CAPÍTULO 10

Kara contempló a Lena durante unos instantes, en los cuales, la joven CEO fue incapaz de parpadear. Nunca la había visto con aquella actitud ni aquella mirada. De pronto, Kara se aproximó a ella y cerró los ojos, Lena los mantenía abiertos, paralizada por el arrebato de la kriptoniana. Lo primero que sintió fue el calor procedente de su cuerpo, después, cómo el brazo de Kara la apretaba un poco para acortar la distancia. Finalmente, sintió unos labios suaves y cálidos rozando los suyos, y sus ojos verdes también se cerraron.

¿Y si las palabras de Kara eran ciertas y las cosas nunca mejoraban?, ¿y si el extrapolador roto era una señal?... ¿Y si el universo le había quitado una Kara pero le había llevado otra? Se habían conocido de la manera más fortuita, pero ¿podían estar destinadas a estar juntas?

Kara la besaba con intensidad, aferrándose a ella como si fuese lo único que pudiera salvarla de la oscuridad que se cernía sobre su ánimo. Lena le devolvía los besos, y sus manos habían dejado de estar vacías, apoyándose en los fuertes hombros de Kara. La kriptoniana tiró un poco más de la cintura de Lena, y con su fuerza, llegó a levantarla ligeramente en el aire, haciéndola tumbarse sobre el sofá, y se echó sobre ella. Sus manos se deslizaron sobre los brazos de Lena hasta que inmovilizaron sus muñecas, con cuidado para no hacerle daño. Podía sentirla en todo su cuerpo, desde sus piernas entrelazadas, hasta sus pechos, pasando por sus caderas unidas. Kara se inclinó sobre Lena, buscando su boca otra vez, y la encontró. Volvieron a besarse. Liberó sus muñecas, y apoyó una mano en el sofá para poder acariciar el rostro de Lena con la otra.

Pero entonces, el recuerdo de otro beso, el que su Kara le dio, hacía más de un año, para confesarle que sentía lo mismo que ella, cruzó la mente de la joven Luthor. Sus labios dejaron de responder a la kriptoniana.

—Kara, no… —susurró contra su boca mientras apoyaba las manos en su pecho, sabiendo que no podría moverla un solo milímetro, pero tratando de hacerle ver que aquello no podía ser.

Kara se incorporó un poco, apoyando ambas manos a los lados de la cabeza de Lena. La miró, respiraba con dificultad, igual que ella, tenía las mejillas sonrojadas, estaba increíblemente hermosa… e inmovilizada bajo el peso y la fuerza sobrehumana de su cuerpo, a su merced, rogándole con la mirada que se apartase de ella. La culpa la sobrecogió. Kara brincó hacia atrás, liberando a Lena, y se levantó del sofá, temblando y con los ojos vidriosos.

—Oh Rao, ¿qué he hecho? —exclamó.

—Kara… —replicó Lena irguiéndose en el sofá.

—Perdóname, por favor —rogó Kara—. No sé lo que me ha pasado.

—Kara, tranquila… —dijo Lena con voz suave.

—¡Te he faltado al respeto! Tú tienes muchos más motivos que yo para cruzar la línea en tantas ocasiones que ha habido, y siempre te has contenido, ¿pero qué hago yo? ¡En el primer momento de debilidad me aprovecho de ti, soy una impresentable!

—¡Kara, basta! —exclamó Lena para interrumpir el aturullado discurso de la kriptoniana— No te has aprovechado de mí… yo dejé que me besaras, ha sido cosa de las dos.

—Pero… yo lo provoqué… y tú… has tenido que pararme… —insistía Kara con un hilo de voz, negándose a mirarla.

Lena se acercó a ella con intención de tranquilizarla, pero cuando Kara sintió que Lena iba a tocarla, se echó hacia atrás con un gesto de rechazo.

—No… —dijo, girando sobre sus talones y dirigiéndose a la puerta del salón.

