Una semana más. Como siempre, mil gracias por todo vuestro apoyo a través de la lectura y los comentarios. Mil mil gracias!
Gracias como siempre también a Gaby Madriz y Maritza Maddox que están tras la edición de cada capítulo, y a miss Manu de Marte de quien tengo el apoyo incondicional.
Recuerden que estamos en el grupo de Facebook, dando adelantos, y otros regalillos.
Les dejo un abrazo a todas.
Cata!
AHORA A LEER!
Capítulo 10
Bella limpió con su mano el vaho acumulado en el espejo después de su ducha, y contempló detenidamente su reflejo, cabizbajo y cansado. No había logrado descansar la pasada noche, siendo presa de sueños turbulentos que no la dejaron dormir. Y no era para menos, después de la avalancha de información que recibió por parte de Derek, Marcus y Emmett la pasada tarde. Ya tambaleante se sintió cuando Edward le reveló algunas cosas, y ahora que las piezas de su puzle mental estaban cubiertas casi al cien por ciento, se sentía perdida y confusa.
No sabía qué hacer, no sabía a donde ir, con quien hablar. Pero fuera de eso, había un sentimientos aún más contundente que le anegaba el alma de dolor: decepción, y ni siquiera de Edward ni mucho menos de Derek, sino de su hermana, en quien vio un ejemplo a seguir desde que tenía uso de razón. Pero ese modelo no era más que una ilusión óptica que esta misma se obligó a aparentar frente a sus padres y a ella.
¿Cuánto más desconocía de la vida de su hermana? Pensó con desazón quitándose la toalla que rodeaba su cuerpo, comenzando a secarlo con descuidados movimientos, suspirando en el proceso y vistiéndose con una sencilla camiseta azul de tirantes y un pantalón de chándal gris sobre sus bragas de algodón blanco. ¿Cuántas otras cosas terminaría descubriendo? Solo pensarlo le erizaba la piel.
―Prostituta ―susurró con pesar, antes de darle la espalda a su reflejo y salir al cuarto.
Allí, se encontró con Derek que estaba entrando al dormitorio, con semblante preocupado y ojos cargados de ansiedad. Su vestimenta, completamente negra reflejaba probablemente cómo se sentía, porque ese hombre hubiera dado lo que fuera por evitarle la pena que Bella no ocultaba.
Bella aferró la toalla húmeda que llevaba en las manos, mirándose los dedos d e sus pies descalzos, como si sintiera vergüenza por algo que no hizo.
― ¿Estás bien? ―preguntó muy preocupado Derek, a lo que ella mintió, solo asintiendo con la cabeza. Él se sintió estúpido por haber formulado esa pregunta, auto reprendiéndose y caminando hacia ella―. Ey, mírame… ―le suplicó, aferrándola por los antebrazos. Bella lentamente alzó la cara y ahí, en sus ojos, estaban otra vez las lágrimas contenidas. Derek no esperó más y la abrazó a su pecho, rodeándola fuertemente con sus brazos que anhelaban protegerla y escudarla de todo dolor. La tensión del cuerpo de la chica poco a poco cedió, relajándose contra el tibio cuerpo de Derek.
―De verdad no sé qué hacer…
―Bella, deja de pensar en eso.
― ¡No puedo, Derek, no puedo!
―No son problemas que te competan Bella, no tienen que ver contigo, y no digo que no te afecten, porque tu hermana estaba involucrada, pero esas eran cosas de ella, decisiones que ella tomó libremente. Tú no has hecho nada malo, no sigas atormentándote con eso.
―Es imposible… ―se apartó de Derek y comenzó a caminar de un lado a otro por la habitación. Dejó la toalla sobre la cama, con la que iba a secarse el pelo que yacía mojado sobre sus hombros ― ¿Cómo… cómo se supone que voy a mirar a mis padres cuando recuerden a Camille…? ¿Qué voy a decirles? ¿Cuándo Andrew quiera saber sobre su madre…?
―Deja ya de atormentarte con eso, Bella.
― ¡Ponte en mi lugar!
―Es lo que intento hacer… ―volvió a tomarla por los brazos y a mirarla intensamente―. Lo que desearía realmente es haberte evitado todo este dolor, que no tuvieras que atravesar por todo esto… no es justo, no te lo mereces.
Bella siempre pensó que su vida carecía de emociones, siempre rozando en lo aburrido. Claro, ella en el proceso de transición entre la adolescencia y la plena juventud, pensaba que a su vida le faltaba la fascinación que tenían las protagonistas de sus novelas. Pero su vida cambió desde que Edward Cullen se apareció en su vida. Desde entonces todo fue diferente, desde la sensación excitante de la atracción que sentía por el hombre de su hermana, hasta finalmente lograr seducirlo… desencadenando finalmente todo lo que pasó después, de paso apareciendo este otro hombre, que había sido desde el primer momento como un ángel para ella, aunque es bien sabido que los ángeles con alas y aureolas no existían, al menos aquí sobre la tierra.
―Pero así son las cosas, Derek, y debo afrontarlas ―comentó tras un profundo suspiro, apartando su vista de los ojos profundos de él, concentrándose ahora otra vez en la punta de los dedos de sus pies aun desnudos―. Quizás debería irme de aquí y…
― ¡No!
La negación alterada y contundente de Derek sobresaltó a Bella, que dio un respingo y lo miró sorprendida. Se había puesto tenso y miraba a Bella como si hubiera dicho una barbaridad.
―No puedes irte ―agregó, alterado―. No ahora que…
― ¿Qué conozco la verdad, tú verdad? ―preguntó enfadada, levantándose otra vez de la cama―. ¡¿A caso quieres tenerme aquí para vigilarme de no abrir la boca, e irle con el cuento a Edward?! ―le increpó, elevando paulatinamente su voz alterada. Derek se levantó y conmocionado, negó con la cabeza. Bella enseguida se arrepintió y cerró los ojos, llevándose una mano helada hasta su frente―. Perdona… perdóname Derek.
