Éste fic está dedicado a mi queridísima Parabatai, Chia :3

Las características especificadas son las siguientes:

Pairing: Mimato, hijo. Yamakari (en el resumen entenderán)

Características: Pese a que Yamato se negaba, Hikari quería ser madre (Sí, lo que se habló en el grupo Yamakari). El embarazo es complicado porque Hikari es demasiado pequeña y el bebé grande. Yamato tiene que elegir entre uno y otro. Hikari no le va a perdonar que no eliga al bebé, así que el bebé es quien deciden salvar. Yamato, dada su experiencia con su padre y viviendo solo, va bien con el hijo, pero las noches y el trabajo empiezan a poderle. hikari empieza a aparecer por las noches y el bebé va a mejor, pero Yamato se da cuenta de que su hijo necesita una madre. No quiere que crezca sin conocer ese placer como él. Va buscando candidatas y para ello, pide ayuda a Mimi. Lo que no sabe es que la candidata la tiene delante hasta que la ve interactuar con su hijo.

Género: Romance/Hurt/confort


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Capítulo 10:

«La valentía del alcohol»

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Hacer planes de vida, metas personales y profesionales es lo que mueve el espíritu de toda alma joven de diecinueve años como lo era para Mimi Tachikawa, pero todos esos sueños podrían verse en peligro cuando algo no sale conforme a lo planeado.

Un embarazo, por ejemplo.

Diecinueve años y un embarazo de dos semanas la hicieron tener emociones contradictorias. Miedo, frustración, inquietud, pero había algo más cuando se miraba al espejo. Desnuda frente a su reflejo, sus manos encontraban camino hacia su vientre aún plano, preguntándose cómo se vería cuando los meses se anidarán en su barriga y la abultaran. Solía ponerse de perfil e inflar la panza para ver una simulación de su futuro, al principio lo primero que podía hacer era quejarse de las prendas que no le quedarían, pero conforme iban pasando los días, la misma sesión frente al espejo terminaban en risas tontas, risas de enamorada.

Quizá no sea tan mala idea el ser madre.

O eso pensó hasta que decidió contárselo a su novio y padre del niño o niña que llevaba dentro.

No, no era Takeru. Ella había dejado Japón apenas terminó la preparatoria e iniciar con su estudio en gastronomía universal en una de las universidades más prestigiosas de Nueva York. Con contactos amigos, terminó quedándose con un amigo de infancia, Michael Borton. Amigo que terminó convirtiéndose en algo más.

Amigo con derecho, novio y seguidamente, padre. ¿Quién lo diría? Pues Michael no podía procesar correctamente los hechos. Había dado vueltas al asunto y la sola idea lo aterraba. Lo primero que pensó fue en sus padres, en la decepción que sentirían de verlo ser padre antes de los veinte años y sin ningún título que lo respalde. Mimi trató de mantener la compostura, pero era pedirle mucho a Michael.

Él no la apoyaba y ella tampoco se lo iba a rogar. Tomó sus cosas esa misma noche y fue a pasarla en un motel mientras ordenaba sus pensamientos.

Sentada al borde de una cama desconocida a media luz, sus manos no se separaban de su rostro mientras intentaba pensar en qué hacer. No había pensado en sus padres hasta que Michael lo mencionó y supo que no podía juzgarlo antes de tiempo, porque sus padres tampoco recibirían tal noticia cual regalo de navidad.

Lloró toda la noche, aferrándose a lo único que creía suyo, sus sueños acunados en su vientre. Sus padres no la aceptarían tampoco, era un hecho.

Lloró toda la noche, aferrándose a su vientre, mirando en su teléfono las horas pasar. Eran las tres de la mañana cuando un nombre cruzó su mente y supo que aún había una última salida.

Takeru Takaishi al finalizar sus estudios de preparatoria, se marchó a París para vivir un tiempo con su abuelo materno, cuidarlo mientras estudiaba letras y buscaba cumplir sus sueños para ser escritor.

Con siete horas de diferencia, ella recostada en un motel sin nombre y él bebiendo un café con crema y un croissant frente al Senna. No necesitó explicarle mucho, él le tendió una mano cuando no tenía a nadie y era lo que más amaría de él.

Podremos solucionarlo, no temas. Eran las frases que solía decirle cuando ella se sentía abatida. La esperanza de Takeru fue lo que la mantuvo en alto cuando creyó que caía.

