CAPITULO X – UNA NAVIDAD LLENA DE SORPRESAS
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Cuando Hermione llegó al ministerio esa mañana, en seguida notó que algo no estaba bien, todo el mundo la miraba de una extraña manera y cuchicheaban a su paso. Pero todo cobró sentido cuando se sentó en su mesa y vio El Profeta. En la primera pagina aparecía, con grandes letras negras, un titular que decía "Gran escándalo en la recepción del presidente de Brasil" adornado con una foto de ella y de Lucius Malfoy agarrados del brazos, mientras se les veía adentrarse en una sala. El artículo estaba firmado por Rita Skeeter.
"Anoche, 02 de Octubre, el ministro de Magia, Kingsley Shacklebolt, ofreció en el salón de actos del ministerio de Magia, una cena en honor del ministro de Brasil, el señor Renato da Silva y un importante número de políticos e importantes empresarios brasileños, para incrementar las relaciones económicas entre los dos países.
A esta cena acudieron los principales responsables de casi todas las áreas del ministerio inglés con sus respectivas parejas, así como conocidos e importantes magos de nuestro país.
Lo que aparentemente iba a ser una agradable y tranquila noche, no fue así. Alrededor de las 19:45 de la tarde apareció la pareja formada por Hermione Granger y Lucius Malfoy.
Si, han leído ustedes bien, Hermione Granger, la gran amiga de Harry Potter (con el que en su momento tuvo un affaire durante el torneo de los tres magos, celebrado en el Colegio de Magia y Hechicería Hogwarts en el año 1995, después de mantener un tórrido idilio con el famosísimo jugador de quiddich Víktor Krum, y del que yo misma hice referencia en este periódico) y el ex millonario y ex mortífago, defensor a ultranza de la supremacía de los magos de sangre pura, y antaño enemigo acérrimo de la que ahora parece su nueva conquista.
La nueva pareja, agarrada del brazo, se pavoneó arrogantemente por todo el salón, ella, con un ajustado y provocativo vestido rojo, y él con su túnica de gala. Muy elegantes los dos, todo sea dicho, no se escondían a la hora de dedicarse carantoñas públicamente (más por parte de ella que de él, que parecía encantada con la situación) despertando todo tipo de comentarios entre el resto de asistentes al evento.
Según fuentes cercanas a la pareja, podrían llevar viéndose un par de meses, más concretamente desde la inauguración de las tres nuevas salas del museo Da Vincci, en la que coincidieron. Aunque no cabe descartar la posibilidad de que todo haya sido un montaje por parte de los dos.
Hermione Granger, esta joven bruja de turbio pasado sentimental, y recién ascendida a directora del Departamento de Asistencia Jurídica al Mago y Regulaciones Patrimoniales, apenas hace dos meses, querría resarcirse de esa manera de la humillación publica que supondrá para ella el próximo enlace matrimonial, de su hasta ahora última pareja conocida, el también amigo de Harry Potter, Ronald Weasley, del cual se dice que abandonó a la bruja por su actual prometida, y habría aceptado la deshonesta proposición del señor Malfoy, el cual estaría muy interesado en volver a formar parte destacada de la comunidad mágica, y por la cual, la habría ofrecido organizar este teatro a cambio de que ella persuadiera al actual ministro, del cual es muy amiga, para que le sitúe en un cargo de mayor poder e influencia.
"¿Cómo ha podido…? ¿Cómo se ha atrevido a…?" pensaba Hermione "Esa maldita…" unos golpes en la puerta la distrajeron.
- Adelante- contestó Hermione. Era Percy.
- Buenos días ¿Has leído el profeta? -
- Si, acabo de hacerlo – le respondió muy seca.
- ¿Y que te parece? -
- ¿Qué que me parece? – respondió enfadada. - ¿Tu que crees? ¿Cómo es posible que alguien tenga tanto veneno por dentro para escribir esta porquería? – añadió agitando el periódico enérgicamente y tirándolo contra el suelo finalmente.
