Disclaimer: El Universo Cinematográfico de Marvel Comics no me pertenece en lo absoluto, solo me adjudico la creación de la trama y personajes inesperados que aparecen en esta historia.


The destiny is nothing

Capítulo 10:

Elastic Heart


Thor observó con incredulidad la superficie de un planeta distante, la cual se volvía más nítida con cada segundo de viaje a través del cosmos gracias al poder del Bifrost. Él dejó escapar un severo gruñido cuando su cuerpo aterrizó sobre la superficie desértica con un crujido repugnante, arrancando por completo el aire almacenado en sus pulmones. Después de unos momentos de permanecer paralizado en el terreno arenoso, intentó ponerse de pie, ya que como guerrero experimentado sabía que era peligroso bajar la guardia en un mundo desconocido.

Por lo tanto, obligó a su cuerpo a levantarse mientras observaba a su alrededor frenéticamente, frunciendo el ceño debido a sus sentidos aturdidos por la caída a través de los mundos. De pronto, su cuerpo fue golpeado con fuerza por una caja de metal rodante, la cual lo derribo nuevamente después de que las luces del artefacto cegaran a sus ojos y le quitaran la capacidad de ver durante unos segundos. Desde su lugar en el piso, obligó a su mente a no pensar en las palabras de su padre, específicamente cuando el Rey de Asgard había enunciado que le arrebataría su poder e invulnerabilidad como castigo a sus acciones.

El golpe de la caja desconocida ni siquiera había debido moverlo un centímetro de su lugar, pero ignoró el conocimiento al pensar que su padre no lo enviaría a un mundo desconocido completamente débil e indefenso.

De manera sumamente vaga debido a sus oídos zumbando, pudo escuchar las voces de tres personas corriendo hacia su cuerpo lesionado, el cual ni siquiera era capaz de mover gracias a la debilidad que sentía recorriéndolo por completo.

— ¡Si hay problema legales es tu culpa!—Una mujer joven exclamó en pánico.

— ¡Tráeme el botiquín!—Otra mujer, tal vez un poco mayor, ordenó.

Thor gimió ligeramente cuando un par de manos frías acariciaron su rostro, un tipo de manos que no habían sido adecuadas para el combate debido a la suavidad y fragilidad que demostraban en su toque. Aquellas eran las manos de una persona que no tenía experiencia alguna en batalla, las cuales no habían sido marcadas por el esfuerzo y el dolor que debía soportar un guerrero durante su entrenamiento.

Él parpadeó lentamente con el fin de aclarar su visión borrosa, girando sobre su costado para ver un destello de cabello blanco cerniéndose sobre su figura, lo cual logró devolverle la esperanza.

— ¿Atenea?—Thor susurró con emoción, esbozando una pequeña sonrisa al pensar que ella había decidido rescatarlo como siempre lo hacía. En el pasado habían discutido en innumerables ocasiones, pero ella siempre terminaba acudiendo en su ayuda como si nada hubiera sucedido entre ambos. Él no lo admitiría, pero le debía la vida más veces de las que podía contar—. No—bajó la mirada lentamente cuando las características de la Diosa de la Guerra desaparecieron de la mujer gracias al cambio de luz, revelando mechones castaños en lugar de rizos de color blanco.

—Wow… —Una mujer de cabello negro enfocó la mirada en su figura tendida en el piso, esbozando una sonrisa suave al iluminarlo con algún tipo de dispositivo luminoso—. ¿Necesita respiración cardio-pulmonar? Soy una experta dando RCP—continuó, causando que la mujer a su lado cambiara su peso de rodilla incómodamente.

— ¿De dónde vendrá este hombre? —La mujer de cabello castaño frunció el ceño hacia el paisaje desierto, buscando algún indicio de su procedencia o motivo de estancia en el lugar.

—Quizás es algún adicto a la adrenalina que decidió lanzarse de un avión sin paracaídas por la emoción del momento—La mujer de cabello negro ofreció, encogiéndose de hombros sutilmente. Las dos personas acompañándola se limitaron a rodar los ojos ante la sugerencia estúpida, ya que nadie que cayera de tan grandes alturas terminaría vivo después de tocar la superficie.

—Mi martillo—Thor gruñó al ponerse de pie, odiando la sensación de malestar recorriendo su cuerpo, la cual le causaba una severa desorientación y temblor en las extremidades al moverse sobre el pequeño espacio que el Bifrost había marcado.

—Sí, te pegó un martillo—La mujer más joven añadió, asintiendo burlonamente con la cabeza. Jane, de quien vagamente había escuchado su nombre, siguió con la mirada la luz emanando del artefacto entre sus dedos, percatándose del símbolo asgardiano quemado en la superficie arenosa—. Obviamente esta ebrio.

—Erik. Mira esto.

Thor casi se burló de la actitud despreocupada de esas personas. Él tenía la capacidad de aplastarlos a todos con una sola mano, pero ellos habían decidido enfocar su atención en algo tan sencillo como un símbolo. La falta de preparación en combate que los habitantes de aquel mundo demostraban terminó sorprendiéndolo negativamente, ya que convertirse en un guerrero o conocer las nociones básicas de defensa era un rasgo asentado firmemente en la sociedad asgardiana.

—Jane—El hombre mayor abrió la boca en su dirección, apuntándolo con un rayo luminoso para verificar su estado de aturdimiento—. Tenemos que llevarlo a un hospital.

—No en este momento. Tomaría demasiado tiempo. El Hospital del Condado esta al menos a una hora de distancia. Además, míralo, está perfecto—Thor apretó los puños ante la suposición de la mujer pequeña. Claramente, él necesitaba de asistencia para salir de su condición, sin contar que debería encontrarse en Asgard junto a su familia y sostener a Mjölnir en su mano como estaba destinado a ser. En lugar de su vida normal, se encontraba en un mundo desconocido y rodeado de personas extrañas que no tenían la decencia de responder por los golpes que le habían dado.

— ¡Padre! —El Dios del Trueno alzó el cuello para observar las estrellas—. ¡Heimdall! ¡Sé que me escuchas! ¡Abre el Bifrost!

—Ok… —Jane murmuró para sí misma, compartiendo una mirada de extrañeza con Erik debido a la conducta irregular que el hombre rubio demostraba después del golpe que había sufrido—. Hospital. Encárguense de llevarlo, me quedo aquí.

— ¡Tú! —Thor giró sobre sus talones, apuntando específicamente al hombre mayor—. ¿Qué mundo es este? ¿Alfheim? ¿Nornheim? ¿Nidavellir?

Si hubiera sido de día, habría podido saber con facilidad en que mundo se encontraba al utilizar el sol como referencia, pero siendo de noche tan solo era capaz de divisar un tramo de terreno desértico que no era capaz de proveerle indicio alguno.

— ¿Nuevo México? —La mujer más joven ofreció, levantando un pequeño artefacto que proyectó un punto de color rojo brillante sobre su pequeño. Él dedujo inmediatamente que aquel artefacto pequeño se trataba de un arma, la cual planeaba usar en su contra.

— ¿Estas desafiándome? ¿A Thor con esa arma ridícula? —Thor se burló con suficiencia antes de que la mujer presionara el gatillo de la pequeña arma, enviando dolorosas descargas a través de su cuerpo que lo derribaron por tercera vez.


Thor sonrió suavemente al percibir los rayos de luz clara sobre sus parpados cerrados, forzándolo a pensar de inmediato que se encontraba despertando en su luminosa habitación real en Asgard y que los sucesos anteriores se trataban de un simple sueño. Sin embargo, su sonrisa murió cuando sus ojos se abrieron y tomaron nota de una habitación completamente desconocida.

La vestimenta simple que usaba bajo su armadura de combate había sido reemplazada por algún tipo de prenda de color azul sumamente delgada que solo causaba en él la sensación de desnudez. Desde que se había convertido en un guerrero ante sus propios ojos y ante los de su pueblo, había utilizado vestimentas adecuadas para la batalla, las cuales fueran capaces de resistir proyectiles y ataques frontales de una manera similar en que lo hacía la legendaria armadura de Atenea.

Después de unos momentos de asimilar en su mente que su destierro se trataba de un hecho real, logró percatarse de que sus muñecas y tobillos se encontraban atados a la cama por una serie de cuerdas extrañas. Tenía vagos recuerdos de despertar en una habitación desconocida, donde un hombre había intentado apuñalarlo en el brazo con una daga inusual. Él gruñó con los dientes apretados cuando la imagen de una mujer desvergonzada apuñalándolo cobardemente en el trasero se apoderó de sus pensamientos, forzándolo a bajar la mirada debido a la humillación a sus habilidades como guerrero.

—No es posible—Thor gimió al intentar liberarse de las restricciones, sorprendiéndose por el hecho de que no fuera capaz de desgarrarlas con facilidad.