La sorpresa en el Takaishi como en su abuelo fue grata cuando ella llegó y les contó sobre su embarazo. Mimi contó internamente el tiempo que le tomó al rubio procesar la información y fueron sólo dos segundos antes de abalanzarse sobre ella para abrazarla y decirle que nada le faltaría a Mimi Jr., porque su tío Takeru estará para él o ella.

Eran las hormonas, quizá, pero lloró sobre su amigo como una niña, lloró de alivio porque sentirse rechazada era lo único en lo que era buena en los últimos días. Él alistó un cuarto en la vieja casa de Michael Takaishi, era sólo un depósito de cosas antiguas que a su abuelo le gustaba conservar, fue un depósito antes de que Mimi llegara y volcara su toque personal para hacerlo una verdadera habitación.

─No es por alardear, pero tienes la mejor habitación ─Dijo Takeru cuando terminaron de remodelar el sitio para ella─. Mira la vista que tienes. ─Y no mentía. Cuando Takeru corrió las cortinas, una imagen no tan lejana de la Torre Eiffel la saludaba como si estuviese erigida allí sólo para ella.

Ella no tenía palabras, estaba atónita contemplando la belleza que se levantaba frente a sus ojos mientras Takeru disfrutaba ver esa admiración en su amiga.

Los meses transcurrieron entre antojos y citas médicas, todas ellas bajo el entero silencio de los Takaishi hacia sus demás conocidos, todo por pedido de Mimi. La castaña se había vuelto la malcriada de la casa, recibiendo dulces de Michael y películas parisinas viejas que Takeru la hacía ver cada noche antes de dormir. Él solía subir hasta su cuarto, traía dos colchas y edredones para cubrirse mientras las cintas corrían en su laptop. Aunque Takeru no lo dijera, era un romántico empedernido, Mimi lo supo con los dramas antiguos que adoraba leer y ver.

─¿Cómo piensas llamarlo? ─Era una de las preguntas que solía hacerle llegada la noche y ambos yacían recostados junto al otro.

─¿Cómo estás seguro que será "él" y no "ella"? ─Respondía siempre Mimi. Él reía y la abrazaba.

─Es mi sexto sentido de tío favorito ─Era su respuesta favorita─. No me molestaría que se llame Takeru.

─¿Qué me darás a cambio?

─¿Amor? ─Ella reía por sus comentarios porque sabía que estaban cargados de gracia.

Pero el tiempo es incierto y la cercanía peligrosa. Eso bien lo sabía Mimi.

Los tres meses afloraban y su barriga estaba más notoria. Takeru adoraba capturarla en fotos de todos los ángulos, ella reía mientras hacía sus poses favoritas. Michael solía mirarlos y muy dentro suyo recordaba lo que era estar enamorado, temía por el corazón de esos jóvenes porque no todo salía conforme a los planes. Eso bien lo sabía Mimi.

Fue una noche de otoño que, ambos acurrucados en la cama de Mimi, mirando películas, Takeru dirigió su mano hasta la barriga de su amiga y la acarició con suavidad. Ella lo miró de soslayo, estudiándolo en silencio. Ninguno dijo nada por un momento hasta que algo los interrumpió.

Un ligero movimiento, un golpecito desde el interior de Mimi los hizo ponerse erguidos y mirarse como si el mundo temblara bajo ellos. Sus sonrisas comenzaron a florecer y las risas no tardaron en estallar, Takeru siguió acariciando su barriga y el movimiento dentro se hacía más notorio. El rubio levantó sus ojos hacia su amiga y la preocupación de verla lagrimear, borraron su sonrisa inicial.

─¿Mimi?

─No es nada ─Dijo ella, secándose las lágrimas caídas por su mejilla, avergonzándose de sí misma─. Es sólo la emoción, supongo… Y las hormonas. Malditas hormonas.

─Todo estará bien ─Respondió Takeru, enderezándose a su lado─. Me encargaré de ello.

Las hormonas, la emoción o quizá la cercanía fue el detonante para que sus labios se encuentren esa noche y den inicio a la travesía que los vincularía como algo más que amigos. Él la tocaba con delicadeza, como si estuviese hecha de cristal y ella sólo quería destrozar su playera para sentirlo más profundamente. Esa noche fue la primera de las muchas que terminaron enrollándose juntos.

Su romance parecía la primavera eterna pero no era más que un periodo efímero, un periodo de cuatro meses más para que todo se derrumbara frente a ellos.

Mimi cumpliría los siete meses cuando, una noche, algo no andaba bien. Fuertes dolores la despertaron de su sueño, fuertes dolores y la sensación húmeda entre sus piernas. Gritó de horror cuando se dio cuenta que lo que empapaba las sábanas era su propia sangre.

