Entre mis Brazos

Acto Diez

Jugando con el Demonio

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Yahiko despertó primero que todos en la casa del matrimonio Himura y luego de dar gracias en silencio y doblar su futón, se retiró antes que los primeros rayos del sol iluminaran la mañana.

Caminó mucho rato en medio de una leve neblina hasta llegar al refugio donde se guarecían los hombres a quienes él tanto les debía. Y aunque los odiaba, los odiaba mucho, en el pasado esos mismos hombres le prestaron dinero cuando su padre murió en la guerra y su madre enfermó gravemente. Gracias a ese dinero, el niño pudo comprar medicamentos que paliaron un poco los dolores de su madre y pudo mantenerse hasta el día en que ella también murió y esos hombres lo tomaron bajo su protección.

Al principio Yahiko pensó que ellos realmente eran buenas personas hasta que empezaron a amenazarlo con que tenía que devolver el dinero que le habían prestado o lo golpearían hasta matarlo. Al principio el niño se resistió ante ese destino pero una fuerte paliza lo hizo comprender que la época en que vivía como un niño cualquiera, con una familia y bajo su cuidado, estaba lejos y ya no volvería. Los hombres le "sugirieron" robar para comenzar a saldar su deuda.

Yahiko no sabía cómo robar una cartera ni tenía la velocidad requerida para salir corriendo en caso de que lo sorprendieran en un hurto u otra fechoría, pero lo cierto es que con el tiempo, a base de golpes, gritos y experiencia pudo lograr una cierta habilidad en ello. A los meses de haberse iniciado como ladrón, podía despojar a cualquiera de su cartera con dinero, podía sacar cosas de las tiendas, en fin. Podía quitarle lo que quisiera a otro ser humano para apropiárselo.

Menos el honor.

Su padre siempre estuvo muy orgulloso de haber sido un samurai y de haber servido a su amo. Gracias a los ahorros de esa época, nada le faltó a su hogar y además, el contaba con un trabajo sencillo y rentable, siendo un hombre honrado que vivía de buena manera junto a su esposa y su pequeño hijo. Yahiko pensaba que si su padre y su madre pudieran verlo, se avergonzarían de él aunque luego pensaba un poco más y llegaba a la conclusión que todo eso él lo hacía porque ellos lo habían abandonado al morir, enojándose mucho con ellos por eso. La rabia le duraba poco rato al recordar lo buenos padres que habían sido y así, su cólera era sustituida por la nostalgia y la tristeza de saber que no los volvería a ver.

De todos modos, por un cierto orgullo mal entendido, el chico quería pagar pronto su deuda completa a los hombres para librarse de una vez de la delincuencia y ver el modo de iniciar una nueva vida. El problema es que parecía que cada día debía más a esos hombres porque le daban un techo y comida. Yahiko a veces pensaba que siempre tendría que robar para no deberles nada ya que no veía otra forma de conseguir dinero y cuando comenzaba a sentir pena de la gente a la que hurtaba, se decía a sí mismo que nadie en el mundo lo tomaba en cuenta por lo que nadie merecía que él tuviera consideración.

Hasta que un día conoció a un pelirrojo que lo defendió sin conocerlo en el mercado, cuando lo descubrieron robando fruta, y a la chica que lo acompañaba, a sus amigos y al hogar que tenían- porque ese sí que era un hogar.- Yahiko pensaba que le gustaría formar algún día parte de algo así.

Tal vez, pensaba a medida que entraba al escondite de sus "superiores", el podría pedirle a su jefe un poco más de plazo para pagar su deuda. Así, regresaría al dojo Kamiya y estaría con ellos un tiempo. Podría buscarse un trabajo quizá… había visto a una niña de la edad de él trabajando en un restaurante sirviendo mesas. Sintió la esperanza perdida renacer en él y de pronto se le ocurrieron muchas ideas para vivir honradamente como su padre le inculcó.

Si él pudiera vivir en el dojo Kamiya, se levantaría temprano todos los días y sería un chico diligente. Obedecería en todo a sus protectores, comería deliciosamente y tendría una cama decente para dormir. Podría bañarse más seguido, podría ir a la escuela y aprender a leer, tal vez podría pedirle al pelirrojo que le enseñara a usar su espada… ¡Sí, su espada, como un samurai! Y así, podría defenderse de los golpes que le daban sus superiores cuando llegaban enfadados.

Sonreía debido a sus ensoñaciones y por lo mismo, no se dio cuenta de que aquellos hombres a quienes tanto odiaba pero a quienes tanto aún debía, estaban en pie, esperándolo.

