Disclaimer: Quiero aclararles que, como todos sabemos, los personajes, lugares y el mundo maravilloso de magos sobre los que trata mi historia no son producto alguno de mi imaginación! Harry Potter es producto de JKR.
Hola a todos/as! Cómo están? He aquí un nuevo capítulo, que espero que disfruten de principio a fin! Y, les informo, que para el próximo veremos un poco más sobre la vida de nuestro galán! He dicho! Así que estoy ansiosa por subirlo :) Como siempre, les agradezco infinitamente a quienes siguen mi historia, a quienes me tienen en favoritos, y a quienes se tomaron unos minutitos en dejarme un review! Gracias a Ryro, a Dani, a gray pussycat, a Euge (que suerte que la facu te haya dado un tiempito para pasar por aquí! Ya veremos más adelante qué sucederá con este problemita del partido, no todo está dicho! Un besito, y éxitos en tus entregas), a Yo, a Candelaria, a C.M.M.A, y a alissa-2012.
En fin, muchísimas gracias a todos/as :D Nos vemos en el próximo capítulo!
Scorpius & Lily
Capítulo 10: Demasiado raro.
-Lily, es la última vez que te lo digo. ¡Quédate quieta!
Lily y Rose estaban encerradas en el cuarto de las chicas de tercero, en la Torre Gryffindor, luego del partido. La primera se encontraba recostada sobre su cama, con un gesto de impaciencia en el rostro. El golpe en las costillas, por la bludger que le había enviado ese buscador de Slytherin, había sido bastante fuerte, y tenía una marca azul y morada en todo el costado izquierdo de su torso. Rose había hechizado la puerta de su habitación con hechizos silenciadores (aún cuando ya había terminado el partido, y ya habían derrotado a Slytherin) porque era mejor que no descubrieran que Lily estaba lastimada, justo en el mismo sitio donde "supuestamente" debía estar lastimado Matt. Le estaba aplicando algún que otro encantamiento que disminuyera el dolor del golpe, porque a esas alturas Lily apenas podía moverse.
-¡Pero hace una hora que estamos aquí encerradas!- le respondió con una mirada ansiosa a su prima. Lily quería partir en ese mismo instante a la enfermería, porque allí estaban sus hermanos y primos y, especialmente, allí seguramente estaría Malfoy, quien era el que peor había terminado, estrellándose contra la base de una de las tribunas, por culpa de ella, sólo de ella. Por este motivo, se sentía culpable en demasía y, dado que había visto el rostro de dolor de Malfoy luego del impacto, cuando estaba tendido sobre el césped, quería asegurarse de que no era tan grave como parecía.
-No seas exagerada, apenas estás aquí hace cinco minutos-, devolvió Rose con una mirada severa, intentando concentrarse en lo que estaba haciendo al cuerpo de su prima. Si bien era la mejor en su clase, en casi todas (o todas) las asignaturas, éstas no incluían el aprendizaje de muchos encantamientos sanadores. Así que, como precavida que era para aquellas cosas, unos días antes del partido había tomado de la biblioteca algunos libros que mostraran y explicaran como curar accidentes básicos, con la varita, dado que pociones no podía realizar porque no tenía los ingredientes. -Y si no te callas, harás que me confunda y haga desaparecer todas tus costillas-, añadió, riéndose internamente por la cara de susto que había adquirido la aludida.
-¡Eres una vil mentirosa!- dijo Lily fingiendo enfado, cuando notó la sonrisa pícara que cubría el rostro de Rose. -Además, si debo ser sincera, sé que a ti jamás te saldría mal un hechizo. Confío más en ti, que en Madam Pomfrey-, admitió.
-Me siento halagada-. Rose tenía una sonrisa de suficiencia en el rostro. -¡Ponte de pie! Creo que ya podrías moverte sin sentir alguna molestia, a ver.
Lily, por orden de su prima, se puso de pie en un movimiento lento. Se sentía bastante bien, en comparación de hacía tan sólo unos minutos. Ya no sentía aquel pinchazo fuerte bajo sus últimas dos costillas, y tampoco sentía aquel calor abrazador en los músculos, que le impedía moverse correctamente. -Dio resultado- dijo a Rose, palpando el sitio inflamado en la parte izquierda de su torso. -Creo que ya podríamos ir a ver cómo se encuentran los demás-, agregó pegando un saltito, arrepintiéndose un instante después, ya que el dolor había reaparecido al moverse de esa forma.
-Puedes moverte, ¡pero ten cuidado!- exclamó Rose, otra vez observándola con el entrecejo fruncido. -Yo creo que deberías quedarte aquí, haciendo un poco de reposo.
-Pero Rose-, Lily no se quedaría allí encerrada por nada del mundo, tenía que saber cuál era el estado de Scorpius. Y, dado que no podía enviar a su prima a que averiguara por ella, porque le resultaría un poco extraño, y sospecharía (como era habitual en ella), debía inventar cualquier excusa que resultaba razonable a Rose para no quedarse descansando, -si no llego a visitar a mis hermanos y primos en la enfermería, creo que los demás sospecharán que algo extraño hay detrás de todo esto-, Lily observó a su prima decididamente. -Supuestamente, yo me quedé aquí porque no quería ver como perdían por mi culpa. Y, como al final no perdieron, sería dudoso si no voy a felicitarlos, ¿no?
