Los personajes no son míos son de la maravillosa S.M la historia es una AD
-Advertencias:Hay escenas explicitas y lenguaje muy fuerte, creo que a muchas nos gusta, pero en avisar no hay engaño.
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¿Por qué no vemos una de esas películas de las que hablaste? —dijo Edward con su voz retumbando placenteramente debajo de la mejilla.
Bella se revolvió en su regazo, impulsando, con su movimiento, a la menguante erección más profundamente en su coño. Se inclinó hacia atrás y miró hacia abajo donde sus cuerpos estaban aún unidos.
—¿No crees que deberíamos limpiar primero el sofá? No creo que el semen sea bueno para el terciopelo.
—No nos moveremos de este sofá. Si hubiera sabido lo bien que se adaptaba a tus lecciones, habría sugerido que acampáramos aquí el fin de semana.
—¿He mejorado en equitación? —sonrió
Él le restregó la nariz en el cuello.
—Mejora un poco más, amor, y estaré muerto.
Ella tenía que admitir que el púrpura berenjena hacían resaltar el tono de piel de él y los afelpados cojines eran el cielo debajo de sus rodillas. Se acurruco acercándose más a su pecho. A estas alturas, el estar montada a horcajadas en su regazo para echar una cabezadita era una consecuencia de lo más natural de la actividad de ambos. Giró la cabeza hacia su cuello e inhaló su picante esencia.
—¿Realmente quieres ver una película?
—Seguro. No podemos follar todo el tiempo.
Ella le dio un golpecito juguetón
—¿No? —Contoneó el trasero, pero sólo logró desencajar el sexo de él. Suspiró decepcionada—. Creo qué tienes razón. Está hecho polvo.
Se bajó de su regazo y se acurrucó a su lado, tiró una manta desde el extremo del sofá para cubrirse con ella.
—¿Frío? —le preguntó él poniendo el brazo alrededor de su hombro.
—No. Pero me gusta así. Se siente acogedor.
—¿Cómo hacemos para conseguir una película? —gruñó.
—Fácil. ¡Breeeee!
Edward hizo una mueca de dolor.
—Eh, jefa. ¿Has terminado tu lección? —dijo Bree arrastrando las palabras.
—¡Exacto! —contestó Bella sarcásticamente—. Edward quiere ver una película. ¿Alguna sugerencia?
—¿Una película? —la voz de Bree sonó entusiasmada.
La pantalla bajo desde el techo en frente de ellos.
—¿Qué os gustaría? ¿Romance? ¿Acción-Aventura? ¿Terror?
—¿Qué tal algo un poco picante? —sugirió él
Bella arrugó la nariz.
—¿Quieres ver una porno?
Él subió y bajó las cejas sugestivamente.
—Parece que el sexo es la única cosa que está en mi mente últimamente.
—Regreso en un segundo —dijo Bree—. Voy a asaltar la parte del disco duro compartido de Diego.
La pantalla se iluminó casi inmediatamente. Una pareja compartía un prolongado beso delante de la puerta de una habitación de un hotel, buscaron a tientas la puerta y entraron. Sin una palabra, empezaron a quitarse la ropa, la mujer dándole al hombre miradas maliciosas mientras se sacaba el suéter por la cabeza y se lo lanzaba, seguido por el sostén. Sus pechos eran enormes, como melones, y parecía que fueran a estallar si alguien los pinchaba con un alfiler.
Bella supuso que era bonita de una forma ampulosa, de mal gusto. El hombre era bajito y no inspiraba mucho a mirarlo dos veces.
—¿Dónde se supone que se conocieron? —susurró ella.
—¿A quién le importa?
—Pero no sabemos ni siquiera sus nombres.
—Eso no importa.
La mujer se deslizó los pantalones por sus largas piernas y dio un paso para salir de ellos, quedándose desnuda excepto por un minúsculo par de bragas, a las que le faltaba la mayor parte trasera.
—Ven aquí, nene —dijo ella con voz de niña pequeña, mientras sus dedos jugaban con sus grandes pezones—. Estoy toda caliente y cachonda.
Bella resopló. ¿En verdad alguien decía eso? Bueno, ¿en voz alta?
