HoneyMoon.

Escrito:One-shot.
Idea:Kia-kuch. Escrito: Parlev.
Pareja:RiRen (Levi x Eren)
Narrador:Primera persona.
Anime: Shingeki no Kyojin.
Género:Yaoi.
Subgéneros:Ficción/Drama/ Romance/ Daily Life.
Contenidos:Matrimonio/ Familia/ Recuerdos/ continuos time skip.
Parejas mencionadas:RivaMika.

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Los últimos días de vacaciones estaban llegando a su fin, aunque a los niños eso no les pareciera realmente atrayente para mí significaba volver a casa y también a una ligera tranquilidad dentro de ella, adoraba que los niños estuvieran de un lado a otro con nosotros pero también adoraba meterme dentro del estudio y continuar con la novela que me esperaba fielmente todos los días, a veces recriminándome el no haberle hecho el caso necesario.

Nicky correteaba por lo extenso de la playa, alzando la arena con sus pequeños pies, Levi continuamente le gritaba que tuviera cuidado y luego iba tras ella, estando al tanto de que no se enredara y cayera. Yo siempre decía que estaba bien que se cayera de vez en cuando, era bueno para ella misma. Una filosofía vieja de un escritor algo resegado.

Por otro lado, Ailee se quedaba a mi lado, con los lentes de sol puestos y una pose extraña sobre la silla, escuchando esa música tan rara y de vez en cuando fingiendo leer alguna de esas novelas de terror tan de moda, no traía traje de baño, aunque él insistiera que eso lo era.

—¿Por qué no dejas que el sol te broncee un poco? —tanto Levi como yo solíamos preguntarle eso cada vez que salíamos.

—No quiero requemarme la piel.

Había tenido esa obsesión intensa de mantener la piel en su estado natural, llevando mallas negras debajo de los bermudas y blusa de manga larga debajo de la camiseta hawaiana, nunca dejando de lado el bloqueador solar y siempre cargando una sombrilla. Continuamente me preguntaba si había alguien que le gustase y por eso quería mantener la piel blanca, igual a su padre, pero cada vez que intentaba sacar el tema a coalición me ignoraba haciendo la cabeza a un lado y diciendo que estaba loco.

Como si yo nunca hubiese pasado por esa edad.

El verano había sido de lo más hermoso que hubiese presenciado en todos mis más de treinta años de vida y eso que había pasado por veranos realmente bellos. Por alguna razón tener a mi familia junta, con todo y sus repelos, me hacía feliz.

Mi pequeña hija de cinco años, con los pies ansiosos por correr y hacer que su padre fuera tras ella cada tres por dos. Riendo y coloreando la vida como su única preocupación.

Mi hijo de catorce años, entrando a la horrible adolescencia, obsesionado con las cosas raras e insignificantes. (Eso, estaba seguro, lo había copiado de su padre) Sonriendo discretamente mientras aquella compañera pasaba a su lado diciéndole "Buenos días."

Mi perfecta pareja llena de errores y preocupaciones, besándome la sien derecha cada mañana, ayudando con los quehaceres de la casa, llevando a los niños a la escuela y deseándome suerte para que pusiese continuar escribiendo esa novela que llevaba tanto tiempo en proceso.

Estaba bien, estaba feliz, era perfecto. No me preocupaba nada más que la estabilidad de la familia que tanto me había costado formar.

De repente, allí sentado en la silla, frente a las olas de mar, me sentí el espectador de mi propia vida, sintiéndome infinitamente agradecido por esto.

—¿Estas llorando? —pregunto Ailee quitándose los lentes de sol.

Voltee a verle y al hacerlo, sentí esa pequeña lagrima salada en mi mejilla, sonreí casi por inercia y le acaricie el cabello.

—Es la sal. —respondí.

No me creyó, pero tampoco pregunto.

Nicky se acercó dando revotes y sosteniendo algo con las manos regordetas.

—Mira. —primero se acercó a su hermano, mostrándole las conchas marinas. —¿A que están bonitas?

—Muy lindas. —respondió él. —Regálame esta.

—Pero es para papá. —refunfuño ella, haciendo las manos a un lado.

