Notas finales en la siguiente hoja. :)
Black Drops
FINAL
"Los días siguientes transcurrieron bajo la vista de un cielo nublado".
Rogue suspiró en silencio, posando la mirada sobre la cabellera de Juvia, sentada adelante suyo con la atención puesta en la pizarra. Poco a poco la rutina había regresado, aparentemente todo estaba en normalidad, a pesar de que por momentos el ambiente se respirara demasiado tenso.
Yukino en seguida había explicado el malentendido a los demás, con la ayuda de Lucy que estaba enterada de la situación y que había intentado frenar a la Lockser aquél día. Erza en cambio no se había quedado tan tranquila, por lo que en un arranque decidió golpear a Rogue como advertencia de volver a hacer llorar a su amiga.
Y, se suponía que con eso todo debía haber vuelto a la normalidad. Sin embargo, no era así.
Rogue sabía que las cosas seguían estando mal.
Indiscretamente llevó la vista hacia fuera de la ventana, esquivando de paso la mirada aún molesta que Gajeel le dirigía. El clima no ayudaba en mucho con el ánimo; el viento soplaba con tal fuerza que hacía mecer las ramas de los árboles. Una tormenta amenazaba con azotar Magnolia de nuevo.
La campana del descanso sonó como repentinamente, provocando que la mayoría se levantaran de un brinco, dispuestos a salir. Juvia en cambio se giró tímidamente para verlo, él sólo le sonrió.
—¿Quieres que almorcemos juntos? —propuso.
—Hm —musitó incómoda, desviando la mirada—, Juvia prefiere almorzar con sus amigas si no es molestia.
El pelinegro solamente enarcó una ceja con disimulo.
—Está bien —asintió acariciándole la cabeza. La peliceleste medio sonrió con ése gesto—, estaré con Sting entonces.
—Sí.
x-x-x
El gélido viento matutino hacía considerar a todo mundo, si salir fuera de los edificios de la Academia sería buena idea. El soplo helaba la piel inclusive por debajo de los suéteres, sólo pocas personas —como Gray o Lyon— podrían soportarlo; sin embargo, Natsu y posiblemente Sting, eran tan idiotas que bien podrían arriesgarse a él.
Rogue gruñó ante el último pensamiento.
"Si a Sting se le ocurre perder la voz me obligará a ser el vocalista principal" recordó con desánimo, mientras subía a una de las terrazas donde suponía ambos estarían. El lugar en cambio se encontraba desolado. Un nuevo gruñido salió de su garganta.
—Parece que no lo estás haciendo bien, eh —escuchó decir. De inmediato volteó medio cuerpo, notando la presencia de Gray recargado sobre una pared, a unos metros de donde él se encontraba.
—¿De qué estás hablando?
—No puedo creer que encima lo preguntes —ironizó el Fullbuster—, Juvia está triste por tu culpa.
El ojirojo permaneció callado durante un par de segundos.
—Creí que ella no te interesaba.
—Tsk —Gray chistó mientras se alborotaba el cabello con cierta incomodidad—, ella no me interesa de ésa manera —contestó apaciguando su tono de voz—, pero eso no significa que no me hubiera dado cuenta de lo "diferente" que es. Tampoco soy estúpido.
—Ella estaba más que enamorada de ti —comentó Rogue tranquilamente—, a mí me parece que eres más que estúpido.
Gray simplemente frunció el ceño.
—No creo que eso te deba importar —respondió molesto—, más bien, piensa qué vas a hacer tú con ella. Es tu culpa después de todo.
Luego el Fullbuster despegó la espalda de la pared en la que se recargaba, adentrándose a los edificios de la Academia. Rogue sólo lo persiguió con la mirada, viéndolo alejarse.
—Eso es lo que hago.
x-x-x
A la tarde el clima no mejoró, sino al contrario, pareció empeorar cada vez. Juvia sólo podía contemplar con cierta apatía las nubes grises que surcaban el cielo; de pie a través de la puerta corrediza del balcón de su departamento. Gajeel no la había acompañado como de costumbre, y aunque Rogue se había ofrecido a llevarla, Juvia había declinado su ofrecimiento.
Sabertooth tocaría en Quatro Cerberus, por lo que él debía quedarse al ensayo. Eso era lo que Juvia había dicho.
—Pronto va a llover —se escuchó fuera en el pasillo.
—No quiero —la voz emberrinchada de un niño respondió—, no me gusta la lluvia.
La peliceleste miró en dirección de la puerta. "No me gusta la lluvia".
