Capítulo 10: EL TRADUCTOR SEXY
"And I know someday that it'll all turn up
You'll make me work so we can work to work it out
and I promise you kid that I'll give so much more than I get…
I just haven't met you yet…"
(Haven't Met You Yet-Michael Bublé)
***
-¡¿QUE EDWARD TE BESÓ?! -gritó Alice, mientras escupía la coca cola.-¿Y TÚ LE CORRESPONDISTE? ¿EN QUE ESTABAS PENSANDO MALDITA DESQUICIADA? ¿ES QUE NO TIENES DOS DEDOS DE FRENTE O QUE TE PASA? SI ROSE NO ESTUVIERA DELANTE, TE JURO QUE TE…
-Queríais saberlo –me encogí de hombros- Sólo me he limitado a deciros los hechos.
Nos habíamos reunido en mi casa en una urgente tertulia de chicas. Habíamos puesto un par de películas sangrientas y con unas cuantas cabezas cortadas, del tipo que le gustaban a Rosalie, cosa que me parecía de lo más raro, ya que era la persona más dulce sobre la faz de la Tierra. Según ella "son películas que no puedo ver con mis niñas, así que las veo con vosotras". Alice y yo nos limitábamos a comer golosinas y beber refrescos.
Mis amigas me miraban como si estuviera loca. Sabía lo que parecería desde fuera, pero ellas estaban felizmente casadas. No podían comprenderlo.
-A ver, déjame que entienda –Rose se acarició las sienes- Besaste a tu ex, del que te confiesas todavía enamorada y después conoces al traductor sexy de la editorial competidora y también le besas…
-¡Sólo le di un inocente besito en la mejilla!
-Y luego te largas de la fiesta –siguió, haciendo caso omiso de mi interrupción.- ¿Eres masoquista, tía? Y lo más loco… ¡Ni siquiera le pediste el teléfono!
-Supongo que no me di cuenta en ese momento. De todas formas, no creo que lo vuelva a ver…
-¿Y por qué has desperdiciado la oportunidad de conocer a ese chico? –preguntó Rosalie
-No lo sé.
-Estás…loca…-dijo Alice con ojos asesinos.-Mira, pequeña descerebrada, solo te lo diré una vez: aléjate de Edward. Te hizo daño y te destrozó, acuérdate de cómo estabas cuando se marchó. Si no llegamos a tu casa a tiempo, no estoy muy segura con lo que nos hubiéramos encontrado, Bella. –Suspiró- Nunca te he visto peor, y eso que te conozco de toda la vida. Grábatelo, por favor, tienes que poner distancia.
-Ya lo sé, Alice, ya lo sé…
-Haznos caso, cariño –dijo Rosalie, cogiéndome de las manos- Los hombres en general nos tratan como si fuéramos juguetes. Cuando se dan cuenta que no nos pueden tener, entonces es cuando más insisten. Edward no es la excepción, por muy bueno que esté.
-Sé que Edward no es buena persona –suspiré- pero no puedo evitar la atracción que siento por él. Dicen que las mujeres nos fijamos en los chicos malos, y supongo que es verdad…
Aún me acordaba de James, el macarra de mi clase del instituto. Solía sentarse al final de la clase, con las piernas casi siempre por encima de la mesa, sin abrir un libro y soltando todas las groserías que se le ocurrieran. Todas las chicas estábamos enamoradas de él en secreto, incluso Alice, y yo sentía una extraña fascinación hacia aquel golfillo que se metía en líos continuamente. Una vez incluso había sido expulsado por robar dinero del bolso de la profesora de lengua. Me preguntaba qué había sido de él.
Acuné mi cabeza entre mis rodillas. Odiaba estar en esa incómoda situación, pero en asuntos del corazón nadie podía estar a salvo de nada. Aún seguía enamorada de él y no podía evitarlo.
-Bueno, cuéntanos algo del traductor. ¿Está bueno? ¿Tiene las manos grandes? Porque dicen que los hombres con manos grandes son mejores en la cama.
Me reí. Alice siempre sabía que decir para levantarme el ánimo.
-Pues no me fijé en sus manos, la verdad. –Alice chasqueó la lengua- Pero era un cielo, hasta me prestó su chaqueta porque estaba muerta de frío.
