Nuevo cap! y no me tardé tanto! jkajskajksa buen, aca ando, disfrutando del nuevo teclado de mi hermano que no tiene cablecitos! XD es re divertido, me voy a la cocina y sigo escribiendo TT . TT no vale, yo quiero uno... snif

buen, ahora... los reviews ya los contesté en el modo normal sjaksjkasjk, pero grax a supernaturally, yvom y zedna, tan solo contestarle a Ale que no puedo contestarle del modo que las personas normales, no comno yo, hacen, por que ella no está registrada! jajaja, la de años que estuve revisando esta pag sin estar registrada jskajsajskas

Ele: buennnnnnnnnn, lástima lo de tu compu, malditos virus, a mi uno me borró toda mi linda novela, horas, días, meses y hasta años de trabajo borrados por que algún idiota no tenía nada mejorn que hacer con su vida aghhhh! pero ahora comencé una nueva jskajskajsk ) que aprobecho para hacerle propaganda, se llama "Lágrimas de Otoño" es un romanceangsttragediadrama un género muy mío jskajskajskajks. Buen siguiendo con el review... ¡Corto¿CORTO¿Te parece que el cap anterior fue corto? fueron ocho hojas de word OCHO! arre jskajskajkajska. Y muajajajajajaj, Galba no es tan humanop como solía serlo jskajskajskak es maloooooooooo y ya lo verán en este cap... o no... creo que un poco de ambos offff, tengo que dejar de darles sentmiientos a los malos y endurecer a los buenos, ME VAN A QUEDAR TODOS IGUALES! Y ene ste cap msale espina... Y jaru también, y charlan y jsaksjka espina se burla, es malo jskasjkajska pero malo, no malvado jskdjkajdk.

Buennn, los dejo con el cap, aún que como le dije a supernaturally, me da miedo avanzar con la historia, siento que avanzo por la tabla de los piratas ¡Me van a linchar! Sepan que los quiero, mis duuuuuuuuuuuuulces y bondadosos lectores que jamás dañarían a su escritora favorita ¿Verdad? (glup)


Saeth entró en el salón y contempló a su padre sentado con la mirada perdida. Parecía estar planeando algo, como siempre, su astuta mente siempre tenía un plan, y sin embargo parecía apenas controlar una furia iracunda.

-Dio unos pasos hacia él y se arrodilló a sus pies.

-Padre, he llegado –anunció con le corazón extrañamente acongojado.

Galbatorix no contestó enseguida, ni siquiera dio señales de verla por un momento. Luego se puso de pie con falsa tranquilidad y habló con una amabilidad aún más temible que si estuviera gritando.

-Has llegado… -repitió con un lave sonrisa, asintió con la cabeza haciendo un gesto de fingida sorpresa –Bueno, eso es una buena noticia, me preguntaba cuando llegarías. Has regresado frente a mi… -agachó la cabeza para mirarla –pero… no me puedo dejar de preguntar… ¡Dónde está mi jinete! –rugió con una fuerza sobrehumana que hizo temblar a la chica.

-Señor… yo…

-Oh, no te preocupes, sé lo que sucedió. Resulta que descubriste el pequeño secretito de tu querida pariente elfa, si, ha de ser eso.

Saeth creyó conveniente guardar silencio, no parecía que nada de lo que dijera pudiera apaciguar la ira de su padre, por lo contrario, era muy posible que empeorara con cualquier intento de defensa por su parte.

-Pero verás, existe este pequeño detalle –continuó Galbatorix, nuevamente con aquel engañoso tono calmado –Cuando yo te ordeno algo, lo cumples. No me importa a quién debas asesinar, a quién debas traicionar, me importan un demonio los elfos o quien quiera que se interponga entre tú y tu meta. Y si yo te ordeno que me traigas a quien está destinado a ser el próximo jinete ¡Me lo traes aquí! –Le gritó a unos centímetros del rostro, luego la hizo pararse - ¡CYRON! –llamó furioso.

El mágico apareció como un fantasma en la sala del trono, sus ojos pálidos brillando de goce.

-¿Se le ofrece algo mi señor? –Saeth trató de evitar soltar un bufido, estaba más que claro que aquella apariencia servicial de Cyron no era más que una máscara, una irritante máscara que ocultaba sus verdaderas ambiciones.

-Encárgate de ella –ordenó Galbatorix dejándose caer en el trono.

