Capítulo 10

De regreso a su lugar de origen, Sakura yacía en una estadía temporal gracias a las vacaciones de verano del internado. Su padre había insistido con vehemente persistencia traerla de regreso a Tokio, al menos durante el periodo vacacional.

El verano era la época preferida de la peli-rosa. Independientemente de la infernal temperatura, amaba la temporada de festivales, los cuales tendría oportunidad de presenciar. Establecida en una de las tantas casas que le pertenecían a su familia, Sakura, un tanto aburrida opto por emprender una travesía hacia la biblioteca. Su padre pasaba las tardes en la oficina, la importante compra de una empresa requería el tiempo de Kizashi, al menos mientras se efectuará el trato, en cuanto a su madre, Mebuki pasaba las mañanas confinada en el selectivo grupo de la alta sociedad, donde acudían a desayunar a los mejores restaurantes de la ciudad, visitar spas, ir de comprar o rara vez organizar eventos de caridad.

Decidida, contemplo el techo durante largo rato. Debería buscar alguna vía de distracción, su padre le prometió partir antes del viernes a la lujosa casa situada en el campo, donde seguramente los Hyuga también se encontrarían, por lo tanto, tendría tiempo de ver a Hinata antes de regresar a Francia.

Se puso de pie con pesadez, contemplándose en el espejo. Recordaba como su madre lanzo un grito de emoción al ver como los efectos de la finalizada pubertad se presentaban en su cuerpo. Cuando partió al internado contaba con doce años. Cuatro años fuera de casa y visitas ambiguas hicieron que la peli-rosa no percibiera la metamorfosis natural, hasta su reciente llegada. No estaba obsesionada con su cuerpo, todo estaba en el lugar adecuado. Sus senos no eran ni muy grandes ni muy pequeños, solamente adecuados para su complexión; una estrecha cintura marcaba el camino hacia las caderas, derivando en unas largas y torneadas piernas.

Disipando aquellos pensamientos se dirigió al baño para tomar una ducha fría, al salir, buscó entre el armario algún atuendo adecuado. Al utilizar solamente uniforme de lunes a viernes y ropa casual los fines de semana, gran parte de las prendas que conformaban su armario yacían en Francia, por lo tanto, al siguiente día de su llegada, Mebuki emprendió la exhaustiva tarea de reabastecer el closet de su hija. Después de examinar meticulosamente lo elegido por su madre, se decidió por un "romper" blanco, con un corte denominado "off shoulder", dejando al descubierto sus hombros al igual que sus largas piernas. Dedicó largo rato a preparar su cabello, según ella, una melena sedosa era su mayor atributo, por lo tanto, después de que la crema para peinar surtiera efecto y las continuas series de cepillado, Sakura sonrió satisfecha al ver como los mechones rosados brillaban tal cual como la seda. Al completar el ritual de belleza, alcanzo una bolsa y guardo lo esencial, como llaves, celular y una cartera.

Recorrió los largos pasillos de la mansión con paso grácil, descendió los peldaños dando ligeros brinquitos, dirigiéndose hasta la sala, donde Kizashi Haruno se mantenía absorto en la sección internacional que el periódico diario ofrecía. Su padre advirtió su presencia, doblando el rotativo y situándolo en la mesita de cristal frente al sillón al igual que sus lentes destinados a la lectura.

Sakura, hija. — Saludó sonriente. La aludida se aproximó. — ¿Vas a salir?—

Sí, pensaba dar una vuelta por la biblioteca, mis libros se encuentran en el internado y el único que traje conmigo ya lo finalice durante el viaje. Si vamos a permanecer aquí y yo voy a estar sola en casa, debo encontrar una forma para matar el tiempo. — Kizashi sonrió tristemente. El trabajo siempre fue un impedimento para pasar tiempo con su adorada hija, manejar un imperio empresarial de tal magnitud conllevaba a realizar sacrificios. —

Muy bien, en ese caso le diré a Inaba que te lleve. —

No, no, puedo llegar sola, además tú lo necesitas más que yo. — Replico nerviosa. Inaba era el chofer personal de la familia, al igual que gran parte del personal, Sakura lo conocía de toda la vida. —

No estaré tranquilo si no lo haces. Yo puedo conducir. — Sentencio Kizashi, persuadiendo a uso adorada hija de no caminar o utilizar el transporte público para acudir a la biblioteca. —

Está bien. Regresare por la tarde, no creo que mamá llegue temprano del club de golf ¿verdad?— Kizashi negó. — Bien, en ese caso es hora de irme. — Efusivamente, deposito un beso en la mejilla de su padre, quien sonrió maravillado. A pesar de que su hija estuviera creciendo irremediablemente, aun persistían esas acciones tan inocentes que le recordaban a la pequeña Sakura. —

Ah, Sakura.— La aludida se detuvo en el umbral, contemplando a su padre confundida.— Lamento no pasar tanto tiempo en casa como es debido, espero compensar mi ausencia con el viaje a la casa de campo el viernes. Aun así, me gustaría llevarlas a cenar esta noche, ¿Amuse suena bien?— Sakura mostró su perfecta dentadura con una sonrisa, el lugar era su restaurant favorito desde que tenía memoria, todo gracias al concepto de comidas internacionales que conformaban el menú. —

Me parece perfecto, papá y no te preocupes por el trabajo, yo lo entiendo. — Dicho esto, Sakura se marchó de casa. Saludo a Inaba con familiaridad, quien correspondió de la misma manera. Amenizaron el trayecto con una charla placentera, enfocándose principalmente en la vida del hombre, quien, extasiado, relataba la reciente boda de su hija y el nacimiento de su primer nieto. Arribaron a la biblioteca minutos después, Sakura agradeció por el servicio y antes de despedirse le permitió partir, lo llamaría minutos antes de su partida, Inabi asintió, marchándose no sin antes asegurarse que la peli-rosa ingresara en el recinto.

Una vez dentro, realizó los trámites para adquirir la tarjeta que le permitiría llevarse libros durante un lapso y regresarlos cuando era debido. Agradeció a la bibliotecaria y partió a buscar los títulos que tanto deseaba. Recorrió las estanterías de un lado a otro, resguardando entre sus brazos los títulos que le generaban mayor interés. Pasó horas buscando, leyendo y colectando. Al contemplar la hora en su teléfono, no pasaba de las cuatro de la tarde, por ende, aun le restaba mucho tiempo para regresar a casa. Decidida, se dirigió al último estante, buscando meticulosamente con la mirada el ansiado tomo. Sonrió satisfecha al encontrarlo, yacía en la repisa número tres, plenamente alejada del suelo. Sería complicado alcanzarlo sin la ayuda de una escalera y le parecía de mala educación generar tanto ruido para obtenerlo. Resignada, situó las obras que llevaba en el suelo. Esperaba que los años invertidos en el ballet le fueran de ayuda en esas instancias así que, colocándose en posición de puntas y estirando el brazo, Sakura realizaba un intento sobrehumano para alcanzar aquel tesoro. Sus piernas no soportaron más, pero aun así no desistió.

Todas sus esperanzas se encontraban perdidas. Se sentía un tanto agotada y furiosa por perder la batalla contra un mueble. Una vez más lo intento, apretando los labios y frunciendo el ceño, sus dedos rozaron el lomo, por fin lo alcanzaría hasta que una mano se interpuso en su camino y se lo arrebato sin problema alguno. Ofuscada, viro sobre sus talones, encarando a la persona que osaba humillarla de tal forma. Topándose con un chico atractivo, visiblemente mayor que ella. Aquel hecho no fue impedimento para que Sakura quedara maravillada con el peculiar aspecto del muchacho; físicamente le parecía cautivador, su cabello marrón llegaba hasta la altura del cuello y sus ojos emulaban el color de su cabellera, sumándole ese aire punk-rock que la mantenía fascinada, ya que, en sus más recónditas fantasías, imaginaba tener un novio con ese porte rebelde. Su vestimenta era totalmente negra, suéter negro, remangado de las mangas, mostrando algunos tatuajes, pantalón del mismo color, entallado a excepción de las botas color tinto. El, sonrió y ella se paralizo.

Confundida, no sabía cómo actuar ante el palpable silencio. Estaba sometida a un juego de miradas, lejos de incomodarla despertó un instinto desconocido.

Tu… ¿vas a llevártelo?— Preguntó con voz trémula, señalando el libro que el chico sostenía. Por un momento se enfocó en el tomo pero inconscientemente sus fanales regresaron a su rostro con la misma fuerza magnética de los imanes. —

¿Esto?— Cuestionó desinteresado y al mismo tiempo divertido, contemplando el ejemplar. — Tal vez, ¿lo necesitas?— Preguntó con sorna, reprimiendo una carcajada al percibir la expresión cambiante de la chica. —

Es el único volumen en la biblioteca, me atrevo a decir en todo Japón, he buscado ese libro en todas partes.— Argumentó Sakura, algo en su interior le decía que el chico se divertía con ella, hecho que generó una irrefutable molestia dentro de ella.—¿Vas a leerlo?—

Ya lo hice, es una obra un tanto depresiva para chicas como tu ¿no lo crees?— Ofendida por el comentario, Sakura frunció el ceño, no se quedaría con los brazos cruzados así que lanzaría su ofensiva, aferrándose a ella con uñas y dientes. —

¿Ah sí? ¿Según tu como son las chicas de mi clase?— El castaño lanzó un suspiro, tomándose la libertad de contemplarla largamente sin descaro. Lejos de sentirse apenada por el escrutinio del joven, Sakura percibió el rubor en sus mejillas, podría apostar que eso no pasaría desapercibido ante la mirada del chico. —

Hija de papá, viajes por Europa, ropa de marca. La mayoría son tan predecibles, nada fuera de lo común. — Sentencio el chico. —

Ultrajada, Sakura alcanzó sus libros. No perdería más el tiempo con un chico que solo le causaba molestias. Muy en el fondo, él tenía razón, cuando mencionaba cada una de las "cualidades", recordaba uno a uno todo lo que la conformaba. Había crecido rodeada llena de lujos y conocía muy poco sobre la vida. Percibió el suave agarre sobre su brazo, impidiéndole continuar con su desfile hacia la salida. El sitio donde se encontraba estaba completamente solo, ella temió durante algunos minutos pero indispuesta a mostrarle su fragmentación, opto por enfrentarlo.