¿Cuántas veces en su vida había escuchado ésa oración?
—Las personas odian la lluvia porque los hace sentir tristes —murmuró decaída—, pero mi nombre también es "lluvia", ¿eso significa que también me odian a mí?
"Si te odian" se respondió.
—Ah —gimoteó—, yo también odio la lluvia…
x-x-x
—Rogue —insistía una voz llamándolo. El aludido simplemente permaneció absorto—, ¡Rogue, carajo!
El grito de Sting resonó en sus oídos, provocando que de inmediato quitara los dedos con los que presionaba las cuerdas de su guitarra. En su lugar el Eucliffe sólo zapateaba el suelo, en una posición demandante.
—¿Qué sucede, Sting?
—Desafinaste —se adelantó a responder Rufus.
—¿Se puede saber qué te ocurre? —exigió saber el líder.
—Juvia me preocupa.
—¿Por qué? —cuestionó—, ¿está enferma?
—No precisamente —negó meneando la cabeza—. Ha estado triste desde aquél día.
—Oye, pero ése asunto quedó resuelto —volvió a hablar—, Yukino también nos contó lo que pasó —añadió para convencerse más.
—Sin embargo… —Rogue despegó los labios, suspirando—, Juvia sigue decaída por mi culpa.
—Probablemente la señorita se siente insegura por algo —comentó Rufus—, aunque también puede ser otra cosa. La mente de las mujeres es misteriosa.
—Como sea, me preocupa.
—Rogue —Sting habló serio de repente. El mencionado volteó a verlo—, si es necesario que vayas a verla, ve ahora.
El moreno miró a su compañero con repentina sorpresa.
—De acuerdo —asintió levantándose de su lugar con prisa.
—¡Sólo asegúrate de volver a tiempo!
Los otros dos miembros de Saber esperaron a que su compañero saliera del bar. Una vez que Rogue salió, Rufus soltó una risita queda.
—Sting se está volviendo maduro —rió—, ¿será que tu amor obsesivo por Natsu Dragneel ahora es correspondido?
—Jódete —refunfuñó cruzado de brazos—. ¡Y no es amor obsesivo! —gritó.
x-x-x
Juvia admiró con un tinte de curiosidad las ondas que se formaban en el agua, con el caer de las primeras gotas de lluvia. El movimiento que se producía en el lago era como una especie de danza, que solamente ella podía contemplar.
Por un momento su mente divagó en el día que conoció a Rogue.
Lo recordaba casi perfectamente.
Gray no se había presentado a su cita, por lo que ella deambulaba por las calles de Magnolia, completamente empapada, cargando consigo su corazón hecho añicos. Hasta que él apareció en su camino, un extraño de ojos carmesí que la había confortado con unas cuantas palabras.
—Luego él se presentó en la escuela de Juvia —sonrió recordando. Una mueca se formó en su rostro.
Inmediatamente su corazón se contrajo. Su rostro de repente se sentía caliente, sus ojos comenzaban a escocerle y sus labios empezaban a torcerse peligrosamente.
—Juvia de verdad quiere a Rogue —sollozó pegando el rostro a las rodillas—, pero Juvia debe dejarlo…
Las gotas de lluvia comenzaron a hacerse más pesadas, empezando a traspasar su vestido polar.
—¿Es que acaso Juvia debe ser igual de triste que la lluvia que cae aquí…?
Rápido las lágrimas brotaron de sus ojos, recorriendo parte de su rostro, para después mezclarse con las gotas que la empapaban. No supo si el tiempo pasó en un pestañeo, sólo repentinamente la lluvia dejó de caer sobre su cuerpo.
—Una mujer no debería llorar bajo la lluvia —dijeron tras de ella—. Ya te lo había dicho antes.
La Lockser ensanchó la mirada de inmediato.
El sendero que conducía al Lago Sciliora era de los más bonitos de Magnolia, las casas eran pequeñas con fachadas poco más rústicas. Desde ahí la puesta del Sol podía ser un verdadero espectáculo.
Y, Juvia en realidad amaba ése lugar.
Tranquilo y silencioso como él.
—Rogue… —susurró volteándose para verlo.
Él se mantenía con una rodilla sobre el suelo, apoyándose para resguardarla con su chaqueta de la lluvia que azotaba con más intensidad. De inmediato las mejillas de Juvia se tiñeron de un rosa profundo, contrastando con el usual pálido de su piel y con las lágrimas que caían de sus enrojecidos ojos.
—Shh —susurró él—, aquí estoy.