-Será un placer –accedió con una sádica sonrisa que se veía muy anormal en sus angelicales facciones –Vamos "princesa" quizá esta vez no sea tan duro contigo. Deberías agradecerme, el rey podría estar aún más furioso, pero yo traje al jinete por ti. Si, será un buen alumno, habrá que corregirlo un poco, pero nada que no pueda arreglarse –Cyron disfrutó el efecto que sus palabras causaron en la chica que prácticamente se dejó arrastrar fuera de la sala.

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-Eragon… -Arya golpeó la puerta de su habitación, en los últimos dos días el jinete había salido muy poco de ella, demasiado deprimido para hacer nada, y tan sólo hablaba con Saphira.

Hubo un prolongado silencio, pero justo en el momento en que la elfa estuvo por volver a llamar, la voz del muchacho se escuchó desde el interior, extrañamente ronca.

-Adelante –fue todo lo que dijo.

Con cuidado abrió la puerta y la cerró tras de si, viendo al jinete parado de espaldas a ella; contemplando la ciudad, cubierta por la abrazadora luz del sol, a través de su ventana.

-Ha llegado la hora de que partamos nuevamente a Ellesmera, para que termines tu entrenamiento, y debemos llevar a Elva con nosotros, se lo prometiste.

Nuevamente guardó silencio por un momento. Pocas veces en su vida se había sentido tan triste, tan abatido, sin ganas de luchar ni por su propia vida. Pero sabía que las personas confiaban en él par que los ayudara, los enanos, los vardenos, los elfos, los hombres y mujeres inocentes que deseaban un futuro mejor, todos contaban con él, no podía fallarles, no podía fallarle a Saphira, A Brom, a Garrow, a su madre, a todo el que había significado algo para él. Tenía la esperanza de que si derrotaba a Galbatorix, entonces Saeth se daría cuenta de que tenía salvación, de que no era demasiado tarde para ella.

Se apartó de la ventana y le dirigió una triste pero decidida mirada a Arya, ya nada podía doblegar su voluntad, había sufrido muchas pruebas y ahora más que nada pudo comprender por qué Oromis le había hecho descubrir por qué luchaba, de no haber tenido aquella convicción, jamás habría podido encontrar las fuerzas para continuar, luego de todos los que había perdido y todo lo que había pasado. Sabía que era aquello lo que Saeth necesitaba, lo que le faltaba, una verdadera razón por la cual luchar, y él le demostraría que valía la pena. No sólo por el amor que sentía por ella, sino por que en primer lugar era su amiga, una gran amiga que no dejaría caer, ya había perdido a su hermano, no quería perderla a ella también.

-Vamos –dijo con firmeza.

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Cyron dio unos pasos hacia atrás, complacido por su tarea, mientras Saeth, de rodillas en el suelo hacía su mejor esfuerzo para mantenerse lo más firme posible. El cabello cubría el rostro de la chica, pero se podía ver un constante goteo de sangre proveniente de su boca, o quizá su nariz. Galbatorix que acababa de llegar frunció el ceño y miró a Cyron reclamando una explicación.

-¿Qué significa eso¿Por qué sangra por la boca?

-Eso, mi señor, no es a causa de nada que yo haya hecho –se defendió Cyron sin poner demasiado énfasis en su defensa –Pero mientras evaluaba a la chica, me topé con cierta información que quizá quiera escuchar, no me ha permitido ingresar en su mente, pero no ha sido necesario para averiguar lo que está sucediendo. Creo que ni siquiera ella lo sabe con certeza –continuó, como si ella no estuviera allí –sin embargo no es nada que nos afecte en este momento, así que prosiga con normalidad.

Saeth pasó por alto el hecho de que fuera irónico que Galbatorix se preocupara de que tosiera sangre y no por que acabaran de torturarla con alguna extraña clase de magia negra sin marcas, solo dolor. Era algo bastante útil para el rey aquel avance, no necesitaba detener el interrogatorio o la tortura para sanar a la víctima, podía seguir por horas y horas ya que no lo dañaba físicamente. Claro que de seguro llegaría el punto en que la mente llegaría a su límite, quizá se desmayaría, o quizá algo peor.

-Ya puedes retirarte Cyron, sabes la tarea que te encomendé. Y apresúrate, si les pierdes el rastro no habrá segundas oportunidades. Hablaré contigo en cuanto termine con ella, quiero saber qué descubriste.