Y de muy, pero muy mal humor.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

A Aoshi la noticia dada por Hannya, su espía, no le había gustado en lo más mínimo. Por eso había decidido ir en persona a confirmar la información.

Misao, Okina y Megumi… todos juntos en el dojo Kamiya.

Eso si que estaba mal y resultaba una grave interferencia en sus planes.

Desde luego, de haberse tratado de Megumi en otro lugar, ellos, los del grupo Oniwabanshu no dudarían en raptar a la doctora para su jefe Kanryu Takeda. Si Megumi pusiera resistencia, usarían un poco de fuerza con ella y si alguien más se involucrara para ayudarla, lo atacarían sin piedad, sea quien sea.

Pero otra cosa muy distinta era ir contra Okina y contra Misao.

Según el reporte que le había dado Hannya, Megumi estaba todo el día acompañada por Kaoru, Misao, Okina y Kenshin que ocasionalmente salía a la ciudad. Eso significaba sin duda que todos estaban al tanto de la situación de Takani y le estaban ofreciendo su protección. Significaba también que era poco probable que se descuidaran con Okina guiándolos sobre el modo de actuar Oniwabanshuu, por lo que de momento, la idea del rapto silencioso quedaba descartada porque implicaría sin duda un enfrentamiento que lo mejor era evitar ya que no la dejaban sola. Por otra parte, Aoshi sabía que si pedía a sus hombres que atacaran el dojo Kamiya, ellos, por lealtad, lo harían sin importar que Misao estuviera allá pero también sabía que sufrirían mucho con esa orden. Lo mejor era evitar también el enfrentamiento directo.

En verdad, Aoshi pensaba que de enfrentarse, el rival de temer sería Okina, menospreciando a Kenshin por su baja estatura y contextura delgada. Después de todo, una cosa era andar todo el día llevando una espada y otra muy diferente, saber usarla como un experto. De todos modos, el instinto le decía que había algo en Kenshin que lo intimidaba un poco por lo que se mantendría alerta con él.

Aoshi llegó finalmente al dojo Kamiya y se instaló en un escondite bastante bueno. Reguló su respiración, se concentró lo suficiente y pronto pasaba totalmente desapercibido. Incluso para Okina.

Observaría lo que pasaba, con paciencia, para determinar el mejor momento y modo de llevarse a Megumi. Kanryu había sido muy preciso: les había dado siete días en traerle a la doctora y ya habían pasado dos antes que Hannya diera con ella. Se daría tres días para investigar y luego, atacar.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Misao salió al patio seguida de Kaoru y Megumi. Llevaba el cabello trenzado aún pero a juzgar por los cepillos y tijeras que llevaban las otras dos, no sería por mucho tiempo.

Ignorantes de que eran vigiladas, se instalaron en un sitio donde había una agradable sombra. Corría una brisa leve y todo era muy fresco en esa mañana. Era un muy bonito día. Kaoru traía una pequeña mesa plegable que encontró en la bodega, sobre la cual pusieron los elementos de belleza.

Aoshi, atento a todo, pasó saliva al ver a Misao usando un kimono, recordando el momento en que ella destrozó su traje ninja y juró nunca más usar ese uniforme, renegando del Oniwabanshu. Debía reconocer que a pesar de haberla visto en kimono para ocasiones muy puntuales, esta vez se sorprendió de que ella cumpliera su palabra y vistiera como un civil normal; por lo mismo, se sentía un poco culpable.

Cuando Misao era una niña, constantemente le preguntaban: ¿Qué quieres ser cuando grande? Siempre contestaba que quería ser una ninja como su abuelito y como Aoshi. Por las noches quería dormir con su uniforme puesto y en general, en Aoiya se la veía usando una variación del uniforme Oniwabanshu que por cierto, le quedaba muy lindo. Sin importar cuantas veces trataran de convencerla de que lo mejor era llevar una vida normal, ella porfiaba en su intento de ser una ninja y trabajaba cada día, muy arduamente en eso aunque le significara no tener amigos.

Y ahora… se había decepcionado tanto del Oniwabanshu o más específicamente de él, Aoshi Shinomori, que ni siquiera quería recordar su sueño y se vestía como la señorita que era. De Kimono, lazo y sandalias.

Aunque había que reconocer que se veía preciosa. Era un deleite mirarla.

Kaoru desató la larga trenza de Misao y Megumi comenzó con la ardua tarea de desenredar el largo y azabache cabello. Mucho rato después, el peine estaba lleno de pelo y Misao con la cabeza delicada por los tirones pero en ningún momento se quejó.