Él apretó los dientes antes de reiterar sus esfuerzos, logrando liberar en primera instancia su mano, la cual utilizó para deshacer los nudos en el resto de sus extremidades. Después de ponerse de pie, avanzó sigilosamente por un pasillo, ya que no estaba dispuesto a permitir que aquellas personas volvieran a someterlo de una manera tan humillante e indecorosa.

Pateó con fuerza una puerta desprotegida después de bajar una serie de escaleras, las cuales lo condujeron directamente a un territorio bajo el sol que ostentaba una superficie de color negro con una serie de triángulos blancos decorándolo. Él negó con la cabeza ligeramente antes de correr sobre la superficie cálida, cayendo nuevamente al suelo después de que una caja de metal lo golpeara y humillara una vez más.

— ¡Lo siento tanto! —Jane exclamó avergonzadamente antes de correr hacia su figura tendida en el piso caliente—. Juro que no lo estoy haciendo a propósito.

La debilidad que conllevaba estar confinado a una forma humana comenzaba a irritarlo seriamente, sin contar la serie de ataques que había sufrido solo en las últimas horas. Con un cuerpo débil e indefenso, no sabía cuánto podría soportar en aquel extraño mundo.

—Cielo azul… un sol—Thor murmuró al fijar sus ojos en el cielo, utilizando el conocimiento sobre los mundos que le había sido legado por Atenea. En ese entonces, había considerado innecesario conocer los detalles triviales de los Nueve Mundos, pero ella había insistido durante mucho tiempo en que debía aprender a orientarse por su propia cuenta—. Midgard—frunció el ceño, dejando caer la cabeza sobre la superficie oscura.

—Vamos a darte algo de ropa—Jane ofreció con las mejillas enrojecidas después de unos momentos de admirar su pecho, el cual era perfectamente visible a través de la fina tela azul cubriendo su cuerpo. Él sabía que era un hombre atractivo y encantador, pero había dejado de darle importancia a ese tipo de características al salir de la etapa más oscura de su vida.

Thor negó con la cabeza al levantarse del piso con la ayuda de Erik, observando con el ceño fruncido el edificio a su espalda, el cual debía ser una instalación de tortura.


Thor frunció el ceño al prepararse en una pequeña habitación decorada con azulejos, acomodando sobre su cuerpo el pantalón que Jane le había dado para cambiar la débil bata de la instalación de tortura.

—Para ser un vagabundo loco, es… fuerte—Darcy exhaló con la mirada fija en su pecho desnudo. Él sonrió ligeramente para sí mismo, sabiendo de antemano que su cuerpo tenía esa clase de efecto en la mayoría del género femenino. Atenea era la única mujer que conocía que al ver su pecho desnudo no reaccionaba de manera avergonzada, sino como si nada importante sucediera frente a ella. Ambos habían compartido breves momentos de intimidad en el pasado, pero ella nunca había permitido que aquello volviera incomoda o romántica su relación.

Ella le dedicaba más tiempo que a otros hombres para guiarlo por el camino que su padre consideraba correcto, pero eso no significaba que fuese totalmente cercana a él. Atenea siempre había interactuado de mejor manera con Loki debido a sus similitudes en personalidad, pero era a él a quien le daba su atención la mayor parte del tiempo. Ella lo incentivaba a pensar de manera diferente, a examinar una situación con el fin de determinar la mejor estrategia que le valiera la victoria.

— ¡Hey!—Darcy alzó la voz con una sonrisa nerviosa plasmada en los labios—. ¡Perdón por electrocutarte!

Thor inclinó la cabeza ligeramente hacia la mujer joven, sin intentar negar que ella había logrado dejarlo inconsciente. No era la primera vez que una mujer lo vencía en batalla tan rápidamente que llegaba a ser una vergüenza, pero dudaba que Darcy fuese una guerrera tan experimentada como Atenea.

—Disculpa... —Jane arrancó de sus manos un artefacto con la forma de un ratón metálico, deteniéndose a admirar su pecho desnudo nuevamente. Él asintió con la cabeza antes de observar la prenda de vestir en su mano, frunciendo el ceño después de divisar la pequeña etiqueta de color blanco situada en el pecho—Mi ex—la mujer pequeña arrancó la pieza antes de desecharla a su lado, sin darle la más mínima importancia—. Es la única ropa que tengo que puede quedarte.

—Es suficiente—Él asintió con la cabeza, colocando la prenda sobre su cuerpo.

—De nada—Jane murmuró con sequedad.

—Esta forma mortal se ha tornado débil, necesito alimento—La nariz de Thor se arrugó ligeramente al olfatear el aire, logrando percibir el aroma de alimentos cercanos.

El trío de mortales compartieron miradas entre sí antes de que Darcy tendiese en su dirección una caja, donde yacían una serie de piezas desmenuzables de color marrón.


Atenea cerró los ojos con un suspiro de exasperación al caminar erráticamente por la sala de descanso, donde sus amigos se encontraban en un incómodo silencio de culpabilidad.

— ¿Qué demonios estaban pensando? —La diosa guerrera espetó con los puños apretados, enfocando su mirada en Loki, quien debía haberse convertido en la prudencia durante la mision suicida planeada por Thor. El Dios de la Travesura observaba su mano con la mirada perdida, como si deseara ver más allá de su piel y ver la naturaleza oculta de su existencia misma. Ella negó con la cabeza antes de enfocar su atención en su hermano menor, presintiendo la clase de conflicto interno que el príncipe oscuro atravesaba—. ¿Cómo permitiste que él te convenciera?

—No por nada me llaman el hombre más rápido que existe, hermana—Hermes levantó la vista desde sus manos brillando con energía cinética de color púrpura—. Deberías tener más confianza en mis habilidades.

—La tengo—Ella asintió con la cabeza, resentida porque él no creyera que lo amaba lo suficiente como para confiar en que dominaría sus poderes. Había sido ella quien le había enseñado a correr más rápido que el sonido y a manejar los componentes primordiales de la materia para hacerla estallar—. Me confunde tu capacidad de olvidar el sentido común. Eres rápido, pero no eres inmortal.

La noticia del destierro de Thor se había extendido a lo largo del Reino Eterno como un sendero de pólvora encendida, causando una notable baja de ánimo en la población debido a la pérdida de su amado príncipe. Atenea cerró los ojos antes de mover la cabeza, sanando la quemadura en el brazo de Volstagg al indicarle a las células de su cuerpo sanar la herida con mayor rapidez. Aquella era una de las habilidades que había adquirido al aprender a controlar la energía del Multiverso, utilizándola mayormente con fines médicos durante su vida.

—No debimos dejarlo ir—El hombre pelirrojo murmuró con una copa de vino en las manos, observando fijamente las llamas en el centro de la habitación.

—No había forma de evitarlo—Sif suspiró al inclinarse hacia adelante, recargando su cabeza en sus palmas abiertas.

—Solo lo desterraron, no está muerto—Fandral gruñó—. Así es como estaríamos todos si ese guardia no se lo hubiera dicho a Odín.

— ¿Y cómo lo supo el guardia?

—Yo le dije—Loki alzó la mirada finalmente, saliendo de los lúgubres pensamientos que podía sentir en su cabeza gracias a la energía psionica negativa emanando de él—. Le dije que fuera con Atenea después de irnos. Debieron azotarlo por tardar tanto, jamás debimos llegar a Jotunheim.

— ¡Le dijiste al guardia!—Volstagg exclamó con incredulidad.

—Salve nuestras vidas—El príncipe continuó con rapidez, exponiendo una razón fidedigna para haberla enviado al mundo de los Gigantes de Hielo en su rescate—. No tenía idea de que nuestro Padre lo desterraría por eso.

—Debes ir con el Padre de Todo y convencerlo de que cambie de opinión—Sif enfocó la mirada en su figura esperanzadoramente, forzándola a alzar una ceja—. Si tú se lo pides, posiblemente cambie de pensar.

—Por más de mil años he limpiado sus desastres a través de todo el Universo—La diosa guerrera inclinó la cabeza hacia un lado, apretando los labios para evitar llorar—. Cada vez que él cometió un error, fui yo quien tomó la responsabilidad de sus acciones egoístas. Por primera vez en mi vida, permitiré que tome castigo correspondiente—la Capa de Levitación cubrió su figura totalmente para cubrir sus puños apretados—. Soy la Hechicera Suprema del Multiverso, tengo cosas más importantes de las que preocuparme.

— ¿No harás nada?—Sif abrió la boca con incredulidad, observándola como si acabara de traicionar a Thor de la peor manera posible. Podía sentir renacer el mismo tipo de culpabilidad que había nacido en su corazón después de abandonar la Tierra durante la Segunda Guerra Mundial, forzándola a comparar la situación que Thor vivía con Steve.

—Quiero a Thor más que ninguno de ustedes, pero saben cómo es. Es arrogante, imprudente y peligroso—Loki apretó la mandíbula ligeramente en dirección a sus amigos—. ¿Eso es lo que necesita Asgard en su rey?

