CAPITULO X: "NAVEGANDO HACIA ESCOCIA"
La travesía por el atlántico a bordo del RMS Olympic*, sin duda no era algo que le causara ninguna emoción a una joven de ojos verdes y corazón triste. Durante cuatro días permaneció recluida voluntariamente en su camarote pasando su tiempo en la lectura de libros de poesía de Edgar Allan Poe*, había leído tantas veces el poema De todos cuántos anhelan tú presencia, que ya sabía recitarlo muy hábilmente de memoria. Los días parecían no tener sentido y su encierro tampoco comprendió por fin, si iba camino a Escocia era justamente para salir de ese enclaustro auto infringido y dejar de pensar en el castaño, olvidarlo. No obstante, encerrada en su camarote como si fuera un ser de la noche no era la mejor forma de hacerlo.
—¡Qué tonta soy! —Se dijo mientras se veía al espejo.
—¿Qué dices, Candy? —preguntó Dorothy, viéndola de forma extraña a través del objeto. A la vez que cepillaba sus largos rizos.
—Nada Dorothy, no me hagas caso —respondió Candy, negando con la cabeza y agitando su mano.
—¿Piensas continuar en este encierro? —La cuestionó Dorothy, de nuevo. Ya lo había hecho día con día y estaba empezando a molestarse realmente con la rubia, la conocía de mucho antes y sabía que ella no era de encerrarse y derrotarse.
—Quizás hoy salga a dar una vuelta —respondió Candy, un poco insegura. Tampoco era que estuviera de tanto ánimo.
—¡Lo siento, Candy! —exclamó Dorothy, con fastidio. La rubia dio un pequeño salto en la silla—. Ya me cansé de verte con la misma actitud, ya basta ésta no eres tú. Ni cuando la señorita Eliza y el joven Neal te molestaban tanto te dejaste derrotar y apenas eras una niña, ahora compórtate como la mujer que eres y despierta.
—¡Dorothy! —exclamó Candy, sorprendida.
—Lo siento, señorita Ardley —Se disculpó, Dorothy, con sarcasmo—. Sé que no somos iguales porque tú eres la señorita de familia y yo tú dama de compañía, pero una vez tú me dijiste que podíamos ser amigas y eso es lo que intento ser ahora. No podía hacerlo antes en la mansión por no ser descubiertas pero ahora estamos solas y puedo decirte todo lo que necesitas escuchar.
—¿De qué hablas? —preguntó Candy, sin salir del asombro. Se volteó para quedar de frente a Dorothy sentada y la observó directo a los ojos.
—De que todos solo intentan aliviar tu pena diciéndote lo que tú quieres escuchar —afirmó, la dama de compañía—, ¿pero qué haces tú para remediar tus problemas, Candy? —preguntó seria—. ¡Nada amiga! —respondió sin darle oportunidad a la rubia—, te has vuelto conformista y una persona resignada a tus fracasos cuando tú nunca lo has sido. Siempre fuiste muy independiente, haces las cosas de acuerdo a lo que tú corazón te dicte y ahora sólo te lamentas de todo lo que te pasa y muchas de esas cosas tú te las has buscado —La regañó con el dedo—. Si tenías un novio al que amabas ¿por qué se lo dejaste a otra? —Le recriminó—, y lo peor es que querías olvidarlo casándote con otro y buscándote más problemas, al matrimonio se llega por amor no por conveniencia como lo hacen otras chicas frívolas. Está bien que quieras sanar tú corazón porque cometiste errores que ya no puedes resolver —dijo Dorothy, levantando las manos a la altura de los hombros con duda y luego continuó—, pero ya sal de este encierro y vuelve a ser tú misma. Si dejaste que la tía abuela te educara para ser una fina dama está bien, pero sin perder tu verdadera identidad, tienes que seguir siendo tú misma y ya deja esa actitud que no te queda bien —La joven dama de compañía dejó el cepillo sobre el tocador y salió de la habitación refunfuñando un poco más.
Candy estaba perpleja sentada en el mismo lugar y viéndola salir azotando la puerta. En verdad nadie le había hablado como su dama lo hizo, el más cercano fue Albert en la Mansión de las Rosas, pero él lo había hecho sutilmente con carácter y fuerza pero con cariño, había recibido el regaño porque aún estaba convaleciente. Después ya no habían tenido una conversación igual y el tema no se tocaba por considerarlo él molesto para ella. Aunque todo aún parecía muy reciente estaba consciente que debía cambiar de actitud, lo necesitaba con urgencia, la primera noche se despidió de Terry con la intención de dejarlo proseguir su vida feliz como esperaba que lo fuera, y ella tenía que encontrar qué hacer con la propia, esa resolución era la que había tomado al decirse irse a Escocia. ¿Y qué estaba haciendo para lograrlo?, ¿encerrada en el camarote como lo venía haciendo y luego llegar allá para continuar con lo mismo?, esa no era la mejor idea de sanar viejas heridas y mucho menos de empezar de nuevo.
—¡No! —exclamó seria y poniéndose de pie—. No voy a seguir con lo mismo y pasarme los días llorando o añorando, Dorothy tiene razón —confirmó las palabras de su dama viendo hacia la puerta por donde se había marchado.
Terminó de cepillarse el cabello y lo sujetó con unas pinzas para recogerlo en un sencillo peinado. Salió de su habitación y vio a las dos jóvenes mucamas ponerse de pie y hacerle una inclinación de respeto.
—Buenos días, señorita Ardley —Saludaron al unísono.
—Buenos días —respondió ella—. ¿Y Dorothy?
—Salió señorita, pero si desea puedo irla a buscar —dijo una de ellas.
—No es necesario, iré yo —Negó la rubia, con su mano.
—¿Está segura, señorita? —preguntó la otra—, todavía se ve pálida, será mejor que vaya yo.
—No, iré yo y ustedes salgan a darse un poco de sol, están igual de pálidas por el encierro —Les dijo Candy, sonriendo apenas.
—Pero no podemos hacer eso, nuestra obligación es atenderla y cuidar de usted —dijo la primera, sorprendida.
—Yo ya soy mayor y puedo cuidarme sola, no necesito que me acompañen a todos lados —respondió Candy, amablemente—, además deben estar cansadas de estar todo el tiempo aquí dentro. Vayan a dar una vuelta y no regresen hasta la hora de la comida —Las apuró caminando hacia ellas para hacerlas salir.
—¿Pero usted que va a hacer, señorita? —preguntó la segunda consternada. La señorita era muy extraña y actuaba diferente a las que había conocido antes, pensó la joven.
—Eso no importa, daré un paseo por aquí y por allá —dijo Candy, con una mueca—. Bueno ya no digan más y váyanse, nos veremos en el comedor a la hora de la comida —Les indicó, cambiando de planes.
—Pero señorita, aún no termina de vestirse —Le advirtió la primera.
—No exageres, July —afirmó la rubia, sonriendo—. Lo único que tengo que hacer es colocarme un sombrero y ponerme los zapatos —añadió viéndose los pies descalzos.
—Podemos ayudarla —respondieron ambas, intentando regresar.
—No gracias, ya les dije que se vayan puedo hacerlo sola y si miran a Dorothy, díganle que siga en lo que hace y que las veo a la hora de la comida en el restaurante —Les indicó invitándolas a salir.
—Está bien pero estaremos vigilándola de cerca —aseguró, la otra joven.
—No es necesario, salgan y diviértanse —añadió y sin decir más ni esperar tampoco, volvió a su habitación a continuar con su arreglo.
Las jóvenes mucamas se vieron con incredulidad, pero no habiendo más que hacer que acatar la orden de su joven ama, decidieron obedecer y salieron del camarote. Candy terminó de colocarse los zapatos y tomó su sombrero favorito, lo colocó en su cabeza afianzándolo con otras pinzas, se dio un vistazo completo en el espejo satisfecha de su arreglo mas no de su rostro que lucía pálido y ojeroso, tenía que darse un poco de sol y abandonar ese semblante de muerto viviente que lucía —Pensó suspirando con fuerza.
Después de los escasos minutos que le tomó en concluir con su arreglo salió de la habitación, tomó una pequeña sombrilla para evitar dorarse mucho y con una sonrisa abandonó por completo el camarote. Llegó hasta la cubierta donde parejas y grupos pequeños daban paseos sonriendo y conversando, deseo que sus amigos la hubiesen acompañado, pero también consciente de que todos tenían sus propias obligaciones y vidas decidió no complicarse y dirigirse hacia a algún lugar a pasar el tiempo, mientras lo hacía recordó su último viaje y las complicaciones, la gaviota que había ayudado y la riña con el millonario que se negaba por falta de humanidad permitir que el transatlántico hiciera una labor de rescate en el Mauretania —Suspiró profundamente—, al recordar el nombre del barco y se obligó a no traer a su mente, los recuerdos lejanos de la última noche de 1912.
En el camino se topó con jóvenes solteros que le dedicaban sonrisas de amabilidad y galantería, incluso uno de los muchos que se encontró intentó pegársele y empezar una conversación con ella al verla sola, ella hábilmente lo había despedido diciéndole que iba de camino a reunirse con su esposo —Mentira que le causo una punzada al corazón—, poca distancia de haber despedido al joven se situó en una parte de la barandilla para apreciar el firmamento y las aguas del océano que brillaban con los rayos dorados del astro rey. Estaba por empezar a perderse en sus pensamientos cuando una voz la trajo de vuelta sin siquiera haber partido.
—Hola, eres muy habilidosa para sacudirte a un molesto joven que no te permita gozar de tú paz interna o ahuyentar tus pesares —afirmó una fuerte voz femenina, con muy marcado acento francés que se encontraba muy cerca y a la cual no había percibido.
Candy se volteó levemente para observar a la persona que se dirigía a ella con tan habilidosa confianza y certera en su comentario. Observó a la mujer con admiración, vestía un elegante traje sastre de tweed de color negro y blusa de líneas horizontales negras con blanco y varios collares que colgaban de su cuello hasta casi la cintura. Lo sorprendente para Candy fue que lucía pantalones holgados y saco en un estilo masculino, nada común para la época. Su rostro pálido era amable y atractivo, el cabello corto y poco rizado muy a la usanza de los años veinte, sin sombrero y un listón grueso de terciopelo adornaba con una moña cerca de la frente su cabeza, pero quizás lo más impactante para ella, fue el cigarrillo que tenía en sus labios y que con mucha elegancia y distinción retiró para expulsar el humo de forma muy sensual. El olor del cigarrillo de la mujer se confundía con un exquisito aroma de perfume que a Candy le pareció muy agradable y le revoloteó por todo el cuerpo, entre sus componentes podía distinguir el inconfundible aroma de rosas que conocía muy bien.
—Parece que te he causado una gran impresión porque te has quedado sin poder hablar, ¿será que acaso eres la típica señorita americana que se escandaliza con una mujer como yo?, no me lo parece —Se anticipó a afirmar la osada mujer, arrastrando las palabras con su armonioso acento francés y viéndola fijamente sonriendo.