-Muy bien, ahora recortaremos un poco.- dijo Megumi tomando las tijeras. El cabello de Misao, liberado de la trenza llegaba justo hasta detrás de sus rodillas. La doctora recortó las puntas partidas, dejando el largo hasta el trasero de la chica. Luego le corrigió el flequillo.

-¿Prefieres una coleta, una trenza o algo en especial?- preguntó Kaoru.

Misao hacía mucho que no tenía el cabello suelto. Lo extendía ante ella sobre sus brazos y manos, resbalando entre sus dedos.

- Quiero llevarlo suelto.-

-Está bien. Te ves muy bonita.- dijo Kaoru en una sonrisa.

"Totalmente de acuerdo".- pensó Aoshi desde su lugar.

-De todos modos es bueno que se lo sujetes en una coleta, Kaoru.- apuntó Megumi.- Tengo que examinarla. En cuanto acabe, podrás soltarle el cabello nuevamente.

Misao no se opuso y fue guiada por las mujeres hacia el interior de la casa, despertando la curiosidad de Aoshi. Después de todo, Hannya le había dicho que Misao estaba herida pero no estaba seguro de hasta qué punto estaba mal. Con cuidado, Aoshi cambió su posición de modo que pudo acercarse a la casa y mirar discretamente por una ventana.

Kaoru ayudó a Misao a deshacerse del kimono y Aoshi pudo notar la enorme venda que tenía la joven desde el pecho a la cintura casi. Megumi la estuvo tocando y haciéndole diversas preguntas hasta que Aoshi comprendió que Misao tenía las costillas rotas. Antes que Megumi le quitara las vendas, el ninja se retiró a su posición habitual, sintiendo cierto remordimiento por la condición de la pequeña.

Recordó con claridad cada momento de la última pelea que tuvo con Misao y en especial la patada que le dio en el costado izquierdo. Era posible que esa patada la tuviera en ese estado, lo que lo hacía sentir mucho peor.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Al día siguiente Kaoru y Kenshin fueron al mercado. La joven aprovechó de pasar a saludar a su amiga Tae y a la pequeña Tsubame. Se quedó un rato en Akabeko y después salió a la calle para encontrarse con Kenshin pero en el trayecto, vio una figura pequeña que le llamó la atención.

Era Yahiko.

Quiso acercarse y preguntarle por qué se había ido sin avisar de su casa e interrogarlo sobre su procedencia. De todos modos no llegó a juntarse con él porque al verlo más de cerca, notó su estado.

El pobre chico tenía la boca rota e hinchada, así como cortes en los pómulos, producto de golpes. Temblaba un poco, pero así y todo se las ingenió para quitarle su bolsa a un caballero que pasaba.

Un ladronzuelo… el chico al que había acogido en su casa era un ladronzuelo.

No le gustaba ese tipo de gente y retrocedió antes que Yahiko la viera. Sin embargo volteó para mirarlo nuevamente. Se veía muy mal. Luego de una pequeña lucha interna, optó por seguirlo y en el camino se consiguió un boken con el señor Maekawa, un buen amigo de su padre.

Claro que se le olvidó el detalle de avisarle a Kenshin.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Aoshi estaba en su puesto nuevamente, poniendo mucha atención al movimiento de la casa. Sus hombres le había rogado el día anterior para que los enviara y así lo hizo pero, en el turno nocturno. En cuanto salió el sol, Aoshi fue a relevar a Beshimi y Hannya después que éste le dio su reporte y le dio la orden de investigar todo lo relacionado a Kenshin Himura, ayudando a sus compañeros en este quehacer.

Y ahora, para ser sinceros, Aoshi estaba más atento a una persona en especial, Misao, aunque no podía reconocerlo ante sus hombres ni quería reconocérselo a sí mismo.

De pronto, Kenshin apareció en su campo visual. Se acercó a Okina y Misao que discutían algo con Megumi.

-¿Han visto a Kaoru?-

La respuesta fue negativa y Kenshin se empezó a desesperar, lo que llamó la atención de Okina y de Aoshi ya que lo consideraban un hombre muy calmo.

-No puede ser… pensé que ya habría llegado, por eso me vine.-

Misao se ofreció a ayudar a buscarla pero Kenshin se rehusó.

-Yo iré por ella. Ustedes deben cuidar de la señorita Megumi. Regresaré pronto.- dijo antes de salir corriendo de allí. Tenía una corazonada.

