Japón
Seiya se encontraba tirado en el piso, totalmente desorientado y apenas conciente de su entorno. El poderoso y brutal ataque de Ikki de Fénix le había ocasionado un gran daño a todo su cuerpo. La enorme onda expansiva de calor que el caballero del Fénix había materializado con su cosmos fue más de lo que Seiya pudo resistir, aún incluso oponiendo toda la resistencia posible. La fuerza del ataque resultó ser tan monstruosa que por un momento él creyó que su fin había llegado. Sin embargo, milagrosamente Seiya todavía se encontraba con vida, y eso quería decir que el combate aún no había terminado. Mientras él siguiera respirando, Seiya estaba determinado a levantarse del suelo cuantas veces fuera necesario para así poder reincorporarse a la lucha.
'¡Seiya!', Shun gritó su nombre. '¿Te encuentras bien?'.
{Maldición}, Seiya pensó, tratando de recuperar sus fuerzas lo más rápido posible. {Debo… debo ponerme en pie… cueste lo que cueste. No puedo darme por vencido…}.
'¿Aún estás con vida, Pegaso?', Ikki le preguntó. Aún herido, Seiya podía notar con claridad lo extrañada que sonaba la voz del caballero del Fénix. 'Tal vez te subestime un poco. Pero eso no importa. Mi siguiente golpe se encargará de mandarte al otro mundo'.
'¡Detente, Ikki!', Shun gritó con una voz más que desesperada. '¡No sigas con esto, por favor!'.
'Veo que insistes en seguir repitiendo las mismas tonterías, Shun', Ikki dijo. 'En verdad eres molesto. Muy bien, como quieras. En cuanto acabe con Seiya cumpliré mi palabra y me ocuparé de ti de una vez por todas'.
'Primero tendrás que luchar contra nosotros antes que nada', Seiya escuchó una voz conocida decir.
'No dejaremos que te salgas con la tuya, Fénix', otra voz igual de familiar dijo.
'¡Shiryu y Hyoga!', Shun exclamó. '¡Han venido!'.
{¿Qué?}. Seiya se incorporó lentamente y miró hacia atrás. Justo a pocos pasos de distancia de Shun se encontraban Shiryu y Hyoga el caballero del Cisne. Ellos al parecer estaban sanos y salvos y más que listos para entrar al combate contra Ikki.
'Parece que llegamos justo a tiempo', Hyoga comentó, mirando cuidadosamente a su alrededor. 'Un poco más y ustedes se habrían visto en graves problemas'.
'¿Seiya, como te sientes?', Shiryu preguntó mientras se acercaba a él. '¿Necesitas ayuda?'.
'Estoy… bien…', Seiya le contestó al caballero Dragón, aún algo falto de aliento. 'Muchas gracias… Shiryu. Realmente nos salvaron el pellejo…'.
'Descuida', Shiryu le dijo. 'Nosotros nos encargaremos del Fénix. Será mejor que te mantengas al margen de la pelea de ahora en adelante'.
'Me sorprende verlos aquí', Ikki dijo, irrumpiendo en la conversación. 'Creí que mis caballeros negros se habían encargado de ustedes'.
'Lamento informarte que tus peones no son oponentes para nosotros, caballero Fénix', Hyoga le contestó inmediatamente. 'A pesar de su ventaja numérica, a nosotros no nos costó mucho trabajo deshacernos de ellos. Lo único que tus seguidores lograron fue hacernos perder el tiempo'.
'¿Qué dijiste?', el caballero negro que acompañaba a Ikki preguntó, dando un paso al frente.
'Dije que lo único que ustedes lograron fue hacernos perder el tiempo', Hyoga repitió sin inmutarse.
'¡Miserable!', el caballero negro dijo, cerrando fuertemente sus puños. 'Ustedes son sólo unos simples caballeros de bronce. ¡Es ridículo que piensen en vencernos a nosotros los caballeros negros!'.
'Si quieres que te demuestre cuán cierta son mis palabras, estaré más que dispuesto a enfrentarte', Hyoga dijo. 'Adelante. Te venceré sin problemas, justo como lo hice con tus amigos'.
El caballero negro estaba a punto de ser consumido por su ira. '¡Eres un insolente…!'.