—Kara, espera…

No le hizo caso, y la dejó allí sola y desconcertada por lo que acababa de pasar. Sin embargo, no quería darle más vueltas a los besos que acababan de compartir, lo más importante era reparar el extrapolador y que Kara pudiera regresar a su mundo, y haría todo lo que estuviese en su mano para conseguirlo.

Kara estaba rota. Minutos antes descansaba sobre Lena, besándola con deseo, pero la realidad era que se sentía derrotada y sin salida. Para colmo de males, haber cruzado la línea con ella de esa manera, la hacía sentirse terriblemente culpable. Por primera vez desde que había llegado a Tierra 40, Kara se durmió entre lágrimas, cuando el cansancio la venció.


El sábado por la mañana, Lena se levantó antes que de costumbre, pero Kara ya no estaba en el apartamento. Pensó que tal vez alguien había requerido la ayuda de Supergirl, pero no era así. Kara no quería verla porque no sabía bien cómo mirarla después de lo sucedido, sentía vergüenza por su comportamiento.

—¿Estás bien, Kara? —preguntó Alex de pronto. La kriptoniana la miró y forzó una sonrisa.

—Claro, ¿por qué no iba a estarlo? —mintió.

—Porque estás demasiado callada para ser tú —afirmó Alex—, ¿es porque el extrapolador sigue sin funcionar?

—Sí, es por eso —aseguró Kara.

—Winn y Lena se están esforzando mucho, seguro que lograrán arreglarlo.

—Seguro que sí…

—Lena está haciendo todo lo humanamente posible —informó Alex—, incluso ha puesto los recursos de L Corp a disposición de la reparación, a empleados suyos y todo.

Kara estaba callada y con la mirada perdida.

—¡Hola pequeña Danvers! —saludó Maggie al llegar junto a ellas.

—Hola Maggie. —Otra sonrisa forzada. La detective frunció el ceño.

—Alguien no ha dormido muy bien esta noche, ¿eh? —sugirió, al ver la falta de luz en el rotro de Supergirl. Pero Kara no replicó nada.

—¡Hay un incendio en un rascacielos de National City, Supergirl! —exclamó la agente Vasquez.

—Voy para allá. —Alex asintió y Kara salió volando en dirección a la ciudad.

—A Kara le ocurre algo —dijo Alex.

—Que te puedas quedar atrapada en un mundo que no es el tuyo es algo, desde luego.

—No, Maggie, me refiero a algo más… —apuntó Alex—, cuando he nombrado a Lena, se ha callado e incluso ha dejado de mirarme. ¿Y si ha pasado algo entre ellas?

—¿Como qué? —preguntó la detective—, ¿algo que no debe pasar?

—No lo sé, y no quiero preguntarle a Kara, ya has visto cómo está.

Alex llamó a Lena por teléfono, necesitaba saber por qué Kara se comportaba así. Lena no fue del todo sincera. Le contó que habían tenido un pequeño desencuentro debido a lo complicada que era la situación de Kara por no poder regresar a Tierra 38, pero se calló la intimidad que habían compartido, por el bien de las dos. No quería perjudicar a Kara, y sabía que si alguien se enteraba de lo sucedido, la culpa la sobrepasaría. Tampoco quería que Alex pensase mal de ella, a fin de cuentas, seguía siendo la hermana de su novia y podría no entender su momento de debilidad.

Pero las cosas no podían seguir así. Kara había pasado el sábado entero fuera, excusándose con misiones como Supergirl y había acudido a dormir pasadas las tres de la madrugada, pensando que Lena ya estaría acostada. Se equivocó.

—Kara… —sonó su voz en un susurro cuando la kriptoniana cruzó la puerta de vidrio de la terraza principal.

—¿Sigues levantada? —preguntó esquivando su mirada— Yo voy a meterme en la cama, estoy cansada.

—Espera —Lena caminó hasta ella—, tenemos que hablar, no podemos seguir así.

—¿Así cómo? —preguntó fingiendo desconcierto.

—Me estás evitando, y Alex se ha dado cuenta, me ha llamado.

—¿Le has contado a Alex lo que pasó? —exclamó con preocupación.

