Crepúsculo no me pertenece.
Este había sido el peor mes de mi vida. Además de estar soportando las peleas de Charlie y Renée, tenía que soportar a Tanya. En el instituto me acobardaba hablar con Edward, ya no podía hacerlo como antes, no me atrevía a preguntarle si me quería como una amiga o no. Tanya se incluía en cada salida que planeábamos, para ir al cine, hasta para ir a "Heladito Cremosito."
—Pero esto es de bebé. —se quejó mientras nos sentábamos.
—Si no te gusta, te puedes ir Tanya —contraataco Alice con una sonrisa malévola en sus labios.
—Mejor no.
Y se acomodo más en el hombro de Edward.
Rosalie y Alice, me habían dado siempre ideas que podíamos usar para "sabotearla" pero a todas me negaba. Las chicas ya sabían que quería a Edward, ellas mismas me acorralaron en el baño de mujeres…
Antes de ir a mi siguiente clase me dirigí al baño, hacía mucho calor y sentí la necesidad de mojar mi cara. Cuando levante la vista, me sobre salte, al ver a Rosalie y Alice a mi espalda. Sus rostros estaban serios.
—Hola chicas.
—Bella, ya no soportamos esta situación. —dijo Rosalie con el ceño fruncido.
—¿Cuál situación? —pregunte volteándome para verlas frente a frente.
—¡Vamos Bella! Admite que estas loquita por Edward.
—¿Qué Alice?
—Bella, se nota que quieres a Edward.
Abrí los ojos como platos, ¿Tan obvia era? Maldición, eso estaba mal. Me imagine a mi siendo objeto de bulas de Alice y Rosalie. Terrible.
—Tan obvia soy… —murmure mirando el suelo sonrojándome.
—Obvia para nosotras Bella, somos mujeres, los hombres no se dan cuenta pues… ¡porque son hombres! —dijo Rosalie.
—Bella, solo admite frente a nosotras, que quieres a Edward.
—Esta bien, quiero a Edward —dije lo que ellas pedían como si nada. Trate de verme lo mas desinteresada posible.
—¡AAHH! —gritaron antes de abalanzarse sobre mi para abrazarme.
Las chicas me obligaban a vestirme más provocativamente frente a Edward, y a veces intentaban planes para que quedáramos solos, pero nada funcionaba, siempre habían interrupciones. Al final les dije que dejarán de hacer ese tipo de cosas, prácticamente se los rogué. Esperaba que me hicieran caso.
Hoy se cumpliría un mes desde la llegada de Tanya. Un tortuoso mes. También se cumplía un mes más de peleas. Charlie no se había ido de casa en ningún momento y eso era igual a muchas peleas más. Cada día las peleas aumentaban un poco más, incluso… ya habían comenzado con el daño físico…
Ni siquiera lograba dormir del todo bien y mis calificaciones habían bajado. Eso me sorprendió, raras veces dejaba que mi situación familiar interfiriera en los estudios… pero ahora no solo eran mis padres, a esto se le sumaba él, Edward.
Edward trataba de no tocar el tema de mis padres, yo misma se lo había pedido. De vez en cuando me preguntaba: ¿Y tus padres? a lo que yo respondía con: Bien, al menos no se han matado. No dejaba que Edward se entrometiera en mi situación. Me avergonzaba, aunque él me dijera que no lo hiciera.
Era día sábado, por la tarde. Renée y Charlie ya iban por su décimo round. Yo estaba encerrada en mi habitación, sentada en el suelo frente a la puerta.
—¡No quiero seguir compartiendo habitación contigo! ¡es injusto que YO tenga que dormir en la sala de visitas! —gritaba Renée.
Deje de poner atención a la "conversación" y mire el colgante que tenía en mis manos. Era el que me había regalado Edward…
Me gustaba llevarlo, no importaba si Edward quería a Tanya. Ese colgante siempre me recordaría a él, y que me quería… no importaba si me quería como amiga, al menos me quería. Sacármelo el día en que llegó Tanya había sido un acto impulsivo.
