¡Aquí va un nuevo capítulo! Tres cosas previas. Sois la leche! En serio! Cada vez que miro las visitas o los reviews o todo… se me salta una lagrimita! ;P Segunda y más importante, cada comentario que leo para mi es único! Pero quiero decir que me ha hecho mucha ilusión leer el primer review de un "no hispanoparlante", gracias Doradora, por el doble esfuerzo! :) Y por esa razón me gustaría proponeros que dejéis un Review contando no solo vuestra opinión del capítulo (que me encanta… lo sabéis 3) sino también, si os parece bien, poniendo desde donde lo leéis, porque me encantaría saber hasta donde ha llegado el FF!

Y tercera cosita… se acerca mi cumple ^^ Lo cual para mi es maravilloso, pero para el fanfic significa que me costará un poquito más actualizar, aunque ni idea de cómo irá la cosa… lo mismo luego voy y tardo menos! O igual! O más… o ni idea :S Sólo os puedo prometer que intentaré escribir en cada huequito que tenga libre! :) Y ahora, me callo por fin y… a leer!


Comienza como un escalofrío. Sigue dormida. Totalmente roque. Pero el escalofrió sacude un poco sus pies y se mueve unos milímetros. Y la sensación continúa, como un runrún bajito pero constante, que se clava en su nuca. Un segundo escalofrío y se obliga a salir poco a poco del letargo. Identifica la sensación. La están observando. Y muy fijamente. Abre los ojos, pegados como si hubiera dormido días, y los pequeños ojos azules de Henry la sonríen.

"Te despertaste…" susurra.

"No…" gruñe contra la almohada. "Me despertaste…"

"Por tu bien… llevas durmiendo mucho" ¿Se está burlando de ella? Eleva una ceja contra la rasposa tela de la cama y el chico sonríe el doble. Sí, se está riendo de ella. Agarra a ese insolente niño por sorpresa y sus dedos vuelan peligrosos hasta su tripa. Cosquillas, cosquillas sin clemencia alguna.

Henry se retuerce contra el colchón y trata de reírse menos y defenderse más, pero es imposible. Claudica y se rinde entre carcajadas: "Era broma, era broma, yo también me acabo de despertar"

Emma es misericordiosa y detiene la tortura observando el camarote. Es su habitación, la misma que ocupó a la ida y sigue teniendo una sola cama, aunque seguramente es lo suficiente grande para un adulto y medio. "¿Hemos dormido los dos aquí?"

"Sí, ¿no te acuerdas?"

"No debí llegar por mi propio pie, chico" asume dejándose caer cómicamente contra el colchón. Y las preguntas llegan en menos de un pestañeo.

"¿Te trajeron como a mí? ¿Ha ocurrido algo?"

"Nos atacaron…" Recuerda lo ocurrido. Todo. Y no tiene claro como relatárselo…

"¡¿Os atacaron?!"

"Sí…"

"¿Quién?"

"Sirenas…"

"¿…Sirenas?"

"Sirenas" repite Emma convencida.

Henry medita un instante si las sirenas pueden considerarse un enemigo feroz, o siquiera un peligro. Lo poco que sabe de ellas es que pueden seducir a hombres hasta ahogarlos, pero nada más agresivo que eso "¿Y qué pasó? ¿Están todos bien?"

"Sí, sí. Nadie está herido. Se taparon los oídos a tiempo e incluso se ataron antes de que llegaran al barco" Ella misma pensó en taparse los oídos, pero no habría sabido cómo explicarlo y la vergüenza le hizo perder unos segundos valiosísimos. Un suspiro después iba tarareando feliz y acercándose a su muerte tan contenta. "Aunque yo estuve a punto de caer por la borda"

Los ojos de Henry se abren de sopetón. "¿Casi te come una sirena?"

"O lo que sea que hagan esas brujas acuáticas, sí…"

"¿Te embrujaron? Pensaba que sólo embrujaban a los hombres…" Bingo… Y esa debe ser la misma pregunta que se está planteando el resto del barco. Quizás pueda encerrarse en el camarote y no salir hasta que aprenda a hacerse invisible. Uno o dos meses bastarán. "Son mucho más poderosas de lo que había leído…" musita Henry pensativo. Pero un segundo después está mirando a Emma con los ojos iluminados y una gran sonrisa. "¿Desayunamos?"

La rubia eleva ambas cejas y sonríe. No sabe si atribuir esas palabras a la inocencia de su no tan pequeño hijo o a la naturalidad y franqueza que demuestra siempre… o al hambre. Pero sea como sea, ella también sonríe encantada:

"¡Tonto el último!" Y ya está corriendo como alma que lleva el oscuro hacia la cocina.

