No poseo ninguno de estos personajes.

|| ¡Hola! La semana pasada no actualicé porque me dio chikungunya pero acá está.

Г Pelea entre legítimas.

Reiner no podía creer que Mikasa realmente se había presentado a reclamar cualquier cosa, peor aún que iba en compañía de quien fue su amante mientras era la esposa de Levi ¿Con qué derecho hacia aquello? Además de todo iba con el argumento de que Levi la mantuvo secuestrada porque ya se había cansado de ella. De verdad que parecía no conocer la vergüenza, y aún así seguía sin entender el motivo por el que reclamaba el apellido hasta que anunció que dejaría a Petra en la calle. Por supuesto el padre de la menor andaba rondando, todos querían su porción de dinero, menos ella, que para el dolor de Reiner, seguía deprimida por lo de el desaparecido dueño de todo aquello que se peleaban. Hasta Eren estaba adueñándose de una habitación y de caber en ella querría ropa del presuntamente muerto.

La presión caía sobre los hombros del rubio. Si Mikasa se presentaba en un tribunal diciendo que Levi la hizo pasar por muerta podrían creerle, entonces sí no tendría como defender a la castaña, así que estaban prácticamente en las manos de la infiel. Incluso, ésta los amenazó con denunciar a todos por complicidad e intento de robo al no quererle entregar todas las pertenencias de Levi, empezando con las muchas fábricas y las casas que ya había hasta mandado revisar, Mikasa era demasiado inteligente o Petra muy desafortunada, lo más probable es que fuese lo segundo.

Г Un ángel.

Hacía mucho frío. Un frío acompañado de golpeteos agrestes del agua cayéndole sobre la piel, y una serie de dolores corporales que le estaban matando, sentía como que iba a morir entre cada gota que le caía, y todo empezaba a nublarse lentamente, la lluvia dejó de estar o él dejó de sentir y no supo más.

Por la mañana o un día después, unas horas o quizá un par de minutos, solo escuchó como encendían las llamas de una fogata, el calor que sintió era de agradecer, pues el cuerpo empezó a desentumirse, se sentía sucio y apestoso. Traía lodo encima del pantalón y aunque no lo podía ver lo sentía y eso mismo le daba una sensación breve de repulsión, pero no quería hablar, simplemente dejó que se apareciera la persona que lo rescató en medio de aquel aguacero.

A la luz de la fogata se veía como una alta persona, pero cuando se acercó notó que era más bien una mujer bajita, rubia y con un rostro angelical. Llevaba un vestido de algodón bastante sencillo, él quiso moverse, pero no tenía manera de hacerlo, le dolía absolutamente todo, quiso hablar pero no lograba que salieran las palabras, como una especie de shock emocional. Levi Rivaille estaba plenamente consciente de quién era y que situación lo había llevado a aquello, echó un vistazo al lugar, era más bien una cabaña de madera, y lo que creyó era una fogata o algo así, era una especie de chimenea improvisada, sintió repentinamente la boca seca, una ansiedad por beber agua inmensa, aunque según él no podría hablar por lo de hacia unos momentos. – No te esfuerces. – Espetó la mujer bajita, tenía una voz tan dulce como la de Petra, quizá un poco más aguda. Levi asintió con la cabeza. – Soy Christa Renz. – La puerta se escuchó abrirse y cerrarse en un instante, notándose otra figura más alta pero igual era una mujer. – Y ella es mi hermana Ymir. – La hermana parecía ser lo contrario a la rubia, era atlética, alta pero de facciones toscas, justo iba a seguir juzgando a la que parecía ser mayor y castaña cuándo la más bajita agregó. – Ella fue quién te encontró. – el azabache buscó fuerzas para hablar. – Gracias. – La muchacha volteó con cara de pocos amigos. – Fue una casualidad que yo visitara ese pueblo por esos días. Ahora estás lejos de casa y espero que sepas como regresar. – No importaba, el hombre no iba a molestar demasiado a esas mujeres, suficiente habían hecho con ayudarle. – Ymir… Yo no lo dejaré volver hasta que esté bien, la leche de amapolas le calmará el dolor pero no por demasiado, su pierna está muy lastimada. – Levi solo había sentido dolor en todo el cuerpo en general, nada en específico, medio alzó el rostro para ver que ocurría con su pierna, las tenía cubiertas con una manta. Levantó el rostro y fue capaz de ver a la rubia poniendo un gesto dulce para que la hermana cediera. – No puedo hacer nada cuando pones esa expresión. – Rodó los ojos – Vale, vale. Que se quede hasta que su pierna esté bien. Pero en cuanto pueda se irá. – La menor parecía alegre al respecto. Realmente le recordaba a Petra.

