De acuerdo, este capítulo no es tan bueno como los otros, por lo que me perdonadme por eso.
Capítulo nueve: Febril agonía
—Cajón abierto —dijo Matthew. El cajón se mantuvo inmóvil.
Estábamos en nuestra habitación más tarde esa noche. Matt nos había estado persiguiendo por lo que hicimos en el baño (aunque le explicamos que fue un accidente) y ahora parecía curioso acerca de si él podía hacer eso también. Así que estaba tratando de hacer "magia" que leyó en un libro mental.
Lea rió.
—Trata de hacerlo por ti misma, si es así de fácil —se quejó Matt. Lea lo miró.
—Cajón abierto —dijo ella. Vi con asombro cómo el cajón se abrió un poco. Lea se volvió hacia Matt con una expresión de triunfo de su cara.
— ¡Te dije que podía hacerlo! —ella se rió— Lo sentí, fue increíble.
—Sí, pero lo que hicisteis en el baño sin duda requiere más magia —dijo Matt. Lea me miró directamente a los ojos.
Suspiré y cerré el libro.
—Mira, Lea —comencé—. Soy mitad Kaiju, pero no soy capaz de hacer magia.
Aún así, esa mirada determinada no desapareció.
—Sé que lo hiciste en el cuarto de baño. Sé que deberíamos intentarlo. Ayúdame —pidió encarecidamente.
No quería hacer nada, estaba empezando a tener un dolor de cabeza y me sentía mucho calor. Suspiré de nuevo, pero obedecí, no obstante.
—Cajón abierto —dijimos ambos al unísono.
Decir que estaba sorprendido sería una subestimación.
Tan pronto como los cajones salieron de sitio, no uno, sino todos los cajones del armario de un tirón, como balas, y no se detuvieron allí. Tenía que agacharme para evitar que uno me golpease.
— ¿Qué... en el sangriento infierno? —pregunté lentamente.
Matt me estaba mirando con una mirada de asombro en su rostro, y Lea, de asombro.
— ¡Fue grandioso! —ella se rió y Matt comenzó a poner las cosas en su lugar.
Mis movimientos habían parecido tan naturales, sin embargo.
—No pude sentir nada, Le —dije.
El rostro de Lea se mostró decaído.
— ¿Estás seguro? —preguntó en voz baja. Asenti.
—No te preocupes, pequeña vidente —no me sentía nada bien ahora. En absoluto.
La voz de mi madre que decía que nos fuéramos ya a la cama interrumpió nuestra conversación. Nos despedimos el uno al otro y luego Lea se fue a su habitación, mientras que Matt y yo nos metimos en nuestras respectivas camas. Estaba completamente agotado, todas las revelaciones de hace unos días hasta ahora debían de estar cobrando su precio en ese momento. Justo antes de que me quedé dormido, sentí una presencia familiar.
Yo estaba de pie en un lugar negro, rodeado de oscuridad. No podía ver, tocar ni oler nada. Estaba solo en ese mundo de oscuridad.
— ¿Dónde estoy? —pregunté en voz alta.
Empecé a caminar, con la esperanza de ver un rayo de luz y encontrar una manera de salir de allí, pero no encontré ninguna. Seguí caminando, con una sensación terrible de cansancio y frío. El silencio estaba sonando en mis oídos, alarmado de que mi respiración era lo único que era capaz de escuchar. Dejé de caminar y me deslice hacía abajo hasta que me quedé sentado. Flexione las piernas y las envolví con mis brazos. Me quedé allí sentado así durante mucho tiempo.
De repente, empecé a sentir un cambio en la temperatura de la habitación. Ya no estaba fría; en cambio, la temperatura había subido hasta que se sintió en un calor confortable. Empecé a entrar en pánico cuando el calor seguía aumentando; me hacía sentir enfermo. Me derrumbé en el suelo, sintiendo una presencia por encima de mí.
— Para, para, ¡PARA! ¡POR FAVOR, YA BASTA! —rogué.
La temperatura bajó un poco, lo suficiente para ser capaz de respirar correctamente. Me puse de pie de forma temblorosa y me di cuenta de que la parte izquierda de mi cuerpo no me respondía.
