Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.
Personajes: Rusia, Mexico, Aquila, Prusia, España, América, Canadá, otros.
Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene YAOI, UA (Universo Alterno), humor, Lemon, mpreg, fantasía y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.
Este fanfic está basado en la película y libro del mismo nombre: Lord Águila.
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Lord Águila
Capítulo 10.- Vamos a Hispania parte I
Cuando el Bad Trio ingresó, Ludwig, Mathew y Elizabeta cerraron la puerta, encerrando a los nobles e Itzamma.
—¡West, abre la puerta! —gritó Gilbert golpeando la madera con los puños cerrados. Nada, su hermano y los otros dos jóvenes no responden, se han alejado, el eco de sus pisadas levemente atenuadas por sus gritos y golpeteos violentos lo confirman. — ¡Maldición!
—Tranquilízate Gilbert —le dijo Antonio mientras ayudaba a su hijo a sentarse. La herida estaba casi cicatrizada pero aún le dolía horrores.
—¡No me digas que me calme cuando mi hermano está allá afuera en medio de una guerra!
Itzamma miraba desde una esquina cómo su padre y los amigos de éste discutían; cerró los ojos. Estaba preocupado por Iván, ¿se encontraba bien? Aún el sol no salía y él seguía siendo un tigre. Se sentía tan inútil por no poder estar con él y ayudarlo a pelear. Fuertes golpes lo sacaron de sus pensamientos; la puerta acababa de explotar y una gran nube de humo se levantó segándolos.
—¡Alejandro! —Antonio colocó a Itzamma detrás de él para protegerlo; desenvainó su espada aguardando el momento en que los hombres de Alfred atacaran; no sucedió. Cuando el humo se despejó pudieron ver a Arthur, de pie junto a Kiku, uno de los hermanos de Yao.
—¿Se encuentran bien? —pregunto Kiku mirándolos con preocupación. Los cuatro asintieron con la cabeza; estaban confundidos no comprendían lo que había sucedido.
—¿Dónde está Ludwig? —dijo Gilbert en tono demandante. Tomó a Arthur por las solapas. El encierro había acabado con la poca paciencia que le quedaba y la preocupación por su hermano no hacía más que ponerlo de mal humor.
—Señor Gilbert. ¡Déjelo por favor! —le suplicó Itzamma tomando al albino del brazo para que soltara a Arthur.
—¡No me toques! —gritó dándole un manotazo que a causa de la debilidad de Itzamma lo hizo caer al suelo.
—¡Alejandro! —Antonio fue inmediatamente en auxilio de su hijo. Lo ayudó a ponerse de pie, no sin antes cerciorarse de que la herida no se hubiese abierto; se acercó a Gilbert y le lanzó un fuerte golpe en el rostro con el puño cerrado.
El príncipe de Almenia soltó a Arthur sólo para pelear con Antonio ante la incrédula mirada de los presentes, de pronto…
Un rayo cegó su vista. Contemplaron estupefactos la prodigiosa metamorfosis que se producía. El tiempo pareció quedar en suspenso y en ese breve lapso, tan largo como la eternidad, los brazos de Itzamma se desdibujaron y se oscurecieron, ensanchándose hasta convertirse en alas. Parecía flotar en la luz resplandeciente y sus cortos cabellos se transformaron en una cresta de águila, un ave dorada entre cielo y tierra, batiendo las alas para elevarse del suelo y poder posarse en el hombro de Antonio quien había dejado de luchar.
La mayoría de los chitay se había marchado pues aquel lugar ya no era seguro; sólo Yao, Ludwig, Elizabeta, Arthur y Mathew permanecían con el bad trio y la pareja.
Iván desmontó despacio a cierta distancia se encontraba Yao y los demás. No había contemplado todo lo ocurrido, pero supo lo suficiente. Miró al cielo buscando al águila y lanzó una voz de reclamo. Todo estaba vacío y en silencio y sólo se oía el silbido del viento en la desolada cresta.
Volvió a repetir el reclamo con patente zozobra. Los ecos de su voz resonaron por el paraje y se desvanecieron. No había ni rastro del águila. Iván se volvió hacia el caballo con la cabeza gacha, acongojado.
De repente, un chillido repercutió en lo alto. Alzó la vista y vio al águila que, volando con dificultad, fue a posarse pesadamente en su guantelete, agitando las alas a modo de saludo.
—Sssh... quieto... quieto —musitó Iván acariciándole la cabeza y buscando con sus ojos la herida.
Lo apretó contra su corazón. El águila volvió la cabeza y le dio un picotazo por propasarse.
—Itzamma está enojado con Iván, ¿da? —dijo retirando la mano con una sonrisa. Volvió a montar con cuidado; las heridas aún le dolían bastante, pero desde el principio sabía que no eran mortales y que soportaría el dolor. Ahora que el águila había vuelto a su brazo, el verdadero dolor insoportable de los últimos días desapareció como por encantamiento. Encaminó a Goliat hacia el campamento.
Iván caminó unos cuantos pasos antes de toparse con Arthur. Su puño se crispó sobre las riendas y el sanador se detuvo al ver su expresión. Ambos estuvieron contemplándose mutuamente un buen rato cara a cara. Hacía dos años...
Fue Iván quien habló primero.
—Iván pensó que Arthur habría muerto. Ha habido momentos en que Iván hubiera querido matarte —respiró profundamente y encontró fuerzas para añadir—: Gracias por Salvar a Itzamma.
