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Akidzuki cerró los ojos con fuerza y exhaló. NO podía dejar que los nervios la molestaran.
-Demasiado fácil… -susurró el joven de Taiyô junto a Hikaru.
Hikaru miró a lado y lado por los rabillos de sus ojos y activó el Byakugan con cuidado, cubriendo el lado de su cara que no tenía un mechón de pelo cubriéndola con una mano, con pose de "estoy aburrid". Shikaji maldijo por lo bajo y comenzó a resolverlo como si nada. Shifuu notó que había una mosca volando (estaba entre dos ninjas de otras aldeas) y la atrajo hacia sí, notando que había visto unas respuestas. Chôsuke, Kaede e Iwanori no tuvieron necesidad de copiar gracias a todo lo que habían estudiado.
Poco a poco, varios candidatos al examen fueron saliendo del salón, incapaces de aguantar tal presión. Si no era por eso, era porque los descubrían haciendo trampa.
Sheba movió una mano de forma casi imperceptible. Pequeños granitos de arena se unieron, tomando la forma de un ojo. Los ojos rojos del chico junto a Sensu apenas parpadeaban, cosa que a él le dio muy mala espina.
Sin embargo, a Hikaru le comenzó un cólico más fuerte que el de la noche anterior. Se dobló sobre sí misma, desactivando el Byakugan y usando su Jutsu de transformación corporal para tomar una forma más femenina.
"¿Por qué a mí?" –se preguntó, adolorida.
Toramaru lo notó cuando se asomó y corrió por debajo de los escritorios para ver cómo estaba su compañera de equipo.
-¿Miau?
-Vete, Toramaru… No le des problemas a Aki.
-Miaaau.
-Pregunta si puedes salir –susurró el rubio de Taiyô. No levantó la vista de su examen, pero la Hyuga notó que estaba algo más pálido.
-G-gracias… -y Hikaru preguntó si podía ir al baño.
-Deberás ir con una mano esposada para evitar problemas. Apresúrate –Sarutobi dijo, mientras un chûnin hacía lo dicho.
Al llegar al baño…
-Tiene que soltarme… Los hombres no pueden entrar aquí.
-Ya lo sé… -y el chûnin la soltó.
Hikaru entró al baño, y retomando su forma neutra, sacó una de las inyecciones que había echado en su morral. Rato después, salió del lugar, otra vez bajo su figura más femenina y regresó al examen.
-¿Miau? -Toramaru preguntó, mientras cuidaba el puesto de la chica.
-Gracias, Toramaru. Vuelve a tu lugar.
-¿Mejor? –preguntó el de Taiyô, que por lo visto era más simpático de lo que aparentaba.
-Sí, gracias… ¿Cómo supiste? –Hikaru preguntó quedamente.
-Percibo el dolor –él respondió.
-Entiendo –y Hikaru volvió a concentrarse en el examen.
Se acabaron las dos horas y Sarutobi dijo que dejaran de escribir.
-Llegó la hora del décimo punto… Pero les advierto: Este punto vale más que los demás. Si lo fallan, no podrán volver a tomar el examen mientras vivan. Pueden retirarse o tomarlo aunque se equivoquen. Si uno de su equipo decide irse, los demás deberán largarse también.
-No nos preparamos tanto para rendirnos así de fácilmente –Akidzuki dijo, al fin sin dejarse intimidar de Sarutobi. -¡No sé los demás, pero yo no me voy!
-¡Miaaau! –Toramaru afirmó, sobre el escritorio.
-Cierto. No daremos un paso hacia atrás.
-Mira, sólo por no haber perdido el tiempo, me quedo –Hiperion dijo.
-¿Es una broma? ¿Después de haber estado aquí dos horas, te crees que me voy a largar así como así? –la chica rubia junto a Ryoga dijo. –Yo quiero ser chûnin.
-¡Mucho, Dana! –respondió su compañero del cabello rizado.
-No seré uno de los que se vaya –Iwanori dijo, serio.
-Lo mismo va por mí –Chôsuke agregó.
-No me voy –Shifuu dijo calladamente.
-No tiene sentido irse –Shikaji agregó.
-Ni que pudiéramos elegir en una misión, esto es lo mismo –Mors dijo.
-No soy tan cobarde –Sensu añadió, provocándole una discreta carcajada a Tia.
Así, todos fueron decidiendo si se iban o no.
-Bien… Pues pasaron –y al fin la dura cara de Sarutobi se suavizó un poco.
-¿Eso es todo? Pues qué forma más fácil de pasar un examen –Hwoarang dijo, un poco decepcionado.
-¿Y las otras preguntas, qué? –Ryoga preguntó.
-Era una prueba para ver qué tan bien trabajan bajo presión y cómo lograban hacer trampa sin que los detectaran. Un shinobi debe saber estas cosas cuando hay misiones de alto riesgo. Pero es más importante saber cuándo rendirse y cuando no. Para eso era la pregunta diez. Ahora salgan y vayan a la siguiente parte del examen.
