Capítulo 9
Escuchar aquella palabra, les provocó un escalofrío que les recorrió el cuerpo en cuestión de segundos y les heló la sangre.
No podían dejar de mirar a la persona que en ese momento solo tenía la vista fija en el suelo, lejos de todo contacto visual.
—Eso significa que… —la exterminadora dudó en terminar la oración— No…tú nunca podrías ser capaz de hacer algo así… ¿cierto Kagome? —El no obtener alguna respuesta de parte de su amiga aumentó su temor— ¿Cierto?
—Sango, creo que fui claro con lo que dije, no hay forma de que un vampiro se abstenga de beber sangre, mucho menos uno que fue transformado, aunque ahora que lo pienso…
La suave risa de alguien interrumpió a la pulga, al voltear vio que ella estaba riendo, al principio no entendió pero luego pareció comprender, sus sospechas eran ciertas.
— ¿Se puede saber qué es lo que te causa tanta gracia Kagome? —le preguntó el hanyou molesto, el tema del que estaban hablando no era nada para estar riéndose.
—Lo siento, no pensé que se tomarían tan en serio una broma —le respondió con una mano en su boca, intentando contener su risa, ellos la miraron, primero sorprendidos, luego confundidos— Debieron haber visto sus caras, en verdad fue muy gracioso.
— ¿Eso quiere decir que en realidad nunca has atacado a alguien Kagome?
—Por supuesto que no Shippou —dijo negando con las manos— Aunque la parte de que debo beber sangre es cierta, no podría ser capaz de lastimar a una persona para hacerlo.
—Lo supuse en el momento en que empezaste a reír Kagome pero… —el anciano Myouga saltó a su hombro— Aunque te rehúses a beber sangre humana la necesidad está, por lo tanto imagino que la consigues de otro lado, y teniendo en cuenta el rumor que circula sobre ti, esa sangre la consigues matando monstruos ¿me equivoco?
La muchacha negó con la cabeza, confirmando así que lo que decía era verdad, lo que en cierta forma alivió la tensión que había surgido anteriormente entre sus amigos.
—Kagome, no nos vuelvas a asustar así —indicó la mujer enfrente tras un breve suspiro, luego su semblante se tornó algo serio— Perdona, en verdad pensamos que quizás tú…
—No importa… —apenas sonrió, cuando miró hacia un lado—Ya me acostumbré…
Sango no entendió a lo que se refería, no obstante luego lo supo, se veía como un monstruo, sus ojos y colmillos la delataban, cualquier persona se alejaría con tan sólo verla, después de todo ya no era humana
— ¿Les molesta no es así? —La miraron nuevamente confundidos— Verme de esta manera…
—No es así Kagome —aclaró su amiga precipitadamente— Solo es…algo extraño…verte así de repente…
— ¿Eso crees? Bueno, no es algo que no pueda solucionar… —sonrió, cerrando los ojos.
Su respuesta los dejó algo extrañados, y boquiabiertos cuando les enseñó nuevamente sus ojos, ahora de un color chocolate intenso, incluso sus colmillos eran incapaces de distinguir.
— ¡Kagome! —El niño que antes le había hablado le saltó encima para verla más de cerca— Te ves igual que siempre, ¿cómo lo hiciste? Si hace un momento te veías diferente.
—No es algo de qué extrañarse Shippou, ya que los vampiros suelen cambiar su apariencia para acercarse a los humanos sin levantar sospechas.
—En ese caso… ¿por qué siempre se mantiene con esa apariencia Sta. Kagome? —Manifestó el monje que se había mantenido callado en toda la conversación— ¿No sería más fácil para usted verse como una persona normal, como siempre lo ha sido?
—No…porque así quien me vea se alejará de mí…yo…estoy así porque quiero…y también porque no deseo involucrar a personas inocentes en mis problemas…
— ¿Estás diciendo que lo haces a propósito Kagome? ¿Por qué? —preguntó la exterminadora algo confundida.
—Porque…estoy maldita…y adonde sea que vaya, llevo sólo destrucción…
—Kagome…
—Bueno, volviendo al tema principal, como decía el anciano Myouga un vampiro fue lo que me convirtió en lo que soy ahora, no fue algo voluntario, al contrario fui forzada a adquirir estos poderes.