'Vaya', Ikki dijo, interrumpiendo las palabras llenas de ira de su secuaz. 'Parece ser que también tendré que eliminarlos a ustedes dos con mis propias manos. No tenía pensado enfrentarme a tantos de ustedes en tan corto tiempo. Quizás este no sea un buen momento para seguir con esta pelea'. Seiya notó que el estado de ánimo de Ikki había cambiado. Él ahora parecía un poco más precavido. Era obvio que la llegada de Shiryu y Hyoga había sido completamente inesperada para él. Tal vez Ikki estuviera pensando en huir como un cobarde debido a que sus planes no habían resultado como él quería. De ser así, ellos debían de hacer algo antes que eso sucediera.
'Espera…', Seiya dijo, preparándose para luchar de nuevo a pesar de no haberse no recuperado por completo del ataque del Fénix. 'Tu y yo aún no hemos terminado, Ikki. No importa cuán difícil sea, te derrotaré y recuperare la armadura de oro'.
'Seiya, detente', Shiryu dijo. 'Aún te encuentras muy lastimado'.
'Eso no importa', Seiya contestó. 'Mi voluntad de pelar es más grande que las heridas que cubren mi cuerpo'.
'Qué tontería', Ikki dijo. 'Eso suena como las palabras de un sujeto moribundo, Seiya. Podría mandarte al infierno en este momento con un simple gesto de mi parte'.
'Eso lo veremos', Seiya dijo, al tiempo que él intentaba hacer arder su cosmos al máximo. '¡Prepárate, Fénix!'.
'Tonto', Ikki dijo. 'Es obvio que quieres morir'. El Fénix adoptó rápidamente una posición de combate. 'Está bien, como tú quieras', él dijo, elevando violentamente su cosmos. ¡Ahora mismo te mandaré al otro mundo!'.
'Creo que eso no será posible, Fénix', una voz extraña dijo desde la distancia, haciendo que tanto Ikki como Seiya detuvieran sus respectivos e inminentes ataques.
'¿Qué?', Hyoga dijo.
{¿Qué fue eso?}. Seiya se preguntó por un momento si acaso era posible que hubiera otro de los caballeros negros en el callejón con ellos. No obstante el sujeto que seguía a Ikki parecía encontrarse tan confundido como él.
'¿Quién dijo eso?', Ikki preguntó mientras miraba alrededor del callejón, al parecer buscando el origen de la misteriosa voz. '¡Muéstrate!'.
'¿Qué sucede, Fénix?', la voz le preguntó en un tono mordaz. '¿Acaso ya no te sientes tan confiado?'. Lo siguiente que ellos escucharan fue una ligera risa. 'Está bien. Haré lo que me pides. Te mostraré con quién estás hablando'.
Seiya imitó a Ikki y comenzó a mirar a su alrededor tratando de encontrar al dueño de esas inquietantes palabras, las cuales parecían hacer eco en los oscuros y decaídos muros del callejón.
De pronto, sin ninguna advertencia, una enorme silueta pareció moverse desde la oscuridad que cubría el techo de uno de los edificios que rodeaban el muelle. Luego, en un simple abrir y cerrar de ojos, un sujeto vistiendo una extraña armadura apareció frente a ellos. Seiya notó que él los estaba mirando fijamente, casi como si el extraño hombre estuviera estudiando la situación. Sin embargo, él también notó que el sujeto parecía estar esbozando una misteriosa y perturbadora sonrisa.
'{¿Qué está pasando?}, Seiya pensó. {¿De dónde demonios salió este hombre?}.
'Debo admitir que tu pequeña intromisión en la arena del torneo me tomó por sorpresa, Fénix', el sujeto dijo con un tono de voz casi alegre. 'Aunque fuiste un estúpido al no huir más deprisa de ese lugar. Ahora, gracias a tu arrogancia, me apoderaré de la armadura de oro'.
'¿Escuché bien?', Ikki preguntó, frunciendo el ceño. '¿Acaso dijiste que te apoderarías de la armadura de oro?'.
'Así es, Fénix', el sujeto respondió. 'Aunque si quieres evitarte el dolor, por mi está bien. Estoy más dispuesto a aceptar tu rendición'.
'¿Quién rayos eres tú?', Seiya le preguntó al sujeto, observándolo con detenimiento con la esperanza de encontrar una pista en su armadura acerca de su identidad.
'Vaya, veo que te gusta entrometerte en las conversaciones ajenas, Pegaso', el sujeto le dijo. 'Tienes muchas agallas para exigir explicaciones en esa condición tan lamentable en la que te encuentras'.