—Disculpe, señorita —dijo Candy, amablemente girándose por completo para estar de frente a su interlocutora—, en realidad si estoy un poco sorprendida, pero no escandalizada —aclaró—, es sólo que su elegante apariencia no es lo que esperaba ver al escuchar su voz.
—Oui, te refieres a mi traje tan masculino —dijo la mujer, dejando escapar una nueva bocanada de humo hacia el océano—. Es muy cómodo sabes y también me evita la molesta persecución de los caballeros —agregó guiñándole un ojo en complicidad.
El gesto de la desenfadada mujer hizo sonreír a Candy con tranquilidad, era extraña en apariencia pero amable en modales y muy moderna —Pensó Candy—, al obsérvala con más atención.
—¡Oh, perdona!, ni siquiera me he presentado que maleducada me estoy comportando, mi nombre es Gabrielle Chanel* y como ya has notado soy francesa —dijo la pelinegra, aproximándose para darle un doble beso a la rubia en sus mejillas. El acostumbrado saludo europeo.
—Mucho gusto señorita, Chanel —respondió Candy, extendiéndole la mano como saludo—, mi nombre es Candice White Ardley pero todos me dicen Candy y soy americana como también ya ha notado.
—Encantada de conocerte, Candy —La pelinegra, le extendió la mano para corresponderle en un gesto raro para ella, como la rubia saludó—, pero no me digas señorita Chanel, sólo dime Coco —Le pidió amablemente sonriendo—. Quizás ya te lo han dicho muchas veces, pero tienes una cara preciosa y unas líneas en el cuerpo de admirar —añadió viéndola de la cabeza a los pies.
Candy se sintió intimidada y casi desvestida con el escrutinio minucioso que le hacia la mujer frente a ella y se ruborizó consternada, pero tranquila.
—No lo tomes a mal, chère —Se anticipó Coco, a aclarar—. Verás yo soy diseñadora de ropa para dama y tienes unas lindas líneas en tú cuerpo difícil de encontrar en las jóvenes de tú clase. Tal parece que te ejercitas mucho en algún deporte, es una lástima que las escondas bajo toda esas capas de tela y vestidos anticuados —añadió con un gesto de desaprobación.
De nuevo Candy se sintió intimidada y bajó la vista para ver sus vestimentas de abajo hacia arriba. Su vestido era elegante y confeccionado con tela muy fina y costosa, efectivamente bastante conservador por exigencias de la tía abuela. Aunque era cierto que también ella voluntariamente se rehusaba a cambiar su estilo por el que los años veinte exigía no solo en la ropa, sino en los peinados y también en la joyería extravagante que a la rubia le parecía exagerada. Sus vestidos aún los llevaba hasta el tobillo en un estilo clásico pero pasado de moda, algo que no le importaba que la hiciera verse más bien como una vieja solterona. Se negaba a dejarse ver las pantorrillas como lo hacían otras mujeres incluyendo a su muy querida hermana de crianza Annie, que muchas veces la había casi obligado a cambiar su estilo por uno más ad hoc a la nueva generación de señoritas. Pero ella seguía negándose porque el espejo no le regresaba una imagen que ella pudiese considerar hermosa, mucho menos con atractivos femeninos acentuados y muy bien delineados en su cuerpo como en realidad sí lo eran. La equitación diaria y trepar a los árboles eran el ejercicio indicado para mantener sus músculos delicadamente tonificados.
Candy nunca se había sentido hermosa en ninguna de sus formas y en ninguna oportunidad de su corta vida, siempre se consideró una chica sin gracia y sin atractivo, menos elegante y refinada como otras jóvenes de su edad, sentía ser incapaz de llamar la atención de nadie, aunque lo hacía y pasara ciegamente desapercibido para ella que no era una frívola. Ahora la mujer que tenía al frente la estaba elogiando y ella aún no podía asimilarlo bien.
—Mira niña —dijo Coco—, necesitas cambiar todos esos vestidos de siglos pasados que esconden tu verdadera belleza, además esos enormes sombreros no dejan ver tu hermoso rostro y maravillosos ojos verdes. Necesitas refrescarte y un corte de cabello te vendría estupendo —afirmó la pelinegra, tomando unos mechones rubios y alisándolos con gracia—. Te ves como una viuda suplicando que la ignoren, eres tan joven que tu cuerpo y tú deben gritar véanme porque soy una mujer y estoy viva, tú fragancia natural es muy dulce pero aniñada, necesitas un perfume que deje hipnotizados a los hombres y quieran olerte eternamente.
—¡Todo eso! —respondió Candy, sorprendida y abrumada. Con unos pocos minutos de conversación había recibido toda una clase de moda y aún no salía del asombro. Ella no estaba segura que la mujer que tenía enfrente estuviera hablando tantas maravillas y que todo fuera en relación a ella—, yo solo soy una chica común y corriente de campo —afirmó un poco ruborizada—, no creo tener todas esas cualidades que usted dice, seguramente debe estar bromeando —concluyó.
—No me hables de usted, háblame de tú, me haces sentir vieja y yo me siento muy joven —dijo la mujer, muy segura—. Dime ¿en qué convento has estado escondida y cuántos años? —preguntó viéndola fijamente a los ojos.
—En ninguno —Se apresuró a aclarar Candy, sonriéndole divertida—, es sólo que antes vivía en el campo de Indiana y no necesitaba estar a la moda.
—Te comprendo, chère Candy —afirmó Coco, sonriéndole con ternura. Recordando los días de su infancia, esa que ella había vivido en un orfanato—, es por eso que no llevas una sola gota de maquillaje en el rostro, eres bella natural —Acentuó con admiración.
—Creo que no sabría, ¿cómo hacerlo? —admitió Candy, llevándose las manos al rostro—, además no tengo a quién lucirle y los vestidos actuales son muy atrevidos, con escotes profundos y sin mangas —añadió insegura.
—¡Mon Dieu!, ¿cómo que no tienes un hombre a quién lucirle?, pero si te he escuchado decirle a ese joven que ibas a ver a tú esposo —Se sorprendió, la pelinegra.
Estaba acostumbrada a ver que las mujeres de alcurnia tuvieran esposo jóvenes que las desatendían y ellas terminaban por buscarse amantes. Pensó que era el caso de Candy, al verla vestir de forma tan anticuada y luciendo como una señorona que necesitaba refrescarse con urgencia para atraer la atención de su marido.
—Fue sólo para que se fuera —admitió Candy, ruborizada—. No tengo esposo y creo que nunca tendré uno, ya no soy una adolescente.
—Pero tampoco eres una anciana, ¿qué pasó?, ¿una bella como tú sin esposo? Pero debes tener un novio o prometido que te espera en Europa —dijo Coco, muy suspicaz.
—No, no tengo nada, solo a mí misma y creo que así permaneceré por siempre —respondió Candy, volviéndose para ver hacia el mar y ocultar su tristeza.
—¡Imposible creer lo que dices!, eso me lo tienes que contar —Exigió la pelinegra, confianzudamente posando su mano sobre el hombro de la rubia y atrayendo su atención—. Vayamos al restaurante y bebamos un poco de vino, no puedes dejarme con esta duda —añadió parpadeando.
—No es una agradable historia, quizás te aburra con mis relatos poco agradables —replicó Candy, alzando los hombros. Coco soltó una nueva boconada de humo y botó la colilla del cigarrillo al suelo para apagarlo con la punta de su zapato.
—No importa, yo te escucho, además creo que no tenemos nada mejor que hacer en éste viaje. A menos que quieras que los jóvenes del fondo que nos ven con mucha insistencia nos acompañen —añadió, y se volvió para guiñarles el ojo a los caballeros que gustosos sonrieron.
—¡No, por supuesto que no! —afirmo Candy, sin volverse para verlos negando con la cabeza. Lo último que necesitaba era compañía masculina—, mejor vamos a tomar té al restaurante —aceptó gustosa.
—¿Té?, claro que no —Negó Gabrielle, arrugando la nariz—, necesito algo más fuerte que eso para escuchar tú historia. Una chica hermosa sin novio y pretendiente debe ser una historia muy increíble —añadió enlazando su brazo con el de la rubia pecosa, animándola para caminar.
Al llegar al restaurante de inmediato las condujeron a una mesa apartada que solicitó Gabrielle para tener más privacidad. Después de esperar unos minutos en que ambas permanecieron en silencio. Un par de copas y un botella de vino le fue llevada a la pelinegra y a la rubia un vaso de jugo de frutas, la dama francesa insistió en que Candy bebiera un poco de la bebida alcohólica pero ella se negó aduciendo que aún era muy temprano para beber, Coco se encogió de hombros y aceptó la negativa.
—Muy bien, Candy —dijo Gabrielle, tomando un pequeño sorbo de vino—, ¿cuéntame cuál es tú historia?
—No quiero aburrirte —respondió Candy, insegura.
—No importa, te aseguro que no me dormiré, además estoy muy intrigada —afirmó Coco, dejando su copa reposando sobre la mesa. Apoyó ambos codos sobre la misma, entrelazó sus dedos y recostó su rostro sobre ellos para fijar su vista y toda su atención sobre la rubia—, estoy lista puedes empezar —Le sonrió guiñando el ojo.
Candy respiró resignada ante la insistencia de la dama francesa y sin poder evadir la conversación se dispuso a abrirle su corazón a la extraña que tenía frente a ella, ¡quizás no sea mala idea!, pensó mientras tomaba un trago largo de su jugo. Por unos segundos observó el rostro afable de la mujer de cabello obscuro que le sonreía con amabilidad y ansiedad. De esa forma tomó valor y dio inicio al relato de su vida, desde el mismo momento en que fue abandonada en el Hogar de Pony, relatando todas las peripecias y eventualidades de esos días, de cómo había conocido al Príncipe de la Colina y con la esperanza de volverlo a ver había terminado en la casa de los Lagan donde sus recuerdos no eran nada gratos.
De los días que vivió después de ser adoptada por la poderosa y millonaria familia Ardley, la muerte de Anthony y toda la tristeza que vivió, razón por la que había sido enviada a Inglaterra donde la noche de año nuevo, había conocido al rebelde y malcriado aristócrata ingles del cual se había enterado de su linaje, cuando por azares de la vida terminaron siendo compañeros en el prestigioso y exclusivo Real Colegio San Pablo en Inglaterra. La trampa de Eliza y todas sus maldades al enterarse del interés que tenía el joven aristócrata por ella, la cruel forma en que por enviada se habían tenido que despedir con el castaño a causa de ese problema, después de haber nacido un fugaz amor entre ellos que se fortaleció cuando unos años más tarde se habían vuelto a ver ya viviendo ambos en Estados Unidos, él trabajando como actor de teatro y ella como enfermera. La triste despedida después de haberse dado el pequeño reencuentro en la ciudad de Nueva York unos años después de haberse visto en Chicago y mantener por correspondencia viva la chispa del amor. La forma en que se había dado su separación, producto de malas decisiones y obligaciones de deber hacia una joven que le había salvado la vida al rebelde castaño. Los años de separación sin haber podido olvidarlo y su auto impuesto encierro refugiándose por varios años en su natal Indiana, consecuencia de quererse alejarse de todo lo que se lo recordara. Su fallida boda con Gerard, hasta el momento en que ahora se encontraba viajando rumbo a Europa con la idea de reencontrarse y olvidar un amor imposible, sanar las heridas de su corazón adolorido y volver siendo una mejor mujer que la que se había marchado.