—Dásela a tu hermano, Nicky, pueden ir a buscar más. —intervine antes de que se armara algún tipo de discusión.

—Pero es bonita. Yo te la quiero dar a ti. —la niña hizo un puchero con los labios, decepcionada.

—Vamos, vamos. Hay muchas muy bonitas por allí, ¿Por qué no vas con papá Levi a buscar más? —me agache a su altura y la senté a mi lado.

Levi me miro acusadoramente, diciendo que estaba agotado de buscar conchas marinas como si fueran cachorros. Pero no fue capaz de negarse cuando la niña se giró a verle, pidiéndole permiso para ir por más.

Ambos se acercaron donde las olas apenas llegaban y siguieron escarbando, Nicky se ponía a cuclillas y luego señalaba el agua, camino un poco, mojándose los tobillos, rescato una de las conchas y emocionada fue con su padre a mostrársela, saltando en la arena, realmente feliz. Levi sonrió con ternura y mostro la misma emoción que la niña, como si se trataran de dos infantes descubriendo tesoros. Llamaron a Ailee para que se les uniera y aunque al principio se negó, accedió a unírseles, camino con desgana pero al agacharse con ellos en la arena, por un instante, él mismo volvió a su infancia mientras escarbaba la arena.

El sol de esa tarde era dorado, el agua, de un infinito y bello azul turquesa, el sonido de las olas salpicando gotas de sal hacia un contraste maravilloso junto con el canto de las gaviotas, el calor quemando nuestras pieles era reconfortante, suave y cálido, como una caricia amable. Y mis dos hijos junto a mi marido, sentados en la arena buscando maravillas… era lo que deseaba recordar por toda la eternidad.

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La concha esta sobre el librero, sobre un pequeño cuadro de porcelana, adornado con arena de mar, justo enfrente de los libros de estadística y física, algunas enciclopedias y una pequeña foto de Nicky cuando cumplió dos años.

Está un poco fracturada, ahora.

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—Bueno, la historia va bien, no me quejo. Aunque siento que le falta algo.

—¿Puedo leerla?

—Son más de doscientas hojas. —me quejo y Armin se ríe.

—Métela a una USB y dámela, mañana te doy una opinión. ¿Te parece?

Suspire fingiendo irritabilidad, hice lo que me ordeno y le tendí la memoria con el escrito dentro.

Armin es mi editor, aunque extrañamente lo había conocido en la secundaria, hace miles de ayeres, fue una gran sorpresa el habernos encontrado en este trabajo, cooperando juntos para hacer una buena obra de arte literaria.

En más de una ocasión me saco de varias problemáticas con respecto a mi trabajo y aspectos personales, entre el alcoholismo que presente antes de que Nicky llegara con nosotros y otras cosas que tuve que afrontar.

Supongo que es lo más cercano que tengo a un amigo. Nunca seré capaz de pagarle todo lo que le debo.

Caminó hacia la puerta, se despidió con un rápido "mañana te daré mi punto de vista"

El aire que abandonó mis pulmones fue más pesado que antes, eso debió decirme que algo estaba mal, pero los pequeños detalles siempre son insignificantes y tontos para personas tan ocupadas con su vida y con las preocupaciones diarias.

Debo decir que no me arrepiento de la mayoría de las cosas que hice, entre estupideces sin sentido hasta errores que casi me costaron la vida, todo se convirtió en una enseñanza y en piedras que debía aprender a evitar y respetar porque el tiempo jamás ha sido capaz de detenerse por absolutamente nadie. Yo no iba a ser la excepción.

Un año después de esa escena esa novela solo fue capaz de avanzar una tercera parte más. Creo que en realidad jamás tuvo la intensión de llegar a tener un final. Incluso ahora, pienso eso, mientras las páginas llenas de letras siguen esperando pacientes a que ponga mis dedos sobre ellas.

Las historias son mañosas y llenas de trucos. Son ellas la que nos dominan y no al revés. Pero eso es lo atractivo de ponerse a plasmar historias para otros.

Pero eso esta bien. Para mi está bien.