"Eh, ¡eso no vale!" chilla Henry por detrás. "¡Ni siquiera sé dónde vamos, tramposa!"


El estruendo precede a la llegada de los dos corredores maratonianos y cuatro cabezas se giran para ver entrar a Emma corriendo en el comedor y alzando los brazos. Henry, un poco asfixiado y, sobre todo, indignado, llega detrás jadeando algo de "trampas" y "repetición", pero Emma se ríe, le abraza por la espalda y le arrastra hasta el centro del comedor. Es entonces cuando repara en los gestos divertidos de los inesperados espectadores. Neal, Snow, James y Regina están repartidos por la cocina y no han perdido detalle de la entrada a meta.

"Los bellos durmientes…" La sonrisa de Snow es tan tierna como su chiste y no pregunta antes de achuchar a Emma rodeando su hombro.

"Buenos días, cariño" murmura a su vez Regina dejando un beso en la coronilla de Henry "¿Quieres desayunar?" La enorme y hambrienta sonrisa de su hijo es cuanto necesita ver para empezar a prepararle un cuenco con los cereales y frutas que les suministró el pueblo de Philip.

Emma deja escapar sus ojos de refilón. Pero, casualidad o no, la espalda de Regina es todo lo que ve. "¿Tanto hemos dormido?"

"Veamos… caíste inconsciente a las doce del mediodía y son las nueve y media de la mañana…" calcula James jocoso "Desde luego entraría dentro de mi definición de sueño reparador." El gesto de Emma se vuelve ligeramente vergonzoso aunque no carente de humor y el príncipe se apiada. "Me alegro de que ya estés bien"

Sólo hace unos minutos que ha abierto los ojos pero no necesita más para recordar lo ocurrido en la borda. De no haber estado medio inconsciente probablemente habría soñado con ello. Con Regina rogándole que no saltara, que se quedara con ella. Que la mira cuando sonríe, cuando no mira y siempre. Les dio un susto de muerte y no pretende ser egoísta, pero es incapaz de recordarlo sin sonreír. Puede disimular un poco, fingir que no es ahora mismo la mujer más feliz de todo Nunca Jamás. Pero dentro de ella seguirá resonando la voz de Regina susurrando: "Pero yo lo deseo más, mucho más".

Se hace con una manzana y oculta su sonrisa mordiéndola. Toma asiento con el resto tratando de quedar un poco más cerca de Regina. Pero la alcaldesa se levanta oportuna a por más agua y al regresar a la mesa se sienta en la otra punta. Ahora sí tiene claro que la está esquivando y no se decide entre sentirse molesta o divertida. Alarga la mano hasta un cuenco con leche. Imaginaba que no sería fácil, nada lo es con Regina… ¿Pero piensa ignorarla? ¿Esa es su gran estrategia después de lo ocurrido? ¿Y lo que es más triste, alcaldesa, crees que me voy a conformar?

Resopla y mira alrededor, procurando cambiar de emisora antes de que su cabeza estalle y salgan las mil miniaturas de Regina que pasean por ella. Henry está devorando todo lo que está a su alcance y prefiere no pensar cuando fue la última comida decente que tuvo a mano. Sus padres le miran con orgullo abuelil y Neal bromea con él tratando de quitarle algún trozo de tostada.

"¿Y Hook y Rumpelstiltskin?" pregunta mirando directamente a Regina. Ha descubierto un nuevo pasatiempo, buscar incansable su mirada mientras ella se dedica a ignorarla por completo. Por supuesto, la morena no hace amago de contestar y es Neal el que deja tranquila la tostada de Henry y la responde. A pesar de sonar con absoluta normalidad, cuesta que sus escurridizos ojos marrones se claven más de un segundo en los de Emma. Y cuando lo hacen es teñidos con una vergüenza totalmente atípica en él. Aunque no tiene nada que reprocharle; ella misma no sabe bien cómo mirarle.

"Arriba llevando juntos el timón como buenos amigos y acordando la mejor ruta" Las cejas de Emma se enarcan rozando la raíz del pelo y Neal suelta una pequeña carcajada. "Sorprendente, ¿eh? No hay nada que este pequeño no consiga"

"¿Yo?" pregunta Henry con los carrillos rebosando comida.