'Déjate de tonterías', Seiya dijo. '¡Vamos, responde mi pregunta! ¿Quién eres?'.
El sujeto dejo escapar una risa. 'Muy bien', él dijo. 'Si realmente estás tan interesado en saber mi identidad, te la diré'. El sujeto miró a Seiya a los ojos. 'Mi nombre es Jäger, Pegaso. Jäger de Orión'.
'¿Jäger… de Orión?', Seiya repitió.
'Así es', el sujeto dijo, asintiendo.
'¡Imposible!', Hyoga exclamó. 'No puede ser…'.
'¿Qué sucede, caballero del Cisne?', el sujeto preguntó, enfocando su atención en Hyoga. '¿Acaso te sorprende ver a un caballero de plata aquí?'.
'¿Caballero de plata?', Seiya dijo, totalmente sorprendido por la revelación del sujeto.
'¿De qué está hablando ese sujeto?', Shiryu preguntó. '¿Hyoga, acaso ustedes dos se conocen? ¿Es eso?'.
'No…', Hyoga contestó, al parecer en completa conmoción. 'No realmente…'.
'Es obvio que el caballero Cisne ha escuchado de mí', el sujeto llamado Jäger dijo. 'No es de extrañarse. Especialmente conociendo a su maestro'.
'¿Maestro?', Shiryu preguntó.
Seiya no encontraba darle sentido a las palabras de Jäger de Orión. Sin embargo, algo le decía que él solo les traería más problemas. Seiya estaba a punto de preguntarle al sujeto acerca del porqué de su presencia, pero justo en ese momento él notó algo por el rabillo de su ojo. Al parecer Shun había aprovechado la confusión que el sujeto Jäger había causado para rescatar al aún inconsciente Jabu del alcance de Ikki.
{Bien hecho, Shun}, Seiya pensó al ver como el caballero de Andrómeda colocaba al tonto de Jabu dentro del área protectora de su cadena. {Al menos tenemos una cosa menos de la que preocuparnos}.
'¿Acaso ustedes no están enterados?', Seiya escuchó a Jäger preguntar. 'El caballero del Cisne fue entrenado por un caballero de oro: Camus de Acuario'.
'¿Qué?', Seiya exclamó.
Grecia
16 años atrás
Aiolos se encontraba parado en las afueras del Santuario, viendo como Aiolia y los demás caballeros de oro de menor edad se marchaban del refugio para así completar formalmente su entrenamiento en sus lugares designados y esparcidos por todo el mundo. La noche anterior Aiolos le había dado la noticia a su hermano de la manera más delicada posible. A pesar de que Aiolia en un principio no había estado muy entusiasmado por el hecho de abandonar el Santuario durante algún tiempo, él al final termino por entender y aceptar la voluntad del Patriarca. Sin embargo, Aiolos decidió no contarle a su hermano acerca de su designación como sucesor del pontífice. Él aún se encontraba en conflicto acerca del enorme peso que ahora recaía sobre sus hombros y que por alguna razón no dejaba de provocarle un sentimiento verdaderamente ominoso. Aiolos supuso que lo mejor sería a esperar hasta que ellos volvieran a verse para darle esa importante noticia a Aiolia. Cuando ese día llegara, su hermano menor sin duda alguna se habría convertido en un genuino caballero de oro. Aiolia ya no tendría nada que aprender de él y Aiolos incluso quiso creer que con algo de suerte y dedicación tal vez su hermano se convertía en un mejor caballero de lo que él era.
Una vez que todos los jóvenes caballeros terminaron de marcharse, Aiolos se quedó justo en el inicio de las escaleras del Santuario, acompañado únicamente por sus camaradas Saga de Géminis y Shura de Capricornio.
'Pasará un tiempo antes de que los jóvenes regresen al Santuario', Saga comentó, mirando directo al horizonte con una mirada serena reflejada en sus ojos. 'Ellos tienen por delante una última prueba antes de tomar formalmente su lugar en cada una de las respectivas casas'.
'Cierto, Saga', Aiolos dijo mientras se sentaba en uno de los escalones. 'Ahora lo único que podemos hacer por ellos es desearles buena suerte y esperar que cumplan con su misión'.
'Dime algo, Aiolos', Shura dijo, interviniendo en la conversación, '¿crees que tu hermano tenga éxito?'.
Aiolos miró a Shura a los ojos. 'Por supuesto', él contestó sin vacilar. 'No tengo la menor duda de que Aiolia logrará completar su entrenamiento sin falta'.
