Magi y sus personajes le pertenecen a Ohtaka Shinobu.


10.

Una maldita rosa. Kougyoku le había dicho que era una rosa, no bastando con su absurdo intento de metáfora anterior. Era como si quisiera hacerlo enojar por lo que él le había hecho, aunque también se veía en su mirar que estaba siendo sincera y neutral. Pero no, se dijo Judar, Kougyoku seguramente buscaba distraerlo para ganar. Seguramente ya tenía algo entre manos y él no iba a dejarla ganar ni salirse con la suya.

Él era el que siempre se salía con la suya.

—¿Por qué soy una rosa? —Le preguntó, con fingida indiferencia.

En el fondo, sentía ferviente curiosidad tanto como molestia. Primero puta, luego durazno y al final rosa. ¿Qué estaba intentando decirle la Ren?

—Porque eres muy lindo, pero hiriente. Eres una hermosa rosa con espinas que lastima si se te acercan e intentan tocarte. Es tu forma de defenderte y lo entiendo —respondió Kougyoku, esbozando una media sonrisa. Su rostro sonrojado sólo la hacía lucir aún más... rara de lo que ya era.

Judar no pudo más que parpadear sorprendido por la respuesta de Kougyoku, sintiendo una extraña sensación nacer en su nariz y propagarse hasta sus mejillas aun en contra de su voluntad. Pero supo controlar esos asquerosos sentimientos desconocidos y desagradables e ignorar esas malditas avecillas que comenzaban a volar a su alrededor con un tono más claro —mierda, ¿acaso estaban poniéndose rosas?— antes de sonreír con crueldad.

Kougyoku se sonrojó aún más.

—Eres un caso perdido, vieja bruja. Te acabo de decir que nadie te quiere y vienes a decirme estas tonterías. ¿Qué te propones, huh?

—¡N-no son tonterías!

—Lo son.

—P-pues tonterías o no acabas de aceptar que es verdad. Es tu turno.

Judar masculló y maldijo por lo bajo, reacio a prestarle atención a su estúpido rukh traicionero. Y se intentó convencer, a su vez, de que no era suyo, sino de Kougyoku. Aunque eso era aún más aterrador e incómodo.

—Eres cristal, vieja.

—¿Cristal?

—Frágil y transparente. Te rompes fácilmente y es obvio cuando intentas esconder algo porque se te nota. Eres un asco mintiendo.

—¡No es cierto! —Chilló la princesa.

—Cómo no.

—¡No soy transparente ni me rompo con facilidad!

—Lo haces. Tenemos a ese rey idiota de ejemplo, a mí, a todos tus hermanos... a ninguno de nosotros nos puedes mentir y se nota a leguas que andas toda chipi pero según tú no es verdad. Hasta Ka Kobun lo sabe.

Kougyoku le miró fijamente con sus mejillas encendidas y sus labios apretados. Judar se rió porque aquel gesto ya le había dicho que tenía razón y no sabía cómo defenderse. Había perdido ante la inminente realidad.

Era su venganza.

—¡Bueno, ya, lo que sea! ¡Me toca!

—Yup~.

—Judar-chan, eres hielo. Eres duro, eres frío e hiriente. Lastimas y hieres si te tocan mucho tiempo o se descuidan contigo, pero... —las facciones de la princesa se suavizaron. Judar supo que su intento de ser ofensiva había sido rápidamente sustituido y eso no le gustó, haciéndose una idea de lo que sucedería a continuación—. Pero puedes derretirte con un poco de calor y ser alguien distinto, alguien menos hiriente, e incluso alguien reconfortante como el agua.

—... ya dime si te gusto y déjate de indirectas —masculló el magi.

La Octava Princesa parpadeó sorprendida, luego confundida.

—Pero si es obvio que me gustas, Judar-chan —respondió la chica, sin comprender sus palabras. En ese momento el significado para ella era distinto para Judar.

El magi le observó en silencio, no sabiendo cómo reaccionar. Sintió que su nariz y mejillas volvían a cosquillear, a quemarse, y sólo después de eternos e incómodos momentos de silencio es que Kougyoku se dio cuenta de lo que había dicho y comenzó a entender por qué el rostro de Judar se veía sutilmente sonrojado.

La chica se sonrojó furiosamente, abriendo la boca y manoteando y chillando, sintiendo que su rostro ardía como jamás lo había hecho. Ni siquiera estando cerca de Sinbad o confesando sus sentimientos al hombre.

—¡No-no es...no es eso! ¡No me refiero a eso! ¡No es...! ¡Judar-chan idiota, deja de malinterpretar mis comentarios! —Gritó, con voz demasiado aguda y chillona, mientras el magi volvía en sí—. ¡E-eres mi amigo! ¡Me gustas como amigo! ¡COMO AMIGO NADA MÁS!