Takeru llamó la ambulancia y la trasladaron al primer hospital cercano. Mimi se retorcía del dolor y la desesperación y él no sabía qué hacer. ¿Quién lo culparía? Eran simplemente dos niños de dieciocho y diecinueve años.

Recordar esas fechas siempre generaba un malestar indescriptible en ella, por más que hayan pasado ocho años, ella lo sentía como si fuese el día anterior. No había día que no recordara el haber visto toda esa sangre saliendo a borbotones de ella y la sensación desgarradora de que su hijo moría poco a poco.

Cuando despertó al día siguiente, luego de la anestesia, vio a Takeru sentado con la cabeza entre las manos y quiso saber por qué. Recobrar el conocimiento y ver que ya no traías la barriga abultada de antes, en su lugar, había un vendaje que le recordaría por siempre lo que no pudo ser. Takeru trató de calmarla, pero ella no cabía del llanto y la desolación. Le dijo cosas horribles y lo echó de su habitación mientras ella sufría.

Siempre se sentiría culpable por haber tratado mal a Takeru ese día, pero lo único que tenía en su mente era la imagen borrosa de cómo quitaban a su hijo no nato de sus entrañas. Fueron los días más difíciles para ella, días en que no dormía por miedo a recordar en sueños lo que vivió, algo irónico porque consciente seguía maquinando las mismas imágenes que evitaba.

Cuando le dieron de alta, Takeru fue a buscarla para llevarla nuevamente a la casa de Michael, no se dirigieron palabra en todo el camino y eso estaba bien para Mimi, quien sólo se limitaba a asentir o negar.

La primera oración que pronunció tras aquel suceso fue el último día que estuvo en París.

─Regresaré a Odaiba. ─No fue una consulta, Takeru lo supo a juzgar por el estado en el que se encontraba, tampoco quiso contrariarla─. Gracias y perdona todo lo que te he hecho pasar.

─Mimi, no…

─Debo irme. Pedí un taxi y vendrá en un rato. ─Ella no estaba para más palabras, sólo quería volver a casa así tenga que enfrentar el yugo de sus padres, así tenga que ser juzgada o criticada. Ella sólo quería alejarse de todo lo que alguna vez la llenó de alegría y ahora era recuerdo del dolor.

Mimi levantó sus ojos hacia Yamato quien sólo podía observarla en silencio, atónito por toda la información que recibía en ese momento. Necesitaría más de dos copas de vino para lograrlo, pero allí estaba, sentado junto a la persona que creía conocer más que a nadie, confesándole lo menos esperaba que le haya sucedido.

─¿Por qué nunca me lo han dicho? ─Preguntó Yamato en un momento de lucidez.

─Cuando regresé, lo último que deseaba era recordarlo. Saber que mi útero tenía un problema y que no podría concebir sin que terminase en un aborto espontáneo, era suficiente como para dejar toda ilusión atrás. ─Yamato asintió, comprendiendo sus razones─. Takeru se mantuvo en París por un tiempo más, arreglamos las cosas y tratamos de que la amistad siguiera presente. Mi depresión post-parto fue lo que me impidió avanzar. Si no fuera por Hikari, yo…

─¿Hikari? ─Preguntó Yamato, confundido.

─Lo había olvidado. Cuando regresé, la primera persona que fue a visitarme fue ella. ─Mimi sonrió─. Quizá Takeru le comentó algo o eran sus poderes de empatía lo que la hicieron aparecer una tarde frente a mi puerta, trajo galletas y una tonta excusa para verme.

─Tampoco me había dicho nada… ─Susurró para sí mismo.

─Le pedí que guardara silencio hasta que yo esté lista para afrontarlo. Unos meses después, nos enteramos que ella estaba embarazada y la primera en saber fui yo ─Respondió Mimi con una sonrisita divertida─. Ese día, ella se quedó a dormir en mi departamento y hablamos toda la noche, le conté mi experiencia y ella me hizo sentir un poco mejor.

─Me siento indignado con mi propia esposa ─Siguió diciendo Yamato, haciendo reír a Mimi─. ¿Cómo que te contó la noticia primeramente a ti? ¡Yo soy el padre de Hotaru!

─Y yo la tía favorita, vete haciendo a la idea, cariño. ─Mimi besó su mejilla, haciéndolo sonrojar de la vergüenza─. Ahora ya sabes mi historia, mi verdadera historia y la de tu hermanito menor. ¿Cómo lo vas digiriendo? ¿Necesitas más vino?