"Tú, sí. Y cierra la boca que se te escapa medio desayuno" La advertencia de Regina es todo sonrisa y Henry acaba sonriendo con ella y tratando de no abrirla estando tan llena. La alcaldesa advierte que los ojos de Emma observan toda la escena y los ignora, como al resto de la sheriff.

La salvadora es pura resignación. No va a dejar de mirarla, pero teme que el aguante de Regina sea tan firme como su cabezonería. Asume que este no es el momento, que tendrá que aguantarse y esperar un lugar mejor para hacerle frente. Pero los nervios están atacándola gruñen y se quejan, impacientándola. La paciencia nunca ha sido su fuerte.

"Hablando de los dos marineros de agua dulce de arriba, es mi turno para sustituirles" Neal toma la palabra ante el plácido silencio que se ha formado en torno a la mesa y el desayuno "Y había pensado que quizás algún grumete querría acompañarme y aprender a manejar el timón, ¿qué te parece?"

"¿Lo dices en serio?" El rostro de Henry se ilumina lleno de emoción. "¡Vamos!" grita tirando apresuradamente de la manga de su padre. Mientras se alejan aún pueden oírle. "¡Voy a manejar un barco!"

Ninguno de los cuatro reprime una sonrisa. Pero la de Regina desaparece de un plumazo al notar, otra vez, la insistente mirada de Emma. Ni siquiera parece que quiera decirle algo. Sólo la mira, como si estuviera contemplando un cuadro. No soporta la sensación de sus pupilas recorriéndola y sortear sus ojos no es suficiente para rehuir el efecto que tienen sobre ella. Emma la desequilibra y Regina empieza a desear que hubiera saltado. Pero tiene un remedio infalible… ignorar a la inaguantable señorita Swan desde la distancia.

"Creo que subiré a comprobar si arriba el barco se sacude también tanto…" murmura Regina casi para el cuello de su chaqueta. Es innegable que sus pasos no son tan rectos y consistentes como deberían. Incluso James está tentado de levantarse en un par de ocasiones al verla bambolearse muy levemente. Pero aún mareada Regina aguanta el tipo y trata de salir a cubierta por su propio pie.

"Regina, ¿estás bien?" La pregunta de Emma no es más que genuina preocupación pero Regina no quiere nada de ella, ni genuino ni no.

"Maravillosamente, señorita Swan" La voz de la morena puede jugar con cualquier palabra y convertir la más educada de las réplicas en una respuesta irónica y gélida. Pero a pesar de la soberbia que desprende se ha despistado y ha mirado a Emma. Cruza sus ojos con los índigos y en ese instante su gesto sí que se torna furibundo. Tanto como para dedicarle una mirada de desprecio made in Regina. Emma sin embargo sonríe con más fuerza y se baña feliz en el marrón de esos ojos que tanto echaba de menos. Ni siquiera el desaire nubla su contento. Con o sin mala cara, la morena tampoco ha sido inmune a esa mirada. Lo sabe y su sonrisa crece aunque la vea desaparecer.

"Nos despedimos entonces de Neal como yerno ¿no?" La pregunta de James corta el aire y Emma se gira de golpe, rozando el tirón de cuello. Les mira con los ojos abiertos y sin ocultar su espanto. Y, sin embargo, su madre se ríe mirando hacia otro lado y James trata de aguantar las carcajadas como puede. ¡¿De qué están hablando?! ¿Tanto se nota?

"¿Qué quieres decir?" Emma suena tan martirizada que Snow golpea con el codo a su esposo tratando de regañarle, pero los dos terminan en tenues carcajadas.

"Las sirenas, cariño" responde al fin la morena. Emma intuye que puede respirar tranquila, pero se reserva el lujo de tomar aire hasta confirmar a qué se refiere su madre. "Hemos dado por supuesto que si ELLAS te embaucaron…" remarca el artículo determinado femenino y el sonrojo de Emma crece aún más. Al menos no han caído en cuál es su candidata ideal para sustituir a Neal… pero eso no reduce el bochorno de mantener esta conversación con sus padres.

"Yo, bueno…"

"Emm, nos parece genial. Chico o chica es lo de menos, sólo queremos que seas feliz" Se adelanta Snow apretando su mano cariñosa.

"Gracias" Sigue pareciendo un semáforo en rojo, pero confía en que algún día su piel vuelva al color normal. O al menos pase al ámbar. ¿De verdad está saliendo del armario con sus padres desaparecidos? Tanto echar de menos una familia normal y por un breve lapso de tiempo no le importaría no haberles encontrado aún…

"¡Ay, será como si tuviera dos hijas!" celebra Snow encantada y James arranca a reír otra vez mientras Emma esconde su cabeza entre los brazos. Sí, y con suerte una hija que antes fue tu madrastra… Necesita llegar a Storybrooke y tomarse la aspirina más grande jamás fabricada.