—Claro que no… —aseguró— Es algo que sólo nos concierne a nosotras —Kara suspiró aliviada. Lena se acercó a ella y le cogió las manos—, por favor, no te castigues por lo que ha pasado. Aunque vengas de Krypton, eres tan humana como yo a la hora de verte superada por las emociones. Estabas mal… Todos cometemos errores —añadió apartando la mirada.

—Besarte no fue un error, deseaba hacerlo… —aseguró con seriedad clavándole sus ojos azules, cosa que alteró un poco a Lena— Cuando te tengo muy cerca, olvido quién eres realmente, y sólo pienso en una cosa… en besarte —reveló.

—Porque te gusta la Lena Luthor de tu mundo —señaló la joven CEO, recomponiéndose como pudo de la confesión de la kriptoniana—, y yo soy su viva imagen.

—Supongo que sí… —pronunció con la mirada triste— Se me nubló el juicio y me comporté mal, gracias por pararme los pies… —Kara dejó de mirarla— Vaya superheroína que soy, incapaz de controlar mis popios impulsos —se lamentó. Entonces sintió un ligero apretón en sus manos y devolvió su atención a Lena.

—Kara, nuestras circunstancias son complicadas, y a veces, la desesperación nos conduce a hacer cosas que luego lamentamos.

«No debería haberte devuelto los besos —se reprendió Lena internamente—, ¿En qué estaba pensando?»

—Todo esto es una maldita pesadilla —balbuceó, dejándose caer sentada sobre su capa en el sofá. Lena se sentó a su lado.

—Me gustaría que hablásemos siempre las cosas, no quiero que haya malentendidos entre nosotras —afirmó Lena.

—Tienes razón —aceptó Kara—, lo siento, me vi superada y no sabía cómo hablar contigo.

—Ya está todo olvidado —mintió. Su mente todavía seguía pensando en los besos de la noche anterior—, y ahora será mejor que nos vayamos a dormir, yo también lo necesito.

—Gracias, Lena —dijo Kara con una sonrisa—, realmente, haces que todo sea fácil. «Demasiado fácil —pensó, perdiéndose en su mirada».

Y en aquel preciso instante, sintió la tentación de volver a besarla. Estaban tan cerca. Sus ojos verdes la tenían cautiva y su boca parecía llamarla. Lena se puso nerviosa, lo sabía porque su corazón comenzó a latir más deprisa. ¿La estaba incomodando o compartía la misma necesidad prohibida? De pronto, una voz conocida resonó en su cabeza, "te echo de menos", y la imagen de Lena Luthor sonriendo ilusionada con el ramo de Plumerias en sus manos se apoderó de todo. Kara sacudió la cabeza y se apartó de la mujer que compartía sofá con ella. Era Lena, pero no era su Lena.

—Buenas noches —dijo mientras se levantaba.

—Buenas noches, Kara.


El lunes a primera hora, Supergirl rescató a varias personas en un derrumbamiento cerca de National City y después regresó al DEO, allí la esperaban Lena y Winn para darle una noticia.

—¡No puedo creerlo, ¿de verdad está arreglado?! —chillaba Kara emocionada.

Winn y Lena asentían sonriendo. Kara se acercó a ella.

—¿Por eso pasaste el domingo fuera de tu apartamento? —preguntó por lo bajo para que sólo ella la escuchase.

—Así es —dijo Lena. No había mentido, pero había otro motivo, así se había mantenido alejada de ella. Lo necesitaba después de lo que pasó la noche del viernes.

—Muchísimas gracias, Lena —La abrazó con entusiasmo. Lena se ruborizó un poco—. No sabes lo importante que es esto para mí.

—Sí, sí lo sé… —musitó mientras Kara miraba el pequeño artefacto entre sus manos— ¿Quieres probarlo ahora?

—¿Puedo? —cuestionó como una niña a punto de abrir su regalo de cumpleaños.

—Claro, de eso se trata, tenemos que saber si funciona.