Llegó hasta donde Sanosuke, que estaba con unos amigos, lo había saludado media hora atrás. Le explicó lo sucedido y le pidió ayuda. Sanosuke recurrió a sus camaradas y obtuvieron una pronta respuesta.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Kaoru había seguido a Yahiko hasta la orilla del río e iba a increparlo por lo que hacía cuando dos hombres se acercaron al chico, exigiéndoles el dinero. Yahiko les pasó todo lo que traía, que por cierto, para ellos era insuficiente.

-¡Esto no alcanza, estúpido mocoso!-

-El jefe mandará matarte. ¡No sirves para nada!-

Entre los dos tomaron al chico y lo llevaron a su guarida. Kaoru los siguió a prudente distancia sin ser vista y se acercó a la que parecía una casa abandonada.

En una enorme sala vacía, los tipos patearon al niño, haciéndolo caer. Yahiko, como pudo, se levantó.

-Quiero… que le digan al jefe… que ya no quiero robar más, me siento muy avergonzado de lo que hago. Buscaré un tra… un trabajo y con eso le pagaré pero esto… ¡Es lo último que yo he robado!-

Las palabras dichas con mucha pasión y convicción por parte del pequeño hicieron reír a los dos sujetos aunque al menos calaron hondo en el corazón de Kaoru. Tan hondo, que ella corrió hacia el muchacho justo cuando empezaban a golpearlo nuevamente.

-¡Dejen al niño en paz!-

Yahiko, asombrado, miró a la joven que se había colocado delante de él. Pero conocía muy bien a sus "superiores" y no quería que le hicieran daño a Kaoru.

-Vete de aquí… ándate, no te necesito.-

-¿Cómo que no? Estos tipos te están haciendo daño y no lo permitiré.- dijo ella aún protegiendo con su cuerpo al chico. – Son tan cobardes que golpean a un niño como tú entre los dos, sin importarles que estás herido y cansado. –

-Señorita… si quiere acción, mi futón la está esperando, aunque si tiene apuro, la hierba de afuera nos servirá.- dijo uno de modo lascivo, echando una mirada apreciativa sobre el cuerpo de la joven. Kaoru sintió unas ganas enormes de vomitar ante lo que evocaron en ella esas palabras pero se contuvo porque Yahiko en ese momento dependía de ella. No podía desmoronarse aunque las piernas le estuvieran temblando.

Optó por pasar a la acción.

Le dio a uno de los hombres con el boken en el hombro haciéndolo caer y gemir de dolor. El otro sacó un cuchillo y trató de atacarla pero ella, dando un rápido paso al lado de él le dio en la cabeza dejándolo fuera de combate.

En ese momento, el primer tipo que había caído se levantó y se abalanzó sobre Kaoru, pero ella, dándole esta vez en pleno estómago, lo lanzó lejos hacia la pared. El sujeto la rompió con su cuerpo y Kaoru tomó a Yahiko de la mano.

-Vamos, tenemos que salir de aquí.-

-No podemos.- dijo el niño.- Ellos me seguirán… -

-Pero yo te protegeré… -

Se estaban acercando a la salida cuando aparecieron tres sujetos. Kaoru de inmediato puso a Yahiko tras ella cuando vio que de la pared destrozada salían cinco tipos más, con mala pinta, mala cara y malas intenciones.

Ella esgrimió su boken con fuerza y valentía, ocultando su nerviosismo que iba creciendo a medida que aparecían más hombres.

-Me llevo al muchacho.-

-Él tiene una deuda con nosotros. A menos que usted pague lo que él debe, no se lo podemos entregar.-

Kaoru pasó saliva. Ella tenía algún dinero en casa.

-Yo… yo pagaré por él.-

-¡No puedes hacer eso!... ¡Eres una tonta! – Empezó a atacarla el niño para que ella se enfadara con él y se fuera, ya que era la única forma de sacarla de allí y protegerla a su modo.- Eres una mujer fea, tonta, el otro día estuve en tu casa y te robé y no te diste ni cuenta… -

Kaoru hizo oídos sordos a las palabras del pequeño, manteniéndose en guardia.

-¿Cuánto debe?-

Uno de los sujetos dio la cifra exacta que debía Yahiko y realmente era exorbitante. Kaoru rápidamente sacó cuentas.

-Es imposible que un solo niño gaste tanto. Esto es un timo.-

-No, Kaoru, la cifra está bien… ellos gastaron todo ese dinero en mi madre enferma.- dijo el chico.