Es una fiera enjaulada. Pero su jaula tiene agua alrededor, mucha agua y pocos barrotes. Se siente encerrada y oprimida dentro de ese maldito barco y lo único bueno en toda la embarcación tiene 11 años y está entretenido con Neal y el timón. Y mientras tanto ella mira hacia la borda tratando de no vomitar ni marearse y esperando el ansiado momento en que oiga la frase "tiremos la habichuela". ¿Cuánto más van a tardar? Si alguna sirena se cuela hacia Storybrooke la freirá. Lo ha hecho una vez, lo puede hacer todas las que hagan falta.

Pensar en sirenas sólo aumenta su mal humor. Esos patéticos seres han complicado su objetivo de ignorar a la sheriff. Ahora la rubia está más crecidita, más cargante, y Regina no puede asegurar que no la lance ella misma por la borda. Si sigue mirándola así, con sonrisitas impertinentes y dirigiéndose a ella, terminará lo que empezó esa mitad pez mitad zorra… Tampoco hubiera sido tan mala idea dejar que hicieran migas. Quizás la sirenita y Emma tenían cosas en común…

Pero con tan sólo pensarlo sus tripas se revuelven. Ahí llega ese molesto zumbido. Ese estúpido murmullo que le dice que jamás la hubiera dejado saltar. O peor. Hubiera saltado ella detrás. Sacude su cabeza, destierra todos esos desvaríos y se frota el puente de la nariz. Necesita salir de ese barco y poner distancia. No tener al satélite Emma dando vueltas cerca de ella y dejar de sentir de una vez por todas.

Pero los malos nunca pueden tener suerte, ¿verdad…? La madera cruje con los pasos de alguien que camina hacia ella. Henry continúa lejos, con su padre, y en ese barco sólo hay una persona tan pesada como para molestarla. Se gira ya vistiendo su cara de "mata-Swans" y confirma sus sospechas.

Emma, a unos cautelosos metros de distancia, tuerce la cabeza: "¿Cómo está tu hombro?"

"Adiós señorita Swan" Le da la espalda y regresa su interés al mar. Trata de controlarse. No se decanta entre odiar más su impertinencia, su entrometida pregunta o su tonito preocupado.

"Regina…" Su nombre viene seguido de más ruido de madera. Emma da un par de pasos tratando de dar pie a una conversación normal, pero Regina bufa ante su insistencia y, sin girarse hacia ella, camina alejándose.

Pasa a unos metros de ella y ni la mira. Pero Emma no quiere más desplantes. Necesita hablar con ella, cueste lo que cueste. Suena ridículo, pero se ha malacostumbrado a Regina y estos últimos días sin poder acercarse a ella, hablarla o tocarla son una tortura. Ni siquiera se lo piensa. Echa a andar tras ella y sigue sus pasos, directos al interior del barco. Regina escucha a Emma y camina cada vez más rápido, pero cuando quedan ocultas dentro de la nave, la rubia la alcanza en dos zancadas.

Estira su mano hasta agarrar la muñeca de Regina y consigue que frene sus pasos, pero sus dedos arden con el toque de la piel de la morena. Esta sonríe y Emma la suelta y contiene la mueca de dolor:

"¿Vas a seguir ignorándome?"

"No sea peliculera, sheriff" gruñe dispuesta a seguir su camino.

"Fueron dos"

"¿Dos qué? ¿De qué me habla?" Regina eleva una ceja confundida y acto seguido se reprocha a si misma el haber contestado.

"Dos mujeres." Esa es la respuesta de Emma. Si lo que quiere es provocar a Regina, lo está consiguiendo. Si lo que pretende es lograr su atención… también lo ha conseguido. Ha olvidado que huía hacia su camarote y, aunque con los brazos cruzados y el gesto torcido, la está escuchando. "Siempre he estado con hombres, menos en dos ocasiones. Una fue hace pocos años, nos conocimos una noche con unas copas de más. No estoy muy orgullosa de decir que no recuerdo ni su nombre… Y la otra, Amanda, era del último centro de acogida… uno solo para chicas." Emma trata de contener una sonrisita ante la cara irónica que Regina le dedica ante esa aclaración. "Era una buena amiga, aquello fue una mezcla entre curiosidad, mucho cariño y divertirnos, supongo…"

Cuando Emma se calla Regina sale de un letargo en el que no recordaba haber entrado. Un letargo en el que Emma habla y ella no sólo no se va sino que la escucha.

