10. Gafas transparentes
-No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.
En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Palabra de Dios-
El sacerdote concluyó la oración mirando con abstracción a las personas que se congregaban en torno de la tumba recién cavada. Al fondo, ya estaba el ataúd de Rina Takamiya. Daiki lanzó una flor blanca hacía el agujero. Meimi estaba a su lado, conmovida por la pena. Manato estaba frente a Meimi y Asuka, llorando en silencio.
-Rina fue una mujer valiente, una mujer apasionada y arrojada que luchó hasta las últimas consecuencias, puso en riesgo su vida para defender a los débiles, a los oprimidos por la injusticia, y a aquellos que no tienen una voz que los represente. Justo como nuestro señor Jesús dijo: Bienaventurados sean los pobres porque de ellos, es el reino de los Cielos-
Lee estaba detrás de Meimi y Asuka, conversando a ratos con Seira. Aún llevaba algunos vendajes en la cara y los brazos, mientras que Seira llevaba el brazo izquierdo en cabestrillo.
-Esa chica, fue verdaderamente valiente- musitaba Lee. No sabía que existía rivalidad entre ella y Mei cuando fueron al instituto.-
-Al final, fue admirable lo que hizo…-susurraba Seira-. Espero que su sacrificio nunca sea olvidado.
Meimi se dio la vuelta. Los sepultureros habían comenzado a verter tierra en el agujero. Daiki la siguió.
-Como te sientes, Mei? – le dijo Seira diligentemente.
- Aún no puedo creer que Rina haya dado su vida para salvarme. Estuve tan cerca de morir, sin embargo...Me hubiera gustado conocerla más.- sollozó Meimi
-Rina era increíble.- decía Manato con la cara roja, surcada por las lágrimas. Era hermosa, fuerte, valiente, recia…Voy a extrañarla mucho. No habrá otra como ella, ni como policía ni como amiga- gimió
Asuka lo abrazó. –Calma Manato, estamos contigo en la pena. Lo sentimos muchísimo- le decía Daiki estrujándolo con fuerza-
Lee se sentía un poco excluido de la escena de los viejos amigos reunidos. Pero no podía culparlos. Dejó que continuarán lamentando sus penas sin interrumpirlos. Se dio la vuelta y contemplo el paisaje del cementerio.
-Al final las personas que menos esperábamos, son aquellas que nos demuestran actos de enorme nobleza- señalaba tenuemente Seira. Meimi sollozó mientras Asuka le pasaba una mano por el hombro para reconfortarla. Manato se secaba las lágrimas con la vista en el suelo.
Meimi, me disculpas un momento? Voy a llevar a Manato a distraerse un poco. –anunció Daiki
Se cruzaron con Lee, que miraba estoicamente el cielo azul. Daiki se dirigió a él:
-Eres un verdadero caballero. Defendiste a Meimi con una valentía impresionante. Peleaste hasta el final. Si hubieras muerto, habría sido decepcionante. Yo mismo te habría resucitado y matado de nuevo!- Asuka rebosaba de aprecio por su nuevo amigo.
-Debe ser cosa irlandesa, Daiki- río ahogadamente el joven irlandés.- Somos duros de pelar.-
-Ya lo creo. –sonrió Asuka.
-¿Que te sucede, por qué estas aquí? Puedes acercarte a nosotros. Hemos vivido tantas cosas que ya eres de los nuestros. No hay rencores entre nosotros, o sí? – habló amablemente Daiki
-No los hay- respondió aliviado Lee. Asuka lo abrazó fraternalmente.-
Disculpa, tengo que llevar a Manato a dar una vuelta. Ya nos veremos.
-Lee, ven aquí- dijo melifluamente Meimi con voz débil. El joven se acercó a ella y a Seira.
-Supongo que no hubo tiempo de presentarnos con todo este desorden que enfrentamos…Seira, este es Lee McAllister, mi…novio- terminó con un susurro la pelirroja.
-Encantado de conocerte, Seira- El joven y la monja se saludaron cortésmente.
-Lo lamento mucho, Mei.- suspiró la amiga- Al final fue verdad. Daiki y tú no pudieron limar asperezas.-
-Pero lo he perdonado. Y él a mí.- Quizás no tengamos por qué ser una pareja. Hemos vivido tantas cosas y hemos cambiado tanto que quizás ya no somos compatibles como pareja, pero podemos seguir siendo amigos-
-Lamento haber sido tan mala oyente- musitó Seira- Quizás habría evitado esto.-
-El pasado no puede borrarse, amiguita- Meimi tomo la mano de su amiga y la sostuvo entre las suyas.- Recuerdas lo que me dijiste ese día en la capilla? Si nunca hubiese querido vivir por mí misma, amarme a mi misma y encontrarme conmigo misma., Daiki y yo nos habríamos matado entre nosotros…-
-Ahora tú eres quién me enseña a mí – río juguetonamente la chica de pelo corto- Y es verdad. Tengo algo que confesarte yo también…- el rostro de la monja se puso rígido.
-Dime-
-He decidido dejar el convento. No aguanté más.- Meimi la miro con los ojos hechos platos- No me mires asi, boba! – se desternilló Seira- Simplemente, desde ese día que te ví tan decidida después de ese consejo que te dí, empecé a pensar mucho. Luego sucedió lo de esos horribles mafioso, y me desanimé aun más. Y ahora he decidido ser voluntaria de la UNESCO. Creo que puedo tener más tiempo para ayudar a los más necesitados de solo pasar el día en un convento sin hacer nada.- resolvió con presteza la chica.