Los días pasaban lentísimos. Levi se cuestionaba a ratos si alguna vez podría volver a donde su mujer para hablar con ella, incluso le explicó a Christa porqué le ocurrió aquel accidente, ella solo le dio un breve consejo – Sigue tu corazón… pero yo creo que ya amas a tu esposa y eso es hermoso. – la rubia sonreía a cada rato, sin dudas como cuando Petra llegó a su vida. – El perdón será difícil, pero si te esfuerzas puedes conseguirlo. – Quizás ella tenía razón y a él le tocaba volver pronto. Hasta Ymir tomó simpatía por Levi, eran igual de asociales, quizá por eso.

Empezó a caminar lento, en un principio arrastraba el pie, pero poco a poco pudo ser capaz de avanzar por si mismo. Medio incómodo por las ropas grandes de un tío de las hermanas, aún así ayudaba en lo que podía. Le daba vergüenza no apoyar económicamente a personas que realmente necesitaban ayuda y que a pesar de no tener demasiado estaban dispuestas a compartir con un extraño. Dormía en un catre muy cómodo cerca de la chimenea. Frente a ellas en esa cama individual que compartían, nunca tuvo mala intención con ellas pues eran personas con alto valor moral.

Una mañana, Ymir se sentó frente a él en la pequeña mesa de madera. – Ya estás bien y ha pasado un mes. – Levi pasó saliva. Temía bastante por la hora de regresar, debían haber millones de problemas ahora. ¿Lo extrañaría Petra? Esa era la cuestión que más miedo le daba responder, pero antes de que siguiera hundido en sus pensamientos Ymir continuó. – No nos estorbas, eres buena persona. Pero debe haber alguien que te extrañe. Christa me contó que tienes mujer. No deberías dejarla sola. – Eso le hizo estremecer. Agarró aire para responder. – Necesito un último favor. – La castaña arqueó la ceja derecha, al final se le dibujó una sonrisa irónica en los labios. – Bien… ¿de qué se trata? – Añadió. – Quiero pedirte un favor… Vayan conmigo. – A la mujer frente a él eso le causó conmoción. Ella era sobreprotectora con Christa, por eso vivían en el bosque, además que no querían que la obligaran a casarse con alguien que no amaba, así que eso la desconcertó. – No entiendo para qué. – Levi negó con el rostro. – No es nada malo. Solo quiero agradecer la ayuda. – Ymir lo pensó. El invierno era ya una constante y ella no trabajó lo suficiente para sobrevivirlo. – Anda ya. Pero quiero un empleo para poder sostener a Christa. – Levi solo asintió. Al llegar la tarde, partieron los tres juntos a el infierno personal del azabache.

Г En el horizonte.

La casa estaba demasiado tensa con todos ahí, odiaba especialmente a Eren, parecía peligroso y además era como si odiara a Levi. Siempre lo oía hablar mal de él, igualmente ella no tenía demasiado que defender por su comportamiento, pero le molestaba porque finalmente era su marido y ningún hombre que fuera capaz de estar hablando mal del dueño de la mesa dónde come podría pensarse buena persona. Más de una vez se sintió acosada por él, más de una necesitó que Annie llegara a su rescate, como siempre.

Dejaron de buscar a Levi, Reiner buscaba una manera legal de deshacerse de Mikasa, pero sonaba menos complicado de lo que en realidad era, la azabache tenía argumentos y pruebas ficticias de su "parte" de los hechos, Petra solo se sentía cansada de aquella situación, harta, con ganas de salir huyendo y solo llevarse a su fiel Annie.

Г Mikasa ( Algunos años atrás )

La juventud y belleza eran la principal característica de Mikasa Ackerman, de rasgos orientales y una piel de porcelana eran capaz de enamorar a cualquiera. Incluso a su hermano adoptivo Eren Jaegger. Desde los quince años, cuando el cuerpo de la muchacha tomaba esas formas curvilíneas y él ese cuerpo marcado, se echaban miraditas de deseo sutil, un sentimiento que día a día llevaban más allá, los padres adoptivos no se daban cuenta, no tenían ni idea de cómo Eren se masturbaba noche a noche solo imaginando cómo sería tener a Mikasa desnuda en su cama. O de cómo la azabache lo provocaba, dejando sus prendas sobre la cama del moreno.