El príncipe oscuro giró sobre sus talones para salir de la habitación cálida. Atenea cerró los ojos para darse fuerzas antes de seguir sus pasos por el corredor, sujetando su mano para evitar que continuara avanzando por el camino de la verdad.

—No lo hagas—Ella murmuró con la voz temblorosa, sin saber porque debía ser ella la responsable de revelar tal secreto—. No te gustara la respuesta.

— ¿Qué es lo que soy? —Loki apretó su puño, enfocando de inmediato sus ojos en los suyos—. ¿El monstruo con el que los padres asustan a sus hijos antes de dormir?

—Eres Loki—Atenea frunció el ceño, liberando la mano del hombre para acariciar suavemente sus mejillas con los pulgares—. Hemos sido amigos desde que éramos niños. Cuando necesite consuelo, fuiste tú quien estuvo ahí. Para mí, siempre serás Loki.

Ella esbozó una pequeña sonrisa de aliento, la misma sonrisa que él le había dado cientos de veces en el pasado. La mirada de Loki tembló unos segundos antes de que este sujetara sus hombros, atrayéndola a su cuerpo para unir sus labios.


Thor sonrió ligeramente desde su lugar en la extraña taberna donde Jane lo había conducido, llevando a su boca una porción de huevos después de unos momentos de analizar el lugar y decidir que no había ninguna clase de peligro acechándolo como en la instalación de tortura. Jane, Erik y Darcy se encontraban sentados a su alrededor, bebiendo desde una pequeña copa algún tipo de humeante líquido de color oscuro.

La mujer de cabello castaño escribió un par de veces sobre un pequeño libro antes de levantar la mirada.

— ¿Cómo entraste a esa nube? —Jane indagó con la boca ligeramente abierta ante su forma de comer. El Dios del Trueno frunció el ceño antes de observarla a través de sus pestañas, alzando una ceja debido al interés que la mujer presentaba por el Bifrost, el cual era un simple aparato de transporte a través de los mundos. La mujer aclaró la garganta con incomodidad después de unos momentos de observación mutua, intentando ocultar sus mejillas enrojecidas.

Thor alzó una ceja confusamente por el súbito enrojecimiento de la mujer, quien debía haberse contagiado con alguna de las enfermedades que infectaban los débiles cuerpos humanos. En Asgard, las mujeres que conocía se ruborizaban solo por dos simples razones: la adrenalina y el fulgor de una batalla o el cortejo de un hombre.

Aunque dudaba que Jane hubiese luchado alguna vez en su vida, consideraba estúpido detenerse a pensar en la segunda opción. No le había dado motivos a la mujer para que esta pudiese creer que presentaba algún tipo de interés romántico en ella. Él no había hecho más que compartir un par de conversaciones con ella, muchísimo menos de lo que había hecho con Atenea en el pasado. Ellos se habían besado en algunas ocasiones, pero ella nunca había permitido que su cuerpo reaccionara de la manera en que Jane lo hacía.

— ¿Y cómo puedes comer una caja completa de tartas y tener hambre todavía? —Darcy preguntó con una pequeña sonrisa traviesa en los labios, asemejando las expresiones faciales de su hermano antes de que este realizara algún tipo de broma. Thor sujetó entre sus dedos la copa de color blanco situada junto a su plato, saboreando el líquido oscuro en su lengua.

—Esta bebida. Me gusta.

—Sí, es genial, ¿verdad?—Darcy sonrió afirmativamente—. Isabela prepara el mejor café de la ciudad.

— ¡Otro! —Él exclamó con una sonrisa, estrellando la copa contra la superficie con fuerza. Sus acompañantes saltaron en sus asientos con expresiones sorprendidas en sus rostros al mismo tiempo en que una mujer mayor enviaba en su dirección una mirada desdeñosa.

—Lo siento, Izzy, mi amigo tuvo un pequeño accidente—Jane observó sobre su hombro a la mujer mayor, quien estrechó sus ojos considerablemente al grupo—. ¿Qué fue eso? —la mujer espetó entre dientes.

—Estaba delicioso. Quiero otro.

— ¡Entonces sólo dilo! —Thor parpadeó de manera confusa cuando la mujer pequeña realizó un gesto hacia el suelo, donde los fragmentos rotos de la copa estaban siendo retirados por una joven sirvienta.

—Eso hice.

—Pídelo con delicadeza—El Dios del Trueno sonrió ligeramente, recordando la misma declaración salir de los labios carnosos de Atenea durante sus celebraciones en Asgard.

—Pero no te falte el respeto.

—Entonces no rompas más cosas—Jane espetó, alzando la voz para remarcar su petición—. ¿Entendido?

—Lo prometo.

De pronto, un pequeño grupo de hombres ingresó a la taberna, sentándose en el mostrador para estar más cerca de la dueña. Todos ellos comenzaron hablando en un tono sumamente bajo, pero después de unos momentos, uno de los hombres elevó el volumen de su voz notablemente.

—Te has perdido de toda la emoción en el cráter.

— ¿Qué cráter? —La mujer mayor preguntó desinteresadamente, sin apartar la mirada del objeto que leía.

—Están diciendo que algún tipo de satélite se estrelló en el desierto—Un hombre delgado sonrió a la mujer, bebiendo de buena gana el café en el mostrador.

—Estábamos teniendo un buen rato con él hasta que los federales llegaron—El primer hombre se lamentó, quien estaba visiblemente ebrio.

—Disculpe—Jane giró sobre su silla para llamar la atención del grupo de hombres—. ¿Fue un satélite lo que se estrelló?

—Sí. Dijeron que era radiactivo. Yo lo toqué por todas partes—El hombre abrió la boca de improvisto, como si una gran revelación hubiera caído sobre él y lo estuviese aplastando con su peso—. ¡Probablemente soy estéril ahora!

—Sonríe, es para Facebook—Darcy sonrió, alzando en sus manos un pequeño dispositivo con forma triangular—. ¡Sonríe! —Él frunció el ceño cautelosamente por un momento, sonriendo después de notar que el artefacto no se trataba del mismo con el cual lo había electrocutado en el desierto.

— ¿Cómo dice que era el satélite?

—No sé nada acerca de satélites, pero era pesado—El hombre ebrio se encogió de hombros—. Nadie pudo levantarlo.

Thor sonrió antes de ponerse de pie y caminar en dirección al hombre, colocando una mano en el brazo de este con fuerza.

— ¡¿Dónde?!

—Doce millas al este de aquí—El hombre, demasiado ebrio para tener la capacidad de temerle, continuó comiendo los huevos de su plato. El Dios del Trueno asintió satisfactoriamente antes de salir de la taberna con una sonrisa en los labios, alzando la mirada al cielo para utilizar el sol como referencia de los puntos cardinales.

Darcy y Erik siguieron sus pasos hacia el centro de una calle.

— ¿A dónde vas? —Jane se esforzó por alcanzarlo.

—Doce millas al este de aquí—Thor enfocó su mirada en la dirección después de sonreír para sí mismo, ya que en el pasado había considerado estúpido que Atenea le enseñara ese tipo de técnicas cuando esta podía instruirlo en asesinar a un enemigo de un solo golpe.

— ¿Por qué?

—Para recuperar lo que me pertenece.

— ¿Ahora eres dueño de un satélite? —La mujer preguntó sarcásticamente a su lado, forzándolo a notar cuan pequeña parecía en comparación con su cuerpo masculino. La parte superior de la cabeza de Jane alcanzaba la mitad de su pecho, mientras que Atenea podía ser capaz de llegar a sus hombros al menos.

—No es lo que dicen que es.

—Sea lo que sea, el gobierno piensa que es de ellos. ¿Tienes la intención de simplemente ir y llevártelo?

—Sí—Thor detuvo su caminar, comenzado a irritarse por la serie de preguntas que la mujer realizaba innecesariamente. No estaba acostumbrado a que una mujer lo cuestionara de tal manera, ya que Atenea tenía la capacidad sobrenatural de presentir los sucesos gestándose en su mente—. Si me llevas allí, te diré todo lo que deseas saber.

— ¿Todo? —Ella parpadeó con esperanza.

—Todas las respuestas que buscas serán tuyas, una vez que tenga a Mjölnir—El príncipe asintió con la cabeza, silenciosamente ofreciendole su palabra.

— ¿Myeu-ma? —Darcy frunció el ceño, esforzándose por pronunciar el nombre de su poderoso martillo de guerra—. ¿Qué es Myeu-ma?

—Jane—Erik aclaró su garganta antes de extender una mano, forzando a la mujer pequeña a caminar en su dirección. La pareja de seres humanos hablaron en voz baja un par de momentos, dándole un pequeño período para determinar la distancia exacta a su destino en el desierto.

—Lo siento—Jane suspiró con desgano al regresar a su lado, sacudiendo la cabeza—. No puedo llevarte.

—Entiendo—Thor asintió con una pequeña sonrisa comprensiva—. Aquí es donde decimo adiós—sujetó la mano de la mujer y depositó un beso suave en el dorso de la misma, un gesto de caballerosidad habitual para demostrar respeto a una mujer.