La dama francesa la escuchó en silencio con mucha atención por varias horas en las que por momentos abría los ojos de asombro, otros los entrecerraba de incredulidad, y por último le brillaron de enojo e indignación. La hora del almuerzo las sorprendió y la botella de vino se vació. A la distancia Candy divisó a Dorothy y sus mucamas y les indicó que tomaran la comida sin ella. Rubia y pelinegra continuaron sentadas en la misma mesa, mientras degustaban los suculentos alimentos.
—Candy —Habló muy seria Coco, con cubiertos en mano cortando un pequeño trozo de pollo con brusquedad—, si yo hubiese sido tú, lo mismo que le estoy haciendo a éste animal se lo hubiera hecho a esos dos malvadas y egoístas mujeres —añadió, llevándose el trozo a la boca. Refiriendose a Eliza y luego Susanna.
La rubia se atragantó la comida de la impresión y de inmediato tomó un poco de agua para poder responderle.
—¿Pero qué dices? —La cuestionó Candy, sorprendida e incrédula.
—Lo que oyes —replicó la pelinegra, frunciendo el ceño—, perdóname fille pero te has pasado de bondadosa y has caído de tonta con esas mujeres —Dejó caer sus cubiertos sobre el plato y continuó—. Tú prima es una envidiosa malvada y la tal Susanna no es más que una chantajista que se aprovechó de ti y de tú novio —añadió sacando de su bolso un nuevo cigarrillo que encendió con su fino y elegante encendedor de oro.
—¿Por qué dices eso? —La inquirió Candy, sin poder creer lo que escuchaba—. De Eliza lo que dices no me sorprende y lo entiendo siempre fue así —Aceptó la rubia, afirmando con la cabeza—. Pero Susanna lo amaba tanto que quiso dar su vida por él, algo que ni siquiera yo habría hecho —añadió bajando la vista sin creerlo realmente. Por supuesto que habría dado más que su vida por salvar a Terry, incluso si en ese momento se lo pidiera aún lo haría con gusto.
Coco la observó con recelo por unos segundos y dando dos bocanadas más de su cigarrillo, arrastró la silla un poco hacía atrás para dar espacio de acomodarse en el respaldo y cruzar las piernas con una pose y mirada inquisidora. A la vez que sostenía con elegancia su cigarrillo en la mano derecha con el codo apoyado sobre la mesa y el tenedor en la mano izquierda golpeando suavemente la copa para llamar la atención de uno de los camareros.
—Disculpa, Candy —Negó Coco, con la cabeza—. No pretendas engañarme como tú lo has hecho durante tantos años —Llevó su cigarrillo a la boca y le dio una inhalación, con gracia soltó el humo y le sonrió con suspicacia—. Sabes bien que aunque tú lo amarás tanto jamás lo habrías obligado a quedarse contigo si la del accidente hubieras sido tú y supieras que él amaba a otra. El amor que le diste no fue egoísta, lo de esa actriz no era amor fue un capricho y chantaje desvergonzado, esa actitud de quererse suicidar solo fue una artimaña para causarles lástima y de esa forma burlarse de ustedes. Si tanto lo amaba y sabía que él te amaba a ti, entonces ¿porque no actuó de la misma forma que tú y hacerse a un lado? —La cuestionó.
—Porque tuvieron que quitarle la pierna y así nunca más podría volver a actuar, era deber de Terry quedarse con ella, protegerla y velar económicamente por ella —Cada palabra que se sumaba a la explicación, hacía que la rubia fuera bajando el tono de voz y entrecortándosele las palabras al sentir un nudo en la garganta—, no teníamos otra opción, ella lo necesitaba más que yo —agregó sintiendo como las lágrimas rodaban por sus mejillas.
—¡Eso es una tontería, Candy! —respondió Coco, enderezándose de golpe y girándose para llamar al incompetente camarero que no había atendido su petición. Con una seña de su mano atrajo la atención de otro y le solicitó una nueva botella de vino, luego se giró para quedar de nuevo de frente a Candy. Apagó su cigarrillo en el plato sin haberse terminado su comida y cruzó los antebrazos sobre la mesa para continuar hablando—. Un muchachito de casi diecinueve años obligado por un absurdo "deber" a cuidar una mujer que era obligación de su familia velar por ella, ¡es ridículo!, ¿acaso esa Susanna lo hubiera mantenido si el accidentado hubiera sido él por salvarle la vida a ella, en verdad crees que se hubiera sacrificado?
—No lo sé —respondió Candy, aturdida.
—¡Por supuesto que no lo habría hecho, Candy! —La regañó sin ocultar su molestia. La rubia parecía ser muy testaruda o muy ingenua—, la primera en oponerse a eso habría sido la madre de ella, ¿qué crees que habría echo tú novio, obligarla a casarse con él? —La cuestionó de nuevo, se inclinó sobre la mesa para quedar más cerca del rostro de Candy.
—¡No…no…Terry jamás la habría obligado…a algo así! —Negó Candy, llevándose las manos al rostro en aflicción. La dama francesa la estaba sacudiendo con golpes de realidad que ella se había negado a creer o pensar en tantos años.
El camarero se aproximó a la mesa llevando un nuevo juego de copas y una botella de vino, recogió los platos de Coco y se retiró. Mientras Candy había escondido su rostro lloroso detrás de una servilleta fingiendo limpiarse los residuos de comida en su boca.
La forma en que la dama le había abierto los ojos a la verdad le estaba lastimando duramente en el alma, ella ya se lo había empezado reprochar sin querer aceptarlo por completo, pero escucharlo de otra boca que no era la de ella y asegurarlo de tal forma la estaba hiriendo, ¿acaso Terry sufría igual que ella? —Se preguntó internamente sintiendo un dolor agudo en el corazón.
—Tranquilízate, Candy —Le pidió Gabrielle, escuchándola sollozar—, no estoy juzgándote, tú y ese muchacho solo fueron víctimas de esas mujeres egoístas y tramposas. Se aprovecharon de su juventud y sus nobles corazones. ¿Te has preguntado si aún no es tarde para ustedes?, tú no te casaste aunque fuera por una triste razón y él aún no lo hace, el amor verdadero no se olvida tan fácilmente —añadió Coco, vaciando vino en su copa.
¡Era cierto!, pensó Candy suspirando con tristeza. Los años pasaron y ella no había dejado de amarlo ni un solo segundo y era porque en verdad desde que descubrió que estaba enamorada de él, lo había amado profundamente aunque nunca se lo confesó, ¡claro que lo que ella sentía por él era amor verdadero, un amor sincero, nunca obligado!. ¿Estaría Terry al igual que ella, añorándola cada día?
—Nunca antes lo pensé de esa forma, pero creo que ahora ya es realmente tarde —Negó Candy, con pesar—, en cinco días él se habrá casado y yo estoy en un barco con destino a Inglaterra aún, ni tomando uno de regreso al llegar a Southampton podría hacer algo —Se encogió de hombros y bajó la cabeza. Sabía que mientras ella estuviera en alta mar, Terry contraería matrimonio con la ex actriz, cualquier intento por hacer algo era realmente en vano.
—¿Sabes, Candy? —dijo Gabrielle, con un suspiro en su marcado acento francés sosteniendo su copa de vino en la mano—, no es que sea mucho años mayor que tú, como si fuese tú abuelita —Le sonrió, ladeando la cabeza y levantando el hombro—, pero he visto más mundo y puedo decirte que los que se aman de verdad, tarde o temprano volverán a estar juntos por mucho que el Destino se empeñe en separarlos —Le sonrió con cariño—. Por el contrario los egoístas jamás podrán ser felices y los amores de mentira están destinados a fracasar, terminan rompiéndose en tantos pedazos que nunca podrán unir —Negó con severidad, tomando de un solo sorbo el poco vino que contenía su copa.
—Gracias, Coco —dijo Candy, levantando el rostro para verla de frente—, sé que tienes buenas intenciones al decirme eso, pero creo que nuestros caminos no volverán a cruzarse nunca y si lo hacen tendré que resignarme a verlo con Susanna como su esposa tomada de su brazo. Espero que cuando ese momento llegue no duela tanto como ahora —afirmó negando—. Cuando vuelva, los días de mi sufrimiento solo serán cenizas de los malos recuerdos que el viento se encargará de esparcir y borrar —concluyó sonriendo con resignación.
Se quedaron en silencio por unos segundos y luego continuaron su conversación cambiando el penoso y lamentable tema que llevaba de viaje a Candy hasta Escocia. La diseñadora gentilmente se ofreció al llegar a Londres llevarla a la casa de modas de un conocido modisto amigo suyo, le sugirió que cambiara todo su guardarropa y también su aspecto. Vida nueva representaba hacer un cambio drástico y total en su apariencia que era el primer paso para cambiar, si pretendía dejar todo lo viejo y doloroso encerrado en el baúl del olvido, debía empezar en primer lugar por dejar ese faceta de niña buena y sufrida, cambiarla a una de mujer hermosa y fatal que le sentaba mejor considerando el bello rostro que tenía. Conquistar todos los corazones masculinos que pudiera y estuvieran a su alcance, el cual Gabrielle no dudaba que hicieran largas filas de solicitudes. Ante ese comentario la rubia se espantó y luego se echó a reír junto a la pelinegra, de anticipado sabía que ella jamás podría ser una femme fatale.
En Chicago la investigación había dado los frutos más rápido de lo que el rubio Patriarca esperaba pero deseaba ansiosamente, apenas había pasado un poco más de una semana desde que Candy había partido a Inglaterra y él casi podía saborear el gusto de poner sus manos encima a los cuatro malhechores responsables del secuestro de los Miliken, y del agravio ofensivo hacia Candy y su prestigiosa familia. La primera intervención por parte de sus hombres de seguridad al volver de Nueva York, no había dado los resultados que esperó, pero solo unos días más habían bastado para que tuvieran una nueva pista de la cual ya se vislumbraban los eficientes resultados.
En silencio había continuado la investigación su muy querido y eficiente secretario Georges. Albert y Archibald estaban concentrados en los negocios de la familia, mientras el pelinegro se encargaba de buscar hasta por debajo de las piedras a los maleantes responsables. El rubio Patriarca estaba seguro que antes que el barco de su pequeña rubia tocara el puerto, él estaría dándoles su merecido castigo a todos los implicados de haberle causado la vergonzosa humillación. Los toques a la puerta del despacho de la oficina del Presidente del Banco de Chicago, trajeron a la realidad a Albert que estaba completamente abstraído en sus pensamientos.
—¿Te interrumpo? —La afable voz de Georges, se escuchó por la habitación al ingresar por la puerta.
—¿Georges? —Lo cuestionó al verlo entrar.