Miró de soslayo a Edward, y se preguntó si él también pensaba que el diálogo era mediocre. Él no había movido ni un músculo desde la última vez que lo había mirado. Los hombres eran criaturas curiosas. Sintiendo un ceño arrugar su frente, regresó la atención a la pantalla.
El hombre en la película casi tropezó solo en su prisa por ir hacía la mujer, luego se inclinó y tomó un pezón en su boca, haciendo rodar la cabeza en aparente éxtasis mientras lamía la areola.
Isabella sintió sus pezones fruncirse ante el pensamiento de Edward estando tan inspirado, pero sus senos quedaban cortos para la categoría de melones, tal vez él prefiriera las ciruelas.
—¿Crees que se han conocido hace mucho? —preguntó.
Edward le dio una rápida e incrédula mirada.
—Probablemente se conocieron hace dos minutos —gruñó Edward.
—Eso es bastante repugnante.
—Puede que hayan compartido una ducha primero, ¿eh?
El hombre humedeció sus dedos y los enterró por la parte delantera de la ropa interior de ella. Por debajo de la tela, le frotó el coño.
—¿Te gusta así, nena?
El hombre la despojó de su ropa interior bajándosela por las piernas y la llevó a la cama. Una vez ahí, posó delante de ella y lentamente tiró deslizando hacia abajo el frente de sus calzoncillos.
La mujer se lamió los labios con su mirada fija pegada a su entrepierna.
Bella se enderezó. El interés de la mujer indicaba que algo extraordinario estaba a punto de aparecer.
Sus pantalones se abrieron y él llevó su mano dentro para sacar su polla. Era gruesa, con muchas venas, y ligeramente torcida hacía la derecha.
La mujer gimió de nuevo y se lamió los labios.
—Nene, ven aquí. Déjame chupar tu grandiosa y enorme polla.
Bella arrugó la nariz. Ni en un millón de años podría imaginarse diciéndole esas palabras a un hombre, o peor, realmente llevarse esa polla a la boca. ¡Qué asco!
Ahora bien, sí el hombre fuera Edward.
Por fin desnudo, el hombre paseo tranquilamente hacía la cama. La mujer rápidamente abrió las piernas ampliamente y se echó hacia atrás descansando en sus codos mientras el hombre zambullía la cabeza entre sus piernas.
Por la expresión de ella, Bella no podía decir si la estaban torturando o dándole placer.
—¿Crees qué están enamorados?
—No.
Bella suspiró y decidió que debería tratar más arduamente de entender su fascinación.
El hombre se subió encima de la mujer, quién mantenía sus muslos tan pegados a su cuerpo que parecía contorsionista. La polla se deslizó dentro de ella, la cámara estaba tan cerca que Priscilla podía ver ese horrible mástil brillar con los fluidos de la mujer. Él no tuvo que hacer ningún empuje tentativo o preparatorio. Ella debía tener un muy holgado c…
—¿Aburrida, amor? —le suspiró Edward a la oreja.
—N-no —mintió, no queriendo arruinar la diversión de su primera película.
—Ha estado cavando un hoyo en ella por seis minutos —murmuró Edward—. Debe estar usando algo para evitar correrse. —Aún estaba inmerso en la acción de la pantalla, pero su cabeza se inclinó hacía un lado y una ligera sonrisa curvó sus labios.
—¿Crees que alguna vez el cámara resultó rociado? Tiene que estar encima de ellos para lograr es ángulo.
Bella rió, aliviada de que Edward no estuviera tan absorto en el maratón sexual de la otra pareja como para que no viera lo ridículo que era.
—Imagina cómo se siente ella —susurró Bella—. Eso es, sí puede tomar una respiración completa. Apuesto a que tuvieron que editar la película para darle un respiro, o se hubiera desmayado.
—¿No crees que disfrutarías haciéndolo de esa manera? —Le acarició la ojera con la nariz, luego acarició el lóbulo con la lengua.
—Mmm ¿Estás esperando realizar un pequeño estudio de campo? Tengo un montón de experiencia.
—No mucha, esperó. —Mordió el lóbulo.
Ella hizo un mohín
—Ven aquí, nene —dijo en una aguda y aniñada voz—. Estoy toda caliente y cachonda.
