OPCIÓN
#10 Episodio del viaje en moto
Bajamos
juntos por ascensor hasta el estacionamiento y enfilo hacia mi lugar
al mismo tiempo que House saca la llave de su moto.
- No. De ninguna manera, - protesto, pero no da señales de estar escuchándome. - Acaba de nevar, - insisto.
- Ayer, - replica mientras pasa su pierna mala por encima del vehículo. - Las calles están limpias.
- Mi auto está allí, - señalo.
- Hay obras en la calle Elm. En moto será más rápido, - argumenta luego de asegurar su bastón a un lado de la moto.
Por alguna razón no puedo discutirle. Debo verme como una nena caprichosa de cinco años pataleando y haciendo pucheros... House me extiende el casco. Lo tomo bruscamente y lo encajo en mi cabeza mientras me subo tras él y me agarro apenas de los bordes de su chaqueta.
A pesar de que sólo le veo la nuca, adivino que está sonriendo cuando toma mis manos y da un suave tirón para obligarme a rodear su cintura con mis brazos, todo mi cuerpo amoldado al suyo como si de un rompecabezas se tratara.
Arranca y pone rumbo a la casa de la paciente. Me doy cuenta de que no va muy rápido, quizá por consideración a mí. Casi inconscientemente, me relajo contra él. Me siento segura, a salvo, estando así tan cerca... Y puede que él notara mi cambio, ya que he visto que pasamos por cierta esquina al menos tres veces.
Finalmente se detiene y coloca su pierna sana sobre el asfalto para estabilizar el vehículo.
- ¿Llegamos?
- No, - ironiza. - Me detuve para regalarte mi preciosa moto.
Sonrío, aunque él no puede verme. Cuando me doy cuenta de ello, me quito el casco. Aún estamos sentados, y uno de mis brazos todavía rodea su cuerpo sin intenciones de querer salir de ahí.
- Fue un buen viaje.
- Pensé que no te gustaban las motos... - Si lo tuviera de frente creo que me estaría mirando con los ojos entrecerrados, como tratando de descubrir qué anda mal en mí.
- De hecho, no me gustan, - confieso. Ahora se voltea todo lo que puede para mirarme.
- ¿Y qué te ha hecho cambiar de opinión?
Me encojo de hombros con una enorme sonrisa antes de responder:
- Tú.
Me mira fijo. Sonríe de lado. Entonces, de pronto, toma el casco, lo pone de nuevo en mi cabeza y se acerca para depositar un beso sobre la fibra de vidrio a la altura de mi boca.
- Eres increíble, - dice mientras vuelve a enderezarse y enciende la moto otra vez.
- ¿Qué haces? ¿A dónde vamos? - Estoy confundida y lo hago notar.
- Te llevo a tu departamento. Mereces una gran recompensa. Has echado por tierra una de mis grandes generalizaciones sobre la raza humana.
- ¿Cuál?
- "Nadie cambia".
- ¿Y cuál es mi recompensa?
- El beso al casco fue la primera parte. El resto... en tu departamento...
FIN