Kara se comunicó con Cat Grant y le contó que necesitaba viajar a Tierra 38, ahora que habían conseguido que pudiera hacerlo, y no podría ir a CatCo aquel día. Cat la comprendió perfectamente y le aseguró que la cubriría con alguna excusa ante Snapper Carr. Kara le dio las gracias. Después se despidió de todos, y activó el artefacto, generándose el portal que cruzó sin titubear.


TIERRA 38

Lo primero que hizo en cuanto apareció en su mundo fue presentarse en el DEO. Allí fue recibida con sonrisas y abrazos cargados de cariño de todo el personal, en especial de Winn, J'onn y Alex. Un rato después, se retiró al laboratorio de su hermana.

—¡Rao, no sabes las ganas que tenía de abrazarte! —exclamó Kara estrechando a Alex entre sus brazos.

—¡Ay! —se quejó, y la kriptoniana aflojó el abrazo— Menudo entusiasmo.

«Si tú supieras que casi no puedo volver.»

—¿Has vuelto para quedarte? —preguntó Alex esperanzada.

—Me temo que no, sólo por hoy —admitió seria—, todavía me necesitan en Tierra 40.

—Qué desilusión —dijo torciendo los labios—, y no sólo para mí. ¿sabes quién se presentó en mi casa la otra noche preguntando por ti? —Kara frunció el ceño— Sí, la mismísima Lena Luthor.

—Tengo que llamarla, tengo que decirle que estoy aquí, tengo que verla —decía Kara a toda prisa. Alex la miraba conteniendo la risa.

—Kara, respira un poco, ¿qué tal si le mandas un mensaje primero? —sugirió— Si la llamas así de atacada la vas a asustar —se burló.

—Idiota… —musitó.

Hizo caso a Alex, y el mensaje de respuesta de Lena no tardó ni cinco minutos en llegar a su móvil. En él le decía que se alegraba mucho de tenerla de vuelta y que podrían verse por la tarde en el evento que se celebraba en el centro de National City.

El regreso a CatCo no fue tan agradable. Estuvo un rato con James, para preparar las excusas por sus ausencias pasadas y las que vendrían. Pero después, Carr la reprendió seriamente por su falta de profesionalidad, más aún siendo todavía el inicio de su carrera como reportera. Kara tuvo que hacer acopio de toda su templanza para soportar la charla del hombre. Afortunadamente, le encargó cubrir el evento de la tarde, así que tenía la excusa perfecta para asistir y ver a Lena al fin.

Quiso hablar de nuevo con James y se dirigió al despacho principal, pero allí encontró a otra persona.

—¡Señorita Grant, ha vuelto! —exclamó sorprendida.

—Por supuesto —replicó Cat—, está claro que CatCo se hunde sin mí. No sé en qué estaba pensando cuando puse a Olsen en mi lugar, ¿a qué se ha dedicado estas semanas?, porque a dirigir mi revista desde luego que no.

—¿Entonces va a quedarse en National City?

—Claro que sí —aseguró—, ¿Snapper te ha encargado que cubras el evento de hoy?

—Sí.

—Nos veremos allí, asistiré como invitada.

—Estupendo —dijo con una amplia sonrisa.

—¿Qué haces ahí parada, Kara?, ve a trabajar —ordenó—. No creas que porque haya vuelto vas a poder relajarte.

—Jamás pensaría algo así, hasta la tarde, señorita Grant.

Salió del despacho sin dejar de sonreír. La había echado de menos.


Cuando Kara vio a Lena en la distancia, su corazón se aceleró aún más de lo que ya estaba. Llevaba un elegante recogido con algunos mechones de cabello negro graciosamente sueltos, y un vestido verde botella con abertura en la pierna y bonito escote. Respiró hondo y avanzó hasta ella.

—Hola Lena —saludó tratando de aparentar serena.

La joven Luthor se volvió de inmediato hacia el origen de aquella anhelada voz, y sus labios se curvaron en una gran sonrisa.

—¡Kara!

Se disculpó con las personas que tenía alrededor y se alejó de ellas en compañía de Kara.