Edward gruñó y la empujó sobre los cojines. Apartó de golpe la manta a un lado y elevó sus muslos presionándolos hasta que las rodillas le aplastaron los senos. Entonces bajó la cabeza y lamió su coño, gimiendo fuertemente.
El sonido vibró en ella y gimió jadeante.
—Tuvieron que hacer veinte tomas —grito ella—. ¡Me estoy corriendo!
—Veo que disfrutaste la película —dijo Bree con voz divertida.
Edward gruñó su desagrado ante la interrupción.
—Fue la mejor —murmuró Bella soñadoramente, bombeando las piernas hacia arriba una última vez. La polla de el se deslizó de su interior y ella gimió.
Él le estrujó un seno y se sentó derecho. Entonces le tendió una mano a Bella para ayudarla a librarse de los cojines.
Ella tomó su primera bocanada profunda de aire.
—Eso está mucho mejor. Creo que olvidé cómo respirar.
Edward sonrió perezosa y arrogantemente.
—Odio intervenir, tórtolos, pero aquí Edward necesita prepararse para marcharse.
La mirada fija de Bella se desplazó hacia Edward, pero él desvió la mirada, la expresión cerrada.
El corazón de ella le dio una sacudida en el pecho, y entonces empezó a latir cómo loco. ¿Eso era todo? ¿Realmente se había acabado?
—Pero todavía tenemos otro día —dijo odiando que la voz traicionara su consternación.
—Lo siento, Bella. Ha sido llamado.
Edward se levantó del sofá con los hombros y la espalda tensos.
—Necesitaré mis ropas, Bree —dijo sin un trazo de emoción.
—Están en el armario de Isabella, a la izquierda.
Bella miró y escuchó con creciente pavor. Realmente se va.
—Si me disculpas por un minuto, Bella —dijo amablemente, entonces entró en el dormitorio sin mirar atrás.
Cuando la puerta se cerró detrás de él, Isabella se volvió hacia Bree.
—Tiene qué haber alguna clase de error —dijo sintiendo como el mundo se desmoronaba—. Pon Playthings en el comunicador ¡Ahora!
—No servirá de nada, cariño —dijo Bree suavemente—. Tiene que regresar ahora.
—Pero nos queda otro día —se lamentó Bella.
—Lo siento. —Ella se detuvo un momento y entonces dijo—: Pero oye, piénsalo de esta forma, tuviste un día y medio completos con él.
—Esto no es ni con mucho suficiente. —Bella sintió la barbilla temblar y supo que estaba a punto de llorar—. ¿No puedes decirles que quiero extender mi alquiler?
—No lo puedo hacer.
La mente de Bella iba a toda velocidad. Tenía que haber una manera…
—¿Y si no lo devuelvo? Puedo decir que se perdió.
—Isabella, Edward no se puede quedar.
Las lágrimas finalmente se desbordaron de sus ojos y le surcaron las mejillas.
—Fíjate sí alguna vez vuelvo a comprar un juguete de ellos. ¡Su política de devoluciones apesta! —Se encogió de costado en el sofá y sollozó.
Bree cortó el circuito, satisfecha de que las cosas progresaran bien por este lado. Abrió una conexión al dormitorio y encontró a Edward iracundo metiendo los pies en las botas.
—¡Oye, tú!, vaquero.
—¿Alguna vez llamas a la puerta? —gruñó.
—No es mi estilo. ¿Tuviste oportunidad de llamar a tu pandilla? —preguntó sabiendo muy bien que lo había hecho, después de todo, había escuchado la conversación entera.
—Ajá. Me dijeron que teníamos una pequeña oportunidad de recuperar La Doncella antes de darla por perdida. Emmett dijo que alguien sobornó al encargado del lote para que mirara a otro lado. ¿Fuiste tú?
—Por supuesto —respondió alegremente.
—¿No pudiste arreglarlo para mañana? —Se puso en pie y sus cejas se juntaron en fiero ceño.
—La situación se presentó. Pude no haber tenido otra oportunidad.
Sus manos se quedaron inmóviles en los botones del pantalón.
—Pensé que los cargos habían sido retirados. ¿Por qué siguen reteniendo la nave?
—Encontraron la evidencia. —Bree le concedió un momento para que asimilara las noticias—. ¿No lo mencionó Emmett? Están buscando a tus socios de nuevo, así que mantened las cabezas gachas.