―No quiero retenerte… bueno, sí quiero ―reconoció, torciendo a cabeza. Ella abrió los ojos al instante que él lo dijo y se encontró con una pequeña sonrisa ladeada en sus labios, cuando Derek agregó ―pero no de la forma que crees.
―La verdad es que… me gustaría quedarme, no sé si podría aguantar en casa de mis padres. Ellos se enterarían que algo pasa conmigo y no quiero darles más problema o preocupaciones.
―No se hable más de eso. Aquí tienes lugar por el tiempo que quieras quedarte…
―Pero quisiera… darte algo a modo de renta.
―Bella ―la tomó por los hombros y la llevó de regreso a sentarse sobre la cama ―, primero concéntrate en tu ingreso a la universidad, buscar un trabajo quizás, y luego hablamos de renta, si eso te hace sentir cómoda. Pero entérate que ni Emmett ni yo estamos pagando un peso por estar aquí, un amigo nos debía un favor, su departamento estaba desocupado y pues aquí estamos…
―Gracias, Derek… ―sonrió, relajándose y recordando a Emmett. Le preguntó por su amigo, respondiendo Derek que este había salido a hacer una visita.
― ¿Visita? ¿Irá a ver a su hermana? ―preguntó con un dejo de alarma. Derek soltó una risa carente de humor.
―Claro que no, Bella. Ella rompió todo contacto con Emmett. Los padres de ambos se fueron hace años a hacer misión no sé a qué parte de África. Ella es doctora, él un empresario rico que eligió ese lugar para hacer caridad.
―Pensé que estaban muertos.
―Para Senna quizás lo estén. Emmett mantiene contacto con ellos regularmente.
―Y sobre Emmett… ―se rascó la barbilla, pensativa, trayendo a colación algo que Derek le dijo tiempo atrás― recordé que me dijiste que él es viudo. ¿La muerte de su mujer tiene que ver con esto?
La mirada de Derek se tornó sombría. ¿Si tenía que ver? Claro que tenía que ver, porque si no hubiera sido por ese mundo de vicios, Rosalie, mujer de Emmett, estaría viva.
―Creo que ese es un tema que solo él debe hablar, y le es muy doloroso hacerlo a pesar de todos los años que han pasado. Por eso a él más que a nadie, le cuesta estar aquí…
―Con eso me das a entender que sí tiene que ver. Pero no preguntaré más, ya ha sido suficiente.
―Mira, concéntrate en la cena con tus padres esta noche, en tus planes futuros, y olvida lo que has descubierto del pasado. No te corresponde, no eres responsable de nada, así que deja de atormentarte, por favor.
―Lo intentaré.
―Gracias, Bella ―y no pudiendo aguantar más, la abrazó y hundió su nariz en el hueco de su cuello. Bella se aferró rodeándole por el cuello, volviendo a agradecer por enésima vez que ese hombre se haya cruzado en su camino. Después de un rato de aquella silenciosa demostración de cariño, él se apartó y se puso de pie.
―Sécate el cabello, no quiero que te enfermes ―indicó, tocándole los mechones mojados del pelo rojizo de Bella―. Yo tengo una reunión ahora, pero regresaré con algo para almorzar.
―Deja que yo al menos me encargue de la comida ―se puso de pie de un salto, un poco más animada, cogiendo la toalla en sus manos―. ¿Tienes una reunión de trabajo?
―Un proyecto, y si resulta como espero, vas a tener que ayudarme.
―Cuenta con ello ―respondió sonriendo con ilusión, disfrutando secretamente de la sensación que la caricia que en ese momento Derek profesaba sobre su mejilla.
**0**
Llegada la hora, Bella salió del apartamento rumbo a la casa de sus padres. Tanto Derek como Emmett, trataron de convencerla de ir a dejarla, pero ella prefirió tomar un taxi a la salida del edificio. Se ofrecieron también en ir por ella cuando se acabara la cena con sus padres, declinando también, la propuesta.
―Quédense tranquilos, vendré directo de casa hasta aquí. No se preocupen, de verdad.
Después que ella se fuera, Derek se quedó con su vista fija en la puerta por donde Bella desapareció. Sabía que se reencontraría con Edward y no estaba seguro cómo ella reaccionaría ante él. Confiaba en ella, pero no en ese hombre de quien tenía pocas referencias, todas dándole mala espina.
―Oye hermano, deja de preocuparte. Tu chica volverá…
―Deja de llamarla "mi chica", Emmett ―lo regañó el joven chef, antes de sentarse frente a la laptop.
Cuando Bella llegó a la casa, fue su padre quien la recibió en la puerta con un abrazo apretado lleno de emoción, que la tranquilizó y la hizo sentirse feliz. Charlie y ella fueron hasta la cocina donde Renée vigilaba la cacerola donde preparaba la cena.
―Mi niña ha llegado ―exclamó cuando la abrazó. Al apartarse, Bella miró el entorno de la cocina que era un verdadero caos, como siempre que su madre cocinaba, riéndose sin poder evitarlo.
― ¿Qué estás preparando, mamá?
―Una receta que encontré en una revista, comida árabe. Espero no defraudarte…
―Nunca lo has hecho.
― ¿Te parece si dejamos a tu madre en su quehaceres culinarios? ―preguntó Charlie, abrazando a su hija por los hombros―. Vamos arriba y conversamos un rato.
― ¡Vayan, vayan!―los alentó Renée―. Yo les aviso cuando aquí abajo esté todo listo.