Rose pareció sopesar las palabras que había dicho Lily, la cual creía que su argumento había logrado convencerla. -Puedes ser que tengas razón…- comenzó a decir Rose, con un claro gesto en su rostro de no estar absolutamente convencida.
-¡Claro que la tengo!- exclamó Lily dando otro saltito. Un segundo después, nuevamente volvió a sentir ese calor intenso en sus costillas por el movimiento brusco que había hecho. -¡Auch…!-, se tomó con ambas manos el sitio adolorido, masajeando con suavidad. -Ya sé, ya sé. No me voy a mover mucho, lo prometo- agregó ante la mirada de advertencia de su prima, que le había dirigido un gesto riguroso cuando dio un salto otra vez.
-También les resultará extraño a los demás si vas por ahí lastimada, sin ningún motivo-, aseguró Rose, mientras la ayudaba a colocarse un sweater de color negro, con lentitud, dado que al mover los brazos Lily sentía un tirón en sus costillas. -Los hechizos que he realizado te ayudarán a mantenerte sin dolor mientras te cuides, pero necesitas de una poción para que el golpe desaparezca por completo- finalizó, mientras retiraba de la puerta los hechizos de cierre y también los hechizos silenciadores, que había colocado anteriormente.
-James dijo que robarían la poción que Madam Pomfrey diera a Matt-, le contó Lily en un susurro, ya que habían salido de la habitación y cualquiera podría escucharlos.
-Esperemos primero que no se percate de que aquel golpe es falso, y después veremos-, dijo Rose con un gesto de preocupación. Matt, como había explicado Rose, tenía un golpe falso en el lado izquierdo de su torso, donde todos sabían que había impactado la bludger enviada por aquel Slytherin. Fue ella quien, también con la ayuda de varios libros de la biblioteca, conjuró un hechizo increíblemente eficiente, para formar golpes o cortes irreales en la piel de una persona, pero no estaba segura de haberlo hecho correctamente, y de que durara lo suficiente, ya que no había tenido el tiempo necesario para practicarlo como era debido.
Se apresuraron por los corredores del castillo tanto como podían, ya que Lily se encontraba bastante fatigada y, cuando hacía esfuerzos de más, volvía a sentir un dolor agudo en sus costillas. Veían, al pasar caminando, muchos alumnos comentando aún lo que había sucedido en el partido, muchos de Slytherin gritaban a los de Gryffindor palabras insultantes, otros sólo estaban lo suficientemente enfadados como para no abrir la boca, y otros habían desaparecido por completo. La mayoría (o mejor dicho, la totalidad) de los estudiantes pertenecientes a la casa de los leones estaban festejando, cantando, y bailando (algo que Rose había tildado de exagerado) por la victoria acontecida, y principalmente porque ésta había sido sobre las serpientes. Muchos aún hablaban acerca del gran debut de Matt como buscador, y lo alababan enérgicamente, diciendo cosas como "dicen que James lo estuvo entrenando durante las noches a escondidas, para que fuera casi tan bueno como él", o "yo creo que tomó algo para tener suerte, como Felix Felicis, otra cosa no se me ocurre", o "parece que es hasta mejor que Harry Potter, ¡y desde ahora va a reemplazar a James!", a lo que Rose y Lily solo sonreían con complicidad y se divertían con las ocurrencias de los demás.
-Es que, es cierto, Lily- le dijo Rose antes de llegar a la enfermería. Disminuyó un poco el volumen de su voz para que nadie, más que ella, la escuchara, y continuó: -Durante el tiempo que te vi jugando, demostrarse ser más habilidosa que James. ¡Es cierto!-, aseguró ante la mirada escéptica que le dirigió su prima. -Los he visto jugar a los dos. Y, aunque no sé demasiado de Quidditch, sí se volar. Y tú definitivamente vuelas mejor-, concluyó señalándola con el dedo índice.
En ese instante, entraron a la enfermería, sin divisar a nadie en los pasillos entre los cubículos separados por cortinas blancas y celestes. Las paredes eran de los mismos colores, decoradas con ventanales anchos y largos, que permitían la entrada de una gran cantidad de luminosidad. Lily jamás había estado allí, ya que en su corta estancia en Hogwarts no se había enfermado ni lastimado, pero le pareció que la enfermería no era tan fea y desolada como una vez le había dicho James, como siempre, exagerando.
-¡Ah, señorita Weasley! ¿Vino a ver a sus familiares?- Lily divisó a una señora adulta bastante regordeta, de ojos celestes, con cabello blanco recogido en un rodete, decorado con un gorrito azul oscuro, que combinaba con una túnica del mismo color. Se encaminó hacia donde estaban ellas dos, con una bandeja en cada mano, cada una repleta de pociones que llevaban etiquetas con nombres que Lily no alcanzó a reconocer. -¡Ha sido un juego bastante violento! Siempre es igual cuando es un partido de Slytherin contra Gryffindor, ¡nunca van a cambiar! ¡Hace más de veinte años lo vengo diciendo!