─No preguntes, sólo tráelo. ─Mimi sonrió y se levantó de su asiento para ir a la cocina para recargar sus copas. Yamato se mantuvo pensativo, intentando procesar toda la información recibida en una noche cuando algo cruzó su mente─. Mimi ─Ella le hizo saber que lo escuchaba desde la cocina─, ¿fue niña o niño?

Mimi se aproximó hasta el umbral de la cocina para mirarlo con extrañeza, bajó la mirada hasta las copas de vino.

─Acompáñame un momento, Yama.

Él no necesitó otra invitación que esa para ponerse de pie y seguirla al interior de su habitación aún sin saber muy bien qué encontraría. A esas alturas, podía esperar cualquier cosa.


La noche en Tokio llegó luego de que el primer tramo de visitas había finalizado para los estudiantes de primaria. El hotel los esperaba nuevamente y Hotaru no pensó mucho en llamar a su padre, ella sabía que para él era importante saber que ella estuviese cómoda con sus compañeros y aunque lo intentaba, muchas veces seguía sintiéndose fuera de lugar.

La pequeña niña de siete años se recostó en la cama que le correspondía, mirando el techo, intentando conciliar el sueño. Era la primera vez que dormiría fuera de la casa de algún familiar, pues si no lo hacía en su propio departamento, solía ir a dormir en lo de sus tíos.

─¿Hotaru? ─La niña miró a su costado para ver a otra niña de su misma edad, la misma que solía compartir asiento y saludarla.

─¿Qué sucede, Yumeko?

─No te molestes por las otras niñas ─Dijo y una pequeña sonrisa afloró su rostro─. Mi madre suele decir que cuando los niños son malos es porque no entienden que todos somos diferentes. Ser diferente no es algo malo. Me agradas, fuiste la única que se animó a golpear a Kamiko. ─Ambas comenzaron a reír al recordar tal suceso.

─Odio que se metan conmigo porque creen que no tengo mamá.

─¿Y la mujer bonita que suele llevarte a la escuela de vez en cuando?

─¿Mi-chan? No, no es mi madre, aunque me gustaría. ─Respondió lo último en un susurro─. Es mi tía favorita, la mejor amiga de papá. ¿Por qué creías que era mi madre?

─No lo sé, te trata como a su hija y además hace bonita pareja con tu padre.

─Mi-chan es bonita, ¿no? ─Dijo sin borrar su sonrisa─. Papá teme volver a querer a alguien como quiere a mi mamá, no creo que eso suceda.

─Tu madre seguirá siendo su primer amor, eso no va a cambiar nunca. ─Hotaru sonrió─. Aunque ya no esté, no se puede olvidar.

─Mi madre sigue estando conmigo. ─Respondió enseguida─. La suelo ver y charlamos siempre. Papá no quiere creerme y eso es frustrante.

─Ha de ser bonito charlar con tu madre. ─Hotaru sonrió. Era la primera vez que no le juzgaban sobre el tema y se sentía a gusto─. Por cierto, ¿tu madre conoció Kioto?

─¿Por qué lo preguntas?

─Por tu nombre. ─Yumeko se acomodó en su cama para mirarla mejor, siendo imitada por Hotaru─. Había oído que en Arashiyama, cuando llega la noche, las luciérnagas se anidan entre los bambúes mientras iluminan la costa del Río Oi.

─¿De verdad? ¡Quiero ir a conocerlo!

Las dos niñas siguieron compartiendo anécdotas de sus familias, historias que las entretuvieron gran parte de la noche. Hotaru se sintió finalmente cómoda al lado de alguien que no necesariamente era parte de su familia o tíos y eso la hizo sentirse mejor. Fue la noche que no pensó en su madre ni la avistó antes de dormir.


Yamato creía conocer a Mimi como nadie más. En una noche no sólo supo que eso era una total mentira, no la conocía como creía y no sólo eso, tampoco creía conocer a profundidad a su hermano menor. Ver las prendas diminutas preparadas y nunca pudieron usarse fue una de esas cosas que descubrió en Mimi.

─Su nombre es Hikaru. ─Yamato levantó los ojos hacia Mimi, ella sonrió ligeramente, forzándose a hacerlo. No podía culparla, no era algo que ella se lo haya dicho a muchas personas, no es algo que ella quiera recordar y a pesar de eso, lo hacía─. Es gracioso, porque cuando se lo conté a Hikari, lo primero que dijo fue "ahora tienes una estrella brillando para ti, allá arriba".