Bella y Charlie entonces se dirigieron hasta la vieja recamara de Bella, encontrándola esta igual a como la dejó la última vez que estuvo allí, ya hace tres meses. Se sentaron sobre la cama y mientras la chica deambulaba su vista por su vieja habitación, Charlie la contemplaba pensativo, advirtiendo en ella un halo de madurez que era perceptible y que iba más allá de su ahora rojo cabello y su vestimenta. Era como si su pequeña niña hubiera echado a volar y en su lugar hubiera dejado a esa joven madura. Torció la boca y extendió la mano hasta su hija, tomando entre sus dedos mechones de su cabello. Bella guio sus ojos hacia su padre y le sonrió con ternura.
― ¿No te gusta? El color, digo…
― Es… extraño. Digo, a mí se me hace extraño, pero te ves bien. ¿Por qué decidiste cambiarlo de color?
―Uhm… simplemente me apetecía cambiar un poco ―concedió. No era cierto aquello, pero no podía decirle a su padre que había cambiado de apariencia cuando escapó de Edward. Probablemente eso nunca se lo diría.
―Cambiar… ―repitió, pensativo Charlie― realmente has cambiado, Bella. Pero sigo sin entender por qué te fuiste de esa manera. Regresaste diferente, como si no fueras la misma. ¿Por qué lo hiciste, hija, qué necesitas que nosotros no pudiéramos darte?
―Papá ―susurró, tomando las manos grandes de su padre ―me lo dieron todo, jamás me faltó nada, y quizás fue eso lo que me empujó a irme. Necesitaba… necesitaba ir a otro lugar y conocer otras cosas… no sé. Ni siquiera lo pensé dos veces, simplemente decidí partir.
Eran ambiguas las explicaciones que Bella intentaba darle a su padre, procurando no enredarse en ellas, contándole que había trabajado en un restaurante y que había conocido gente increíble con la que estrechó lazos. Que había aprendido un montón de cosas y que había sacado lecciones de vida que le servirían para el futuro.
―Así que fue un… viaje de aprendizaje ―concluyó Charlie después de que ella le contara de su periplo en el pueblo aquel donde residió ese tiempo. Ella inspiró y afirmó con la cabeza.
―Se puede decir que sí.
―Pero… pero estabas a portas de entrar a la universidad, ahora perdiste esa oportunidad…
―No del todo ―se apresuró Bella en responder, muy entusiasmada―. Mandé una petición de ingreso especial, y si no me la dan, otra escuela prestigiosa de cocina tiene mis antecedentes, y me recibirán para una audiencia dentro de las próximas semanas.
―Me alegra mucho, hija, te felicito. ―se alegró genuinamente él por los logros de su pequeña. Aunque había otra cosa que le preocupaba y se la hizo saber sin más demora: ―Mira, sé que cuando volviste yo… fui duro contigo. Pero simplemente actué por instinto, y te pido perdón si te hice sentir mal. No lo pasé bien portándome como un tirano contigo, pero es que tu madre y yo nos preocupamos tanto…
―Tú menos que nadie tiene que pedirme disculpas. Soy yo la que debe hacer eso, y estaré en deuda con ustedes por mucho tiempo por haberlos hecho pasar por… ese dolor, esa incertidumbre. Pero me sirvió estar lejos de casa, y que hayas reaccionado de la forma que lo hiciste cuando volví era algo que hubiera hecho cualquier padre en tu lugar, cualquier padre que buscaba enseñarle una lección a su hija. Aunque tu postura tirana durara sólo dos días…
―Quiero que vuelvas, esta es tu casa.
―Y lo haría papá, pero quiero usar esta instancia para independizarme…
―Nena, cómo vas a independizarte, si no trabajas…
―Vivo con unos amigos, que ya conocerás. Son personas trabajadoras y de bien, uno de ellos ya es chef y él me ayudará con el trabajo. Durante mi estadía afuera trabajé en el restaurante de su familia y ahora tiene un proyecto culinario aquí, en donde trabajaré con él…
― ¿"Él"? ―por supuesto, a Charlie no le daba buena espina que su hija viviera con un hombre que él ciertamente no conocía―. Espero que más temprano que tarde me presentes a esa "alma caritativa", Bella. No estaré tranquilo hasta que eso pase.
―Te llevaré al departamento, y los conocerás a ellos y el lugar donde vivo para que te quedes tranquilo.
―Vale, pero prométeme que volverás si las cosas se ponen feas. No tienes que demostrarme nada más, hija…
―Quiero hacerlo. Confía en mí, papá. Y claro que volveré si las cosas se ponen mal.
Charlie estrechó una vez más a su niña entre sus fuertes brazos, dándole un voto de confianza y esperando que todo salieran tan maravillo como ella se lo pintaba, pues no quería nada más fuera de que ella viera cumplidos sus sueños.
―Bueno, será mejor que bajemos ―miró por la ventana, a la vez que estiraba sus músculos. Mirando hacia afuera agregó― hace rato ya tu madre nos llamó y el coche de Edward ya está aparcado.
Bella apretó los dientes y contrajo sus músculos ante el nombre de su cuñado. Durante la charla había olvidado que él también estaba invitado y que tendría que aparentar frente a sus padres.
"Joder…"
— ¡Bella, dónde andas! ―exclamó su padre, tomándole del brazo para salir de la habitación—. Te fuiste a otro planeta…
―No… nada… estaba pensando que debía llevarme algo de ropa hoy.
―Pero más tarde subes y recoges lo que necesitas ―insistió, sacándola casi a la fuerza de la recamara. Mientras bajaban las escaleras, sintió las exclamaciones de su madre que seguramente jugaba con su nieto en los brazos, y así fue. Bella puso sus ojos en su sobrino, deseando llorar porque hasta ahora se percataba de lo mucho que lo había extrañado después de haberlo tenido con ella todo ese tiempo, y al parecer él también la extrañó, pues apenas la vio, tiró sus bracitos hacia ella, exigiendo con balbuceos que lo tomara. Ella no demoró en hacerlo.