Aileen dice que no lo entiende, a veces me veía sufriendo en el estudio con miles de tazas de café. Me preguntaba porque no simplemente me dedicaba a otra cosa.

—Es… una pasión complicada, la inspiración muchas veces juega muy sucio con nosotros. Son como las matemáticas, a unos les gusta, a otros no. Unos la odian y otros la aman.

Eso termino siendo mi propia filosofía.

Levi por su parte me dejaba ser, me dejaba enloquecer mientras él me preparaba leche con miel y abría un nuevo paquete de galletas, escuchando mis blasfemas y susurrando que ya era hora de ir a dormir.

Lo amo tanto. Aunque hemos tenido problemas siempre hemos logrado salir a flote, me ha hecho tan feliz durante todos estos años. A él le debo toda mi vida y la eternidad entera.

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La foto de nuestra boda está en la sala, justo en el estante principal, así cuando todos entran es lo primero que ven.

No fue una fiesta muy grande, solo asistieron sus padres, algunos de mis parientes y amigos, no éramos más de cincuenta personas, pero fue algo muy lindo, pequeño, pero hermoso.

A un lado esta una foto de Aileen en la graduación de la primaria, tiene el cabello negro peinado hacia atrás y los ojos llenos de lágrimas pero sonriendo, alzando el diploma con la mano derecha, esta con un amigo y la profesora titular. Su camisa blanca tiene una mancha de queso.

Luego esta una foto de Nicky cuando recién llego, pequeñita y curiosa, envuelta en una manta color azul con un listón rosa, apenas tenía cabello y las mejillas eran tan rosas, está junto a Hanji, quien no deseaba apartarse de ella ni un segundo.

También está una foto familiar de cuando hicimos nuestro primer picnic, Aileen tenía once y aun gustaba del sol y de la comida con altos niveles de carbohidratos.

Todas están enmarcadas en madera y algún arreglo personal, como los nombres de los niños y los nuestros. Algunas estrellas, corazones y sonrisas.

Hay muchas más fotos, muchas. Levi gusta de tomar fotos de cada ocasión que considera especial. No lo culpo, cada momento realmente es preciado.

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Pensé que era gracias a lo mucho que me había esforzado en escribir, noches en desvelo y ayunos realmente graves, tomando solo café y comiendo apenas unas migas, salía del estudio para cocinar antes de que los niños regresasen de la escuela, volvía a encerrarme y cuando ellos llegaban me dedicaba a ellos, tareas, comida y algo de recreo, pendientes, etc.

A veces Levi decía que me sobre pasaba, pero siempre le contestaba que estaba bien, que pronto terminaría y que así volvería a mi antigua rutina.

Cuando me desmaye por primera vez, estaba solo, Aileen fue quien me encontró en el estudio luego de la escuela, se asustó mucho pero lo calme diciendo que me había quedado dormido, no lo calmo lo suficiente pero lo fue para que no dijera nada a nadie. No quería que personas como Hanji, Armin o el mismo Levi intervinieran en mi trabajo y me obligaran a desertar para "descansar."

La siguiente vez nadie se dio por enterado, Aileen y Nicky habían ido al circo con Mikasa y Levi no llegaba sino hasta el día siguiente.

Los constantes mareos, el devolver la poca comida que consumía, los dolores en el estómago bajo, el cansancio, el rápido bajón de peso y la debilidad, empezó a lanzar alarmas cada vez más fuertes, fue entonces que accedí a ir al médico por un chequeo rápido. Esto al menos un año después del primer desmayo, quizás un poco más tarde.

Uno no decide las cosas que pasan. Aunque las personas digan que tú forjas tu propio camino dependiendo la grava que manejes, es cierto de alguna manera, pero falso en otra. El destino, Dios o como deseen llamarle tiene su propia arena que lanzarte, entre buena fortuna o una total desgracia. Supongo que es algún tipo de juego divertido. Al menos pensar en eso se me hace divertido. Decidir la vida de otros. Arruinándola o construyéndola. Alzándola o tirándola.

Yo también decido la vida de mis propios personajes.

Somos un libro que constantemente es escrito, a veces por diferentes tintas o manos, maquinas, letras.