Una de esas noches de Eren, oyó la puerta, se cubrió de inmediato para que nadie lo viera, cuando la figura que entró fue más clara, el joven abrió los ojos de par en par. – Mikasa… ¿No estabas dormida ya? – La muchacha hizo un gesto para que guardara silencio, abrió el abrigo que traía, bajo él no había prenda, más si un pálido y delicioso cuerpo juvenil, tetas grandes, caderas en desarrollo, y un monte de venus que Eren iba a estrenar esa misma noche. Él no pudo evitar morderse el labio inferior, pues su falo se erectó de nuevo bajo las cobijas. Más se quedó atónito. No sabía bien que hacer, pero Mikasa sí. Se metió bajo las cobijas. Eren la descubrió de inmediato, ya tenía las manos sobre su miembro, una sensación de placer le bajó por la espalda y hasta el alma. La vio meterse el miembro a su boca, y en ese momento supo que iba a hacer todo lo que ella mandara en la vida, empezó a succionar como si quisiera sacarle el espíritu. Tantas pajas dedicadas a ella y ahora venía a reclamar lo que era suyo. Eren pensaba que era tan delicioso que podía morir, nunca sintió antes algo tan exquisito, hasta que Mikasa dejó de hacerle aquella delicia para montarse en él, sintió como ella misma se arrancó la virtud con el primer sentón, su instinto fue agarrarla por la cintura y ayudar, entre sus manos es que estaba vibrando, Mikasa sería para siempre suya, su mujer y era hora de hacérselo saber.

En un agarre brusco, hizo un giro para cambiar de posición, ella quedó abajo y él arriba, como se había perdido la penetración, agarró la base de su verga con la zurda, la alineó con la entrada de su intimidad y en una sola estocada la clavó hasta el fondo. Mikasa estaba retorciéndose de placer, gemía y Eren bajó un poco a callarla con un beso. Era uno lascivo, llenando la boca ajena con su lengua y ahí empezó el primer beso, el más inolvidable, el que estaba más lleno de ese deseo seguido por años.

Pero no estaba satisfecho, sus manos fueron hasta las tetas que tanto le gustaban, apretándolas con fuerza entre los dedos, los pezones levemente cafés tomaron un color más oscuro, bajó el rostro para agarrar uno de esos entre los dientes, mordiendo con una fuerza moderada, la azabache se apretaba el labio inferior con los dientes para que no se escuchara. Pero a Eren nada de eso le importaba ya, su pelvis se movía de adelante a atrás, de atrás a adelante. Sonaba cuando sus testículos se estrellaban contra las nalgas de su ahora mujer, jamás permitiría que se fuera con otro, Mikasa era suya.

Acabó, acabó dentro de ella, su cuerpo agitado reposó sobre el de la oriental, después la llenó de besos y ella los correspondía. Tan feliz que no cabía en su cuerpo. A partir de ahí esa fue su rutina. Mikasa se la pasaba bebiendo té para no quedar embarazada, mientras iban creciendo más, disfrutando de su enfermo amor cada día en distintos rincones a escondidas del mundo y al mismo tiempo bajo el ojo de todos.

Unos cuantos años y Mikasa conoció a Levi. El dinero la sedujo, Eren y ella acordaron que se dejarían de ver porque era más importante el dinero. Ella acordó mantenerlo siempre a cambio de su silencio. Se fue ella de Japón, a hacer una vida nueva, a creer que podría olvidarse de todos esos años siendo de Eren. E incluso, juntos buscaron a alguien para que ella pudiera fingir que aún era virtuosa cuando se casó, fue una boda hermosa a la que solo fueron los padrea adoptivos, Eren no. No quería compartir a su mujer, menos aún dejar que se fuera con otro para siempre.

Así el primer año de Mikasa y Levi fue hermoso, lleno de buenos momentos y recuerdos. Sin embargo, y a pesar de que Levi era muy bueno en la cama, la azabache seguía necesitando el maltrato y placer que le daba Eren, se ponía caliente de solo recordarlo. Así que planeó un viaje a Japón. Sus padres eran la mejor excusa, cuando Eren la vio de inmediato supo a que iba, y así reinició su juego. Siempre que la tenía en la cama la hacía decir que era su amo, y que solo le gustaba como se la follaba él.

Una vez, Levi la acompañó. Y ellos que nunca pudieron saciar sus ganas fueron atrapados. La dejó. Le dijo que no volviera jamás y ella se sintió libre, solo que el dinero terminó por acabarse y ahora requería el perdón de aquel hombre que seguramente seguía amándola con locura, y todo para tener dinero de nuevo.