—Eso es... —Jane tragó saliva con fuerza, visiblemente ruborizada.

—Gracias—Él realizó una pequeña reverencia protocolar, procediendo a observar alternadamente al pequeño grupo de seres humanos frente a él—. Jane Foster. Erik Selvig. Darcy. Hasta siempre—inclinó la cabeza en un gesto de despedida antes de girar sobre sus talones y alejarse sin mirar atrás.


Thor observó distraídamente el paisaje desértico desde el interior del automóvil de Jane, agradeciendo en su mente la ayuda que le brindaba la mujer pequeña.

No podía sentir más que ansiedad en ese momento por la posibilidad de recuperar su poderoso martillo de guerra perdido y regresar a Asgard para demostrarle a su padre que era un gobernante digno de su título.

—Nunca he hecho algo así antes—Jane admitió con timidez, sus nudillos apretando excesivamente el volante del artefacto de transporte humano, el cual era más rápido y cómodo que un caballo—. ¿Has hecho algo así antes?

Él observó a la mujer pequeña con un poco de diversión, ya que la actitud de esta le recordaba a los jóvenes e inexpertos soldados antes de su primer combate. Él mismo había experimentado aquel tipo de sentimientos la primera vez que había incursionado en el campo de batalla como un guerrero, ansioso de demostrar que podía ser tan grande como las leyendas de las que había crecido escuchando.

Aún le sorprendía que su hermano se hubiera convertido en un guerrero hábil cuando había negado toda su vida aprender a combatir. Loki siempre había concentrado su atención en aprender magia con su madre que en aprender a manejar las armas bajo la tutela de su padre. Atenea había sido la única responsable del cambio de mentalidad que había sufrido su hermano menor, ya que ella era la prueba viviente que un Maestro de la Magia podía convertirse en un guerrero legendario.

Cada vez que Atenea lo había despreciado en el pasado para prestar su atención al entrenamiento de Loki, había sentido su sangre arder bajo su piel. Ella había desaparecido por siglos, sin dejar rastro alguno de su paradero, por lo cual merecía que conviviera con él para recuperar el tiempo que ella misma les había arrebatado.

—Millones de veces—Thor respondió con una pequeña sonrisa traviesa—. Eres valiente por hacerlo.

—Acaban de robar el trabajo de mi vida—Jane resopló, observando rabiosamente el camino frente a ella un par de segundos—. Realmente no tengo nada que perder.

—Pero eres inteligente. Mucho más inteligente que cualquiera en este mundo—Él añadió en un intento de animar a la mujer pequeña, quien se encontraba visiblemente frustrada. Jane podía ser una mujer inteligente en estándares humanos, pero no lo era más que Atenea, quien era la guardiana y creadora del conocimiento místico.

— ¿Mundo? —La mujer indagó con el ceño fruncido, sonriendo como si hubiera oído algún tipo de locura.

— ¿Te parezco extraño?—Thor alzó una ceja ligeramente, divertido por el escepticismo que demostraba la raza humana ante la posibilidad de no ser la única especie inteligente en el Universo.

—Sí. Sólo un poco

— ¿Buen extraño o mal extraño?

—Todavía no estoy muy segura—Ella enfocó la mirada en su rostro con una pequeña sonrisa en los labios, ruborizándose ligeramente—. Lo siento—ofreció después de que el automóvil se sacudiera—. ¿Quién eres tú?

—Ya te enteraras, Jane—Él se limitó a sonreír de manera misteriosa, enfocando su mirada en la ventana principal con el fin de preparar su mente para los posibles peligros que pudiese encontrar en su misión.

—Me prometiste respuestas—La mujer añadió sugestivamente, interrumpido sus pensamientos.

—Lo que buscas es un puente—Él giró la cabeza para observar de mejor manera a su acompañante, ligeramente avergonzado por su falta de conocimientos profundos respecto al tema.

— ¿Un puente? ¿Un puente de Einstein-Rosen?

—Más bien como un puente de arco iris.

—Dios, espero que no estés loco—Jane murmuró en voz baja, intentando que él no fuera capaz de oírlo.

Thor sonrió ligeramente, recargando su cabeza en el respaldo del asiento al cerrar los ojos para disfrutar de la música emanando por alguna clase de dispositivo primitivo anclado al tablero del automóvil.


Thor se deslizó sigilosamente por una pequeña colina, alzando la nariz para observar la base que los seres humanos habían construido alrededor del cráter que Mjölnir había creado al aterrizar en el planeta. Un complejo sistema de corredores fabricados a base de algún tipo de material translucido cubría la totalidad de la instalación custodiada por docenas de soldados armados, la cual tenía como punto central un área ramificada donde probablemente se encontraba el martillo de guerra.

—No hay ningún satélite estrellado—Jane frunció el ceño al observar la instalación por medio de un aparato humano para aumentar la visión—. Hubieran limpiado, no construido una ciudad alrededor de él

—Toma esto—El Dios del Trueno habló en voz baja, depositando sobre la figura de la mujer pequeña su chaqueta.

— ¿Por qué? —Jane dio un respingo de sorpresa cuando los relámpagos comenzaron a partir el cielo a la mitad.

—Quédate aquí—Él ordenó, sabiendo que ella no tenía el más mínimo entrenamiento en combate para defenderse a sí misma en caso de surgir un peligro—. Cuando tenga el Mjölnir, te devolveré todo lo que te robaron.

— ¡No! —Jane alzó la voz ligeramente, tragando saliva al percatarse de su error—. ¡Mira lo que hay ahí! ¡No puedes caminar, tomar nuestras cosas y salir!

—No—Thor asintió afirmativamente con la cabeza—. Saldré volando—sonrió antes de deslizarse por la ladera de la colina, teniendo especial cuidado para no delatar su posición.

El Dios del Trueno caminó sigilosamente hacia la reja metálica, sujetándola entre sus dedos con cuidado para levantarla y formar un pequeño pasaje de acceso a la instalación. No podía arriesgarse a ser detectado por los soldados, ya que ni sus habilidades divinas ni Atenea se encontraban con él para brindarle ayuda.

Thor apretó los labios cuando un pequeño automóvil avanzó hacia su escondite, llevando sobre el a dos hombres, uno de los cuales enfocó la mirada en su figura cuando un relámpago cayó del cielo e iluminó por completo el lugar. El par de soldados levantaron sus armas, forzándolo a actuar con rapidez. Levantó su brazo para golpear a uno de los hombres en la mandíbula con su codo, procediendo a sujetar entre sus dedos el arma oscura del hombre restante para estrellar el mango del arma contra su rostro.

Depositó sobre su cabeza la capucha que había tomado de uno de los hombres inconscientes, ocultándose tras un pequeño automóvil cuando una nueva patrulla de guardias circuló a su alrededor. Thor utilizó la pequeña distracción que había causado un relámpago para escabullirse al interior del complejo y correr por una pequeña rampa de acceso, donde un par de guardias entraron en alerta al verlo. Derrotó rápidamente a los soldados humanos, sin detener su marcha hasta divisar el resplandor de Mjölnir a través de las paredes brillantes.

Thor sonrió ligeramente al correr a través de un túnel, dándole un puñetazo en el estómago a un guardia cuando este se abalanzó sobre él. Apretó sus manos para formar puños cuando un grupo de soldados corrieron en su encuentro, jadeando por el sentimiento de adrenalina que parecía invadir su cuerpo con más fuerza que antes. De pronto, un puño impactó su rostro con más fuerza de la utilizada por los guardias anteriores, causando que cayera sobre la rejilla metálica ligeramente aturdido.

—Eres grande—Thor observó con diversión al hombre enorme situado frente a él—. Pelea grande—sonrió antes de lanzarse sobre su oponente, sujetando mutuamente sus cuerpos hasta perder el equilibrio y caer a través de la tela que formaba la pared del corredor. Él rodó por el lodo mientras la lluvia caía sobre su piel, con el brazo del hombre en su cuello para intentar asfixiarlo.

El Dios del Trueno frunció el ceño cuando una mano pequeña sujeto a su oponente del hombro para golpearlo en el rostro y lanzarlo varios metros a través del barro, dejandolo inconsciente de inmediato. Él giró sobre su espalda con una mueca en los labios, pero esta murió como el fuego rociado por agua cuando su cerebro aturdido procesó la imagen frente a él.

— ¡¿Atenea?! —Thor exclamó con incredulidad debido a la presencia de ella en ese lugar, lo cual casi parecía un sueño después de su discusión en el Bifrost—. ¿Qué haces aquí?

—Salvar tu ingrato trasero, estúpido—La diosa guerrera sujeto sus brazos antes de adoptar una postura protectora frente a su cuerpo, sujetando con suficiencia una flecha lanzada por el aire antes de que esta se incrustara en su pecho. Ella alzó la mirada hacia el cielo oscuro para sonreír burlonamente al arquero que había disparado, dándole el tiempo suficiente para correr al lugar donde Mjölnir yacía.