Es mi culpa, lo sé, no paro de pensarlo.

Las lágrimas no salen de mis ojos por más que pienso que deberían hacerlo, debería llorar, pero no. Tampoco llore aquella vez, en el consultorio de nuestro medico cuando me dijo que tenía cáncer terminal y que posiblemente no podría pasar más allá de un par de meses. Cáncer de estómago. Cáncer en todo el cuerpo. Carcomiéndome la vida.

—¿Y no se puede hacer nada? —pregunte como si pidiera una rebanada de pastel extra a mamá.

Me sentí como un niño perdido de nuevo.

—Puede entrar en el tratamiento pero eso puede empeorar su caso o simplemente no hacerle nada. —y él respondió como mamá lo hubiera hecho para excusarse de que la última rebanada había sido para papá.

Mire mis manos como si fuera algo nuevo y me acabasen de decir para que servían, asentí lentamente mientras la voz del médico se hacía cada vez más presente en mi cabeza.

Al verme al espejo vi a un fantasma de lo que se supone yo era.

Una persona de mediana edad, con el cabello castaño algo crecido, ojos verdes, heredados de su madre, de piel morena y algo requemada, con una estatura promedio, delgado, no tan buen estudiante pero si buen escritor. Casado, con dos hijos. Con varios años por delante, esperando ver muchas cosas, entre ellas los logros de mis niños, su crecimiento, su vida.

Pero en realidad era una persona de mediana edad, con el cabello castaño largo, sucio y cada vez más delgado, con los ojos verdes hundidos y vacíos, con la piel amarillenta, perdiendo brillo y vida, una estatura promedio, con los huesos marcados en las caderas y en las costillas, un mal estudiante, un mal escritor, un mal padre, un mal esposo… con solo unos meses de vida, perdiéndose toda esa parte del desarrollo de unos hijos que no había disfrutado tanto.

No llore.

Pero rompí muchas cosas.

Incluida la foto de mi madre.

Incluida la foto de mi titulación.

Y otra cosas.

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El anillo de compromiso me queda algo flojo, constantemente me lo quito y me lo pongo, solo para recordarme que allí sigue. Y de lo que me perdí.

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Nuestra luna de miel fue en una isla perdida de alguna parte del mundo. Pero eso ya no es tan importante de recordar. No ahora al menos.

Pero en aquella ocasión, Levi me prometió que estaríamos juntos toda la eternidad, incluso en otras vidas, si es que existían.

Yo le prometí que estaríamos juntos las vidas que hicieran falta.

Y ahora voy a romper esa promesa.

Lo siento tanto.

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Me voy a morir.

Muchas veces había pensado en la muerte, en como seria y que pasaría una vez pasada esta etapa, pero tenerla tan cerca fue un golpe que no esperaba, estuve en shock por varias horas, intentando regresar a casa.

Recuerdo la mirada de Levi pidiéndome una explicación por haber dejado solos a los niños y por haber desaparecido al menos diez horas. Fue cuando regrese a la tierra y pensé en ellos, no lo había hecho luego de la noticia, pensé en la muerte y en lo poco que había hecho conmigo, pero no en ellos. Me sentí mal.

Iba a dejarlos solos.

—Lo siento. —dije sintiéndome culpable.

—¿Sucede algo? —Levi me obligo a mirarle y a contestarle.

—Nada, necesitaba pensar. —respondí, porque de buenas a primeras esa era una buena respuesta para todo.

No podía decirles, sería un golpe muy fuerte.

Pero tampoco podía mentirles, en algún momento tendrían que saberlo y hacerse la idea de que yo ya no estaría. Me iría para siempre.

Sin embargo, me faltaba valor.

No era capaz de ver el rostro de Nicky, sonriente, regordete, diciéndome que quería alcanzar el bote de galletas y pensar que no la vería llegar a la adolescencia, tan bella como esperaba que fuese. O regañar a Ailee por llegar tarde a casa y no terminar de comer el desayuno, inmediatamente pensaba en que no había pasado tanto tiempo con él y que en los últimos meses había estado alzándole la voz más de la cuenta.

Ni siquiera deseaba ver a Levi, porque sabía que me podía a llorar en cualquier instante.