'Por el bien de tu hermano espero que tengas razón', Shura le dijo. 'Él deberá de poner todo su empeño si realmente quiere cumplir su meta. ¿Recuerdas nuestra experiencia?'.
'Yo entrené a Aiolia incesantemente lo mejor que pude, Shura', Aiolos dijo. 'Y si hay algo de lo que me di cuenta, es de que él está más que preparado para afrontar los retos que le esperan en el futuro. Él se encuentra en mejores condiciones que yo cuando tenía su edad'.
Shura sonrió. 'Vaya, Aiolos, se ve que estás absolutamente convencido de lo que dices, ¿no es así?'.
Aiolos asintió. 'Lo estoy, Shura'.
'Aiolos sabe mejor que nadie de lo que es capaz su hermano', Saga intervino. 'Si él cree que Aiolia tendrá éxito, entonces yo también lo creo'.
'No estoy diciendo lo contrario', Shura dijo. 'Además, no debemos olvidar a los otros jóvenes caballeros de oro. ¿Ustedes qué me dicen? ¿Creen que ellos también logren completar su entrenamiento?'.
'Supongo que eso sólo el tiempo lo dirá', Saga contestó, mirando fijamente hacia el horizonte. 'Sin embargo, el Patriarca parecía estar completamente seguro de la capacidad de cada uno de ellos'.
'Los demás caballeros también parecían más que determinados', Aiolos notó. 'Yo no preocuparía por su entusiasmo si fuera tú, Shura'.
'¿Qué me dices de la guerra santa que se acerca cada vez más a nosotros?', Shura le preguntó. 'No pretendas fingir que te sientes tranquilo. Lo que se nos avecina no será como nada que nosotros hayamos vivido previamente'.
'Sea lo que sea que pase', Saga dijo, 'debemos tener fe en que lograremos superarlo juntos. Nosotros los caballeros de Athena no podemos darnos el lujo de pensar en la derrota'.
Alrededor de una hora después, justo al terminar de terminar su charla, Aiolos decidió retirarse a su casa para así descansar un poco, dejando a Saga y a Shura solos el uno con el otro, tal vez para entablar una conversación de naturaleza más tensa, si es que eso era posible.
Les gustara o no, ahora lo único que ellos podían hacer era dejar que el paso del tiempo trajera respuestas a sus preguntas. La guerra santa que estaba por llegar seguramente traería grandes obstáculos para el Santuario y los caballeros de Athena. No obstante, Aiolos sabía que él debía confiar en que su diosa los guiara hasta el eventual triunfo. Cuando llegara el momento, Athena necesitaría de sus servicios, y Aiolos estaba más que determinado a cumplir su deber por más difícil que este resultara ser.
Pasaron varias horas en las que Aiolos trató de distraerse entrenando lo mejor que pudo, hasta que finalmente la noche comenzó a acercarse y todos en el Santuario se prepararon para descansar. Después de pasar gran parte del ocaso reflexionando sobre el incierto futuro, Aiolos finalmente se dispuso a dormir y esperar que el día siguiente trajera nuevas esperanzas.
Sin embargo, para su sorpresa, eso no le fue posible. Aiolos se despertó violentamente de su sueño, empapado en sudor y respirando descontroladamente. Él había tenido una extraña pesadilla, aunque por alguna razón él no podía recordar de qué se trataba exactamente. Era cerca de la media noche, pero algo no estaba bien. Aiolos podía sentir un extraño y ominoso presentimiento carcomiendo sus entrañas. Inexplicablemente, algo o alguien parecían estar llamándolo desde el último templo del Santuario.
{¿Qué sucede?}, Aiolos se preguntó, levantándose de su cama y tratando en vano de poner en orden sus pensamientos. Él nunca había sentido nada como eso en toda su vida. Misteriosamente, con cada segundo que pasaba, lejos de disminuir, la enigmática sensación que él sentía se hacía más fuerte.
Incapaz de ignorar sus instintos por mucho más, Aiolos decidió dejar su casa y dirigirse al Santuario a toda prisa para asegurarse de que nada malo estuviera ocurriendo ahí. Él rogó por que su mente le estuviera jugando una mala pasada haciéndole creer cosas que no eran reales. Él había escuchado de situaciones en las que las preocupaciones cotidianas podían hacer que las personas alucinaran cosas inquietantes y mentalmente desorientadoras. No obstante, algo en su interior le decía a Aiolos que ese desafortunadamente no era el caso.