Cyron inclinó la cabeza, al parecer muy complacido por la tarea que tenía por delante, y dejó la habitación sin hacer más comentarios. La chica no supo por qué, pero tenía la impresión de que aquella misión especial era algo muy terrible, que de seguro involucraba a sus antiguos compañeros, y si era Cyron quien la llevaba a cabo, entonces no podía esperar nada bueno.

Galbatorix se agachó frente a Saeth, quien se limpió la sangre con el dorso de su manga.

-Mírame, Saeth, hija del rey –le comandó su padre con firmeza.

Ella obedeció tratando de apartar su mente del dolor que aún permanecía en ella, trastornando sus pensamientos.

-¿Sabes lo que has hecho¿Sabes por qué eres castigada?–preguntó Galbatorix.

-Si, padre...

-Me has desafiado, has desafiado mi autoridad, me has traicionado al intentar ocultarme a Jarsha. Has demostrado que tus alianzas son dudosas y por eso te castigo.

-Lo sé.

-Pero esto no se acaba aquí, si me entero que vuelves siquiera a hablar con ese jinete, o con alguno de los elfos, me encargaré de que este castigo luzca como una caricia en comparación –la amenazó -¿Tienes algo más que decir al respecto? –preguntó mirándola a los ojos.

Saeth clavó los ojos en el suelo, demasiadas imágenes y palabras cruzando su mente como para darles forma, tantas cosas que deseaba decir. Galbatorix interpretó su silencio como una muestra de que estaba demasiado dolorida como para decir algo y se puso de pie acomodando su capa. Le dirigió una última mirada y se dirigió a la puerta.

-Lo que tengo para decir es… -dijo repentinamente Saeth con una voz extraña, casi un susurro moribundo –Mírame, estoy de rodillas ante ti, y aquí me quedaré. He renunciado a muchas cosas y pienso quedarme. Por que, a pesar de todo lo que me has hecho, a pesar de todo, te perdono –dijo con algo más de firmeza en su voz, pero aún así sofocada por el llanto retenido -Te perdono por que mi madre te amaba, por que se que en algún lugar de ese frío corazón existe un hombre, existe el jinete de gran corazón que le escribió aquellas cartas. Por que me niego a creer que las palabras con las que te describió eran engaños de los ojos de una enamorada. Por que para mi eres mi padre, aún que para ti yo no sea tu hija, por que te amo y seguiré a tu lado hasta el día en que me muera –declaró ya con el rostro empapado en llanto –Así… -la voz se le cortó por un instante –así que no necesitas todo esto, todos estos castigos y amenazas para asegurarte de que yo siga a tu lado. Ya no tienen efecto en mi –intensificó la mirada de sus ojos apagados –por que yo ya no siento más dolor que el que me acompaña desde hace demasiado tiempo. Me han roto de tantas maneras, en tantas formas y tantas veces, que ya no queda un trozo de mi lo suficientemente grande para que sirva para nada. Soy un fantasma, en una tierra de sombras, sólo un alma más en pena. No existe vida que me puedas quitar –cerró los ojos un instante y los volvió a abrir –papá… sólo quería que supieras que te perdono, aún te quiero.

Galbatorix no contestó nada, se quedó allí, paralizado. Sólo reaccionando lo suficiente como para dejar la habitación de un portazo.

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Jaru permanecía contemplando la noche impenetrable con una mirada serena, pero a la vez triste.

-Por una vez en tu vida no estás correteando como un niño tonto, esto es nuevo –dijo Espina acomodándose a su lado -¿Qué sucede¿Pensando en tu dramática jinete?

Jaru ignoró el comentario filoso, Espina era así y él se había acostumbrado a ello. Incluso, aquello era una parte de él que admiraba, era capaz de decir exactamente lo que pensaba, sin temores, sin ninguna clase de impedimentos. Actuaba según lo que él y Murtagh querían, aún estando bajo el dominio del rey seguía igual, y Jaru sabía que si en algún momento Espina decidía que aquel bando no era para él, entonces ningún nombre verdadero ni ninguna atadura mágica podrían detenerlo.

Además la mente del dragón estaba demasiado dispersa como para siquiera buscarle significado a la indirecta. Dividido entre un eco del dolor que sentía su querida Saeth, la impotencia de no poder ayudarla y sus propias preocupaciones, aquel extraño sentimiento que lo acongojaba, y se acrecentaba con cada día que pasaba.

