La Niña de Mis Ojos: Revelación

por TokioCristal


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En mi perfil está publicado: "La Niña de Mis Ojos: Prólogos"

El primer One-Shot trata sobre la vez en que Darien conoció a Serena por primera vez en el cementerio.

El segundo One-Shot (que publicaré cuando termine de redactarlo), trata sobre el Universo Alterno de Luna, en el cual Darien muere y nace Rini.

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MUCHAS GRACIAS MARA Y TAMBIÉN A TI SAILOR FRANIA ;)


CAPÍTULO X


Darien despertó de su letargo de dos días de inconciencia. Parpadeó varias veces intentando adaptarse a la tenue luz y, todavía con los traspiés de la somnolencia, observó los alrededores pulcros de la habitación donde se hallaba. Movió sus entumecidas extremidades, intentando sentarse sobre la cama y, en el acto, apoyando la espalda contra el espaldar.

Le dolía demasiado la cabeza, como si le hubieran pegado con un bate en la nuca. Hizo una leve mueca de dolor y se desenchufó del electrocardiógrafo. La maquina hizo un pitido continuo y la puerta de la habitación se abrió de golpe, asomándose horrorizados las figuras de Armando y Mina.

—¡Darien! —exclamaron al unísono—, ¡despertaste!

Darien sonrió con suavidad. Nunca creyó que le haría tan bien ver a Mina y Armando.

—Buenos días —saludó como si nada, alzando dos dedos en señal de amor y paz.

Oh, bueno.

De verdad no esperaban esa reacción.

Mina y Armando intercambiaron miradas sorprendidas.

—¿Estás bien Darien? —preguntó perplejo su hermano acercándose más a la cama, para así tocarle la frente.

El joven no refunfuñó al tacto de su familiar, como en otras épocas sí lo hubiera hecho.

—Sólo me duele la cabeza —admitió apoyando pensativamente un dedo sobre sus labios mientras miraba hacia el techo—, pero por lo demás me siento bien —agregó, alzando sus brazos entre un enorme suspiro—, ¡desde hace tiempo no me sentía así! —enfatizó con una enorme sonrisa positiva.

Silencio incomodo en la habitación.

Mina y Armando volvieron a intercambiar miradas sorprendidas.

¿Dónde se hallaba el Darien malhumorado de estos últimos meses?

Se esfumo para siempre. Ahora volvía a ser el mismo de siempre.

—¿Por qué se quedan así? —cuestionó con algo de molestia el chico de pelo negro—, ¿por qué se mantienen mirándome como si fuera un fantasma? ¡Mis recuerdos han regresado! Soy yo, el mismo de siempre.

¡Eso sí fue una inmensa sorpresa!

Mina apoyó su mano contra su descontrolado corazón. Podía ver algo diferente en Darien. Lo analizó con la mirada. Los cabellos negros despeinados, la palidez del rostro y la resequedad de esos labios. Suspiró con fuerza. Eran tan condenablemente atractivo inclusive cuando estaba enfermo. Él la miró de modo transparente, con una calidez que hace tiempo no se sentía en su persona.

Mina agachó avergonzada los ojos y los latidos de su corazón retumbaron en sus oídos. A su mente viajaron miles de recuerdos. Desde el primer momento en que lo conoció hasta el día de hoy. Ese algo que había escondido en lo más profundo de su corazón, continuaba ahí presente. Ni el tiempo era capaz de aminorar esa sensación, ese leve cosquilleo, esas ganas de querer tocarlo y de estar a su lado. Por eso se había mantenido alejada de Darien, porque verlo con Serena le hacía daño.

La nariz de la rubia empezó a arder y apretó los ojos aguantando las ganas de llorar.

—Darien! —exclamó sin poder controlarse más.

Se abrazó con fuerza al cuello masculino, el hombre le correspondió posando suavemente su mano sobre la espalda de ella.

Desde hace tiempo quería abrazar a Darien, desde aquella vez que lo vio en la mansión de los Shields.

—Darien, dime que tus recuerdos han vuelto, que tú también has vuelto, por favor —pidió con tristeza, con la cabeza recostada sobre el pecho masculino.

Amaba los latidos de su corazón y el calor que desprendía el perfecto cuerpo del hombre.

¡Cuánto lo quería!

—Yo nunca me fui Mina —simplemente respondió con la voz aterciopelada—, siempre he estado aquí para ustedes.