-Madam Pomfrey, le presento a mi prima, Lily Potter- dijo Rose ante la mirada expectante de la medimaga. -Ambas hemos venido a ver a Matt y Albus, que resultaron un poco lastimados.
-¡Oh, sí!- dijo con una sonrisa radiante, observando detenidamente a Lily. Esta se sintió un tanto cohibida por la mirada que le estaba dirigiendo la mujer, pero intentó devolverle la sonrisa, como pudo. -¡Es un placer conocerte!, aunque espero no verte tan seguido como sucedía con tu padre. Se podía decir que estuvo tanto tiempo aquí, que hasta le tomó cariño, ¿no?- completó agitando el rodete con un movimiento de la cabeza-. ¡Bien, bien! Sandler y Potter se encuentran en los dos últimos cubículos, a la izquierda. No se tarden demasiado.
-¡Gracias! No estaremos más de diez minutos-, aseguró Rose. Tomó el brazo de Lily y comenzó a dirigirse hacia los cubículos del fondo de la enfermería.
-¡Oh, Potter!- Madam Pomfrey las había detenido con ese llamado. Se acercó a ellas nuevamente, con paso apurado, y las pociones tambaleándose sobre las bandejitas plateadas. -¿Me haces el favor de llevar esta bandeja al primer cubículo que ves allí?- le dijo señalando un cubículo que estaba un poco apartado, detrás de una mesa grande con varios instrumentos. Y, sin esperar a que Lily respondiera, le colocó la bandeja menos cargada en las manos, y se fue rápidamente, metiéndose dentro de una oficina con puerta corrediza.
-¿Siempre anda tan acelerada?-, le preguntó Lily a su prima, con una ceja alzada y un atisbo de sonrisa en el rostro. Madam Pomfrey le había parecido amable, sí, y era exactamente cómo la había descrito su padre (y cabía aclarar que éste no se había encariñado en lo más mínimo con la enfermería de Hogwarts, estaba muy segura de eso), pero no podía evitar pensar que aquella mujer llevaba un cohete en sus pies, literalmente.
-Shh…- la calló su prima mirando hacia la oficina por dónde se había ido la enfermera. -Ten cuidado que tal vez puede oírnos desde aquí.
Siempre tan precavida, Rose, pensó Lily. -Iré contigo en un segundo, llevaré las pociones primero-, dijo a Rose mientras se alejaba caminando lentamente y un poco adolorida, ya que el esfuerzo que tenía que hacer al sostener la bandeja le estaba causando molestias en la parte del torso lastimada. Pero, aún así, prefirió no pedir ayuda a su prima, ya que estando sola podía aprovechar y encontrar el cubículo dónde indudablemente estaría Malfoy (porque después de chocar contra las tribunas, seguramente debía haber necesitado atención médica). Así que, con paso lento, e intentando que las pociones no resbalaran y cayeran todas en medio del pasillo de la enfermería, ingresó al cubículo que le había indicado Madam Pomfrey. Cuando, de un momento a otro, se detuvo en seco, sin poder creer lo que veía.
-¿Qué haces tú aquí?-, Malfoy la estaba mirando con cara de pocos amigos o, más bien dicho, con cara de absoluta enemistad. Lily se sorprendió de tenerlo tan cerca, y en una situación un tanto vergonzosa (porque, sí, a Lily le resultaba vergonzoso el verlo recostado en una cama), y su cara adquirió un color rojo abrasador de un momento a otro. El rostro del Slytherin estaba manchado de tierra y pasto, al igual que su uniforme, y parecía que se estaba sosteniendo el brazo derecho con la otra mano, bajo la manga de la túnica. También tenía raspones y lastimaduras en su frente, mejillas y cuello, y Lily no pudo evitar sentir culpa y remordimiento por lo que había hecho. Malfoy parecía bastante adolorido, y tuvo que reprimirse para no ir caminando hacia él, y preguntarle si se encontraba bien, o si necesitaba ayuda, porque era obvio para ella, que no quería tenerla a su lado, bajo ninguna circunstancia.
-Yo…- las palabras parecían haberse extinguido de su cerebro. La bandeja le estaba causando cada vez más dolor, y Lily se sentía completamente observada por Malfoy, por lo que se había paralizado sin saber si salir corriendo de allí, o colocar la bandeja e irse como si nada, o hacer algo, algo, para que dejara de mirarla como si fuese la culpable de todo aquello. En realidad, lo era. Por supuesto que lo era. Pero Scorpius no lo sabía. Así que no entendía por qué la estaba mirando como si fuera a enviarle un hechizo de un instante al otro.
-Tú-, volvió a decir Malfoy aún más severamente. Su mirada se había oscurecido, notó Lily, como cuando había peleado aquella vez con James en el hall de entrada. ¿La odiaría por ser de Gryffindor? ¿Me odiará porque Gryffindor venció a Slytherin en su primer partido como buscador?, pensó Lily aún estática, frente a él. -¿Qué haces aquí?- repitió con desdén y, girando su rostro hacia otro punto, evitando sus ojos, exclamó: -VETE.