¿Qué es lo que quieres? Pensé que nuestra conversación había terminado ya. —

Lo lamento. No era mi intención ofenderte. — Mascullo algo apenado. La chica desprendía molestia hasta por los poros, tan solo un idiota no se daría cuenta de eso. —

Disculpa aceptada, ahora ¿puedes soltarme?, tengo cosas que hacer. — El desdén en sus palabras era más que palpable, lentamente el chico opto por suavizar su agarre, liberándola de inmediato. — Gracias. — Dijo, virando sobre sus tobillos, dispuesta a proseguir con la elegante marcha. —

Espera, olvidas esto. — Casi corriendo, el joven depositó el libro sobre los demás, sonriéndole. — Permíteme presentarme, soy Genma. — Dijo con seguridad, alzando un poco los hombros, mostrando lo alto que era a comparación de ella. — ¿Y tú eres?—

¿Es un interrogatorio?— Preguntó Sakura fastidiada. — Sabes, solamente estoy robándote tiempo. — Una vez más, Genma la detuvo.

Me conformo con tu nombre. — Poco a poco sus manos terminaron entrelazadas. La cercanía entre los dos delataba el mutuo interés. —

Sakura. — Respondió trémulamente, sonrojándose. —

Hermoso, como tú. — Susurro cerca de su oído. — Dime, Sakura, ¿debes llegar temprano a casa?— Ella negó. Aun recordaba que tendría una cena con sus padres pero pasar el resto de la tarde sola en la mansión no parecía un plan tentativo. — ¿Qué dices si salimos de aquí y vamos a otro lugar? No te caería nada mal un poco de diversión. —

Los dos abandonaron la biblioteca. Su corazón latía tan rápido que por un momento imagino que saldría disparado de su pecho. Las oportunidades de pasar el tiempo con chicos siempre persistieron pero ninguno logró fascinarla como él. La emoción incrementó al ver una motocicleta Harley Davidson clásica aguardando por ellos. Genma fue el primero en subir, incitando a la chica a hacerlo. Impulsivamente, ella accedió, tomando asiento detrás de él, quien ofreció un casco para su seguridad. Al escuchar el acelerador, no pudo evitar aferrarse con fuerza a la cintura del chico, quien sonrió victorioso.

Se desplazaron por varias calles hasta llegar a un bar bastante particular. Genma logró aparcarse en un cajón libre, descendiendo de inmediato y dirigiéndose con la chica al establecimiento. Temerosa, pensó que lo mejor sería revelar su edad, aun no contaba con los años suficientes para adentrarse en esa clase de lugares, el percibió su preocupación, tomándola deliberadamente por la cintura y saludando al guardia de la entrada. Pasaron sin problema alguno, situándose en una mesa alejada del barullo.

Hablaron amenamente. Charlaban sobre sus intereses y ambiciones en la vida. Genma provenía de un mundo totalmente diferente al de ella, sobre la mesa se encontraba el tópico de cualquier melodrama romántico, la chica rica y el joven rebelde. Sus padres se dedicaban a trabajos discretos, llevando lo necesario a casa. El, cursaba el segundo año de universidad, especializándose en algo relacionado con la música; pertenecía a una banda que se presentaba cada fin de semana en diversas locaciones de Tokio, era el guitarrista principal y por ende miembro fundamental. Poseía una filosofía de vida peculiar y aprovechaba cada momento para coquetear con Sakura.

Lo inminente llego; Genma situó una mano en su mentón e inclinados un poco sobre la mesa sus labios perpetuaron un roce mutuo. Incapaz de detenerse, decidió palparlos con mayor deleite, eran suaves, tiernos. Aquel era su primer beso, él pudo notarlo pero en lugar de burlarse, sonrió y volvió a repetirlo, esta vez guiándola. Torpemente siguió el compás marcado por el castaño, sus dientes chocaron con torpeza pero eso no pareció importarle. Al percibir la demanda de aire se alejaron poco a poco, contemplándose con mutuo asombro.

El momento llegó a su fin cuando recibió un mensaje de su padre, diciendo que pronto estaría en casa. Apresurada, se puso de pie, tambaleante por el nerviosismo y el calor contenido en su cuerpo se despidió de Genma, quien opto por llevarla de nuevo a la biblioteca. Antes de partir, efectuaron un último beso, esta vez más demandante que el anterior, ella aprendía rápido y para ser sincera, era capaz de amoldarse a cada parte del cuerpo del chico.

Hey, espera. — Susurro seductoramente, atrayéndola hacia su cuerpo mientras la sujetaba por la cintura. — ¿Cuándo volveremos a vernos?— Cuestionó insistente. —

Tratare de venir una semana antes de regresar a Francia. — Mascullo cerca de sus labios, aun sin apartar la mirada de aquellos fanales tan hipnóticos. —

Dame tu número de celular, te llamare. — Sonriente, Sakura asintió, resguardando la combinación en su móvil y la esperanza en su corazón.

Inaba apareció, anunciando la hora de su partida. Volvieron a despedirse con la misma efusividad y escurriéndose entre los besos del chico, logró llegar al auto. Entusiasmada, una sonrisa bobalicona aparecía en su rostro de vez en cuando. Aquella noche no fue capaz de conciliar el sueño y tampoco lo serían las siguientes. Lamentablemente, Genma no llamaría y ella regresaría a casa sin saber nada más sobre el chico, hasta el próximo verano, donde las cosas se tornarían más serias.

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El lunes después del caótico fin de semana fue un suplicio aun mayor que el sábado. La atención recaía completamente en ella, era capaz de escuchar los murmullos a sus espaldas, personas curiosas tratando de averiguar que dirigía a la exitosa doctora a tomar una decisión tan precipitada. La miraban con indiscreción, terminar una relación de dos años frente al altar implicaba tener muchas agallas.

La encargada de recursos humanos, un tanto curiosa y sorprendida se limitó a birlar el permiso de ausencia, mismo que sería de una duración de una semana, tiempo estipulado para pasar una luna de miel utópica en Praga imperial. Todo estaba perfectamente planeado para hacer pasar a los recién casados una grata visita. Eventualmente, ella se encargaría de llamar y cancelar la reservación de hotel y los vuelos de avión, cuestionándole porque el cambio de opinión tan repentino, Sakura se limitó a anunciar la cancelación del compromiso, por lo tanto, veía un tanto innecesario viajar con una persona con la cual ya no compartía un vínculo fuerte, estable.

Logró auto confinarse en su consultorio. La prensa social se alimentaba del escándalo familiar de la familia Haruno y Hyuga, no darían tregua tan fácilmente, aquello seria tema de las reuniones, una maldición que los perseguirá a ambos de por vida y afectaría, tal vez, en futuras decisiones.

A decir verdad, se despojó de un peso sobre sus hombros. Los sentimientos hacia Sasuke se afianzaron, reconociéndolos y aferrándose a ellos en el preciso momento que caminaba por el altar. La oportunidad se servía en una bandeja de plata, las puertas estaban abiertas y el momento que el azabache había esperado por tanto tiempo, llegó.

Mantenía momentos de fantasía, donde ella y Sasuke mantenían una relación estable. Imaginaba que el azabache también lo deseaba. De ratos, planteaba bien el asunto. Comenzar a salir seriamente con alguien raudamente a dos días de terminar el compromiso simplemente suponía una falta de respeto. No negaba que la situación de Neji era aún peor, durante su compromiso mantuvo un affaire con otra mujer desencadenado en un embarazo. El castaño aun no tenia en claro sus sentimientos hacia su compañera pero estaba seguro que la apoyaría en todo. No dudaría del amor que una vez le profeso al Hyuga, mientras estuvieron juntos se encontraba ahí, palpable, visible, verdadero. Lamentablemente las situaciones desgastaron poco a poco el enlace, pronto dejó de importarles, tornándose en una monótona vida. Tanto Sasuke como Tenten podrían denominarse como el pecado en persona. Todo lo que alguna vez anhelaron, estaba en ellos.

Desorientada, opto por mantenerse estoica. Sarada ahora acapararía toda su atención, por ende, comenzar una concomitancia con el padre de su hija iba más allá de lo ficticio. Después del beso no recibió noticia alguna del pelinegro, lo que derivaba en un millón de dudas y sentimientos encontrados. No esperaba recuperarlo así como si nada luego de ultimar el compromiso con Neji, por ende, mientras recostaba su espalda contra el respaldo de la silla y contemplaba el techo, opto por dedicarse un tiempo, llevar las cosas con calma. Sucedería lo que tendría que suceder y nada más. Si aquello era lo único que acontecería entre ellos dos, lo aceptaría gustosa.