—¡Maldición! —Curvó las manos en puños y luego dejó caer los hombros—. Es mejor así, supongo.
—¿El qué?
—Mi marcha anticipada —contestó con voz áspera—. Será más fácil para Bella. Las cosas se estaban poniendo… —Sacudió la cabeza y tomó el guardapolvo de encima de la cama.
—¿Sí? —preguntó ella, forzándolo a responder. Necesitaba saber cómo se sentía realmente, antes de poner en marcha la siguiente parte del plan.
Edward maldijo y se encogió de hombros dentro de su guardapolvo.
—Demasiado agradable —respondió con voz densa—. Como que me gustaba pasar tiempo con ella. Es una dama encantadora.
—Bueno, entonces creo que tienes razón. —Mantuvo la voz ligera, esperando instigar un poco más de emoción—. Es inútil arriesgarse a romperle el corazón.
—Como si ella fuera a enamorarse de alguien como yo —resopló él.
—¿Piensas que no eres adorable?
—No soy un príncipe —contestó en un tono de voz apagado.
¡No, eres un hombre con cabeza de mula!
—Tienes razón en eso —dijo Bree sarcásticamente—. ¿Pero has considerado que tal vez ella no quiera un príncipe?
Él resoplo una vez más.
—Vale, sueña con piratas. Pero no tiene ni idea a lo que estaría renunciando.
—¿No la dejarás hacer esa elección?
—No. — Edward cerró los puños y respiró profundamente—. Se merece algo mejor que yo.
Sí, las cosas iban de acuerdo al plan.
—Bueno, entonces me imagino que este es un adiós.
—¿Bree?
—Sí, contrabandista.
—Gracias.
Edward dejó el dormitorio y caminó hasta el sofá. Isabella estaba acurrucada en un extremo con la manta envuelta a su alrededor. Sus ojos grises estaban enrojecidos, la nariz húmeda y rosada. Había estado llorando. Sintió ganas de patearse el trasero.
Aunque esto casi lo mataba, se arrodilló junto al sofá y abrió los brazos.
Ella se dejó caer contra su pecho y lo abrazó fuertemente.
—No tienes que irte. Se me ocurrirá algo. Quédate.
Le pasó suavemente la mano por la cabeza, alborotándole los rizos. Inhaló su esencia, cálidas especias y sexo, luego se alejó de mala gana.
—Amor, me tengo que ir. Mi tripulación me está esperando. No tenemos mucho tiempo para escapar.
—Tu tripulación. Vale. —Se sorbió la nariz e intentó una sonrisa tímida—. Que tengas un buen viaje.
Le dio un toque bajo la barbilla.
—Que tengas una buena vida. Te mereces toda la felicidad. Encuentra un tipo y establécete. Él se podrá contar como un hombre muy afortunado. —Se le cerró la garganta y se levantó. Si no salía pronto de ahí iba a ser un desastre lamentable.
—¿No me vas a dar un beso de despedida? —dijo ella con la barbilla temblándole.
El cuerpo de él se tensó
—Me estás matando, Bella.
Ella se puso de pie y rodeo su cintura con los brazos.
Él la levantó y le beso con todo el amor que había en su interior, luego la volvió a poner sobre sus pies. Ella se tambaleo hacía él, pero la estabilizó con las manos.
—Me tengo que ir —dijo, casi ahogándose con las palabras. Giró sobre sus talones y salió de la casa.
El sol estaba brillando pero no sintió su calor. Levantó el cuello del guardapolvo y se dirigió hacia la verja delantera. Emmett y los chicos lo estarían esperando ahí.
—¡Bree!
—¿Sí, cariño?
—¿Estoy loca? Estoy enamorada de un robot. —Parte de ella se sentía derretir de felicidad, mientras que la otra parte lamentaba su pérdida. Estaba enamorada.
—¿Seguro que no estás sólo enamorada de la idea de ello? Sólo os conocéis hace un día y medio.
—No. Es él. Lo amo. Amó la forma en que huele, la oscura mirada de sus ojos cuando piensa que está dominándome, y amo sus besos —dejó salir un profundo suspiro—. Incluso lo amo cuando me hace enojar tanto que podría escupir.