-Madam Pomfrey me envió-, le respondió con un tono bastante seguro.
De un momento a otro, se dijo a sí misma que no aguantaría las tonterías de Malfoy, aunque éste la hiciera sentir un poco seducida y tonta frente a sus ojos, no lo haría. No dejaría que él se creyera superior, o que la tratase de la forma en que lo estaba haciendo sin fundamento alguno. Ya había demostrado en aquel partido que podía superar las expectativas y pensamientos que todos tenían acerca de ella, y Malfoy no sería la excepción. Si bien, él la intimidaba, Lily podía dejar sus sentimientos de lado, y enfrentarlo. Quería lograr que dejara de mirarla simplemente bajo el concepto que usaban todos, ese de ser "la hija de Harry Potter" o ser "la hermana de James". Ella no quería esos títulos. No los quería. Si Malfoy iba a encontrar algún motivo para odiarla, o repudiarla, o no querer dirigirle palabra alguna, que fuera por razones propias, y no por ideas ajenas, porque aquello nunca resultaba en nada bueno.
Así que, decidida a comenzar de nuevo la charla, o lo que fuera que aquello había sido, colocó con lentitud la bandeja sobre una mesa que estaba junto a la cama. El movimiento, rápidamente, le provocó una oleada de calor en su costado izquierdo, y pensó que tal vez había tenido el brazo mucho tiempo tensionado y en la misma posición. Respiró profundamente, dando la espalda a Malfoy, quien al escuchar su quejido la miró con intriga. Sin decir nada, y ocultando el gesto de dolor de su rostro, pasó su mano derecha por el sitio donde sentía la puntada, intentando que se detuviera. Volvió a respirar, y se giró para mirar a Malfoy, quien tenía las cejas levantadas, mirándola con indiferencia.
-¿Eso es todo?- le dijo Scorpius con voz grave y apenas audible, parecía que también le estaba costando un poco hablar. Y, claro que sería así, si a Lily el impacto de aquella bludger le estaba provocando tantos problemas, no se quería ni imaginar cómo se sentiría Malfoy en aquel momento.
-No-, respondió Lily secamente. Lo observó, y recordó aquel día, cuando lo vio por primera vez, en la estación de King's Cross. Aquella vez que sus ojos estaban perlados, y no la miraron con odio. -Quería saber si te encuentras bien-, le dijo simple y llanamente, con sinceridad. En realidad, era lo único que ella había querido averiguar. Así que, no estaría mal si se lo preguntaba directamente, y se iba. Y tampoco importaba lo que pensara Malfoy del porqué de su pregunta.
Scorpius pareció un poco sorprendido con el cuestionamiento de Lily. La miró de arriba hacia abajo, como ya lo había hecho en el local de artículos para Quidditch, y en el vagón de los baños del Expreso de Hogwarts. La estaba analizando, Lily lo sabía. Y, unos segundos después, volvió a mirarla duramente, directo a los ojos. -¿Acaso te interesa?
Lily se encogió de hombros y se acercó a la ventana, mirando el campo de Quidditch. Malfoy parecía inquieto y un poco dudoso, seguramente no entendí por qué ella estaba aún ahí, hablando con él, en la enfermería, haciendo caso omiso a su forma desdeñosa de pedirle (o, más bien, ordenarle) que se largara de allí. Si debía ser sincera con ella misma, y con aquella situación, Lily tampoco entendía por qué no se iba de allí, ya que debía ver cómo se encontraban Matt y Albus. Sus piernas no querían moverse, y pensó que seguramente no faltaba poco para que Malfoy pensara que estaba loca por lo que hacía: ella, Lily Luna Potter, estaba intentando entablar una charla con Scorpius Malfoy.
-Te he visto volar-, le dijo como si él estuviese deseoso de escucharla. Su voz sonaba suave, en realidad no quería hablarle de mala manera a Malfoy, porque no tenía ningún motivo para hacerlo, -en el partido-. Aclaró, y girándose para verlo, o para ver si seguía allí (porque el Slytherin no había emitido sonido alguno), agregó: -Lo haces bien-. Malfoy la estaba observando con una mirada inquisitiva, y parecía aún no iba a decir nada. -Sólo deberías cambiar un poco algunas posturas, y practicar la frenada en seco. Por ejemplo, cuando caes en picada, no tienes que abrir los codos. Si los pegas al pecho es mejor, te da más velocidad. Y más aún si mantienes tu torso pegado al palo de la escoba…
-¿Y tú sabes mucho de esto porque eres la hija de Harry Potter?-, le cuestionó Malfoy, cortando su monólogo, con su voz siseante. -¿Te crees mejor que cualquiera sólo porque él es tu padre?