—¿Cómo te ha ido todo en Europa?, ¿cómo va ese reportaje? —preguntó acelerada.

Era más que evidente que se alegraba mucho de verla y Kara no podía dejar de sonreír, sentía lo mismo, cómo la había añorado. Aquella tarde, Lena estaba bellísima y radiante de felicidad.

—Bueno, bastante bien, pero con mucho trabajo —dijo pensando en los problemas que enfrentaba en Tierra 40—, de hecho, todavía no he terminado.

—¿No?, vaya… —expresó Lena con decepción— ¿Te llevará mucho más tiempo?

—En realidad no lo sé, pero hoy estoy aquí, eso es lo que importa.

—Desde luego… tenía muchas ganas de verte, Kara —confesó— Me quedé un poco preocupada con tu desaparición repentina, llegué a pensar que quizá ya no querías seguir con nuestra amistad —añadió en voz baja.

—¿Qué?, ¡en absoluto! —exclamó de inmediato. Lena frunció el ceño— Quiero decir que jamás pensaría en no seguir con nuestra amistad, o sea que… que somos amigas y… —Se llevó la mano a las gafas.

—Gracias, Kara —dijo Lena divertida con su atolondramiento.

—Gracias a ti, Lena, por todo lo que hiciste contra el virus Medusa y contra Cadmus —La miraba con admiración—. No tuve ocasión de decírtelo antes, y quería que supieras que te considero una mujer muy valiente e íntegra.

—Para, por favor, me vas a sonrojar… —susurró Lena apartando la mirada.

«Eso me encantaría… —se dijo Kara.»

—Sólo digo lo que pienso. —Lena volvió a mirarla con sus hermosos ojos verdes.

—Eché de menos a mi única amiga en la ciudad.

Lena cogió su mano y la apretó ligeramente, y ambas se dedicaron una sonrisa sincera.

—Kara, estás aquí —exclamó Cat Grant llegando hasta ella—, no creo que aguante mucho más, no me gustan este tipo de acontecimientos.

—Siento que mi fiesta no sea de su agrado —declaró Lena. Cat al fin reparó en ella.

—Oh, señorita Grant, me gustaría presentarle a la persona que ha patrocinado el evento —intervino Kara para mediar entre las dos mujeres más poderosas de National City—, mi amiga, Lena Luthor —añadió con una suave sonrisa.

Lena sonrió sin darse cuenta al notar el cariño con el que Kara lo había dicho. Pero Cat la miró estrechando los ojos.

—Veo que has hecho amistades interesantes en mi ausencia —Kara frunció ligeramente el ceño, le pareció notar cierta molestia en sus palabras—. Así que usted es la hermana del… famoso Lex Luthor.

—Mi apellido me precede allá donde voy. —Lena trató de mostrarse indiferente ante el sutil desprecio de Cat.

A pesar de sus sonrisas forzadas y palabras educadas, la tensión entre ambas mujeres era palpable. Kara se sentía incómoda y decepcionada. Deseaba que se llevasen bien, las dos eran muy importantes para ella. Pero el encuentro no se prolongó demasiado. En cuanto tuvo ocasión, Lena se despidió de ellas para atender a otros invitados.

—Me ha alegrado mucho verte, y espero que no tardemos en volver a vernos, Kara —Se acercó a ella y la besó en la mejilla— Hasta entonces, cuídate mucho, por favor.

Lena se alejó de ellas, y Kara siguió sus pasos con la mirada, hasta que desapareció de su vista.

—Parece que sois muy amigas —observó Cat. Kara se volvió hacia su jefa.

—Lo somos… y usted ha sido un poco descortés con ella —acusó Kara—. Lena no es como su familia, lo está demostrando desde que llegó a National City, especialmente con la crisis del virus Medusa.

A Cat le resultó curiosa la convicción con la que Kara defendía a Lena Luthor, estaba claro que la Luthor se había ganado su confianza.

—Yo no me fiaría de ella, Kara, a fin de cuentas, es una Luthor —Aquellas palabras hicieron que Kara arrugase la nariz, odiaba escuchar una y otra vez el mismo argumento— Su hermano también empezó siendo un buen ciudadano y un gran amigo de Superman y mira en qué se convirtió después.