—¿C-cómo… tú…?
—Éste es tu sitio favorito —sonrió acariciándole el cabello—, no fue difícil encontrarte.
Juvia gimoteó murmurando un par de cosas apenas audibles.
—Lo siento m-mucho —farfulló después.
—¿Por qué te disculpas?
—P-porque yo… pienso q-que n-no debo s-seguir c-contigo —balbuceó entre hipadas. Rogue sólo se sobresaltó con su respuesta—, e-es que… las personas siempre alejan a Juvia de su lado. Y… n-no quiero seguir pasando por eso.
El pelinegro permaneció en silencio, atinando a abrazarla con cuidado. La chaqueta que con esfuerzo cubría a ambos cayó sobre la hierba, haciendo salpicar.
—Juvia se imaginó que la dejarías cuando te vio con Yukino-san —habló despacio—, fue doloroso.
—Yo no te alejaría.
—Es cuestión de tiempo —aseguró—. Juvia atrae la lluvia, por eso las personas la odian.
Cuando niña, los demás huían de su lado, porque la lluvia que caía a su alrededor arruinaba los días de juego. En su adolescencia las cosas no cambiaron. El único novio formal que había tenido, Bora, la había dejado porque no soportaba que se vieran debajo de un paraguas. Y Gray… el único que le había mostrado un cielo despejado por simple casualidad, no la quería de la misma manera que ella a él.
Juvia no era una chica querida.
—Es cierto —habló Rogue por fin—, parece que atraes la lluvia.
Rápidamente Juvia se remolineó entre sus brazos, buscando escaparse de su agarre. Él por su parte sólo la abrazó con más fuerza, ignorando los reclamos nerviosos que ésta hacía.
—Pero a mí la lluvia me gusta —continuó—, porque me recuerda a ti. Porque tú me gustas.
—¡Pe-pero la lluvia hace tristes a las personas!
—A mí no me hace triste, Juvia —dijo con tono comprensivo—. Por eso quiero que estés tranquila.
—¿Por qué? —preguntó confusa—, ¿por qué te gusta?, ¿por qué no te hace triste como a mí?
—Porque me encontré contigo una noche de lluvia. Porque tu nombre es "lluvia".
Juvia apretó los dientes, sintiendo nuevamente las lágrimas resbalar por sus mejillas.
—No digas ésas cosas —murmuró apretando la tela de la ropa de Rogue.
—Es la verdad.
Por cuestión de instantes, lo único que Rogue escuchó fueron los sollozos de la peliceleste, mezclados con el ruido de la lluvia deshaciéndose en el suelo.
—¿Es en serio? —preguntó ella con voz quebradiza.
—En serio —afirmó. Luego inspiró aire para continuar—. Te quiero.
La peliceleste contuvo el aliento en seguida.
Lentamente, Rogue despegó a Juvia de sus brazos, limpiándole el rastro de lágrimas con el dorso de la mano. Juvia solamente pudo dedicarle una sonrisa nerviosa, intentando contener su emoción. Sus palabras le hacían cosquillas, como mariposas en el estómago.
—Por ésa razón —el moreno continuó— deja de pensar así. Te aseguro que no te dejaré.
La Lockser pestañeó un par de veces, sintiendo un nuevo calor en sus mejillas.
—De acuerdo —asintió sonrosada.
Con un poco de torpeza Rogue acercó su rostro al de la peliceleste, posando con timidez sus labios sobre los de ella. Podía sentir el calor que emanaba el rostro de Juvia, y el propio calor que se apoderaba de su rostro por la vergüenza. Sin embargo, también sentía otro tipo de calidez, algo más puro.
Juvia apretó con nerviosismo la tela de su vestido. Las mariposas en su estómago revoloteaban de un lado a otro, sacudiéndola, casi mareándola; sus piernas temblaban con insistencia, pero a la vez se sentía flotar. Todo era extraño.
Los dos estaban parcialmente empapados. Las nubes continuaban su curso, dejando huecos en el cielo, oscuro por el acaecer de la noche.
Una vez que ambos se hubiesen separado, Juvia levantó la mirada para contemplar.
Si bien no era un cielo despejado con un brillante y enormísimo Sol, ése también era un cielo hermoso. Las nubes grises enmarcaban los espacios de cielo —de una tonalidad entre negra y azul— visibles, las estrellas se veían como pequeños puntos apenas luminosos y la Luna comenzaba a mostrarse poco a poco.
—Rogue-kun —le llamó.
—¿Uh?
—Te quiero —le sonrió.