Y no sabía que tan fuerte podría ser, pensaba que era lo suficiente pero ahora veía que era todo lo contrario, tan frágil que un soplido de viento bien podría destruirme cuando quisiera.

El techo de mi habitación se convirtió en mi confidente, mirándolo por largas horas mientras la luz de la luna entraba por entre las cortinas y los pequeños espacios, el mundo se me hizo tan pequeño e insignificante.

Siempre me cuestione muchas cosas de la vida y de todo lo que nos rodeaba, pero era como esos filósofos que continuamente hacían preguntas para absolutamente todo, iguales a niños de tres años. Sin embargo, en ese momento… todo era diferente, estar a las puertas de la muerte me hacía pensar en una perspectiva nueva de esa vida y de esa insignificancia que nos envolvía. El universo y las estrellas que se la pasaban de un lado a otro en ese inmenso universo.

No éramos más que otra parte de un ecosistema enorme.

Y los días simplemente se convirtieron en un temporizador que cada vez gritaba más y más fuerte.

Ellos se dieron cuenta de que algo no iba bien, al principio pensaron que era otra de esas rabietas con el computador y el escrito que no dejaba que lo avanzara como era debido, pero pronto abandonaron la idea.

Entre los besos antes de ir a la escuela, los constantes "Te quiero" antes de despedirnos, tal vez debí ser un poco más discreto en cuanto a todo ese asunto, si no quería preocuparlos antes de tiempo, pero era algo que no podía controlar, siempre tenía miedo de que al siguiente parpadeo dejara de verlos para siempre.

No espero que nadie entienda el miedo que sentía cada que iba calle arriba para ir al colegio, como si todos fuésemos a desaparecer de un momento a otro sin decirnos nada.

Yo siempre quería decir más.

La vida se me iba a cada segundo y no podía hacer nada, todo se me estaba cayendo de las manos, corriendo como agua entre mis dedos, como un montón de hojas secas en el patio delantero en un día de otoño muy ventoso. Simplemente me estaba muriendo.

El medico dijo que necesitaba ayuda para tratar de comprender todo esto y llevarlo con calma, hablar con mi familia y que ellos igual pudieran entenderlo de la mejor forma posible. Pero no era tan fácil.

Ahora veo de nuevo mi reflejo en el espejo que tengo en el estudio, un pedazo de vidrio pequeño. Las lágrimas siguen sin salir. Aún sigo queriendo llorar. De coraje o tristeza. De impotencia o… de lo que sea.

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—Eres una de las pocas personas en las que confío, Mika. Necesito tu ayuda. Por favor.

Ella me miro como si no creyese en lo que acababa de pedirle, tenía los ojos totalmente rojos y llenos de lágrimas, las mejillas pálidas y boquea en busca de algo que decir.

—¿Qué? —susurra en un aliento demasiado débil. —No… no…

—Mika, no me queda mucho tiempo. Por favor.

—No, eso no es posible ¿Cómo?

Le tome las manos e hice que tome asiento conmigo, intente relajarla pero tampoco soy muy bueno en eso, menos si ella está más al borde de los nervios que yo.

—El medico dijo que no tengo mucho tiempo de vida, es terminal.

—Debe haber algo que hacer, algún médico, otra alternativa… —dijo casi desesperada.

Cerré los ojos tratando de aparentar paciencia.

—No. No hay nada que hacer. —dictamino y ella parece entender porque de repente se queda callada y quieta.

—¿Cómo paso? —susurra.

Niego lentamente.

—Alguna mutación de ADN, gastritis, no lo sé. El medico dice que cualquier cosa.

Niega de nuevo, como si no aceptara.

—¿Qué quieres que haga?

Mikasa es una amiga muy preciada, casi fue una hermana en su debido tiempo, pasamos más tiempo juntos del que me gustaría decir y juntos experimentamos muchas cosas, entre ellas nuestro primer beso y comer tierra en forma de pastel.