― ¡¿Ves lo grande que está?! ―exclamó Renée mientras Bella lo apretujaba y hundía su nariz en su cuellito regordete.
―Sí, está muy grande y muy guapo ―comentó Bella. Entonces sintió un carraspeo a sus espaldas que llamó su atención. Se giró y se encontró con la figura de Edward frente a ella, que le sonreía con descaro.
―Es bueno volver a verte, Bella ―dijo él a modo de saludo. Ella susurró un débil "Hola", volviendo su atención al pequeño, esquivando las imágenes que hace un día la hicieron volver a escapar de ese descarado hombre.
"Jodido hijo de puta…"
Se sentaron en la sala comenzando a hablar de todo un poco, sintiendo Bella en todo momento los ojos de Edward sobre ella. Incluso durante la cena ambos quedaron sentados frente a frente, mientras degustaban del apetitoso platillo que Renée preparó.
―Bella me contaba de un par de citas que tiene en unas escuelas de cocina, ¿verdad, hija? ―comentó Charlie. Renée sonrió y extendió la mano hasta Bella, que estaba justo a su lado de la mesa.
―Cuéntame, hija.
―Sí, bueno… son para admisiones especiales. Tendré que pasar por varios procesos hasta saber si he sido admitida, pero al final de esta semana recibiré la respuesta, espero.
―Seguro no se perderán tener una estupenda cocinera entre ellos ―comentó Edward. Bella apenas levantó la vista hacia él, desviándola enseguida hacia su madre que no dejaba de sonreír, consintiendo los dichos de Edward.
―Es cierto.
― Y… ¿cómo me dijiste que se llama el amigo ese que te está ayudando? ―preguntó Charlie antes de echarse un trozo de carne a la boca. Edward dejó de lado sus cubiertos y adquirió una postura interesada y concentrada, mirando a la chica con atención.
―Se… se llama Derek y es chef profesional. Lo conocí mientras estuve afuera.
― ¿Y qué tal? ―quiso saber Renée, alzando sus cejas sugestivamente. Bella tragó grueso y mirando su plato trató de responder lo más relajadamente posible.
―Es… Ejem… un buen amigo y un estupendo profesional. Se ha portado increíble conmigo, me ha ayudado en todo… es lo mejor que me ha pasado.
La postura de Edward era como la de un animal enjaulado. Estaba conteniendo su ira mientras Bella no dejaba de adular a su nuevo amigo, pintándolo como un príncipe azul, diciendo incluso que el desgraciado aquel, era guapo. Su ira se vio acrecentada cuando ella comentó que él era una de las personas con las que estaba compartiendo la renta de un apartamento junto a dos personas más. Estaba seguro que era el mismo tipo que vio en una actitud tan cariñosa con Bella… el famoso Derek, al que ya estaba investigando.
―Pero no vale la pena que sigas viviendo con él ―comentó Edward mordazmente ―tienes una casa aquí, no hay motivo para que despilfarres el dinero. Incluso no tendrías ni siquiera que trabajar, podrías dedicarte a tus estudios…
—Puede ser, pero quiero hacerlo ―respondió ella rotundamente, alzando su mentón hacia él en un gesto desafiante. Se mantuvieron la mirada mientras los abuelos se dedicaban a Andrew, que disfrutaba de la papilla que la abuela había preparado especialmente para él.
Al acabar la cena, los varones, incluido el pequeño Andrew que ya estaba cabeceando de sueño, se acomodaron en la sala a beber café, mientras Bella y su madre, se ocupaban de levantar la mesa y lavar los trastos sucios. A la chica le recordó el tiempo que estuvo haciendo ese mismo trabajo en el restaurante de don Víctor, recordando con nostalgia el tiempo que pasó ahí, pensando también en Ester y Eloy a quienes llamaría esa misma noche.
―Entonces, ¿tienes algo con ese chico, Derek? ―cuchicheó la madre mientras secaba la loza que estaba ya lavada. Bella sintió sus pómulos arder por la pregunta tan directa de su madre, quien siempre estaba preocupada que ella encontrara a alguien con quien salir.
―No… no cómo tú piensas, mamá, solo somos buenos amigos.
―Pero me dices que es guapo, y profesional, parece un hombre ideal. ¿Cuántos años tiene?
―Veintiocho.
―Ah… ―suspiró, con aire soñador― la edad que tendría tu hermana…
Al recuerdo de Camille, Bella recordó una vez más lo que había logrado apartar de su cabeza, toda la información que ahora tenía sobre ella.
"La rubia de oro" recordó el apodo que le oyó decir a Derek, negando quietamente con la cabeza. No hizo ningún comentario, pues podría escapársele algún comentario mordaz de su hermana, aunque Renée siguió comentando de lo orgullosa que se hubiera sentido Cami al verla tan madura, responsable y con las metas claras, pese a cómo ella hizo las cosas.
―Mamá, voy arriba a meter algunas cosas que necesito llevarme, ¿te parece? ―dijo, cerrando la llave del lavaplatos.
―Seguro, cielo, yo termino con esto.