—Es tal como dices…—agregó el anciano Myouga— Aunque dime Kagome… ¿cómo fuiste capaz de evitar transformarte completamente? Quiero decir ahora eres igual que el amo Inuyasha, llevas tanto sangre humana como de monstruo en tu cuerpo, siendo que en circunstancias normales hubieras terminado siendo un sirviente más.
—Pues yo sólo lo rechacé, deseé con todas mis fuerzas alejarlo de mí, porque no quería convertirme en algo que lastimara a las personas, de esa forma fui capaz de conservar algo de mis poderes espirituales —dijo ella mientras observaba detenidamente la palma de su mano— Además…en el momento en que ese hombre me encontró, yo estaba muriendo, lo sabía y aún así decidió prolongar mi sufrimiento envenenándome con su sangre —cerró su mano apretándola fuertemente— Luego de eso me abandonó, y estuve agonizando un par de horas debido a la transformación…me llevó algunos días acostumbrarme a lo que me había convertido, y unos cuantos más aprender a usar mi sangre como arma.
—Eso no explica cómo es posible que tus heridas sanen tan rápido Kagome…ni cómo puedes crear una espada con tu propia sangre…
—Verás Shippou, es justamente porque aún poseo parte de mis poderes de sacerdotisa que puedo sanar tan rápido, de alguna manera creo que potencian la velocidad de regeneración del cuerpo, la cual ya de por sí es más rápida en los vampiros que en cualquier otro monstruo…y en lo que respecta a hacer armas con mi sangre, no sé a ciencia cierta cómo funciona ni por qué puedo hacerlo, sólo sé que un día quise defenderme y sólo sucedió…
Se llevó la mano a la boca y se mordió, un hilillo de líquido rojo empezó a emanar de esta, el cual empezó a agrandarse cuando ella extendió su brazo y abrió la mano. Seguidamente la cerró, empuñando ahora aquella espada carmesí que sus amigos habían visto con anterioridad.
—Que pueda hacer eso, y que su sangre resulte tóxica para los demonios ciertamente es sorprendente Sta. Kagome…
—No es para tanto monje Miroku…—expresó riendo levemente— Aún así me alegra…que no solo sirva para matar…ya que aunque mi sangre es capaz de lastimar gravemente a cualquier monstruo…también puede sanar a cualquier persona.
—Debido a los poderes espirituales que conservas...
—No solamente es por eso Sango… —añadió el anciano Myouga— Probablemente también se deba al fuerte deseo de conservar su parte humana al momento de ser convertida, y seguramente por el rechazo que tuviste hacia el que te forzó a hacerlo es que tu sangre resulta veneno para los demonios ¿no es así Kagome?
—Sí, cuando eso sucedió yo estaba consciente, por lo que logré escuchar algo de su conversación antes de que fuera convertida, aparentemente su jefe se dio cuenta que era una sacerdotisa, y quiso convertirme en uno de ellos para así usarme para conquistar nuevas tierras, lugares en los que seguramente habría personas…
—Y por eso te resististe… —asintió ante lo que dijo su amiga y continuó.
—Como les dije antes, me abandonó al ver que me resistí y desde entonces no supe nada más de él, estuve deambulando sola por un tiempo hasta que un día una niña que salvé me llevó a su aldea —sonrió— La sacerdotisa de allí se dio cuenta enseguida de que no era humana, y aún así permitió que me quedase…murió poco después y entonces me hice cargo de la aldea…sin embargo…—su semblante se oscureció— De alguna manera meses después, ese hombre se enteró de que estaba allí, y un día cuando salí a exterminar una presencia maligna, destruyó la aldea y mató a todos los aldeanos…al final resultó que aquella presencia sólo había sido un señuelo para alejarme…pensé que realmente los había matado a todos…por lo menos hasta que me dijiste que Hitomi estaba viva Sango… —le dedicó una sonrisa a la exterminadora— Por esa razón es que busco su escondite…cuando la encuentre acabaré con su jefe y con todo su clan…y entonces de esa forma ya no podrán lastimar a nadie más…
—Veo que tiene muy buenas razones para buscar acabar con la vida de esos monstruos Sta. Kagome…y siendo que soy un caballero me gustaría ayudarle con su propósito…
—Monje Miroku, yo…
—Es verdad Kagome, te ayudaremos, si te deshaces de ellos podrás volver a viajar con nosotros como antes ¿cierto?
— ¡Keh! ¿Quién se preocupa por los detalles Sango? ¡Sólo tenemos que encontrar su estúpida guarida para así acabarlos de una buena vez!