El insistente sonido del teléfono anunciando una llamada logro acaparar sus pensamientos. Con solo imaginarse que Sasuke podría estar al otro lado de la línea su emoción incremento, alcanzando niveles exorbitantes. Alcanzó el auricular con manos temblorosas, llevándolo hasta la oreja, permitió escapar un largo suspiro para lanzar el saludo cordial habitual.

—Buenos días, consultorio de la doctora Haruno. —Los segundos transcurridos mientras aguardaba por una respuesta se hacían eternos. Ansiaba con todo su ser escuchar la voz de Sasuke, podría jurar que en ese preciso momento le confesaría cuanto lo quería y cuanto deseaba estar a su lado. Mordió su labio inferior, golpeando el bolígrafo contra la agenda, no tenía citas programadas para ese día, o mejor dicho, para toda la semana, aun así, confiaba plenamente en que Tsunade le ofrecería unas cuantas cirugías para matar el rato.

—Sakura, soy yo, Neji. — La sonrisa desapareció de sus labios. No ocultaría la decepción, aun así el no podría apreciar el abrupto cambio de expresión en su faz. —

—Ah, Neji. — Sentencio. — ¿Está todo bien?—

— ¿Esperabas la llamada de alguien más?— Indagó antes de responder. — Si, por supuesto, todo está tranquilo. —

—Oh, no, por supuesto que no, solamente que me impresionó el hecho de que fueras tú, eso es todo. — Un largo suspiro exteriorizo la presión en su pecho. — ¿Cómo van las cosas? ¿Ya hablaste con Tenten?—Presionó el tabique con dos dedos, cerrando los ojos con fuerza.

—Mi tío sigue sin hablarme. — Respondió Neji. — Aun no, me encuentro en la oficina pero no demorare en salir, la he citado para arreglar las cosas. —

— ¿Ya le contaste a Hiashi-sama sobre el embarazo?— Sakura imaginaba la reacción del patriarca de los Hyuga. No toleraría el libertinaje de su sobrino, después de todo, la estirpe familiar yacía sobre los hombros del chico, Tenten no constituiría la pieza perfecta para apaciguar la rabia de aquel hombre.

—Aun no. Aguardare hasta encontrar el momento perfecto. Lo de la boda es reciente y no se tomaría del todo bien la noticia, terminaría exiliándome. — Espeto el hombre. —

—Neji Hyuga, así tendríamos otra cosa en común, el rechazo de nuestras familias, ya no me sentiría tan mal al ser la única. — Mascullo, recordando con firmeza el desdén en las palabras de su madre. —

— ¿Has hablado con tu madre?—

—No…quiero hacerlo dentro de mucho pero mucho tiempo y no lo digo por mí, lo digo por ella. No lograría comprender del todo. — Lanzó un vistazo rápido al reloj de pulsera, notando que la hora de recoger a Sarada del colegio estaba cerca. — Neji, ¿podemos hablar después?, Sarada pronto saldrá del colegio y la actividad del hospital está más muerta que el ambiente en nuestra boda. — La comparación le arrancó una ínfima carcajada al aludido. —

—Por supuesto, Sakura. Dale saludos de mi parte. —

—Lo hare, por favor, cuídate, hablaremos después. —

Invocada por el mismísimo demonio, Ino Yamanaka apareció en la habitación, aguardando impacientemente a su mejor amiga. Ambas salieron disparadas rumbo a la recepción, donde debían registrar la hora de salida, ajustándose al protocolo estipulado por el hospital. Rápidamente subieron al coche de la rubia, quien condujo directamente al colegio. Hablaron sobre temas triviales, Sakura reservaba lo mejor para la hora de la comida, ya que, después de acudir por los niños a la escuela, visitarían su restaurante preferido.

Al personarse a las afueras del instituto, Sarada e Inojin permanecían pacientemente en la puerta de salida. Interrumpieron su charla al ver como sus madres clamaban a gritos su presencia. Un tanto avergonzados, subieron al auto. Tan rápido como Ino condujo no demoraron en arribar al lugar, donde, después de aparcar, ofrecieron una mesa privilegiada.

La comida transcurrió entre risas y anécdotas. Inojin y Sarada estaban habituados a su constante presencia, eran algo así como hermanos, gracias a la estrecha relación que mantenían sus madres desde hacía ya mucho tiempo. Les causaba gracia y fascinación escuchar las aventuras de sus respectivas progenitoras, gracias a ellas pasaban buenos ratos. Rápidamente el ambiente se tornó serio, lanzándole la indirecta a ambos niños que era el momento de acudir a la diversión resguardada en las maquinas, no respingaron y se dirigieron hasta el sitio.

— ¿Y bien? ¿Qué fue lo que hiciste, frentona?— Preguntó Ino molesta. Prescindía de escuchar una excusa agradable para sus oídos y digerible para sus emociones. Había presenciado el drama del sábado pero todo lo demás era plenamente desconocido para ella.

—Lo correcto, cerda. — Bebió un sorbo del agua mineral, contemplando de reojo a su amiga. — Neji y yo solamente evitábamos lo inevitable. Fue precipitado y melodramático pero creo que es lo correcto para ambos. —

— ¿Sasuke tiene algo que ver con esto?—

—Por supuesto. — La rubia sonrió entusiasmada. — No voy a decirte que lo amo con locura pero los sentimientos hacia el persisten. — Inconscientemente sonrió cuando la imagen de Sasuke asoló su mente. —

— ¿Qué sucedió con Neji?— Ino se removía ansiosa en su asiento. Logró inclinarse con discreción, para escuchar mejor a su amiga. Sakura roló los ojos, su mejor amiga era intratable, consumidora número uno de la prensa rosa, y ahora mismo que su vida se había tornado en una novela, no pasaría desapercibida bajo el escrutinio de la rubia. —

—Tuvimos un momento de sinceridad. Le conté sobre el beso y el sobre su flirt con su mejor amiga y socia, Tenten. — Dijo Sakura con normalidad. —

— ¡No puedo creerlo! ¿Lo dices en serio? ¿Neji mantiene un romance con la misma Tenten?— La peli-rosa asintió con parsimonia a cada uno de los cuestionamientos, bebiendo tranquilamente mientras le permitía a Ino asimilar la noticia. —

—Los dos eran relativamente cercanos. Luego de finalizar sus estudios, Neji comenzó a trabajar en el negocio familiar, conforme las responsabilidades fueron aumentando, no dudo en reclutar a Tenten en su equipo. Se conocen desde la universidad pero desconocía que en algún momento el compartiera sentimientos con ella. —

—Vaya, ustedes dos sí que me sorprenden. Son la imagen de las relaciones de famosos luego de finalizar con su matrimonio. — Sentencio Ino. —

—De nada serviría odiarnos de por vida. — Sakura se encogió de hombros. — ¿Sabes? No siento rencor hacia ninguno de los dos…al contrario, creo que todo sucede por una razón y esta fue necesaria para llevarme a abrir los ojos y prestarle atención a mis sentimientos. Después del drama, sucedieron distintas cosas que me dirigieron a Sasuke. Volvimos a besarnos, esta vez, sin ataduras. — La peli-rosa sonrió ampliamente, rememorando a la perfección el roce de los labios del pelinegro contra los suyos, la insistencia y demanda cuando compaginaban con el compás. —

—Oficialmente puedes comenzar una relación con Sasuke-kun. Me refiero a que, después de todo lo que han pasado juntos es justo y necesario que la vida les dé una oportunidad.— Ino se mantenía firme a su faceta de romántica empedernida, amaba todo lo relacionado con esos temas y siempre otorgaba un discurso alentador sobre las maravillas del amor.—

—No lo sé, Ino. No quiero generarme ilusiones, casi no nos conocemos…— La rubia le dedicó una mirada llena de reproche. — Me refiero a un ámbito personal. Solamente estuvimos juntos durante una noche. Además, he finalizado una relación bastante seria, iniciar algo con él es como tirar todo por la borda. — Espeto, reforzándose a sus miedos. —

—Frentona, tiraste todo por la borda desde el momento en el que dijiste "no" frente al altar. Dile que sí, aunque después te arrepientas, porque de cualquier forma te vas a arrepentir toda tu existencia si le dices que no. —

Sakura suspiró. Había encontrado el apoyo y coraje necesarios para encarar a Sasuke. Repentinamente, un manto de confianza la cubrió, diciéndole como debía actuar cuando se encontrara con el azabache.

—No sé qué haría sin ti. — Confesó, entrelazando su mano con la de Ino. —

—Serías un desastre. — Ambas rieron. — Espero que no tengas planes, frentona. Esta noche estamos invitadas a la apertura de un nuevo antro en la ciudad, así que, prepara ese lindo trasero para salir de fiesta. — Recitó con entusiasmo.