—Ugh, me dejarás sordo.

—¡ES QUE NO ES LO QUE QUERÍA DECIR...!

—Ya entendí —gruñó Judar, cubriendo sus oídos.

El —su— estúpido rukh rosa seguía revoloteando a su alrededor, aunque notó que parecía decaído. Pero se negó a aceptar que la respuesta de Kougyoku fuese la responsable. Él no estaba decepcionado, no se había ilusionado ni le había agradado escuchar aquella confesión que no era confesión. Diablos, no, asco. La vieja era demasiado diferente a él: era chillona, escandalosa, torpe, violenta, ingenua, cariñosa empalagosa, estúpida y confianzuda —y tsundere también— para siquiera agradarle la idea de que ella gustara de él. Más bien se sentía aliviado. Al diablo lo que dijera el rukh, estaba loco.

—¿D-de veras...? —Kougyoku suspiró aliviada, llevando ambas manos a su pecho. Su corazón comenzaba a latir normalmente—. Menos mal. Me sentiría mal de ser rechazada injustamente.

—¿Ser rechazada?

—Me hubieras rechazado si de verdad me gustabas, ¿no? —Preguntó la chica, desviando la mirada. Sus mejillas seguían enrojecidas.

—Ah... sí —Judar le dio por su lado, haciendo un ademan con la mano—. Lo que sea.

—Es tu turno, Judar-chan.

—Eres un capullo*.

—¡Oe! —Le amenazó con el puño, crujiendo los dientes.

—¡De flor, idiota!

—Ah... —Kougyoku se sonrojó, bajando su mano empuñada.

Judar, maldiciendo haber retrocedido al creer que la chica lo golpearía, se volvió a enderezar, cruzado de piernas y brazos.

—Porque eres frágil, inmadura y vulnerable.

—¡Que no soy frágil y tampoco soy vulnerable! —Renegó la Ren.

—Lo eres, mocosa inmadura.

—¡Judar-chan!

—Pero... —Kougyoku guardó silencio, notando que Judar tenía algo más qué decir. El magi torció la mirada—. A pesar de ser un capullo, uno sabe en qué te convertirás. Aunque te falte mucho todavía, mocosa.

—¡No soy una mocosa! ¡Soy una mujer!

—Nah.

—¡Lo soy, Judar-chan!

—Ya tuvimos esta discusión anteriormente. Eres una niña, punto.

Kougyoku se volvió a sonrojar. Judar comenzaba a creer que el rojo en su piel era su verdadero tono...

—¡E-eso...!

—Capullo.

—¡Ugh, eres tan pesado!

El magi se rió, satisfecho de su puchero y su sonrojo y esa actitud defensiva que le gustaba provocar, porque de esa manera no veía a la debilucha, llorona y sentimental chiquilla que intentaba ser —y era— fuerte. Kougyoku manoteó y gritó, diciendo que era su turno, aunque sabía que Judar no estaba escuchándola por carcajearse en su cara.

El magi era un caso perdido.

Pero lo que Kougyoku no sabía era que Judar se reía, además, porque no se daba cuenta de su segunda indirecta y eso seguía siendo hilarante para él. Siempre estaba quejándose de que era malo con ella, pero cuando le decía algún halago o intentaba hacerlo, inmediatamente le veía lo negativo y renegaba.

La princesa era un caso perdido.

—¡Judar-chan, ya deja de reírte de mí! —Rugió Kougyoku, apretando los labios.

Lo cierto era que no quería reír también, pero la risa de Judar era contagiosa. No había nada en el Imperio que amara más que la risa de Judar, que disfrutar de su presencia y estar juntos aunque fuese para montar su espectáculo de abusivo-abusada que tan característico se había vuelto en ellos dos. Pero en esos momentos no debía demostrar algo que ya se sabía porque temía que se volviera a malinterpretar.

Después de carcajearse hasta llorar, el magi tomó aire, acomodándose plácidamente sobre el pasto, con una de sus manos en la cintura y la otra sirviendo como recargadera para su mejilla, viendo a la chica con una media sonrisa. Kougyoku recordó que aquella pose le había metido en líos días atrás y se sonrojó furiosamente por ello. Era inevitable no pensar en que Judar era demasiado seductor consciente e inconscientemente.

Debía ser muy cotizado entre las chicas. Ugh, qué bueno que sólo era su amigo. No podría imaginarse viviendo celosa de todo el que se le acerca... oh, aguarda... Kougyoku se sonrojó aún más, mientras el magi ronroneaba contento con sus expresiones y su monólogo interno. Realmente no se cansaría de verla sonrojarse y debatirse internamente pensamientos demasiado obcios y transparentes.