—En realidad no es tan fácil como parece amo Inuyasha…ya que un vampiro sólo puede ser asesinado a manos de otro de su misma especie…o de alguien que comparta su sangre, tal como Kagome.
— ¿Quieres decir que sólo ella puede matarlos? —añadió el pequeño zorro.
—Es por eso que no deseo que se involucren en esto, yo… —la oración quedó incompleta cuando levantó rápidamente la mirada, escudriñando atentamente los alrededores.
— ¿Qué sucede Kagome? —cuestionó Inuyasha ante su silencio, notando que quizás se había percatado de algo que él no.
— ¡Todos al suelo! —gritó levantándose repentinamente, sus amigos se tiraron instintivamente al piso tal y como dijo, al igual que el hanyou, el cual lo hizo, aunque debido al conjuro.
La espada volvió a aparecer en su mano, y al sacudirla hacia un lado, se extendió cortando los troncos de los árboles que se encontraban delante de ella a la mitad, los cuales cayeron estrepitosamente.
Luego de eso, pegó un breve salto hasta quedar entre los troncos cortados y nuevamente se concentró en buscar algo o alguien que, para sus amigos que ahora estaban levantados y mirándola, a excepción del muchacho que aún padecía los efectos del collar, era desconocido.
Finalmente, un leve sonido la alertó, y al dirigir sus ojos hacia el cielo nocturno, visualizó una diminuta criatura voladora a unos metros, la cual desapareció completamente tras recibir el impacto de su sangre, le había arrojado una flecha.
Los muchachos, junto con Inuyasha que al fin había logrado del conjuro, se acercaron, extrañados.
—Sta. Kagome ¿qué fue lo que sucedió?
—Sí y también dime… —dijo Inuyasha apartando de un manotazo al monje de su camino— ¡Por qué demonios tuviste que usar el estúpido conjuro!
— ¿De qué hablas Inuyasha? —El niño saltó a su hombro— Kagome dijo "Todos al suelo", no iba dirigido solo a ti sino a todos nosotros, no es su culpa que el conjuro se haya activado.
— ¡Tú cállate Shippou! —le contestó propinándole un buen golpe.
— ¡Solo decía la verdad! —exclamó sobándose el chichón en su cabeza, con algunas lágrimas en los ojos.
—Fui descuidada… —las palabras de la muchacha les hizo olvidar la pelea— Debí haber puesto un campo…
— ¿Acaso sucede algo malo Kagome? —Sango notó la preocupación en su voz.
—Regresaré…—indicó súbitamente, dejándolos algo confundidos— Volveré…a viajar con ustedes…
— ¿Lo dices en serio Kagome? —Dijo su amiga aún sin poder creérselo— ¿Realmente vendrás con nosotros? —Ella asintió y la exterminadora no pudo evitar una sonrisa, la cual se borró al ver su expresión— ¿Por qué estás tan seria? ¿No te da gusto que viajemos todos juntos otra vez?
—No…porque esto…no es bueno para nada.
— ¿¡Se puede saber cuál es tu problema!? —al hanyou no le había agradado su contestación, mucho menos como quedó Sango al escucharla.
—Lo que maté recién…era un espía…probablemente no me percaté de él porque estaba demasiado concentrada en la conversación… —Se sorprendieron ante aquello— Seguramente ese hombre ya debe saber que ustedes son amigos míos y lo más probable es que envíe alguien a matarlos…por eso me quedaré…para asegurarme de que no les haga nada…ya no tiene caso que me aleje si tiene esa información…
— ¿Enviará a alguien para matarnos? Pero si nosotros no le hemos hecho nada…
—Claro que ustedes no hicieron nada Shippou…es solo por el simple hecho de que son conocidos míos…él eliminará a todo aquel que le impida obtenerme…quiere deshacerse de todo aquello que me ate a mi lado humano…
— ¿¡Y eso qué importa!? ¡Cuando lo vengan los mataremos y ya!
—No tan rápido Inuyasha…si recuerdas lo que dijo el anciano Myouga, la única que puede matarlos es la Sta. Kagome, ya que es la única que posee la misma sangre que ellos…
—Hay algo más que aún no les he dicho…y que deben saber si a partir de ahora viajaré con ustedes… —volteó con su mirada fija en el suelo— Existe la posibilidad…de que me transforme y pueda atacarlos…
Hubo un breve silencio mientras intentaban procesar la información.