—Disculpa William, pero era la cuarta vez que llamaba y nadie respondió —Se excusó el caballero de negro, caminando hacia la silla que estaba frente al abarrotado escritorio lleno de carpetas y papeles de su empleador.
—Lo siento, Georges —dijo Albert, enderezándose por completo para quedar erguido de frente a su secretario. Con una indicación de su mano lo invitó a sentarse—. Tengo tanto que revisar —Le indicó con sus manos mostrándole las torres de carpetas—, y estaba tan metido en todo que no te escuché.
—Descuida, creo que no es precisamente en los papeles de la oficina en lo que estabas tan distraído pensando —Lo cuestionó Georges, con su habitual semblante enigmático.
—Tienes razón —admitió Albert, con una pequeña sonrisa. Nadie lo conocía tan bien como su muy apreciado secretario—, todo esto puede esperar —Con un movimiento de manos apartó los papeles del frente y suspicazmente se apoyó con sus antebrazos para poner toda su atención al pelinegro—, hazme feliz éste día y dime que lo que traes en esos papeles es el avance de la investigación, el lugar donde podemos encontrar a esos miserables —añadió cambiando su rostro a severo.
—Tranquilízate, William —Le pidió Georges—, debes tener la cabeza y la sangre fría para actuar de forma correcta, no te dejes llevar por tus instintos y la ira —Negó el caballero, con la cabeza—. No ahora que necesitamos que pienses correctamente y hagas las cosas de la misma forma en que tú padre habría actuado, si se hubiera visto en una situación similar en el caso de haber sido tú hermana.
El rubio Patriarca suspiro profundamente en la misma posición, llevando no solo aire sino también lucidez y sensatez a su brillante cerebro, no podía estar más de acuerdo con Georges en que debía actuar suspicazmente, sabía que el éxito de la investigación dependía de eso. No obstante, podía ser que ya pudieran echarles la mano encima a los rufianes, pero todavía faltaba la parte más importante ¿por qué y quién?
—Astutamente, tienes toda la razón —afirmó Georges, con una mirada y sonrisa de satisfacción por primera vez vista en el rostro inmutable del caballero pelinegro—. Tenemos localizados a los cuatro responsables del secuestro y listos para ser atrapados por nuestros hombres —afirmó entregándole los resultados positivos de su investigación.
La semana laboral estaba por terminar, era viernes por la tarde y a Albert le sudaban las manos en arduos deseos de que Georges apareciera por su oficina, llevándole los informes que le había prometido el día anterior con la localización exacta de los hombres a los que no hacía otra cosa que desear ponerle sus manos encima ¡y vaya cómo se las pondría!
La noticia que Georges le acaba de dar, no pudo haberlo hecho sentirse más feliz y satisfecho de las personas que trabajaban con él. Se irguió en su lugar y tomó los papeles para darles una leída fugaz, el cómo los habían localizado poco le importaba, lo importante era saber dónde los podía atrapar sin que se le escaparan —Pensó con una sonrisa siniestra.
—¿Localizaron a Neal y a Eliza? —preguntó Albert, levantando únicamente la mirada hacia Georges.
—Sólo al joven Neal, estaba en casa de otro amigo y no del que nos indicaron —respondió Georges.
Albert recordó que al día siguiente de su regreso de Nueva York, Georges le había notificado que habían buscado al pelirrojo en la Mansión de los Coors* tal como la tía abuela les había indicado que Neal estaría, pero no lo habían encontrado. Al continuar la búsqueda lo localizaron varios días después en la Mansión de los Dorrance*.
—Ya veo, se anda escondiendo —dijo Albert, tamborileando sus dedos en el escritorio—. ¿Y a Eliza, lograron localizarla? —Lo cuestionó a la vez que daba un golpe seco con su palma.
—Lo único que puedo decirte es que en Chicago no se encuentra —Negó Georges, con la cabeza—, debido a que me pareció más urgente insistir en la búsqueda de los cuatro secuestradores, le di menos importancia en localizar a la señorita Eliza. Pero ahora que ya los tenemos ubicados voy a poner más atención en encontrarla.
—Me parece perfecto —afirmó Albert, moviendo la cabeza en señal de aceptación—. ¿Cuándo podemos ir por esos hombres? —Lo cuestionó poniéndose de pie, caminó al frente de su escritorio y se sentó con los brazos cruzados en la base del escritorio para quedar más cerca de Georges.
—En el momento en que tú lo ordenes —respondió Georges, pasivamente—, nuestros hombres solo están esperando por tus indicaciones.
—¡Estupendo! —exclamó Albert, sonriendo—, entonces mañana mismo a primera hora, quiero tomarlos por sorpresa.
—¿Y a dónde los llevaremos? —Lo inquirió Georges.
—A las viejas oficinas del Banco, están desocupadas y será un excelente lugar para interrogarlos —replicó Albert, sin poder borrar su sonrisa. Estaba gustoso de que a solo a unas cuantas horas podría verle la cara a cada uno de los infames. Nunca se había aprovechado de la posición privilegiada que su apellido le daba, pero ésta vez usaría hasta la última de sus influencias para refundir a ese cuarteto en la más obscura de las prisiones del país. Y al responsable intelectual también lo haría pagar.
—¿Aún quieres que te traiga al joven Lagan? —preguntó curioso, el pelinegro.
—¡Por supuesto!, por la tarde, arrastrándolo si es necesario —dijo Albert, con la mirada colérica. Algo en su interior le decía que ese par de hermanos, no podían estar muy ajenos a la situación, sus motivos de evadirlo abiertamente eran más que notorios.
Y evidentemente, tontos, pensó Albert, rodando los ojos con burla. Había personas en su familia que sencillamente la cabeza la tenían para ser adornada por el cabello, continuó con sus pensamientos y negó en silencio.
La noche del viernes llegó tan lentamente que Albert no podía conciliar el sueño en su cama, daba vueltas para ambos lados sin poder dejar desear que la luz de un nuevo día por fin llegara. Eran tantos sus deseos de atrapar a los causantes de los días de tristeza y desdicha que Candy había pasado amargamente en la Mansión de las Rosas, que estaba arrepentido de haberle dicho a Georges que esperaran hasta la mañana. ¡Debió haber ido esa misma tarde!, ¿por qué no lo había hecho?, se arrepintió llevándose las manos a la cabeza sentado en el borde de la cama. Definitivamente esa noche no iba a poder dormir, tenía que hacer algo para relajarse o le daría un infarto de la desesperación —Sonrió sintiéndose como un pequeño niño que espera con ansias su regalo de cumpleaños.
—¡Oh, qué desesperación!, será mejor que baje a tomar un whiskey —dijo en voz alta, mientras se ponía su bata de levantarse.
Caminó hasta la puerta de su habitación descalzo y lentamente bajó las escaleras sin hacer ruido. Su destino era llegar a su despacho, beber algo y con suerte lo sorprendería la mañana o el sueño después de la bebida. Una pequeña distracción lo llamó por su nombre.
—¿No puedes dormir, tío William? —preguntó Archibald, con un vaso de escocés en su mano sentado cerca de la entrada. Albert dio un pequeño salto de la impresión y se volteó para ver a su sobrino.
—Archie, ¿qué haces allí? —Lo cuestionó el rubio, asustado.
—Lo siento, pensé que me habías visto —Se excusó Archie, poniéndose de pie para acercársele.
—¿Cómo quieres que te vea, si traes pijamas y bata negra, y a eso súmale que estas sentado en la obscuridad. Te recuerdo que no tengo ojos de gato —Lo regañó.
—Disculpa en verdad no fue mi intención asustarte —afirmó Archie, avergonzado.
—¿Y qué haces aquí, no fuiste a dormir a tú casa y Annie la dejaste sola? —Lo cuestionó el rubio, indicándole que caminaran hacia su despacho.
—No, por supuesto que Annie está durmiendo arriba. Es solo que quise quedarme ésta noche aquí, no quiero perderme ir contigo mañana a atrapar a los secuestradores —dijo Archie, abriendo la puerta del despacho y dándole el paso a su tío.
—¿Qué, de qué hablas? —Lo cuestionó Albert, encendiendo las luces.
—En verdad crees que me puedes engañar, sé bien que mañana irás a atraparlos —afirmó Archie, sentándose cómodamente en un sofá. Albert lo observó con incredulidad, todos sus movimientos los estaba haciendo cautelosamente, estaba claro que no tenía pensado inmiscuir a Archibald en sus planes, pero él ya estaba enterado de todo.
—Y se puede saber, ¿quién de mis empleados abrió la boca? —preguntó Albert, sirviéndose un whiskey.
—Ninguno, pero yo también tengo mis medios para enterarme. ¿Se te olvidó que Georges y yo fuimos los primeros en empezar la investigación?, fue fácil pedirle a uno de mis subordinados que siguiera a los tuyos y el resto por conjeturas. ¡Ah!, y un buen oído detrás de la puerta —Sonrió Archibald, al ver la cara de asombro de Albert.
No cabe duda, pensó Albert, sonriendo resignado. Estoy rodeado de gente eficiente y claramente no todos carecen de cerebro en mi familia.
—Pensé que Georges te había dicho algo —afirmó Albert, después del par de segundos que le llevó recuperarse de su sorpresa. Tomó su vaso de whiskey y sentó frente a su sobrino.
—¡Imposible! —Negó Archie—, sabes bien que primero le arrancaría la lengua antes que traicionar tu confianza y lealtad. Georges es inquebrantable —añadió el joven, levantando su copa en un intento por brindar con su tío sobre la fidelidad de su secretario.
—Te equivocas —afirmó Albert, devolviéndole el gesto—. Conozco una persona que no solo haría hablar a Georges, también lo haría cantar y si es preciso bailar —Sonrió divertido, el stress estaba empezando a disminuir con la conversación.
—Si te refieres a Candy, no lo dudo —admitió el ojos de avellana, sonriendo—. Ella es capaz de doblegar a quién sea. Nunca te he contado cuando trabajó en una mina como enfermera, todos esos hombres eran toscos y rufianes, al principio dijo ella que había sido tratada con grosería, pero al final todos terminaron doblegándose con su generosidad y simpatía —Sonrió el joven con nostalgia de los viejos días.
—¡Ay Candy! —exclamó Albert, reclinándose en su asiento—, ¿cómo se le pudo ocurrir irse a meter a un lugar como ese? —Cuestionó Albert, suspirando resignado—. Es una lástima que Candy siendo como es no pare de sufrir, no lo merece —Negó Albert, consternado—, lo que es peor nunca comprenderé esa aversión que tienen los Lagan contra ella.
—Ni lo hagas, tío —Negó Archie—. Son envidiosos y jamás han soportado a Candy porque ella es diferente. Por el contrario, ellos son igual que la tía Sarah malos e inconscientes, solo piensan en su bienestar y las apariencias, en lo que quieren obtener sin importarles lastimar a quién sea.
—¿Lo dices por algo en especial? —preguntó Albert, muy interesado.
—Sabes bien por qué lo digo —afirmó Archie.
—¿Tú también tienes tus dudas? —Lo cuestionó el rubio, frunciendo el ceño.