-Pues aunque lo hayan gastado en eso, es demasiado dinero.-

-¿Así que tú tampoco puedes pagarnos? Al menos podrás servirnos de entretenimiento ya que es lo mínimo que puedes hacer después del alboroto que has causado.- dijo alguien.

Un sujeto trató de acercarse a la joven pero ella de inmediato lo neutralizó con su boken. Yahiko, a pesar de sus heridas, salió a defenderla, dándole una patada en la entrepierna a un tipo y mordiendo a otro. Kaoru trataba de derribar a todo aquel que se le acercaba hasta que uno de los ellos sacó un cuchillo y lo puso en la garganta de Yahiko a quien tomó de la cintura.

-O te quedas quieta o el mocoso se muere.-

Yahiko odiaba ser un obstáculo para Kaoru, asi que gritó para hacerse oír.

-¡Kaoru, no le hagas caso… él no puede matarme, aún les debo mucho dinero!-

-¡Ja!, ¿Eso crees, enano? Pues fíjate que la supuesta deuda fue saldada hace mucho tiempo… de hecho, nunca existió. ¡A menos que quieras pagar por las hierbas comunes que le dábamos de medicina a tu madre!-

Kaoru y Yahiko se quedaron paralizados al comprender lo que implicaban esas palabras pero de momento no podían moverse. Ella para evitar que le hicieran daño al niño y él por la rabia.

Uno de los sujetos se acercó a Kaoru, quien sentía una vez más las nauseas que le venían en situaciones así. Levantó una mano para tocarla pero esa misma mano fue destrozada por una espada que, de haber tenido el filo en el lado que correspondía, la habría cortado en muchos pedacitos. Pero sólo la quebró.

-No se atrevan a tocar a mi esposa.- dijo Kenshin poniéndose frente a ella tal como Kaoru lo hiciera antes con Yahiko.- Y menos hacer daño a ese niño.- luego se volvió a Kaoru.- Discúlpeme por llegar tarde pero, había muchos tipos afuera… aunque al menos parece que Sanosuke la está pasando bien con ellos.-

Kaoru nuevamente sintió el asco. Cuando ella entró no habían hombres afuera de la casa pero ahora sí porque se habían colocado después de su llegada para evitarle el escape. Si Kenshin no hubiera llegado… no quería pensar en las consecuencias.

-Entréguenme al niño.- exigió Kenshin.- por las buenas o por las malas.-

De inmediato todos los hombres se abalanzaron sobre el pelirrojo quien sólo desenvainando su espada derribó a la primera línea. Uno saltó sobre él y recibió el mango de la espada de lleno en la mandíbula. El tipo que tenía aún a Yahiko amenazado recibió un golpe de boken en el costado, desde atrás.

-No me gusta pelear como los cobardes pero no se puede ser de otro modo con ustedes.- dijo Kaoru. Mientras Kenshin peleaba con todos y luego se le unía Sanosuke, Kaoru se agachó y abrazó al niño que lloraba de rabia por lo que le había tocado vivir. –Ya está bien, Yahiko, no te preocupes. Ya terminó todo… ahora todo irá bien. Lo prometo.-

El jefe de la banda hizo acto de presencia. Kenshin de inmediato lo reconoció como el cabecilla.

-Vengo por el niño.-

-Yahiko nos pertenece.-

-No le estoy pidiendo permiso para llevármelo. Le estoy diciendo que me lo llevaré.-

El jefe iba a llamar a sus hombres para que detuvieran al pelirrojo hasta que los descubrió en el suelo, quejándose de las más diversas lesiones.

-Espero que, siendo usted tan comprensivo, no lo vuelva a molestar.- dijo Kenshin, mirándolo a la cara.

Desde luego, la mirada que le echó Kenshin al jefe fue suficiente para que éste ordenara a los pocos que seguían en pie, dejar de pelear. Sin duda lo mejor era dejar ir a un solo chico que tener que lamentar la pérdida de todos sus hombres. Algo le decía que Kenshin no era el tipo de hombre con el que se pudiera jugar, ya que eso sería desatar un verdadero demonio. El demonio que se reflejaba en su manera asesina de mirar.

Sanosuke se hizo cargo de Yahiko, tomándolo en brazos. El chico se resistió al principio aunque luego su propio cansancio lo venció y no pudo oponerse más. Kaoru tomó la mano que le ofreció Kenshin para salir, cabizbaja. Sabía que él estaba enojado con ella ya que no le hablaba.