-O sea… ¿que podríamos habernos dormido el examen, decir que hacemos la última pregunta y así aprobábamos? –Mors resumió. –Gran fallo.
-Pueda que sí, pueda que no, pueda que quién sabe –Akidzuki dijo. -¿Por dónde vamos?
-Por donde yo diga –dijo una voz inusualmente profunda pero cálida. –Síganme.
Quien había hablado era un hombre muy alto, de cabello castaño y ojos inexplicablemente azules. Quienes eran de Konoha lo conocían: era Sora Miyao, el hermano menor de Murasaki.
-Dos horas de sueño a la basura… -dramatizó Hwoarang en tono de broma. –Bueno, a ver la siguiente…
Una vez todos estaban afuera, Miyao volvió a hablar.
-Para los que no me conocen, mi nombre es Sora Miyao, y soy el censor de la segunda parte del examen. La primera parte fue para medir su intelecto, ingenio y capacidad de trabajar bajo presión. La segunda parte del examen es para ver qué tan aptos son para sobrevivir en condiciones adversas. A cada equipo se le entregará un pergamino de cielo o tierra. Para pasar esta parte del examen, deben tener AMBOS y llegar al centro de esta área, la cual llaman el Bosque de la Muerte. No tienen derecho a abrirlos. El que lo haga será descalificado, pero no estará consciente para saberlo. He dicho.
-Eso de "no estará consciente para saberlo" me ha gustado –dijo el joven de rostro tapado y cabello castaño.
-Elohim –lo llamó una chica de pelo morado. –Vamos.
-Sí, sí… No nos han dado el tal pergamino, lista –él gruñó.
-¿Por qué todos los de Taiyô son tan raros…? –Ryoga dijo en voz baja.
-Mejor ni saberlo –Iwanori dijo, y todos siguieron al altísimo jônin.
Al final llegaron a un área con una cerca bastante alta, y al parecer electrificada.
-Este lugar es conocido como la zona de entrenamiento de batalla número 44, o el Bosque de la Muerte. Tienen diez días para llegar al centro del área con los dos pergaminos. Ahora, cada equipo debe situarse frente a una puerta y entrar. Recuerden mi advertencia… Y veremos quiénes llegan al lugar –Miyao dijo, su voz más grave que lo usual.
-Qué bonito nombre, el Bosque de la Muerte… -Mors dijo con una sonrisa. –Me parece que me va a gustar este lugar.
-Ese tío está loco, te lo digo yo –Kaede susurró al oído de Chôsuke.
-No mires la paja en el ojo ajeno y sí la viga en el propio –el Akimichi dijo, temeroso.
-¡Abran las puertas!
Con eso, los equipos entraron al área, sin saber a qué se enfrentarían.
-Bueno, al parecer tenemos un pergamino de Cielo. Tendremos que encontrar uno de Tierra –Akidzuki dijo. –También sería bueno encontrar un refugio que nos pueda servir.
-No sólo eso. Sugiero que cambiemos la persona que carga el pergamino cada dos o tres horas. Así no sabrán quién la tiene.
-Miaaau…
-Tranquilo, Toramaru, que no tendrás que cargarlo.
-Bien, buscaré algún lugar… Byakugan! –Hikaru susurró, activando su kekkei genkai.
-No percibo presencias humanas por ahora –Shifuu dijo, haciendo uso de sus insectos. -¿Puedes sentir algo, Ryoga?
Ryoga aguzó el oído y comenzó a olfatear, al mismo tiempo. Miró a Shiromaru.
-Nada. Y Shiromaru tampoco nota nada. Me da mala espina, ya deberíamos haber encontrado a alguien.
-Bastante curioso. Busquemos refugio entre las raíces de un árbol. Quizás ya en el suelo los insectos puedan indicar algo.
-Tú y los insectos… -Inoko dijo, poniendo cara de asco. -¿En serio tenemos que meternos ahí?
-No seas quejica… -Ryoga gruñó.
-¿Qué prefieres? ¿Insectos o serpientes, Inoko?
-¡¡Aaah!! –Inoko se subió encima de Ryoga. -¡¿Dónde hay serpientes?!
-Vale que te subas encima de mí, pero no me grites al oído –Ryoga pidió, intentando mantener la calma, cosa bastante difícil con la chica que le gustaba en brazos.
-Bajen la voz… O nos delatarán.
-Perdón… -Inoko susurró. -¿De verdad hay serpientes?
-Sí. Y bastante grandes, según me dijo mi padre.
-Serpientes, insectos, enemigos… Esto es mi pesadilla –Inoko dijo, pálida.
-Tranquila. Si te dejas llevar por el miedo va a ser peor –Ryoga respondió.
-Cierto, y bajen la voz.
Por otro lado, Kaede, Iwanori y Chôsuke estaban en silencio, saltando de rama en rama, aunque de vez en cuando se detenían para observar.
-¿Crees poder percibir algo, Kaede-chan? –Iwanori preguntó.
