Dean bajó las escaleras a gran velocidad, pero al llegar abajo se detuvo en seco. Habían pasado diez años desde su última cacería, desde la última vez que se había enfrentado a un demonio y casi había perdido la costumbre de ver uno y sobretodo había perdido la costumbre de que un ser querido fuera atacado por una de esas criaturas.
Por eso cuando de repente vio a aquella mujer de ojos negros delante de Carolina y se dio cuenta que su mujer era lanzada contra la pared y quedaba allí clavada, dejó de respirar por un momento, hasta que consiguió reaccionar.
"Vaya veo que vamos teniendo a toda la familia junta de nuevo." Dijo al mujer al mismo tiempo que se daba la vuelta y sonreía a Dean. "¿Dónde esta Sam? Echamos mucho de menos a tu hermano, cazador."
"Deja en paz a mi familia."
"¿O que? Hace mucho que dejaste esto. No creas que vas a poder ahora conmigo, no soy como esos aficionados con los que enfrentabas hace diez años, ni siquiera Azazel se puede comparar conmigo." La mujer sonrió y dio un paso hacia Dean.
El cazador no se sentía bien, al fin y al cabo el demonio tenía razón, hacía mucho tiempo que había perdido la costumbre de enfrentarse a uno de ellos y no se era lo mismo que montar en bicicleta. De repente se sentía como si nunca hubiera cazado, como si estuviera delante de su primer demonio otra vez.
"¿Qué pasa Dean se te ha comido la lengua el gato? Con todo lo que había oído hablar de ti, esperaba mucho más por tu parte. Tal vez un buen combate o poder darte una buena paliza y en lugar de eso, me tengo que conformar con torturar a tu mujer."
La mujer sonrió, sabía muy bien como hacer daño a un cazador, había aprendido que un hombre como Dean, que había muerto y vuelto a la vida no se asustaba con facilidad y mucho menos cuando se trataba de arriesgar su propia vida. Pero en cuanto alguien atacaba a sus seres queridos y sobretodo a su mujer, entonces la cosa se ponía mucho más entretenida para el demonio.
"No se te ocurra hacerle nada o te juro que acabaré contigo con mis propias manos."
"¿Serías capaz de matarme delante de tu mujer? Se de buena tinta que has mantenido el secreto de tu pasado como cazador, ¿vas a mostrarle ahora tu verdadero yo?" Se lo estaba pasando muy bien, aunque estaba deseando encontrar a Sam. "¿Sabes que hay una buena recompensa por Sam? Tal vez te interese el premio."
"Tienes cinco segundos para marcharte de aquí."
El demonio tenía razón en parte, Dean no estaba dispuesto a que Carolina viera el hombre que era antes de conocerla, porque estaba seguro que entonces la perdería para siempre. La miró por un momento, allí en la pared, pidiéndole ayuda con ojos implorantes, pero sin decir nada, viendo una escena que no le parecía real, que creía sacada de una película.
"¿O si no que? Vamos Dean, que tal si le decimos a tu querida mujercita como funciona eso. Seguro que ahora que está esperando un hijo tuyo, está encantada de vivir con su marido."
Dean se quedó paralizado de repente otra vez. No estaba seguro de haber escuchado bien, en realidad, en ese momento hubiera deseado no haber escuchado correctamente, por eso miró a Carolina en busca de una respuesta, pero de nuevo, fueron sus ojos los que le dieron la respuesta. Si estaba embarazada.
"Te lo iba a decir, pero con todo lo que ha pasado con Sam." Carolina intentó no llorar, no quería hacerle las cosas más difíciles a Dean, no cuando sus vidas estaban en peligro, no cuando su marido estaba tratando de ponerla a salvo de un terrible peligro.
"Que bonito, de verdad te lo digo Dean." El demonio mostró una mueca que simulaba estar emocionado, pero obviamente no lo estaba. "Me encanta lo tiernos que os ponéis los seres humanos."
"¡Cállate!"
Un ruido en piso de arriba hizo que tanto Dean como el demonio elevaran sus miradas allí. El demonio sonrió, justo lo que tanto había querido estaba más cerca de lo que pensaba. Caminó hacia las escaleras y escuchó a Dean acercarse a él. Se lo imaginaba lanzándose contra él, atacándole sin importarle el inocente al que tenía poseído, al fin y al cabo lo más importante era proteger a su hermano, lo demás no importaba para Dean.
Por eso se dio la vuelta, extendió la mano y Dean salió lanzado contra la pared, destrozando una mesa por el camino. Terriblemente asustada, Carolina gritó, pero no cerró lo ojos, no dejó mirar la escena, porque no podía creer que realmente esa fuera la vida de su marido antes de estar juntos, que aquellas cosas, que esas criaturas, con esos poderes existieran realmente.
Dean se levantó con dificultad, realmente estaba en baja forma, los años que había pasado con civil le estaban pasando factura y aquel golpe le dejó las costillas y la espalda resentidas. Vio al demonio caminar de nuevo hacia las escaleras. No, no podía permitir que se acercara a Sam, ya lo había perdido una vez por culpa de los demonios, ya había tenido que dejarlo morir para salvar al resto del mundo. Esta vez no iba a ocurrir aunque tuviera que poner su vida en peligro.
"Papá." Dean miró a su hija, que corría hacia él, curiosa por las voces que oía en la casa.