Él sonrió al rodear la empuñadura del martillo de guerra con sus manos, tirando del arma hacia arriba, mas no pudo lograr moverlo un centímetro a pesar de utilizar toda la fuerza en su cuerpo.

Atenea corrió en dirección al hombre rubio con rapidez, notando de inmediato como este había caído sobre sus rodillas con la mirada carente de emociones gracias a su imposibilidad de levantar su arma. Ella parpadeó en repetidas ocasiones para evitar que las lágrimas de culpabilidad rodaran por sus mejillas, más se vio obligada a reaccionar cuando un equipo de asalto comenzó a disparar cápsulas de gas anestésico al centro del complejo.

Ella apretó los labios antes de lanzar a Thor sobre su hombro y arrancar el martillo de guerra desde la piedra en la cual se encontraba atascado, ordenándole silenciosamente a la Capa de Levitación sacarlos del lugar antes de que el gas comenzara a surgir efecto en el cuerpo humano del Dios del Trueno.


Atenea aterrizó con una mueca sobre el pequeño patio que poseía su cabaña de seguridad en la Tierra. Había adquirido la propiedad para utilizarla como refugio antes de que el gobierno americano respaldara su intervención en la Primera Guerra Mundial y le cediera asilo en sus bases ubicadas en Europa, causando el abandono visible en el lugar que no había sido usado en casi cien años.

Ella suspiró antes mover la mano para regenerar la edificación parcialmente destruida, observando distraídamente como el tiempo era doblegado por su influencia. Durante la guerra, había permanecido en Kamar-Taj únicamente el tiempo suficiente para hacerle entender a Ayanna que los hechiceros no tenían parte en el conflicto, puesto que la principal tarea que les había encomendado era proteger a la Tierra de amenazas místicas en lugar de físicas. Su discípula era una buena mujer que intentaba hacer lo correcto, pero ella no permitiría que esta delatara la existencia de seres mágicos a un mundo que no tenía la preparación adecuada para aceptarlos. Lo que menos deseaba era que los seres humanos comenzaran un seguimiento a los magos con el fin de erradicarlos por completo como había visto que razas sin la mentalidad suficiente habían hecho con sus pares habilidosos.

Atenea observó el cuerpo de Thor sobre su hombro antes de avanzar al interior de la cabaña y depositar al príncipe sobre un sillón despojado del polvo gracias a su magia. Ella frunció el ceño ante el hombre rubio, quien permanecía completamente inmóvil y miserable en su lugar debido a los sucesos anteriores.

La diosa guerrera suspiró antes de lanzar a Mjölnir sobre la mesa del comedor y caminar hacia el panel eléctrico de la cabaña, donde arrancó los cables centrales para cargarlos con la alta concentración de energía que desprendían sus manos. Ella sonrió con alivio cuando la penumbra fue reemplazada por la luz emanando de las bombillas colgando del techo de su cabaña de concepto abierto.

Thor observó su figura con la mirada perdida antes de frotar sus brazos mojados, lo cual la motivó a observar la chimenea para encender el fuego y brindarle calor al dios desterrado.

— ¿Qué esperabas que hiciera? —Ella alzó una ceja antes de apretar los labios, maldiciendo el estúpido sentimiento que había invadido su pecho y la había forzado a buscarlo—. No voy a romper el encantamiento hasta decidir que has crecido como persona lo suficiente para volverte digno de Mjölnir—él observó su figura con la mirada vidriosa, apretando los labios dolorosamente—. Esa mirada no lograra que cambie de opinión.

— ¿Por qué regresaste por mí? —Él pidió en voz baja, sentándose junto al fuego para absorber el calor—. Dijiste que jamás volverías a…

— ¡No lo sé! —Ella apretó los puños en frustración, sin conocer el verdadero motivo que la había instado a viajar a la Tierra—. No lo sé—repitió con suavidad al notar su mirada sorprendida—. Hay muchas cosas de mí que no puedo comprender. Por otro lado, sé que este castigo los has ganado con creces. No esperes que te lleve de regreso a Asgard, donde tu padre te encerraría por traición al ver que has violado su orden.

—Él es mi padre… y aun así fue capaz de hacerme esto—Thor observó las llamas miserablemente.

—No tienes un mal padre, no lo culpes a él por lo que tú mismo has causado—Atenea caminó hacia la chimenea para arrodillarse a su lado, tocando su mejilla para verificar su calor corporal—. Estás congelándote—susurró antes de intensificar el calor del fuego y apagar las luces por completo.

— ¿Dónde estamos? —Él abrazó sus rodillas al observar la cabaña en penumbras de manera distraída.

—No es la primera vez que vengo a la Tierra. Me gusta tener casas de seguridad en los planetas que visito para momentos como este.

—Él responde ante ti—El Dios del Trueno enfocó su mirada en el martillo de guerra sobre la mesa, el cual no había permitido que él se convirtiera en el guerrero digno de blandirlo.

—Soy más fuerte de lo aparento, deberías saberlo muy bien después de todas las veces que te he noqueado de un puñetazo—Ella añadió con cierta burla en su voz, intentado que él apartara su mente de las consecuencias de su viaje a Jotunheim—. Siglos atrás, cuando partí de Asgard para entrenar con las Amazonas, me volví obsesiva. Quería ser fuerte para que cuando Zeus me encontrara, fuera capaz de vencerlo. Entrené partiendo gamanio, el metal del cual está hecha mi armadura, hasta destruir mis manos por completo—flexionó los dedos frente a las llamas, agradeciendo que la energía del Multiverso fuera capaz de sostener sus huesos y músculos lo suficiente para que estos no crujieran perpetuamente—. Me convertí en una bruta, como tú lo eras cuando éramos niños.

—No era un bruto—Él frunció el ceño antes de reparar en su mirada de incredulidad—. Quizás un poco.

— ¿Lo estás admitiendo? —La diosa guerrera preguntó, fingiendo sorpresa para lograr avergonzarlo—. Al menos comenzaste a ganar las batallas por ti mismo—reflexionó en voz baja, recordando como Odín había ordenado a los maestros de su hijo perder ante él para otorgarle gloria frente a su pueblo—. Ahora, siento que comienzas a percibir que por primera vez no sabes que hacer. Eso es algo bueno, significa que comienzas a hacerte las preguntas correctas—rió ligeramente ante el rostro sorprendido del hombre rubio—. Te conozco muy bien.

—Perdóname—Él bajó la mirada hacia sus manos, sorprendiéndola verdaderamente. Thor nunca había admitido que sus acciones respecto a él le habían causado algún tipo de bienestar, siempre había eludido el tema para increparla respecto a situaciones irrelevantes—. Perdóname por todas las veces que te he insultado o discutido contigo por un motivo estúpido. Siempre has tenido razón sobre mí.

—Perdóname por ser demasiado dura contigo, por desaparecer sin dar señales de vida—Ella respiró profundamente, admitiendo que su manera de obrar no había sido completamente correcta. Su vida era mucho más antigua que el Multiverso mismo, pero eso no quería decir que era una mujer que gozaba de sabiduría y elocuencia absoluta. Había cometido demasiados errores y aniquilado a más inocentes que todos los genocidas del Multiverso juntos, lo cual la había convertido en una mujer atormentada internamente por sus demonios—. No quería ponerlos en riesgo.

—Hiciste lo correcto finalmente. Te marchaste de nuestras vidas para servir a un propósito más grande—Él murmuró con la mirada brillante antes de apretar los labios con las mejillas ligeramente ruborizadas—. Atenea… yo… cuando desapareciste… jamás… pude decírtelo… —jugueteó con sus dedos antes de acariciar su hombro con lentitud, inclinándose ligeramente hacia su rostro—. Jamás estuve molesto porque al desaparecer heriste a Loki. El problema era mío. Yo…

—Lo sé—Ella frunció el ceño, bajando la mirada para ocultar sus mejillas ardiendo vergonzosamente al cubrir la boca del hombre rubio—. Lo he sabido desde la misión a Meneleia—apartó la mirada desde sus ojos quemándola con el fuego del deseo, el cual había causado un tipo de tensión palpable entre ellos—. Deberías darte un baño. Apestas.

Atenea empujó el cuerpo del Dios del Trueno al cuarto de baño antes de que este lograra reaccionar, depositando en sus manos con rapidez un par de prendas masculinas para que cambiara su vestimenta bañada en lodo.

Ella apretó los labios con incomodidad al sentarse sobre la cama para analizar la cabaña deshabitada durante décadas, la cual había utilizado poco tiempo antes de partir a Kamar-Taj para advertir a Ayanna y luchar en la Primera Guerra Mundial. Después de organizar los objetos dispersos en el piso, movió la mano para revivir las flores muertas que yacían en los floreros, otorgándole un poco de sofisticación al lugar en penumbras que actualmente servía como escondite.