Recorriendo el camino hasta el templo de Patriarca, Aiolos notó con alarma que Shura no se encontraba en su casa. Ahora las cosas se ciertamente se tornaban aun más confusas para él. Quizás el caballero de oro de Capricornio también hubiera sentido ese extraño presentimiento y por eso él al igual que Aiolos había decidido marchar a los aposentos del sumo sacerdote. De los tres, Shura ciertamente era quien poseía el mayor carácter de tipo temerario y la voluntad de enfrentarse a las adversidades sin contemplación alguna.
Unos pocos minutos transcurrieron antes de que el final de las escaleras comenzara a hacerse visible. Aiolos apresuró su marcha, sintiendo su corazón se aceleraba a tal punto que él pensó que este se saldría de su pecho. Definitivamente algo de suma gravedad estaba ocurriendo en el interior del templo.
Al llegar al interior del refugio, después de atravesar la entrada principal al usar su rango como caballero de oro para obligar a los guardias a abrirle paso, Aiolos se encontró con el mayordomo Gigas, quien extrañamente no parecía estar dando señales de sentir ninguna clase de sensación o presentimiento siniestro. Al acercarse a él, Aiolos notó inmediatamente la sorpresa reflejada en los ojos del mayordomo. Era obvio que él no esperaba verlo en el templo a esas horas.
'¿Qué estás haciendo aquí, caballero de Sagitario?', Gigas le preguntó, observándolo con cautela. '¿No deberías encontrarte en tu casa? Estás no son horas para realizar visitas'.
'Lo siento mucho, mayordomo', Aiolos dijo, tratando de recuperar su aliento, 'pero debo ver al Patriarca ahora mismo. Debo hablar con él sobre un asunto de gran urgencia'.
'Me temo que eso no es posible, caballero', Gigas le respondió, usando un tono de voz más que formal. 'En estos momentos su Santidad se encuentra descansando en sus aposentos. Si lo deseas, puedes venir al amanecer, después que el Patriarca haya despertado'.
'¡No me iré de aquí sin antes ver a su Santidad!', Aiolos insistió, sintiendo cómo el extraño presentimiento se hacía más agudo, hasta el punto de casi apoderarse de sus pensamientos. '¡Algo malo está a punto de suceder!'.
'Te pido que por favor te calmes y regreses a tu casa ahora mismo, caballero de Sagitario', el mayordomo le dijo, levantando levemente su voz. 'De lo contrario, me veré obligado a llamar a los guardias y hacer que ellos te escolten a la salida'.
{Maldita sea}. Aiolos pensó, frustrado con la actitud de Gigas. Él no iba a dejarlo pasar. Sin más opciones, Aiolos se vio en la necesidad de romper el protocolo y forzar su entrada. '¡Entonces haz lo que tengas que hacer!', él dijo, haciendo a un lado al mayordomo y avanzando rápidamente con dirección a los aposentos personales del Patriarca.
'¡Detente!', Aiolos escuchó a Gigas gritarle. '¡Guardias! ¡Guardias, vengan pronto!'. El mayordomo había cumplido su amenaza de llamar a los soldados del Santuario, pero eso a Aiolos no le importó. La ominosa sensación prácticamente le ordenó ignorar todo a su alrededor a excepción del camino que él tenía frente suyo.
Al cabo de unos cuantos segundos, sin embargo, Aiolos comenzó a sentir cómo mismo ese sentimiento tan extraño lo hacía cambiar de curso para en su lugar guiarlo casi por instinto al templo de Athena, ubicado justo detrás de la cámara de audiencias del Patriarca. Aiolos inmediatamente abandonó su marcha apresurada y comenzó a correr desenfrenadamente, rogando por encontrar respuestas.
Cubierta por la enorme cortina situada a pocos metros del asiento de honor de sumo sacerdote del Santuario se encontraba la cuna donde Athena residía por el momento. Aiolos instintivamente la traspasó y avanzó hasta encontrarse cara a cara con la antigua y enorme puerta de la habitación de su diosa, ubicada a un lado del largo pasillo que conducía a la colosal estatua de Athena, la parte final del refugio. Algunos extraños sonidos parecían estar proviniendo de su interior, lo cual prácticamente confirmó los temores de Aiolos. Sin deberse a considera otras opciones, él rápidamente tomó impulso y derribó el obstáculo de una sola patada.
