PASO CUATRO: LA INVITACIÓN
—Eso Plagg, saca las garras con tu chico, recuerda que somos nosotros quienes llevamos las riendas del asunto —Animó con entera convicción la kwami.
—Claro, Adrien no sabrá cómo terminó enamorado de Marinette —Planteó el pequeño gato.
—O Marinette de Chat Noir —Respondió la kwami emocionada.
Plagg comía su queso tranquilamente mientras observaba de reojo a su portador que se veía dichoso.
No puedo creer que el plan de Tikki este funcionando.
Su amiga siempre había adorado las historias que se entretejian detrás de los portadores de los miraculous. Sus razones para luchar, la convicción por lo correcto, sus líos amorosos. Imaginaba que para ella era como ver una serie de televisión antes de que está siquiera existiera.
Una historia que pasaba frente a sus ojos y donde ella era un espectador en primera fila y donde ahora deseaba tener el control.
—Pareces muy feliz —Se aventuró a comentar.
Observando a su chico sonreír ladinamente al tiempo que tarareaba una canción.
—Por supuesto que lo estoy. Ayer la pase muy bien.
—Es natural, estás acostumbrado a que te observen por todos lados.
—¡Plagg!
—¿Volverás a ir está noche? —Cuestionó al rubio, intentando no sonar demasiado interesado.
—Tengo una mejor idea que esa.
—Adrien, es hora de irnos —La voz femenina se dejó escuchar cuando Plagg se preparaba para preguntar a qué se refería.
El joven modelo tomósu mochila y el gato negro se escondió en su chaqueta.
Caminaron unos escasos metros atrás de Natalie, dispuestos a ir al Colegio.
Esa era su oportunidad.
—¿Qué quieres decir con una idea mejor? —Preguntóen un susurro que sobresalto a su chico.
—¡Escondete! —Le pidió el adolescente.
—¡Sólo quiero saber!
—¿Ocurre algo Adrien?
La voz de la mujer lo obligó a esconderse nuevamente entre las ropas del rubio, frustrándolo.
—Todo está bien, Natalie.
El camino al Colegio se hizo de manera habitual, pero no por eso el gato negro se sentía más tranquilo. Algo no le terminaba de gustar.
Y todo cobró sentido cuando llegaron a su destino, porque Adrien interceptó a Marinette en el momento en el que se topó con su silueta.
—Marinette, ¿tienes un segundo?
Al no escuchar respuesta de la fémina Plagg imaginó que se había limitado a asentir.
—¿Cómo estás? Pasaste buena noche?
—Sí, yo, bueno. Ya sabes, Una noche como cualquier otra en mi habitación.
El gato tuvo que morderse las mejillas para no reír. Le divertía de sobremanera la forma en la que la chica se comportaba junto a su chico.
—¿En serio? Yo esperaba que me contarás algo interesante de tu noche —Aquello erizó la piel del kwami ¿a qué estaba jugando su portador?
—¿Algo interesante? ¿Cómo qué? Ayer no paso nada interesante. No quiero decir que tu vida o la de cualquier otro no sea interesante, pero tampoco significa que algo pasará. En especial en mi día que no debe ser tan perfecto como él tuyo.
Su chico empezó a reír.
—Tranquila Marinette. Todo está bien.
Plagg estaba dispuesto a apostar un kilo de camembert en las acciones de su chico. Seguramente había puesto su mano derecha en el hombro de la azabache al tiempo que sonreía.
—Marinette, te molesta la idea de que te invite a...
Bufó molesto, por eso no le gustaba estar presente cuando sus portadores estaban interesados en acercarse a alguien, todo era demasiado meloso para él, quien preferiría estar inmerso en las profundidades del anillo.
Ahí fue cuando detuvo el hilo de sus pensamientos.
¿Invitarla? ¿A dónde? Espera... Adrien está invitando a Marinette. Adrien, no Chat Noir. ¡Tikki me va a matar!
El kwami negro empezó a removerse por todo el torso del adolescente. El plan radicaba en que Chat Noir se acercará a Marinette, ¡no que Adrien lo hiciera!
Al corazón enamoradizo de Tikki no le iba gustar eso. ¿O sí? Removió la cabeza a los lados, el punto era que eso, no era parte del plan.
Bueno, si lo era. ¡Pero no así!
Agradeció en más de una ocasión su agilidad, de no ser por ella su portador lo hubiera golpeado en más de una ocasión.
—¿Estás bien? —Preguntó la azabache.
—S-sí, creo que hay algo mal con mi camisa. ¿Me esperas un segundo?
El chico corrió lejos del lugar, Plagg había logrado su objetivo.
—¿Se puede saber qué haces? —Ahora venía el paso dos: justificarse.
—¡Esa es mi línea!
—Pero, ¿de qué hablas? Pensé que estabas de acuerdo con que era una buena idea acercarme a Marinette.
—¡Pero no así! ¿Qué tal si te descubre por actuar así con ella? ¡Nadie debería saber tu identidad!
—Me aconsejaste tomar mis propias desiciones, ¿No? Pues eso es lo que estoy haciendo. Pero voy a hacerlo bien, como Adrien Agreste y no cómo el héroe de París que Marinette no puede conocer.
—Pero...
—Esto es lo que quiero Plagg.
Sin saber qué más hacer regresó a su escondite.
—Perdón por eso.
—N-no te preocupes.
—Entonces, ¿aceptas dar una vuelta conmigo?
—¡Sí! Es decir, claro. ¿Por qué no?
—Bien, ¿Está bien si paso por ti a las cuatro? Después de clases tengo clase de basquetball.
Plagg podía imaginar a Tikki y su mirada fija en él, sin ningún tipo de consideración.
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