Sin embargo, antes de ponerse a razonar o discutir, Kaoru cayó de rodillas y finalmente, comenzó a vomitar.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Megumi atendió a Yahiko le mejor que pudo. Su pequeño cuerpo estaba muy maltratado y aún tendría que guardar cama por unos días. Sanosuke, al otro lado de la habitación, no le hablaba aunque no le quitó la vista de encima, aún cuando ella conversaba sobre la dieta especial que debería seguir Yahiko.

Sanosuke se levantó y salió de la casa con rumbo a su cuarto, en algún lugar de la ciudad. Kaoru y Misao salieron al patio a tomar aire para calmar un poco sus nervios. Kenshin salió de la casa y se dirigió hacia ellas.

Misao se retiró discretamente para acompañar a Megumi que permanentemente debía estar con dos personas. Afuera, Aoshi estaba a punto de ser relevado por Beshimi nuevamente. No había pasado nada interesante en la mañana…

Kaoru observó a Kenshin acercarse a ella. La joven bajó la vista.

-Discúlpame por no haberte avisado… yo… realmente no pensé en que todo eso pudiera suceder.-

Kenshin se mantuvo cerca de ella, sin tocarla, sintiendo como si alguien le estuviera estrujando el corazón.

-Yo… -continuó Kaoru.-… tenía que ayudarlo. No podía dejar que siguieran maltratándolo. Kenshin, a ese niño le hicieron algo muy feo, lo engañaron… -

Kaoru no pudo continuar porque Kenshin, de pronto, la abrazó fuertemente.

-Sé, yo sé lo que le hicieron. Alcancé a escuchar que lo tenían engañado antes de entrar pero… Kaoru, si le hubiera pasado algo yo… si yo no hubiese llegado a tiempo para protegerla. Casi me volví loco esta mañana cuando llegué y no estaba y luego el amigo de Sanosuke me dijo que la había visto cerca de un mal sitio… -

-Perdóname, Kenshin. Pero estoy segura de que tú, en mi lugar, hubieses hecho lo mismo.-

Kenshin no aflojó el abrazo. Por el contrario, la apretó más fuerte, como si no estuviera dispuesto a dejarla escapar.

-Pero usted estaba asustada… y sin embargo fue por él. Comprendo por qué lo hizo pero una parte de mí es muy egoísta y no quisiera que se viera involucrada en algo tan peligroso nuevamente. Si he de ser sincero, hoy no pensaba tanto en el niño como en su seguridad, Kaoru. Somos un matrimonio, por eso, no quiero interferir en su vida pero al menos espero que usted me deje ser parte de ella. Déjeme protegerla… no sabe lo importante que es para mí saber que está bien… quiero… quiero estar ahí cuando me necesite. Siempre.-

Por la noche Kaoru tuvo pesadillas nuevamente pero al despertar, Kenshin estaba allí meciéndola, abrazándola, secando sus lágrimas y cuidando de ella. Por eso, la joven pensó que tal vez Kenshin había llegado a su mar. Porque con sus palabras se había comprometido a estar toda su vida con ella y eso significaba que ese matrimonio no era un simple dique para el torrente Kenshin, sino el mar que ella soñó alguna vez podría contenerlo.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Otro que estaba pasando la noche en vela era Aoshi. El informe completo de sus hombres con respecto a Kenshin Himura, lo sucedido en el rescate del niño más lo que había visto esa tarde, le dieron las directrices obvias para conseguir a Megumi sin hacer uso necesariamente, de la fuerza.

Trazó rápidamente un plan, pidió más tiempo a Kanryu asegurándole que tendrían a Megumi muy pronto entre ellos y habló con los Oni sobre lo que harían.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Kenshin fue sacar agua del pozo. Y dijo en un tono levemente alto.

-¿No se cansa de llevar allí tantos días? Si tiene algo que decir, Aoshi, lo mejor será que lo haga dando la cara.-

Aoshi se sorprendió. Ni Okina lo había percibido. De todos modos no pensaba salir de su escondite.

-Tienes algo que me pertenece, Battousai Himura.-

-Las personas sólo se pertenecen a sí mismas. La señorita Megumi no desea regresar con su jefe.- dijo Kenshin un poco sorprendido porque Aoshi ya sabía todo con respecto a él.

-Battousai, no me interesa pelear contra ustedes. Dame a Megumi.-

-Ya hace tiempo que no soy Battousai, sino Kenshin. Y si quiere un enfrentamiento, lo tendrá pero no dejaré que se lleve a la doctora. Ella es muy apreciada en la comunidad. Sugiero que usted, Aoshi, revise un poco su vida y vea si está haciendo realmente lo que quiere hacer y si está teniendo los resultados obtenidos a menos que el cariño de Misao no le importe.-

Aoshi se molestó con las palabras de Kenshin. Se retiró a vigilar otro punto y Kenshin regresó a la casa con la cubeta llena de agua.

