Autora: Hola! qué tal? me alegra que sigáis pendiente de este fic, y que os siga gustando! como siempre, gracias por vuestra paciencia, lectores! ^^ Y un especial agradecimiento a Usagi13chiba, lagrima negra, JhungYuki, Dream Weaver Dili, Abarai Ebril, Uchiha Fans y Angel Dark Fire!

Espero que os siga gustando!


¿POR QUÉ TE TIENTA?


Era una calurosa mañana del mes de Julio y, por suerte o por desgracia, al joven profesor Arai Kazuichi le había tocado la responsabilidad de viajar con sus alumnos a la playa.

Eso sí, el bus no partiría hasta las 12:00, así que, Pin decidió aprovechar el tiempo yendo a desayunar con algunos de sus amigos, entre ellos, claro, Tooru. Entró con garbo a una bonita y acogedora cafetería, que se había hecho muy famosa por sus exquisitos pasteles. Según entró, Pin vislumbró a Tooru y Umeda en una mesita próxima al gran ventanal que iluminaba el antro. Sus colegas lo saludaron en seguida.

- ¿Qué hay, Pin? – preguntó Umeda. - ¡Mucho tiempo sin vernos!

Pin sonrió, mostrando su acuerdo.

- Desde luego, Umeda. Pero, ya sabes, el trabajo es lo primero. – se sentó en una fina silla de diseño negra y propinó una cariñosa palmada en la espalda de su mejor amigo. - ¿Qué tal estás, Tooru? ¿Qué tal tu mujer?

- ¡Tan hermosa y feliz como siempre! – respondió orgulloso el rubio, quien se quedó mirándolo fijamente, con una traviesa sonrisa que no presagiaba nada bueno.

- ¿Qué? – exigió saber Pin. No había pasado por alto la mirada de complicidad que intercambiaron los otros dos. Conociéndolos, el profesor ya se temía una encerrona. Y no lo decepcionaron.

Umeda agitó un periódico frente a su cara.

- ¿Has leído hoy el periódico? – preguntó.

- Pues no, ¿por qué debería? – Se interrumpió unos segundos para hablar con el camarero. Luego devolvió su atención al moreno. - ¿Dice algo interesante?

- ¡Oh! Bueno, quizá a ti no te interese. – dijo Tooru con un regocijo muy poco sutil. - Según me han contado, últimamente se te ha visto con una novieta, ¿no?

Pin resopló, irritado. ¿Es que no se podía tener intimidad en ese pueblo?

- ¿Quién te lo ha dicho? – aguardó a que le sirvieran el café antes de continuar – Y no es mi novia, ya deberías saberlo. Sólo es una amiga.

- ¿Una amiga con la que compartes cama? – su pregunta destilaba socarronería.

- Exacto. – contestó él, petulante.

Umeda y Tooru rieron, divertidos con el comentario.

- Bueno, siendo así quizá te interese la noticia… - Umeda le tendió el periódico.

Intrigado, Pin se dispuso a leer el artículo señalado. Pero, nada más empezar casi se atraganta con el café.

¡Habían detenido a un pervertido de 40 años por salir con una de sus alumnas menores de edad!

- ¿Esto qué es? – aulló el docente. - ¿Por qué me mostráis algo semejante y a primera hora de la mañana?

- ¿Qué ocurre, Pin? – inquirió Tooru, fingiendo inocencia. Umeda, a su lado, apenas podía aguantar la risa – Pensamos que te interesaría… ya sabes… por si conocías a la víctima.

Pin los miró echando fuego por los ojos. ¿Cómo se atrevían a tomarle el pelo de esa manera? ¿Es que no podían dejar el tema? ¡Él no era ningún pedófilo!

- A mí no me hace ninguna gracia. – afirmó con voz relajada mientras doblaba el periódico y lo hacía a un lado. – Por lo que dice en el artículo, el tipo se merecía lo que le pasó. ¿A qué clase de depravado le atraen las niñas?

Arai no hizo caso del pesado sentimiento de culpabilidad que le atenazó el pecho. ¡Mierda! ¡Él no era un pervertido!

No lo era… ¿verdad?

Tooru observó el semblante angustiado de su compañero y se compadeció de él. Puede que se hubiesen pasado con la broma. Al fin y al cabo, Pin jamás se liaría con una de sus alumnas a no ser que sintiera algo muy fuerte por ella, respetaba demasiado su profesión.

- Pin… - trató de tranquilizarlo – no te preocupes, sólo era una broma. – afirmó, sonriendo. – Además, tú ahora tienes pareja, ¿no? Umeda y yo sabemos que nunca la traicionarías. Eres un hombre honesto.

- Claro – confirmó Umeda. – Por cierto, ¿cómo se llama?

Pin tuvo que realizar un ingente esfuerzo para eliminar a cierta pelirroja de su pensamiento, y para recordar el bello rostro que había dejado durmiendo junto a su almohada esa misma mañana.

- Chiyoko. – respondió finalmente. - ¡Pero ya os he dicho que sólo es una amiga! – les recordó, enfadado de nuevo.

- ¡Claro, claro! – aceptaron los otros dos, que decidieron abandonar el tema y continuar con un apacible desayuno.

Ese mismo día, a las 14:00, un montón de adolescentes descendieron de los autobuses, impacientes por alcanzar las idílicas playas de arena blanca.