-¡Oh, qué mono! – Dijo Rosalie- Lástima que no sepas como ponerte en contacto con él…Espera un momento…-la chica abrió mucho los ojos- ¡Tengo una idea! ¿Por qué no lo llamas a su trabajo?
-¡¿Qué?! ¡¿Estás loca?! –grité. Definitivamente, mi amiga se había vuelto chiflada.
-¡Qué buena idea, Rosie!- Alice aplaudió con sus manitas. -¿Qué tiene de malo? Sabes donde trabaja, su empresa, su puesto de trabajo…Yo misma te conseguiré su número en Internet, si quieres.
-Y podemos hacerle una visita, también –siguió Rose- Podemos observar sus movimientos y espiarle. Tengo un amigo que trabaja en la policía, creo que podremos saber si tiene antecedentes.
-¡Si! Y también podríamos ver donde vive, ¡hasta entrar en su casa! Jasper tiene un primo que es cerrajero y creo que podría hacernos un favor si…
-¡Ya está bien, chicas! Nadie va a espiar a nadie –miré a Rosalie, quien agachó la cabeza- Y por supuesto, nadie va a entrar en casas ajenas –miré a Alice, pero ésta ni se inmutó. -Eso ya es pasarse de la raya, y no voy a permitir que atormentéis al pobre David.
-¡Pero es que tu no haces nada, Bella! –gritó Alice- ¡Puede ser el hombre de tu vida y tu vas a dejarlo pasar!
-Si fuera el hombre de mi vida, encontraríamos la manera de vernos de nuevo. Dejad de flipar, por favor, y vamos a ver la película.
Yo me giré a ver la película mientras engullía mi bol de palomitas. Cada una estaba sumida en sus propios pensamientos, de modo que casi no hicimos caso de la película. Una vez acabó la noche, Rosalie y Alice se marcharon, sin dejarme de insistir en que debía llamar a mi famoso traductor.
***
Los días seguían pasando, y ya estábamos en enero. Las vacaciones de Navidad habían acabado, de modo que no quedaba otro remedio que volver al trabajo.
No había vuelto a ver a Edward desde la fiesta y me sentía feliz por ello. Tampoco volvió a salir con nosotros, cosa que agradecía profundamente. Lo último que me apetecía era tener que enfrentarme a miradas incómodas y tensas. De todas formas, no sabría que decirle.
Me encontraba en mi despacho, sumida en la edición de la novela más rosa jamás escrita. "Menos mal que sólo me quedan un par de capítulos" pensé. Cuando estaba a punto de vomitar, sonó el teléfono. Lo cogí al primer toque, agradecida por la interrupción y dispuesta a hacerle un bonito regalo a quien se había acordado de mí tan oportunamente. Era Rosalie
-Hola, cariño, ¿Cómo estás?
-¡Rose!
-No interrumpo nada, ¿verdad? –la voz de Rosalie sonaba con verdadera ansiedad.
-No, claro que no.
-En realidad te llamaba para pedirte un favor. ¿Tienes algún plan para esta noche?
-No, todavía no, ¿por qué?
-¿Te importaría quedarte con las niñas? Emmet y yo tenemos una reserva para cenar esta noche, por nuestro aniversario, ya sabes, y la canguro nos ha fallado.
-Claro que sí, Rosie. Ya sabes lo bien que me lo paso con las niñas. –era totalmente cierto. En realidad, me gustaban más los niños que los adultos…-No hay ningún problema.
-¿De verdad? Se lo pedí a Alice y al parecer tiene una cena con los padres de Jasper, o algo así….¿No te importa, verdad?
-¡Claro que no!
-Oh, Bella, ¡Eres un ángel!
Me reí. La verdad es que estaba encantada de hacer de niñera de mis "sobrinas". Eran unas niñas muy buenas y no daban ningún problema. No tenía ni idea de cómo lo hacían sus padres, pero eran bastantes responsables para ser tan pequeñas.
-No te preocupes, Rosie, estoy encantada. Bueno, ¿y a dónde vais a cenar?
-Vamos a la "Tour d'or". Tenemos una reserva desde hace más de un mes y es la primera vez que vamos allí.
-Vaya, estoy impresionada…
La "Tour d'or" era el restaurante francés más caro de la ciudad en el que una simple ensalada podía costar unos 30 dólares. Generalmente todos los que iban allí solían ser gente de dinero como abogados o médicos. Sólo había ido una vez, cuando Edward y yo habíamos cumplido un año de noviazgo.