Ella estuvo (y creo que aún lo está) enamorada de Levi, por supuesto, nunca me lo dijo, pero no soy tonto, era un poco obvio. No creo que haya estado muy feliz cuando nos casamos, al menos no tanto como me lo dijo. No digo que fuese hipócrita, simplemente estaba dolida. A las personas les suele doler el corazón cuando el amor no es lo que uno espera. Lo comprendo y durante un tiempo me sentí culpable. Pero siempre ha estado con nosotros, fue muy apegada a Ailee cuando solo era un niño, lo llevo a la escuela en incontables ocasiones e incluso le cambio el pañal en otras tantas.

Sé que era feliz por mi felicidad, aunque eso significara ver a alguien que amo, junto a alguien a quien considero más que un hermano.

Sé que es injusto que acuda a ella y le pida esto.

—Necesito a alguien que este con ellos. Alguien que los cuide por mí. —dije. —Las cosas se vendrán a bajo y quiero que alguien las mantenga en alto.

—¿Cómo esperas que sea yo la que me mantenga en alto?

—Porque…

No supe que contestar. No sabía porque.

—Necesitaran a alguien. Levi no podrá solo con los niños. Nicky aún es muy pequeña y Aileen necesita muchos empujones para salir de la etapa en la que está.

—¿Por qué yo? —insistió.

Pero tampoco supe que contestar.

Tal vez porque quería que alguien cargara conmigo la piedra que traigo en la espalda. Tal vez quería que alguien también se sintiera como yo para que no sufriera solo. Pero no podía ser Levi o mis hijos. Eran tan importantes que no podía hacerles eso. Aunque sea cruel, a ella sí. Porque es como mi hermana y porque compartimos muchísimas cosas juntos.

Porque no quería estar solo.

Tal vez… solo tal vez…

—¿Le has dicho?

—No.

—¿Por qué?

—No sé cómo.

—En algún momento tienen que enterarse, no puedes hacerles esto así. —por supuesto que tuvo razón.

Pero seguía sin ser tan fuerte como para hacerlo.

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La vela del cumpleaños número siete de Nicky se apagó con un soplido y un segundo después volvió a prenderse echando chispas y sorprendiéndola mucho, grito emocionada y aplaudió aún más.

La enfermedad no se detuvo, por supuesto, siguió avanzando, pero hacia todo lo posible porque nadie lo notara, algunas veces era realmente complicado porque el dolor de estómago, el vómito constante y el no tener apetito son cosas que no se pueden ocultar tan fácil. Pero me las apañaba para inventarme pretextos, tomando analgésicos que solo servían por algunas horas, a veces solo por instantes.

La rapidez con la que perdía peso tampoco pasó desapercibida y todos preguntaban porque lucia tan enfermo.

Mikasa me presiono con la mirada para saber si ellos lo sabían y porque no se los había dicho aun, me pregunto qué tal estaba y si seguía medicándome o había tomado la decisión de visitar algún otro tipo de "medico" que pudiese ayudarme.

Levi le ayudo a partir el pastel con el cuchillo y Aileen se encargó de las fotografías, aplaudí realmente emocionado, aunque realmente no tuviera tantas fuerzas para ello, tanto físicas como psicológicas.

Sonreí mucho ese día, con los niños, amigos de Nicky, algunos de Aileen, la familia de Levi y algunos parientes míos, vecinos y demás. Fue algo bastante ruidoso y animado. Niños por todos lados, gritos y risas.

El esófago comenzó a arderme y en dos ocasiones vomite sangre.

Aunque afortunadamente entre tanto alboroto nadie se dio cuenta cuando salí del baño que me veía pálido y tambaleante.

—¿Eren? —o eso había creído.

Levi entro a la habitación al tiempo que me estaba cambiando de ropa, había manchado la camiseta de sangre. Oculte la camiseta y me puse otra de manera rápida y algo torpe, él me miro con interrogativa y me sostuvo las manos.

—¿Qué pasa contigo?

—Lo siento, creo que me sentó mal el pastel, en un rato me les uno. —mentí como otras veces.

Dirigió la vista a la prenda que mantenía hecha bola en mi mano, no podía ver la sangre, pero sabía que el pastel no tenía la culpa.

—No has estado bien últimamente. ¿Crees que no me doy cuenta? —susurro tomándome del codo.