Kaede usó sus insectos, igual que su hermano.
-Cerca, no. Pero me parece que nos encontraremos con alguien un poco más adelante… Y creo que es gente a la que habría que evitar –hizo cara de cólico. –Si ya noto su chakra desde aquí, malo…
-Entonces bajemos un nivel de altura. Así quizás podamos evitarlos –Chôsuke dijo. –Y si no, será prepararnos para lo que venga.
-Opino igual. ¿Y tú, Kaede?
Ella asintió con la cabeza.
-Jo, tengo la impresión de que todos los ninjas raros del mundo han venido a hacer este examen…
-Es mejor no pensar en ello. Tampoco es que nosotros seamos normales… Del todo.
Los tres saltaron hacia unas ramas más bajas, aunque casi pisaron a una serpiente dormida.
-Eso estuvo cerca… -Chôsuke dijo, secándose el sudor. –No les tengo miedo, pero las serpientes me desagradan, y bastante.
-¡Shh! –Iwanori dijo. –Alguien viene.
-Maldición –susurró Kaede.
Hicieron bien en esconderse, porque el grupo del cual todo se alejaban pasaba por ahí.
-No presiento nada… -dijo el joven de los ojos cubiertos. -¿Ustedes?
-Nada –dijo la chica, con una voz ponzoñosa, mientras el otro chico negó con la cabeza. –Vámonos, que aquí huele a basura rancia.
Con eso, ese equipo se fue saltando, dejando al equipo de Konoha suspirando de alivio.
-"Lo que yo decía…" –Kaede pensó.
-Basura rancia… No tienen derecho a llamarnos así –Chôsuke dijo, enfadado.
-Mejor eso que tener que luchar con ellos –Kaede dijo, aunque también enfadada.
-Entonces sigamos adelante, y crucemos los dedos para no volver a verlos por un buen rato.
Cada equipo siguió avanzando, aunque poco a poco iban quedando menos. Sin embargo, el equipo de Ryoga pasó cerca de un claro… Y lo que vieron no fue alentador.
Elohim y sus dos compañeros de equipo se encontraban frente a frente con otros tres ninjas. Curiosamente, el equipo parecía liderado por la chica de cabello morado, quien a todas luces era la menor.
-Phoenix, esto es una estupidez, no sabemos qué rollo tienen… -Elohim dijo.
-Ese rollo no me importa. Me ha enseñado los dientes. No merece vivir –Phoenix gruñó, aún mirando al líder del otro equipo.
-¿Y se supone que tú vas a matarme? –se burló éste.
La chica no respondió, pero su otro compañero de equipo, el mismo que había estado junto a Hikaru en la prueba escrita, sí lo hizo.
-Bueno, quizá podamos disuadirla si nos das el rollo.
-Tengo un mal presentimiento sobre esto –Shifuu dijo, tragando saliva.
Shiromaru lanzó un gemido.
-¿Qué dice? –Inoko preguntó.
-Esa chica es peligrosa… -Ryoga respondió, también tragando saliva.
-Nunca mejor dicho. Hasta mis insectos están asustados.
De hecho, hasta los compañeros de equipo de Phoenix parecían asustados de ella.
-Sualtaim –Elohim susurró. –Esto se nos va de las manos. Cada vez me preocupa más.
-Ya no podemos hacer nada –Sualtaim respondió. –Está embalada, y es igual que su padre en este sentido…
En aquel momento todo se fue volviendo oscuro, mientras la luz se iba concentrando en un solo punto. El ambiente quedó tan oscuro que ninguno de los presentes (incluyendo al equipo de Konoha) podía ver más allá de sus narices.
El equipo de ellos quedó casi paralizado por el terror que sentían.
Sólo había un punto de luz, gracias al cual se podían ver las pálidas manos de Phoenix.
-Ay, mi madre… -Elohim dijo.
Y el punto de luz se transformó en un finísimo rayo. Entonces volvió a amanecer, por así decirlo.
El tipo que se había enfrentado a Phoenix estaba tumbado en el suelo, en medio de un gran charco de sangre y con una marca extraña en el pecho: un ala con plumas y otra como de murciélago.
-Vámonos de aquí –dijo el Aburame, al fin reaccionando.
Inoko estaba petrificada, pero Ryoga le tiró del pelo y cuando ella se volvió para quejarse, la cogió de la mano y se fueron corriendo los tres.
-Bien, muy bien, Phoenix. Acabas de delatarte –Elohim dijo.
La chica lo ignoró olímpicamente para mirar a los compañeros de equipo del recién fallecido. Los cuales también salieron escapados, dejando atrás el rollo.
-Ni una palabra de esto a nadie. ¿Entendido? –el Aburame dijo, mientras huían. –No quiero recordarlo.
-Vale… -Inoko respondió. -¿Pero qué significaban esas alas?
-Ni idea –Ryoga dijo. –Sólo espero no encontrarme con ella nunca más.
-Lo mismo digo.