"Nadie le ha preguntado"

Y ya van tres frases seguidas. Emma sonríe de medio lado, preguntándose si será enfermizo encontrarla preciosa cuando contesta como una auténtica tirana. Camina un paso. Recorta distancias. Tantea a Regina: "Hoy no, pero sí ayer y antes de ayer y…"

"Saca las cosas de contexto y a mí de mis casillas" la interrumpe elevando su labio y calcula los centímetros que quedan del escaso metro que todavía las separa. Su postura invita a cualquier cosa menos a acercarse, pero las salvadoras son temerarias por naturaleza y no entienden de señales de advertencia.

"Y tú vas y me lo pagas salvándome la vida…" musita y su media sonrisa se convierte en una completa al recortar distancias.

"A ti y a tú madre" espeta con arrogancia. Pero sólo sirve para que Emma eleve su mano y acaricie su hombro, cerca de donde está la venda que cubre lo que queda de su herida. Sabe que los dedos de la salvadora están quemándose por cada centímetro que tocan, pero parece dispuesta a aguantar el dolor estoica. No contaba con eso y entre su tacto y las distancias que ya prácticamente no existen se está poniendo nerviosa. Algo que ella siempre oculta tras una pantalla de agresividad. "¿Y qué demonios se supone que hace, sheriff?"

"Nada que no haya hecho antes…" susurra inclinándose hacia su cuerpo, el cual Regina mantiene rígido y tenso.

"No sea ridícula…" traga saliva, pero su voz no flaquea. Ni aunque Emma humedezca sus labios y descienda directa a los suyos. Por un momento delira y piensa en su sabor, su suavidad, su forma de besar… Pero regresa en sí a tiempo de lanzarle un ladrido: "¿No sabe que lo que ocurre en las Vegas se queda en Las Vegas?"

La maldita risa de Emma vibra contra su boca y los dedos se pierden en el calor de su cuello a pesar de que deben estar doliéndole. "Lo entiendo…" susurra con tanta suavidad que es como si ya la estuviera besando. "…pero aún estamos en Las Vegas."

No lo ve venir. O quizás sí, pero no encuentra las ganas para apartarse.

Emma se pega a ella hambrienta y atrapa sus labios con más necesidad que calma. Se hunde totalmente en ese beso, aunque más que un beso son sus labios bailando de alegría contra los de Regina. Los prueba con tiernos mordiscos y está dispuesta a llevar la voz cantante si la morena se empeña en permanecer inmutable. Pero cuando su lengua lame los carnosos labios, advierte cómo se apartan y le dan la bienvenida.

Gime contra su boca, pero no se detiene, ni siquiera para respirar. No quiere darle oportunidad de echarse atrás. Sus dedos se enredan entre los mechones negros y, mientras la acerca aún más a ella, observa que la piel de Regina deja de ser hierro candente contra sus dedos. De nuevo es sólo tersa suavidad. La recorre; se empapa de ella; se recrea en el beso y vuelca en él todo. Absolutamente todo. Hasta que Regina jadea y se agarra a sus caderas. Emma agarra su nuca, recorre su boca y los dedos de la alcaldesa se clavan con fuerza en su piel.

El cuerpo de Emma es zarandeado por un torrente de sentimientos y ni la cabezonería de Regina, cuyas manos ya navegan por su cintura, rozando su trasero, podría rebatir que ella también ha caído. La salvadora gira su cuerpo, llevándose a la morena con ella y apoyándola tras un recodo de la pared. La alcaldesa, entre la espada y la señorita Swan, se desliza contra su cuerpo y se deshace en su boca. No podría jurar si permanecen ahí segundos o minutos.

Pero no importa el tiempo. Importa el sonido de la madera. Esa que precede a las personas en ese barco. Ese ruido a vigas viejas y tablas sueltas que producen hasta los pasos más ligeros. En este caso los de James…

"¡Emm! ¿Emm, cariño, dónde estás?"

Es un jarro de agua fría. Cinco palabras que abren los ojos de Emma y llevan las manos de Regina al pecho de la rubia. Empuja hasta apartarla de ella y detiene el beso con brusquedad. Se rompe lo que sea que mantenía ese instante congelado en el tiempo, como un oasis dedicado a ellas. La salvadora se mantiene firme sobre sus pies y no mueve las manos de su cuello ni cuando Regina la suelta. Busca su mirada y susurra:

"No, no, no…"

Pero frente a ella no está Regina. Ni siquiera su refunfuñona alcaldesa. La misma reina malvada le devuelve la mirada.