- Hermione, tienes que reconocer que tu aparición de anoche con Malfoy…-
- Si, si. Lo sé, fue algo muy sorpresivo, pero ¿qué necesidad había para escribir toda esa sarta de mentiras? -
- ¿De verdad son mentiras? -
- ¡¡Por supuesto que lo son!! ¿Qué clase de persona te crees que soy? – le gritó muy ofendida
- Mira Hermione, yo te aprecio sinceramente, y se la clase de persona eres, sino no te habría ascendido, pero esa relación con ese hombre…-
- Esa relación con ese hombre es mi problema -
- Por supuesto que lo es. Solo dime una cosa. Te prometo que sea cual sea la respuesta no voy a hacer ni decir nada a nadie –
- ¿Qué quieres saber? – le preguntó cruzando los brazos sobre su pecho.
- ¿Es cierta vuestra relación? -
- Si Percy, lo es. Llevamos juntos desde el mes de Mayo y estamos muy enamorados, aunque os cueste a todos mucho creéroslo. -
- ¿Cómo no nos va a costar cuando él te ha odiado toda la vida, incluso ha querido matarte en alguna ocasión? –
- Hablas igual que tu hermano Ronald -
- Eso es porque nos preocupamos por ti – la dijo Percy cariñosamente.
- Si, seguro –
- Mira, no se que es lo que habrá pasado entre mi hermano y tu, y tampoco me importa, lo que pase ente Malfoy y tu, solo espero que sepas lo que haces y que no afecte a tu nuevo cargo y a la buena imagen del ministerio que tanto trabajo nos está costando demostrar –
- No temas, la buena imagen del ministerio seguirá intacta – le dijo cortantemente.
- Pues ojala seáis muy felices – dicho esto el mago se marchó de su despacho dejándola sola con sus pensamientos. Lucius y ella ya lo habían hablado y sabían que no iba a ser fácil que la gente aceptase su relación, pero no les importaba, estar juntos era lo único que necesitaban para ser felices.
…
Las semanas pasaron y poco a poco la gente se fue acostumbrando a verles juntos. Los periodistas dejaron de perseguirles, ahora tenían un nuevo objetivo, la boda de Ronald Weasley y Paulette Bayard.
Hermione estaba muy centrada en su trabajo y cada día se sentía más cómoda en su nuevo puesto. Sin embargo en su vida personal era al contrario, echaba mucho de menos a sus amigos. Ginny tendría que haber dado a luz a esas alturas, y nada la hubiera gustado más que poder compartir ese momento tan importante con su amiga. La había mandado una felicitación de navidad hace un par de días, pero ni ella ni Harry la habían respondido.
La relación con su padre era nula a pesar de los esfuerzos de su madre para que se arreglasen. El no aceptaba la relación de su hija con un hombre tan mayor y hasta que no rompiese con él no iba a volver a dirigirla la palabra, esas fueron las palabras de su padre la última vez que se vieron. Hermione estuvo varios días llorando, aunque no le comentó nada a Lucius, no quería que supiera lo mal que lo estaba pasando y que se angustiase más de lo que estaba.
Además de eso cada día se sentía más preocupada por Lucius, últimamente le notaba triste y abstraído, y por más que le preguntaba que le pasaba él no la decía nada, pero ella sabía que eso no era verdad, ya ni siquiera hacían el amor. No sabía porqué pero había algo que la decía que su ascenso tenía mucho que ver en ello, porque a pesar de lo mucho que había cambiado seguía siendo un hombre con algunas ideas un poco anticuadas y que ella tuviese un puesto más alto y ganase más dinero que él no le debía de estar sentando muy bien, así que se la ocurrió una idea, sabía que no iba a ser algo fácil de conseguir, y menos después de aquella conversación con Percy, pero tenía que intentarlo. Haría cualquier cosa por verle feliz, le amaba tanto que era capaz de eso y de más.
Unas semanas antes de navidad, Hermione había ido a hablar directamente con Percy Weasley para pedirle que la ayudara, y aunque la costó mucho, al final este accedió.
El día de navidad por fin llegó, Hermione estaba muy nerviosa, quería ver la cara que pondría su novio al ver su regalo.
- Vamos, tenemos que abrir los regalos – apremió Hermione a Lucius en cuanto se despertó.
