Notas de la autora: Bueno, otro capítulo más, ya mismo se va acercando el final como podéis ir viendo. Creo que extrañaré la historia cuando la acabe... pero tengo nuevas ideas y ganas de empezar otras. Espero que disfrutéis con la lectura. Saludos.

Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen... son obra de Kishi.


Capítulo X

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Mansión Hyuga.

Sentada sobre sus propios pies, con los ojos suavemente cerrados y sus brazos apoyados en sus piernas, meditaba la heredera del clan Hyūga. Percibía el suave compás del viento, meciendo en un dulce vaivén las ramas de los árboles que rodeaban la mansión. Olía los diferentes aromas que impregnaban el ambiente. Escuchaba el sonido constante de las aves al volar, el ruido de las ranas al croar, el inquieto movimiento de las ardillas al trepar los arbustos. Una ligera sonrisa apareció en su rostro al sentir la presencia de su hermana.

Parada en la puerta miraba atentamente a Hinata. Los cabellos de la joven eran largos, de un tono azulado, que caían con suavidad en su espalda. No podía apartar sus ojos de ella. La admiraba. Su padre era severo con ambas, pero reconocía que al ser la pequeña de la familia la tenía más consentida, perdonándole todo los errores que cometía; al contrario que a su hermana mayor. Se sorprendía gratamente en la manera en que había conseguido el respeto del patriarca de la familia. Su afán de mejorar era un hecho palpable, más a raíz del ataque que había sufrido Naruto.

―¿Piensas estar parada todo el día ahí?―quiso saber la chica con un sonrojo en sus mejillas. No lograba concentrarse teniendo a alguien que interrumpía la paz de la habitación. Le costaba bastante meditar, pero era un buen ejercicio para desarrollar su mente, visualizando así todos los puntos del sistema de circulación del chakra.

―Lo siento, nii-san. Necesito que vengas conmigo enseguida, padre te necesita. ―se inclinó levemente, esperando que la joven la acompañara.

Con un rápido movimiento se puso en pie, alisando su vestimenta y peinándose con un suave movimiento su cabellera. Se acercó a su hermana, acariciándole el pelo, y partieron juntas en busca del jefe del clan. Recorrieron el campo de arena, dejándolo atrás, para acercarse a la habitación donde le esperaba su padre.

El hombre le hizo un gesto a su hija pequeña, indicándole que los dejara a solas.

―Padre―inclinó su cabeza levemente.―queréis verme.

Su padre asintió. Sus ojos blanquecinos divagaron por la estancia, apretó su mano con fuerza, y centró su vista en ella. Miedo, eso vio reflejado Hinata en la expresión del patriarca. No podía comprender que era lo que tanto temía, él era un hombre fuerte que no conocía el significado de esa palabra.

Hiashi tenía pánico al saber del peligro que volvía a correr su primogénita. Cuando le llegó el informe de Tsunade, conforme a las sospechas que ya tenía, todos sus sentidos se alertaron. Quería agarrar a Kabuto, asfixiarle, arrancarle sus asquerosas manos... en definitiva, lo deseaba muerto. Nunca imaginó que hubiese podido infiltrarse en su clan, haberla envenenado lentamente y que quisiera poseer el cuerpo de su hija para estudiar el byakugan. Y ahora tenía que usarla como señuelo para atrapar al líder del sonido, antes que el líder de raíz pactara con éste.

―Hinata...―pronunció su nombre con un ligero temblor―ten.―le entregó el pergamino que le había mandado la Hokage.

La chica lo desenrolló con cuidado, leyéndolo atentamente. Tenía que partir en una misión de búsqueda con su equipo y el equipo de Gai. Debían encontrar a la joven que tenían secuestrada el líder de raíz y capturar a Kabuto. Sabía que el líder del sonido andaba detrás de ella, por lo tanto, lo más seguro es que una vez que estuviera fuera de la protección de la aldea, él intentaría apoderarse de ella. Tsunade ls estaba usando, para acercar al líder a una trampa. Debía apresurarse y reunirse con sus compañeros de equipo.

Su padre posó su mano en su hombro, apretándolo ligeramente, y le susurró: "ten cuidado", antes de marchar. Se inclinó, escondiendo así sus mejillas sonrojadas, y desapareció diciéndole a su progenitor que daría lo mejor de ella, que este era su camino del ninja. Y su padre no pudo sino elevar ligeramente su rostro con una sonrisa y asentir, llenándose su pecho de aire ante las palabras que su hija le dedicó antes de desaparecer.