—Sí —asintió con una cabeceada. Después se levantó tendiéndole la mano—, vámonos.
—Sí.
x-x-x
Sting caminó de un lado a otro detrás del escenario. Quatro Cerberus estaba lleno, y Rogue aún no se aparecía por el lugar. Sin duda, mataría a alguien. Y los más cercanos para eso eran Rufus y Orga.
Orga resopló aburrido en su lugar, mientras Rufus observaba detrás de la cortina.
—Ya llegó —avisó Lohr.
—¡Por fin! —exclamó Sting apurado—, ¿dónde diablos estaba?
—Con ésa chica, Juvia —respondió el Nanagear—, ¿no tú mismo lo dejaste ir con ella?
—Bueno, sí. Pero…
Antes de que el Eucliffe pudiera completar su respuesta, Rogue llegó con ellos.
—¿Por qué tardaste tanto, Rogue? —el rubio casi gritó—. ¿Y por qué estás todo mojado?
—Es algo tardado de explicar —respondió suspirando—, por ahora, hay algo que quiero pedirles.
Los tres miembros de Sabertooth prosiguieron a escucharlo con atención.
—Supongo que se puede… —suspiró Sting encogiéndose de hombros.
x-x-x
—¡Juvia! ¡Por aquí! —gritó Lucy agitando la mano.
Juvia observó con sorpresa a su amiga rubia sentada en una de las mesas del frente, acompañada de Natsu y Yukino. Por un momento tragó en seco avergonzada. Después simplemente se acercó a ellos.
—Buenas noches.
—¡Venga, siéntate con nosotros! —propuso el Dragneel haciéndose a un lado.
Yukino también se recorrió, dejando un espacio para que Juvia se sentara entre ella y Natsu. Juvia asintió con la cabeza, sentándose en el lugar que le habían dejado.
Lento pasó los dedos por su cabello mojado, al menos había podido pasar por su departamento para cambiarse. Usaba el enormísimo suéter rosa que Lucy le había regalado en su cumpleaños. El mismo con el que había visitado QC por primera vez.
"¿Rogue-kun estará bien? Él seguía empapado" pensó torciendo la boca en un gesto de preocupación.
—Hm, Juvia-sama —Yukino la llamó en voz baja, aprovechando la distracción de Natsu y Lucy que reñían graciosamente—, siento lo que sucedió con Rogue-sama.
—Está bien, Yukino-san —sonrió apenada—, Juvia siente haber desconfiado de ustedes.
—¿Sabe algo? Creo que Rogue-sama de verdad está enamorado de usted —sonrió animosa. Juvia se sonrojó.
—Juvia también lo está de él.
*Mirando como cae la lluvia, pienso en ti, a quien escondía dentro de mí.
—¡Ya viene Saber! —gritaron desde el fondo de la taberna.
Las luces del escenario se encendieron una por una, iluminando a los miembros posicionados en sus lugares. Sting alzó un puño al aire, haciendo vibrar a todo mundo.
Los acordes de la guitarra sonaban con pasión, en conjunto con los demás instrumentos. El sonido del bajo que parecía ir en descenso, los golpes del pedal en el bombo, así como las baquetas en el resto de piezas de la batería; armonizando con la voz del vocalista.
Sabertooth era una banda popular. Y Juvia entendía el por qué. Su sonido enamoraba.
Estás escuchando ése sonido, ¿verdad?
Rogue tomó el micrófono en frente de él, reacomodándolo. Había dejado la guitarra eléctrica a un lado, cambiándola por una guitarra acústica. Unos suaves acordes comenzaron a sonar en el lugar. Por un momento su mirada se encontró con la de Juvia entre el público, ambos se dedicaron una sonrisa.
Tú me dijiste que si miras llover, te vuelves igual de triste que la lluvia.
Pero el amor cae con la lluvia, los recuerdos fluyen con ella.
Yo pienso en ti cuando escucho llover.
Incluso si me dejaras, por favor acuérdate de mí.
Yo rezo para que siempre seas feliz, para que sonrías y no experimentes tristeza por amor.
Pero no te olvides de esto, mi deseo es amarte. Y como la lluvia caer a tu lado.
Cuando llueve te echo de menos.
La voz de Rogue era dulce.
Un par de lágrimas rodaron por las mejillas de Juvia mientras sonreía.
Rogue sonrió al verla también, la tormenta de gotas negras en su mirada había cesado.
FIN
*Las letras en cursiva son versos de una canción: CNBLUE – Love in the Rain.