—Las mismas que tienes tú y desde hace tiempo —admitió Archie, tomando el último sorbo de su bebida y levantándose de su lugar—. Será mejor que vayamos a dormir tío, mañana nos espera un gran día —Sonrió Archie, con satisfacción—, y quiero estar muy despierto para no perderme ningún detalle.
—Tienes razón —aseguró Albert, dejando su vaso aun con bebida en una mesa—. Ahora creo que si podré descansar, yo también quiero estar muy despierto y relajado, quizás nos esperen muchas sorpresas —dijo Albert, pensativo.
—Entonces si me vas a permitir acompañarte —comentó Archie, caminando hacia la salida.
—¿Te lo podría impedir si te dijera que no? —Lo cuestionó el rubio, caminando detrás de él.
—Por supuesto que no, si no voy contigo iría por mi cuenta —aseguró Archie, con decisión.
Ambos cruzaron miradas de complicidad y sonrieron, caminaron hasta sus dormitorios pensando en las respuestas que obtendrían de boca de los cuatro secuestradores, ¿qué revelaciones obtendrían de ellos y quién sería acusado de ser "la mente maestra" detrás de la canallada?, sólo la mañana siguiente les traería esas respuestas con las confesiones de los malhechores.
Esa mañana en Chicago, el sol parecía haberse apresurado a salir más temprano que de costumbre en complicidad con un hombre rubio y muy acaudalado. En la Mansión Ardley, Albert estaba listo y ansioso por salir a su siguiente misión, el exterminio de cuatro ratas indeseables y la caza de la mayor de ellas de la cual ya sospechaba. Archie se le unió en su habitación para informarle que Georges ya los estaba esperando en la entrada. Con una sonrisa de triunfo ambos caballeros vestidos casualmente salieron en punto de las siete de la mañana, hora que había sido acordada para la reunión y ya los vehículos los esperaban en la salida.
—¿Todo listo? —preguntó Albert, al ver a su asistente confirmando que todos hubiesen recibido las instrucciones correctas.
—Listo —aseguró el pelinegro—, todos tienen las indicaciones de lo que deben hacer y los puntos estratégicos que deben tomar para que nadie escape.
—¡Perfecto!, entonces vámonos —Les indicó caminando hacia la salida.
LLegaron al primer vehículo y el conductor le abrió la puerta, el primero en entrar fue el rubio Patriarca, seguido de su sobrino Archibald y segundos después el pelinegro Georges.
Los automóviles se dirigieron a una de las áreas más sencillas y humildes de la ciudad de Chicago, después de haber entrado a un barrio de condiciones muy escazas, llegaron a un pequeña guarida en estado bastante deplorable. Se detuvieron frente a ésta y de inmediato todos se colocaron máscaras tipo pasamontañas en el rostro, por indicación del joven Patriarca todos debían lucir de negro y portando el disfraz que ocultaría sus verdaderas identidades. Les devolvería a los despreciables, la misma jugarreta que ellos habían utilizado en el día más negro e infeliz que recordaba haber vivido al ver desgarrarse de llanto a su pequeña rubia, y él sintiéndose impotente de poder hacer algo para aliviar su pena. El día de cumplir una promesa había llegado y ahora tendría a en sus manos por fin a los responsables y la sangre empezó a correrle más rápido por las venas, la adrenalina corría igual de apresurada con el torrente sanguíneo y con un movimiento de mano le indicó a su secretario que era el momento de bajar.
Las puertas del primer vehículo se abrieron y Georges les dio la indicación con un ademán al resto de bajar, de inmediato se abrieron casi al unísono las de los otros autos, hombres del equipo de seguridad hicieron su aparición, altos, de cuerpos muy fornidos y fuertemente armados fueron saliendo uno a uno. El último en bajar fue Albert, todo el equipo de seguridad se dispersó en los alrededores en forma táctica, tomando cada punto de acuerdo a lo planeado con antelación para evitar cualquier tipo de intromisión en la misión y alejar curiosos e inocentes que pudieran salir lastimados, en aquella bien planeada estrategia de choque todo debía salir sin ninguna consecuencia que lamentar, eso era primordial les había indicado Georges por orden específica del Patriarca. Unos se dirigieron a las ventanas y puertas que podían servir de posible medio de escape de los individuos a lo que iban a atrapar, el resto de seguridad iba acompañando a Albert, Archie y Georges que se encaminaron hacia la entrada principal. De dos patadas por parte de los hombres la puerta cedió cayendo de golpe al suelo, dos se introdujeron a la destartalada vivienda avanzando con precaución, movilizándose por todos los espacios para evitar cualquier situación que los sorprendiera, debían asegurar que nada pusiera en riesgo la vida de sus patrones y su asistente, mientras los demás esperaban afuera ansiosamente algún tipo de acción.
Finalmente llegaron a la habitación donde cuatro hombres tirados en el suelo dormían sin siquiera haber percibido la presencia de los intrusos, el nauseabundo olor a tabaco y alcohol predominaba fuertemente en el lugar, desorden y botellas de licor se encontraban esparcidas por todos lados. Uno de los hombres se dirigió a la salida para informar a sus jefes que todo estaba en orden y despejado, libre de amenazas y que podían entrar mientras el otro encañonaba desde el umbral a una distancia prudente a los ebrios que se encontraban desparramados por el sucio suelo.
—Pida que entren dos de los que vigilan las ventanas y el resto que siga esperando afuera —Le indicó Georges.
El jefe de seguridad habló con dos de sus compañeros que estaban por las ventanas y les dio las nuevas órdenes, de inmediato se incorporaron al grupo del Patriarca y el resto continuó vigilando en las afueras. Después de ese movimiento los tres hombres de seguridad entraron primero y luego uno a uno pasaron por el umbral los jóvenes Ardley y el pelinegro Georges. Al entrar a la habitación cada quien tomó su lugar mezclándose con los otros y abrieron espacio para que el rubio Patriarca tomara su lugar en el centro y diera una pequeña inspección del lugar. Observó a los secuestradores negando con la cabeza la deplorable situación en la que vivían y el comportamiento tan vil que parecían tener, en una esquina divisó un par de cubos de metal y caminó hacia ellos, en el interior se encontraba agua maloliente, producto de las goteras seguramente —Pensó el rubio—, al dar un vistazo rápido hacia el techo, se inclinó y tomó uno en sus manos, caminó de regreso hasta donde antes se encontraba.
—¿Qué va a hacer, señor? —preguntó Georges, curioso de la actitud de su jefe.
—Vamos a darles un refrescante amanecer —respondió Albert, en su tono de voz podía percibir que estaba sonriendo.
Archie sonrió detrás de su máscara e imitó la acción de su tío.
—¿Usted también, joven? —Lo cuestionó Georges, sin poder dar crédito a las acciones de sus patrones.
—Este placer yo no me lo pierdo —Se carcajeo sutilmente debajo de la máscara, Archie—. A la cuenta de uno —Le indicó a su tío, levantó la mano y con el dedo índice marcó el primer y único número.
Con un movimiento rápido ambos hombres arrojaron el agua sucia y apestosa sobre los cuatro hombres tirados en el piso. El baño mañanero no fue muy bien recibido por el más grande de los malhechores, que de inmediato se incorporó soltando una serie de improperios.
—¡Pero qué dem…! —No pudo terminar la frase el musculoso, cuando en medio de su sorpresa y afinando la visión después de pasarse la mano por el rostro, observó la cantidad de personas que los rodeaban con incertidumbre—. ¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí?
—Queremos que nos acompañen —dijo el jefe de seguridad, apuntándole con su arma.
—¿Quiénes son estos hombres? —preguntó con voz amenazadora otro de los delincuentes, buscando el lugar donde había dejado su arma. Con frustración vio que uno de los intrusos sostenía las cuatro en sus manos.
—Será mejor que todos se calmen y se sienten, aquí hay una persona que quiere hablar con ustedes y es mejor que colaboren o empiecen rogar por sus vidas —Los amenazó, el jefe de seguridad.
Uno de los integrantes del grupo del Patriarca les aventó bruscamente las viejas sillas para que los delincuentes se sentaran, en línea horizontal y de mala gana fueron obligados a tomar asiento, mientras miraban retadoramente a todos los intrusos.
Albert bajo la máscara escondía el rostro más severo y furioso que jamás ojos habían visto nadie, caminó y avanzó lentamente hasta quedar al frente de los cuatro maleantes. Les observó el rostro suspicaz y detalladamente, en ellos podía ver las viejas cicatrices que los marcaban, señal de que eran hombres acostumbrados a esa ruda vida y seguramente muy despiadados, él como hombre y caminante de mundo que había sido más de una vez se había topado con similares y conocía muy bien sus hábitos. Una enorme duda se atravesó por sus pensamientos en el mismo momento en que el más intimidador de los cuatro sonrió con sarcasmo al verlo aproximarse. Tenía varias cicatrices que marcaban su rostro como si fuese un mapa pirata, los tatuajes eran evidentes en parte de ella, así como en brazos y torso desnudo al igual que múltiples huellas de crueles y peligrosas peleas que habían dejado las señas de su mala vida. En verdad era un maleante que no pensaría dos veces en matar a alguien solo por el simple placer de hacerlo, un hombre calculador y ambicioso que no haría un movimiento sin recibir ningún tipo gratificación, ese hombre el cual reconoció que debía de ser el cabecilla de los cuatro rufianes, pero quería escucharlo de su boca.
—¿Quién de ustedes es el jefe? —preguntó Albert, con voz amenazadora.
El maleante con cara de mapa se puso de pie desafiante y respondió.
—Soy yo —Altivo y sin miedo se apuntó con el dedo índice, el hombre que se encontraba sentado en la primera silla de izquierda a derecha.
Sin siquiera pensarlo Albert, caminó hacia él impulsado por la ira y el enojo que no había logrado aplacar en tantos días, tomó por sorpresa al bandido golpeándolo con tanta fuerza primero en el rostro que lo hizo tambalearse y luego un segundo y muy certero golpe a la boca del estómago que lo obligó a doblarse del dolor, por último un rodillazo directo a la mandíbula provocando que cayera por completo al suelo.
El resto de la pandilla se puso de pie de inmediato para intervenir, pero los hombres de Albert más raudos los amedrentaron con sus armas y los hicieron volver a sus lugares. Mientras Archie y Georges no podían dar credibilidad a la forma tan feroz en la que el rubio había actuado. Si bien había sorprendido con un golpe a Gerard cuando lo había visto aún después de enterarse del secuestro, lo que acaba de hacer no era nada comparado con la caricia que le habían dado al supuesto fugado prometido.
—¡Así que tú eres el infeliz responsable de todo el sufrimiento que le causaste a una chica inocente! —Gritó Albert con furia, inundado por la adrenalina que corría masivamente por sus venas incrementando sus niveles de ira, arremetió de nuevo contra el hombre tirado en el piso dándole una patada en el estómago—, levántate inútil y pelea —Lo azuzó el rubio, sin poderse contener.