Cat conocía demasiado bien lo sucedido entre Lex Luthor y Superman y temía que algo así le sucediera a Supergirl, a su Kara. Quería protegerla, aunque para eso tuviera que mostrarse inflexible y algo brusca.

—En realidad, fue adoptada con cuatro años —informó.

—Vaya, qué casualidad, como tú, Kara —dijo con fastidio—, ¿Eso ha hecho que te caiga mejor? —inquirió—, ¿te has identificado con ella?

—Sí —admitió Kara, recordando el primer encuentro que tuvo con Lena, cuando Clark la acompañaba.

Era cierto, había sentido empatía hacia ella, por el hecho de ser adoptada, y, más aún, por ser una mujer tratando de hacerse su propio camino desligándose de su familia. Sin embargo, aquella primera impresión positiva se había reforzado mucho gracias a las acciones de la propia Lena, merecía todo su apoyo.

Cuando la fiesta terminó, Kara buscó a Lena entre la gente con la mirada, pero no la encontró. Preguntó a Jess, su secretaria, y ésta le contestó que su jefa había regresado a L Corp para ultimar unas cosas.

«Típico de ti —pensó Kara—, no pienso irme sin verte otra vez.»


Kara, vestida de Supergirl, voló hasta el edificio de L Corp. Las luces del despacho de Lena Luthor estaban encendidas. Aterrizó en el balcón y la vio a través del vidrio, estaba sentada en su mesa, revisando unos archivos en su portátil. Podía entrar sin más, pero prefirió tocar suavemente a la puerta. Lena se sobresaltó un poco y se volvió hacia el balcón. Su gesto de sorpresa se tranformó rápidamente en uno de intensa alegría.

—¡Supergirl! —exclamó acercándose y abriendo la puerta, invitándola a entrar.

—Buenas noches… Lena —Tardó unos instantes en tutearla, todavía le costaba un poco hacerlo cuando era Supergirl—. Espero no molestarte.

—¡Claro que no! —aseguró con vehemencia. No había dejado de sonreír ampliamente. Lena no esperaba tener la suerte de ver a Kara dos veces aquel mismo día.

La kriptoniana le dedicó un vistazo rápido de la cabeza a los pies, no pudo evitarlo, todavía llevaba el vestido verde que lució en el evento de la tarde, con aquel bonito escote, una pierna ligeramente expuesta y… ¿Lena estaba descalza?

—Lena… —La susodicha levantó la ceja izquierda, sintiéndose atractiva por la forma en que Kara la había mirado.

—¿Dónde están tus zapatos? —preguntó frunciendo el ceño. Lena se sonrojó al instante.

—Oh… me los quité en cuanto llegué aquí —admitió apartando la mirada—, el dolor de pies me estaba matando.

—Te comprendo —replicó riendo.

—¿Ah sí?, pensaba que tus botas eran cómodas, como has de luchar con ellas y esas cosas. —Lena no pudo contenerse, sabía que le había contestado Kara y no Supergirl.

—Bueno, sí, son cómodas… —Lena notó su apuro y la rescató.

—¿Has regresado de Tierra 40?, ¿habéis podido curar a su Supergirl? —preguntó para cambiar de tema.

—Me temo que no, sigue enferma —informó con pesar—, he venido de visita, para ver a mi gente.

—Vaya, agradezco que Supergirl me considere de los suyos —admitió Lena.

—Eres mi amiga —afirmó Kara.

—Pues… las amigas se cuentan cuando van a ausentarse un tiempo —dijo Lena enarcando de nuevo la ceja—, no vuelvas a irte sin despedirte de mí, por favor —rogó con el gesto suavizado.

—No lo haré —prometió con una sonrisa—. Kara Danvers también ha vuelto a la ciudad.

—Lo sé, pude verla esta tarde, la verdad es que la echaba de menos —dijo Lena—, pero se tiene que marchar otra vez, igual que tú —añadió dedicándole una profunda mirada con sus ojos verdes. Kara rio y después se aclaró la garganta.