Por la tarde, una vecina de Kaoru comenzó con el trabajo de parto y Megumi de inmediato fue custodiada por Okina y Kenshin hasta su casa. Kaoru se quedó cuidando de Yahiko, junto a Misao.

Misao acababa de darse un baño reparador y Yahiko se levantó para comer pescado asado. Kaoru estaba preparando té cuando ante ellos se presentó Hannya.

-Hannya, pero ¿qué haces aquí?- preguntó la chica más joven. –Si vienes por Megumi, te informo que no está.- dijo poniéndose a la defensiva al recordar que su muy querido Hannya también la había traicionado en cierta forma.

-Sabemos que no está. Por eso hemos venido.- dijo una voz que Misao conocía muy bien, tras ella. La joven de inmediato se puso en guardia. Aunque se rompiera tres costillas más no dejaría que Aoshi se saliera con la suya.

-¿Entonces… qué quieren?- preguntó ella.

Yahiko no entendía qué estaba pasando pero soltó su pescado al ver a los tipos y a Misao adoptando postura de combate. Aoshi nada dijo por su parte, hasta que se sintieron los pasos de Kaoru acercarse.

Misao pronto comprendió.

-¡No lo harán, no lo permitiré!- luego gritó hacia la casa.- ¡Kaoru, no te muevas de allí!-

Pero era demasiado tarde. Kaoru salió con la bandeja y las tazas y de inmediato Hannya se volvió hacia ella. Misao se interpuso y Yahiko, comprendiendo lo que pretendía el sujeto extraño, corrió hacia Kaoru, siendo apresado por Beshimi.

Hannya en un segundo estuvo junto a la joven, poniéndole un paño en la nariz. Kaoru cayó desvanecida en sus brazos y él trató de irse pero Misao lo tomó de la ropa y se colgó de él.

-¡Suéltala, Hannya!-

Yahiko trató de patear a Beshimi pero éste era demasiado hábil. El chico no quería darse por vencido y seguía revolviéndose entre los brazos de su captor.

Kaoru… Kaoru… algo malo iban a hacerle y él… ¡¡no podía ayudar a quien se puso en riesgo para brindarle una nueva vida!!

Beshimi estaba perdiendo la paciencia con el chiquillo pero Aoshi le dirigió una rápida mirada.

-Ya sabes lo que he dicho. Nada de daños.-

Beshimi siguió esquivando las patadas del niño. Hannya trataba de zafarse de Misao para llevarse a Kaoru de una vez hasta que Aoshi tomó a la joven por la cintura.

Esta, de inmediato trató de darle un puñetazo en la cara.

-¡Ordena que la suelten!.-

-Llévatela.- dijo Aoshi. Hannya obedeció. Él por su parte se quedaría un momento para evitar que Misao lo siguiera.

Misao sentía cómo Aoshi la apretaba para impedir que se moviera pero a pesar del dolor, la rabia era más fuerte en ella.

-¡Suéltame, maldito seas! ¡¡KAORUUU!!.-

-Calla, Misao.- dijo Aoshi poniendo una mano sobre la boca de la joven. Ella lo mordió y él la aplastó entre la pared y su propio cuerpo para tener libre la mano sana y callarla. Misao movía la cabeza y seguía llamando a gritos a su amiga. Al menos Beshimi había optado por dejar dormido a Yahiko dándole un certero golpe en la nuca que lo tenía inconsciente. Beshimi de inmediato se fue para apoyar a Hannya.

Misao seguía intentando gritar. Pateaba y maldecía a Aoshi entre dientes y este, a su modo, trataba de calmarla.

-No le haremos nada a tu prima. Pero deja de gritar.-

-¡¡¡HIMUUUUUUUUUUUUUURAAAAAAAAAAAAA!!!... ¡¡¡OKIIIIIIIIIINAAAAAAAAA!!!-

La joven no estaba cooperando. Por un lado, gritaba y Aoshi tenía muy claro que Kenshin la escucharía y llegaría en un minuto a la casa, lo que quería evitar de momento. Por otra parte… y esto era lo realmente grave, una parte de él se estaba excitando con Misao tan pegada a su cuerpo, moviéndose contra él y emanando ese aroma tan dulce que la envolvía, lo que lo desconcentraba. Y eso no era bueno.