No sabía a qué clase de organización servían los soldados que habían capturado a Mjölnir, pero no estaba dispuesta a permitir que estos los encontraran. Al menos, no por el momento.

Ella corrió con rapidez al interior del baño cuando Thor emergió con el cabello húmedo, lo cual la forzó a cerrar la puerta con un estruendo tras su espalda para evitar su mirada azul debilitante e hipnótica. Debido a la estúpida decisión que él había tomado en el complejo que los seres humanos habían construido alrededor del martillo de guerra, su cabello blanco había terminado cubierto de lodo y suciedad.

Después de despojarse de su armadura de combate, Atenea suspiró en voz baja al sumergir su cuerpo sucio en la bañera repleta de agua fría, donde peinó sus rizos hacia atrás para mantenerlos sobre su cabeza. Ella acarició fantasmalmente los músculos de sus piernas con las yemas de sus dedos, los cuales se encontraban completamente destrozados internamente.

No había un día en el cual no pensaba en Steve y en cómo había abandonado a sus compañeros durante su momento más vulnerable, aunque estaba consciente de que había sido necesario hacerlo. Cada vez que un sentimiento se apoderaba de su corazón con demasiada fuerza, este la convertía en una bomba de tiempo esperando el estímulo correcto para estallar y arrasar con todo a su paso. El mundo probablemente hubiese sido destruido si ella hubiese salido de su estado catatónico encontrándose en él.

La diosa guerrera alzó una ceja al escuchar el sonoro gemido de dolor proveniente de la habitación contigua antes de ponerse de pie y envolver una toalla alrededor de sus pechos con firmeza. Ella apretó los labios al enfocar su mirada en la figura de Thor sobre la cama, quien presentaba contusiones visibles en el pecho y espalda debido a la pelea contra los agentes custodiando a Mjölnir.

Atenea tragó saliva cuando él levantó la mirada desde su abdomen para analizar cada centímetro de su cuerpo con los ojos totalmente oscurecidos. Ella suspiró con incomodidad antes moverse a velocidad supersónica para analizar el corte en su espalda, el cual se encontraba goteando sangre por toda su espalda. El Dios del Trueno observó sobre su hombro para verificar sus acciones cuando las lesiones en su cuerpo comenzaron a sanar mágicamente gracias a la energía del Multiverso, la cual usaba únicamente con fines médicos.

Ella misma estaría condenada a vivir paralizada el resto de su vida si la Fuerza Fénix no rigiera y gobernara sobre la energía del Multiverso, lo cual la volvía responsable del poder de los hechiceros y de la mente misma.

La diosa guerrera dio un respingo de sorpresa cuando él estrelló sus labios contra los suyos sensualmente, sosteniendo su cuello con ambas manos para evitar que escapara avergonzada del lugar. Atenea apretó un puño con fuerza, dispuesta a golpearlo para que liberara su cuerpo, pero sus labios suaves y húmedos terminaron corrompiendo su voluntad de manera miserable.

Ella envolvió los brazos alrededor del cuello de Thor cuando este sujetó sus hombros para empujar su espalda contra la cama, posicionándose sobre su cuerpo lentamente antes de deshacer el nudo de la toalla con cautela. Él seguramente debía estar esperando la inminente reprimenda física que le daría por atreverse a tocarla de una manera tan indecente, lo cual haría en una situación normal. Sin embargo, por algún motivo le agradó experimentar en carne propia el lado descarado y seductor que él guardaba.

Atenea atrajo al hombre rubio nuevamente para evitar que este continuara observando su cuerpo desnudo como un estúpido, lo cual la llevó a gemir en voz baja debido a la sensación exquisita de sus senos presionados con fuerza contra los músculos de su pecho esculpido. Thor sonrió ligeramente contra su cuello antes de enfocar su atención en sus pechos, besándolos con adoración antes de apoyarse en sus rodillas para desbrochar su cinturón con lentitud.

Ella jadeó con impaciencia antes de envolver una pierna alrededor de su trasero, cerrando los ojos y clavando las uñas en sus hombros al sentir la punta de su miembro presionada contra su entrada cálida.

Ella observó sus ojos azules antes de asentir con la cabeza.

Por primera vez en su vida, había actuado siguiendo las órdenes de sus sentimientos, sin permitir que las consecuencias de tal acción tuvieran la oportunidad de confundir su mente para indicarle desistir.

Extrañamente, sentía que había tomado la decisión más correcta de su vida al hacerlo.


Atenea apartó la mirada bruscamente desde la molesta sonrisa adornando los labios de Thor.

—No sonrías de esa manera—Ella cruzó los brazos sobre su pecho, realizando una mueca después de que una punzada de dolor naciendo en su femineidad atravesara su cuerpo por completo—. Te odio.

—No parecías odiarme hace un par de horas—Él sonrió con suficiencia antes de situar ambas manos en su cintura, levantándola del piso para cargarla en sus fuertes brazos como si se tratara de una damisela en peligro. La diosa guerrera apartó la mirada desde su rostro para evitar que notara el vergonzoso rubor cubriendo sus mejillas.

—No puedes cargarme de esta manera en un espacio público—Ella observó a su alrededor con el fin de tomar nota de las miradas sucias que los habitantes de Pueblo Antiguo enviaban en su dirección debido a la posición comprometedora en la que se encontraban. El hombre de cabello rubio sonrió de manera divertida antes de depositar su cuerpo en el suelo con suavidad y besarla profundamente.

—Aún te duele—Él añadió en voz baja al ver la incomodidad con la cual caminaba, procediendo a entrelazar sus dedos para brindarle apoyo.

— ¿Estás seguro de que este es el lugar?—Atenea observó el edificio con paredes de cristal de manera dubitativa, alzando una ceja debido al trío de personas visible en el interior del complejo.

— ¡Jane! —Thor sonrió afirmativamente antes de llamar la atención de una pequeña mujer de cabellera castaña, quien casi dejó caer su taza de café debido a la impresión de verlo entrar. La mujer se ruborizó profundamente cuando los fuertes brazos del dios nórdico rodearon su cuerpo.

— ¿Ella es tu hermana? —Jane enfocó la mirada desdeñosamente en su figura descansando en el marco de la puerta de cristal.

—Soy… —Atenea caminó al interior del edificio bajo la mirada sorprendida de un par de personas sentadas frente a una serie de platillos sencillos.

—Es mi prometida—El Dios del Trueno la interrumpió con una sonrisa que destilaba confianza, aunque esta causó que ambas mujeres se ahogaran en su propia respiración. Ambos habían cambiado por completo su relación gracias a las acciones de la noche anterior, pero estaba bastante segura de no haber escuchado durante el acto una proposición formal de matrimonio para que este tuviera el derecho de presentarla abiertamente como su prometida—. Atenea.

—Debía existir una Atenea también… —Un hombre mayor rodó los ojos desde su lugar en la mesa.

—Thor deseaba agradecerles su ayuda durante un momento de debilidad—La diosa guerrera aclaró su garganta al sentir la mirada fulminante de la mujer pequeña, quien obviamente había logrado desarrollar sentimientos románticos por el hombre rubio a pesar de su corta interacción.

— ¡Hermana! —Ella giró sobre sus talones al escuchar aquella conocida voz, ignorando el sonido de las tazas en manos de los seres humanos rompiéndose contra el piso gracias a la visión sorprendente de sus amigos vestidos con sus armaduras de batalla.

— ¡Hermes! —Ella sonrió antes de abrazar a su hermano menor, quien acarició su cabellera al despojar de su vista los anteojos que protegían sus ojos del daño durante sus carreras a velocidades supersónicas.

—Déjenme adivinar… —Erik rodó los ojos al observar a los alegres asgardianos abrazando a Thor—. Artemisa, Hades, Apolo y Dioniso.

—Lady Sif y los Tres Guerreros—Volstagg giró hacia el hombre mayor con una pequeña mueca en los labios para aclarar su identidad, reprimiendo la totalidad del disgusto que sentía debido a la comparación. Para algunos, ser un dios Olímpico era sinónimo de poseer un poder tan grande que este fuera capaz de hacer temblar al mundo. Para otros, era ser visto como un tirano genocida.

—Hermes Argifonte, Dios de la Velocidad—Su hermano menor sonrió ligeramente antes de que la mujer de cabello negro empujara a Jane rudamente de su camino para sonreírle con coquetería.

—Hola.

Hermes alzó una ceja antes girar sobre sus talones para ignorar por completo los avances de Darcy, sorprendiendo a la mujer humana. Él rodeó su figura pequeña con los brazos una vez más cuando los Tres Guerreros comenzaron a relatarle al Dios del Rayo los sucesos ocurridos durante su ausencia en Asgard.

—Hay algo diferente en ti—Su hermano menor murmuró después de unos segundos, acariciando sus brazos pensativamente en búsqueda de algún indicio que delatara su nueva condición.