- Si, si, ya vamos – la respondió de malos modos.
En cuanto llegaron a la sala donde estaban los regalos, solo había cuatro paquetes, dos para ella y dos para él. Decidieron que abrirían los paquetes alternándose, primero ella y luego él. El primer regalo de Hermione fue un libro sobre la evolución de la magia a principios del siglo XVIII. Le tocaba turno a Lucius, su regalo una nueva túnica de color negro. El segundo de ella fue una bonita gargantilla de oro con dos pequeños corazones entrelazados. Hermione se emocionó mucho, le besó tiernamente en los labios y le pidió que la ayudase a ponérsela.
- Toma, este es tu otro regalo – le dijo con una gran sonrisa a Lucius, entregándole un fino paquete, tamaño dina4, con un gran lazo verde.
- ¿Qué es esto? – la preguntó mientras lo abría.
- Léelo – le dijo con una gran sonrisa. Lucius comenzó a leer. Según avanzaba en su lectura se iba sorprendiendo más.
- Pero esto…esto… ¿es lo que yo creo? –
- Espero que si – le respondió sonriendo.
- ¡¡Este documento dice que me van a devolver mis bienes!! ¡¡Mi casa, mis cuentas de gringots!! –
- Si, es mi regalo de navidad para ti – le contestó muy orgullosa, entrelazando sus manos por detrás de su espalda y haciendo girar ligeramente su torso de izquierda a derecha.
- ¿Tu regalo? – Lucius estaba muy sorprendido.
- Si. Pensé que esto sería lo mejor que te podía regalar, llevabas unos días tan triste, y pensaba que era por culpa de mi ascenso, y como una de mis nuevas responsabilidades es la de la gestión de patrimonios, hablé con Percy Weasley para saber como podríamos hacer para devolverte todo lo que te pertenece, y al final…- Lucius la miraba perplejo.
- Pero esto es…es…no tengo palabras. ¿Por qué lo has hecho? -
- Porque quiero verte feliz -
- ¿Y por eso te has puesto a ti misma como avalista del buen uso de mis bienes?-
- Bueno…si…Percy no estaba muy convencido de devolvértelo todo, y esa fue la única manera de convencerle -
- Pero tu no tienes posesiones con las que me puedas avalar, así que ¿me puedes explicar qué tipo de aval es ese?-
- Pues uno personal – ante la cara de extrañeza de Malfoy, Hermione añadió quitándole importancia al asunto – Bueno, nada…me he comprometido a que si volvieras a…bueno, a lo de antes, al no tener bienes a mi nombre, tendría que dimitir de mi trabajo en el ministerio, ya ves tú, y en el caso más extremo hasta tendría que ir a azkaban, pero…pff- le respondió sin parar de sonreír. El la miraba atónito.
- ¿Tu sabes lo que has hecho? – le preguntó muy serio, agarrándola con fuerza por los hombros. Ella se asustó por su reacción.
- Pensé que te gustaría, que te haría feliz volver a recuperar tus cosas, pero parece que nunca acierto con ninguno de tus regalos – le dijo agachando la cabeza, sintiendo un nudo en la garganta. Hermione creía que le iba a encantar el regalo, que iba a dar saltos de alegría, pero por lo visto, otra vez más se había vuelto a equivocar con él.
- ¿Gustarme?...claro que me gusta mi amor… - la respondió levantándola la cabeza para que le mirase - No te imaginas cuanto significa esto para mí, y no me estoy refiriendo al hecho de recuperar mis pertenencias, mi dinero, si no a que tu estés dispuesta a sacrificar toda tu vida por mi, primero tus amigos, tu padre, y ahora esto…No…no tengo palabras para…- la dijo mientras la acariciaba la cara.
Hermione le interrumpió poniéndole un dedo en los labios. – No estoy sacrificando nada por ti, porque esto lo hago porque te quiero, porque me sale de dentro. Esto para mi supone tanto sacrificio como darte un beso de buenos días al despertar juntos, o sentarnos en el jardín a tomar el te cuando hace sol, simplemente disfruto haciéndolo – le dijo. No se lo podía creer, pero a Lucius se le habían llenado los ojos de lágrimas, así que se abrazó fuertemente a él y cuando unos instantes después se soltaron, él la dijo.