Hinata se había ganado la confianza de él a través de los hechos. Ella daba el cien por cien de si misma, a pesar de que en su infancia había demostrado su debilidad y falta de confianza, ahora era todo lo contrario. Desde que se relacionó con los miembros del equipo siete, en especial con el rubio poseedor del kyubi, ella había experimentado un gran cambio. Había optado por despedirse de todos los aspectos que la hacían ver enclenque, endureciendo su mirada y mostrando seguridad en si misma. Ella era su orgullo, pero no lo dejaría entrever, así se esforzaría más duramente, como heredera del clan tendría que demostrar su valía.

A las afueras de la mansión le esperaba su primo. Cuando la sintió a su lado, ambos emprendieron el camino a puerta principal de la aldea. Los recuerdos invadieron la mente del genio, trayéndole la figura de cierta pelirosa moviendo ligeramente su mano cuando marchó el día anterior, preguntándose si estaría pensando en él. Deseaba volver a sentir el roce de sus labios, el sabor agridulce de su boca o el aroma de su cuerpo que le arrebataba la razón. Volvió a la dura realidad cuando escuchó la voz de su maestro decir sandeces.

―La flor de la juventud está con nosotros. una gran belleza nos acompaña. Debemos alcanzar a nuestro objetivo con las manos atadas en la espalda y en menos de una hora. ―gritaba alegremente, mientras sud ojos se abrían de par en par mirando al grupo de chicos que se encontraban delante de él. Él único que le hubiera seguido el juego era Lee, pero éste se encontraba en Suna junto a Tenten.

Su equipo estaba compuesto por el equipo de Hinata, Kiba, Shino, Akamaru y él. El líder del equipo era Gai. Al notar la mirada de fastidio por parte de Neji, Gai se puso serio.

―Nos separaremos en dos grupos: el primer grupo será liderado por ti, Neji, en el cuál iras con Kiba y Akamaru; el segundo grupo, estará liderado por la bestia verde de Konoha, es decir, por mi, acompañándome Shino e Hinata. Necesitamos las habilidades de rastreo de Akamaru y de los insectos de Shino para localizar a los objetivos. Luego, vuestro byakugan será muy útil. Cuando estemos cerca de alguno de los objetivos, nos reuniremos todos para atacar a la vez desde diferentes flancos. Shino, haz que alguno de tus insectos vayan con el grupo de Neji, así podremos mantener la comunicación.

Los chicos asintieron con la cabeza. Akamaru, el perro de Kiba, solo ladró, dando a entender que había comprendido las órdenes que les había dado Gai-sensei.

—Muy bien. ¡Akamaru, vamos adelante! —exclamó emocionado. Ya no era el chico que había peleado con Naruto, ahora era más fuerte y tenía ganas de tener un enfrentamiento con el rubio, para darle su escarmiento. Akamaru había crecido lo bastante como para cargar a cualquiera en su lomo, su pelaje seguía igual de níveo que cuando era cachorro, con su pequeña cresta en la cabeza. Sus ojos alargados se cerraron momentáneamente, mientras agitaba de un lado a otro su rabo al escuchar la emocionada voz de su amigo.

El grupo de Neji se dirigió al oeste. Avanzaban rápidamente siguiendo las indicaciones de Inuzuka. Su olfato era único, pero también podía ser un arma de doble filo, por la sensibilidad a los olores. De hecho, el chico perdió una vez debido a su olfateo por culpa de Naruto, que soltó una ventosidad, haciendo que cayera casi inconsciente por la pestilencia en el ambiente. Humillante.

Los tres se detuvieron alrededor de una roca. Allí, oculto entre unas ramas, había una abertura, una pequeña cavidad por la cual podría esconderse cualquiera. Activó su Byakugan, observando el interior de la roca, descubriendo que había varias personas ahí metidas. Inmediatamente, transmitió el mensaje al insecto, con forma de escarabajo, que tenía apoyado en su hombro derecho

Al cabo de unos minutos, notó la presencia de segundo equipo que se posiciono al lado de ellos dos.

—Veo a cinco personas en el interior con un alto nivel de chakra—confirmó Hinata.

—Mis Kikaichū están nerviosos por toda la cantidad de chakra que están percibiendo. Tenemos que embocarles, pueden ser muy peligrosos y no sabemos si en el interior está Kabuto. Puede tratarse de una trampa. —sus manos permanecieron dentro de sus bolsillos, sin demostrar ningún atisbo de emoción.