—Tu turno~ —volvió a ronronear.

Kougyoku pegó un salto, cubriéndose la cara, pero no tardó en mirar al magi, parpadeando sorprendida. ¿Realmente estaba ronroneando? Bueno, no exactamente un ronroneo, pero... era como si...

—Judar-chan, eres un gato —dijo en automático.

El magi dejó de sonreír, viéndole con severidad.

—¿Primero puta y ahora gato?

—¡N-no en ese sentido! ¡Y-y te dije gato, no gata!

—Es la misma mierda.

—¡No, no lo es! —Kougyoku tomó aire, no deseando dejarse llevar de nuevo por el calor del momento. Las discusiones con Judar, desde su regreso al Imperio, casi siempre terminaban en llanto. Ya no quería seguir llorando frente a él, al menos por un día—. E-eres un gato porque parece que ronroneas cuando... cuando estás feliz. Y... y porque, aunque tengas dueño, haces lo que quieres y nadie te detiene. T-tienes a todos en la palma de tu mano cuando debería ser al revés y... y por eso eres un gato.

—Yo no tengo dueño.

—Es un decir.

—Y odio las ratas.

—Lo sé; mataste a mis hámsters en cuánto tuviste la oportunidad —le reprochó, recordando con tristeza a Gyo, Ju y Bun, que en paz descansaran en el cielo de los roedores—, pero eso es otra cosa que hacen los gatos.

Judar suspiró, viéndole con frialdad. Kougyoku no supo si estaba enojado, si ya no quería discutir o si, por raro que pareciera, estaba actuando con madurez.

—Eres un cerdo, Kougyoku.

—... ¡¿Q-QUÉ ME DIJISTE?!

—Cerdo.

—¡NO SOY UN CERDO!

—Eres rosa, estás gorda y...

—¡No estoy gorda! —Chilló la princesa.

—Eso crees tú —se mofó él, superando su reciente coraje.

—¡Pues tú eres un cuervo! ¡Negro y feo y de graznido irritante!

—¡Perra!

—¡¿Perra?! ¡¿C-cómo te atreves a decirme perra?!

—Porque eres una perra —contestó Judar, con cinismo.

Kougyoku crujió los dientes, saltándole a la yugular. Judar se defendió a cómo pudo, comenzando a rodar por el patio, gruñéndose, siseándose, arañándose la cara y mordisqueándose.

Ahora sí eran una perra y un gato.

Kouha se rió por el pensamiento, viendo al magi y a la princesa chillar por las mordidas y arañazos, mientras se maldecían e insultaban a diestra y siniestra.

Koumei se detuvo en su caminata, viendo a Judar y Kougyoku rodar por el suelo, no tardando en dirigir su somnolienta mirada a Kouha. El muchacho le sonrió.

—Están jugando.

—Se están insultando.

—Es un juego muy severo.

—Ah...

Koumei se quedó contemplando la disputa por un rato, escuchando las palabras con sorpresa; jamás se imaginó que Kougyoku pudiera ser tan... Judar. Kouha se partía de la risa por el ingenio de los dos.

—¡Bruto!

—¡Zorra!

—¡Imbécil!

—¡Llorona!

—¡Abusivo!

—¡Inútil!

—¡Vulgar!


Capullo también puede significar imbécil y semejantes*.

Como aclaración, lo de los hámstercitos Gyo, Ju y Bun está inspirado en un doujinshi cortito que vi en Pixiv/Tumblr, sólo que aquí Judar los mata porque es Judar xD. Quizá haga un one-shot sobre eso porque es buen material para la OTP.

En fin, me he divertido bastante con este capítulo. Siento que no importa qué tan "princesa bien portada" sea Kougyoku, con Judar es inevitable no perder los estribos (hay omakes que lo validan) y más aún si le da justo en su vanidad (?). ¡Así que espero les guste!

Ahora, Joa, ¡qué bueno que te encante el fic! Me alegra saber eso, de veras (como plus, no creo que aquí haya más Kouha/Kougyoku, aunque me tientan esos dos también asdahf, so, en otro fic estoy metiéndole tantito pero muy sutil) y bueno, ¡he aquí la continuación!

No te preocupes Blue Kirito, espero que todo esté bien y la razón de no haberte conectado antes se resolviera.

Y como último, agradezco a Menuulti; me sorprendí con las notificaciones de que me agregó a Autor Favorito, me siguiera a mí y a mis fics y que los agregara a favoritos Casi me daba un patatús asdhaskf.

¡Hasta la siguiente actualización!