Trató de taparle la boca una vez más pero un nuevo mordisco le indicó que, a menos que quisiera conservar todos sus dedos y su palma, desistiera de esa técnica. Los golpes de la joven le estaban doliendo así que tomó sus manos y las puso contra la pared también.

-¡¡¡HIM…!!! -

Misao trató de gritar utilizando toda la fuerza de sus pulmones a pesar de la presión que Aoshi ejercía sobre su pecho, cuando éste bajó un poco la cabeza y tomó por asalto su boca. Presionó sus labios con fuerza y por lo menos consiguió su objetivo principal porque Misao, totalmente descolocada, dejó de gritar. Al reaccionar, trató de liberar sus manos para golpearlo pero no pudo mientras Aoshi, olvidando su primera intención, comenzaba a explorar la boca de la chica y casi se diría que estaba disfrutando del beso que a la fuerza había conseguido.

Y muy a pesar de Misao, ella estaba sintiendo como si lava hirviendo comenzara a fluir por sus venas. Dejó de luchar porque, por más que su razón se lo ordenaba a su cuerpo, éste no le obedecía y así, la joven comenzó a sentir algo nuevo. Algo muy parecido a la humillación por ser incapaz de controlar sus emociones.

Aoshi sintió el sabor salado de las lágrimas de Misao llegar a su boca y regresando a la realidad de la situación, se detuvo. Se separó lentamente de la joven que cayó al piso porque sus piernas se negaron a sostenerla. Se apoyó en sus brazos, totalmente indefensa, diciendo:

-Me quitó la ilusión de ser una Oniwabanshu. Me arrebató la ilusión se seguirlo a donde quisiera. Y ahora, me quitó el único sueño que usted no tenía derecho a arrebatarme… porque antes… nadie… -

La joven no terminó la frase pero llenó sus pulmones de aire.

-¡¡¡ HIMUUUUUUUUUURAAAAAAAAAAAAAA!!!-

Aoshi comprendió que su tiempo había acabado, por lo que se retiró de inmediato. Total, el plan había resultado ser todo un éxito.

Cuando Kenshin llegó, alertado por los gritos de Misao, encontró una nota pegada a la puerta de entrada donde básicamente decía que, si quería volver a ver a Kaoru, debía entregar a Megumi en la dirección que se indicaba antes del mediodía siguiente. Misao iba a decirle algo cuando notó el brillo de rabia y locura en los ojos del espadachín que arrugaba el papel con el puño.

-Se metieron con Kaoru. Con MI Kaoru.-

Misao comprendió entonces que Aoshi había hecho enfadar al hombre equivocado.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Septiembre 1, 2006

Notas de Autora.

Gracias, gracias, gracias…

Mia T.

Gabyhyatt

HADA

Kagomekaoru

Mer1

Vitoria

La miko de hielo ahome

Silvia-chan

Purple

Mitsuki Himura

Mei Fanel

… por reportarse fielmente en el capítulo anterior. Y ahora, el fic.

Rurouni Kenshin no me pertenece. Tampoco sus personajes. No gano nada haciendo esto salvo satisfacción personal y nuevas amigas.

Hola!!

Un nuevo capítulo que me tiene contenta. Ya tenemos a Yahiko instalado en la casa de Kaoru y a los Oniwabanshu haciendo cosas malas.

En el manga, el rescate de Yahiko lo hace Kenshin, ayudado por un dato que le da Kaoru sobre la guarida de la yakuza que lo tiene trabajando para ellos. Pero en lo personal me gusta más la versión del animé donde Kaoru participa activamente de su rescate. De todos modos mantuve a Kenshin como el héroe del día porque… porque él es el héroe, ¿no? Además, era una buena manera de hacer que los espías de Aoshi se dieran cuenta del potencial de este espadachín bajito.

Quizá ustedes se preguntarán por qué sólo tuve trabajando a Hannya y a Beshimi. Lo que pasa es que leyendo el manga, Hannya es especialista en espionaje y Beshimi, como es tan bajo, pensé que sería también bueno para el trabajo. Los otros dos son básicamente apoyo de combate, por su fuerza y técnicas si bien los cuatro pelean muy bien pero, los dos mencionados son mejores para espiar.

Desde luego que este episodio me quedó bastante condensado pero, tampoco pretendo llegar a un fic de 40 capítulos. Quería avanzar en lo de los Oni, Yahiko y al menos ya quedé encaminada para la idea que pretendo dar en el siguiente episodio. Les pido disculpas si es que se han agobiado con el relato.

Un beso. Y la próxima semana se actualiza "Actuación sin Libreto:RK" y "Prisionera"