Horas más tarde, en un local de comidas a la vuelta del hospital donde estaba internado Darien, se hallaban Serena y Mina bebiendo unos batidos frutales.

—... así que Darien finalmente despertó.

Mina asintió tomando un sorbo de su batido de frutilla.

—Deberías ir a verlo Serena, él ya recuerda todo.

Serena no había tocado su bebida. Sólo mantenían las manos apoyadas sobre su falda, con la mirada perdida hacia la nada.

—No iré —respondió con decisión.

Mina tosió fuertemente, atragantada por el líquido y la sorpresa que le había generado el comentario de su amiga.

—Serena, desde que Darien quedó inconsciente no has abandonado el hospital ni siquiera para ir a tu casa, ¡ya hace dos días que llevo mintiéndoles a tus padres con que estás quedándote a dormir en mi casa! Has dormido en la sala del hospital durante este tiempo, esperando hasta que despierte Darien y, al final cuando despierta, ¿decides no ir a verlo? —la increpó con enojó.

Serena la miró con seriedad.

—Darien y yo no tenemos nada más. Además no creo que quiera verme.

Mina entrecerró los ojos de forma sospechosa.

—Serena, no me dijiste por que estas peleada con Darien…

—No estoy peleada con él, terminamos, ya no somos novios. Fin de la cuestión.

Mina se largó a reír. Eso sería muy bueno para ser realidad.

—Ya regresaran —comentó de modo aburrido, como si fuera lo más obvio.

—No lo haremos.

—¿Y eso por qué?

—¿Recuerdas lo que te conté sobre lo que pasó con Seiya, el día que vi a Darien por primera vez?

—Sí, recuerdo —asintió, jugando con el pulgar de su dedo sobre el sorbito de su batido.

—Bien, le dije que tuve sexo con Seiya.

A Mina casi se le sale el jugo por la nariz. ¿Por qué le tenía que dar esas sorpresas cuando estaba consumiendo el batido?, ¿la quería matar?

—¿Por qué le mentiste tan descaradamente?

—Debí hacerlo.

—¡No tuviste sexo con Seiya! —gritó golpeando la mesa. Las demás personas detuvieron lo que estaban haciendo para mirarlas de reojo. Serena frunció el ceño y cerró los ojos, mientras tomaba un sorbo de su batido.

Los cachetes de la chica del moño rojo se inflaron.

—¡Sigan con sus vidas! —gritó molesta alzando su puño. Todos volvieron a lo suyo al ver la intimidante mirada de la joven Aino.

Entonces Mina, a modo de secreto se inclinó contra la mesa para acercarse más a Serena. La sostuvo de los hombros y la empezó a hamacar de adelante hacia atrás, en un intento desesperado de hacerla reaccionar. No podía creer esas mentiras tan feas, impropias de la personalidad de su amiga.

—Yo no he tenido sexo con Seiya —admitió mareada Serena. Mina dejó de hamacarla —, tú sabes lo que pasó esa noche. Estaba borracha. Bueno, en realidad estábamos borrachos. Él me tiró en la cama. Nos besamos. Me subió la blusa, me dijo que me deseaba y yo me dormí. Sólo terminé durmiendo en la cama de Seiya.

Mina se apartó de Serena y se largó a reír estrepitosamente. Le daba gracia esa anécdota. Cada vez que la escuchaba tenía que resistir las ganas de reírse pero no podía hacerlo.

Serena la miró con seriedad.

—Calla.

—Es que me da gracia —se limpió una lágrima que quería escapar de su ojo—, pobre Seiya… desde que estás saliendo otra vez con Darien, se ha estado viendo con varias chicas, en especial con una tal violinista… Michiru Nosequé se llama.

Serena descansó su mejilla contra la palma de su mano y de modo aburrido le preguntó:

—¿Y tú cómo sabes todo eso?

—Tengo una agenda con todos los datos sobre los Trhee Lights.

Su amiga puso los ojos en blanco ante aquella respuesta.

—Me sorprende que gustándote tanto los Trhee Lights —enfatizó con curiosidad—, hayas rechazado tantas veces salir con Yaten.

—Serena —rió Mina—, razón ciega afición.

La chica con las colitas le quedó mirando sin entender la frase.

—¿Acaso no es "afición ciega razón"? —la corrigió, encontrando esa lógica en la frase.