—Fiesta un lunes por la noche, absolutamente no. Sarada no puede quedarse sola en el apartamento y no tengo nada que ponerme. Tu bien sabes que nunca me ha convencido todo ese embrollo de los festejos. —

— ¿Mencione que Sasuke estaría ahí?— La peli-rosa alzó más los parpados en señal de sorpresa, disimulándola luego de carraspear y tomar una posición tranquila. Ino sonrió maliciosamente. — No te preocupes por Sarada, ella puede quedarse en casa, yo las llevare a ambas cuando regresemos del antro. No seas pretenciosa, frentona, en tu armario se encuentra resguardado un despampanante vestido así que no tienes más excusas, pasare por ti a las nueve en punto. —

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Horas de búsqueda fueron invertidas para encontrar el atuendo adecuado. Sakura deducía que jóvenes veinteañeros andarían rondando por el lugar, no quería lucir mayor utilizando alguna prenda que no iba acorde al evento. Recordaba que gran parte de su guardarropa de fiestas pasó a formar un segundo plano cuando Sarada llegó a su vida y con ella más responsabilidades como los estudios y el trabajo, por ende, los vestidos entallados y las minifaldas quedaron descartados por siempre, sumándole a esto que la mayoría de sus vestidos estaban destinados a eventos de mayor importancia. Contempló la hora en el reloj colgado en la pared, ya pasaban de las siete, demasiado tarde para acudir a la vasta gama de opciones que ofrecía el centro comercial.

Afortunadamente o para su desgracia, Sarada podría ayudarle. Su madre había planteado la situación y en cuanto el nombre de su padre salió a relucir no demoro más y puso manos a la obra. Pasaron horas seleccionando posibles atuendos que dejarían claramente a Sasuke boquiabierto. Ninguno de ellos dio en el blanco, la peli-rosa descubría algún defecto para no utilizarlo. Un poco exasperada, la pequeña pelinegra se recostó en la cama, abatida contemplo el techo durante largos segundos y después viro la mirada al armario desordenado, enfocando sus irises oscuros en una pieza singular. Mientras su madre aún continuaba considerando algunos vestidos, ella se enfiló hasta la pieza, alcanzando el atavió de terciopelo color esmeralda.

—Mamá, ¿Qué dices de este vestido?— Pregunto fascinada. Sakura se detuvo a contemplarlo durante algunos segundos, tratando de figurar cuando y para qué ocasión había adquirido aquella prenda. Inmediatamente rememoro todo lo sucedido aquel día, una cena en honor al personal del hospital se llevaría a cabo durante la noche, un tanto indecisa sobre que utilizar la llevo a una tienda discreta, oculta entre las grandes marcas. El chico planteo gran insistencia a la hora de probárselo y encantada por el resultado decidió llevárselo.

—Imagine que ya no lo tendría. — Dijo insegura, pasando sus manos por la suave tela. —

— ¿Y bien? ¿Qué esperas?— Preguntó Sarada, apresuran dorándola y coaccionándola a adentrarse en el vestidor para poder contemplar el vestido a lujo de detalle. Sakura se mantuvo unos cuantos segundos recluida en el diminuto espacio, en realidad no lucia mal, se ajustaba perfectamente a su figura, el cintillo a la cintura enmarcaba lo estrecho que era y el largo de la prenda enfatizaba sus bien formadas piernas. Dubitativa, encontró un defecto, le parecía demasiado corto, apenas lograba cubrir una mínima parte de los muslos, agacharse quedaba descartado si lo utilizaba. —

— ¿Qué te parece?— cuestionó insegura, contemplándose en el espejo. Sarada, maravillada, asintió con firmeza. — Creo que es demasiado corto, mejor utilizare el vestido negro. —

— ¡No!— Manifestó Sarada horrorizada, expresión que Sakura no dejo pasar desapercibida, ella debía lucir hermosa para su galante padre. — Ese es el indicado. — Un tanto insegura, decidió seguir el raciocino de su hija. Sin más, al ver la hora marcada en el celular, no dudo en poner en marcha el meticuloso ritual de belleza.

Pasada una hora, la peli-rosa administro de manera magistral los minutos a la hora de maquillarse y peinarse, luciendo despampanante gracias a la cálida combinación de sombras y el color tinto en sus labios, así como el énfasis surtido a la hora de peinar su sedosa melena. Preparada para salir a combatir el mundo, Sakura le sonrió a Sarada, esperando su respuesta.

—Papá va a quedar boquiabierto. — Espeto, segura de sus palabras. — ¿Llegaras tarde?— Las dos caminaban a la par por el apartamento. Sakura resguardaba en el bolso de mano cosas fundamentales como llaves y dinero. —

—No lo sé, eso depende de Ino, ¿estarás bien en casa de ella?— Preguntó Sakura, asegurándose que Sarada no tendría ningún inconveniente de pasar parte de la noche en la residencia de su mejor amiga. —

—Sí, eso creo. — Replicó, encogiéndose de hombros. El llamado de Ino al celular de la peli-rosa fue señal suficiente para anunciar la hora de su partida. Ambas salieron del apartamento, mismo que Sakura resguardo bajo llave. Se encamino junto con Sarada hasta el elevador, creía imposible descender tantos peldaños utilizando unos zapatos que le añadían quince centímetros de altura, por lo tanto, para evitar algún accidente como torceduras o fracturas, decidió resguardarse en la caja de metal que pocas veces utilizaba.— Mamá.— Llamo su hija con voz trémula.—

— ¿Si?— Integrada por la voz temblorosa de su hija y el nerviosismo en su mirada, Sakura preparaba toda su paciencia para escuchar una posible noticia por parte de la niña.

—Promete que no harás nada malo. — Impresionada por las palabras, Sakura asintió en ipso facto, sosegando las inquietudes de la vivaz Sarada.

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El antro se encontraba repleto, tal como lo predijo Ino desde un inicio. La apertura convocaba a toda clase de personas, quienes, más que interesadas en la inauguración se encontraban ahí para escuchar un poco de la banda del momento, que se encargaría de musicalizar la velada, sumándole a esto la presencia de algunas celebridades.

La fila de espera abarcaba toda la acera a lo largo de la manzana. Todos lucían más que presentables, las reglas del lugar lo dictaban.

A la entrada del lugar, Naruto y Hinata aguardaban pacientes por Ino y Sakura. Los dos se dieron tiempo de dejar a los pequeños en casa de la abuela Kushina, mientras sus padres pasaban una noche de diversión en el centro de la ciudad. El rubio se afianzaba con fuerza a la cintura de Hinata, quien lucía radiante con aquel atavió de lentejuelas doradas, cubriendo sus piernas con unas medias para no mostrar de más. La rubia sonrió y todos efectuaron un cálido saludo. Tan rápido como se plantaron frente al guardia, el los detuvo. Sonriendo victoriosa, Ino sacó a relucir las invitaciones en sobres dorados, facilitándoles la entrada. Rápidamente fueron dirigidos a la parte alta del lugar, conformada por un loft, donde yacían esparcidos diversos asientos para la comodidad de los asistentes. Sakura contempló cada una de las personas ahí presentes, reconoció a una que otra celebridad, ajustándose a esa odiada actitud de divas, afortunadamente la mesa otorgada por el amable mesero se encontraba bastante alejada del barullo.

Analizando el panorama, el lugar no era la gran cosa, era similar en cuanto estructura a los demás establecimientos, no aportaba nada nuevo, tal vez porque este se mostraba como un nuevo recinto que ofrecía un sinfín de conceptos flamantes para el público veinteañero.

Zafándose de la inminente charla que suscitaría su altercado con Neji, Sakura no dudo en enfilarse hasta la barra. El bartender demoró unos cuantos minutos en tomar su orden, al estar indecisa, opto por ofrecerle una carta de bebidas. Rápidamente sus ojos viajaron por el menú de brebajes suaves. El blanco de una posible estupidez estaba cerca y el alcohol no ayudaría positivamente. Logró decantarse por una bebida bautizada con el nombre de "Toblerone", sonriéndole de manera afable, retornó la carta a manos del chico.

Mientras aguardaba por su pedido, se limitó a contemplar el entorno; algunas personas ya bailaban en la pista, la música impedía escuchar las conversaciones, por lo tanto, estaba más que claro que aquel lugar solo permitiría coqueteos a base de señas y diálogos no muy diferentes a estos. Poco a poco la parte donde ellos se encontraban comenzó a abarrotarse. De un momento a otro se halló a su misma atrapada entre la barra y una pared humana, sin más remedio, terminaría su bebida ahí sentada, no arriesgaría a que el vestido sufriera de algún daño al intentar desplazarse hasta la mesa.

Degusto con encanto la combinación de chocolate planco y crema irlandesa. La mezcla de sabores, predominantemente dulces, fue como un orgasmo al paladar. Sonrió satisfecha, podría levantar un monumento en honor al chico, quien divagaba de un lado a otro, algo atareado por la lluvia de pedidos.

La atención no demoró en recaer sobre su apariencia. Un chico cercano a ella logro abrirse paso entre el tumulto, posicionándose a su lado, al tiempo que sus ojos color miel la sometían a un descarado escrutinio. Sonrió encantadoramente, podría apostar que aquella táctica surtía efecto sobre otras chicas pero no lo haría con ella. Dejando pasar desapercibidas sus intenciones, el joven, ofuscado inicio con las primeras bases del cortejo.

— ¿Vienes sola? Pareces perdida. — Inicio él, mirándola incisivamente. — Te invitaría un trago pero ya tienes uno. — Sakura sonrió incomoda, creía estar fuera de juego con todo el drama de las relaciones sin compromiso, romances pasajeros y cortejos hoy en día. —

— ¿Estas bien?— Aquella voz tan reconocida logro paralizarla tanto como al chico frente a ella. De la nada, Sasuke aparecía como nada más y nada menos que un salvador. Impulsado por los celos, el azabache se abrió pasado entre la gente a base de empujones, logrando arribar hasta la barra. Había seguido discretamente los movimientos de la peli-rosa mientras él se encontraba charlando con el dueño del lugar, un antiguo conocido de Itachi. Al ver como la madre de su hija era asechada por un lobo hambriento, no dudo en acudir y remarcar su posición, hasta el momento un tanto incierto. —

—Si. — Sonrió nervioso. —

— ¿Hablando con mi novia?— Carraspeo un poco, percibiendo por arriba del hombro como la etiqueta logro consternar a la chica.