—Hay algo que quiero contarte, Lena.

—Adelante. —La joven Luthor se tensó un poco. ¿Qué querría contarle Kara? Varias posibilidades cruzaron su mente, cada cual más emocionante que la anterior, así que decidió desecharlas todas y esperar.

—¿Puedes cerrar los ojos un momento? —pidió Kara. Lena frunció el ceño—, confía en mí —Lena confiaba plenamente en ella y los cerró.

Kara la contempló, ahora que estaba a salvo de que sus ganas fueran descubiertas. Estaba tan hermosa. Sintió el deseo de besar sus labios rojos, pero cada cosa debía ser a su tiempo. Era el momento de compartir con ella su secreto. Pasaron unos segundos, Lena sintió corrientes de aire a su alrededor, pero mantuvo los ojos cerrados, aunque el corazón le latía más rápido de lo normal, no podía contener su expectación. Kara sonrió al percibir sus latidos, y no quiso hacerla sufrir más.

—Ábrelos, Lena.

Cuando Lena abrió los ojos, se encontró con los orbes azules de Kara detrás de los cristales de sus gafas. La kriptoniana también lucía ropa típica de Kara Danvers, una camisa de cuadros y un pantalón.

—Kara… —susurró.

—Sí —asintió mientras se ajustaba las gafas y lucía esa sonrisa tímida tan suya.

—Llevaba tiempo pensándolo, pero... no quise ponerte en un apuro —admitió correspondiendo a su sonrisa.

—Así que lo sabías —Recordó lo que Lena 40 le había dicho. Lena alzó una ceja y Kara sonrió ante aquel gesto.

—Me diste algunas pistas y soy muy observadora «cuando alguien me interesa», y esa ausencia coincidente de las dos. Pero lo que te delató del todo fue el bonito detalle del ramo de Plumerias —reveló Lena—. Sólo Kara Danvers sabía lo mucho que me gustan esas flores.

Kara se rio y bajó la mirada un momento, comprendiendo su tremendo descuido. Después la miró de nuevo.

—Gracias por respetar mi tiempo, Lena… quería que lo supieras por mí —dijo Kara—. Tenía ganas de compartir contigo esta parte tan importante de mi vida.

—¡Gracias a ti, Kara, de corazón! —exclamó Lena con la mirada resplandeciente de emoción.

Hizo un amago de acercarse más a Kara, pero se detuvo, pensando que quizá era tomarse demasiadas confianzas, nunca antes se habían abrazado. Kara lo notó, y le sonrió para hacerle saber que estaba bien. Lena no se lo siguió pensando, se arrojó sobre ella y se puso de puntillas para abrazarse a su cuello, pues al ir descalza, Kara era considerablemente más alta que ella.

La kriptoniana le devolvió el abrazo. Fue una sensación familiar. Sentir su cuerpo de nuevo, y, al mismo tiempo, sentirlo por primera vez. Kara disfrutaba de la calidez de Lena y de su perfume sin remordimientos. La apretó un poco más contra su cuerpo, no quería dejarla ir ahora que se había sincerado con ella. Lena seguía aferrada a su cuello.

—Gracias por compartir conmigo tu mayor secreto... No sabes lo que significa para mí tu confianza—sollozó en su hombro. Kara la cogió de los brazos y se separó un poco de ella para poder ver su rostro.

—Lena, no llores, por favor… —Le secó una lágrima con el pulgar.

—Perdona, es que… Nunca nadie había confiado en mí como lo has hecho tú, como Kara y como Supergirl, yo… yo nunca me he sentido tan cerca de nadie en mi vida —Lena se mordió el labio inferior y bajó la mirada, sentía un poco de vergüenza por todo lo que estaba confesándole a Kara, que la miraba con ternura—. Eres muy especial para mí.

El estómago de Kara se encogió. La joven Luthor no era la única que estaba conmovida.

—Tú también me importas mucho, Lena.

CONTINUARÁ…