Yo quería a Edward, eso ya lo sabía. Rosalie y Alice se ocupaban de recordármelo todos los días. Pero… ¿Qué podía hacer? No me quería como yo a él. Esa era otra razón para no enamorarme… solo salías lastimado. Había sido una tonta al permitirme amar a Edward, me había dejado llevar. Pero ahora no podía hacer nada… lo hecho, hecho estaba.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por un gran estruendo que provenía del primer piso, lo siguió un grito de parte de Renée.
Abrí la puerta de mi habitación y bajé las escaleras rápidamente. Por suerte no tropecé. Al llegar a la sala me encontré con Renée en el piso y Charlie de pie frente a ella.
—Bella… —dijo Charlie.
—Dile algo a tú hija Charlie… ¿Por qué no le dices lo que me hiciste?
Renée se levanto del suelo.
—¿Qué te paso mamá? —pregunte casi en un susurró. Ya lograba imaginar lo que había pasado.
—¡Vamos! ¿No eres tan hombre? Bella… ¿Los hombres deben golpear a las mujeres?
Abrí mis ojos como platos y mire a Charlie frunciendo el ceño.
—¿Qué le hiciste a Renée?
—Solo te empuje Renée…
—¿¡Empujarme!? ¡me tiraste al suelo! ¡animal!
Y de un momento a otro… Renée se lanzó sobre Charlie. No podía creer lo que mis ojos veían… nunca en la vida había visto a mis padres pelear cuerpo a cuerpo, como lo estaban haciendo ahora. La imagen me daba terror.
Renée golpeaba frenéticamente a Charlie mientras este trataba de detenerla, sin éxito claro.
No pude aguantar más, estar allí sin hacer nada…
—¡Ya deténganse! —grité interponiéndome entre los dos.
Trate con todas mis fuerzas separarlos, pero era muy débil. Hasta que termine cayendo al suelo. Mi espalda se estrelló con todo un mueble y recargué todo mi peso en mi muñeca derecha, provocándome un gran dolor.
Hubo un gran silenció.
—¡Bella! —gritaron a la vez mis padres.
Ambos trataron de levantarme, pero me solté de sus agarres bruscamente. Me levante del suelo, con algo de dificultad, ya que mi muñeca derecha me dolía en sumo grado.
—¿Ven lo qué hacen? Me dan vergüenza… —dije sin mirarlos a los ojos.
No deje que ninguno dijera ni una sola palabra y salí de la casa rápidamente, no sin antes tomar las llaves de mi auto. Ya en el comencé a llorar. Apoyé mi cabeza en el volante y dejé que las lagrimas recorrieran mi rostro con libertad. Por coincidencia fije mi vista en el porta vasos, allí estaba el boleto de avión que me había regalado Aro. Lo tenía allí porque Renée a cada rato lo sacaba de mi habitación y fantaseaba con él.
Prendí el auto y comencé a pensar en donde podría ir. Rosalie saldría con Emmett, Jasper con Alice… Solo quedaba Edward. Aunque seguro estaba con Tanya, no perdía nada intentándolo.
Comencé a manejar hacía la casa de los Cullen. Faltaba muy poco cuando los vi…
…Tanya y Edward besándose en plena calle. Detuve el auto abruptamente. No lo podía creer…
Sentí como las lagrimas volvían a hacer su aparición, di la vuelta y comencé a alejarme de allí. Ya no me quedaba nadie. Ni siquiera, Jasper y Rosalie. Estaban lo suficientemente ocupados para preocuparse de mis problemas.
Mire el boleto de avión en el porta vasos…
Mi única salida.
Fin del capitulo
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N/A:
Nada que decir... solo: ¡Pobre Bella! ;( Ha sufrido tanto en esta historia... u_ú
En el próximo capitulo de "Nunca digas nunca":
"He querido decirte algo hace mucho..."
"Que coincidencia, yo también"
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