—Bueno, creo que es así como tú lo dijiste —admitió Mina entre una sonrisa tonta. No sé le daba bien citar refranes—. Olvídalo. ¿Por qué le mentiste a Darien? Todavía no lo entiendo.

—Mina —suspiró como si intentara sacar todo el peso de su cuerpo—. Sí la raíz de la perdida de memoria era yo, pues entonces yo tenía que solucionarlo.

—¿Y tu modo de solucionarlo era mintiéndole? —señaló con enojo.

Serena tomó una bocanada grande aire y…

—¡La verdad mi plan A no funcionó! —gritó sin poder contenerse—. Fui amorosa, ¡la novia perfecta!, pero en realidad estaba actuando como si jamás hubiera pasado nada con Darien, ¡como si él jamás hubiese perdido su memoria! —pausó un segundo su verborrea, intentando controlar toda esa furia interna que tenía—. Entonces, pensé: "Si perdió la memoria a base de un shock emocional, pues, que con otro shock emocional su memoria regrese." ¡Darien jamás se va a dar cuenta de lo que tiene frente a los ojos porque es un cabeza de chorlito! Él estaba reacio a recordar, entonces yo le obligué a recordar.

Mina la miraba con los ojos como platos. No se le había ocurrido esa idea. De verdad Serena "sí" tenía un "plan" para que Darien recordara la memoria. ¡Y lo logró!

—Además sino funcionaba hubiera recurrido desesperadamente al plan C.

—¿Cuál plan C?

—Golpearle la cabeza con un bate de béisbol.

Serena golpeó con su puño la mesa y los batidos se volcaron. Mina se echó hacia atrás con el ceño fruncido al ver como la otra rubia prácticamente lanzaba fuego por la mirada.

—Serena, eres un genio —admitió.

La gran Tsukino cruzó sus brazos contra su pecho mientras alzaba su quijada en ademán de superioridad.

—No es que sea un genio. Creo que no existe en el universo persona que conozca más a Darien que yo.

—Aunque le hayas generado un trauma más —agregó con sensatez Mina—... bueno, lo mejor es que ahora vayas y le digas la verdad.

—No lo haré.

Mina abrió los ojos como platos.

—Pe… pe… pero… ¿qué diablos? ¡Serena!

—Hay algo en lo que si he sido sincera con él. Y es que he sentido mucha nostalgia hacia los tiempos en los que nos conocimos.

—¿Y eso qué tiene que ver Serena?

—Siempre te he celado Mina —admitió.

La rubia se señaló a si misma con credulidad sin poder creerse lo que le decía su amiga.

—¿A mí?, ¿por qué?, ¿y eso qué tiene que ver con Darien?

Entonces la figura de Serena se derrumbó, y de pasar a estar furiosa su rostro cambió a un rió de lágrimas.

—Yo… yo… yo no lo quiero atar a mí, ¿sabes? Creo que estaba conmigo porque yo insistí por estar con él. Darien jamás se hubiera acercado a mí si yo no hubiera dado el primer paso.

—¡Es que Darien es un idiota! ¿No acabas de decir que nunca se da cuenta de lo que tiene frente a los ojos?

—Sí, sé que dije eso. Por eso no le pienso decir la verdad.

—Explícate porque no te entiendo.

—Mina… —habló entre un sofocado sollozo—, siempre caes en el momento indicado.

—¿Sabes por qué es eso? ¡Por qué siempre me entrometo donde no me llaman! —exclamó con un sincericidio avasallante.

—… además te recordó sólo a ti y no a mí —agregó, para luego señalarse a si misma y retornar devuelta a su estado de furia anterior—. ¡Justamente yooo!, ¡Yo que supuestamente soy su novia!, ¡nunca me recordó!, ¡nada! Tal vez él no está viendo una realidad, y es que… —su voz tembló y volvió a sollozar—, en realidad él no está enamorado de mí sino de ti. Siempre he estado en medio de ustedes dos, por eso jamás se han acercado... el destino quiere que ustedes dos estén juntos...

Las mejillas de Mina se encendieron.

—¿Me estás diciendo qué…? —hizo una pausa sin lograr todavía caer en la realidad de las palabras de su bipolar amiga.

—¡Qué hagas lo que quieras! —gritó con enojo.

—¿Cómo?

—Darien es libre de hacer lo que quiera.