—Bien, chicos. Quiero que ustedes dos entréis—mirando a Neji y Shino.—Cuando os hayan acorralado, dar lo mejor de vosotros, nosotros esperaremos a la señal de tus insectos, para entrar y atacar por la retaguardia, cuando menos se lo esperen. Ese es el plan. Puede que dentro este alguno de los objetivos… No tenemos tiempo que perder, adelante.

Ambos shinobis se dirigieron a la entrada de la cueva, entrando sigilosamente. La diminuta entrada les dificultaba el acceso al interior, teniendo que encovarse para alcanzar el interior. Un fétido olor les atravesaba la nariz, consiguiendo que se taparan con la mano, evitando así inhalar el hedor. Sus ojos se abrieron curiosos al comprobar que los charcos eran de sangre y no de agua, como pensaban en un primer momento. La falta de luz no les era un impedimento, ya que con su byakugan y con sus insectos, se orientaban perfectamente en la oscuridad.

Neji le hizo un gesto a Shino, indicándole que aguardaran, se acercaba alguien por el lado derecho del pasillo. Un hombre se les iba acercando, iba tan distraído que no notó la presencia de los dos shinobis. Cuando se giró, comprobó a dos sombras acechándole, se puso en posición de defensa, pero no pudo realizar ningún movimiento. Un enjambre de insectos le rodearon, chupándole todo el chakra de su sistema, y cayó al suelo inconsciente. Continuaron por el pasillo derecho. Neji visualizó una habitación con tres personas dentro.

Al llegar al lugar indicado, ambos pegaron sus espaldas contra la pared. Intentaron escuchar algún tipo de sonido del interior, pero era en vano, el grosor de la pared no dejaba escapar el ruido. Shino envió a alguno de sus insectos para recolectar información del interior.

—Están tramando desmembrar a la joven que tienen cautiva si Kabuto no aparece. Es una mujer de pelo castaño con ojos verdes, puede ser que se trate de Nonō Yakushi. Debemos rescatarla.

Neji asintió.

—Informemos a Gai.—ordenó el joven de ojos perla.—Debe tratarse de Raíz. Danzō ha ido demasiado lejos. Debemos encontrar algún tipo de información que lo involucre en este escándalo.

Shino movió la cabeza. Un insecto zumbó a su alrededor, alertando al joven, que cambió su expresión por una de preocupación.

—Les han tendido una trampa. Han cogido a Hinata—agitó sus manos, sacándolas de su bolsillo. —Voy a por ella.

Neji detuvo al joven. Negando con la cabeza.

—Vamos paso a paso. Estoy segura que Gai y Kiba darán lo mejor de si para ayudar a Hinata. Nosotros debemos encargarnos de rescatar a la mujer que tienen encarcelada. Entraré en la habitación, supongo que los dos me atacarán, quiero que te quedes aquí, en la retaguardia, y cuando veas el momento, entra y ayúdame. —al ver que el joven Aburame asentía, el chico se preparó para asaltar la habitación, desechando cualquier pensamiento dirigido a la seguridad de su prima.

Golpeó con fuerza la puerta, entrando a la ofensiva. Los dos hombres se miraron, sorprendidos por la intromisión. Su hitai-ate mostraba el símbolo de Konoha. Se pusieron en posición de ataque, atacando por ambos francos al genio Hyūga. Neji esquivaba cada golpe con elegancia, sin apenas moverse del sitio, los otros dos shinobis empezaron a realizar sellos de forma conjunta. Millones de agujas aparecieron por toda la habitación, dirigidas a impactar contra el joven. Neji visualizó gracias al Byakugan el ataque. Comenzó a girar rápidamente en un círculo, liberando chakra de su cuerpo, deteniendo así el asalto.

Agredió severamente a uno de los ninjas, dejándolo casi inconsciente, centrándose ahora en el oponente que le quedaba. Empezó a luchar severamente, intentado aligerar lo más rápido el combate, la rotación celestial de los trigramas consumía mucho chakra y junto a su dojutsu, necesitaba reponerse. Cuando finalizó el combate, no se dio cuenta que el otro ninja le había lanzado una aguja al punto ciego de su byakugan, detenida por los insectos de Shino.

—Gracias.—dijo al percatarse del ataque que le habían lanzado.