Al entrar a la habitación, Aiolos inmediatamente observó algo que lo dejó completamente perplejo: el Patriarca se encontraba a pocos pasos de la cuna de Athena, empuñando en su mano una especie daga de apariencia realmente antigua. El sacerdote levantó el arma y luego hizo descender su brazo hacia la diosa dormida. En solo fracciones de segundo, Aiolos se movió tan rápido como le fue posible y apartó a Athena del camino de la daga.
'¿Qué rayos cree está haciendo, Santidad?', Aiolos preguntó, sujetando a la divina infante fuertemente en sus brazos.
'¡Aiolos!', el Patriarca exclamó al verlo. '¿Cómo te atreves a interrumpirme?'. Algo en su voz parecía… diferente. Era difícil de explicar, pero Aiolos podría jurar que el Patriarca parecía tener un tono más siniestro de lo usual. Sin embargo, ese no era el momento para pensar en algo tan insignificante como eso.
'¿Acaso ha perdido la razón?', Aiolos dijo. '¡Usted sabe mejor que nadie que Athena es nuestra mayor esperanza de derrotar al enemigo en la próxima guerra santa! ¿Por qué demonios intentó hacerle daño?'.
'Será mejor que no te entrometas en mi camino, Aiolos', el Patriarca le dijo. '¡Entrégame a Athena en este instante y olvidare tu insolencia!'.
'¡Jamás haré eso!', Aiolos respondió, cubriendo con sus brazos el frágil cuerpo de la bebé, que debido a la conmoción había comenzado a llorar. '¡Usted mejor que nadie sabe que protegeré a Athena de cualquier peligro sin importar el precio!'.
'¡Entonces no me dejas otra opción más que matarte!', el Patriarca dijo, justo antes de empuñar fuertemente su daga y arremeter velozmente contra ellos.
{Maldición}, Aiolos pensó al tiempo que trataba de evitar el ataque del sumo sacerdote.
A pesar de moverse tan rápido como le fue posible, la daga pasó rozando el pequeño cuerpo de Athena, fallando por menos de una pulgada, aunque no sin antes hacer una herida de tamaño considerable en el pecho de Aiolos. Mientras él dejaba escapar un grito, Aiolos volvió a reflexionar acerca del hecho que nada de lo que estaba sucediendo tenía sentido. Él rogó en lo más profundo de su corazón por que todo se tratara de una horrible alucinación. Sin embargo, sus súplicas no fueron escuchadas.
El Patriarca volvió a arremeter contra ellos, pero esta vez Aiolos usó su mano derecha para evitar que él empuñara su arma mientras que con su mano izquierda él mantenía a Athena fuera del alcance del pontífice, quien poseía una fuerza realmente considerable para alguien de su edad. Aún usando toda su fuerza, Aiolos apenas podía mantenerlo controlado.
'¡Maldito!', el Patriarca dijo, expresando con su tono voz un odio realmente increíble.
No queriendo arriesgarse, Aiolos hizo un realizó un movimiento rápido y pateó al Patriarca en el vientre, haciéndolo retroceder un poco. Luego, con su mano derecha nuevamente libre, Aiolos golpeó al sumo sacerdote en su rostro cubierto, tirándolo en el piso de manera estrepitosa. No obstante, para sorpresa de Aiolos, el Patriarca pareció recuperarse de manera casi instantánea de su ataque, aunque su máscara ceremonial había quedado abandonada a unos cuantos pasos de distancia de él.
'¡Ya es suficiente!', Aiolos le dijo al Patriarca, quien estaba tratando de levantarse. Debía de haber una forma de que el pontífice recobrara sus sentidos. '¡No quiero lastimarlo, Santidad!', Aiolos continuó. '¡Quédese donde está!'.
'¿No quieres lastimarme?', el Patriarca preguntó. 'No me hagas reír, Aiolos. Un inepto como tú jamás podría causarme daño alguno'.
{Esa voz…}, Aiolos pensó, sintiendo un escalofrío recorrerle el cuerpo al darse cuenta de lo que estaba sucediendo. El hombre que él tenía frente suyo no era el Patriarca.
'Debiste haberte quedado en tu casa. Ahora te irás directo al infierno, maldito'. El impostor levantó su cara, dejando que la tenue luz de la vela que iluminaba la habitación descubriera su rostro y confirmara las terribles sospechas de Aiolos.
{¿Qué es esto?}. Aiolos sintió como si su mundo se estuviera viniendo abajo. '¿S-Saga…?'.