Manato y Daiki volvían. Manato se veía mucho más calmado. Seira dirigió su mirada hacia el.-
-Quieres que vayamos a tomar algo, Mani? (¿"Mani"? Que cursi! Farfulló Asuka . Guarda silencio, Daiki! Le gruño Meimi)
-Por supuesto Sei- sonrió tontamente el fotógrafo. Te llevo, vamos en mi auto-
-Ustedes dos, desde cuándo? – Farfulló otra vez Daiki-
-Llevamos viéndonos algunas semanas- respondió Seira- Ah, ahora tiene sentido por qué Manato estaba tan preocupado!- DAIKI! rugió Meimi. Todos soltaron una carcajada.
-Te deseo lo mejor, Sei- Los ojos de Meimi brillaron al mirar a su amiga.
-Mani es increíble. Es un sujeto muy comprometido y fiel. Creo que…estoy empezando a quererlo de verdad-
Manato no pudo sino sonrojarse mientras abrazaba a su novia.
- Nos vamos- apuntó Manato, y avanzó con Seira tomados de la mano hacía el estacionamiento del camposanto.
- Al fin todo terminó Mei…Asuka habló con un suspiro resignado a Meimi.- Va a ser extraño acostumbrarme a la vida sin ti…tan cerca…- se sonrojó.
- Podemos seguir siendo amigos…- Meimi puso su mano en el hombre de Asuka.
- Espera un segundo-
Lee estaba detrás de ellos , con una expresión plácida en el rostro.
-Déjame hablar a solas un minuto con Meimi- suplicó Daiki
-Adelante- concedió el joven, dándose la vuelta y marchando en dirección contraria.
Meimi…quiero pedirte algo, por última vez
Que deseas
Puedo besarte por última vez?
Meimi no expreso nada en su rostro:
Que sea solo una vez. Estoy de acuerdo.
Los antiguos novios se besaron. No se dieron cuenta de que el irlandés los miraba. Pero su mirada no era de celos. Por un minuto apareció la expresión severa con la que Meimi lo conoció y más tarde una sonrisa de satisfacción.
-Te quiero Meimi…Estaré al pendiente de ti…-
-Yo también te quiero Daiki. Eres una persona excepcional…-
-Si Lee intenta pasarse de listo contigo, voy a darle su merecido! – gruño Daiki
-Ni se te ocurra! Primero te voy a patear el trasero! – refunfuño la chica.
Un segundo después solo pudieron reírse incontrolablemente.
Meimi y Lee subieron al auto. Meimi se sentía un poco extraña por haberse besado con Daiki después de tanto tiempo, pero no se arrepentía. Era una forma de hacer las paces con su pasado y de sellar una gran amistad que había durado años. Apenas habían avanzado unos metros dentro del auto cuando Lee habló:
- Los vi, se besaron- dijo Lee con tono de voz plano.
- Ahhh….Meimi se enfureció de pronto. Si, y qué? Eso no significa nada. No te engañé.- graznó.
- No es para ponerse alterada…- Meimi lo miraba como una leona enfurecida- En realidad, entiendo por qué lo hiciste. Y lo respeto.
Meimi se sintió mal por haberse enfadado con Lee. Guardó silencio mientras estrujaba la mano de su novio. Recargó su cabeza en el hombro del chico.
No volvieron a tocar el tema. Unas semanas más tarde, los padres de Meimi cenaban en casa de la chica. Lee había preparado la cena, y afortunadamente nada se había quemado, nada estaba desabrido o peor aún, nadie se había enfermado.
-Ah, es maravilloso! Con que conoces al mago Lombardi!- saltaba felizmente Genichiro Haneoka, el padre de Meimi- Es simplemente excelso, como lograr desaparecer la torre de Pisa y al público del Coliseo…Me hubiera gustado lograr algo así!-
-Ah, señor Haneoka, le diré la verdad, ese hombre es…- ¡Ay! Un codazo de Meimi golpeó al músico en las costillas. Meimi tenía una mirada estrecha de advertencia…sí, es maravilloso, es un gran mago. El mejor del mundo!- balbuceó nerviosamente Lee.
-Que hay de Daiki, Meimi? Como ha estado? Es una pena que ustedes no lograran entenderse… -decía bondadosamente Eimi, la madre de Meimi-
-Está muy bien.- contestó diligentemente su hija- Lo han ascendido en su trabajo.
-Aunque tu nuevo chico…como dices que se llama? McAlas? McMillan? Es bastante apuesto…ay, me hubiera gustado que tu padre fuera francés, ese acento me derrite…- murmuró extasiada la señora Haneoka. Genichiro y Lee se encogían en sus sillas, embarazados.
-Mamá!- gimió Meimi poniéndose colorada. Es McAllister, ya se te olvido?-
Todos soltaron una carcajada. Lee estrechó la mano de Meimi debajo de la mesa y ella hizo lo mismo. La vida por una vez, parecía estar mejorando en ciudad Seika. El sol brillaba. Los ojos de Meimi, también habían vuelto a brillar como dos zafiros iluminados por la luz de la luna…No había gafas de color rosa, sino de color transparente. Mostrándonos los verdes, rojos, azules, violetas y el espetcro cromático entero... una vida rica y colorida.