Los dos ninjas se encontraban inconscientes. Dirigieron su mirada a la sala, donde se hallaba una mujer durmiendo, atada de pies y manos. Realmente era idéntica a la foto que le habían enseñado. Delante de ellos se encontraba la mujer que había cuidado a Kabuto cuando este era un niño, realmente tendría un gran valor para este. Ella sería una prueba irrefutable para derrocar al líder de Raíz.

—Bien, vamos a por Hinata—sentenció Neji, mientras cargaba con cuidado a la mujer.

A las afueras de la cueva, se encontraba Gai, Kiba y Akamaru luchando salvajemente contra algunos ninjas del sonido. Se habían transformado en monstruos a través del sello maldito que tenían en el cuello, incrementando su fuerza y velocidad de manera sobre humana. Gai sacó un pergamino de su mochila, invocando a su Sōshūga, que tiene dos nunchakus especiales con forma de pez unidos por una cuerda. En cambio, Kiba se unió a Akamaru, transformándose en la Bestia de tres cabezas. Ambos luchaban codo con codo, deseando acabar pronto con la batalla para ir tras Hinata, y tras un certero golpe por parte de ambos shinobis, derrotaron a los ninjas del sonido, dejándoles inconscientes.

En ese momento, apareció Neji, que sujetaba con fuerza el cuerpo de una mujer, y Shino. Los dos contemplaron el paisaje, que había sido devastado tras la lucha que se había dado lugar ahí.

—Cogieron a Hinata cuando nos atacaron por sorpresa. Se trataba de una trampa. Estoy seguro que sabían que vendríamos hasta aquí. Debemos apresurarnos e ir a rescatar a la joven. Kiba,¿crees que Akamaru podrá cargar con la mujer?

—No hay problemas. ¡Adelante, Akamaru, vayamos a rescatar a nuestra compañera!—exclamó clavando su mirada en el horizonte.

El camino se hacía interminable mientras cada uno iba sumido en sus pensamientos. El perro iba indicándoles el sendero que debían seguir. Tendrían que darse prisa en encontrar a la joven. Neji no podría perdonarse que le ocurriera algo…¿cómo miraría a su tío si…? Sacudió esa idea de su mente, activó su byakugan y se detuvo.

—Ya la veo. Allí está Kabuto. Hay 15 ninjas del sonido alrededor—informó.

Los jóvenes lo escucharon atentamente, asintiendo con la cabeza.

—¡Nadie rapta a ninguna bella flor de Konoha!—gritó Gai cuando se apresuró a lanzarse contra los enemigos.

Los demás le imitaron. La lucha comenzó.

—Kabuto, suelta a Hinata —indicó Kiba.

El ninja de pelo grisáceo le miró sonriendo. Sujetó el cabello de la joven con fuerza, exponiéndolo al frente, dejando entrever que la joven estaba a su voluntad. Si él quería podía matarla con suma facilidad, un paso en falso, y la vida dela chica acabaría en ese instante. Kabuto sólo quería estudiar de cerca la barrera de sangre, para poder experimentar y desarrollar técnicas similares, o implantarlas en otros usuarios que no fuesen del clan Hyūga. Odiaba profundamente a Konoha, todo lo que sentía en su interior era su profundo rencor hacia esa aldea que le habían arrebatado lo más valioso que había tenido, a su madre del orfanato. Por ella, se sacrificó para ser un espía de Danzō. Al final, solo les utilizaron a los dos, separándoles para siempre.

El equipo de Konoha aguantaban los golpes, defendiéndose lo mejor que podían de los ataques de los enemigos. Ninguno se atrevía a emplear todo su potencial por temor a dañar a la chica que seguía inconsciente. Gai miró detenidamente a Kabuto.

—Escúchame, Kabuto. Sé lo que la aldea te ha hecho—habló firmemente—pero eso no te da derecho a dañar a ninguna bella dama, mucho menos para que lleves a cabo experimentos con ella. Ven con nosotros, te ofrecemos la oportunidad de redimirte, de hablar con la Hokage.

Kabuto rió fuertemente.

—¿Crees que quiero redimirme? ¿Crees que quiero volver a esa aldea corrompida?

Hinata abrió los ojos. Se sentía cansada. Le dolía la cabeza.

—Byakugan—susurró. Y con gran agilidad, consiguió zafarse de las garras de su enemigo. Alejándose de él. Se acercó a su equipo, dispuesta a luchar junto a ellos.