A Lily le dolieron sus palabras. O, más bien, su reproche. Porque sabía que eso era, Malfoy le estaba reprochando el que fuera hija del "niño que sobrevivió", como si ella hubiese elegido serlo. Como si ella anduviera por la vida exclamando con autoridad y orgullo su apellido y su ascendencia. Como hacia James, claro. Lo miró intentando demostrarle, en silencio, lo confundido que estaba. -No-, dijo con voz firme y dura, sin un ápice de sentimientos. Quería reprimirlos. Quería no sentir que Malfoy le atravesaba el alma cada vez que la mirada con aquellos ojos perlados. Quería preguntarle cuál era su maldito problema con ella. Y por qué la metía en la misma bolsa que James. -Sólo lo sé porque mi madre fue buscadora profesional, y he ido varias veces a sus entrenamientos, de pequeña.
Malfoy pareció meditar sus palabras, pero Lily sabía que, aún así, no estaría dispuesto a cambiar de parecer de un día para otro, con respecto a ella. -No me importa. Sólo quiero saber por qué estás aquí hablando conmigo. O, más bien, podrías largarte, y listo.
No sé, se respondió a sí misma Lily. O tal vez, sí lo sé, pero no quiero admitirlo. No quería, no podía. No quería decirle que desde que lo había visto por primera vez, para ella era como una nueva aventura. Adentrarse en sus ojos era lo más maravilloso que había experimentado, y no entendía la razón. Y tampoco podía decirle que no lo juzgaba, que no pensaba como los demás. Que no le parecía malo su apellido. No, en absoluto. No portaba estúpidos prejuicios en su contra. Y, a pesar de todo, entendía su altivez, su recelo, su mirada cargada de superioridad. Siempre estando a la defensiva, eso pensaba ella de Malfoy. Y lo comprendía.
-No he venido para hablar, sólo fue un comentario al pasar- dijo, mientras caminaba hacia la entrada del cubículo. Levantó unas de las cortinas con el brazo derecho (porque si lo hacía con el izquierdo sentiría nuevamente una punzada de dolor) y, girándose para verlo, le sonrió como pocas veces hacía, con esa sonrisa tan suya, marca Lily Evans. Porque, aunque Malfoy pretendía ser un gruñón cada segundo, minuto y hora de su vida, ella no tenía por qué serlo. -Tenlo en cuenta-, concluyó. Y, sin decir nada más, se retiró. Dejando a un Malfoy, distante y un poco desorientado, con la mirada perdida en algún pensamiento que ella no podría conocer.
Las semanas luego del inicio de la temporada de Quidditch habían pasado lentamente, muy lentamente, para Lily. Por suerte la fecha del partido que tanto temores, preocupaciones, disgustos y problemas le había causado, quedaba atrás en la historia, y en la mente tanto de los de Gryffindor, como en la de los Slytherin. Y, por suerte para Lily, James ya había estado de regreso en el siguiente partido (Hufflepuff contra Gryffindor) que se había jugado hacía tan sólo una semana, del cual salieron también victoriosos, con una fantástica atrapada por parte de James (aunque Lily pensaba que la suya había sido mil veces mejor y más increíble, algo que Rose, Albus y Eva sostenían también).
Matt, luego de la supuesta gran actuación que había brindado para los leones, comenzó a tener mucho protagonismo en Hogwarts, especialmente dentro del alumnado femenino. Es más, ahora salía con cuanta chica se le cruzara en el camino, y disfrutaba cada segundo de su fama. Parecía que, de un momento a otro, había adquirido un gen veela, como sucedía con Louis, porque casi se encontraban a la par de sus conquistas. Todos los fines de semana, se lo veía con una chica distinta, caminando por los terrenos del colegio, almorzando en el Gran Comedor, hablando por los pasillos, entre otras cosas. Sea como sea, ser reconocido le sentaba bastante bien, y no pensaba desaprovecharlo. Hasta había asistido al Baile de Navidad (el que James se había perdido de ir con Bridget, como había pronosticado Albus, por el castigo tan reconocido que le había impuesto McGonagall) con una chica de sexto año de Ravenclaw, muy hermosa, con cabellos rubios y brillantes, y ojos del color del mar, relucientes. Había sido la envidia de James, Fred, Albus, y hasta de Louis (aunque éste le había confesado en forma de broma a Lily que no tardaría en intentar conquistarla, y ella sabía que aquella afirmación tenía sólo la mitad de chiste).
Aquel martes al mediodía, Lily se encontraba almorzando en la mesa de Gryffindor del Gran Comedor, junto con Eva y Rose, ya que los demás se habían retrasado. Ya había comenzado el invierno, y los fríos polares se extendían hasta más allá de las paredes del colegio. La nieve había inundado los terrenos, los árboles, las flores, el césped, y todo lo que estuviera a su paso, pero a Lily, aún así, le parecía un paisaje encantador, digno de visitar luego del almuerzo, antes de cualquier clase, para despejar su mente. Así que, prácticamente se estaba atragantando con la comida, ya que quedaba poco tiempo para que sonara la campana indicando el comienzo de la siguiente clase.