— ¿Tu novia?— Preguntaron Sakura y el chico al unisonido. Afortunadamente, el cuestionamiento dubitativo por parte de la oji-verde paso desapercibido para oídos del galante joven, quien estaba aterrorizado por la sepulcral e intimidante apariencia del azabache. — Ok…— Prolongo la palabra, remarcando énfasis en su incomodidad. — ¿Puedo irme?—

—Adelante. — Sentencio Sasuke, dando dos pasos hacia atrás, permaneciendo a espaldas de la peli-rosa. La tensión entre los dos era palpable, ¿Cómo comenzaría después del impresionante beso del sábado?, no lo sabían. Cierta molestia se instaló en el interior de la peli-rosa, no recibió un llamado del pelinegro, haciéndole pensar que nada de lo que tenían era real.— Sakura, yo…—

—Está bien, Sasuke-kun. — Espeto Sakura con exasperación, conteniendo las ganas de reprocharle un sinfín de cosas. Sin darse cuenta, el aludido rodeo su muñeca con una mano, arrastrándola entre la gente, dirigiéndose a un lugar donde el volumen de la música no fuera impedimento para mantener una charla decente. Debían dejar las cosas claras. A pesar de que el lugar no fuera el adecuado, el momento esperado nunca se presentaría, era ahora o nunca. —

—No, no está bien Sakura. Nosotros debemos estar juntos. — El brillo en los ojos de Sasuke remarcaba la sinceridad en sus palabras e intenciones. —

Temerosa de que algo malo sucediera, se aferró a las inseguridades, ¿y si algo salía mal?, todo se volvería incomodo, además, le parecía algo rápido iniciar una relación con Sasuke, tomando en cuenta la relatividad de su relación con Neji, quien, independientemente de sus malas decisiones, no dejaba de ser la persona con la que permaneció dos años, su ex-prometido.

—No es lo correcto, Sasuke. ¿Y si algo sale mal? Todo se volvería incómodo para nosotros y sobre todo para Sarada. — Refuto Sakura. —

—Acordamos en que Sarada siempre seria nuestra prioridad, pero ¿y si todo resulta bien? Que mejor para nuestra hija que sus padres estén juntos. — Sasuke se mantuvo estoico, no era un hombre que expresara con facilidad sus sentimientos, aun así, estos se veían reflejados en sus palabras, cada oración planteaba seguridad para la peli-rosa. —

—No lo demuestras, Sasuke-kun. Esperaba que después de aquel beso tú…al menos llamarías. — Encogiéndose de hombros, lanzó el reproche. Una simple llamada suscitaba el enojo e inseguridad de la peli-rosa. —

—Lo lamento, no tengo excusas para justificarme.— Una expresión triste asoló el rostro de la peli-rosa.— Plantee una y otra vez posibles situaciones entre nosotros y llegue a la conclusión de que debemos darle una oportunidad a esto.— Si ambos ponían un poco de su parte, tal vez todo derivaría en un resultado positivo y bastante satisfactorio para los dos.

Debatiéndose entre el típico dilema moral, Sakura mando al demonio a cada uno de sus temores, incluidos los prejuicios. Después de doce años, por fin, algo distinto se presentaba frente ella, porque Sasuke era diferente a los demás y podría asegurar que nada de lo que sentía se comparaba con sus antiguas relaciones. Quizá se debía al persistente deseo entre los dos, la química no murió a pesar de mantenerse doce años alejados el uno del otro, o tal vez porque así debía ser, se querían y todo el mundo podía irse al carajo.

—Estoy seguro que sientes lo mismo de hace doce años. — Mascullo el Uchiha. —

—No sabes cuánto tiempo estuve esperando por ti. — Murmuro Sakura, conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir a causa de la emoción. —

Por algunos segundos, se miraron el uno al otro, y lo que parecía imposible, remota e inmediatamente se tornó posible, inevitablemente. Una sonrisa tímida fue su respuesta. La algarabía a su alrededor comenzaba a ser irritante para el épico momento entre dos amantes. Sasuke sugirió llevar aquello a casa, por lo tanto, escurriéndose entre sus amigos, lograron escapar y resguardarse en el automóvil de lujo del azabache.

Los dos continuaron con parsimonia hasta el piso del pelinegro. Durante el recorrido recibió miradas indagatorias por parte de algunos vecinos curiosos. La presencia de Sakura solo suponía una cosa para ellos; mantenían una relación. Lo cual era gran parte verdad y gran parte mentira desde el punto donde se les apreciara. Bajo el escrutinio de los ahí presentes, la peli-rosa sonreía como una adolescente, en cuanto a Sasuke, se limitaba a mostrar ínfimas sonrisas, soportando a la perfección la situación en el elevador. Sus acompañantes descendieron, mascullado educadamente un "buenas noches", partiendo para dejar en completa soledad a los dos tortolitos.

—Parece que eres el centro de atención. — Dijo Sakura, enmarcando una ceja y contemplando divertida la expresión del azabache. —

—Creo que tú eres la que llama la atención, no yo. — Espeto estoico. Sakura no hurgo en el tema, al contrario, se sintió tan satisfecha que el edificio donde vivía el Uchiha no fungiera como pasarela, donde desfilaban distintas mujeres a la vez. Aparecieron en el último piso, las puertas del ascensor mostraron el largo pasillo que conectaba con la entrada principal del lujoso pent-house. El azabache introdujo la clave para desbloquear la cerradura, abriendo automáticamente la puerta.

Apegándose al protocolo de un caballero, le permitió la entrada a Sakura, segundos después ingresó detrás de ella, colocando la chaqueta sobre el perchero, enfilándose hacia un lujoso mueble que resguardaba una amplia gama de licores. Sonrió victorioso al sostener una exquisita muestra de vino rosa. Creía que el vino blanco era ligero y el tinto pesado, por lo tanto, el rosado seria el balance perfecto entre ambos términos. Preparó dos copas, vertiendo un poco de líquido y regresando a la sala, donde yacía Sakura sentada, aguardando por su regreso. Ofreció la copa, ella sonrió gustosa, haciendo un gesto en señal de brindis.

Sasuke examinó cada uno de los movimientos de la peli-rosa, desde como sus carnosos labios se posaron al borde de la copa, descendiendo por su blanquecino cuello hasta la cintura, acentuando la atención que sus largas piernas atraían. Esperaba ser discreto pero muy en el fondo entendía que Sakura era más que una tentación. Sus miradas se cruzaron y lo inminente llegó.

Sasuke finalizó con la distancia, sentenciando la réplica de Sakura en un apasionado beso, tornándolo en cuestión de segundos en una muestra demandante, anhelante. Su lengua recorrió con parsimonia la extensión de los labios de Sakura, inquieto, introdujo lentamente, incitándola a iniciar un cálido baile. Poco a poco la coyuntura se transformó, adquiriendo niveles de intensidad inimaginables. La recostó sobre el sillón, permitiéndole recargar la espalda al tiempo en que la obligaba a abrir las piernas para posicionarse ente ella.

Poco a poco las manos de Sasuke, un tanto inquisitivas, acariciaban con mesura la extensión de sus piernas. Apegó sus labios al blanquecino cuello de la chica, embriagándose con el aroma tan singular que desprendía su cuerpo, esparciendo besos mientras trazaba un camino, dejando pequeñas marcas rojizas. Regresó a su labios, siendo recibido con la misma alevosía de hace unos minutos, Sakura lo apegaba a su cuerpo, ejerciendo presión con sus piernas, situadas a los costados del pelinegro. La temperatura incrementaba, pronto su insistencia no sería apaciguada con tiernas caricias.

La peli-rosa contemplaba el pecho, notaba la demanda que Sasuke ejercía. De un momento a otro, recordó lo que Sarada le dijo antes de partir. Lo que estaban haciendo no era lo adecuado para iniciar una relación, esta vez llevaría las cosas con calma.

—Espera, Sasuke-kun. — Aclamó en un gemido contenido. El azabache se detuvo, alejándose solo unos cuantos centímetros de su rostro.— No…veras, hace tiempo me prometí hacer las cosas bien, no digo que esto esté mal pero…me gustaría ir tranquila.— Mascullo apenada. Sasuke se distancio hasta tomar la posición inicial, tomando asiento, permitió a Sakura reincorporarse. —

—Lo entiendo. — Susurro, acariciando el dorso de su mano en señal de empatía. — Pasara cuando tenga que pasar. — No sobrepasaría los límites concretados por la peli-rosa. Durante su vida, las mujeres no fueron parte fundamental de ella, prefería mantener una relación seria y llevar las cosas con calma, aunque, existía una excepción; Sakura.

A lo largo de su existencia, las chicas no figuraban en la lista primordial del azabache. Mantuvo relaciones cortas, nada formal. Su primer beso lo experimentó con una prima de Izumi, luego de eso ninguno de los dos volvió a verse, hasta hace uno meses, donde la chica lo recibió con gusto, presentando a su esposo y anunciando su tercer embarazo. Pasados los años los intereses de Sasuke se enfocaron por completo en su carrera. Con el apoyo de sus padres, optó por continuar con el amplio linaje de la familia, siguiendo los pasos de Fugaku al ingresar a la universidad, directamente a la carrera de arquitectura.