No había contado con ello, no había contado con la aparición de sus hijos en toda aquella locura. Por un momento, Carolina y él se miraron y vio ojos aterrados de ella, pidiéndole que sacara de allí a los niños, que no le importaba lo que le ocurriera a ella misma, siempre que los niños estuvieran a salvo.
"Vaya, mira a quien tenemos aquí. Ahora si que estamos toda la familia junta. ¿Por qué no me presentas a esa pequeña monada?"
El demonio cayó al suelo empujado por Dean y aunque tras un primer momento sintió las manos de cazador sobre su garganta, ahogándolo profundamente y dejándolo rápidamente sin aire, consiguió reaccionar y lo echó a un lado.
"Deja en paz a mi familia." Alargó la mano hacia la chimenea y cogió un atizador de hierro. No se trataba de un fantasma, por lo que no podría deshacerse del demonio así, pero al menos le haría daño unos segundos para poder pensar.
Se lanzó contra el demonio otra vez y clavó el arma en su pecho. Si hubiera sido una persona normal, en ese momento ya estaría muerto, pero no, el demonio lo miró y se quejó mientras poco a poco se sacaba el atizador del cuerpo.
Sin embargo, Dean había conseguido ganar un poco más de tiempo, el suficiente para que el demonio dejara libre a Carolina, que cayó al suelo y él pudiera llegar hasta ella. Le ayudó a levantarse rápidamente y la llegó hasta la niña.
"Vamos cariño."
"¿Qué pasa mamá?"
"Tranquila mi amor, que papá se va a ocupar de todo y vendrá a buscarnos en seguida." Carolina miró a Dean por un instante, con el temor de que el demonio pudiera vencerle y que aquella fuera la última vez que viera al hombre al que tanto amaba.
Pero no dijo nada, no era el momento de poner en peor situación de la que estaba a Dean. Por eso Carolina la cogió, la niña se abrazó a ella con fuerza, como si algo le dijera que estaban en peligro y cuando salieron del cuarto, Dean cerró la puerta detrás de él. Jamás permitiría que el demonio atravesara esa puerta, nunca llegaría hasta ellas.
"Me gusta ver que todavía sabes como jugar esto. Es una lástima que tenga que matarte, porque sinceramente, también se paga bastante bien por tu cabeza en el infierno. Aunque hace tiempo que no ejerces de cazador, tengo conocidos que serían felices por echarte una mano a acomodarte allí abajo."
"Pues lo siento mucho pero creo que eso no va a ocurrir." Dean levantó la vista hasta el techo y sonrió. "Todavía caéis en las mismas trampas que hace diez años, es bueno ver que algunas cosas no cambian."
El demonio elevó también la vista y vio la trampa del demonio. Gruñó en silencio y trató de dar un paso adelante, pero la pared invisible que creaba la trampa era demasiado fuerte para él.
"Has dicho que ni el propio Azazel podía compararse contigo, pero creo discrepar con eso, a él no se le daba mal salir de una trampa como esa." Dean comenzó a moverse por la habitación, cogiendo de una mesa algunos de los libros de Bobby, buscando el que necesitaba para hacer el exorcismo adecuado.
"¿Sabes que es lo malo que tenía gente como Azazel? Que eran demasiado serios y no tenían ni el más mínimo sentido del humor."
Con el libro ya en la mano y preparado para actuar Dean observó al demonio, que pese a lo que el cazador había pensado, no tenía ningún miedo a lo que podía ocurrir un momento más tarde, sino más bien todo lo contrario, pese a lo que Dean creía, el demonio parecía tener la situación controlada.
"A mi en cambio, me gusta jugar en medio de una buena pelea."
El demonio levantó la mano y sin que la trampa fuera un gran obstáculo para él, Dean salió despedido contra la pared. Un momento más tarde, el demonio un paso adelante y salió de la trampa.
"Tenías razón Dean, la trampa para demonios no me hace nada. Gracias por recordármelo." Dijo con una larga carcajada.
Lentamente caminó hacia el cazador, sin bajar la mano, sin dejar de mantener sujeto a Dean contra la pared. El cazador no podía moverse, sabía lo que estaba a punto de ocurrir y también sabía que no habría nadie que pudiera ayudarle a menos que…
Cerró los ojos, ante la atenta mirada del demonio y se concentró. No estaba seguro si aquello había funcionado alguna vez, pero tenía que intentarlo.
"Cas, si puedes escucharme, no me vendría mal una mano ahora mismo. Tengo aquí un demonio y creo que tengo algún problemilla para quitármelo de encima." Se sentía como un estúpido hablando con la nada, pues estaba más que convencido que CAstiel no podría escuchar sus pensamientos.
"¿Estás rezando? Creía que no creías en dios."
Dean miró al demonio, pensando que aquella podía ser la última persona a la que veía antes de morir, no a Carolina, no a sus hijos, ni siquiera a Sam, tan sólo el maldito demonio que estaba a punto de matarle. Tantos años sin enfrentarse a un demonio y al final iba a ser uno el que lo matara.
"Es igual, vamos a terminar con esto, ahora que se que tu hermano está arriba, ya no me hace falta mantenerte con vida y lo cierto es que me va a encantar se yo, el que acabe con los Winchester de una vez por todas."
El demonio dio un paso adelante y luego otro. Dean sabía que todo estaba a punto de terminar, su vida, el sufrimiento de todos aquellos años haber perdido a Sam y sobretodo la posibilidad de ver crecer a sus hijos y estar el resto de su vida con Carolina.
"Vamos allá." Un ruido a su espalda, hizo que el demonio se diera la vuelta y sorprendido sonrió