-Lily, ¿se puede saber qué estás haciendo?- le cuestionó Rose observándola con intriga. Como ya todos sabían, a su prima siempre se le ocurría alguna idea bastante rara y exageradamente loca. Estaba siempre más apurada que el resto, andando a paso apresurado, o más lenta que una tortuga, demasiado pacífica y tranquila. Nunca un punto medio.
La aludida la observó mientras se llevaba a la boca un tenedor con un pedazo de torta de calabaza considerablemente grande, teniendo en cuenta que aún estaba masticando la porción anterior. Sorbió un poco de jugo de frutas para no atragantarse, como le sucedía habitualmente cuando estaba en ese estado de aceleración, y respondió: -Estoy comiendo, ¿qué otra cosa parece?
-¿Y por qué pareces un mono comiendo?-, le devolvió Eva con una risita de burla, aunque Lily sabía que no lo había dicho con maldad.
-Porque quiero ir al lago a descansar un poco, antes de la clase de vuelo-, habló con la boca casi por completo llena, gesticulando con dificultad.
-Si sigues comiendo a esa velocidad, terminarás en la enfermería- acotó Rose severamente. Pero Lily solo hizo un gesto de indiferencia con la mano y siguió tragando la tarta de calabaza tan rápido como podía. En realidad, Rose era siempre una exagerada, así que ya había decidido no prestarle mucha atención.
-¿Por qué no nos han esperado para venir a almorzar?-, inquirió Albus, quien recién llegaba al Gran Comedor, junto con James, Fred, Matt y una de las nuevas conquistas del último, que supuestamente se llamaba Aireen, de quinto año de Hufflepuff. Tenía el cabello lacio, brillante y negro, la nariz muy pequeña, y los ojos demasiado grandes, pero igualmente era bastante bonita, como todas las últimas conquistas que había logrado Matt. -Estuvimos en el cuadro de la Dama Gorda unos diez minutos.
-Queríamos estar entre familia y amigos, eso es todo- dijo Rose, remarcando cada palabra. Lily, al darse cuenta del tono agrio que su prima había usado para hablar, la miró con las cejas enarcadas, y un indicio de interés en el rostro. Rose la observó momentáneamente, pero le hizo caso omiso a su cuestionamiento y, sostuvo su mirada altiva frente a los recién llegados.
-¿Acaso no somos tu familia, Rosita?- le preguntó Fred, burlándose de su nombre, como siempre hacía Matt. Lily, Eva y Rose, se giraron al oír aquel comentario, taladrándolo con la mirada.
-Ya te he aclaro a ti, y a aquella cosa que tienes por amigo- dijo Rose mientras se ponía de pie, enfadada y un poco ruborizada por como la habían llamado, -que ese no es mi nombre. Podrían inventar algo más original para burlarse de los demás, ¿no creen?-. Rose tomó su bolso, tan repleto de útiles y libros que parecía que iba a explotar, como siempre. -Y, no, lamentablemente todos aquí no somos familia, y menos amigos-, concluyó, para luego irse con paso firme y decidido, seguramente a la Sala Común o a la biblioteca a repasar los temas que vería en el día, antes de sus respectivas clases.
-¿Qué le sucede?-, preguntó Matt mientras la observaba partir, con el ceño fruncido. Rose, siempre había sido una chica un poco rara, demasiado estudiosa y estricta, y bastante aburrida, como todos decían, pero ahora parecía haber traspaso el límite y realmente se asemejaba a un ogro a punto de comer a su presa. Nunca la había visto tan enfada, sólo aquella vez que James había hecho un encantamiento a su pelo para cortárselo completamente cortito, como si fuera un hombre, ya que según ellos así se vería más linda. Y ni siquiera en ese momento su enfado duró tantos días, ya que ella contrarrestó el hechizo en unos minutos, como siempre, arruinando su broma.
-Lo que sucede es que son un poco estúpidos con ella, ¿no creen?- argumentó Lily también disgustada por cómo trataban a su prima. Si bien Rose era mandona, e increíblemente adicta a los libros y al estudio, ella no veía nada de malo en eso. Es más, Rose también era bromista y alegre, si se la llegaba a conocer bien y a fondo, se reía y era simpática con sus amigos, le gustaba el aire libre, y jugar al ajedrez o a los naipes explosivos. Para Lily Rose siempre sería aquella hermana que nunca tuvo, y no dejaría que nadie la lastimara o la minimizara. Porque la amaba tal cual era, y cabía aclarar que, para Lily, Rose era una de las mejores personas que conocía, y eso que la lista era demasiado corta.
-Sólo es un chiste…- acotó James, sentándose frente a su hermana. -¿No es capaz de reírse de algo esa chica?