-¡Sí! ¡Estoy deseando ir! De acuerdo Bella, pues te esperamos sobre las 8, ¿vale? Las niñas suelen irse a dormir sobre las 10, así que no te darán mucha guerra. Gracias otra vez, cariño. Te quiero.
-Te quiero.
Justo cuando colgué, escuché unos golpecitos en mi puerta. A continuación, Jessica entró muy sigilosamente, llevando una docena de rosas rojas en sus manos. Yo la miré, perpleja.
-¿Qué demonios es esto, Jess? –dije, mientras mi secretaria dejaba el ramo en mi mesa.
-Esto es para ti, Bella. Alguien te debe querer mucho.-contestó con una sonrisita picarona
-Pero…¿De quién es?
-Ni idea, pero tienes una tarjeta.
Me fijé que entre dos rosas había una pequeña tarjeta de color rosa. La abrí y la leí:
Para la editora más guapa del mundo. Espero verte pronto, mi bella flor
David
Esto si que no me lo esperaba. ¿David? ¿El traductor sexy se acordaba de mí? Eso sí que era una sorpresa…
-Vaya…
-Bella, te has puesto roja como un tomate –dijo Jessica, riéndose a carcajadas.-¿Quién es el afortunado?
-Bueno, es alguien que acabo de conocer…
-Pues es bastante amable.
-Sí, supongo…
Jessica volvió a reírse, y a continuación, abrió la puerta y se marchó. Mi teléfono móvil volvió a sonar. Miré el número, pero era desconocido.
-¿Dígame?
-¿Dónde está mi editora favorita? –dijo una voz masculina. Me resultaba familiar, pero no podía decir quien era.
-¿Quién es?
-¿Así es cómo tratas a la gente que te evita una enfermedad tan grave como una gripe?-se río y enseguida le reconocí. Mi estómago dio un vuelco.- ¿Sabes que hace sesenta años la población moría de una simple gripe?
-Vaya, vaya, vaya, Dave… ¿Siempre te haces el listillo con las chicas que conoces o solo lo haces conmigo? –ambos reímos.
-Sólo contigo, Bella –contestó divertido- ¿Cómo estás? ¿Interrumpo algo importante?
-Ahora mismo acabo de recibir tus rosas.-dije, sonrojándome de nuevo- Son preciosas, no tendrías que haberte molestado.
-Tonterías. Tendría que habértelas entregado en persona.
-Muchísimas gracias, en serio.
-No ha sido nada, sólo quería que supieras que me acordaba de ti.
-Me ha encantado. Oye, pero ¿Cómo has conseguido mi número de teléfono?
-Ha sido fácil. Mi jefe es el mejor amigo del tuyo, de modo que sólo le he tenido que preguntar y voilà! Mencionó algo sobre un novio tuyo en la fiesta de Navidad y amenazó con llamar a la policía –nos reímos- Supongo que tendré que hacerle un poco la pelota.
-Eric es un verdadero encanto, pero está completamente equivocado. Edward no es mi novio. Es…bueno, es una historia bastante larga en realidad. Y bastante dramática.
-¿Qué tal si me la cuentas esta noche?
-¿Esta noche?
-¡Si! Podríamos salir, ir al cine, cenar, jugar a las cartas, a los bolos…Lo que te apetezca. Tú pide por esa boca.
Me reí. Aquel chico no perdía el tiempo. Me pregunté que pensaría Rose si dejaba plantada a sus hijas, ya que había prometido cuidar de ellas aquella noche.
-Me encantaría salir contigo, David, pero esta noche tengo una cita con las hijas de mi mejor amiga. Le prometí hacer de canguro y no creo que pueda escaparme.
-Si quieres puedo acompañarte, me encantan los niños. Tengo tres sobrinos que son unos verdaderos demonios y dicen que soy el único que los mantiene a raya, ¿Qué me dices? Tú, yo, las niñas y una buena película de Disney sería una buena combinación.
Lo pensé durante un instante. Aquel chico era un verdadero encanto y tenía muchas ganas de conocerlo mejor, pero no sabía lo que dirían Rosalie y Emmet sobre meter a desconocidos en su casa mientras estaban fuera.
-Es una idea estupenda, de verdad, pero tengo que consultarla con mi amiga. Es su casa y no quiero que se sienta incómoda. Te llamaré luego, ¿Vale?