—Pero él quiere estar contigo.

—¡Yo no volveré a ir detrás de él!, ¡nunca!, ¡jamás!, ¡y si lo hago estás en tu derecho de golpearme!


Y así pasaron tres días más.

Casa de los Tsukino.

10:30 a.m

La pantalla del celular de Serena se encendió. Con expresión aburrida y somnolienta lo agarró y su corazón se detuvo cuando vio que era un mensaje de Darien. Sintió un enorme cosquilleo y puso el móvil contra su pecho. ¿Lo abría o no lo abría…?

Con los dedos entumecidos tocó sobre el mensaje.

Serena.

Hola, ¿cómo estás? Espero que bien. ¿Cómo te está yendo en la escuela?, ¿y tus notas?, ¿matemáticas?... ¡Ja, ja, ja!...

No soy bueno para este tipo de cosas.

Lo admito.

Entiendo que quieras estar con Seiya. Sólo quiero explicarte algo y después de esto no te molestaré nunca más.

Cuando llegué a Estados Unidos, las primeras semanas estuve muy ocupado, con mis horarios… por eso no me comuniqué contigo. Sé que te descuidé y lo siento.

Durante ese tiempo también llegó a mis manos una revista de prensa amarillista. En la portada estaban tú y Seiya besándose a la salida del colegio. No me gusto para nada.

Una noche decidí ir al apartamento de Seiya y sacarle información sobre lo que estaban pasando entre ustedes dos. Fue algo muy inmaduro de mi parte, considerando que estaba celoso de un crió de dieciséis años. Le ofrecí alcohol. Fue fácil emborracharlo. Se puso a llorar como un marrano porque tú no lo querías y me dijo que no había pasado nada entre ustedes dos. Que tú me amabas a mí (o sea, a "tu novio" de aquel entonces). Cuando ya no lo quise escuchar más (la verdad, me tenía harto con sus sentimentalismos estúpidos hacia ti) le puse una pastilla para dormir en una copita de vino y se la di. A los segundos cayó dormido como un marmota. Sí, fue muy cruel de mi parte, pero yo también estaba alcoholizado y de cierta forma no me importaba nada. Después de eso consumí una tableta de pastillas somníferas. Desde ese momento comencé a hacer cosas inconexas y sin sentido. Se me ocurrió la genial idea de manejar. Un peligro para mí, pero mucho más para los demás. Fui un inconsciente. Un estúpido. Lo bueno es que eran altas horas de la madrugada y no había nadie en la calle. Durante el trayecto me sentí muy mal y quise llamarte, quería escuchar tu voz. Iba mirando la pantalla de mi móvil, aunque en realidad veía cinco móviles y diez manos, y antes de que pudiera hacer algo mis ojos se empezaron a cerrar.

Así pasó el accidente.

Sino terminaba en un hospital, de todas formas iba a parar en una prisión por atentar la seguridad pública. Estaba manejando drogado y eso está penado por la ley en cualquier parte del mundo. Como no generé destrozos, sólo mi licencia de conducir fue vetada en Estados Unidos.

Creo que tuve suerte.

Discúlpame. Perdóname si te hice llorar, por todas esas noches en la que me extrañaste, por no haberme comunicado contigo. No quise hacerlo. Sólo fui un idiota celoso.

Eso era lo que te quería decir cuando quise llamarte mientras iba conduciendo.

Creo que fue eso.

No recuerdo bien.

También lamento haber emborrachado a Seiya. Dile que lo siento.

Les deseo lo mejor en su relación. Que ambos sean felices y coman perdices.

Te mando un cálido saludo,

Darien Chiba.

Serena frunció el ceño y tuvo ganas de estampar con fuerza el celular contra el suelo.

¡Maldito Darien!

Quiso llamarlo y gritarle unas cuantas verdades. Buscó en su agenda el nombre y detuvo su dedo índice antes de presionar el botón verde de llamada. No. No lo iba a hacer de esa manera. Lo iba a tomar por sorpresa e iba a hablar frente a frente con él.

Y le diría toda la verdad.

Absolutamente toda.

Y después de eso si estaban destinados a estar juntos… ¡lo estarían! Porque ya se estaba arrepintiendo de lo que le había dicho a Mina.

¡Serena amaba locamente a Darien y no lo iba a dejar ir así como así!