Consiente de los atributos que la buena genética le heredo, comenzó a generar psicosis entre el público femenino. Las chicas morían por pasar tiempo con él o recibir una ínfima mirada aunque estuviera cargada con un halo de desprecio. No sacó ventaja de la situación, hecho que suscito un drama en su círculo social, sobre todo entre sus compañeros, quienes darían la vida para tener a féminas alborotadas a sus pies. Conforme los meses fueron trascurriendo, su madre imaginaba que los gustos de su hijo eran distintos; la ausencia de una novia provocaba tal hipótesis. Durante las reuniones familiares sus padres e inclusive Itachi e Izumi se encargaron de presentarle a hermosas damas, la mayoría de ellas provenientes de familias poderosas. Imaginaba que tanto su madre como su padre, confabulaban en un plan medieval o prehistórico para arreglar un matrimonio, lo cierto era que ninguna de esas mujeres logró impactarlo a tal punto de orillarlo a proseguir más allá de una charla formal.

Cierto día, su atención fue atraída con brutalidad al contemplar a la hermosa chica que fungía el papel de modelo para su clase de dibujo. Aquella apariencia exótica no podía ser perceptible todos los días. Sakura destacaba fácilmente de la muchedumbre. Con el paso del tiempo, mantuvo esa inevitable persuasión en secreto; De vez en cuando percataba de su presencia alrededor del campus, siempre se encontraba con Ino o Hinata, merodeando a toda prisa por los pasillos del edificio de medicina. Nunca departió con ella, todo se basaba en cruzar miradas, nada concreto, nada seguro, hasta el día de la dichosa fiesta.

Determinó que su belleza era proporcional a su inteligencia. Provenían de mundos similares, sin embargo, sus vidas no coexistían ni un poco. Rápidamente el interés surgió y rápidamente, repuso en sus sentimientos. Algo en su interior le decía que esa chica de verdad valía la pena, no permitiría que escapara de su vida.

Ahora, doce años después, las cosas eran un tanto distintas. Sus vidas habían progresado en distintos aspectos, los dos yacían en la cúspide del éxito, obtuvieron lo que tanto desearon. Sarada era la muestra vigente de lo que alguna vez dejaron inconcluso por el temor que derivo en egoísmo. Normalmente, la gente iniciaba la familia en un orden predeterminado, aunque, en el caso de los Uchiha, "el orden de los factores no altera el producto" ¿cierto?

—De verdad lo lamento, Sasuke-kun. — Habló Sakura con voz trémula. El arrepentimiento era visible en sus ojos, iluminados curiosamente por una mezcla de luz y lágrimas. — Quiero llevar un orden en mi vida. Estoy consciente que comencé de forma diferente a los demás pero me gustaría mantener algo concreto antes de dar el siguiente paso. —

Sasuke asintió. Poco le importaba si la intimidad estaba de por medio, llegaría cuando tuviera que llegar. Él, asintió. No precipitaría más de la cuenta, aquello podría ofuscar a la peli-rosa.

—Está bien, Sakura, lo entiendo y será de la manera que tú quieras. — Tímidamente, poco habituado a las deliberadas muestras de cariño, deposito un beso sobre su frente, pasando el brazo por encima de sus hombros y apegándola a su pecho, donde Sakura percibía el lento palpitar de su corazón y el calor que desprendía su cuerpo.

Se mantuvieron ahí, disfrutando del silencio. Después de tantos años optaron por omitir el pasado y comenzar una nueva historia, alejándose de los errores de la furtiva juventud.

— ¿Cómo crees que vayan a reaccionar todos cuando se enteren que tú y yo…?— Curiosa por su respuesta, alzó la mirada, encontrándose con la faz estoica del azabache. —

—No lo sé, tal vez ¿entusiasmados?— Respondió Sasuke, acomodando su cuerpo en el reducido espacio entre la figura de Sakura y el sillón. —

—Tal vez. — Sentencio ella, borrando la sonrisa de su rostro al recordar el altercado suscitado con su madre. A pesar de todo, aquella mujer le había dado la vida y aunque no cumplió un rol como tal, el cariño persistía. Reparaba en el hecho de que Sasuke no fuera de su total agrado, a final de cuentas, cuando ella lanzo la bomba atómica con la noticia del embarazo, Mebuki insistió en buscar al padre de Sarada para obligarlo a cumplir con sus obligaciones. Estaba claro que Sasuke habría acatado todo, sin embargo, la idea de mantenerse con una persona a la fuerza le parecía prehistórica, tal cual como Neji. —

— ¿Sucede algo?— Sasuke percibió el abrupto cambio de humor. De un momento a otro sonreía ilusionada al siguiente su semblante se tornaba a la total e irreparable tristeza. —

Ella se mantuvo en total afonía. Nuevamente sonrió, ya habría tiempo de hablar sobre ese problema, por el momento, rogaba a todas las deidades existentes que aquel momento con Sasuke nunca terminara.

—Nada, todo está bien. — Mascullo, depositando un beso en la comisura de los labios de Sasuke. El, sonrió ínfimamente.

Aquella noche compartieron besos y caricias inocentes. Hablaron durante horas, degustando un poco de vino con la mezcla de sus labios. Sasuke declamo sobre su vida, permitiéndole entrever a Sakura parte de su fragmentación. Como ella, creció rodeado de algunos lujos; su madre y padre siempre se mantuvieron al tanto de su desarrollo como persona. Mikoto, su afable mamá, poseía una licenciatura en arte y diseño, la cual, se vio un tanto obstruida con el nacimiento de Itachi pero nunca se detuvo; su padre, Fugaku, era un afamado arquitecto, conoció a Mikoto años atrás, mucho tiempo antes de coincidir en la universidad, pronto se enamoraron y a costa de todo optaron por casarse y formar una familia. Luego de Itachi, transcurridos cuatro años, nació él. Denominó su infancia como tranquila, crecer a lado de su hermano mayor fue un gran desahogo. Se aferró a su constante odio por las cosas dulces, no era un hombre que le agradaran demasiadas cosas en la vida, al contrario, detestaba tantos ínfimos detalles del universo. Poco a poco fue abriéndose con Sakura, relatando sobre glorias pasadas, su estadía en Suiza peor sobre todo el intento fallido por encontrarla.

Apenada, emitió una disculpa sincera. Prometiendo que nunca más volvería a escapar. En ese preciso instante, Sakura se arrepintió, durante años se había privado de convivir con un hombre tan maravilloso como lo era Sasuke, tal vez, las cosas entre ellos no se habrían desarrollado tan mal.

Recostada en el pecho del pelinegro, absorta en la calidez que desprendía su cuerpo, Sakura se sentía invadida por una plena tranquilidad, un sosiego inexplicable. Al elevar sus fanales esmeraldas, encontró a un Sasuke profundamente dormido, sonrió levemente, consignando un beso fantasmal sobre sus labios para disponerse a descansar.

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Los rayos del sol invadían la habitación, anunciando la llegada del nuevo día. El ruido de las ajetreadas rutinas escasamente era perceptible hasta el piso de Sasuke, sin embargo, comunicaban el inicio de las labores.

Estiró cada uno de sus músculos, lanzando un suspiro. Tomó asiento al borde de la cama, deduciendo que tal vez, Sasuke debió haberla llevado ahí para descansar mejor. Escuchaba el ruido proveniente del baño, el azabache también se preparaba para asistir a la oficina, regresando a la cruda realidad. Inmediatamente, alcanzó su teléfono, contemplando el buzón de llamadas y mensajes, la mayoría provenían de Ino, percibiendo la desesperación en las palabras plasmadas. Rápidamente una llamada consiguió alertarla más de la cuenta; Tsunade, su jefa, preguntaba donde se encontraba, debía llevar a cabo una vital cirugía, ya que la directora del hospital se encontraba atendiendo un congreso de medicina en Nueva York, por lo tanto, la principal encargada de fungir trascendentales tareas era nada más y nada menos que la peli-rosa.

Apresurada, corrió a buscar sus zapatos. No tendría tiempo de llegar a casa, darse un baño y partir directamente al hospital. Debía realizar una parada, Ino precisaba una explicación y también Sarada. En ipso facto encontró el par, colocándolos con nerviosismo. Trató en componer parte de su maquillaje, de vez en cuando se felicitaba a si misma al ser tan precavida y llevar consigo lo necesario, por si alguna emergencia lo requería. Paso una toallita desmaquillaste por el rostro, dejando al descubierto un par de ojeras, causadas por la noche de insomnio a lado del pelinegro. Roció un poco de desodorante y perfume, cepillo su cabello y comenzó a masticar emparde gomas de mascar sabor a menta. Ya tendría tiempo de cambiar su atuendo en el hospital.

La aparición de Sasuke en la habitación llamó su atención. Estaba más que listo para lanzarse directamente a la oficina. Se dispuso a contemplar largamente a Sakura desde el umbral, dirigiéndose segundo después hasta la cajonera, donde obtuvo un hermoso reloj de pulsera. Sakura necesitaba llegar en menos de veinte minutos, su vida dependía de eso.