—¡¿Señor, qué está haciendo?! —exclamó Georges, completamente sorprendido de la actitud fiera de su jefe. Jamás lo había visto actuar de esa manera y su pelea no estaba siendo la más noble y tampoco la más equitativa. Caminó con rapidez y tomó de un brazo a Albert que temblaba al calor de la ira.
—¡Déjame! —Exigió el rubio, manoteando para que lo soltara—. Levántate infeliz y pelea como un hombre —Retó al delincuente, con las manos empuñadas para continuar.
Archie intervino al ver que el pelinegro no lograba aplacar la rabia de su tío y se acercó cuidadosamente a él. Se estiró un poco para llegar hasta la altura del oído del rubio que era al menos diez centímetros más alto que él y con mucha sensatez como nunca antes lo había hecho, le habló para intentar calmarlo como creyó que lo hubiese hecho su hermano si se encontrara con ellos en ese momento.
—No puedes ponerte a su nivel, ellos son unos delincuentes y tú no —Negó Archie, intentado poner su mano en el hombro de Albert—. No te dejes llevar por el enojo, recuerda que aún debemos hablar con ellos y conocer toda la verdad —añadió bajando su mano hasta llegar al antebrazo de su tío y halarlo hacia atrás.
Albert recapacitó en un momento de lucidez, en realidad él era un hombre honorable muy distinto a todos esos maleantes que tenía al frente. Se sorprendió de haber actuado de esa manera como hacía tantos años no lo hacía, bajo su máscara sonrió con burla de su propio actuar y se dejó llevar por su sobrino hacía atrás.
El hombre tirado en el suelo empezó a ponerse de pie, buscando un poco de dignidad se irguió insolente tragándose el dolor que sentía punzante en el estómago y limpiándose con la mano y bravura la sangre que salía de su boca.
—¿Quiénes son ustedes y por qué están aquí? —preguntó el malhechor, frunciendo el ceño por el dolor y por demostrar su fiereza.
—Hace un mes estuvieron involucrados en un secuestro —Intervino Georges—, dos jóvenes de buena familia que se llevaron al salir de un hotel, queremos saber si recibieron órdenes de alguien o fue iniciativa de ustedes.
El maleante observó pensativo por unos segundos, debatiéndose en qué tanto podría hablar y qué provecho podía sacar de toda la situación. Era obvio que el contingente que estaba frente a él no era de la policía, el hombre que lo había golpeado vestía ropa fina que se podía notar y el otro que se le había acercado también, además el lenguaje que utilizaban era refinado al igual del que había hablado de último.
—¿Y qué beneficio puedo obtener si respondo a sus preguntas? —Lo cuestionó el hombre, muy interesado.
Georges abrió la boca para responderle debajo de la máscara, pero Albert anticipándose a una nueva pregunta de su secretario lo calló con su mano y de nuevo se puso al frente de todos, él era un buen hombre de negocios y por supuesto que su mano derecha también al siempre haberlo aconsejado correctamente. Pero ese era un asunto muy personal que sólo él deseaba resolver.
—Señor asistente —dijo Albert, sin volverse a verlo y sin revelar su nombre con la vista puesta fija en el secuestrador—, este asunto lo resolveremos de una vez aquí no necesitamos moverlos a ningún otro lugar para interrogarlos, tampoco quiero tanta gente llamando la atención. Que los hombres de afuera se retiren y solo se queden discretamente dos vigilando y dos vehículos, aquí dentro quiero sólo cuatro los de mayor confianza y que arrojen esas armas en algún lugar lejano.
—Sí señor —afirmó Georges—. Ya escuchó —El asistente se dirigió al jefe de seguridad—, saquen esas armas —Señaló—, decida cuáles son sus mejores hombres y que uno me acompañe para dar las nuevas órdenes.
—Ya lo había hecho desde un inicio, señor. Aquí estamos los de más confianza —Le informó, mientras todos escuchaban con la expectativa de lo que después sucedería—. Tú —Le indicó a uno de ellos, acompáñalo —El hombre asintió y caminó detrás de Georges.
Albert pidió que los tres hombres de su equipo de seguridad se movieran hacía atrás hasta el marco de la puerta de la entrada de la habitación, de esa forma obtendría un poco más de privacidad y él, se quedó a una distancia prudente de los secuestradores.
—Muy bien —dijo Albert, cruzando los brazos—. ¿Así que quieres obtener un beneficio? —Lo inquirió—, te lo voy a dar y podrás escoger entre dos opciones, la primera: la cárcel como corresponde y la segunda: tú boleto directo al otro mundo. ¿Cuál prefieres?
Al maleante se le borró la expresión de triunfo que tenía en el rostro, esa no era la respuesta que esperaba, definitivamente el hombre que tenía frente a él no se andaba por las ramas y sabía muy bien a lo que había llegado. No por algo había hecho alarde de su poderío al llegar acompañado con hombres entrenados y fuertemente armados, lo que dejaba ver que era un hombre muy pudiente, un gran acaudalado que no andaba con juegos y al que era mejor no provocar.
—¿Es…todo…lo que me puede…ofrecer? —preguntó titubeante e inseguro, pero con la voz ronca intentando sonar con seguridad.
—No te estoy ofreciendo nada —Negó el rubio serio, con la cabeza—, te estoy dando dos opciones y será mejor que te decidas pronto, soy un hombre muy ocupado y no quiero seguir perdiendo mi tiempo —añadió y en su voz se escuchó el fastidio que le provocaba la conversación.
Intimidado y sin aceptar ninguna de las dos opciones, el hombre respondió.
—¿Qué es lo que quiere saber? —preguntó, mientras se dejaba caer en la vieja silla que crujió con su peso.
—Imagino que ya recordaste a tus víctimas —Comenzó el interrogatorio Albert, dando pequeños pasos prudentes frente a ellos en línea horizontal. El hombre asintió afirmando—. Perfecto, ¿quiero que me digas si alguien los envió o ustedes lo planearon?, si fue por ustedes, ¿por qué ellos y por qué precisamente ese día? —Lo cuestionó quedándose de pie sin moverse frente a él.
El maleante tragó saliva y se tomó unos segundos para responder.
—Nos pidieron que hiciéramos ese trabajito.
—¿Quién y por qué? —El cuestionamiento de Albert llevaba implícito la severidad con que pronunciaba cada palabra. El hombre de nuevo tragó saliva y se volvió para ver a su pandilla que lo observaban sintiéndose descubiertos.
—El nombre no lo sabemos, solo puedo darle la descripción de su apariencia —Le informó aún inseguro.
—Empieza y dime, ¿cómo te contactaron? —preguntó Albert.
En ese momento Georges regresó junto al otro hombre de seguridad y se unió al grupo para escuchar el interrogatorio que ya había dado inicio.
—Una noche hace poco más de un mes —El secuestrador inició a dar su versión—, estábamos mis hombres y yo en una cantina más o menos respetable, en un barrio donde a veces acuden algunos riquillos a beber y también buscando otro tipo de diversión, usted me entiende —Insinuó el hombre, guiñándole el ojo. Albert por supuesto que comprendió—, nuestra mesa no estaba muy alejada de la barra del cantinero y uno de mis compañeros escuchó a uno de esos ricos solicitando información sobre alguien que pudiera hacer un trabajito sucio, para él —Sonrió con cinismo.
—Y supongo que ustedes se ofrecieron de inmediato —dijo Albert, con sarcasmo.
—Bueno —respondió el hombre, sonriendo con desfachatez—, trabajo es trabajo y ese tipo de asuntitos es a lo que nos dedicamos para vivir.
—Continúa —Le indicó Albert, moviendo la cabeza de indignación.
—Yo me acerqué para escuchar un poco más la conversación, el cantinero me conoce y pidió que me uniera a la plática, el niño rico ese al verme acercar se sintió un poco intimidado pero casi de inmediato se puso de pie uno más alto y se aproximó hasta la barra quizás como apoyo.
—¿Otro, quién? —preguntó Albert, muy sorprendido. Si acaso tenía la sospecha de uno y una, pero de dos hombres era verdaderamente sorpresivo y confuso.
—Le digo que no sé los nombres, solo puedo darle las descripciones —Se encogió de hombros.
—Está bien, continúa y dime todo lo que sepas —Exigió el rubio.
—Al llegar el otro riquillo, el cantinero les indicó que mi pandilla y yo nos dedicábamos a hacer cualquier tipo de trabajos. Fue entonces que el otro hombre me pidió que me sentara en su mesa, yo le dije que prefería que ellos se unieran a la mía, pero se negaron, así fue como sólo yo los acompañé, pidieron una ronda de tragos y me hicieron una proposición. Querían que secuestrara por un par de días a dos hombres y luego los dejara libres tirados en algún lugar donde pudieran volver a la ciudad sin ninguna complicación, la paga era buena y sobre todo que no había que matar a nadie —Sonrió—, era un trabajo fácil y nosotros siempre necesitamos dinero —Le guiñó el ojo y se volteó para ver a sus compañeros a la vez que continuaba sonriendo. Los otros delincuentes le devolvieron la sonrisa en complicidad.
—¡Qué trabajo tan vil! —Negó Albert, con la cabeza indignado—, sigue.
—Lo siento si le molesta señor, pero es así como nos ganamos la vida —respondió el sinvergüenza, arrogante y con cinismo—. Cómo ya le dije la paga era buena y el trabajo sencillo, no dudé en aceptarlo, les puse mis condiciones y las aceptaron, les pedí el dinero por adelantado y no tuve ningún problema porque a los dos días nos reunimos en el mismo lugar y en un sobre me lo entregaron, por lo visto los hombres peligrosos como nosotros somos de fiar porque no dudaron en pagarme por anticipado.
—Descríbeme cómo eran esos hombres —Pidió Albert, moviendo la cabeza en negación, estaba muy molesto pero también sorprendido.
—Sabe, hay algo que todavía no me explico de todo eso —Negó el secuestrado, rascándose las cabeza.
—¿Qué es lo que no te explicas? —Lo cuestionó el rubio, más confundido.
—Esos tipos deben estar locos, más locos que mi pandilla y yo —afirmó pensativo.
—¿Por qué lo dices? —preguntó Archie, un par de pasos atrás acercándose para quedar cerca de su tío y a unos pasos del maleante.
—Porque cuando hicimos lo del secuestro, uno de ellos era el que nos contrató junto con el pelirrojo —respondió encogiéndose de hombros sin poder comprender.
Si alguien hubiera podido ver el rostro de Albert bajo la máscara, habría visto la palidez en él y tornarse a rojo de furioso. Sus sospechas no estaban mal infundadas, ¡qué indignante!, le estaba resultando comprobarlas.
—Descríbelos —Le exigió con la voz ronca de furia.
—El más bajo y joven, era pelirrojo de ojos marrón, un buen bebedor —Les guiñó el ojo—, el otro sólo se tomó una copa se veía más formal y callado, el cabello de color castaño claro y ojos celestes, se expresaba mucho más elegante, también tenía un acento muy diferente, de alguien que no es de Chicago.
—¿En ningún momento dijeron sus nombres? —preguntó Archie, con la voz muy seria.
