Al final el malentendido de la burbuja se arregló y Meenah, Dave, Kanaya y Karkat dejaron de luchar, gracias a la intervención de Meenah. Después de que todos se calmaran y tras que desaparecieran los no pertenecientes al asteroide, Aranea les relató brevemente (el brevemente fue según Aranea) la historia de quienes eran ellos. Aranea era la sangre azul, y la sangre real con la que habían estado todos peleándose se llamaba Meenah.

Eran los miembros de una sesión anterior a la de Karkat y su grupo. Eran los miembros de la sesión que creó la sesión de Karkat y su grupo, produciendo un scratch y reseteando la sesión con circunstancias distintas a las originales para incrementar las posibilidades de éxito en la sesión. Por ejemplo, antes del reseteo, Alternia se llamaba Beforus y era un planeta pacífico donde vivir, por lo que sus usuarios estaban menos entrenados en la lucha y la supervivencia.

Los usuarios de esa sesión habían muerto todos a causa de un magnífico (magnífico según Meenah) plan de Meenah para hacerles sobrevivir al scratch, consistente en morir todos a causa de la explosión de el tumor.

Su sesión había durado, a diferencia de las otras dos sesiones conocidas, tres años, y no había sido completada. Cuando sus participantes comenzaron, además, eran unos cuantos ciclos mayores… Por lo que actualmente tenían unos 19 años terrestres.

Poco a poco, mientras escuchaba toda esta historia, las piezas comenzaron a encajar en la mente de Karkat. Los humanos habían reseteado la sesión y los bebés (como se llamaban los humanos jóvenes) que no habían participado en la sesión original, participaban ahora en esta nueva sesión, según le había contado Rose. Por lo tanto, si él había creado 24 gusanos, y 12 habían participado en la suya… Meenah, Aranea, y los demás tarados debían de ser los otros doce gusanos.

Luego Aranea les había explicado la segunda parte de la historia. Una parte que se desarrollaba en su planeta, Alternia. La historia de Aranea, Meenah y los demás en Alternia. La historia de los ancestros.

Karkat llevaba años resistiéndose a creer en que los ancestros existieran realmente. Era una idea estúpida, y creada por los sangre alta para reprimir a los sangre baja de cualquier tipo de rebelión, dándoles ejemplos de dos fallidas: la de el Sufridor y la de el Invocador.

Porque, realmente, ¿quién se iba a creer esas historias? ¿Trolls con alas? ¿Rebeliones creadas por trolls con sangre mutante? ¿Batallas de piratas? ¿Flotas siendo destruidas por un dragón escupefuego?

Sólo Vriska creía firmemente en todas esas historias. Realmente había otros, como Eridan y Terezi, que pensaban que había parte cierta, pero desde luego no que fueran enteramente ciertas, ni siquiera en su mayoría. Pero Aranea, la cual desde luego parecía estar completamente convencida de estar diciendo la verdad, y daba unas pruebas de aspecto totalmente verídico, estaba ahí diciéndoles lo contrario. Todo lo que decían esas historias era cierto.

Lo que era aún peor, según esas historias, Karkat era un troll largamente anunciado por El Sufridor, y El Sufridor era supuestamente algo así como su padre. El Sufridor se había encargado de crear a Crabdad para que pudiera cuidarle, y le había preparado todo para que no muriera a pesar de su carga genética. Realmente Karkat le debía la vida, por más que pensara y haber pensado siempre que era un idiota que debía de haber sabido que no tenía ninguna oportunidad de cambiar a la raza y que su muerte estaba cantada desde el principio. Karkat estaba en deuda con él. Y seguía siendo su padre de alguna enrevesada forma.

Los trolls no estaban hechos para conocer a sus padres. Karkat no creía que fuera algo necesario hacerlo, y tampoco algo positivo. Era un coñazo y no quería hacerlo. No creía que su mente estuviera hecha para tener una imagen paternal ni nada por el estilo.

Sabía que no era la misma persona la que se encontraba por allí, en las burbujas, pero de todas formas, tenía la misma genética y era en teoría idéntico en lo que a aspecto se refiere. Aunque estaba seguro de que sería igual de imbécil. Y ahora se vería obligado a buscarle y decirle algo, porque su estúpida mente se creía que estaba en deuda con él o algo así. Menuda puta gilipollez y pérdida de tiempo.

Cuando Aranea acabó la historia, que Karkat había interrumpido por lo menos veiniticuatro veces y no había escuchado en gran parte, porque había partes que no le interesaban en lo más mínimo, Meenah se acercó a él y empezaron a hablar.

Le sorprendió comprobar que le había caído bien a Meenah. En parte porque no era la clase de tío que le cayera bien a la gente, por lo menos a primera vista. Y lo segundo porque Meenah era en teoría la Condesa. La persona que tenía la mayor culpa de que su infancia y pre adolescencia hubieran sido un infierno insufrible.

Y le sorprendió aún más comprobar que a él le caía bien Meenah. No parecía tener ganas de hacer caso a nada ni a nadie, y posiblemente si Aranea no le hubiera parado (se enteró de que eran Moirails) les hubiera podido llegar a atravesar a todos con ese tridente. Y no sabía qué habría pasado, pero no le apetecía que le atravesaran con un tridente.

Tras la historia, Karkat estaba algo espeso, y sin saber muy bien por qué, y en parte sin darse cuenta de qué estaba hablando, le contó todas sus inquietudes sobre su ancestro a Meenah. Ella le miró algo extrañada y le dijo:

- Vantas en un gilipollas y es jodidamente aburrido. No creo que te caiga bien. No creo que a nadie le pueda caer realmente bien. ¿Vas a buscarle, verdad?

- Si, supongo – respondió Karkat – no creo que tenga otra opción. Soy la clase de persona que es tan gilipollas que no se quedará tranquila hasta que lo haya hecho – dijo con fastidio visible en su tono de voz.

- Yo tengo que buscarle también, así que… Supongo que nos veremos pronto. Si quieres después de que hables con él podemos hablar de lo imbécil que es un rato.

La piernas de Karkat empezaron a desaparecer. Meenah se dio la vuelta y se alejó. Antes de que se fuera por completo, Meenah se giró y le dijo:

- Y no creo que seas tan gilipollas.

Y se fue.