No conteste, sus ojos estaban perforándome, suplicándome que le dijera que era lo que pasaba.

—Lo siento. —susurre de nuevo, esta vez con el dolor en los labios.

No sé qué paso por su mente cuando solté eso, mil cosas, supongo, no la respuesta acertada.

—No es el momento para hablar. —dije al ver que el tiempo en silencio se alargaba mucho. —Tenemos que volver con los niños y los invitados.

Me zafe de él y salí de la habitación sin darle tiempo a que me detuviera o dijera algo más.

El resto de la reunión fue peor de lo que esperaba, fingir que todo era hermoso, sonreír a cada rato y soportar el constante dolor, algunos mareos y tratar de mantener la comida donde se supone que tenía que estar.

Cuando el último de los invitados salió de la casa, comencé a recoger los platos sucios y desechables, Hanji y Mikasa se habían ofrecido para ayudar, pero a ambas les pedí que lo dejaran en mis manos y que no había ningún problema.

Nicky cayó dormida en el sofá. Aileen se encargó de subirla a su habitación y prometió volver para ayudar a recoger, Levi le dijo que también se fuera a dormir, que no se preocupara porque él me ayudaría. Mi hijo entendió eso de manera errónea y obedeció sin rechistar.

Al parecer el momento de hablar y tomar cartas en el asunto había llegado.

Creo que jamás había tenido tanto miedo como en ese momento. Ni siquiera cuando caí de golpe en cuenta de mi propia muerte. Fue… extraño y aterrador.

Ninguno dijo nada por un largo rato, metiendo la basura en bolsas plásticas y limpiando el pastel que había quedado embarrado en el piso, el refresco que alguien derramo y la serpentina que había por todos lados. La casa de repente se volvió muy silenciosa y parecía que me aplastaba, que me cortaba la respiración.

No llore.

Solo tenía miedo.

Miedo de lo que me diría.

De lo que pasaría.

De nosotros.

De ellos.

De él.

Titubee cuando derrame el jabón de trastes y una taza accidentalmente se rompió en el lavabo.

Lo mire y le sonreí. No me devolvió la sonrisa.

—Perdón. —fue lo único que pude decir y que pudo salir de mis labios.

Me abrazo y me aferro como nunca en la vida lo había hecho, el aroma de una fiesta infantil pegado en su cuello me hizo pensar de nuevo en todo lo que iba a pasar cuando yo no estuviera, cuando por fin todo terminara de la manera más cobarde y simple posible. Cada vez me apretaba más fuerte como si se asegurara de que yo seguía allí. Que aún era real.

—¿Qué paso? —susurro.

—Cáncer. —respondí bajito.

Me soltó de golpe, definitivamente no era lo que esperaba. Me miro por un largo rato, como si pensara que era una broma.

—Terminal. —proseguí.

—No. —me empujo ligeramente hacia atrás, rechazando toda idea. —No.

—Lo siento.

—No. Eso no es posible. No. ¿Cuan…? Es imposible…

Miro a todos lados, como si tratara de buscar una respuesta a lo que quisiera responderse, parecía desubicado, parecía un niño perdido.

—Levi. —intente acercarme pero parpadeo y dio un paso atrás.

—No es cierto.

—Por favor.

—No es cierto. Dime que no es cierto. —me sostuvo de los brazos y me agito con fuerza.

—Por favor. Escucha…

—No, eso no puede ser. Siempre has sido sano. No… tú no. —me sostuvo de nuevo, aferrándome con fuerza. —No es cierto. Es mentira.

Me solté como pude y le tome del rostro.

—Escúchame. No puedes perder la calma. —busque su mirada mientras él no hacía más que perderla.

—Dime que no es cierto.

—Voy a morir. — no recuerdo jamás haberlo dicho de esa manera y fue realmente horrible decirlo.

—No, no, no es cierto. Por favor…

Caímos sobre nuestras rodillas en la cocina, sosteniéndonos el uno al otro, pensando diferentes cosas sobre un hecho tan trágico.

—Lo siento. Yo…

—Eren. —alzo el rostro y lo sostuvo con ambas manos. —No me dejes.