—La venganza, como el perdón, son privilegio de Dios —dijo el sanador asintiendo y bajando la mirada—. Y Él me ha perdonado —añadió con toda convicción.
—Yo no soy Dios —contestó Iván adusto—. Yo no te he perdonado. Y no puedo olvidar. —Sí no fuera por ti…
—Hubiera sido por alguien más —le cortó Arthur —, y hubiera sido mucho peor.
Iván estaba a punto de responder pero por el rabillo del ojo pudo alcanzar a ver a Antonio y Yao acercándose.
—¿Y qué piensas hacer? —preguntó Antonio condolido por la suerte de su hijo—. ¿Matarás a Alfred? —miró al águila—. ¿O a mi hijo, quizá?
Iván no respondió, aun le parecía tan extraño el que el rey de Hispania fuese el padre de su amado Itzamma.
—¡Ése no es el final de su historia! —replicó el sanador moviendo su rubia cabeza—. ¡Sólo yo sé cómo termina! ¡Sé cómo romper el maleficio!
—¿Piensas traicionar a tu amadísimo rey? —preguntó Iván con voz cavernosa—. ¿Quieres torturarme con falsas esperanzas? —añadió con voz desgarrada.
—De aquí a tres días —comenzó a decir pausadamente el sanador— el rey se reúne con los nobles de Aquila. Sólo tienen que enfrentarse a él, los dos, como humanos, en carne y hueso, y el maleficio quedará roto, exorcizado. Las tinieblas recogerán su paga y ustedes quedaran libres.
Iván sostenía la mirada en los ojos de Arthur para descubrir el más leve indicio de traición o duda, pero el sanador parecía decir la verdad. La gente decía que los maleficios eran siempre imperfectos, por propia naturaleza, que siempre había una falla, una manera de romperlos... si se conseguía descubrir.
—No es posible. Itzamma e Iván no pueden ser humanos al mismo tiempo; imposible —dijo Francis mirando a Arthur con el ceño fruncido. Aunque... también había creído imposible el reencuentro con su prometido y el encuentro de Antonio con su hijo; miró a Antonio que escuchaba fascinado.
—Mientras haya noche y día —evocó Arthur—. Precisamente de aquí a tres días tendrán su oportunidad. Dentro de tres días habrá en Aquila un día sin noche y una noche sin día.
Iván seguía mirando impávido al sanador, dándole vueltas a las palabras en su mente, sintiendo marchitarse y morir en su interior el repentino brote de esperanza. Su mirada se tornó fría como el hielo.
—Vámonos —dijo asqueado miró a Arthur —. Dios no te ha perdonado; sólo te ha vuelto loco.
Arthur abrió la boca para implorarle que le escuchara, pero sólo acertó a agachar la cabeza y a darse la vuelta, incapaz de sostener la implacable mirada del antiguo general de Aquila. Regresó a paso lento al encuentro de Yao quien partiría pronto.
—Estoy en deuda con ustedes —dijo Iván, ya sosegado, tendiendo la mano al rey de Hispania.
—¿Con nosotros? Qué va... —contestó Antonio estrechando tímidamente la mano de Iván—. Soy yo quien estoy en deuda contigo por proteger a mi hijo —sonrió melancólico al posar su mirada en el águila que descansaba en el hombro de su amado. —Alejandro me pidió que te diera un mensaje; el dijo —añadió titubeante—. Que sigue teniendo esperanza. Fe. En ti.
Iván miraba incrédulo el rostro de Antonio, implacable, alerta ante otra posible traición. El monarca no parpadeó ni bajó la mirada. Se notaba en sus ojos un brillo de convicción e Iván acabó por creerle. Con un suspiro, miró al águila que ladeó la cabeza para observarle atentamente.
Los tres nobles se mantuvieron, inmóviles, parecían esperar algo.
—¿Qué harán de ahora en adelante, aru?—dijo Yao, junto a él estaba Ludwig, Elizabeta y Mathew.
—Contra Aquila —dijeron el bad trio al unisonó.
—Si ese es el caso, aru —habló Yao cruzándose de brazos —, cuenten conmigo y los míos, aru.
—¿Qué harás tú y lord Águila? —pregunto Elizabeta mirando a Iván.
—Lord Águila... —musitó Iván mirando sonriente al ave. Levantó la vista, acordándose de los presentes.
—Da —dijo con brusquedad—, hacia Aquila.
—Pero antes… vayamos a Hispania, estamos a un día de distancia. Nos servirá para reabastecernos y preparar el ataque contra Aquila —dijo Antonio.
—De esa manera también podría enviar una carta mi abuelo para que prepare el ejército de Almenia —agregó Gilbert. Ya se imaginaba el buen susto que le daría a Frizt cuando se enterara de que Ludwig estaba con vida y bien.
—Y yo a mi madre; arde en deseos de tener la cabeza de Alfred para adornar su sala de trofeos —agregó Francis. La idea le parecía desagradable pero la reina de Francobia siempre fue una mujer sanguinaria a la que todos temían, pero ni ella fue capaz de hacerle verdadero frente a Aquila.
—Entonces, nos veremos en una semana en… —los nobles asintieron con la cabeza escuchando el plan del jefe de los chitay mientras que Iván se dedicaba a acariciar el suave plumaje de su querido Itzamma; en esos momentos, nada más importaba.
Continuará…
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Hace tiempo, tres dioses crearon doce reinos en donde la magia existe y sus habitantes son gobernados por reyes únicamente elegidos por los enviados de los dioses: Los elohim.
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