Arai los siguió, agobiado por el calor del autocar y deseando darse un chapuzón. Iba a entrar en la habitación que el hotel le había asignado, cuando un leve murmullo, procedente de un cuarto cercano al suyo, captó su atención. Alumnos suyos, sin duda. Curioso, decidió averiguar qué tramaban esos críos.

Cuando los localizó, no le costó sonsacarles su plan. ¡Los muy pillos pretendían espiar a las chicas mientras se cambiaban de ropa!

Divertido, muy a su pesar, lo envió a sus habitaciones, prometiéndoles mandarlos de vuelta a casa si se les ocurría volver a intentarlo.

- ¡Oye, Pin!

El calor recorrió su cuerpo al escuchar la dulce voz de su tormento. ¿Qué querría ahora?

- ¿Sí? – preguntó sin volverse a mirarla, ya con la llave introducida en la cerradura de su puerta.

- Sigues tan educado como siempre, ¿verdad? – comentó ella, desdeñosa. – En fin… - Pin captó el largo suspiro de la joven – Los chicos y yo queríamos saber si teníamos permiso para ir a las aguas termales del hotel.

Pin se giró, encarándola al fin.

Sintió en el acto cómo sus pulmones se quedaban sin aire. ¡La muy tonta ya se había puesto el bikini! Y no un bikini cualquiera… ¡la bruja había comprado el más revelador del mercado!

Disgustado, no pudo evitar comérsela con los ojos. El veinteañero ya lo había notado antes, pero admiró de nuevo el delicado y exuberante cuerpo de la muchacha. Realmente, Ayane poseía el cuerpo de una diosa… de una diosa erótica.

Pin maldijo por lo bajo.

¡Tendría que estar prohibido que las jóvenes con ese aspecto se paseasen semidesnudas por ahí! ¿Y si causaba algún accidente automovilístico? ¿Acaso no tenía conciencia?

Arai cerró fuertemente los ojos, queriendo liberarse de semejante visión y tratando de recordar el seductor cuerpo de su amante, con la que, se recordó, se había acostado esa misma madrugada. ¡Sólo por eso sus instintos deberían haberse calmado!

- Vale. – Concedió el mayor, deseando que el objeto de su tentación se esfumara de su vista. – Podéis ir. Pero no hagáis escándalo.

- Claro que no. – replicó molesta, con lo que a Pin se le escapó una sonrisilla. Adoraba el genio de esa fémina. – No somos bebés, sabemos comportarnos. – Ayane giró sobre sus talones, preparada para marcharse.

De repente, una inquietante idea cruzó por la mente del maestro.

- ¡Oye! – la detuvo antes de que ésta pudiera dar dos pasos. Se acercó a ella, decidido a averiguar la verdad. – No te referirás a que pensáis ir a los baños mixtos, ¿no? – no dejó que la chica respondiera - ¿Quiénes vais?

Ayane estudió la dura mueca de su boca y la fiereza de su mirada, luego, soltó un bufido, mostrando así su contrariedad por el interrogatorio del veinteañero.

- No creo que sea de tu incumbencia. – Espetó la descarada, consiguiendo aumentar las sospechas de Pin. – Tú sólo debes ocuparte de nuestro bienestar, no eres nuestro guardián. Además, nuestro instituto no prohíbe las relaciones entre el alumnado. – queriendo finalizar ahí su discurso, Yano siguió caminando en dirección contraria.

Impulsado por un oscuro y peligroso sentimiento, hasta el momento desconocido para él, Pin la agarró con firmeza del brazo, apretando su tierno y pequeño cuerpo contra el suyo. Obviando la inmediata y urgente tensión de sus pantalones, Pin arrimó su rostro al de la adolescente.

- Ni se te ocurra ignorarme, mocosa. – exigió él, con voz gutural y severa. - ¿Quiénes vais a ir?

Ayane se removió, luchando por liberarse del incómodo y perturbador abrazo.

- ¡Suéltame, grosero! – gritó entrecortadamente ella, cabreadísima.

- Ese Kento… - murmuró junto al oído de la pequeña estudiante. - ¿También os acompaña?

Yano empujó contra su musculoso pecho y, esta vez sí, logró liberarse. El deseo del hombre crecía por momentos… Pin se maravillaba de lo excitante que podía resultar la imagen de Yano, con su hermosa carita sonrojada y jadeante, y sus firmes pechos subiendo y bajando sin cesar.

Entonces, el sonido de unos frenéticos pasos que se aproximaban por el largo pasillo, desvió la atención de la pareja. El gruñido de Pin no pudo ser más elocuente.

Kento. Ese guapito rubio y fatuo… ¡y pensar que en algún momento (cuando pretendía a la novia de Kazehaya) le cayó bien!

- Ayane. – llamó el recién llegado.

Ella carraspeó, dándose tiempo para responder.

- Tú dedícate a esa noviecita tuya, la tal Chiyoko. Y déjame tranquila. – le susurró, antes de dirigirse a Miura con un tonito excesivamente meloso. - ¡Kento! – corrió al encuentro del rubio – Pin nos ha dado permiso para visitar las termas. – afirmó, lanzándole una despectiva al maestro. - ¿Nos vamos ya?

- ¡Claro! – aceptó el joven, tan sonriente como siempre.

Hirviendo de ira, pero sabiéndose perdedor de la disputa, Pin se resignó y permaneció callado mientras veía partir a la parejita. Maldijo de nuevo.

Necesitaba desfogarse como fuera… entró en su habitación y buscó su teléfono móvil. Quizá a Chiyoko le gustaría hacerle una visita…