—No, se cuidaron muy bien de no hacerlo, a pesar de que el otro estaba empezando a pasarse de tragos, se ve que le gusta mucho el brandy —Sonrió descaradamente.
—¡Neal! —dijo Archie, muy bajo con un gruñido apretando el puño—, tenía que ser ese vago bueno para nada, cuando le ponga las manos encima no voy a dejar nada —Amenazó.
—Así que ustedes lo conocen, entonces también deben saber quién es el otro —afirmó el secuestrador, sonriéndoles.
—Algo no me queda muy claro —dijo Albert, negando con la cabeza—, ¿por qué los golpearon?
—¡Ah, eso! —exclamó con burla—, no estaba en el trato pero nosotros somos muy profesionales en lo que hacemos y teníamos que hacer todo más creíble, por eso les hicimos unas pequeñas caricias para que todo se viera real —añadió soltando una carcajada de burla.
—¿Por qué el secuestro fue ese día y no antes o después? —Lo inquirió, Archie.
—No sé, nunca dijeron nada de eso, solo que tenía que ser ese día y a la hora indicada, nosotros actuamos muy profesionalmente haciendo bien el trabajito —Sonrió el maleante, con satisfacción.
¡Era increíble e inaudito! —Pensaba Albert—, todavía no salía de la impresión de escuchar la forma tan descarada en que el hombre que tenía frente él se expresaba de un acto tan despreciable. Pero más despreciable era lo que había hecho su sobrino en contra de Candy, ese odio desmedido que tenían contra ella, irracional completamente ilógico, de la misma forma que lo hacía su hermana, ¿es que acaso estaban locos? —Se preguntó internamente—. Pero eso no era todo, algo que no había visto venir era la participación de uno de los Miliken, aunque al inicio había tenido sus dudas, ¿por qué razón podría uno de ellos haberse involucrado en algo tan deplorable?, ¡ah, pero eso no se iba a quedar así!, ese par de locos que habían confabulado para lastimar a su rubia hija tendrían su merecido y cuanto más pronto fuera mucho mejor.
—Ustedes sólo fueron el instrumento de quizás una venganza —afirmó Albert—, pero también son culpables de un acto que va en contra de la ley y yo no puedo permitir que eso quede impune —Se volvió para ver al jefe de su equipo de seguridad y continuó—. Amárrenlos y llévenselos al lugar convenido mientras decido cuándo los entregaré a las autoridades, no vayan a golpearlos y aliméntenlos como es debido.
—Está bien, señor —afirmó el jefe de seguridad—. ¡Ya oyeron! —Le dijo a sus hombres—, los llevaremos dos en cada vehículo y estén muy atentos o me responden con sus vidas.
—Sí, señor —respondió uno de ellos.
Con un codazo le indicó a su compañero que avanzaran para llevarse a los cuatro delincuentes e indicarles que se pusieran de pie, de inmediato sacaron sogas para amarrarles las manos hacia atrás por la espalda y vendas para los ojos, a empujones los hicieron caminar hacia la salida custodiados por los hombres armados y George para confirmar que todo se hiciera como lo había solicitado su jefe.
Después de confirmar que se habían quedado solos, Archie se retiró la máscara del rostro y a continuación Albert hizo lo mismo.
—¡No puedo creer que el estúpido de Neal, se haya atrevido a hace algo tan monstruoso!, tenía mis sospechas pero no quería creerlo —exclamó Archie, furioso pateando una silla que se estrelló contra la pared.
—Cálmate Archie —Le pidió Albert, conteniéndose para no hacer lo mismo. Tenía que dar el ejemplo, un Patriarca no podía perder tan fácilmente la compostura, aunque sorpresivamente ya lo había hecho al golpear inesperadamente al maleante.
—¿Qué vas a hacer? —Lo cuestionó Archie, sentándose en una de las destartaladas sillas.
Albert lo imitó y se pasó ambas manos por el rostro un par de veces, respiró profundamente y luego exhaló lentamente para que la cordura, la sensatez y sobre todo la tranquilidad le recorrieran desde la cabeza por todo el cuerpo antes de responderle.
—De Neal lo esperaba y no me sorprende, pero de los Miliken es algo que en verdad todavía no termino de comprender —Negó cabizbajo.
—Sí, a mí también me sorprendió mucho cuando lo escuché describir al otro que acompañaba a la rata de Neal —dijo Archie, con desdén.
Georges entró en ese momento a la habitación.
—Todo se ha hecho como tú lo ordenaste, William —dijo el pelinegro con su habitual semblante pasivo y sin la máscara—. Pero no entiendo, por qué en lugar de enviarlos a la cárcel pediste que los tengan cautivos, ¿qué es lo que piensas hacer? —Lo cuestionó.
—Primero, insisto, quiero que mandes a buscar a Neal y lo lleven a la Mansión lo antes posible, después busca al señor Miliken en su casa y dile que quiero…—La sangre se le subió a la cabeza Albert, provocándole un ataque de ira—. ¡No!, dile que exijo verlo en mi casa y que llegue con sus hijos —Puntualizó rojo del enojo, poniéndose de pie para caminar y poder respirar antes que al igual que Archie desquitara su molestia contra las viejas sillas y todo lo demás que encontrara.
—Debes tranquilizarte —Le pidió Georges, poniendo su mano sobre el hombro del rubio—, si te alteras no piensas bien. Además no todo es tan sencillo, debes analizar muy bien lo que vas a hacer, recuerda que alguien de la familia está involucrado, ¿te imaginas cómo va a reaccionar la tía abuela cuando se entere que el joven Neal está metido en un problema tan serio, y que puede llevarlo a la cárcel? —Lo inquirió.
—No lo había pensado —respondió Albert.
—Es verdad, tío —dijo Archie, pasándose por el rostro la mano con preocupación—. Sabes bien que esos dos aunque sean lo peor, la tía abuela no resistiría una noticia así —Negó.
—Seguramente será un escándalo si los periodistas se enteran —dijo Albert, con un fuerte suspiro—, pero Neal no puede quedar sin castigo —Sentenció—, por el momento no le diremos nada a mi tía, primero quiero hablar con Gerard y decidir qué vamos a hacer. También quiero saber dónde está Eliza, Georges —El rubio se dirigió al pelinegro.
—Será cómo tú digas —afirmó, el pelinegro—. En cuanto a la señorita Eliza, puedo asegurarte que nunca se fue a Florida, no hay ningún reporte que diga que tomó un tren de regreso, ahora he pedido que investiguen si viajó hacia alguna otra ciudad.
—Muy bien, en cuanto tengas información de ella me lo dices, ni crea que me he olvidado de cómo se burló de Candy en la iglesia —afirmó el rubio, frunciendo el ceño en señal de molestia.
—De esos dos no sale nada bueno, tío —confirmó Archie, igual de molesto—, sólo espero que ahora si les prohíbas volver a Chicago, nada me haría más feliz que jamás tener que volver a verlos.
—Por mucho que me cueste decirlo, comparto tú opinión, Archie —Secundó, el rubio Patriarca—. Ahora será mejor que nos vayamos, no quiero estar un momento más en esta ratonera.
Los tres hombres salieron de la desvencijada casa que era un verdadero atentado contra la vida permanecer en ella, la mañana aún no terminaba y la tarde traería muchas sorpresas y secretos aún no revelados.
...Continuará…...
Notas al pie de página
*El RMS Olympic: fue el primer transatlántico de la clase Olympic diseñado por los ingenieros navales Alexander Carlisle y Thomas Andrews, y construido en los astilleros Harland and Wolff de Belfast (Irlanda del Norte). Fue el buque insignia de la White Star Line, tras el hundimiento del RMS Titanic y HMHS Britannic. Al contrario que estos últimos, sirvió durante un largo período de tiempo (desde 1911 hasta 1935), incluyendo el servicio como buque de transporte de tropas durante la Primera Guerra Mundial, y por eso fue conocido como «Old Reliable» (en español, «Viejo fiable»). El Olympic fue el más grande del mundo en el momento de su botadura (superado brevemente en 1912 por su barco hermano, el Titanic). El Olympic fue retirado del servicio entre 1933 y 1934, para ser remodelado y modificado. Finalmente, realizó su último viaje en marzo de 1935, para ser posteriormente vendido para su desguace junto con el buque RMS Mauretania de la Cunard Line. Fuente: Wikipedia
*Edgar Allan Poe: fue un escritor, poeta, crítico y periodista romántico estadounidense, generalmente reconocido como uno de los maestros universales del relato corto, del cual fue uno de los primeros practicantes en su país. Fuente Wikipedia.
*Coco Chanel: pseudónimo de Gabrielle Chanel fue una diseñadora de alta costura francesa fundadora de la marca Chanel. Es la única diseñadora de moda que figura en la lista de las cien personas más influyentes del siglo XX de la revista Time. Fuente Wikipedia
Traducciones:
Mademoiselle: Señorita. Mon Dieu: Dios mío. Fille: niña. Femme fatale: mujer fatal (muy sensual y seductora). Chère: querida (o).
*Familia Coors y Dorrance. La familia Coors, ocupaba el 9º. lugar dentro de la familias más acaudaladas para 1873. La familia Dorrance: Para 1882 ocupaban el 15º. Estas fortunas se mantuvieron en esas estadísticas hasta más o menos 3 décadas después de inicios de 1900. Fuente: Revista Forbes
Aclaración:
*Sé que había mencionado antes que no deseaba partir capítulos porque algunas veces se pierde la sincronía entre ellos, pero he tenido la necesidad de hacerlo porque hay muchos detalles que aclarar, además no quise agobiarlas con un capítulo tan extenso que al final uno termina por perderse entre tantas revelaciones o aburrirse. Es por eso que preferí dividirlo para que todo quede claro y la historia pueda seguir su rumbo.
*Corrí para actualizar ya que mi intención era hacerlo desde el miércoles para tratar de subir dos capítulos en ésta semana, intentando compensar la división y minimizar un poco su ansiedad, pero por más que lo intenté no pude, mis múltiples compromisos me lo impidieron aun así sigo trabajando en la segunda parte.
*Otro detalle que quiero comentar son los enlaces o las intervenciones de personajes reales en tiempo y destiempo, me pareció una buena forma de enriquecer la historia y me gusta hacerlo, sé que me lleva tiempo en la investigación pero creo (eso pienso yo) que le da otra visión. Alguien lo comentó y me pareció apropiado mencionarlo, espero que les guste y no lo vean medio absurdo o ridículo. Recuerden que un fanfic todo puede suceder.
Gracias por su comprensión y continuamos.