Bella entonces subió corriendo a su viejo dormitorio, cerrando la puerta tras ella y suspirando con un poco de alivio por ese momento a solas. No sabía si podría aguantar más tiempo frente a Edward sin que él dijera o comentara algo irónico que la pusiera nerviosa o en evidencia. Así que abriendo su ropero y sacando una mochila del fondo de éste, comenzó a meter prendas de ropa y otros adminículos personales, pensando en que quizás sería bueno llamar a Derek y pedirle que fuera a buscarla. Esa misma noche dejaría invitados a sus padres para que dentro de un par de días la visitaran y conocieran a sus nuevos amigos, esperando por supuesto que a ellos no les molestara esa iniciativa. Además, debería pedirles ayuda, pues a sus padres no les gustaría la idea que ella viviera sola con dos hombres, tendrían que inventar a una arrendataria fantasma para dejarlos tranquilos. Aunque de momento a otro se cuestionó sobre el tiempo que los muchachos se quedarían en la ciudad…
Estaba en eso cuando la puerta de su dormitorio se abrió sin antes llamar, no siendo necesario que ella se volteara a ver quién era el que había entrado. Su respiración agitada y el estremecimiento de su piel advirtieron que era Edward quien había llegado.
La respiración se le cortó cuando sintió las manos del hombre tomarle su cintura y girarla hacia él sin esfuerzo, y sus rodillas temblaron cuando vio los labios de él acercarse a los suyos, como siempre ocurría cuando él hacía eso. Pero esta vez ella fue más rápida, empujándolo y apartándose de él.
― ¿Qué quieres, Edward? ―preguntó mordaz, volviendo a tomar el bolso que dejó caer instantes atrás. Él metió sus manos a los bolsillos de su pantalón gris, torciendo su cabeza. Paseó sus ojos verdes por el cuerpo de la chica, su escurridizo bebé, celebrando que sus piernas estuvieran apenas cubiertas por ese vestido azul que llevaba. Y qué decir de ese suéter que se ajustaba tan bien a sus curvas.
―Porqué siguen intentando escaparte de mí, si es… inevitable…
― ¿Inevitable? ¡No me jodas!
Edward entonces dejó su postura pasiva y tomó a Bella por el brazo fuertemente, obligándola a mirarle.
― ¿Qué es esa mierda de que estás viviendo con el imbécil ese?
― ¡No lo trates así! ―exclamó ella, forcejeando para que Edward la soltara, pero él apretó más fuerte su agarre al oírla defenderlo tan furiosamente―. ¡A ti qué demonios te importa!
― ¿Por qué mierda no me buscaste cuando Charlie te echó de la casa?
Bella apretó la mandíbula y sintió su rostro enrojecer de rabia. ¿Qué no lo había buscado? Si fue lo primero que hizo, llevándose una nueva decepción que la hizo desistir de él. Pero no le lo diría, eso sería reconocer que lo buscó cuando necesitaba a alguien.
―Porque no quise hacerlo. ¡Suéltame! ―exclamo esto último logrando su objetivo, pero él obviamente no iba a dejarla tan fácilmente, rodeándola rápidamente con un brazo por la cintura, pegándola a su cuerpo, mientras que con la otra la tomaba por la nuca, inmovilizándola, con sus rostros uno muy cerca del otro.
―Escúchame bien, niñita ―con voz oscura y esos ojos que llameaban, le advirtió― no hay manera que me apartes de ti. ¿Es que no lo ves, no lo notas acaso? Te mueres por mí, bebé… ―jaló el labio inferior de Bella entre sus dientes, soltándolo enseguida para agregar― aunque lo niegues, sigo ejerciendo una poderosa atracción hacia ti, como tú lo haces conmigo.
―Eso no es cierto ―dijo muy poco convencida. Odiaba ella sentir su cuerpo ardiendo, tener que retener el deseo de lanzarse sobre él y olvidarse de todo como siempre lo hacía, pero no podía, debía resistir ante la tentación que Edward Cullen significaba para ella.
―Me perteneces, Bella ―susurró Edward sobre los labios de la chica, cuando esta cerró los ojos.
―No es verdad… no te pertenezco ―movió su cabeza apartándose de él― déjame en paz, Edward.
―No te reprimas más, bebé. ¿A caso olvidas la charla que tuvimos antes de regresar? No puedo dejarte… no puedo.
Y la besó. Dejó salir el anhelo retenido que llevaba padeciendo por tomar al menos la boca de Bella y demostrarle con eso que ella le pertenecía, pues la manera que ella se entregaba a ese beso daba fe de sus dichos. Le picaban las manos por deshacerse de la ropa que ella llevaba y tirarla sobre la cama que figuraba a un costado y hundirse en ella, volver a hacerla suya, una y otra vez hasta convencerla que ella le pertenecía… y que él le pertenecía a ella.
―No… no, suéltame… ―forcejeó ella ante que la bruma la cegara. No podía ceder, no podía volver a caer. Finalmente Edward permitió que Bella se alejara pues sus suegros podían aparecer cuando él ya no tuviera dominio de sí mismo.
―Que sepas que el hecho que estés viviendo con esos amigos tuyos, no significa que yo vaya a dejarte ir tan fácilmente.
Bella simplemente no le respondió, solo se concentró en darle la espalda y atolondradamente cerrar la mochila que ya estaba llena. Trató de ignorar a Edward cuando pasó por su lado para salir de la habitación, pero él una vez más, la agarro y la detuvo.
―Subí para decirte que te vinieras conmigo, puedo llevarte a tu departamento…
―No es necesario.
―No es una jodida pregunta, Bella. Te vienes en mi coche por las buenas o por las malas.
― ¡No voy a irme a tu casa!
Él inspiró y enderezó su postura. ―Dejaré pasar ese hecho esta vez, pero no te acostumbres. Tarde o temprano volverás a mí, bebé. ¿Olvidas nuestras noches en vela? Estoy seguro que las extrañas tanto como yo, bebé…
―No quiero seguir oyéndote. ―Enfadada, puso el tirante de la mochila sobre su hombro y pasó por su lado rumbo a la puerta para salirse de ahí de una buena vez. Intentó ignorarlo, pero por supuesto Edward no se lo permitió, tomándola una vez más por el brazo.
―Esto no ha terminado, Bella.