-¡Por supuesto que es capaz, James!- exclamó Lily, elevando el tono de su voz, con un gesto de desconcierto. ¿Podía ser tan estúpido a veces? Con razón tenía varios enemigos en el colegio, ahora los entendía (porque sí, además de admiradores y amigos, James poseía una larga lista de personas que no lo toleraban en lo más mínimo, y no solo eran pertenecientes a la casa de las serpientes). -Sólo ustedes no lo notan, pero no creo que sea muy divertido que los demás se diviertan haciendo chistes de mal gusto sobre uno-. Concluyó Lily, sermoneándolos por lo que acababa de suceder. Se levantó también de la mesa y buscó su bolso, mientras los demás comenzaban a almorzar en completo silencio, seguramente insultándola dentro de sus cerebros. En realidad, lo que dijeran de ella no le importaba, no dejaría de defender a su prima por nada del mundo. Miro a Eva, quien también parecía haberse puesto de malhumor, aunque no había emitido ninguna palabra desde que ellos habían llegado, y le dijo: -¿Nos vamos? Quisiera ir al lago un rato antes de la clase de vuelo-. Eva solo asintió con un movimiento afirmativo de la cabeza y se dirigieron juntas hacia la salida del gran comedor.
Se encaminaron hacia los terrenos cerca del lago, el cual se hallaba casi congelado por completo. El sol apenas se asomaba entre las nubes, pero igual el frío no era tan helado como otras veces. Los árboles estaban cubiertos en sus ramas de copos de nieve acumulados. La vista era maravillosa. A lo lejos se podía divisar el campo de Quidditch, la cabaña de Hagrid (con su enorme techo de blanco, que contrastaba con la madera oscura de las paredes externas), y la entrada al bosque prohibido, que también poseía una extensa fachada combinada con verde, marrón y manchas de nieve esparcidas por aquí y por allá.
Se sentaron ambas sobre una roca bastante grande, a la orilla del lago, observando el sitio donde dentro de unos minutos sería la clase de vuelo. Hablaron de cosas sin sentido, de cómo Matt estaba aprovechando toda la popularidad que Lily había logrado, de qué pasaría si los de Slytherin se enterasen de lo que realmente había pasado, de cómo habían cambiado tanto las cosas en muy poco tiempo, y de las bromas insufribles de James, Fred y Matt hacia Rose. En un momento de silencio, Lily observó el perfil de Eva. Era bonita. En realidad, más que bonita. Su rostro era delicado y simple, así como su personalidad. Cuando la había visto por primera vez (aquel día en el cuarto de las chicas de primero, luego de la Cena de Selección), jamás hubiera considerado que ella terminaría siendo una de las personas que más apreciaría en esta nueva etapa. Pero, se dio cuenta que, más allá de lo callada o tímida que pudiera ser, Eva tenía la palabra justa, la mirada acertante, y el apoyo ilimitado, en el momento en el que uno más lo necesitaba.
-¿Vamos a clase?- había dicho su amiga, sacándola de sus pensamientos, en el momento en que sonó la campana.
-¡Claro!-, respondió Lily dando un saltito, como hacia siempre que algo la impacientaba o emocionaba. Le sonrió a su amiga de oreja a oreja, feliz de tener clase de vuelo. Era, sinceramente, lo que más apreciaba de ese año en Hogwarts, poder volar en dos horas seguidas de clase. -¡No hay nada mejor como el frío del invierno impactando en la cara!- gritó llenando sus pulmones de ese aroma puro, que se desprendía de todo lo que la rodeaba. Se pusieron de pie y emprendieron la marcha hacia la otra orilla del lago, donde se tomaban las clases de vuelo, divirtiéndose con las ocurrencias de Lily sobre distintas formas que podrían probar aquel día sobre la escoba, cuando Eva se detuvo en seco, antes de llegar donde todos estaban reunidos. Lily se giró para observarla, y su amiga le señaló con un movimiento de la cabeza que mirara más allá. Lo hizo, buscando con los ojos lo que había visto Eva. Y lo encontró.
Scorpius.
El rostro de Lily inmediatamente adquirió ese acostumbrado color rojo fuego, al encontrarse con la mirada de él. Porque sí, la estaba observando, descaradamente. A ella, sólo a ella. Parecía que su mirada quisiera competir con el hielo mismo del lago en aquel momento, porque irradiaba una frialdad y superioridad impasibles, que le provocaron un escalofrío que recorrió toda su columna vertebral, de arriba hacia abajo. ¿Qué querrá?, pensó Lily. Estaba allí sentado, solo, cerca de donde los estudiantes de primero de Gryffindor y Ravenclaw se acercaban para comenzar a despegar por órdenes de la profesora Hooch. ¿Sería que Malfoy querría vengarse de ella por haberle dado consejos sobre cómo volar correctamente? Si era así, Lily jamás habría imaginado que él podría ser tan estúpido, y aún más que James.
Mirando con intriga a Eva, quien le devolvió el gesto, continuaron su camino con un poco de pudor. Malfoy podía ser indiferente para el resto, podía parecer que estaba allí porque sí, pero Lily sabía que no le estaba sacando los ojos de encima. Estaba taladrándola con la mirada. Eso, exactamente, era lo que sucedía en ese momento. Lily no sabía si girarse y retarlo a que siguiera haciendo lo que sea que estaba intentando hacer, o dejar que siguiera su inspección como si nada. No se decidía. No, cuando sabía que se encontraba en desventaja. Por ser él. Maldito Malfoy. Que podía dejarla sin habla en un segundo, cuando la analizaba con esos ojos, grises, perlados, tan malditos como él.