Se sentó en el sofá y cogió un cojín, aún mojado de sus clímax combinados, lo sostuvo cerca de su rostro. Mientras viviera, nunca lavaría la esencia. Olía a amor.
—Me vuelve loca, Bree. Un minuto quiero estrangularlo y al siguiente estoy gateando sobre él.
—Suena como amor, está bien.
El rostro de Isabella se arrugó.
—Odio sentirme de esta forma.
—¿Qué forma es esa, cielo?
—Como si alguien estuviera muriendo. —Parpadeó para alejar la humedad que amenazaba con derramarse por su rostro—. Va a regresar a la fábrica, y lo formatearan. Todas sus memorias, todo lo que lo hacía ser Edward desaparecerá. Eso no está bien.
—Pero sólo es un robot. Fue hecho a la medida para tu placer. No es como si fuera humano.
—Estás equivocada, Bree. Tiene ADN humano dentro de su CPU.
—Se me ocurre una idea, cariño. Trabajaré con Diego para asegurarme de que estés en la cabeza de la lista de espera. Obtendrás el primer robot que pongan a la venta. Esta vez puedes tener uno que sea más de tu gusto, ¡y que le cuelgue como a un caballo!
Bella hipó y un pequeño gemido se escapó de sus labios.
—¿Cómo puedes estar tan alegre? Mi corazón se está rompiendo. No quiero un caballo, quiero a Edward.
Lloró tanto que los ojos se le pusieron rojos y la nariz se congestionó. No de la misma manera que cuando vio el rey leon. Para nada eran las mismas lágrimas. Si ella se estaba sintiendo de esta manera, ¿qué estaría sintiendo Edward? ¿Estaría tan perdido?
Bella se sentó derecha en el borde del sofá.
—¿Qué nos hace a los humanos tan especiales? Él es sensible, como tú y yo, Bree. Y se preocupa, sé que lo hace. No podría ser tan cariñoso si no lo hiciera. —Un sentimiento creció dentro de ella, tan fuerte que no lo pudo negar.
—¿Crees qué te ama?
—Tengo que creer qué lo hace. Yo no podría sentir tanto. ¿Lo entiendes? Y qué si fue creado, y no nacido. La cantidad de material genético en un cuerpo no es la medida de lo que hace a un hombre.
—Eso es profundo. Así que, ¿qué vas a hacer? Tú lo amas. Crees que él te ama, pero él está camino de desaparecer.
Ella dejó caer los hombros.
—¿Qué puedo hacer? Sí lo rescato, seremos buscados, huyendo por el resto de nuestras vidas. Ni siquiera seré capaz de regresar aquí. Tendremos que viajar fuera de la Tierra.
—¿Tan malo es eso?
Bella miró alrededor de su sala. Las cosas que había adquirido a lo largo de su vida, eran sólo eso, cosas. Las cambiaría todas por una vida con Edward.
—Pero, ¿qué hay de mis padres? Nunca entenderán mí cambio a una vida de delincuencia.
—Ellos son bastante mundanos. Han visto mucho. Apuesto a que lo entenderán si les cuentas todo.
—Me aman. Me perdonarán por avergonzarlos, finalmente. Tal vez, puedan incluso ayudarnos. —Por primera vez en la pasada hora sintió un rayo de esperanza—. ¿Bree?
—¡Sí, jefa!
—¿Qué mete uno en la maleta cuando va a ser prófugo de la justicia?
—No has dicho una palabra, desde que te recogimos. —Emmett ejecutó un giro a la izquierda en la carretera principal, la siguiente salida los llevaría al muelle.
—Sólo estoy cansado —dijo Edward mirando fijamente fuera de la ventana, observando el polvoriento paisaje pardo mientras pasaban a toda velocidad. Nunca había notado lo sucio que era el aire en el Sur de Texas. No era un lugar sano para que Bella criara una familia.
—¿No tienes curiosidad sobre cómo encontramos el cargamento levantado por la Aduana de la bodega de la nave? —preguntó Emmett.
—Claro. — Edward decidió tratar de volver a coger el ritmo de las cosas y no mirar hacia atrás. Se podría volver loco de arrepentimiento. Suspiró y se giró hacía su Primero de abordo.
Emmett no había cambiado ni un ápice con la aventura. ¡El maldito cabrón estaba sonriendo!
