Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.
-Décimo-
Miyako Inoue – Dueña de casa
"Si se me pide que nombre el principal beneficio de la casa, debería decir: la casa alberga un día soñando, la casa protege el soñador, la casa le permite a uno soñar en paz."
Gastón Bachelard
La noticia de su primer hijo los pilló desprevenidos. Llevaban pocos años de casados y que Miyako se embarazara tan pronto ciertamente no estaba entre los planes de ninguno de los dos; había sido un descuido.
Al principio ella creyó que podría con todo. El tiempo de espera, pasados los primeros meses de náuseas y malestares, fue más fácil, lleno de expectativas, antojos rarísimos y hasta mimos de parte de Ken, quien no era muy dado a esa clase de detalles. También estaban llenos de miedos, por supuesto, como cualquier pareja de padres primerizos, pero la llegada de una pequeña se les presentaba como una pequeña luz en el horizonte. Algo que cambiaría sus vidas…
Y vaya sí las cambió. Con la llegada de la bebé sus horarios sufrieron serias adaptaciones, en especial el de Miyako. Se levantaba todos los días a las cinco de la mañana para alistar todas las cosas: las de su hija, Ken y las propias, para luego salir a eso de las siete y media prácticamente corriendo a dejarla a la salacuna en la que trabajaba Hikari y tener que correr a su trabajo con Koushiro. Salía a eso de las cinco de la tarde solo para tener tiempo de llegar a sus clases vespertinas en la facultad de Ingeniería, y llegaba cerca de las once de la noche a casa, donde Ken ya habría hecho dormir a la niña. Otro día que terminaba y que le brindaba un par de horas de descanso —nunca las suficientes—, para a la mañana siguiente repetir la misma rutina. Una y otra, y otra vez.
El cansancio empezó a hacer mella en ella. Se dio cuenta de que sus energías no eran las de antes y que cada vez necesitaba recurrir más a la cafeína para despertar su sistema central. ¿Se estaría poniendo vieja? Daisuke no perdía oportunidad para decirle que sí. ¡Pero tenía apenas veintitrés años, por todos los santos! ¿Y esas ojeras?
No, aquello no estaba bien, pero durante meses negó la realidad. Lo evidente, lo que el espejo le gritaba todas las mañanas.
Como era una chica optimista y muy, muy perseverante, o terca según cómo se mire, soportó un par de meses más antes de que todo colapsara.
Fue una noche cualquiera en la que Ken y ella se disponían a cenar. Le pidió que pusiera la mesa, y él obedientemente agarró los platos y vasos del mueble. Un vaso se le resbaló. Un maldito vaso que se hizo trizas contra el suelo. Y Miyako estalló.
Le gritó al menos por unos buenos cinco minutos: que si era un descuidado, que no tenían dinero para estar comprando vasos cada vez que a él se le cayera uno, que si esto, que si lo otro.
Esa no era ella, no realmente. Ken la observó pasmado, dejando que le gritara todo lo que quisiera hasta que finalmente se quedó sin aliento. Solo entonces se disculpó.
—No sabía que ese vaso significaba tanto para ti —dijo avergonzado—. Te lo compensaré, compararé un juego nuevo la próxima semana…
Pero Miyako negó con la cabeza. Se había desplomado dejando a sus rodillas golpear el suelo y la mandíbula contra su pecho. Cuando se agachó a su lado, Ken descubrió que lloraba.
—Miya, ¿estás bien? ¿Qué ocurre? —por supuesto se preocupó—. ¿Era de tu familia?
—Qué va…solo era un tonto vaso —musitó quitándose las gafas y limpiándose los ojos con el dorso de la mano.
—¿Entonces por qué lloras?
—Porque no puedo con esto, Ken. Simplemente no puedo. Me siento dividida, con la cabeza siempre en dos partes y sin hacer bien ninguna de las cosas que hago.
Ken siempre fue muy listo, por lo que no necesitó más para comprender a lo que se refería, pero tampoco sabía qué decir.
—Entiendo —susurró.
—Voy a dejar la universidad —decidió Miyako en ese mismo instante, levantando la cabeza para mirarlo; en realidad, era algo que llevaba varios días pensando.
Él la observó sorprendido.
—Eso puede ser un poco precipitado, no creo que…
—Tengo que hacerlo, tengo que decidir. Trabajaré un tiempo más con Koushiro y luego lo dejaré también. Los elijo a ustedes.
—Piénsalo bien, por favor. No creo que sea justo que renuncies a tu sueño de ese modo, siempre has querido…
—No, Ken —negó ella con convicción—. Ser ingeniera solo es uno de mis sueños. Poca gente lo sabe, pero siempre quise ser madre. Un día, cuando estaba en la secundaria, una compañera de salón llevó una revista en la que había un test para saber cuántos hijos tendrías. Era ridículo por supuesto, pero siempre he tenido ese lado más soñador al que le gusta creer en cosas absurdas, así que me lo hice… ¿cuál crees que fue mi resultado?
Ken negó con la cabeza, incapaz de arriesgarse con algún número al azar; algo le decía que eso no era lo importante en lo que Miyako le estaba contando.
—Tres… la revista decía que tendría tres hijos —susurró con nuevas lágrimas surcando su rostro, se apresuró a limpiarlas como una niña rabiosa que no desea llorar, que no desea ser débil.
»Yo ya estaba enamorada de ti en ese tiempo, pero todavía no salíamos… así que… ¿sabes lo que pensé? —esta vez no aguardó una respuesta—. Pensé con la ingenuidad que solo una adolescente puede tener, que me gustaría tener tres hijos contigo —rio brevemente—. Supuse que tenía sentido que quisiera una familia numerosa dado que vengo de una y que siempre te quise a ti en ella.
»Así que…no digas que estoy renunciando a mi sueño, solo lo estoy dejando de lado para vivir otro. Cuando elegí mi carrera me prometí que hiciera lo que hiciera en la vida, pondría todo de mí en ello. Ya me conoces, no puedo hacer las cosas a medias. Por eso, voy a dejar la universidad.
Ken la abrazó, sobraban las palabras.
Fue una decisión difícil, una que Miyako se cuestionó por mucho tiempo, pero con el paso de los años y la llegada de los dos hijos que completaron el vaticinio de aquella revista, terminó por comprender que había hecho lo correcto. Amaba a su familia y agradecía poder dedicarse a ella al cien por ciento.
Porque en la vida hay muchos caminos para ser feliz y ella simplemente escogió uno de ellos, tal vez el menos probable de todos, el que menos esperó o esperaron quienes la conocían, pero un camino legítimo como cualquier otro.
Notas finales:
Capítulo largo, pero también uno de los más difíciles. La decisión de Miyako es probablemente la que más me desconcertó de todas, así que no sabía bien cómo abordarlo y por eso cuando la idea surgió dejé a mis dedos simplemente deslizarse por el teclado sin pensarlo demasiado. Eso sí, tal vez la viñeta tenga un toque algo machista en algunos aspectos y es que traté de pensar en cómo se darían las cosas en Japón, un país que de por sí es bastante machista hasta donde yo sé.
Para mí Miyako es una mezcla entre mujer independiente y soñadora, y por eso cuando lo pensé un poco llegué a la conclusión de que ella perfectamente podría haber soñado con tener una familia numerosa y se habría sacrificado por ella.
Gracias por leer :)