—Vaya, vaya… ¿desde cuándo te volviste tan fuerte?—se cuestionó.

—No te atrevas a menospreciar a Hinata—defendió Shino, lanzando un enjambre de insectos hacia Kabuto.

Todos se pusieron en posición de luchar, pero una voz les detuvo.

—Deteneros—suplicó la joven que se levantaba del lomo de Akamaru. —Kabuto, ¿de verdad eres tú?—preguntó esperanzada.

Todos se giraron al escuchar la dulce melodía que salía de los labios de aquella mujer, sus cuerdas vocales vibraban de emoción al pronunciar el nombre del líder del sonido. Nunca pensaron que alguien pudiera transmitir esos sentimientos al nombrar semejante nombre. Ninguno se atrevió a decir nada, todos estaban a la expectativa de los últimos acontecimientos.

—¿Madre?—su mente divagó en el último encuentro que tuvo con ella, cuando ella le atacó con un kunai y Orochimaru le reclutó. A partir de ahí, su odio hacia el líder de raíz creció, debido al engaño que los habían sometido. —¿Me recuerdas? ¿Sabes quién soy?

—Eres mi hijo, Kabuto, ¿verdad? ¿Realmente eres tú? —se cuestionaba, agrandando sus ojos a la vez que le miraba fijamente. —Danzō me enseñó fotos de tu crecimiento, sin embargo, no se asemejan a nada en ti, conociéndolo, estoy segura de que me engañó. No sé si tú eres mi hijo, pero reconozco mis gafas.—señaló las lentes que llevaba Kabuto puestas.

Kabuto se acercó a la mujer, reconociendo a la que una vez cuidó de él cuando era pequeño. Realmente aquella mujer se asemejaba bastante. Cuando estaba a poca distancia, se paró, mirándola fijamente, y habló:

—¿Te acuerdas el motivo por el que me distes estas gafas?

La mujer se acercó sigilosamente, mirándolo, con los ojos entrecerrados corrió a abrazarlo. Una furtiva lágrima se derramó por el rostro, lloraba en silencio tras reencontrarse con su hijo. Con un movimiento suave, acarició la espalda del chico, y sin pensarlo dos veces con gran velocidad le clavó un cuchillo que sacó de sus ropajes, atravesándole el corazón. Lloró más fuerte, susurrando: "de verdad eras tú, por fin somos libres". Y tras esa afirmación, se tragó una pastilla, provocando que ambos cayeran al suelo, muertos.

Los chicos de Konoha contemplaron las escena sin dar crédito a lo que acababa de suceder. Habían localizado a los objetivos y ambos estaban muertos. Los ninjas del sonido, al ver lo que acababa de pasar, decidieron irse, alejándose de allí, tampoco es que les debieran lealtad a Kabuto y no tenían nada en contra de Konoha.

—No puedo creer…—habló la joven Hyūga.

—Debemos darnos prisa en informar a Tsunade-sama. Traslademos los cuerpos hasta Konoha.—indicó el líder del grupo.


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En el País de los Demonios.

El Uchiha avanzaba rápidamente al encuentro de su hermano. Sabía que andaba muy cerca de él. Podía sentir su presencia, no hacía falta que Karin le guiara. Sus instintos asesinos le llevaban al encuentro de su hermano.

Asaltó el palacio sin detenerse a mirar los ANBU que se hallaban muertos en el jardín. Subió deprisa los escalones que le separaban de su hermano y lo vio sentado esperando a que él llegara. Sus ojos rojos chocaron con los ojos rojos de su hermano, sharigan contra sharingan. Sasuke no volvería a caer en ningún genjutsu que utilizara el mayor de los Uchiha, se había entrenado para este momento, soñaba con acabar con la vida de su hermano.

– Sasuke—murmuró. Se puso de pie, avanzando lentamente hasta donde se encontraba su hermano menor. Realmente ansiaba con acabar su vida, aunque las palabras de la Hokage daban vueltas en su mente, haciéndole dudar. No quería que su hermano llevara una vida de venganza, deseaba que él sirviera a la villa con todo el honor con el que fuera posible, en cambio, había elegido un camino difícil. Si Sasuke se enteraba de la verdad, con ese afán de vengador, quizás quisiera echar por tierra todo el trabajo que él había hecho. No, no deseaba vivir más tiempo con los recuerdos de todas esas muertes persiguiéndole.