—Espera Kagome…—Expresó Sango sin entender— Con eso te refieres… ¿a lo que le sucede a Inuyasha cuando su vida peligra y no tiene a Colmillo de Acero con él? ¿Acaso a ti también te sucede lo mismo?
—No es solo por eso…en mi caso puede ser por otras razones…no sólo porque mi vida se sienta amenazada…—Levantó su vista y junto con esta su brazo, dejando ver un grillete en su muñeca— ¿Saben lo que es esto?
—Un sello, y no es uno solo, tiene otro más en su otro brazo ¿no es así?
—Así es monje Miroku, estaba segura de que ya lo había notado, me extraña que no dijese nada al respecto.
—Lo lamento, no quería molestarla con algo que podría incomodarla.
—No se preocupe —sonrió a medias y continuó —La verdad es que hace dos meses, cuando estaba luchando contra el hombre que destruyó la aldea, estuve a punto de perder el control —Cerró los ojos— Me dejé llevar por la ira y la tristeza que sentía que casi dejo que ese monstruo lograra que me convirtiera totalmente, por suerte fui capaz de retenerme, por más que haya terminado escapando —luego de una pausa abrió nuevamente sus ojos— Después de eso, tuve miedo de lo que podría pasar si llegaba a perder la razón de nuevo y le pedí al anciano Totosai que me forjara algo que pudiera ayudarme a sellar mi sangre de monstruo, como no podía ser un arma ya que usaba mi sangre como una, terminaron siendo estos —dijo mientras miraba con melancolía el grueso brazalete en su muñeca, sus amigos no supieron cómo responderle— Monje Miroku ¿usted tiene algunos pergaminos sagrados cierto? ¿Le molestaría enseñármelos?
—Sí, por supuesto ¿pero para qué los necesita Sta. Kagome? —preguntó con aproximadamente seis papeles ya en su mano, extendidos en forma de abanico.
La muchacha se acercó y mordió su mano, tal como había hecho antes, mas esta vez dejó caer el líquido rojo sobre los pergaminos, los cuales se tornaron rojos por unos instantes y luego regresaron a la normalidad.
—Si llega a presentarse la situación de la que les estaba hablando, con uno de estos bastará para que regrese a la normalidad, en el peor de los casos les pediría que me maten pero dado que eso no es posible la mejor opción sería que huyeran, ya que existe la probabilidad de que los sellos no sean capaces de retenerme.
— ¿Huir? ¿Hablas en serio Kagome? —Expuso el muchacho a sus espaldas— ¿¡Cómo puedes creer que seríamos capaces de huir dejándote sola!?
—Tú no entiendes nada…
— ¿Entender? ¿¡Qué es lo que se supone que tengo que entender Kagome!? ¡Sólo buscas excusas para alejarte de nosotros!
—Inuyasha ya cálmate, además la Sta. Kagome ya dijo que se quedaría.
—No estoy hablando contigo Miroku —le dijo al monje que se le había acercado— Oye ¿¡me estás escuchando Kagome!?
La fría y dura mirada que le dirigió en ese momento fue suficiente para hacerlo callar, nunca lo había mirado de esa forma.
— ¡Ya deja de hablar como si lo supieras todo Inuyasha! —A todos les sorprendió su repentino cambio de carácter, era la primera vez que la veían realmente enojada desde que la habían encontrado— ¡No tienes idea de lo que he pasado todo este tiempo! —Pareció calmarse un poco luego de decir aquello— En verdad no sabes nada…ni tú ni los demás saben…mucho menos pueden entenderlo…el peso que he estado cargando…—sus ojos se fijaron en el suelo y sus puños se cerraron con fuerza— Créanme que cuando les digo que es mejor que escapen es porque realmente lo es…—pegó un salto hacia atrás aterrizando en la rama de un árbol, y luego les dio la espalda, no obstante antes de hacer algo más, volteó nuevamente a verlos— No es que los esté excluyendo ni nada, pero creo que es mejor que no sepan nada…sólo les pido que si de verdad valoran su vida tomen en cuenta lo que les dije…—una media sonrisa se dejó ver apenas en su rostro— Mi único deseo es que vivan…
Dicho esto, desapareció de su campo de visión, y saltando entre las copas de los árboles, se perdió en la negrura de la noche, mientras ellos solo se quedaron inmóviles, con solo el viento y una gran incertidumbre de compañía.