Podría salir perdiendo, pensó Lily. Porque, aunque él no supiera de los efectos que tenía en ella, sabía que podía intimidarla, porque ya varias veces lo había hecho, y Lily no pensaba que él fuera tan tonto como para pasarlo por alto. Aunque, realmente no sabía que podría pasar por la mente de Malfoy cada vez que ella se quedaba sin habla, o repentinamente se presentaba, o lo miraba con detenimiento, o de pronto le hablaba y le daba consejos sobre posturas de vuelo. La verdad, si tenía que admitirlo, sabía que seguramente Scorpius estaría desconcertado. Pero, qué tenía que ver eso con la forma en que parecía prácticamente querer absorberla por los ojos en ese instante, no tenía ni la más mínima idea.
Se montó a su escoba, a la misma vez que Eva. La consigna era volar en parejas, porque la profesora Hooch había explicado que, muchas veces, los magos y hechiceras se encuentran en apuros y deben volar dos personas sobre la misma escoba. Y era algo sumamente difícil de lograr, ya que uno podía perder el control del palo de la escoba, y hacer caer a otro a cientos de metros de distancia del suelo, y a una velocidad increíble. Así que, las dos se montaron en la misma escoba, con Lily en la dirección.
-¡¿Lista para volar como Merlín manda?!-, le dijo Lily soltando una carcajada. Eva era novata en todo esto de volar y estar a varios metros del suelo, conduciendo. Así que, eran pocas las veces que realmente podía disfrutar de la clase.
-Lily, por favor, no muy rápido-, le suplicó Eva en un susurro tembloroso. Si bien, le fascinaba la idea de volar, y de poder hacerlo tan fácilmente, aún no estaba muy acostumbrada que digamos, y tampoco tenía una técnica muy precisa.
-No te preocupes, no te vas a caer conmigo-, le aseguró, confiada. Aunque, en realidad, era cierto. No se caería con ella. Lily era mejor en la escoba que James, todos lo sabían. Y hasta sus tíos decían que se asemejaba a su padre el primer día que atrapó la Snitch (dado la casualidad, que también fue en un partido de Quidditch contra Slytherin)
Mientras volaban en línea recta, en círculos, en picada, en subida, a distintos ritmos y esquivando objetos, Malfoy seguía allí, sentando sobre uno de los bancos que había en los patios externos, observando cada uno de los movimientos de Lily. Si bien, cada vez que pasaba alguien disimulaba, no cabía duda de que estaba ahí por ella. -¿Qué crees que quiera?-, le preguntó Lily finalmente a Eva, ya que no podía más aguantar los pensamientos que la carcomían por dentro. Así que, era mejor, escuchar lo que opinaba alguien más.
-A mí me parece que está meditando algo-, le respondió sinceramente Eva, evitando mirar hacia abajo. Primero, porque Lily no había hecho caso a su petición y la estaba llevando tan rápido que llegaba a ver todo borroso a sus costados. Y, segundo, porque Malfoy la estaba intimidando bastante.
-¿Y tiene que venir a mirarme como si fuera un halcón y yo su presa, para meditar?- cuestionó rápidamente Lily, con algo de recelo en su voz. Si bien, Malfoy le despertaba sentimientos confusos, no estaba muy gustosa de que se sentara allí y la analizara como si fuera un escreguto de cola explosiva en una feria hecha por Hagrid.
-No, Lily, ¡no seas tonta!- la reprendió su amiga, con un gesto de suficiencia, que rara vez se le veía en el rostro. Pero Lily, ya había notado, que lo usaba para aquellas veces que estaba absolutamente segura de que diría algo que tenía que ser así, y no cabía duda de eso. -Está meditando algo con respecto a ti, es obvio.
Al escuchar esas palabras, prácticamente Lily había perdido el control y casi se cae de la escoba, junto con Eva. La profesora Hooch la reprimió por su descuido, y ella argumento que algo la había desconcentrado. Un ave, tal vez. Pero, ciertamente, su mente divagaba por otras cuestiones. No había querido seguir indagando sobre lo que Eva pensaba de Malfoy, porque tenía miedo de escuchar más. ¿Qué podría estar él meditando acerca de mí?, se dijo a sí misma. Tal vez, había descubierto que admiraba sus ojos, y que, cada vez que lo veía, sentía la necesidad de comprenderlo y saber más de él, y no de juzgarlo como hacían todos. Aunque, era un tanto exagerado, no perdía las esperanzas. O, tal vez, quería ir a verla sobre una escoba, ya que ella le había dado algunos consejos, ¿no?
A quién pretendo engañar, pensó Lily aquella noche antes de dormir, en su cama, bajo la colcha calentita de color escarlata. Todo lo que sucedía con Malfoy la dejaba sin argumentos, sin defensas, y sin razones. Nada, ni un solo ápice de seguridad. Todo con él resultaba inentendible, y terminaba en pensamientos incoherentes, que no tenían sentido alguno. Era raro, no podía negarlo. Era demasiado raro.