-Yo no debía de vivir –dijo con tranquilidad, sin aquella energía que lo caracterizaba, no era ni tristeza ni pesadumbre lo que controlaba su voz, sino una serena comprensión, por primera vez se comportaba como un verdadero dragón.

-¿A qué te refieres con que no debías vivir? –soltó Espina algo molesto por aquel comentario.

-Cuando morí… Galbatorix me regresó a la vida, pero a un gran costo. Y ahora Saeth paga las consecuencias de ello. Ambos lo hacemos… -escarbó distraídamente el suelo con su garra –Siento que no pertenezco aquí, estuve demasiado tiempo alejado de este mundo, de la existencia, que incluso mi esencia de dragón está incompleta.

-Eso explicaría muchas cosas –comentó en tono casual.

Nuevamente Jaru lo ignoró, en aquel momento no veía a Espina como su gran ídolo, su maestro, sino que era un dragón como él, y el único a quien podía confesarle sus sentimientos. Sabía que él lo escuchaba, aún que no lo demostrara, escuchaba cada palabra, y en cuanto terminara él sabría que decir

-Es como si fuera un fantasma y un ser vivo al mismo tiempo… Y esto me aparta de Saeth, apenas puedo sentir su sufrimiento, mucho menos aplacarlo. Está perdida y no soy capaz de guiarla.

-Ella tomó su decisión y no hay nada que a haga cambiar de parecer, lo ha dicho, se quedará aquí hasta el día de su muerte -dijo Espina hablando seriamente por primera vez –Y sé que la magia negra de Galbatorix ha hecho estragos con tu alma, la ha dividido. Pero hasta que no mueras no se unirá, así que deberás aprender a vivir con ello, no puedes renuncia, lo sientas o no tu jinete te necesita, y como dragón es tu deber permanecer a su lado.

-Jamás se me cruzaría por la mente dejarla sola, mucho menos ahora, pero tampoco aún que estuviera en el mejor momento de su vida. Quizá no la sienta con la mente, pero la siento en el corazón. Sólo quisiera… quisiera tener con ella la conexión que tiene Eragon y Saphira.

-¡No menciones a esa dragona! –Estalló Espina alterado -¡Es irritante! Desafía mi poder. Es el enemigo, no importa que relación hayas tenido con ellos antes, no importan los parentescos para un dragón, mucho menos si la madre desapareció hace tanto tiempo que sólo sabes su nombre. Si estás en un bando debes permanecer el él, Jaru, hijo de Vervada –repentinamente Espina soltó un gruñido ronco y bajo, casi como un quejido.

-¿Qué sucede?

-Es Murtagh, ha estado así por mucho tiempo, no duerme en las noches, tiene pesadillas, o repentinamente le sube la temperatura. La magia de Galbatorix está surtiendo mucho efecto en él, e intenta combatirla, lo cual hace peor el dolor. Se está perdiendo a si mismo, hago lo que puedo por mantenerlo, pero esas malditas paredes no me dejan acercarme. Si continúa así terminaré destruyendo el castillo y llevándomelo conmigo.

-¿Tanto efecto tiene en él?

-Créeme, no quieres verlo cuando toma control en su cuerpo. Sus ojos se vuelven atemorizantes y se convierte en un asesino sangre fría. Sólo ha ocurrido en una ocasión, pero bastó para que concentrara todas sus fuerzas para impedir que volviera a suceder.

-El camino frente a nosotros es negro maestro –dijo Jaru con pesadumbre –No veo ninguna forma en que las cosas puedan salir bien.

Espina areció debatir dentro suyo entre decir uno de sus típicos comentarios crudamente honestos, o darle un poco de esperanzas al joven dragón.

-El momento más oscuro de la noche es el instante previo al amanecer –dijo contemplando las primeras luces del día en el horizonte.

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Saeth entró en la habitación y se sintió desfallecer al ver a Murtagh sobre la cama, con la frente perlada de sudor, retorciéndose en sueños, gimiendo de dolor, las mantas tiradas a un lado de la cama.

No supo de dónde, pero unas fuerzas la inundaron, le hicieron olvidar su propio dolor para socorrer al muchacho. Recordando como se había sentido en el momento en que creyó perderlo, jurándose que no lo volvería a hacer. Corrió hacia su cama y se sentó en ella, tomándolo en sus brazos para que no se hiciera daño. Murtagh continuaba retorciéndose, casi gritando, parecía ahogarse de momentos, y sus ojos que cada tanto se abrían, dejaban ver el asomo de unas pupilas verticales bajo el párpado.