—Es toda una historia. Tu amiga Bree nos dijo donde estaba el depósito, da la casualidad de que pertenece a Vulturi.
Edward gruñó. No le importaba un comino ese bastardo de Vulturi o cualquier podrido cargamento. Acaba de dejar su corazón atrás en La Barrio forks con cierta pequeña morena que se creía una leona. Ah, rugía como una, incluso a veces ronroneaba, pero en el fondo era tan suave y vulnerable como un gatito.
—… y los pequeños Arkanthans verdes estaban vigilando las cajas.
—¿Eh? — Edward sólo había captado lo último de lo que Emmett había dicho. Luego escuchó a los hombres sentados detrás reírse por lo bajo.
Apuntó una mirada furiosa sobre su hombro.
—A menos que queráis lavar la cubierta superior, será mejor que dejéis de ladrar. —Se volvió hacia Emmett—. ¿Qué dijiste acerca de los Arkanthans?
Emmett no respondió. Tenía la mirada fija en el espejo retrovisor. Por la mirada preocupada en sus ojos, Arkanthans podía decir que no le gustaba lo que veía.
Echó un vistazo sobre su hombro, por el pasillo central de su furgoneta flotante robada.
—Nos vienen siguiendo. ¡Piérdelos! —dijo Arkanthans sintiendo el bienvenido torrente de adrenalina bombeando en las venas. Si querían pelea…
—Capitán, ¿Los agentes de la aduana conducen coches flotantes rosas? —preguntó Carlisle.
—Creo que es más de un color malva —dijo Jasper.
Edward se volvió una vez más, justo a tiempo para ver un coche pasarlos a muy alta velocidad, sólo lo suficiente para alcanzar a ver un rostro blanco sobre el volante y una tapa de rizos castaños.
—¡Esa pequeña idiota! ¿Está tratando de matarse?
Bella puso su coche en el carril delante de ellos y los faros traseros brillaron rojos.
—Pisa los frenos —bramó él.
Los coches apenas se habían detenido derrapando cuando él levanto la puerta.
—¿Doy por sentado que conoces a esta persona? —preguntó Emmett con risa en su voz.
Edward metió de vuelta la cabeza al interior.
—Ni una maldita palabra por vuestra parte. —Cuando la risa sofocada sonó en la parte trasera de la furgoneta, les lanzó una mirada furiosa que debió haberlos chamuscado.
Mientras caminaba resueltamente hacia el coche de Bella, escuchó a Emmett decir:
—Supongo que ahora sabemos por qué ha estado tan malhumorado.
Edward llegó al coche justo cuando ella levantaba la puerta.
—¡Oh, gracias a Dios, que te encontré justo a tiempo! —Ella se lanzó a sus brazos y Edward dio un paso hacia atrás para absorber el impacto—. Pensé que podría ser demasiado tarde. —Lo abrazó con fuerza por la cintura, pero ni por esas paró su nervioso balbuceo—. Primero no podía encontrar la maleta correcta, luego no sabía que meter en ella. —Se apartó de su pecho con un empujón, y le acunó la cara con las manos—. Pensé que nunca te vería otra vez.
Por un momento el corazón de Edward estuvo extremadamente contento de verla. Pero luego se dio cuenta de lo que acaba de decir. La empujó.
—No vienes conmigo —gritó él.
—No, no lo hago. —Ella sonrió, sin importarle su ceño, el que hacía a la mayoría de los hombres correr para esconderse—. Tú vienes conmigo. Estamos escapando. Bree lo tiene todo arreglado. Incluso tengo una nave. No es el último modelo de crucero ni muy elegante, pero es sólida y resistente. ¡Te encantará!
—¿Compraste una nave?
—¡No, tonto! Robamos una.
—¿Robamos una nave? —repitió como un loro, estupefacto por su audacia.
Ella miró más allá de su hombro y abrió mucho los ojos.
—¡Oh Dios mío! ¡Hay toda una furgoneta llena de Robots del Placer!
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Lamento la desmora¡ odio escudarme pero han pasado muchos sucesos en mi vida y no e tenido tiempo no para respirar¡ lo bueno es ke esta historia esta llegando a su fin solo 2 o 3 capis¡ que estén bien cuídense… subiré el miércoles sin falta xd