Mina caminaba detrás de Darien, quien recién acababa de salir de una consulta médica rutinaria.

Ella se había propuesto a acompañarlo sin que el hombre se lo pidiera.

—Ey, así que no volverás a trabajar hasta dentro de un mes y medio.

Darien asintió.

—Estoy de licencia médica.

—Oye Darien, ¿y qué harás?

—¿Qué haré con qué?

—Con la llamada de la directora Rin.

—¿Cómo sabes eso?

Mina le guiñó un ojo.

—Mientras estabas en el consultorio revisé tu teléfono, vi la llamada y algunos mensajes que intercambiaste con ella.

Darien sonrió de medio lado. Ya no se enojaba. Estaba acostumbrado.

—¿Piensas que sea una buena idea? —consultó.

La rubia se sorprendió de que pidiera su opinión.

—Eh… por supuesto. Muchas personas se emocionaran al verte de nuevo.

Darien rió con calidez.

—Entonces regresaré por estas semanas.

Mina danzó alegremente.

Rin, la directora del colegio, había llamado a Darien porque se había enterado de que él había regresado hacia algunos meses de Estados Unidos. Y dentro de esa conversación lo invitó a participar en la organización de la despedida de fin de año del instituto, ya que los grupos estudiantiles con los que había trabajado Darien como profesor, estaban por recibirse de la preparatoria y era una buena idea que estuvieran presente todas las personas que habían acompañado durante el tramo de secundaria a los estudiantes.

A Darien le generaba muchas emociones encontradas regresar a aquel lugar pero no quiso indagar demasiado sobre eso. Últimamente no sobre analizaba mucho las situaciones que sucedían a su alrededor. Estaba más calmado, decidido a que las cosas siguieran su flujo normal, sin presionarlas ni alterarlas.

Lo único que tal vez había pensado un poco más de lo normal era el porqué sus recuerdos habían regresado tan repentinamente de la nada. Y había llegado a una conclusión algo alocada. Tal vez fue gracias a Mina Aino. Ella se hallaba al otro lado de la puerta del consultorio, cuando comenzó a recordar todo. Es decir, suena loco, pero se supone que Mina era la portadora del Cristal del Plata. Y según le había dicho Luna, el Cristal del Plata era lo que le iba a ayudar a recuperar sus recuerdos. Además, tanto Mina y él estaban unidos por el cordón rojo del destino.

Aunque no sabía si eso era verdad.

Tendría que comprobarlo.

—Mina —susurró parándose de golpe frente a ella—. Cierra los ojos.

Ella parpadeó sin comprender pero lo hizo. Darien se acercó un poco más, inclinando su torso y lentamente posó sus labios sobre los de Mina.

La rubia sintió una corriente eléctrica recorrerla de la punta de los pies hasta la cabeza. Los labios de Darien eran tan tiernos y perfectos, no había nada que indicara salvajismo en ese inocente beso. Tal vez Serena tenía razón: Darien sentía algo por Mina sin que él lo supiera.

Por su parte el joven hombre consideró que Mina era una chica muy atractiva y que sus labios iban acordes a ella. Podían perfectamente tener un buen contacto piel a piel si se lo proponían.

Se apartó suavemente de ella. Mina continuaba con los ojos cerrados, como si todavía estuviera disfrutando de ese beso.

Darien sonrió levemente con las mejillas encendidas.

—Vamos Mina —inquirió con la voz aterciopelada y comenzando a caminar hacía el auto.

Ella regresó de su letargo y fue corriendo detrás de él.

—Darien, ¿qué fue eso?

Movió sus hombros y se rascó su mejilla sonrosada.

—Un beso, ¿no?

—¿Por qué me besaste?

—Se me dio por hacerlo.

Entonces Mina atrinchero sus brazos sobre el cuello masculino y le robó un fugaz beso. Darien quedó pasmado por tan repentina acción.

—¿Qué...? —titubeó.

—A mi también se me antojo hacerlo —respondió ella guiñándole coquetamente un ojo.

El rostro de Darien era un pimentón pero le correspondió con una tímida sonrisa.

Lo que ellos no sabían que a una cuadra de distancia se hallaba Serena mirando toda la escena.


Frase de Mina: "Afición ciega razón"

Significado: El cariño perturba para decidir rectamente y puede llevar a encubrir los defectos del amado o de lo que se ama. (FUENTE: cvc . cervantes . es )