—Soy la misma mujer de siempre—Ella balbuceó con torpeza mientras el placentero recuerdo de Thor embistiéndola con fuerza contra la cama invadía su mente. Hermes observó su rostro ruborizado con sospecha unos segundos antes de abrir los ojos con incredulidad, indagando de manera sorprendida la verdad detrás de lo que sus expresiones corporales delataban. Ella tragó saliva con nerviosismo antes de ruborizarse aún más, lo cual motivó a Hermes para correr de inmediato y golpear al dios rubio en la mandíbula.

— ¿Por qué hiciste eso? —Sif preguntó con sorpresa, ya que las actitudes físicas de su hermano siempre habían sido orientadas a la velocidad en lugar de la fuerza bruta. Hermes nunca había sido el hombre más violento de Asgard, ya que su velocidad superior impedía que otros guerreros tuvieran la posibilidad de enfrentarlo en una batalla equitativa.

El Dios del Trueno sonrió en el piso antes de darle una mirada divertida a su furioso hermano menor.

—El pervertido sabe porque—El dios de cabello rojizo espetó desdeñosamente, avergonzándola aún más.

—Pensé que no harías nada para rescatarlo—La guerrera asgardiana alzó una ceja, recordándole con la mirada sus palabras anteriores respecto al destierro de Thor—. Odín cayó en el Gran Sueño. Loki se sienta en el trono de Asgard. Deben regresar con nosotros inmediatamente.

— ¿Dónde está Mjölnir? —Fandral observó a su alrededor en búsqueda del martillo de guerra, forzándola a sumergir su mano en el bolsillo de su pantalón para extraer la reliquia. Los seres humanos exclamaron con sorpresa al presenciar el pequeño acto de magia, pero ella los ignoró al lanzar el martillo a las manos del hombre rubio.

La actitud del Dios del Trueno empeoró visiblemente cuando el martillo de guerra cayó al piso con un ruido sordo, indicándole que él no era lo suficientemente digno o fuerte para ejercerlo como un guerrero apropiado.

Sif abrió la boca con sorpresa antes de que el suelo bajo sus pies se estremeciera ligeramente, al mismo tiempo en que una explosión pequeña se hiciera escuchar en la entrada de la ciudad.

— ¡Sabía que Loki estaba tramando algo siniestro! —Hermes exclamó después de unos segundos de observar críticamente la repentina explosión, divisando la estructura metálica del autómata asgardiano acercándose a ellos—. ¡Se volvió loco! ¡Envió al Destructor a matarnos!

—Thor, debes pelear con nosotros—Volstagg alzó el puño vigorosamente para expresar su deseo de batalla surgiendo ante la nueva amenaza.

—Esto solo debe ser un mal entendido. Mi hermano jamás nos atacaría—El hombre rubio murmuró, frunciendo el ceño con incredulidad debido a los sonoros pasos metálicos resonando cada vez más cerca de su posición.

—Él ya no es tu hermano—El Dios de la Velocidad evacuó al trío de seres humanos a velocidad supersónica desde el interior del edificio cuando un rayo de fuego derritió los cristales frontales.

Atenea sujetó la mano de Thor para correr al exterior del complejo cuando se hizo visible que los ataques del Destructor estaban dirigidos a él específicamente, confirmando las terribles sospechas de Hermes. Ella flexionó los dedos y movió la mano hacia atrás para crear un escudo de energía frente a su cuerpo, procediendo a rodear la estructura de la máquina con su poder para voltear y lanzarla al lado opuesto de la ciudad.

—No hagas que me arrepienta—Ella observó el rostro de Thor antes de extender la mano para convocar a Mjölnir y susurrar un par de palabras contra el metal de manera inaudible. La diosa lanzó el martillo de guerra de regreso a las manos del dios rubio, protegiendo a sus amigos del rayo que bañó a Thor con su poder divino arrebatado.

El Dios del Trueno sonrió brillantemente al emerger de la luz cegadora, acariciando su rostro con dulzura antes de besarla profundamente.

—Es mío, mi amor—Él susurró entre besos apasionados—. Saca a estas personas de aquí—observó a los seres humanos aterrados a su alrededor antes de elevarse en el cielo para concentrar los ataques del Destructor en él.

— ¿Ustedes…?—Fandral abrió la boca con sorpresa, boqueando como un pez fuera del agua mientras ella colocaba los brazales de sumisión en sus antebrazos como medida de contingencia.

— ¡No te importa! —Ella disparó una mirada fulminante hacia el guerrero rubio antes de agitar los dedos suavemente para que la energía azul emanando de sus palmas con delicadeza se sumergiera en el cráneo de los seres humanos corriendo erráticamente por las calles. Estos, cesaron de inmediato sus actividades para subir a los automóviles disponibles y alejarse de la ciudad siendo atacada por una máquina extraterrestre, la cual había sido levantada en el aire gracias a los fuertes vientos de un tornado convocado por el hombre que amaba.

Thor descendió con una sonrisa ligera después de que el autómata estallara gracias a su propio poder, cayendo al suelo con un ruido sordo.

— ¡Ustedes! —Un hombre exclamó a sus espaldas con sorpresa, vestido de la misma manera que el grupo de seres humanos acompañándolo—. ¿Tú eres Atenea de la Tormenta? —Ella alzó una ceja extrañamente por la pregunta, asintiendo con la cabeza para confirmar sus sospechas—. ¿La misma Atenea que peleó junto al Capitán América en la Segunda Guerra Mundial?

— ¿Qué tiene que ver Steve con ustedes? —La diosa guerrera inclinó la cabeza hacia un lado para indagar en su mente, sintiendo como la culpa resurgía nuevamente en su interior al pensar en los amigos que había hecho en el planeta.

—Fuiste tú quien detuvo la Primera Guerra Mundial—El hombre cubrió su boca con una mano, temblando en su lugar con incredulidad y emoción.

— ¿Hermana? —Hermes alzó una ceja al aparecer a su lado, dejando una pequeña estela de energía purpura a su paso.

— ¿Qué creían que hacía durante mis ausencias en Asgard? —Ella cruzó los brazos en dirección a sus amigos, quienes siempre se habían preguntado el motivo de sus misteriosas ausencias en el Reino Eterno—. Te diré una cosa, Phil Coulson. La raza humana siempre ha podido contar con mi ayuda.

—También pueden contar con mi ayuda si regresan los objetos que le arrebataron a Jane—Thor dio un paso hacia adelante para tomar su mano, sorprendiéndola verdaderamente debido al compromiso desinteresado emanando de su voz. Ella resopló en voz baja al notar como el rostro de la pequeña mujer humana se iluminaba debido a la petición del hombre rubio.

— ¡Robaron! —Jane escupió.

—Puede llevarse su equipo, lo necesitara para su investigación—El hombre asintió con la cabeza hacia la científica de cabello castaño, la cual sonrió brillantemente hacia el hombre que amaba para expresar su gratitud.

Atenea frunció el ceño con disgusto antes de apretar la mano de Thor con fuerza, provocando que los huesos de este crujieran ligeramente antes de lanzarlo al interior de un portal dimensional que conducía directamente al Puente Arcoíris.

Ella cubrió su boca con una mano al divisar el cuerpo congelado de Heimdall en la entrada del Bifrost, quien había sido paralizado en una posición que indicaba algún tipo de combate previo. La diosa guerrera compartió una triste mirada con el Dios del Trueno antes cerrar los ojos para descongelar mentalmente al hombre, acariciando el puente de su nariz para evitar sollozar por el radical cambio de actitud demostrado por Loki.

Se había prometido a sí misma permitir que Thor experimentara por primera vez el castigo merecido por sus acciones estúpidas, pero había roto aquella promesa por completo después de que el príncipe oscuro tuviera el valor de confesarle sus sentimientos y pedirle que se convirtiera en su Reina formalmente. Había escapado de Loki antes de romper su espiritu rotundamente con una negativa, ya que él nunca sería el hombre que su testarudo corazón había elegido amar.

—Llévalo a la Sala de Curación—El dios rubio exclamó hacia su hermano menor, quien asintió con la cabeza antes de recoger a Heimdall en sus brazos y desaparecer a velocidad supersónica. Él sujetó su cintura antes de girar el martillo de guerra en su mano para volar hacia el castillo de oro, instándola a correr con rapidez hacia los aposentos reales.

— ¡Loki! —Thor siseó entre dientes al verlo abrazar cálidamente a su madre, dándole el tiempo suficiente para notar la pila de cenizas que debían tratarse de los restos carbonizados de Laufey. El Rey de Jotunheim había sido usado como una pieza en el juego de su hijo, quien incluso sabiendo el parentesco entre ambos, había decidido asesinarlo.

— ¡Thor! —Frigga corrió hacia su hijo mayor para estrecharlo entre sus brazos, aunque este no apartó la mirada desde la figura de su hermano en ningún momento—. Sabía que regresarías.

— ¿Por qué no le cuentas como mandaste al Destructor a destruir a nuestros amigos y a mí? —Thor bajó las escaleras en dirección al lecho de su padre con los dientes apretados.