Después de dejar aquello en claro, la soltó y dejó que se fuera. No iba a dejarla, no iba a permitir que ella, su bebé, su Bella se apartara de su lado. No iba a dejar que nadie lo hiciera… ni aunque ella misma dudara de la conexión que ambos tenían, de los sentimientos que a ambos los unían.
Cuando Edward regresó al piso de abajo, vio que Bella ya se había colocado su chaqueta y estaba abrazada de su madre, despidiéndose.
― ¿Verdad que no tienes problemas en llevar a Bella, Edward? ―preguntó Charlie con su pequeño nieto dormido en sus brazos. Bella se apartó de Renée y miró a Edward aferrando los tirantes de su bolso con rostro descompuesto, enojado.
―Pensé que había quedado claro ―respondió Edward mirando a Bella directamente―. No hay razón para llamar a un taxi, yo llevo a Bella hasta su departamento.
Así salieron de casa del matrimonio Swan y se encaminaron hacia el centro de la ciudad en tenso silencio, después que Bella indicara hacia dónde dirigirse. Cuando después de veinte minutos, Bella apuntó el edificio de diez plantas a media cuadra, donde estaba residiendo. Cuando él aparcó, ella musitó su agradecimiento y agarrando su mochila salió del vehículo a toda velocidad sin siquiera despedirse de su sobrinito. Abrió sin dificultad la puerta de madera, saludó al conserje y caminó hacia el elevador para recluirse de una vez en aquel lugar que ya sentía como su fuerte. Adentro, apenas abrió la puerta con la llave que Emmett le dio, ambos compañeros de piso se levantaron como resortes del sillón de la sala donde esperaba, caminando hacia la entrada para encontrarla.
―Dios, ya está aquí ―comentó Emmett, relajándose. No sabía bien por qué estaba nervioso, quizás el estado de su amigo Derek lo contagio, quien por cierto abrazó a Bella sin decir palabra.
―No pensé que pudieran extrañarme tanto. ―Bromeó Bella cuando Derek la soltó. Emmett se carcajeó y anunció que ahora que la chica estaba en casa, él iba a relajarse a su dormitorio en donde vería algún buen partido de fútbol. Derek en tanto tomó la mochila que ella cargaba en la espada y fue con Bella hasta la sala donde se sentaron.
―Cuéntame cómo estuvo la cena, ¿quedaron bien las cosas con tus padres?
―Sí, muy bien ―sonrió con sinceridad pues las cosas con ellos no podrían haber ido mejor. La habían entendido y la apoyaron en las decisiones que había tomado, sobre el hecho de vivir fuera de casa―. Les hablé de ustedes y están ansiosos de conocerlos, ¿crees que podamos recibirlos…?
―Esta es tu casa también, así que cuando quieras los recibiremos. Prepararemos algo especial para ellos, ya verás.
―Se quedaran más tranquilos cuando sepan dónde y con quien vivo.
―Sin duda. ―Derek quería preguntar qué tal estuvo el reencuentro con su cuñado, pero se contuvo de hacerlo, recordando que tenía un par de excelentes noticias que darle a Bella―. Ahora, tengo que contarte un par de cosas, pero mientras hablamos probaremos un café árabe que Emmett me obligó a hacer.
Se puso de pie muy entusiasmado, tomando la mochila y extendiendo la mano hacia Bella para ayudarle a levantarse, viéndose contagiada por el entusiasmo de Derek. Iba a pedirle su mochila para llevarla a su dormitorio cuando el timbre de la puerta sonó.
―¿Puedes ver quién es? ―le pidió Derek―. Yo dejaré esto en tu recamara y regresaré a la cocina para beber el café.
―Voy enseguida.
―Ha de ser el portero… ―comentó Derek mientras se alejaba por el pasillo hacia el dormitorio. Bella entonces caminó hacia la puerta y tras abrir sus piernas temblaron.
"Joder, mierda"
―¿No me invitas a pasar, bebé? ―preguntó Edward, con desfachatez, auto invitándose a entrar. Bella parpadeó totalmente desconcertada, viendo como este hombre se detenía a observarlo todo a su alrededor.
―¡¿Dejaste al niño solo en el coche?!
―No digas tonterías, Bella. Jane pasó por él y se lo llevó a casa. Donde ella vive está muy cerca de aquí…
―¿Y cómo… como…?
―El viejo portero es fácilmente sobornable. Le tendí un billete y me dio el piso y el número de tu apartamento ―se giró para mirarla, alzando una ceja con su boca torcida en una sonrisa irónica―. Debes tener cuidado, eso es peligros e inseguro.
Eso no era del todo verdad. Edward esperó en su coche a que Jane —la que efectivamente vivía cerca— pasara a buscar al niño y se lo llevara a la casa. Después bajó y entró al edificio donde habló con el portero, a quien le dijo que a su cuñada Bella Swan, que acababa de entrar, había olvidado su móvil en el coche. El hombre ofreció llamar por el intercomunicador, pero Edward lo persuadió de no hacerlo, extendiéndole el billete a cambio del número y el piso del apartamento.
―Y qué… qué haces aquí, qué demonios quieres.
―Simplemente quiero ver dónde reside mi bebé, si está viviendo en buenas condiciones. No me gustaría saber que vives en una pocilga ―sonrió, acariciándole el mentón―. Pero por lo que veo, están en un muy lugar.
―Bueno, ya lo viste, ahora puedes largarte ―encaró, abriendo la puerta. Edward soltó una risita y se acercó a ella, cerrando la puerta y de paso robándole un casto beso.
―¿No vas a invitarme a pasar, y tomar un trago quizás?
―No cuentes con…
Se calló cuando la figura de Derek apareció frente a ella. Cuando éste se dio cuenta, su postura relajada se tornó defensiva, como listo para el enfrentamiento.