─Ella amaba el cielo ─Concedió Yamato, recordando a su esposa mirando el vasto y oscuro cielo, buscándole sentido a las estrellas, las nubes, la luna─. Todo iniciaba y terminaba en él, al menos para Hikari.

─Sólo abro éste cajón una vez al año ─Dijo ella, volcando su mirada al armario donde guardaba sus prendas y donde un pequeño rincón dentro de él, resguardaba lo que alguna vez pudo haber sido para su hijo─. Éste año lo he abierto dos veces; la primera vez, fue el día que me lo quitaron del vientre… Hoy es el segundo día.

─Mimi, no quise… ─Ella sonrió antes de que él pudiera terminar.

─Sufrir en soledad por diez años fue suficiente para mí ─Respondió, Mimi─. Ya era tiempo de que sepas éstas cosas, que me conozcas un poco más.

Yamato sonrió.

─Creí hacerlo hasta hace una hora. Me haces quedar mal, Mimi. ─La castaña echó a reír y él sólo pudo concentrarse en lo bella que se veía de ese modo.

Había visto a Mimi llorar, enojarse y reír. Siempre pensó que la risa era el encanto indiscutible de su amiga, ahora lo comprobaba. Ambos yacían sentados en el suelo de la habitación de Tachikawa, viendo ropita de bebé y hablando de un pasado que apenas conocía de su mejor amiga, bebiendo vino y a pesar de todo, ella sonreía.

─¿De verdad tienes que irte? ─Esa pregunta salió mucho más rápida de sus labios, no lo procesó, no correctamente al menos.

Mimi lo miró con cierta ternura en sus ojos que lo hicieron sentirse cual niño avergonzado.

─Es decir… ─El color iba tomando partido en su rostro─, ¿por qué no traes a tus padres aquí? Yo podría ayudarte con ellos, o…

─¿Es tu manera de decir que no puedes vivir sin mí mucho tiempo? ─Formuló con una sonrisa pícara que solía poner para molestarlo.

El color no hacía más que aumentar en él, lo admitía, pero también había vino de por medio y el sabor amargo del pasado que Mimi decidió compartir con él, había muchos factores de por medio que lo hicieron decir cosas sin premeditarlas y de las cuales, en la mañana podría arrepentirse.

─Lo es.

─Yama… ─Mimi pocas veces se quedaba sin algo que acotar. Dejarla sin habla era algo hasta imposible, pero con dos simples palabras, Yamato podía apreciarla sorprendida y sonrojada─. No quiero irme.

─No lo hagas. ─Pidió él y algo en él se sintió mucho mejor. No supo si fue la sinceridad del momento o sólo el estado etílico que llevaba encima, engañándolo.

Mimi sonrió y se acercó más a él, tomó su rostro entre sus manos, acariciando sus mejillas con sus pulgares como solía hacer cuando buscaba la manera de decir cosas que podrían dolerle. La conocía tanto y a veces eso era molesto.

─Son mis padres, Yama. ─Él no podía ir contra eso─. No será permanente, lo prometo.

─Más te vale. ─Mimi sonrió divertida─. El título de "Tía favorita" podría estar en juego si nos abandonas mucho tiempo.

─Oh, no te atreverías. ─Mimi entrecerró los ojos, mirándolo con fingida amenaza que él respondió con sólo encogerse de hombros─. Más te vale a ti no encontrar a una bonita novia que se robe el cariño de Ho-chan. Eso sí que no lo toleraré. ─Yamato la miró con duda, pero ella sólo se levantó del suelo─. Traeré más vino.

Tantas cosas sucedieron en cuestión de una hora. Yamato sabía que no era muy bueno resistiendo al alcohol, su entereza y seriedad solía evaporarse con varias copas encima. Los ataques de valentía o sinceridad solían dispararse cuando eso sucedía, por ese motivo no temió ir por todo antes de que Mimi dejara su habitación.

─¿Por qué lo haría? ─Mimi volteó a mirarlo, dubitativa─. Quiero decir, no es necesario… Lo de la bonita novia que dices… Te tenemos a ti.


Notas finales:

¡BOOM, BABY! ¿Qué tal esa bomba de final? Jajaja

Al igual que Yama, el alcohol me vuelve una sincera sin remedio. ¿A cuántos no le ha pasado lo mismo? xD

¿Qué tal les ha parecido el capítulo? ¿Qué esperan que suceda a continuación, luego de tremenda confesión? Hagan sus apuestas, señores y señoras, aquí estamos para eso (?

Espero sus comentarios y nos estamos leyendo prontamente~