—Fue para respetar la última orden de mi padre.

—Eres un mentiroso con talento, hermano. Lo has sido siempre—El dios rubio caminó hacia el extremo contrario de Odín para darle una mirada profunda a su hermano, aunque manteniéndola bajo su vigilancia en caso de que este decidiera atacarla de alguna manera—. No te atrevas a mirarla siquiera—gruñó después de que Loki reparara en su presencia y comenzara a temblar en su lugar. El príncipe oscuro tragó saliva antes de lanzar un rayo de energía en dirección a Thor, arrojándolo a través de una pared dorada sin vacilar.

Atenea negó con la cabeza hacia el hombre de cabello negro antes de saltar en búsqueda de Thor, deteniéndolo a medio camino de caer gracias a la Capa de Levitación. Él sonrió con cariño antes de besar sus labios suavemente, causando que la reliquia mística sosteniendo sus hombros le diese una sonora bofetada.

—Tranquila, está bien—Ella alzó las manos con diversión, observando como la pieza de tela expresaba su descontento hacia las muestras públicas de afecto con el hombre que amaba—. Tomará tiempo para que lo acepte.

—No esperaba que tu capa tuviera que darnos su permiso—El dios rodó los ojos por la situación extraña en más de un sentido.

— Ella es la reliquia mística más antigua del Multiverso—Atenea cruzó los brazos para recordarle aquella vital información mientras se dirigían al Bifrost—. Ella estuvo a mi lado cuando nadie más lo estuvo. Ella es mi mejor amiga, mi más leal compañera y mi servidora más humilde. Le tomara tiempo aceptar que ya no es la única cosa en mi vida dispuesta a estar siempre conmigo.

La Capa de Levitación se limitó a moverse incómodamente, evidenciando que había descubierto a la perfección el motivo de su desagrado hacia el amor que él profesaba por ella.

Thor sonrió con afecto antes de besar su cabeza, cerrando los ojos con el fin de prepararse internamente ante la inminente batalla con su hermano.

Loki se encontraba de pie en medio de la sala, la cual había sido calibrada para desplegar todo el poder del puente y destruir el mundo de los Jotun como represalia por el supuesto ataque. Fragmentos hielo crecieron desde los controles hasta los mundos de oro en las paredes, conectando el poder de Yggdrasil por completo.

—No puedes evitarlo. El Bifrost aumentara y dejara Jotunheim en pedazos.

El Dios del Trueno corrió para golpear el árbol de hielo con su martillo, pero Loki disparó una ráfaga de energía que lo golpeó en el pecho y lo derribó sin la más mínima vacilación.

Atenea cayó sobre sus rodillas, apretando su cabeza con las manos cuando los gritos psíquicos de los habitantes de Jotunheim invadieron su mente y le comunicaron el miedo y la agonía que sentían debido a su mundo partiéndose en pedazos bajo sus pies.

— ¿Por qué has hecho esto? —Thor preguntó entre dientes al ponerse de pie.

—Para probarle a padre que soy un hijo valioso. Cuando despierte, le habré salvado la vida, habré destruido esa raza de monstruos y seré el verdadero heredero al trono.

— ¡No puedes aniquilar a toda una raza! —El hombre rubio exclamó con horror ante el plan genocida de su hermano. El destierro definitivamente había cumplido su finalidad de enseñarle responsabilidad y humildad, aunque dudaba que él continuara teniendo la misma percepción de ella al saber que había cometido los crímenes más horribles en el Multiverso.

— ¿Por qué no? —Loki preguntó burlonamente—. ¿Qué es ese nuevo amor por los Gigantes de Hielo? Tú pudiste matarlos solo con tus manos—golpeó a su hermano mayor en el rostro con la punta de Gungnir. Ella solamente pudo sollozar desde su lugar en el piso de cristal al ver la lucha gestándose, una que despertó en su mente un recuerdo que había intentado reprimir durante un siglo—. Enfréntame—le dio otro golpe, lanzándolo a un par de metros de distancia—. ¡Yo nunca quise el trono! ¡Lo único que quería era ser tu igual!

— ¡No peleare contigo, hermano!

—No soy tu hermano, nunca lo fui.

—Es una locura, comprende.

— ¿Eso piensas? —Loki observó a su hermano como si intentara penetrar en lo más profundo de su alma, aunque retrocedió un par de pasos cuando ella proyectó frente a su cuerpo una pequeña barrera de energía para impedirle continuar luchando contra su propia familia—. ¿Estás de su lado? ¿Cómo puedes estar de acuerdo con alguien que te ha insultado toda su vida? Tú misma dijiste que nunca más harías nada para protegerlo.

—No pude hacerlo… —Atenea sollozó en voz baja después de situarse contra el pecho de Thor, intuyendo que Loki no se atrevería a atacarlo si ella se encontraba en peligro de salir lastimada.

— ¡¿Lo eliges a él?! —El príncipe oscuro apretó la mandíbula con dolor, reprimiendo las lágrimas formándose en sus ojos—. ¿Qué fue lo que hizo que cambiaras de opinión? —ella apartó la mirada cuando se hizo evidente que él habia descubierto lo que ambos habían hecho durante su corta instancia en la Tierra—. ¡Eres una puta! —Loki estrelló la palma de la mano contra su mejilla, lanzándola al piso debido a la fuerza que había empleado para descargar su desolación interna.

Thor gruñó con rabia antes de lanzarse sobre su hermano menor para hacerle pagar haberse atrevido a golpearla, aunque ella había permitido que él lo hiciera. Él necesitaba expulsar de alguna manera la avalancha de sentimientos fatales que habían invadido su corazón debido al rechazo de sus afectos.

Ella cerró los ojos desde su lugar en el piso para detener mentalmente el flujo de energía moviéndose por el cosmos. Aunque internamente estuviera cayéndose a pedazos, no podía permitir que otra raza fuera aniquilada por su culpa.

De pronto, ambos hermanos salieron disparados de la habitación.

Thor cayó en medio del puente con un gemido mientras su hermano se divertía creando decenas de réplicas de sí mismo para confundirlo. Ella alzó la mano y flexionó los dedos con gracia para enviar una pequeña ráfaga de energía que derribara a Loki de su lugar.

El Dios del Trueno saltó sobre su espalda antes de depositar a Mjölnir sobre el pecho de Loki, evitando que este fuera capaz de levantarse para continuar luchando. Él entrelazó sus dedos con los suyos con delicadeza, acariciando la marca rojiza en su mejilla generada por la mano de su hermano menor. Ambos compartieron una mirada con el fin de determinar la mejor acción a seguir para acabar con la energía del Bifrost perpetuamente, ya que la estructura de la realidad se vería comprometida si continuaba convenciendo al Multiverso de que la energía jamás llegaría a Jotunheim como tal.

— ¡No la toques! —El Dios de la Travesura apretó los puños con rabia cuando Thor se inclinó para besar su frente con dulzura, quien asintió con la cabeza ante la idea tácita brillando en sus ojos grises.

Atenea observó sobre su hombro el cuerpo de Loki antes de apretar los dientes y golpear los brazales de sumisión con fuerza, destruyendo por completo los controles del Puente Arcoíris y parte del camino hecho de cristal brillante.

Ella extendió una mano para sujetar la pierna del hombre que amaba cuando este comenzó a caer directamente a las raíces de Yggdrasil, un lugar donde era casi imposible sobrevivir.

— ¡Yo pude haberlo hecho! ¡Por ti! ¡Por nosotros! —Loki enfocó la mirada en sus ojos grises, sosteniendo el extremo de Gungnir.

—No, Loki—Ella susurró suavemente antes cubrir su boca con una mano cuando él liberó de su agarre lo único que evitaba su caída a través del cosmos.

La diosa guerrera tiró de la pierna de Thor para lanzarlo sobre la sección intacta del puente, cayendo sobre sus rodillas al saber que todo había sucedido por su culpa.


¡Espero sus comentarios!

Debo anunciarles que debido al término de las vacaciones (lamentablemente) y el comienzo de las clases, no tendré demasiado tiempo para actualizar, aunque intentara utilizar mis periodos libres para continuar esta historia.

Josmardata36: Nuevamente, gracias. Como seguramente te habrás percatado, he generado un gran cambio en el marco general de esta historia con relación a la película. Estuve debatiendo durante mucho tiempo si llevar a cabo esa idea o no, pero finalmente decidí que era lo correcto para diferenciarla de "Más allá de la muerte" significativamente. Respecto a tu nueva vocación, debo decirte que el error en los Oscar me pareció bastante similar a lo ocurrido en el concurso de Miss Universo. Al igual que tú, me pareció humillante lo sucedido, aunque sirvió ligeramente para que el equipo asentara los pies en la tierra y dejara de creerse inmejorable. No soy una gran fan de las entregas de premios, pero ese día decidí seguir la entrega debido a la nominación de Doctor Strange. Lamentablemente, el Libro de la Selva terminó ganando el premio a mejores efectos especiales.