—Sasuke-kun, no quiero generar molestias o algo por el estilo pero...—Dubitativa, sus mirada inicio un viaje hasta el suelo, mientras mutilaba su labio inferior con leves mordías. El azabache no demoró en fruncir el ceño, expresando su consternación. — Ayer olvide enviar un mensaje a Ino, Sarada se encuentra en su casa así que me parece que saque ventaja de la situación. Debo llevar a Sarada al colegio y llegar al hospital lo antes posible, tengo programada una cirugía dentro de una hora. —

Sasuke suspiro. Adaptarse a los horarios de trabajo tal vez supondría un tremendo obstáculo en su relación. Las labores de Sakura habían arruinado sus planes, por ende, resignado, asintió con un leve gesto. Ella le mostró una sonrisa radiante en señal de agradecimiento, saliendo rápidamente del apartamento.

Durante el camino hacia el estacionamiento, las personas congregadas en el ascensor avizoraban a ambos con indiscreto escrutinio. Era bien sabido que Uchiha Sasuke nunca llegaba acompañado a casa, mucho menos de una mujer tan bella como lo era la dama situada a su lado, quien, despertaba la curiosidad en todos ellos. Severamente incomodo por las miradas inquisitivas, carraspeo un poco, rodeando a Sakura discretamente por la cintura, mientras sus irises negros miraban el número de pisos marcados en el elevador. En cuanto se abrieron las puertas, ambos descendieron. El Uchiha desactivo la alarma desde lejos, permitiéndole la entrada a Sakura en el lujoso automóvil del año. Poco a poco se reincorporo en los finos asientos de cuero, ajustando el cinturón y embriagándose con el aroma predominante en el automóvil de Sasuke.

Ambos se limitaron a escuchar durante lapsos la radio. Sasuke trataba de conducir tan rápido y precavido como le era posible, siguiendo al pie de la letra las indicaciones del GPS para arribar a la casa de la rubia. El pelinegro se mostraba interesado por el trabajo de la peli-rosa, por lo tanto, la explicación de la vital cirugía que realizaría ese día abarco gran parte del tiempo entre los dos.

Transcurridos los minutos, un giro a la derecha y metros restantes para desplazarse anunciaron la llegada a la residencia Yamanaka. Sakura se apresuró en descender del coche, Sasuke aguardaría mientras la peli-rosa trataba de explicar lo sucedió la noche anterior.

Nerviosa, siguió el sendero trazado, se detuvo ante la puerta y antes de llamar, la exuberante rubia de ojos azules apareció. Ella sonrió en respuesta, en cambio, Ino, frunció el ceño, cruzando los brazos espero paciente las palabras de su mejor amiga.

—Ino, lo lamento. Olvide llamarte, sucedieron muchas cosas y yo…— ¿Cómo explicarle a la rubia que había pasado la noche en el apartamento de Sasuke?—

—Cinco minutos bastaban para darme tu ubicación, Sakura. — Reprochó molesta. — Desapareciste sin decir nada. Sarada ya estaba dormida cuando llegue a casa pero al despertar, lo primero que vino a su mente fuiste tú. —

—Lo sé y de verdad lo siento. Debí enviarte un mensaje. — Mohína por su conducta. Sakura ideaba algún plan para remendar el daño ocasionado. — Fue un accidente, lo olvide. —Justificó. Lo cierto era que, absorta en la charla con el azabache, el tiempo pasó volando, tanto que ni siquiera pudo percatarse sobre en qué momento se rindió ante los brazos de Morfeo.

—No Sakura, un accidente es perder las llaves del auto. Esto no lo es. — Ino no se encontraba del todo contenta. — ¡¿Qué demonios estabas pensado?!— Exclamó, realizando un mohín las manos. — ¡Simplemente te fuiste sin decir nada! ¡Llame alrededor de veinte veces y ni siquiera te dignaste en responder la llamada!—

Cabizbaja, Sakura escuchaba atentamente la reprimiendo de su amiga. Los niños aún permanecían en el comedor, terminando su desayuno para partir al colegio. Ino aún no se detendría, apenas comenzaba.

— ¡¿Dónde pasaste la noche?!— Gritó la rubia, frunciendo el ceño.

—Hola, Ino. —Saludó Sasuke, apareciendo heroicamente en la escena. La rubia no reparó en disimular un poco la impresión; se detuvo a contemplar la faz serena del azabache, sus ojos azules viajaron hasta el rostro de su amiga, quien no emulaba en lo absoluto la apacibilidad del pelinegro. Comprendía todo, ahora entendía porque la peli-rosa desapareció tan de repente, ella misma la valentonó para asistir a la apertura. No indagaría, por el momento, ya tendría tiempo de someter a la Haruno a un riguroso interrogatorio.

—Hola, Sasuke-kun. — Replicó, sonriendo tímidamente. — ¡Niños, es hora de irnos!— Llamó la rubia, atrayendo la atención de los aludidos. Ambos aparecieron en el umbral de la puerta. Sarada se llevó una grata sorpresa al atisbar a sus padres juntos. Percibió la ausencia de su madre la noche anterior, aunando las circunstancias y encontrando el motivo, el cual, yacía frente a ella, luciendo un impecable traje. —

—Mamá, Papá. — Sarada mostró una enorme sonrisa. Al igual que Ino, precisaba de una explicación concreta. Los aludidos saludaron con un leve gesto, el ambiente se tornaba tenso e incómodo. —

Sasuke carraspeo, el también debía llegar a la oficina a determinada hora. El hecho de ser el jefe no era sinónimo de tomarse libertades que no le correspondían, además, debía realizar algunos ajustes en el último proyecto, sumándole a esto una reunión con el personal ejecutivo de una empresa hermana.

—Sera mejor que nos vayamos, Sasuke nos llevara. — Anuncio Sakura. Todos asintieron y sin demorar, iniciaron un desfile hacia el automóvil. Tanto Ino como Sarada se encontraban tan ofuscadas que omitieron las palabras, sentenciando el entorno a un silencio sepulcral.

Muy en el fondo, la pequeña Uchiha deseaba lanzar un grito atiborrado de euforia. Su deseo se había cumplido; todo parecía conspirar a su favor y nada la hacía más feliz que ver el inicio de una posible vida en familia. Después de todo, ambos eran sus padres y no había nada más que anhelara con tantas fuerzas que verlos como pareja.

El transcurso fue más que rápido. En un abrir y cerrar de ojos se encontraban inmersos en la contingencia escolar. Sarada e Inojin se despidieron, agradeciendo a Sasuke por su consideración. Inmediatamente ingresaron al instituto, las clases pronto comenzarían, y si deseaban evitar algún castigo por parte de la profesora lo mejor sería darse prisa.

Nuevamente, el motor del automóvil rugió como un animal. Mientras tanto, Ino, contemplaba el panorama desde la parte trasera del coche. De cuando en cuando Sakura sonría afablemente al azabache, sus manos se encontraban tímidamente y no paraban de lanzarse miradas confidenciales. Sonrió ampliamente, doce años transcurridos, siendo la fiel confidente de Sakura respecto a las dudas, derivaban en nada más y nada menos en un resultado fructífero.

—Llegamos. — Anuncio el azabache, aparcando el coche en los cajones designados para el personal del hospital. —

—Gracias, Sasuke-kun. Sakura, yo me adelantare, te veo adentro. — Comprendiendo las indirectas, Ino abandonó el sitio, alejándose y adentrándose en ipso facto al complejo hospitalario. En cuanto a la pareja de tortolitos, ambos por fin percibían un poco de tranquilidad después de la tormenta. —

— ¿Y bien?— Cuestionó inquisitiva, inclinándose un poco hacia el azabache. —

—Planeaba ir a desayunar y después dejarte en el trabajo. —Confesó Sasuke. — No me atrevería a denominar lo que sucedió anoche como una cita así que ¿Qué dices si esta noche cenamos en Shambles?—

Sakura fue incapaz de ocultar la emoción que la invadía. Shambles podría catalogarse como un lugar significativo para ellos dos. Ahí acudieron al escabullirse en la fiesta de Naruto. Luego de doce años, el establecimiento parecía adecuado para festejar el inicio de su relación.

—Por supuesto, me encantaría. — Atareada, sus labios rozaron la comisura de los de Sasuke. Antes de alejarse, el azabache lo impidió, aferrándose a su cintura, mientras degustaba con parsimonia la boca de la peli-rosa, marcando un compás lento hasta arrebatarles el aliento. Con una sonrisa bobalicona, se alejó. —

—Pasare por ti a las ocho. — Sakura asintió, no sin antes probar los labios de su amante una vez más. Descendió del automóvil, contemplando como el azabache se alejaba por la calle. Regresando a la realidad, emprendió una marcha tan rápida como sus pies se lo permitían hasta el hospital, atrayendo la mirada del guardia de seguridad y una que otra persona curiosa. Los cuchicheos no se hicieron esperar, dejándolos pasar desapercibidos, poco le importaban aquellos comentarios, después de tanto tiempo, la oportunidad para seguir a su corazón aparecía de la nada, por un segundo se olvidaría de lo demás y continuaría con el camino de sus sentimientos.

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Las horas transcurrieron lentamente, generando un suplicio interminable. En su cabeza solo existía lugar para una persona, la dueña de sus pensamientos divagaba sin rumbo alguno por su mente, incrementando el entusiasmo de manejar el tiempo y adelantarlo hasta la hora pactada. Hacía mucho tiempo que no percibía emociones tan fuertes, Sakura ejercía cierto poder sobre su cuerpo y sentimientos. No se aventuraría a decir que la amaba pero el cariño, la atracción y el deseo eran más que palpables entre ellos.