Antes de proseguir…quiero tomarme nuevamente éste espacio y otro momento para expresarme:
Ante el último desastre natural ocurrido el martes en México, no puedo cerrar mis ojos y no expresar mi pesar por la tragedia que está viviendo superior al anterior, aún no se recuperaban y una nueva fatalidad los sorprendió. Quiero de nuevo expresar mi sentir en éste espacio y decirles que sólo Dios puede cuidar de cada uno de nosotros, siento mucho pesar por las pérdidas humanas, como lo he comentado antes en otro espacio, sé que el valor de una persona no se mide por los años vividos, pero cuando se trata de niños me es mucho más difícil, como madre no puedo dejar de pensar en lo difícil que debe ser y me siento muy triste por los que murieron y de igual forma quiero expresar mi pésame por las víctimas del terremoto. Dios les de paz y resignación a todos los familiares. Un minuto de silencio en su honor y por todas las pérdidas humanas anteriores y por las víctimas de los huracanes, así como de cualquier otro fenómeno en el mundo, ya que en esta semana no solo tembló en México, también lo hizo en Perú, Nueva Zelanda y Japón. Dios nos guarde y proteja a todos.
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Y ahora sí…paso a lo siguiente:
…..AGRADECIMIENTOS ESPECIALES…..
Espero que éste capítulo les haya gustado y me cuenten que les pareció?...seguro que algo de éstas revelaciones no se las esperaban algunas…aunque algo me dice que otras sí.
Gracias…gracias y gracias (éste último fue con una pequeña reverencia)…por continuar acompañándome cada semana y su paciencia…aunque empiezo a sentir dagas en la espalda de que ya quieren asesinarme o hacer un trifulca por la desesperación…pero solo un poquito más…así así de paciencia por favor ; )
Nally Graham: Así que unas buenas cachetadas eh? Jajaja…si seguro que se antoja…pero piensa que el que ya tenga dudas Terry…es un buen inicio pese a su testarudez…Vaya!..así que tú para consolarlo…tendremos que hacer cola jaja. Eliza…recuerda que desde el colegio ya daba guerra con Terry cuando presumía con sus viboritas…que diga con sus amiguitas jaja. He leído todas tus peticiones para con Eliza y las tendré muy en cuenta. Sin embargo…te digo que desde que la idea de este fic me vino a la cabeza…la pelirroja ya tenía trazado su destino al igual que Susannita. Saludos para ti también.
Guest: Lo sé amiga…te voy a comentar…para mí Terry y Susanna en lo que no cuenta Nagita (Mizuki)…llevaron una vida repetitiva y sin sentido…aburrida en buen castellano…yo imagino que aproximadamente 1 año Terry debió haberse portado más sumiso todavía…ves que la señora Marlowe lo minimizó con sus exigencias desde el inicio…desde el hospital cuando les dieron la noticia de la pierna de Susanna. Desde ese momento Terry perdió la fuerza que tenía y se volvió su alfombra esa que todos le ponen el pie. Si recuerdas ni siquiera tuvo el valor de decirle a la señora esa…que él estaba enamorado de otra chica y se lo recriminó asimismo cuando iba con Candy en su auto. Está sometido el pobrecito…lo tienen asfixiado con la deuda de la culpa. Saludos y no te desesperes que lo mejor viene pronto y estoy tratando a pasos gigantes de avanzar en capítulos. Cuídate.
Stormaw: Gracias amiga…me complace que te haya gustado. Eliza y Susanna dos víboras que si se muerden se envenenan y quién será más peligrosa? Mmmm Sabes la pelirroja es capaz de todo. En respuesta a tú pregunta…claro que si se puede…veremos a Peter espero que ya muy pronto…como ya antes mencioné y alguien me preguntó…no voy a dejar ésta historia con el típico final por eso le quité lo de minific…creo que sería algo muy cruel…vamos a ver un poco de acción porque hasta ahora todo digamos que está dentro de lo intenso y el drama normal…pero si quieren ver acción les voy a dar acción jajaja…espero que te guste lo que viene. Saludos.
Pinwy Love: Hola!...gracias por sumarte a la historia. Terry está atrapado en una telaraña… llamada la Telaraña de Marlowe jajaja…ese par de arañas lo tienen en su red…pero todo tiene su límite. Saludo a la Tierra del Quetzal.
Betina C : ( estoy empezando a sentir cargo de conciencia muy fuerte. Terry está despertando por fin de un sueño de muchos años. Solo un poquito de paciencia. Entre Eliza y Susanna la cosa está difícil y la balanza equitativa jajaa. Saludos.
Elo Andrew: Gracias amiga por acompañarme todas las semanas. Exacto…está despertando y es gradual…es algo así como despertar de un coma...paso a paso lamentablemente…pero así sucede muchas veces…luego de estar mucho tiempo bajo un yugo. Oye si las Marlowe son peor que una pesadilla...insisto peor que una maldición gitana jajaja. Sólo Eliza puede hacer temblar a Susanna y por falta de tiempo…no le dio también un poco a la vieja…ayyy que diga a la madre de Susannita jajaja. Saludos.
Kamanance: me sorprendes con tú lógica! Gracias por tu comprensión…sé que a veces si un capítulo es exageradamente largo puede cansar o aburrir…porque parece que todo es relleno…pero como bien dices mi idea de no dejar nada por allí volando mal puesto…es lo que ahora me llevó a un capítulo dividido. Saludos.
Blanca G: Así parecía que Susanna pasaba a mejor vida…esa Eliza es peligrosa. Terry está empezando a reaccionar poco a poco. Saludos.
Ceshire: Hola! Gracias por tomarte tú tiempo…sé muy bien que tú también estás muy complicada de tiempo con los tuyos. Que regio que te haya gustado ese primer capítulo y considerando los años de tú experiencia en los fanfics…lo tomaré como un cumplido…espero llenar tus expectativas como lo he dicho con el resto de las chicas…esto aún no se acaba se ha extendido y creo que será interesante hasta donde nos puede llevar la imaginación. Saludos y gracias de nuevo.
Ara: Sí al fin Terry se está rebalsando y cansando de tanto jaloneo que le tienen las Marlowe. Muchas gracias por tu comentario…me complace que te guste mi narrativa y la forma en que llevo la historia…sabes esos enlaces me gusta hacerlos porque aportan tanto que no se pueden desperdiciar. Eres chapina verdad! Igual igual Jeje. Saludos.
Gadamigrandchest: Esa es la palabra correcta para esas dos…"locas". Eliza cree que Terry es Neal y que puede hacer con él lo que quiera. Oye buena idea…que se den con todo las dos verdad!...jaja…pero Terry ya va encaminado hacia su despertar…no desesperes. Saludos.
Eli: Vaya amiga…tienes razón Susanna con esa carita de yo no fui y la voz rancia de hipocresía era exasperante…pero escondía bajo todo eso un monstruo como aquí lo han mencionado. Eliza no es más mala porque es una competencia dura con Susanna por el primer lugar…iguales las dos de malvadas…cada una a su manera pero malas. Efectivamente fue un sacrificio de ambos que ni siquiera valía la pena. Si Terry hubiera llegado en el momento de la discusión…te aseguro que Susanna es capaz de darle una pócima para seguirlo embrujando…se necesita de algo mucho mejor que sólo las escuche. Terry está cansado por tanto que lo agobia pero tendrá que despertar por completo…porque como bien dices Peter es osado y bueno ahí te la dejo jeje. Saludos y gracias por esos abrazos son bien recibidos…igual para ti.
Diana: Hola! Gracias por sumarte a la historia o porque eres una chica Guest y me has estado acompañando o porque también me has dejado tú nombre…gracias. Me alegro que te esté gustando y estoy muy agradecida por tus palabras…entiendo la ansiedad pero solo un poquito más. Saludos.
Alondra: jajajaja!...de pronto se hizo famosa Eliza …con esa su hazaña…pero esconde más de lo que deja ver. Vaya! qué final para la pelirroja me sugieres…hasta me asusta jajaja. Saludos.
Hakuouki: Y la única para hacerlo en verdad para ponerla en su lugar…solo puede ser Eliza…es igual que ellas…por eso se hablan de tú a tú. Saludos.
Iris Adriana: Me alegra que te haya gustado ese capítulo y ojalá que éste otro también. Si esa pelea entre esas dos estuvo fuerte en verdad. Sí que lata ni Eleanor ni Terry pudieron localizarla : ( Definitivamente Terry ya está sobrepasando el límite de tolerancia. Saludos.
Mariane: Gracias por tú comentario y que bueno que te gusta cómo voy con el fic. Gracias por continuar con la lectura y por tú paciencia también. Saludos para ti también amiga chapina…amamos a la misma patria.
Guest: Hola gracias a ti por seguirme acompañando cada semana. Si…lo sé…el tan esperado encuentro…pero falta un poquito. Saludos.
Dianley: Si Eliza digna de ellas no?...jajaja. Que buena imaginación. Saludos para ti también. Habrá boda?...mmmmmmmm una buena pregunta.
Katydg: Te pareció interesante?..qué bueno!…sabía que no les gusta que ni Candy ni Terry sufran…a mí tampoco no creas y te comprendo bien…pero también me gusta darle un poco de algo más que todo color rosa. Si Eleanor está muy a disgusto con todo lo de las Marlowe a ella no la engañan…los hermanitos Lagan uyyy. Lo de Eliza no tiene solución desde siempre envidiando lo de Candy y con ganas de arruinarle la vida. Ves que desde el colegio ya le había echado el ojo a Terry y la ilusa cree que es solo de llegar y reclamar algo que jamás le perteneció…está igual de loca que Susanna. Gracias por sumarte a la historia y por darle una oportunidad. Saludos.
Vialsi: Te entiendo…pero es que son demasiados años de tener esa vida repetitiva con las Marlowe y aunque no lo veamos así…para él debe ser difícil de pronto abrir sus ojos y ver una realidad distinta…es como lo leí en un fic: "cuando un ave permanece encerrada en una jaula, al verse libre no sabe qué hacer"…no es literal como en el fic…pero el sentido es el mismo…yo creo que eso es exactamente lo que le está sucediendo a Terry…de pronto ver una realidad distinta puede ser confuso…ante todo que sus dudas es por la reacción de Candy y su supuesto matrimonio. Si Susanna necesitaba que alguien por fin le cantara un par de buenas verdades. Jajajaja!...me hiciste reír…con lo de "si estuvieran planeando un secuestro" jajaja…en verdad todo entre ellos se manejó siempre con mucha discreción y por eso tanto anonimato verdad…y seguro que tienes razón…a mí también me llaman no me dicen quién es y cuelgo jajaja. No te marees y aguanta un poco …te aseguro que valdrá la pena los siguientes capítulos. Y por supuesto que te voy a dar algo de Peter…créeme no tenía intención de dejarlo solo para un poquito...tendrá una participación muy interesante te lo puedo asegurar. Saludos.
Y bien hemos llegado al último punto de éste día:
La despedida final con el resto
**************************************Muchas gracias a todas las que leen en anonimato
***********************************A las que me agregan a las diferentes opciones de FF.
*******************************A las visitantes que se dan la vuelta por curiosidad.
****************************Y a todas en general.
MUY FELIZ FIN DE SEMANA…QUE NO FALTEN LAS BENDICIONES PARA TODAS EN TIEMPOS DIFICILES.
Los abrazos de oso tampoco : )
NOS SEGUIMOS LEYENDO ; )
Hasta pronto.
(Nos leemos el próximo viernes o sábado)
Ps. Y lo de siempre aunque parezca aburrido…disculpen por todos los errores : )