―Buenas noches ―con voz ronca y rotunda, el dueño de casa saludó a la visita. El aludido muy lentamente se giró para quedar frente al famoso Derek, chef profesional, a quien Bella no había dejado de elogiar. Pero el visitante no quería dar una mala imagen, pues eso parecería si lo amenazaba o algo por el estilo, así que decidió seguir las normas básicas de comportamiento, caminando dos pasos y extendiendo su mano hacia el chef, incluso con una sonrisa.
―Buenas noches, soy Edward Cullen, cuñado de Bella.
―Derek Spencer, un gusto conocerle ―respondió Derek, correspondiendo al saludo.
―Por favor, no me trates de usted, no soy tan viejo ―pidió Edward en tono cordial. Enseguida miró a su alrededor, dándole un vistazo furtivo a Bella que se mantenía estática en la puerta, mirando luego al hombre frente a él―. Perdón que haya venido así, pero me… preocupaba donde Bella estaba viviendo. Y como la vine a dejar, quise aprovechar de conocer el lugar. Espero que no te importe.
―No, no me importa. ―Derek entonces desvió sus ojos a Bella, que estaba con sus ojos chocolates muy abiertos, con su pecho agitado que subía y bajaba, como si estuviera teniendo un paro cardio-respiratorio por la pura impresión. Le sonrió y de forma atrevida caminó hacia ella, rodeándole los brazos.
Derek pudo ver como Edward Cullen apretaba la mandíbula y sus manos se convertían en puños cuando él, apretó a Bella a su costado. Frotó su mano por el brazo de la chica, confortándola e invitándola a que se relajara.
—Bella está en muy buenas manos, así que puedes despreocuparte.
―Sí, ella no paró de hablar de lo buen amigo que has sido con ella, cuestión que te agradezco.
―Sí ―afirmó Derek, volviendo a mirar a Bella y dejando un beso en su sien― somos buenos amigos. Formamos un buen equipo.
Edward podría haber gruñido en ese momento, dando paso a sus celos furiosos que comenzaban a brotar dentro de él. No era estúpido, el tipo aquel, sabía lo que estaba haciendo, el muy cretino pretendía marcar a Bella como su territorio, pero el imbécil no sabía que ella era suya, por mucho que la abrazara o dejara besos sobre su rostro.
"Que el maldito aproveche sus tres minutos de gloria…"
―Buen equipo… así veo ―comentó, mirando la hora en su reloj de pulsera―. Bueno, solo vine de paso. Espero en otra oportunidad tener más tiempo para conversar. Bella sabe bien donde vivo, son bienvenidos cuando quieran.
―Te lo agradecemos, Edward.
―Bueno pues, no los entretengo más ―inspiró y enderezó la espalda caminando hacia la puerta donde la pareja se encontraba. Primero extendió la mano hacia Derek a modo de despedida, y enseguida tomó a bella por los hombros y dejó un beso en su mejilla, corriendo su boca hasta su oído donde susurró: ―Ya hablaremos, bebé…
Después de ello, abrió la puerta y con toda tranquilidad salió del apartamento. Derek inspiró y miró a Bella, que estaba pálida y parecía estar conteniendo la respiración. Se giró y le tomó la cara, mirándola con preocupación:
—¡Jesús, Bella! ¿Te encuentras bien?
¿Si se encontraba bien, había preguntado Derek? Ella pensó que iba a desmayarse. Cuando los dos hombres quedaron frente a frente, Bella pensó y se imaginó a Edward saltando sobre Derek… o viceversa, pero aquel discurso tan formal e incluso apacible entre ambos, la dejó más alterada. Además, estaba la posibilidad que por cosas de la vida, Edward reconociera a Derek, y ahí sí hubiera estallado una de bomba atómica, por decir algo.
―Joder, Bella, estás pálida, ¿vas a desmayarte?
―No… no… ―se obligó a calmarse, parpadeando y agitando su cabeza como para despejarse―. Estoy bien… de verdad.
―Pues no lo parece. Ven, vamos adentro.
Derek la guió hasta la cocina, donde sobre la barra de desayuno de granito negro, se hallaban dos tacitas de café. La sentó sobre un taburete y sacó de la nevera una jarra de agua helada, la que sirvió en un vaso para que se bebiera. En algún lugar había leído que eso ayudaba a tranquilizarse a quienes pasaban por sustos extremos, como Bella.
―¿De verdad estás bien?
―Sí Derek, fue sólo la impresión ―respondió dejando el vaso vacío sobre la encimera― no me esperaba que Edward subiera.
―¿Él te trajo hasta aquí?
―Insistió frente a mis padres. Ellos confían mucho en él, y si me negaba podía ser peor… ―se pasó los dedos por los labios, mirando a un punto fijo―. No pensé que se atreviera a subir.
―Iba a pasar tarde o temprano, bella.
―Además, cuando los vi juntos… a él y a ti frente a frente, pensé… pensé…
―¿Qué pensaste? ―inquirió Derek, arrugando su entrecejo―. ¿Qué nos echaríamos encima el uno al otro? No somos bestias… al menos yo no lo soy.
―Lo sé… es sólo que… no sé. Además, lo provocaste ―agregó esto último como un reproche, estrechando sus ojos castaños hasta su amigo, que se alzó de hombros.
―No lo veas de esa forma, no fue una provocación… más o menos. Quería que viera que no estabas desprotegida. Él no sabe que yo conozco su historia, ¿lo olvidas? Yo simplemente debo verlo como tu cuñado, nada más. ―Se cruzó de brazos y guiñándole un ojo, agregó: ―Así que despreocúpate, al menos esta noche no sacaré mi juego de cuchillería para usarlo en contra de ese hombre.
Bella lo miró con sus ojos fuera de órbita, como si su amigo chef se hubiera vuelto loco. Derek por su parte, rodó los ojos y extendió sus manos por sobre la barra hasta tomar la de ella, apretándolas suavemente.