-Murtagh… -le susurró tratando de sostenerlo –Murtagh, soy yo, por favor, quédate conmigo. Te necesito a mi lado.

Sus palabras parecieron causar algo de efecto, por que dejó de sacudirse tanto, así que siguió hablándole.

-Por favor, quédate conmigo –le acarició la cabeza, que descansaba sobre sus rodillas –Nunca te lo dije suficientes veces, y muy pocas en el último tiempo. Pero te amo, te sigo amando igual que siempre, aún estás en mi corazón, con la misma presencia que cuando soñábamos con viajar a Beroan –sonrió tristemente al ver que se había relajado y dormía tranquilamente – ¿Dónde está nuestro Beroan? Todo parece tan negro, sin esperanza… ¿Quién hubiera dicho que llegaríamos a esto? Cuando era niña solía pensar que nos casaríamos un día de otoño, bajo un hermoso árbol, sólo nosotros dos, y que viviríamos en una humilde casita en medio del bosque, con jardines rebosantes de flores, un lago cerca, con hijos a quienes no les faltaría el amor, libres de hacer lo que sus corazones dictaran.

-¿Y dos dragones en el patio trasero? –preguntó débilmente Murtagh abriendo los ojos.

Saeth le sonrió.

-Eso no lo había pensado cuando era niña –admitió.

-Creo que podemos hacerles un espacio –dijo aún sin fuerzas.

Ella se inclinó y lo besó. Hacía demasiado tiempo que no lo besaba, volvió a sentir aquella calidez en su cuerpo que creía haber perdido. Fue un beso suave, pero muy cálido.

Murtagh se sentó y se acomodó, con algo de dificultad, a su lado. Alargó la mano y le acarició el rostro.

-Te extrañé –le susurró –me hiciste falta.

Ella no contestó, sino que lo abrazó con fuerza, sintiéndose increíblemente culpable. Murtagh le había entregado su corazón, y allí estaba ella, dudando de su amor.

-¿No le temes a esta noche que nos encierra? –preguntó Saeth en aquel susurro íntimo que compartían.

-Una vez Tornac me dijo: "He amado demasiado a las estrellas para temerle a la noche" Supongo que me siento igual, te he amado demasiado como para permitir que ningún miedo me paralice. Tenemos nuestro Beroan –le dijo al oído –cada vez que miro en tus ojos lo veo, está aquí -le tomó una mano y la colocó en su corazón –por que tú estás aquí, no importa cuan separados estemos, siempre voy a amarte.

Saeth rompió en llanto y se refugió en sus brazos, dejando que esta vez fuera Murtagh quién la consolase, en vez de ella a él.

-Saldremos de esto –le prometió desde lo profundo de su corazón –Seré la mano que te saque a flote, no importa cómo, te buscaré en donde sea.

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-Arya ¿Te encuentras bien? –le preguntó Eragon acercándose a ella, algo dudoso, ya que la última vez que le había hecho aquella pregunta la elfa se había ofendido terriblemente.

-No dejo de pensar en Jarsha… -confesó la elfa sorprendiendo al jinete.

-Estoy seguro de que está bien, algo asustado, pero no le harán daño. No te preocupes, no tardaremos en sacarlo de allí.

-Esto es mi culpa, sin tan sólo lo hubiera tenido más vigilado, tal vez ni siquiera tendría que haberlo alejado de mi lado, no sirvió para nada. Quizá es un castigo por no haber sido una madre adecuada para él. Pero es que no sabía que más hacer… y ahora que no está Faolín, me siento perdida.

-No es tu culpa, hiciste lo que creíste correcto, y funcionó, por que lo protegiste de Galbatorix por muchos años. Lo tendrás pronto contigo, Jarcha es un chico fuerte.

-Lo sé, es como su padre –sonrió con tristeza.

Eragon le sonrió al ver que parecía haber levantado su ánimo, aún que sabia que era imposible distraer a una madre cuando su hijo había sido secuestrado.

-Descansa un poco, mañana debemos seguir el resto del camino a Ellesmera.

La elfa asintió y se recostó, Eragon por su parte se acercó a Saphira que ya dormía profundamente, soltando un fino hilo de humo por su nariz, con un ala alrededor de Elva, también dormida, a salvo de las preocupaciones de Arya. Ninguno sospechaba que eran seguidos de cerca por unos ojos blancos.