-Claro. Eres una buena amiga, Bella. Hasta luego.
Llamé a Rosie. Enseguida se puso loca de contenta y empezó a parlotear
-Ni siquiera tienes que pedirme permiso, Bella, ya sabes que estoy deseando que conozcas a un hombre y te lo lleves a la cama, aunque te agradecería que no lo hicieras delante de las niñas. Ya han pillado a sus padres varias veces y no quiero tener que pagar más consultas de las necesarias al psicólogo, Bella…
-Para el carro, tía. No voy a acostarme con él, ni siquiera creo que sea una cita de las de verdad. Sólo vamos a cenar con las niñas y luego ver una película infantil. No creo que el sexo esté presente en la velada.
-Vale, vale, como quieras. Te espero a las 8, y tráete a tu traductor sexy. Te quiero.
***
Habíamos quedado en el hotel donde nos conocimos la noche del baile de Navidad. Estaba cerca de casa de Rosalie y Emmet, de modo que me parecía muy buena idea.
Yo estaba tan nerviosa que casi no podía respirar. ¿Qué tenía de especial aquel chico que me ponía tan histérica? Y sobre todo, ¿Dónde quedaba Edward en todo esto? Decidí no preocuparte por él aquella noche y concentrarme en David.
Me vestí de forma muy sencilla. Unos vaqueros y una camiseta de manga larga de color verde. No era una cita propiamente dicha, de modo que no tuve que preocuparme en decorarme mucho. Total, sólo íbamos a estar con las niñas.
Cuando llegamos a casa, Rosalie y Emmet nos esperaban. Después de darme las instrucciones necesarias, se marcharon, no sin antes dirigirme una mirada significativa que no entendí muy bien.
-¡Tía Bella! -Gritó una de las gemelas, Ellen.
Ambas corrieron hacia mí y me abrazaron.
-¡Niñas! ¡Me alegro muchísimo de veros! Dejad que os mire –me separé de ellas.
Las crías estaban vestidas con un pijamita de color rosa y sonreían de oreja a oreja. Eran tan iguales que a primera vista no parecía haber ninguna diferencia entre las dos, pero una vez te acercabas y veías sus caritas eran muy distintas. Ellen llevaba su pelo rubio recogido en dos trenzas, mientras que Sharon lo llevaba suelto en una diadema del mismo color que su pijama. Se acababan de dar su baño y estaban preciosas, no podía creerme que estuvieran tan mayores.
Recordaba el día que nacieron como si no hubiera transcurrido más de un día, y habían transcurrido ya cinco años. Emmet me había llamado al trabajo hecho un manojo de nervios y yo había salido disparada hacia el hospital. Fueron las dos horas más largas de mi vida mientras Alice, Jasper y varios familiares aguardábamos en la sala de espera. Luego, Emmet salió muy sonriente y, vestido con bata y gorro verde, nos dio las buenas nuevas. A continuación se desmayó ante nuestra atónita mirada. Era normal y comprensible: habían sido nueve meses muy duros en los que las horas de sueño habían escaseado y el estrés había hecho mella en el recién estrenado papá.
-¡Dios mío pero os da vuestra madre de comer! ¡Habéis crecido muchísimo desde la última vez que os vi!
-Mamá dice que las verduras tienen vitiminas que nos hacen crecer –dijo Sharon- pero saben muy mal, tía, y huelen como cuando papá se tira un pedo.
David y yo nos echamos a reír. Era lo bueno de ser niño, siempre podías decir justo lo que pensabas. Las niñas se fijaron en David.
-Chicas, este es Dave, es un buen amigo mío. Estará con nosotras esta noche, ¿os parece bien?
-Claro que sí –dijo Ellen, dándole un beso en la mejilla a David, y sonriendo pícaramente- Mamá dice que estás muy bueno y que eres el que va a hacer que tía Bella sienta la cabeza.
David se sonrojó y yo tuve que mirar hacia otro lado para evitar reírme. Tendría que tener una charla muy seria con esos dos demonios.
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Hola! Bueno he vuelto a subir el capitulo xq habia bastante confusion de personajes y ya lo he corregido (creo) Al principio David iba a hacer Jacob, pero decidi q mejor q no, Jacob aparecera mas adelante!!! Muchas gracias por avisarme!! Besazos
;);)