―¿Entiendes que es una broma, verdad? No arruinaría el filo de mis implementos de trabajo con ese tipo… quizás usaría una motosierra o…
―¡Derek!
El no pudo evitar carcajearse y ella, un poco contagiada por esa risa tan agradable, se relajó sonriéndole.
―Tomemos ese café mientras me cuentas los pormenores de tu cena.
Entonces Derek fue por la tetera de porcelana con el café caliente que mantenía sobre la lumbrera, mientras ella acercaba el cuenco con azúcar, lista para poner al tanto a su amigo de los detalles de su encuentro con sus padres.
**0**
Pantera en celo, eso era lo que Senna parecía. Se paseaba de un lado a otro sobre sus altos tacones, inquieta, refunfuñando maldiciones, mirando hacia todos lados en aquella casa en penumbras, donde se movía cómodamente como si fuera suya, no siéndolo en realidad. Y es que durante la ausencia de la mosca muerta de Bella Swan, ella había podido ir y venir en aquel lugar, aunque Edward la tratara como un mueble más. De un tiempo a esta parte, la ignoraba y no compartía con ella sus decisiones, ni la cama como antes… o cualquier superficie donde se pudiera follar.
Y ella que pensaba que había dado el golpe de su vida mandando lejos a esa chiquilla, pero por supuesto no se detuvo a pensar que Edward, no se quedaría tan tranquilo y removería cielo y tierra para encontrarla, a pesar de que él insistía que esa desagradable criatura no le importaba. Pero ella sabía que no era así.
Deambuló por la primara planta de la casa, abriendo y cerrando puertas, hasta que llegó finalmente hasta el despacho de Edward, encendiendo la lámpara sobre el escritorio. Se mordió el labio y rodeó la mesa hasta sentarse sobre la silla de cuero que el hombre siempre usaba, fijándose en el sin fin de papales regados frente a ella, sobre el escritorio. Levantó uno que otro papel, dejándolo caer despreocupadamente, moviendo por aquí y por allá solo con el afán de curiosear. Se fijó en una carpeta negra y la abrió sin mucho interés, leyendo algunas líneas, hasta que algo allí llamó profundamente su atención. Se incorporó y releyó atentamente el nombre de la persona sobre la que allí había un informe.
―¿Derek? ―susurró totalmente sorprendida, leyendo la detallada reseña que había sobre el hombre. ¿Por qué Edward iba a querer un informe suyo? Se preguntaba Senna, leyendo algunas cosas que ya sabía de ese hombre por quien en el pasado hubiera estado dispuesta a todo, su primer gran amor.
Pasó una y otra hoja buscando algo, un indicio del por qué esa carpeta estaba ahí… cuando hasta el final se topó con cuatro fotos. En dos de ellas, Derek se veía solo, saliendo de un restaurante y metiéndose a un coche. Senna mordió su labio al ver lo bien que los años había tratado a aquel hombre, que a leguas se notaba expelía sensualidad. Se concentró en la foto donde se le veía caminando, tan sexy, recordando como ella había perdido su virginidad con él, que en ese entonces sólo tenía dieciséis años, igual que ella.
Recordó cómo le rogó a su hermano Emmett que la llevara a la fiesta donde Derek también iría, tan solo para tener la posibilidad de socializar con él, de acercársele, pues cuando el ahora chef iba de visita a casa, simplemente la ignoraba. Y era lógico, pues era la hermana de su mejor amigo, pero ella sentía que a veces él la miraba… y lo comprobó en esa fiesta, cuando ella tuvo la iniciativa de acercarse a él, quien al parecer había ido casi a la fuerza a esa fiesta, invitándolo a pasear por el jardín para hablar de películas y música.
Nunca iba a olvidar esa noche, en esa fiesta que a ninguno de los dos les interesaba, esa fiesta donde por primera vez hablaron y en donde por primera vez se besaron… siendo ella la que tomó la iniciativa, debe reconocer.
Fueron casi dos años de "noviazgo"… hasta que a ella se le ocurrió que el antiguo club de sexo del cual Esmerald Cullen era la dueña sería una buena opción para distraerse. Allí perdió a Derek, y se perdió a ella misma cuando conoció a Edward Cullen.
Inspiró profundo, quitando la foto de su vista, apartando esos recuerdos, tomando otra foto que la dejó pasmada. ¡¿Qué mierda hacía la mosca muerta con Derek?! ¡¿Por qué jodida razón él la estaba abrazando?! Se preguntó profundamente indignada, dejando la foto a un lado y levantándola cuarta imagen donde se le veía a él tomarle la cara con su frente pegada a la de esa chiquilla de mierda.
Tiró la foto dentro de la carpeta y la cerró de golpe, levantándose a continuación, caminando otra vez de aquí para allá por el despacho. No era posible… no era posible que esa pendeja primero se metiera con Edward y ahora estuviera con Derek…
―¡Niñita de mierda! ―gritó, botando una silla al empujarla con sus espectaculares tacones Prada en ese arranque de indignación. Caminó hacia la ventana que daba al jardín, cruzándose de brazos. Le importaba una mierda contemplar la vegetación perfectamente diseñada por un experto. Simplemente miró hacia el horizonte, totalmente ofuscada―. Ahora sí me tocaste los cojones, niñita de mierda. Y eso nadie lo hace… juro que me las pagarás. Lo juro.
Salió entonces de casa de Edward cargando con su indignación y la fotografía de Derek y la mosca muerta, guardada en su cartera, metiéndose a su coche y pensando en un buen plan para darle una lección a esa chiquilla y sacarle de una vez por todas del camino.
Eso haría.
GRACIAS POR ACOMPAÑARME, Y NOS VEMOS LA PRÓXIMA SEMANA!