Sabía que había alguien invisible que me miraba desde arriba. Miré hacia arriba, y la sensación de ser observado regresó.
— ¡¿Quién eres tú?! —grité— ¡¿Qué quieres de mi?! —mis gritos resonarón en la oscuridad.
Todo mi cuerpo estaba entumecido del miedo al oír una risa oscura. El suelo debajo de mí parecía desaparecer.
Negrura, mis gritos, y la frialdad que me rodeaba de nuevo al caer... y caer... y caer...
Aterricé en una habitación blanca. Me di cuenta de que era un hospital. Había una mujer sentada en una cama, además de mí. Tenía el pelo castaño corto y sus ojos...
—Sus ojos son como los mios —soné sorprendido.
Ámbar marrón, exactamente la misma forma. Con un sobresalto, me di cuenta de que estaba viendo a mi madre por primera vez en mi vida. Parecía extrañamente similar a Lea.
—Mamá... —susurré.
Mi madre no parecía capaz de verme. Se movió un poco y me di cuenta de una cosa bastante obvia: su vientre era redondo y enorme. Podía detectar los latidos del corazón del bebé no nacido. De mí. Ella tuvo una contracción y me di cuenta que ese era el momento. Estaba naciendo. La oscuridad me rodeó de nuevo. Vi a mi madre otra vez, y me vi a mi mismo como un bebé. Mini-yo estaba berreando y mirando a esa mujer que me dio a luz. Me acerqué a la cama de mi madre y la miré. Me di cuenta de que estaba completamente inmóvil, mini-yo todavía berreaba.
—Mamá, despierta —susurré, olvidando que era invisible—. Mamá, te necesito —le dije, señalando a mini-yo.
Mis gritos se hicieron más fuertes, y me di cuenta que algo estaba mal. Escuché con ansiedad, pero, para mi horror, no la oía respirar, ni un solo latido cardíacos. Esperé que se moviera, el calor me hería como nunca antes. Algo estaba mal...
Oí el eco de los gritos desgarradores. Ahora era plenamente consciente de lo que estaba mal con mi madre. Fue un descubrimiento tan horrible; un gran sentimiento de pérdida y dolor me atacó. Aunque hayan pasado nueve años, se sentía como si ella acabase de morir hace un momento.
Estaba asustado, no sabía dónde estaba, y mi cuerpo dolía y tenía un calor incluso más asfixiante que antes.
— ¡Vale! ¡Despierta! ¡¿Qué pasa?!
Abrí los ojos y continue gritando.
"Matt —pensé— ¿Cuánto tiempo llevaré gritando?"
No me preocupaba mucho de todas formas, todo en lo que podía pensar era en mi difunta madre tumbada en la cama. Empecé a sentir náuseas, pensé que me pondría enfermo.
— ¡¿Qué pasa?! —escuche las voces de mis padres y de Lea entrando.
Contuve mis gritos, pero no pude contener mis sollozos y gemidos.
—Mamá —llame. El nombre se sentía tan suave, se sentía tan bbien pronunciarlo, por lo que, llorando, lo repetí una y otra vez.
—Cálmate, Vale, estoy aquí —oí a mi madre adoptiva hablar.
Pero esta vez era diferente.
Yo estaba llorando, llamando a mi madre, la que nunca supe que tenía hasta ese momento, la que nunca habría permitido que nada me hiciese llorar... la que estaba muerta. Nunca había tan honda una perdida, hasta ese momento. Sentí que alguien tocaba mi mejilla.
— ¡Oh, Dios mio, está ardiendo! ¡Julian, coge un termómetro! —escuche.
Todo desapareció en una falta de definición de formas indefinidas.
"Yo la maté —pensé con un sentimiento de angustia, sintiendo lágrimas en los ojos de nuevo—. La maté al vivir, yo la asesiné al nacer. ¡Por favor perdóname, mamá! Por favor, perdóname..."
Sabía que tenía que perdonarme por lo sucedido.
Y también sabía, pensé cuando el calor se volvió a apoderar de mí, que me llevaría toda la vida conseguirlo.
¡REVIEW!
¿Puedes creer?