- Eres la mujer más maravillosa que he conocido nunca – Hermione se sonrojó, sintió como si fuera la primera vez que la decía algún piropo o alguna cosa bonita, y le intentó sonreír, pero él se abalanzó sobre ella, besándola apasionadamente. Cuando el beso terminó, él la miró intensamente. – Si alguien me hubiera dicho que…-
En vista que no seguía hablando, Hermione le preguntó -¿Qué? –
Malfoy negó con la cabeza – Que te amo como nunca pensé que volvería a amar a nadie –
- Lucius – susurró Hermione con los ojos llenos de lágrimas, sentía un nudo en el corazón. El volvió a besarla, esta vez suavemente, disfrutando de cada milímetro de sus labios, recreándose en ellos. Hermione se sentía flotar.
Solamente por estar disfrutando de ese momento con él había merecido la pena todo lo mal que lo había pasado en las últimas semanas. ¿Cómo era posible que después de todos los meses que llevaban juntos, la hiciese sentir como si fuera la primera vez que la besaba? Y su olor…Mmm…hacía tanto que había dejado de sentirlo con esa intensidad…
Era tan maravilloso e increíble el momento que estaban compartiendo que no les importó estar en el salón, allí mismo hicieron el amor entre dulces promesas de amor, besos y caricias como nunca hasta ahora se habían ofrecido. Al terminar, se recostaron los dos en el sillón, ella encima de él, sudando, temblando, y Lucius muy caballerosamente la tapó con la túnica que le acababa de regalar.
- Cariño, te la voy a dejar empapada y apestando a sudor – le dijo muy dulcemente Hermione.
- No me importa, me vuelve loco tu olor – le dijo olisqueándola el cuello, a lo que ella respondió riendo tímidamente, encogiendo el lado del cuello donde él la hacia cosquillas con su nariz – Además, así cada vez que la lleve puesta será como tenerte cerca, como si me estuvieras abrazando – Hermione se giró y le besó en los labios.
Para celebrar, Lucius la quería llevar a comer al mejor restaurante de todo Londres, pero ella le recordó que era navidad y que todo estaba cerrado, así que se quedaron en casa haciendo planes sobre como Lucius iba a recompensar a Hermione por todo. Ella insistió en que no hacía falta, que no había nada que compensar, pero él ya tenía planes en mente, aunque hasta por lo menos el dos de Enero no podrían llevarse a cabo, por que ese día era cuando podría hacer posesión de sus bienes y su dinero legalmente.
Después de comer, Hermione recibió una lechuza, era de Ginny.
"Querida Hermione:
Felices fiestas para ti y para Lucius también, con el que supongo pasaras las navidades.
Perdóname por no haberte respondido antes, pero hace un par de días que ha nacido mi bebe y acabo de llegar del hospital. Ha sido un niño y le hemos llamado James Sirius, se parece muchísimo a Harry. Es precioso. No te imaginas las ganas que tengo de que le conozcas. Le pedí a Harry que te respondiera por mí, pero al llegar a casa me ha confesado que no lo ha hecho. Creo que se avergüenza de cómo te trató aquel día. Yo también lo hago. Se que me porté muy mal contigo, pero en ese momento no supe como reaccionar, me quedé paralizada, y después ha ido pasando el tiempo y cada vez me resultaba más difícil escribirte, así que me alegro que lo hayas hecho tú por que me has dado el coraje suficiente para responderte.
Ojala puedas perdonarme, te aseguro que estoy muy arrepentida de lo que pasó y me gustaría que pudiésemos volver a ser amigas.
Besos y abrazos
P.D.: Por favor, no le cuentes nada a Harry, es mejor que por el momento no sepa que te he escrito.
P.D.: Saluda a tu novio de mi parte.
…
En seguida Hermione le enseño la carta a Malfoy.
- ¿Ves como las cosas se van solucionando? Solo hay que tener un poco de paciencia -
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