—Nii-san—siseó mientras se preparaba para atravesarlo con un chidori. Kusanagi se erigió rápidamente echando chispas azules por toda la sala, esperando ser impactada contra su oponente.

—¡Eres débil!—gritó librándose de su ataque.

Ambos hermanos se contemplaban, expectantes al siguiente movimiento del otro. Itachi observaba a su hermano, esa mirada llena de odio era un arma de doble filo. Debía reconocer que su hermano se había vuelto más poderoso, su deseo de matarlo le había llevado a mejorar bastante.

—Mátame, si puedes.

Sasuke se apresuró a descargar otro golpe contra su hermano, fallando y estrellando su chidori contra la pared del palacio.

—Dime, nii-san, ¿por qué?

Itachi apretó sus labios, realmente quería entablar una conversación con su hermano, decirle la verdad del clan Uchiha. No, él ya había tomado una decisión y la llevaría a cabo, su hermano acabaría con su vida y sería un héroe para los ojos de la aldea, así acataría con éxito la misión que llevo hace tantos años.

—Estoy aburriéndome. Qué tanto ven esos ojos.

No sabía cuánto tiempo llevaban luchando, esquivando técnicas y atacándose. Podría haber pasado más de veinticuatro horas. Sus cuerpos estaban exhaustos de tanto luchar, el cansancio era palpable. Debía acabar la pelea cuanto antes. Sasuke comenzó a concentrar una gran cantidad de chakra, formando un chidori, y se avalanzó contra su hermano, estrellándolo en el pecho de este. Se extrañó que Itachi no hubiera esquivado el impacto, parecía que realmente estaba esperando el momento para que lo me mataran. Itachi recibió el golpe, provocándole un gran herida en el pecho, su sangre comenzó a emanar del cuerpo, creando un charco de sangre.

—Sasuke—escuchó . Giró lentamente su cabeza para descubrir a los miembros de su antiguo equipo. La que lo había llamado era Sakura, que se acercó a él lentamente.

—Sakura—pronunció.

—¡Teme!—gritó un escandaloso Naruto mientras se aproximaba a él.

Sasuke los miró con sus dos ojos negros, cansado. Volvió a contemplar el cuerpo de su hermano, que aún respiraba. Agarró su mano derecha con la izquierda, concentrando una gran cantidad de chakra para impactarla en el cuerpo de Itachi, para acabar con los últimos signos de vida.

—Espera, Sasuke—dijo la chica, adelantándose.

—No te metas en medio, Sakura, sino morirás con él.—amenazó.

Sakura retrocedió varios pasos atrás al vislumbrar el odio con el que había hablado. Su voz era diferente, más ronca, más dura.

—Sasuke, no lo mates. —habló por primera vez Kakashi, intentando frenar el impulso asesino de su antiguo alumno.

—El sharingan es un emblema del clan Uchiha, un tipo como tú no tiene derecho a mostrarlo, a poseerlo—siseó al ver el ojo descubierto del ninja copia.

El antiguo equipo siete estaba inquieto al ver todas las palabras que pronunciaba el joven. Estaba cargado de odio, odiaba todo. Cegado por aniquilar a su hermano.

—Sasuke, sólo escúchanos—pidió la chica ojiverde.

—Tú sigues siendo una débil, una molestia.

—No te permito que insultes a Sakura-chan—dijo Naruto, poniendo en posición de defensa.

—Tú lo has querido, Naruto.

Ambos jóvenes se lanzaron en una pelea, chidori contra rasengan. Cuando el impacto iba a producirse, Sakura se puso en medio, con un golpe resquebrajó el suelo, lanzando a ambos ninjas a los extremos opuestos. Su rostro estaba tenso.

—Sasuke, sólo te pido que leas esto, luego haz lo que quieras—suplicó la pelirosa, lanzándole el pergamino que le había entregado Tsunade.

El joven agarró el pergamino, frunció el ceño y leyó. Sus ojos negros cambiaron rápidamente a rojo, una vez que acabó de leer el texto. Se fue directo a su hermano, que aún le quedaba un halo de vida.

—¿Por qué? Nii-san—reclamó, cogiéndole del pecho.

Su ira iba aumentando, iba a perder el control de sus emociones. Su hermano sonrió una vez más a ver a Sasuke enfurecido.