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Levi perdió el control esa noche, parecía un niño pequeño perdido en el bosque, llorando y rogando por encontrar el camino de regreso a casa. Al parecer el shock lo golpeo demasiado duro que no fui capaz de prever eso.

Pienso que Mikasa ya había hablado con él, aunque no le hubiese dicho realmente toda la verdad, solo la mitad de esto. Por eso perdió el sentido tan de prisa.

Una vez que se calmó pudimos hablar un poco mejor, aunque él se negaba a aceptarlo y me obligo a tratar de buscar otro camino. Le dije que ya lo había intentado antes, en esos meses después de la noticia, tal vez un poco después, antes de ponerme a pensar seriamente en que yo iba a desaparecer para siempre.

La última vez que fui con uno de esos médicos de medicina alternativa, había dicho que el tiempo se me había agotado y que quizá solo tuviera uno o dos meses extras, increíblemente lo acepte, deje la medicación y trate de disfrutar otro poco a mi familia. No volví a tocar la computadora ni una sola vez luego de eso.

Levi se mostró reacio conmigo, era como si estuviera molesto conmigo por irme.

No les dije nada a los niños, estaba mal. Ailee podría comprenderlo pero tenía miedo, no quería verlos tristes. Lo único que hice fue decirles una tarde de un domingo: —Si alguno de nosotros llegase a faltar, no quiero que estén tristes.

Aille me miro algo sorprendido y pregunto a que me refería.

—Solo quiero asegurarme de que no van a llorar cuando muera. —dije en tono de burla.

—Ya estarás viejo para entonces. —respondió él y Levi me miro con molestia.

—Prométeme que no lloraras.

—No lo haré. —contesto distraído y continuo comiendo palomitas.

—Yo si llorare. —agrego Nicky. —Porque te quiero mucho. —me abrazo y su tacto hizo que varias lagrimas saltaran, aunque no llore.

—Los quiero mucho niños. —susurre.

—Y nosotros a ti. —contesto la niña. —Mucho, mucho.

—Gracias, corazón. —le bese la frente y ella a mí.

Los días siguientes fueron difíciles.

Levi me recriminaba todo el tiempo por no hablar con los niños y el posible trauma a donde los estaba enviando, lo injusto que estaba siendo y lo egoísta que fui al callarme algo tan importante. Discutimos muchas noches, en muchas él terminaba simplemente yéndose y algunas hasta lloraba.

Me sentía fatal.

No quería que eso sucediera.

No quería que me odiara.

Pero… ¿Qué podía hacer?

Hace una semana hice una maleta con un poco de ropa y algún dinero, guarde la fotografía de mi familia dentro y llame a Mikasa. Le conté la situación por la que estaba pasando y ella me dijo que debí haber hablado antes, me pidió que no hiciera lo que tenía en mente, que fuera consciente de las cosas y dejara de ser egoísta con este asunto. Le pedí una última vez que cuidara de mis hijos y de Levi, que les dijera que me perdonaran por hacerles esto. Me rogo que no hiciera una locura. Y colgué.

Había intentado escapar, irme lejos y morir mucho más allá. Estaba dolido y no quería que todo se derrumbara más.

Aileen me atrapo en la entrada.

A él no pude mentirle.

El tiempo se acababa y yo me sentía cada vez peor, sentimentalmente, físicamente, psicológicamente.

El mundo, mi mundo, estaba por llegar a su trágico final.

Le prometí quedarme, solo porque él me lo pidió, intento que yo y su padre habláramos y trato de que Levi comprendiera de mejor manera la situación.

Ayer decidí escribir esto como algún tipo de… ultimátum…

Ailee…

Lo siento tanto.

Nicky…

Tanto…

Levi…

Los amo.

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El 16 de febrero del 2018, Eren fue ingresado al hospital de emergencia debido al cáncer de estómago que presentaba.

Dejo de respirar antes de media tarde.

Notas:

La idea original es de Kia, yo solo me encargue de escribir el formato que han leído.

El título es engañoso a toda posta, no me regañen porque no tenga nada que ver.

Lo siento.

Gracias por leer.

Parlev.