Dispuesto a enfocarse en sus labores, cumplió cada una de sus obligaciones. Trazó un plan para llevar a cabo la denominada obra maestra de la casa de ópera, habló con el encargado y envió las posibles propuestas, enmarcando tanto los pros como el contra. Horas después, Nori, su afable secretaria, anunció con amabilidad que su cita con los ejecutivos comenzaría a las dos de la tarde, el Uchiha abandonó el edificio, acudiendo con los socios de su padre a una comida, donde el sacro tema predilecto eran los negocios. Pasado un rato y luego de algunas copas de vino, el Uchiha se vio obligado a partir. Karin esperaría por el en la oficina, al parecer debían mediar sobre algunos asuntos inconclusos.

Personándose en el gabinete, Sasuke pidió por última vez a Nori la agenda del día siguiente, solo para mantener todo bajo control. Una vez disipadas sus dudas, subió hasta la oficina, encontrándose con una elegante e impetuosa Karin, luciendo un hermoso vestido negro, ajustado a su figura. La chica yacía absorta en una aglomeración de papeleos. Había pasado toda la semana revisando algunos contratos de la constructora, últimamente algunos de sus socios se veían inmersos en fraudes millonarios, algo que consternaba a Fugaku Uchiha. A pesar de no ser un vasto conocedor en la materia de economía, Sasuke conocía el mundo de las reservas, sin más opción, continuo con la ardua tarea de escuchar a la pelirroja exponer las nuevas medidas para los contratos, así se evitarían demandas, visitas al juzgado y un posible declive.

Cuando menos lo imaginaron, el turno laboral estaba llegando a su fin. Los trabajadores de la constructora comenzaban a preparar sus cosas para partir a sus respectivos hogares. Sasuke contemplo el reloj de pulsera, reparando rápidamente en la hora, faltaban unos cuantos minutos para reunirse con la peli-rosa. Karin percibió el extraño cambio en la actitud del azabache, podría deducir que cierta persona tenía gran influencia, aunque, opto por mantenerse estoica.

— ¿Vas a salir esta noche?— cuestionó el Uchiha, resguardando los documentos en los folders amarillos, pronto tendrían que mostrárselos a su padre. —

—Algo así, Suigetsu me ha invitado a salir. — Admitió un poco sonrojada, sorprendiendo al Uchiha. —

—Creí que lo odiabas. — Añadió Sasuke. Si mal no recordaba, ambos mantenían disputas interminables, desataban guerras descomunales por la más ínfima razón, eran como perros y gatos.

—Solamente mencione que saldría con él, no que me casaría. — Respondió la pelirroja a la defensiva. — Sabes que no es mi tipo…— Muy en el fondo, Sasuke sabía que efectivamente, Karin sentía algo por el chico de ojos violeta. Le costaba reconocerlo, no lo negaría, al parecer ambos trataban de habituarse a las nuevas sensaciones que experimentaban cuando estaban cerca de determinadas personas. — ¿Y tú saldrás?— El pelinegro asintió. —

—Invite a Sakura a cenar. — Dijo raudamente, situando las carpetas sobre el escritorio. Continuarían revisando los documentos restantes a primera hora, por el momento, tanto el cómo Karin tenían compromisos que atender. —

—No creí que los titulares de las noticias fueran ciertos. — Sasuke no comprendía de que estaba hablando Karin. — Me refiero a que su épica huida del altar ocasionó tal conmoción en los medios que aún no dejan de hablar sobre eso. Pronto aparecerás en primera plana. — Bromeo. Avizoró el reloj en su celular, debía partir lo antes posible si no deseaba quedarse atascada en el tráfico, sería complicado conseguir un taxi con una cuota accesible. —

Dispuestos a abandonar la oficina, Sasuke se ofreció a llevarla hasta su destino. El bar donde se reuniría con Suigetsu no se encontraba tan alejado del restaurant donde él y Sakura acudirían, además, minutos atrás había recibido un mensaje de la peli-rosa, anunciando que mejor esperaría por el en el establecimiento, ya que, se dirigió a casa de Shizune, donde Sarada permanecería unas cuantas horas mientras sus padres compartían una velada romántica.

El azabache colocó el sacó sobre el dorso de su mano, abrió la puerta y le permitió la salida a la pelirroja, apagó las luces, Karin aguardaría por el en la pequeña salita de espera, situada afuera de su oficina. Asegurándose de llevar todo lo necesario, cerró la puerta tras de sí. Inmediatamente se detuvo al escuchar la voz de su padre, quien entablaba una casual conversación con Karin. Le parecía extraño que Fugaku apareciera a tales horas, su presencia no auguraba nada bueno y un presentimiento asoló su pecho.

—Sasuke, hijo, es bueno encontrarte. — Fugaku hablaba con parsimonia. — Es agradable encontrarlos a ambos, necesito hablar con ustedes. — Los aludidos se miraron confundidos.

— ¿Sucede algo malo Fugaku-sama?— Se apresuró a cuestionar Karin. —

—Necesito la ayuda de los dos. —

— ¿Ahora?, Papá, yo…— Por primera vez, Sasuke osaba enfrentarse a su padre. Sakura agradaba por el. —

—Sasuke. — Llamó Fugaku con severidad. — La compañía familiar está en juego, Shimura Danzo ha convocado una audiencia con nosotros. Partiremos ahora mismo rumbo a Osaka, Itachi nos está esperando en el aeropuerto. —

Sin titubear, Sasuke acato las ordenes de su padre. Entendía lo que significaba la constructora para él, Danzo Shimura era un hombre de armas tomar, así que, la consternación de Fugaku se comprendía. De camino rumbo al apartamento, preparó una maleta con todo lo necesario, pasarían unos cuantos días recluidos en Osaka. Rumbo al aeropuerto, la pelirroja llamo a Suigetsu, relatando algunas cosas sobre el improvisado viaje de trabajo, el peliblanco comprendió y opto por llevar a cabo su reunión en otra ocasión.

En otro lado de la ciudad, Sakura aguardaba impacientemente por la llegada del azabache. Yacía sentada en una mesa apartada, tenuemente iluminada por las velas. El Uchiha llevaba veinte minutos de retraso, quizá por el tráfico. Revisaba su celular con frecuencia, por si alguna noticia de Sasuke aparecía. Su corazón se detuvo al escuchar el tono de llamada, mientras la pantalla lanzaba sin atenuantes el remitente.

—Sasuke-kun. — Dijo entusiasmada, carraspeando un poco para mantener la compostura. — ¿Dónde estás?— Una señal sobre su paradero bastaría para apaciguar la inquietud en su interior. —

—Voy de camino a Osaka. — El corazón de la peli-rosa se detuvo. Su semblante cambio abruptamente. — Surgieron algunos inconvenientes con la constructora. — Ella entendió. —

—Oh, está bien, llama cuando llegues al hotel ¿sí?— Sasuke asintió, emitiendo una despedida sencilla. Fue en ese preciso instante que Sakura trató de disipar un pensamiento sombrío; algo, tarde o temprano terminaría por interponerse en su relación.

Continuara

Dije que no regresaría sin un capitulo…así que ¡aquí me tienen! (Por un instante) aprovechando la magnífica oportunidad para actualizar. En verdad, espero que sea de su agrado, es para mi gusto, un capitulo muy tranquilo, el drama entre estos dos aun continuara, solo que deseaba dar un respiro a todo esto.

Conforme al flashback, revisando el borrador inicial, me di cuenta que no contaba con ninguno, o sea que eso modificaba por completo la idea de mantener los recuerdos como un suceso para unir, explicar o como quieran denominarlo, sucesos del pasado con el presente. ¿Recuerdan que nuestra protagonista no era la chica inocente, virginal e ignorante en el sexo?

¿Se acuerdan de Genma? Espero que sí, me pareció interesante añadirlo a la trama, no tendrá protagonismo como tal, sino que, me pareció necesario utilizar un personaje perteneciente a Naruto y diferente a Sasori para que fuera el primer amor de Sakura, claro que este hombre es años mayor que la peli-rosa, pero es un fic AU, así que casi todo es válido, espero que esto haya sido de su agrado, no es la única vez que aparecerá Genma en un recuerdo, lo podremos ver más adelante.

Sarada no apareció en este capítulo, al menos no como debería. Opte por enfocarme en Sasuke y Sakura, solo en ellos dos, los demás capítulos indagare en su relación como pareja y como padres ;)

Me siento en deuda con cada una de ustedes chicas. Tengo presente a cada persona que ha dejado un comentario, que más allá de la historia, plasmaron hermosos mensajes de apoyo 3, en verdad, muchísimas gracias de todo corazón, es un empujón enorme para continuar con este camino que definirá una parte importante de mi vida y me siento plenamente agradecida por recibir tantas muestras de aliento, muchísimas gracias por esto y más 3 Intentare responder a sus reviews como es debido durante el fin de semana.

Antes de partir, ¿recuerdan que les mencione sobre esa serie de relatos Lemmon,rated M, smut o NSFW? Bueno, con los proyectos que aún tengo, decidí en otorgarle solamente un one-shot de tal categoría a esta historia. Tengo en mente la idea y espero poder exponerla pronto :3

Sin más, yo me despido, fue agradable regresar aunque solo constara de unos minutos.

¡Una vez más, mil gracias por su apoyo chicas, en verdad!

Esto fue todo por el momento, nos leemos luego, espero que el capítulo sea de su agrado

¡Nos leemos hasta la próxima, cuídense y un fuerte abrazo!