—La gente vive su vida ligada a lo que ellos mismo aceptan que es correcto y cierto. Así es como definen su realidad, ¿pero qué significa estar en lo correcto o en lo cierto?, son sólo conceptos vagos, su realidad puede ser tan sólo un espejismo. La gente vive apoyándose en el conocimiento y la conciencia. A eso lo llaman realidad. Pero el conocimiento y la conciencia son conceptos abstractos. Por tanto, puede que esa realidad sea una ilusión. La gente vive dentro de su propia convicción.—explicó el Uchiha mayor, para que entendiera sus motivos.

—No puede ser… Danzō, Konoha… los destruiré a todos, a todos los que se pongan en mi camino. El que se ría de mi, lo pagará, convertiré mi odio en el odio de todos.—declaró.

El equipo siete contemplaba la escena, sin saber que ocurría. Sakura agarró el pergamino que había soltado Sasuke cuando se dirigió a su hermano. Al leerlo temblaba de rabia, de dolor, no podía creer lo que ahí estaba escrito. Sus ojos se llenaron de lágrimas, sin poder entender cómo era posible que hubieran permitido aquella masacre.

Kakashi y Naruto habían tomado el pergamino de las manos de Sakura. Estaban indignados. Ahora podían entender las palabras que el joven pelinegro dirigía a su hermano.

Sakura se acercó a los hermano Uchiha.

—Déjame que lo cure, Sasuke—pidió. Al ver que el joven ni le miraba ni respondía, se acercó, comprobando la gravedad de las heridas.

Sasuke contemplaba la escena. Itachi siguió hablando.

—Siempre te mantuve apartado…no quería que te vieras envuelto… Es por eso que finalmente voy a decir lo que realmente pienso. No tienes que perdonarme… no importa lo que decidas hacer… yo te amaré por siempre.—declaró con una sonrisa.

—Nii-san…yo…te perdono—dijo Sasuke.

—Sasuke, necesito un poco de tu pelo para regenerar la parte del pulmón de Itachi, esto me va a llevar más tiempo del que creo. Voy a necesitar espacio y chakra—dijo Sakura.

Sasuke asintió levemente mientras pensaba en las palabras que le había dicho su hermano. Sakura creo cuatro clones. Las cinco Sakura se pusieron en un círculo, comenzaron a emanar chakra de sus palmas y empezaron a regenerar el tejido del joven. Naruto se puso al lado de Sakura, dándole todo el chakra que necesitaba, al igual que Kakashi.

El joven pelinegro se sumió en sus pensamientos, analizando toda la información acerca de la masacre de su clan. Su enojo aumentaba como decrecía por momentos. Sentía la ira recorrer cada célula de su piel. Las palabras de su hermano rebotaban en su mente. La convicción de Itachi era salvar a su hermano pequeño de todo el sufrimiento de una guerra, puede que si él no hubiese puesto fin al levantamiento de los Uchihas, quizá muchas más vidas hubiesen perecido, entre ellas la suya. Todo era tan abstracto. Su hermano se había sacrificado por la vida de unas personas que lo tachaban de asesino, incluso él le había catalogado. Sin duda, su hermano era un héroe oculto a los ojos de los ciudadanos de la Hoja.

Fijó sus ojos en sus antiguos compañeros de equipo, contemplando como gastaban su chakra por salvar a su hermano. Sakura estaba dando su mayor esfuerzo, ya no reconocía a esa chica molesta y débil, lo que veían sus ojos era a una persona con bastante convicción de salvar esa vida, concentrada en dar lo mejor de si misma. Naruto no alborotaba tanto como recordaba, sólo estaba ahí, apoyando a sus compañeros. Kakashi se mostraba serio, pero estaba agotando todas las reservas de chakra para evitar que su hermano muriera, para que él no tuviera que cargar con la muerte del último familiar que le quedaba.

Su corazón latió de forma diferente cuando se dio cuenta que frente a sus ojos tenía a su familia. Ellos, el equipo siete, y a su hermano. No debía andar más por el sendero de la venganza, tendría que encontrar otro método para reinstaurar un orden mejor en la aldea. Debía hacer caso a las palabras que decía Tsunade, tendría que darles otra oportunidad al igual que ellos le estaban dando la oportunidad de estar con su hermano. Sus ojos brillaron intensamente cuando tomó su decisión.


Notas de la autora: Muchas gracias a por dejarme su opinión. Como ya dije al principio, esta historia está llegando a su fin. ¿Está demostrando Sakura su valía como ninja? ¿Qué pensáis? Muchas gracias a todos por leerme.

Recuerden: Review para críticas.