetsu hacia sus propios pies. La sombra comienza poco a poco a semejarse a una masa, la que se levanta a trazos de la superficie del piso en que se extiende hacia arriba, como queriendo alcanzar el aire, para luego caer de vuelta al suelo, arrastrada por su falta de forma, para fusionarse nuevamente con la masa que continúa su avance, llegando ya a tocar los pies del Uchiha, que espera todavía sentado.
Una vez llega a los pies del pelinegro, la masa oscura avanza rauda, subiendo por las piernas hacia su cabeza, extendiéndose como una manta por todo su cuerpo, cubriéndolo por completo. Luego, la oscura masa se amolda a Obito, como una segunda piel, para penetrar por los agujeros del pelinegro, así como forzando la piel reconstruida del mismo, inyectándose en él. Obito siente como aquella cosa oscura se introduce en él, quemándolo, haciendo reaccionar a cada terminación de dolor de su cuerpo, nublando su cabeza; no puede evitar gritar de dolor, mientras suda copiosamente por el cansancio y estrés que le produce la unión con ese sombrío ser.
Unos instantes después, la fusión se completa, sin quedar rastro en la superficie del pelinegro de la sustancia que lo cubrió hace apenas unos momentos. Zetsu blanco le habla para hacerlo reaccionar; unos segundos después Obito tan sólo pregunta: "¿está listo?"; el aludido responde: "si, está listo". El pelinegro toma su máscara y se la vuelve a poner, para luego dirigirse afuera de la guarida; Zetsu lo sigue.
Una vez fuera, repite los sellos de manos que ha visto realizar tantas veces a Pain en el pasado, invocando por primera vez a la monstruosa aparición: el Gedo Mazo aparece, mostrando siete de sus nueve ojos cerrados, limitado por sus cadenas que lo sujetan, inmóvil en su presente estado.
Satisfecho con el resultado de la operación, Obito le informa al hombre planta que se irá por un par de horas, pero que necesita que se quede en la base, a fin de preparar todo para tratar su cuerpo a su regreso, así como implantarle un nuevo ojo Uchiha que pueda usar de la misma forma en que ha sido usado el anterior. Mientras Zetsu simplemente asiente a las instrucciones de su líder, el enmascarado desaparece en un kamui, decidido a ejecutar una venganza que no tenía planeada llevar a cabo pero que las acciones de la peliazul le obligan a realizar, a fin de poder mandar un mensaje claro a la desaparecida desertora: mientras persista en huir, más sufrirán por ella.