A lo lejos, pero cada vez menos, se repite la voz de James: "¿Emma?"

"La reclaman, señorita Swan" Regina agarra el brazo de la sheriff y lo aparta de su cuerpo sin ningún tacto para echar andar.

"Regina, por favor, espera…" implora sujetando su muñeca y deteniendo su huida. Esta vez no es un fuego invisible el que recorre su mano al tocar la suave piel de Regina. Es una llama que abrasa sus dedos y la obliga a encogerse del dolor.

"Su padre debería avisarla de lo peligroso que es jugar con fuego…"

"No hagas esto…" La voz de Emma se quiebra, mientras sostiene su mano dolorida.

"Se acabó las Vegas, Sheriff" Da media vuelta y se aleja sin más consideración que chasquear los dedos para remitir el dolor de la mano de Emma. La rubia toma una bocanada de aire aliviada pero sale veloz tras ella. Pero James le corta el paso. Regina desaparece por las escaleras y su padre se acerca a ella contento por haberla encontrado al fin.

"¿Dónde estabas? Van a lanzar la habichuela, ¡vamos!" Muestra la misma emoción que un niño pequeño. La ternura que despierta en Emma es la única razón por la que la rubia no le ignora y sale al trote detrás de la reina malvada. Incluso le sonríe y estrecha su brazo.

"Volvamos a casa" murmura contenta dirigiéndose hacia la cubierta seguida de James. Pero sólo una preocupación habita su cabeza. Regina. Su sabor permanece en los labios de Emma y es un tatuaje que no quiere que se borre nunca. Sus manos vibran con el recuerdo de la suave piel y se mueren por volver a tocarla. Besarla es lo más perfecto y auténtico que ha sentido nunca, la cosa más correcta que jamás ha hecho. No está dispuesta a renunciar a todo eso. A nada de eso.

¿Se acabó Las Vegas? Lo veremos…

Regina puede no ser consciente, pero acaba de declararle la guerra. Y el territorio a conquistar es ella misma. Está segura de que será una lucha difícil, que Regina ha levantado todas las murallas de las que es dueña. Pero no piensa renunciar a ella. Jugará hasta el jaque mate, pero esta vez no se rendirá el Rey sino la Reina Malvada.


Cada uno ha ocupado sus posiciones. Regina permanece a en uno de los laterales, con su correspondiente cuerda atada a la cintura. Henry ha sido amarrado a Neal y este a su vez sostiene uno de los cabos de la vela, con la tarea de mantenerla tensa durante el viaje por el vórtice. Snow está al frente del barco, con un sitio a su lado reservado para James, y Hook y Rumpelstiltskin custodian el timón, listos para mantenerlo firme a pesar del paseo movidito que les espera.

Los dos últimos componentes de este pintoresco cuadro aparecen por la escalera de la bodega con pasos rápidos. Emma compensa el reparto de sitios colocándose en el extremo contrario a Regina y James corre hasta su mujer.

"Próxima parada: Storybrooke" anuncia Snow lanzando con fuerza la habichuela hasta u punto inexacto frente a ellos. El agua es quietud y tranquilidad hasta que la pequeña legumbre toca su superficie. Se hunde con un ligero "plop" y un enorme remolino se traga la habichuela y todo el agua que se agita a su alrededor, como una boca hambrienta.

"¡Agarraos!" El grito de Hook es el pistoletazo de salida para la embarcación. Regina agarra con un poco de ansiedad su cuerda y observa de soslayo a su hijo. Henry está firmemente agarrado por Neal y, casi por instinto, la ojeada de Regina se escapa un poco más allá. Hasta Emma. La salvadora también la está mirando. El barco se inclina en una posición casi anti natural, pero Emma permanece serena, fija en ella. Sonríe, con una seguridad y calma que la empapa de miedo. No es capaz de leer sus intenciones porque un segundo después es Emma la primera en retirar sus ojos. Algo que confunde aún más a Regina.

La primera sacudida violenta que recibe la embarcación pilla a la morena tratando de aclarar sus ideas, tratando de descubrir por qué ese breve contacto visual ha despertado todas sus alarmas. Una ola la empapa de pies a cabeza y se obliga a centrar su atención en no volar por la borda. El barco se ha hundido completamente en el vórtice, ya tendrá tiempo para analizar esa inquietante mirada…

Continuará…